El jueves, Eric Carle (1929-2021) falleció a los 91 años y
entre sus muchos logros y consideraciones está el convertirse en un icono de la
cultura popular a partir del álbum más vendido como es La pequeña oruga
glotona, desde su publicación en 1969 y traducido en más de 60 lenguas y un
icono clásico de la literatura infantil. Un autor y un clásico que también
supone una referencia en el imaginario infantil y cultural, desde su expansión
en aplicaciones, merchandising, formatos diversos y una gran cantidad de
títulos que dibujan una mirada tierna sobre la infancia a través de sus pequeñas
historias centradas en la naturaleza: desde semillitas, insectos (el grillo
silencioso, la mariquita gruñona, la luciérnaga solitaria, araña hacendosa,…), Don
caballito de mar y tantos otros títulos que muestran su visión colorista
para los primeros lectores. Ciclos naturales, la vida, amistad, la transformación
y la sorpresa en cada página experimentada en sus ilustraciones basadas en el
collage colorista, el uso de la repetición en sus textos y el ritmo en la
narración que conecta con el lector infantil.
Ilustraciones para Bill Martin: Oso pardo oso pardo, ¿qué ves ahí?
Franz Marc, Blue horse
Eric Carle, autoretrato
En 2010, en esta charla, podemos observarle repasando su
biografía y es una bonita forma de recordarle y conocer detalles de su
infancia.
Además, su museo abierto en 2002 dedicado al álbum con
diferentes exposiciones temáticas y la difusión del álbum como expresión
artística. Como este blog lleva el título de un caballo de cartón azul, podemos
encontrar este caballo azul en sus ilustraciones en el clásico de Bill Martin
Jr, Oso pardo, oso pardo, ¿qué ves ahí? en 1967. También, un homenaje a
los caballos azules de las pinturas de Franz Marc y al que rindió también un
homenaje en El artista que pintó un caballo azul, publicado por Kalandraka en
2012. La mayoría de su obra la conocemos gracias a la editorial Kókinos, hemos
visto a su oruga glotona aparecer en Los Simpsons, aplicaciones, peluches y
tantos otros objetos que convierten su obra en un icono de la infancia.
Very hungry caterpillar app
Y, otro guiño a sus influencias pictóricas como en esta conexión entre El encuentro (Die begegnung, 1916) de Johannes Itten y, como indica en la entrevista de 2010, su influencia también fueron artistas de la Bauhaus o Paul Klee, entre otros. Bonita conexión con El camaleón camaleónico
Johannes Itten, Die begegnung
También reflexiones sobre el ciclo de la vida como en La
semillita o la transformación final de la pequeña oruga glotona que alza sus
alas como una mariposa. Un espacio, el de los clásicos, que suponen un espacio
seguro como otros compañeros de generación como Ungerer, Sendak o Lobel. Aunque
uno de sus primeros pilares en su vuelta de Alemania fue Leo Lionni que le ayudó
en sus inicios profesionales en la publicidad dentro del New York Times y, con
el éxito que todos conocemos, se ha convertido en uno de los personajes más
reconocibles para aquellos lectores que aún no han empezado a leer. Ahora, nos
queda su obra como esa pequeña mariposa colorista o la semillita que deja un
mensaje a las siguientes generaciones. Hasta siempre.
CARLE, E. El grillo silencioso. Barcelona, Kókinos.
El libro del que voy a hablar en las próximas líneas tiene como título El grillo silencioso, del autor Eric Carle. Lo primero que me llamó la atención de él fue su cubierta, que, a simple vista, es algo sosa. En ella aparece la imagen de un grillo dibujado sobre fondo blanco; igualmente, las dimensiones del volumen (13x18 cm) no parecen muy apropiadas para deleitar a los niños y niñas de Educación Infantil, pues como todos sabemos, el formato más apropiado para este tipo de público es bastante más grande. Como aspecto positivo, las páginas son de cartoné, cosa que favorece a las vistosas ilustraciones interiores y da autonomía a los pequeños para pasarlas, de una en una, sin ningún problema.
Dejando a un lado las apariencias (cosa de no poca relevancia tratándose de niños), la historia que se recoge en este pequeño libro es, sencillamente, hermosa. Todo comienza un día soleado con el nacimiento de un grillo. Éste, se va encontrando con diversos animales desde la mañana hasta la noche. Como ordena la buena educación, todos le saludan amablemente y el insecto quiere corresponderles; pero, por más que lo intenta, no logra esbozar ni un mísero ruido. A pesar de probar una y otra vez, y de no obtener resultado alguno, el animalillo no pierde las esperanzas de hacer sonar sus alas algún día. Una noche, el grillo ve a una grilla, tan callada como él, en ese momento prueba una vez más y… al pasar la página del libro se activa un mecanismo que hace sonar el ruido de un verdadero grillo. La cara que se les queda a los niños tras escuchar este “ruidito” es indescriptible.
Además de una buena historia, en su cuento Eric Carle ha sabido combinar ilustraciones y texto, construyendo una fórmula repetitiva que atrae a los más pequeños por su sencillez y fácil asimilación: “El pequeño grillo quiso contestarle y se frotó las alas. Pero no sucedió nada. Ni si quiera un ruidito”. Así, de animal en animal, se llega a la última página en la que, gracias al amor, el grillo hace sonar sus alas. Después de todo, la larga espera ha merecido la pena.
Si queréis experimentar cómo reaccionan los niños ante la sorpresa final del libro, además de introducirlos en el maravilloso mundo de los cuentos infantiles, os animo a leerlo en clase, si no ahora, cuando seáis maestr@s.
Carle, Eric: La pequeña oruga glotona, Kókinos. Al salir del huevo, la oruga sólo se ocupa de comer diariamente con exceso hasta hilar su envoltura y escapar de ella convertida en mariposa. Carle cuenta el ciclo vital de la pequeña oruga con una estructurada seriada y repetitiva. Divertida, con alguna que otro menú disparatado; sencilla y de fácil comprensión, tiene un enfoque didáctico que aproxima la naturaleza al lector. Un libro útil para el aula porque es al mismo tiempo una lectura recomendada y un libro de divulgación científica. Sus ilustraciones coloristas, a modo de collage, destacan sobre el fondo blanco. Los agujeros que acompañan las ilustraciones resultan irresistibles para unos dedos pequeños. Existe edición desplegable.