viernes, 17 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Ana María Matute y Elena Odriozola. En el bosque. Libros del zorro rojo

 

Título: En el bosque

Autora: Ana María Matute

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2017

Páginas: 16 y 9 cartas ilustradas.

Encuadernación y formato: 21 x 14 cm. Caja de cartón.

Idioma: castellano

Reseña:

Si nos adentramos en páramos naturales en el ámbito de la LIJ, el bosque representa el espacio simbólico de la fantasía y las huellas de la memoria narrativa a lo largo de generaciones. En esta maravilla de Libros del zorro rojo se hibridan dos personalidades en la creación de un objeto con un diseño único: el texto ilustrado del discurso de Ana María Matute (1925-2014) en el ingreso en la RAE (disponible también en su web) unido a la exploración en las ilustraciones y formato (caja, libreto y cartas) de Elena Odriozola.

Molist (2020) señalaba cinco características que definen el trabajo de una de las grandes figuras de la ilustración en nuestro país: la expresividad en los cuerpos y caras de los personajes, el minimalismo que evita lo superfluo y refuerce el sentido poético, la universalidad del espacio, la ornamentación y elementos decorativos con atención a los detalles florales y su capacidad para evolucionar, experimentar y sorprender en sus propuestas. Esta última cualidad queda especialmente patente en el formato escogido para encapsular uno de los grandes romances de la LIJ y el bosque y que nos conecta con objetos que prestigian la comunicación desde el diseño (en el cómic tenemos algunos ejemplos excepcionales como ese Building stories de Chris Ware) y nos conecta con el recuerdo en el proyecto de Enzo Mari con El juego de las fábulas. Y, obviamente, siendo algo completamente único desde su propuesta.

En el discurso de Ana María Matute se recorría su recuerdo a la influencia de Carmen Conde, citando pasajes de Alicia en el país de las maravillas y la importancia de la tradición oral que articulaba en su discurso (con esa maravillosa metáfora de las letras impresas como hormiguitas negras): “Es ésta una fascinación eminentemente literaria, pero no sólo. Porque los bosques siempre han sido importantísimos para mí. Su mera imagen siempre me ha sugerido toda suerte de historias y leyendas, de recuerdos que ignoraba poseer, pero que estaban ahí, confundidos entre los árboles o escondidos en la espesura de los zarzales.” (p.15, discurso RAE 18/01/1998)

De la misma manera que el bosque nos remite a ese espacio paralelo a nuestra percepción, Elena Odriozola busca en el diseño del objeto una mirada a libros que permiten la interacción y construcción a partir de esos elementos panorámicos en forma de cartas que nos permiten la libre disposición de los escenarios a partir de su simetría. Una narrativa polifónica según el lector (poli-óptica, como un miriorama como señala la web de la editorial) y que dibuja la magia del espacio literario del bosque: el lago, la forma de los árboles, sus ribetes dorados, los anversos de las cartas, los corros, hadas, torreones, gnomos, agujeros que puedan llevarnos a otros universos, conejos blancos, sombreros, caballeros y, una carta con un claro mensaje sobre la pérdida de ese espacio: el bosque talado y la presencia imponente de la ciudad al fondo. Mirada sobre la recuperación de la tradición oral que también sigue en su proyecto Ediciones Modernas el Embudo y una bella oda a la mirada que permite desde su diseño algo que Ana María Matute señalaba en su discurso: “el deseo de conocer otro mundo, de ingresar en el reino de la fantasía a través, precisamente, de nosotros mismos”.



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/en-el-bosque/

Instagram Elena Odriozola

https://www.instagram.com/elenaodriozolaillustration/?hl=es

 

Molist, P. (2020). Elena odriozola and the constant search for new paths. Bookbird, 58(3), 77-81. doi:http://dx.doi.org/10.1353/bkb.2020.0062

jueves, 16 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Alice y Martin Provensen. Town and Country. Jonathan Cape

 

Título: Town and country

Autores e ilustradores: Alice y Martin Provensen

Editorial: Jonathan Cape

Año: 1984

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24,1 x 32,4 cm. Tapa dura.

Idioma: inglés


Reseña:

Dada la recurrencia de la temática inicial en la vuelta del blog, entre el campo y la ciudad, es un momento ideal para recuperar un álbum de una pareja de autores/ilustradores que desde los años cincuenta encontraron en la literatura infantil un espacio para expresar su visión artística. A finales de este año también se publicará una monografía que repasa las claves de su obra en The Art of Alice and Martin Provensen en Chronicle Books, que nos ayudará a comprender más detalles sobre dos vidas que se cruzaron en estudios de animación y con poco material publicado en castellano (excepto algunos títulos a inicios de los ochenta en la editorial Plaza & Janes en la colección Clipper).

En este Town and Country disfrutamos de su arte estilizado y viajamos desde una voz pausada en el que se analizan los pequeños detalles de la ciudad y el campo. El texto es delicioso e imaginativo: “Existen muchos lugares para vivir en el mundo. Puedes vivir en una tienda de campaña en el desierto o en una cabaña de bambú en una isla de los mares del sur. Incluso podrías vivir en un iglú sobre un iceberg. Pero la mayoría de la gente que vive en el mundo occidental vive en una ciudad o en una casa en el campo.” Me encanta este inicio por la capacidad de síntesis tan entrañable. En este inicio, a modo de libro informativo, nos señala pequeñas diferencias y detalles en los que fijarnos en una ciudad y, para iniciarnos en este viaje, comenzamos sobre los raíles de un tren que se dirige a una gran ciudad. Repleto de detalles, las ilustraciones dejan un gran espacio a través de la mirada infantil desde sus ventanas, el trasiego incesante de la vida en la urbe, los espectáculos, los carteles de publicidad, las señales, las obras, rascacielos, cúpulas…una delicia. 

También el recuerdo de otros tiempos, con los juegos en la calle (la comba, la rayuela o el corro) como espacios peatonales, los planes de fines de semana, los espacios que visitar (museos, acuario, planetario o la biblioteca), la salida para las compras (“en una gran ciudad algunas tiendas están abiertas veinticuatro horas al día, 365 al año”), los tipos de tiendas y miles de detalles que enriquecen cada espacio y te obliga a visitar cada recoveco de las páginas. La nostalgia también aparece cuando leemos: “en un viejo vecindario la gente se conoce, se saluda en la calle y conversan sobre el mundo y los resultados del fútbol. Incluso algunas personas conocen tu nombre”. La vida incesante, la ciudad que no descansa de noche y la conexión con la siguiente parte del viaje: toma el tren subterráneo y dirígete a un lugar más tranquilo y lleno de espacio.

En ese pequeño ciclo de la ciudad que finaliza con la noche, llegamos al amanecer en el entorno rural, la granja y de nuevo el repaso por esos espacios con algunas certezas: Todos conocerán tu nombre. Y, si no hay nada interesante para charlar, siempre habrá algo que merezca la pena mirar. En esa calma inicial, el paso de página nos coloca en el mismo espacio con las tareas que se realizan en la granja y los sonidos que nos rodean en ese espacio. Después, es interesante la fragmentación horizontal de la doble página en cuatro espacios para representar las estaciones y cuya atmósfera en los paisajes es de una gran belleza pictórica. El foco también sale del entorno rural y mira la vida de la comunidad de la pequeña población: la escuela, los comercios y descripciones que se construyen en un espacio en blanco en horizontal frente a la disposición vertical para la ciudad. Con un gesto mínimo, como la decisión en la disposición del espacio en blanco en el que colocar el texto nos señalan el tipo de vida en un entorno y otro: la ciudad en la que las alturas dominan el impacto visual frente a la capacidad de divisar el horizonte en el campo.

Un final bello después de las descripciones de las largas jornadas en el campo y momento para ir a dormir cuando el cielo oscurece. Un cielo estrellado y dos ritmos en tensión en nuestras sociedades que Alice y Martin Provensen también siguieron retratando en el posterior Shaker Lane en 1986 (en el 87 Martin murió por un infarto) en el que se observa la preocupación por la alteración del entorno rural en la búsqueda de oportunidades para el desarrollo. ¿Os resulta familiar?

 

Fran Martínez

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Referencia sobre aspectos biográficos de su obra

Norby, S., & Ryan, G. (1992). Famous Illustrators of Children's Literature. Instructional Fair/TS Denison, 2400 Turner Avenue, NW, Grand Rapids, MI 49544.




 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Mitsumasa Anno. Ocultos en el bosque. Kalandraka

 

Título: Ocultos en el bosque

Autor e ilustrador: Mitsumasa Anno

Traducción: Gabriel Álvarez Martínez

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2021. Original: 1977

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 19 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras

Reseña:

Después de Burningham, otro de los autores emblemáticos como Mistumasa Anno (1923-2020) toman el espacio en este blog con su última publicación editada en España como es el rescate de Kalandraka de este fantástico Ocultos en el bosque. También celebramos la reedición en la editorial de su serie dedicada a Los viajes de Anno y, en este caso, el rescate de su viaje por Europa (publicados en España originalmente por la editorial Juventud). Viajes que Mitsumasa Anno emprendió en 1963 para comenzar su carrera como artista y dejar su profesión de maestro de primaria en Japón como documenta Mordoh (1985) en un artículo que señala la precisión y riqueza narrativa de estos viajes, así como la capacidad para representar elementos tradicionales de otras culturas y proponer una inmersión en dicho imaginario cultural. La precisión técnica de su visión en álbumes sin texto la sintetiza Mordoh (1985, p.107)) en sus conclusiones de una manera que me parece completamente acertada al señalar la vitalidad que transmiten cada movimiento de página en el que nos detenemos a comprobar el trayecto del personaje por lugares y culturas que observa a su paso:

While Mitsumasa Anno is not an ethnographer or cultural geographer or historian or folklife specialist, and therefore not bound to absolute accuracy in each detail of research, so much of what he presents is accurate and infused with life, that each scene, while somewhat idealized and unrealistically tidy, seems to the viewer to be very real” .

Y, Marcus (1983, p.34) también señala esa cualidad de los álbumes sin palabras para activar al lector en la búsqueda de significados como leemos en una de las cualidades que el investigador destaca de su obra: “Perhaps the most characteristic quality of Anno's illustrations, whatever his subject happens to be, is the open-endedness of their imaginative forms; Anno's knack, that is, for making books that readers must complete with their own understandings, fantasies, words”. En esta temática de viajes también resultaba interesante acercarse a otra obra clásico como la de Miroslav Sasek, autor que dejaremos para futuras entradas con su serie This is… La obra de Mitsumasa Anno es extensa y estas obras prestigian la mirada del lector en una dirección más allá de los clásicos “wimmelbooks” por su capacidad narrativa para transportarnos a cada paso de página e introducirnos en una atmósfera contemplativa. Ganador del Premio Andersen de ilustración en 1984 y, al igual que Eric Carle, cuenta con un museo propio que se ubica en su ciudad de nacimiento en la zona oeste de Japón, Tsuwano.

La elección de Ocultos en el bosque sigue con esta serie de entradas que nos transportan hacia lugares donde escaparnos ya sea como vacaciones, excursiones o huidas que buscan el silencio después de un año en el que buscamos vías de escape. El bosque es un lugar idílico y que encierra la magia de la tradición oral, las huellas del espacio emocional pretérito de la LIJ y un espacio en el que conectamos con las emociones de la infancia. Siendo del Levante, el color verde cerrado de las arboledas que muestra la portada es un espacio aún más icónico dado el “socarral” de territorio en el que hemos crecido. En la portada interior observamos un bosque a la lejanía, con grandes árboles y un sendero en el que dos siluetas (un niño y una niña) se adentran. 

El juego que propone Anno es un juego con la búsqueda de siluetas de animales escondidos en sus páginas, un juego para estimular al prelector al descubrimiento de la naturaleza escondida en el bosque (si en el artículo de Mordoh se hablaba de elementos tradicionales, folklife, ahora cambiaríamos a wildlife) y sentir la quietud en sus páginas. Un juego que comienza en la cubierta y contracubierta y en el que al final del libro encontraremos la clave de los animales escondidos en cada una de sus dobles páginas. Un juego que muestra algunas presencias de manera más evidente y clara frente a otras que precisan el escrutinio minucioso para parte del lector. En la recolección de animales, por desgracia, encontramos a muchas especies que están en peligro de extinción (lince, gato montés, oso hormiguero, lobo marino o el cormorán) y algunas inclusiones clásicas de la literatura en esos parajes como la bruja en las páginas 18-19 (tendréis que girar el álbum para apreciarla con mayor facilidad). 

En definitiva, una joya silenciosa en la que disfrutamos de la obra de uno de los grandes autores de la LIJ. Ahora, huyan. Y, para finalizar, algo oculto en el bosque (en una caña de bambú) que pone banda sonora de cierre a partir de una película El cuento de la princesa Kaguya (de Isao Takahata en Studio Ghibli) inspirada en un relato de la tradición japonesa como broche sonoro final con Warabe Uta.


Además hay que celebrar que desde Kalandraka también se reeditará este clasicazo LIJ de Mitsumasa Anno de la serie Los viajes (Anno's Journey) y centrado en Europa en el que no perderemos de vista al caballero adentrándose en los múltiples detalles y referencias culturales e intertextuales.




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Fran Martínez

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Referencias

Marcus, L. S. (1983). The Artist's Other Eye: The Picture Books of Mitsumasa Anno. The Lion and the Unicorn7, 34-46.

Mordoh, A. M. (1985). Folklife in the Work of Mitsumasa Anno. Children’s Literature Association Quarterly, 10(3), 104–108. https://doi.org/10.1353/chq.0.0199

 

Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/ocultos-en-el-bosque.html


martes, 14 de septiembre de 2021

Entradas en azul. John Burningham. La excursión del señor Gumpy. Galimatazo

 

Título: La excursión del señor Gumpy

Autor e ilustrador: John Burningham

Traducción: Ellen Duthie

Editorial: Galimatazo

Año: 2021. Original: 1970

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 25 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Este año las vacaciones estivales han estado limitadas en la elección de destinos turísticos y se ha vuelto durante estos meses al destino rural o interior como una opción para salir durante el periodo estival. Volvemos con uno de los grandes nombres de la LIJ, el inglés John Burningham (1936-2019) del que había muchas ganas de dedicarle una entrada en el blog. Motivos y títulos emblemáticos de sobra hay para dedicarle en los próximos meses más entradas y, especialmente, con un álbum que es uno de mis preferidos como el descatalogado en Kókinos con Las estaciones (1997[1969]) y que contó dentro de la misma editorial con ediciones de títulos ideales para una idea de la infancia alejada de lo políticamente correcta como los divertidísimos ¿Qué prefieres…? o La cama mágica, entre otros títulos en diferentes editoriales como el fantástico Harquin: el zorro que bajó del valle (Miñón, 1975) o Eduardo: el niño más terrible del mundo (Faktoría K de libros, 2006), además de un buen número de libros para prelectores en la editorial Altea. También una reedición por Juventud de Esperamos un bebé con las ilustraciones de Helen Oxenbury (que fue su pareja) y, en esta ocasión, tenemos la oportunidad de conocer las aventuras del señor Gumpy que fue uno de los personajes a los que le dedicó diferentes títulos que no se tradujeron al castellano, como tampoco el icónico Granpa (1984) que es uno de los libros más reseñados por investigadores LIJ como Maria Nikolajeva, Len Unsworth o Arsenio Jesús Moya Guijarro.

Con La excursión del señor Gumpy tenemos algunos de los aspectos que señalaban estos autores en el uso del color y el blanco y negro en Granpa (1984) como es el uso del blanco y negro para describir el reflejo de un tiempo pasado, frente al colorido presente. Desde la primera página con la presentación del señor Gumpy, encontramos ese juego con el código del color para representar diferentes aspectos de la narrativa (también podemos recordar en Helen Oxenbury ese juego en Vamos a cazar un oso de Michael Rosen). En esta ocasión el color tiene un aspecto que sirve para ensalzar a los personajes que el señor Gumpy encontrará en su excursión o, como sucede en la presentación de su casa a la orilla del río, para iluminar aquellos ambientes que el narrador omnisciente nos señala en cada fragmento. Este sería, en el esquema quinario el dibujo de la situación inicial: tres ilustraciones que nos muestran la calma del entorno en el que vive el señor Gumpy, con el verde predominando.

El inicio del conflicto se traza a través de algo que pasó “un día que el señor Gumpy salió con la barca” que se dibuja en blanco y negro, para que en la página derecha aparezca el color de quienes establecen el diálogo dentro de ese recuerdo: los niños, luego el conejo, el gato, el perro, el cerdo, la oveja, los pollos, el ternero, la cabra… Ante cada nuevo compañero en la embarcación hay una advertencia para que no den una coz, batan las alas o pateen (cada animal con su característica) y no acaben tambaleándose. Cosa que sucederá acumulando en el texto todas estas situaciones y empleando un mecanismo tradicional en las narraciones infantiles como la recuperación y enumeración de esa acumulación de personajes que tanto gusta en los prelectores para recordar y anticipar sobre la narrativa. Otros viajes en barca que nos recuerda al clásico a partir del clásico acertijo para pasar el río del zorro, el conejo y la col que transformó Sotolareff en El ogro, el lobo, la niña y el pastel cuando el señor Gumpy da algunas advertencias hasta la acumulación delirante encadenada de ¡Yo no he sido! de Voltz. Finalmente, el conflicto se resuelve de manera humorística y con un cierre tierno con la despedida de los personajes. En suma, La excursión del señor Gumpy contiene todos los elementos esenciales en esas primeras lecturas y que en el aula tanto gustan. Un libro rescatado y que, como el autor, es atemporal y con el que ganó el premio Kate Greenaway en 1970.

 



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.galimatazo.com/libro/la-excursion-del-senor-gumpy

lunes, 13 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Pablo Albo y Pablo Auladell. Alas y Olas. Barbara Fiore Editora

 

Título: Alas y olas

Autor: Pablo Albo

Ilustrador: Pablo Auladell

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2011

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27 x 38 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Dame la mano y danzaremos
Dame la mano y me amarás
Como una sola flor seremos
Como una flor y nada más

(Fragmento del poema Dame la mano de Gabriela Mistral)

En el verano también hay espacio para la melancolía y el anhelo, el deseo y la soledad, el murmullo y la contemplación. Después de Inés azul (2009), Albo y Auladell volvieron a juntar sus talentos en este sensacional Alas y Olas editado en gran formato en Barbara Fiore. Desconozco si con Lejos (ilustrado por Aitana Carrasco) conforma una trilogía de Albo que explora diferentes terrenos existenciales y de la finitud que con la ayuda de las poéticas ilustraciones de Pablo Auladell encuentran una simbiosis perfecta. En otras entradas del blog hemos analizado algunas obras que cuentan con la magia de Auladell en las ilustraciones como en Caracol (también junto a Albo y que contaron con una nueva ilustración en la edición de A Buen Paso) o Dorothy junto a Javier Sáez Castán. 

En los últimos años su obra ha recogido distinciones que le han llevado a continuar con la exploración del lenguaje del cómic (después de La Torre Blanca) con Potemkin y Paraíso Perdido de John Milton (y ser galardonado con el Premio Nacional del Cómic en 2016) o su participación en la creación audiovisual junto a Gonzalo Suárez. Pese a que en formato álbum no hemos tenido novedades, si que tenemos otra faceta que conecta con la capacidad evocadora de Auladell como es el acompañamiento a los 12 Poemas de Antonio Machado publicados en Kalandraka o los de Julio Cortázar en Poemas y Meopas. En su charla en la presentación de su reciente libro de artista Cuaderno Arcaico Muralis habló de las máscaras con las que el artista aborda un trabajo, un elemento que también aparece recurrentemente en sus obras, elementos alados con caretas humanas y otros cruces que caracterizan una obra que como lectores vemos en progresión y refinamiento continuo desde Mar de sábanas (2003) y el cambio de década en el que su autoría al ver una ilustración es completamente reconocible: el contraste con el color, las tonalidades pastel, el grafito y la materialidad de la textura. Y, la atemporalidad.

Estar fuera del tiempo como los territorios de la tradición oral que tan bien conoce Pablo Albo y, como podemos leer en la portada: “levemente inspirado en la leyenda esquimal La mujer esqueleto”. También, en la evaporación del alma en el viento marino recordamos a Andersen y el anhelo de un amor perdido. Con Alas y Olas tenemos dos universos, la tentación de traspasar ambos por sus personajes que nos recuerda en su punto inicial a un clásico del cine como es El cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders cuyo título en inglés también serviría para conectarlo con este álbum: “Las alas del deseo” (Wings of desire). El texto y la poética de las imágenes se entrelazan perfectamente para amplificarse a partir de un personaje que ha conseguido las alas con una condición (la idea de la tentación): nunca emplear su capacidad de vuelo para inmiscuirse en la vida terrenal de los otros. Una premisa de entrada que dibuja la situación inicial y que, en la siguiente página, dará con el inicio del conflicto: una mujer desvalida en su barca deseando la muerte (conectamos con Annie du Lac de Kitty Crowther y la idea de suicidio) que se desvanece en el momento que ambos cruzan sus miradas (al modo de Julio Verne como si hubieran compartido El rayo verde).

Esta intromisión es lo que nos conduce al recuerdo cinematográfico de la película de Wenders cuando el personaje de Bruno Ganz descubre a la trapecista y sueña con materializarse para formar parte del mundo terrenal. Desobedecida la promesa, el descenso al fondo del mar, la pérdida del cuerpo y la entrega a lo desconocido. El texto de Albo lo retrata con sutileza, con los elementos acompañándolos como una pequeña red hasta quedarse solo en los huesos y con la condena de una soledad que tan solo se veía interrumpida por las visitas de aquella mujer que también anhelaba aquel momento mágico, ese instante en el que vio al personaje alado. La forma en la que se resuelve el conflicto está llena de poesía y en el que conoceremos la materia con la que están hechos todos los besos.

Cerramos con música de Jason Pierce y Spiritualized que conectan perfectamente con la temática. Primero, Alas…



Y, luego, Olas

 


Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/alas_y_olas

Instagram Pablo Albo

https://www.instagram.com/pabloalbocuentista/?hl=es

Instagram Pablo Auladell

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viernes, 10 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Manuel Marsol. Ahab y la ballena blanca. Edelvives

 

Título: Ahab y la ballena blanca

Autor e ilustrador: Manuel Marsol

Editorial: Edelvives

Año: 2014

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 34,5 x 25,2 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Durante este periodo, dentro de las fijaciones que cada lector tiene, las reseñas de los álbumes de Manuel Marsol (en solitario o junto a Javier Sáez Castán y Carmen Chica) han sido una constante que, ahora, nos conducen a su primer álbum ganador del III Premio Internacional de Álbum Ilustrado Edelvives: Ahab y la ballena blanca. Un libro-álbum que se enfrenta a un referente literario universal como el de Melville y su Moby Dick (el álbum está lleno de pequeños homenajes a la novela y al autor, como puedan ser las referencia a Nathaniel Hawthorne en las guardas entre otras tantas historias escondidas en sus páginas como guiños cinematográficos, al arte de Warhol, el Monkey Island o C. D. Friedrich y El caminante sobre las nubes para quienes se acerquen al álbum).

De la misma manera, como la ballena, el formato ya tiene unas dimensiones notables y todo se conjuga a la perfección en el juego con la relación bimodal entre texto e ilustración que se inicia después del despliegue repleto del imaginario que el autor reúne alrededor de Moby Dick en las primeras dobles páginas hasta el juego con la réplica periodística (donde ya apuntaba el sentido del humor que después conoceríamos en otros momentos de su obra) del Nantucket Inquirer (publicado por Melville en 1851, claro).

El texto es una narración en primera persona de Ahab y sus peripecias a bordo del Pequod para cazar a la gran ballena blanca. En esa obsesión enfermiza y lucha contra los elementos característica, nos adentramos en un juego de información asimétrica para que el lector empiece a destripar la ironía en la búsqueda, un aspecto que nos recuerda al humor de Jon Klassen, especialmente en Este no es mi bombín. A partir de esa ironía, nos queda el placer visual de escudriñar todos los detalles y fragmentos que Manuel Marsol ha dejado para el placer del lector: navegar entre los contrastes, la materialidad en sus composiciones y el horizonte como espacio en el que observar (los patrones de la bata que Ahab emplea para freírse un huevo, el mortero de all-i-oli o los imanes de la Moby Fridge, por ejemplo) esa ballena con una textura rocosa y escultórica desde diferentes perspectivas. Un placer visual en el que encontrar tesoros escondidos y en el que, la ballena blanca nos recuerda aquello de “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. También, en la entrevista que concedió por aquella época para Un periodista en el bolsillo hablaba del que hubiera sido su segundo álbum, Astro:

Sí, estoy acabando lo que será mi segundo álbum, que parte de las ilustraciones que seleccionaron en la Feria de Bologna de este año. Se llamará Astro, y tiene ciertas conexiones con Ahab y la Ballena Blanca. Pero esta vez los misterios no vienen del mar sino de arriba, del Espacio”.

En una charla en la Llibreria Sendak también comentaba la intención de materializar el espacio como elemento narrativo (si mal no recuerdo) con ese libro y, supongo, que también podemos apreciar a la ballena como esa materialización de la búsqueda obsesiva del protagonista. Mientras esperamos los misterios del espacio, disfrutaremos con Ahab y la ballena blanca. Pasen y comprueben que “El mar es un misterio”.

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.edelvives.com/es/Catalogo/p/ahab-y-la-ballena-blanca

Web Manuel Marsol

https://www.manuelmarsol.com/Ahab-y-la-Ballena-Blanca-Edelvives-2014

 

Y una voz del océano dice: ¡No desesperes!



jueves, 9 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Peter Sís. Robinson. Ekaré

Título: Robinson

Autor e ilustrador: Peter Sís

Traducción: Teresa Mlawer

Editorial: Ekaré

Año: 2018

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 24,6 x 29,7 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Continuamos con otro álbum que nos conduce hacia el clásico de Daniel Defoe, Robinson Crusoe, que también presentaba otra opción de continuidad majestuosa como la traslación de Ajubel del texto clásico de Defoe en la editorial Media Vaca. Sin embargo, Peter Sís (Brno, 1949) permite la hipertextualidad con el original desde un punto biográfico del autor. Peter Sís, además, en el terreno biográfico se encuentra en un terreno que le resulta familiar por su retrato de la vida de Cristobal Colón (Follow the dream, 1991), Galileo (Mensajero de las estrellas, 1996), Charles Darwin (El árbol de la vida, 2003) o Saint-Exupéry (El piloto y El Principito, 2014). Junto a estos aspectos, en la portada encontramos otro elemento clave en sus ilustraciones como el uso de elementos cartográficos que Cantavella (2017) analiza en estas obras biográficas del autor y, como muchos reconoceréis, es una temática en la que tenemos diferentes entradas dedicadas en su blog La coleccionista. En su artículo señalaba el uso de los mapas como “llamada a la aventura”: “geographical maps can introduce a dreamlike or fantastical element and, in doing so, they have the power to tip the reader into the imaginary and towards adventure.” (p.48). En la portada de Robinson ya observamos ese mapa como vela del viaje que su personaje (el autor representando su infancia) observa junto a un conejo blanco: un viaje hacia un lugar al que la imaginación nos traslada y que nos recuerda a otro clásico como la odisea de Max.

Otro aspecto esencial en la obra de Peter Sís es la creatividad en la manera de emplear la viñeta para secuenciar la narración e introducir elementos que amplifican la información relativa a la construcción del protagonista y el contexto. Curiosamente, en una entrevista realizada antes del éxito de uno de sus grandes títulos como Madlenka ofreció una respuesta interesante a la decisión de la inclusión de todos estos datos en sus libros (Sís, Sak y Joseph, 1997): “But I always think when I put lots of details, I think about some child which might be bedridden or in a hospital and would have time to look for little details.” (p. 136). Al final de esta entrevista se puede leer el proceso en el que se encontraba la idea de Madlenka, un libro que estaba pensado para su hija Madeleine: “I’d like to do a book for Madeleine before she grows up. The block I walk on in the morning with Madeleine has a French patisserie, a Chinese laundromat, an Indian selling newspapers, Puerto Rican people in the supermarket—and everybody likes Madeleine because she is a little girl.” (p.140). Al final de esta respuesta, también apunta la inclusión de esos detalles sobre la tradición de cada país que al final incluyó en el álbum. En sus viñetas observamos que la forma también delimita el contenido, como es la forma del timón para encapsular el momento en el que él junto a sus amigos ve una película de piratas, el juego preferido con su pandilla. La viñeta como marco en el que encuadrar una historia y mostrar la narrativa de la obra de Defoe y la creación del disfraz. Ese diálogo con el tiempo y un centro que sirve para remitirnos a la situación del texto.

Otro aspecto que me resulta fascinante es la extrañeza en sus perspectivas, como el momento que camina hacia el colegio disfrazado de Robinson (el personaje de su historia favorita) junto a su madre en el que les observamos en el centro con un fondo que utiliza un ángulo cenital de visión opuesto a los personajes. La iluminación y la paleta de colores traducen toda la belleza a un álbum que cuenta una historia cotidiana, una fiesta de disfraces que causa ansiedad a su protagonista y el reflejo de la decepción por sentirse extraño a la mirada de los demás.

El refugio de la mano de una madre y el refugio del sueño para navegar en esa sensación que marca la segunda parte del álbum e iniciar rumbo hacia otro estado de consciencia y conectar con un sentimiento de náufrago entre su mar de emociones hasta llegar a la isla perdida y comienzan las formas a tornarse circulares, describir elipses y espirales combinadas con dobles páginas que progresan en detalles que cristalizan en ese mapa de la isla como espacio narrativo a través de diferentes aventuras en el tiempo (pescando, construyendo su barca, portando agua, jugando con la fauna…) hasta una suerte de “última cena” en la que comparte mesa con su compañía en la isla. El sueño como refugio y bálsamo para sanar su autoestima. Finalmente, es muy bella de establecer el camino hacia un final feliz en esta narrativa con el suspense del “ataque de los piratas” que amenazan su territorio. Un álbum maravilloso con la habilidad para fascinarnos de Peter Sís en cada página y que nos amplifica con su recuerdo de infancia (fotografía incluida) a través de los sentimientos que tuvo cuando apareció disfrazado de Robinson y el resto de sus compañeros se burlaron de su aspecto. Y, a modo de sinestesia, no puedo evitar escuchar en mi cabeza el poema Caracola de Federico García Lorca cuando veo su portada:

“Me han traído una caracola.

Dentro le canta

un mar de mapa.

Mi corazón

se llena de agua

con pececillos

de sombra y plata.

Me han traído una caracola.”

(F. G. Lorca, Canciones 1921-1924)

Finalmente, parece que el género biográfico sigue siendo un refugio para Peter Sís con el lanzamiento este año de Nick & Vera: a quiet hero of the holocaust and the children he saved (2020) que cuenta la historia de Nicholas Winton que ayudó a 669 niños atrapados en la parte ocupada por los nazis de Checoslovaquia que permaneció oculta hasta 1988 en el que en un programa de televisión unieron a los niños que salvó y, a su lado (sin que ellos lo supieran), estaba Vera, una de las niñas a las que ayudó a escapar. Un perfecto acompañamiento a El Muro: crecer tas el telón de acero (2009). Historias conmovedoras en momentos en los que el mundo sigue huérfano.



Fran Martínez

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Referencia

Cantavella, A. J. (2017). Between Fiction and Reality: Maps and Cartographic Logic in the Works of Peter Sís. Children’s Literature in Education, 48(1), 39–55. https://doi.org/10.1007/s10583-016-9304-4

Sis, P., Sak, L., & Joseph, M. (1997). Interview with Peter Sis. The Lion and the Unicorn 21(1), 131-141. doi:10.1353/uni.1997.0009.

 


miércoles, 8 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Peter van den Ende. Travesía. Libros del Zorro Rojo

 

Título: Travesía

Autor e ilustrador: Peter Van den Ende

Editorial: Libros del Zorro Rojo

Año: 2020

Páginas: 104

Encuadernación y formato: 23 x 30,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras


Reseña:

Hemos tenido en este inicio a Shaun Tan y a David Wiesner, álbumes que desafían la posición del lector en el escrutinio de significados y narrativas que dejan sin palabras que demandan la lectura de los detalles. Para ubicar al belga Peter van den Ende faltaría una pieza más: Einar Turkowski. De alguna manera, mi mente le ubica en un plano similar en el que explorar la perplejidad del lector a partir de la fascinación por la naturaleza y mundos oníricos repletos de simbolismo y ciertos aires distópicos por la presencia de elementos mecánicos. Supongo que también el uso del blanco y negro en la traslación de estos universos es lo que facilita una comparación obvia y el nivel de detalle en esta obra sensacional.

Una obra que puede fascinar a un lector competente en el último tramo de primaria (en la web lo recomiendan a partir de 8 años) y que es un recurso igualmente fascinante en cualquier etapa formativa o edad posterior. La unidad narrativa está basada en el uso de la doble página, alternando con el uso de la página sencilla, con la única aparición de viñetas al inicio y final de la narración. La cubierta y contracubierta tienen unidad y las guardas también tienen una función de síntesis al final del libro. Narración silente en blanco y negro en una narración que también excede el número de páginas habituales del álbum y lo emparenta con la novela gráfica y nos recuerda el inicio de estas narraciones a partir del trabajo de recopilación de David Beronä en su libro de 2008 Wordless books: the original graphic novels donde repasaba las obras de Frans Masereel o Lynd Ward entre otros.

Desde el surrealismo y la combinación de elementos reconocibles nos adentramos en una Travesía, como indica el título en castellano, pero que en francés pasó a llamarse “Odisea” o Errante (Wanderer en inglés) con lo que la traducción remite a lugares similares (con el traductor de Google y el holandés tengo más dudas con zwerveling traducido como torbellino). Como sea, el título nos pone en un entorno marino en el que se ilustra en las viñetas iniciales los pasos para construir un barquito de papel por dos personajes: un marinero con aspecto humano y, otro personaje misterioso, ataviado con un traje, capa y máscara con dos cuernos. Barquito (el tamaño en este caso sería el de una barca) que sale al mar lanzado desde un barco con una curiosa quilla con lo que podría ser un batiscafo.

A partir de este momento, contemplamos desde una variedad de enfoques y planos todo aquello que le rodeará y que nos fascinará poco a poco (en la web de la editorial se apunta que Peter van den Ende estudió biología y fue guía en las Islas Caimán): nos deleitará por su nivel de detalle del coral marino, los bancos de peces y la aparición de personajes fantásticos que nos irán trasladando por paisajes, recovecos oscuros, espacios misteriosos y sorprendentes tripulantes que tomarán esa embarcación en diferentes momentos, ballenas con una diminuta pipa, animales variopintos en una fauna en la que formas reconocibles subvierten la anatomía terrestre y, como no, bellos paisajes entre el día y la noche, auroras boreales, glaciares y múltiples misterios en una obra panorámica en la que perderse y extrañarse con la inserción de elementos industriales: grandes buques navieros, plantas petrolíferas que infectan la vida marítima y aérea. Una travesía en la que seguimos con interés un pequeño elemento entre tantos elementos singulares.

En la parte final, la revelación de más detalles y la llegada a buen puerto de un viaje desde el norte del Océano Pacífico y que nos devuelve al Puerto de Amberes (en las guardas finales podemos observar repasar ese trayecto narrativo y volver atrás para conocer la geografía imaginada por el autor en los diferentes puntos del planeta). Como tripulantes de ese barquito de papel, nos sentimos afortunados de participar de un viaje con un destino final que se materializa dentro de nosotros: el gozo de perdernos entre sus páginas.



Fran Martínez

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martes, 7 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Shaun Tan. Las reglas del verano. Barbara Fiore Editora

 

Título: Las reglas del verano

Autor e ilustrador: Shaun Tan

Traducción: Carles Andreu y Albert Vitó

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2014

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 27 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

While at first this might seem a book for children, I'm more broadly interested in the universal themes governing any intimate relationship regardless of age, gender or background, from siblings to best friends, co-workers and partners. The private universe of imagination and conflict that can exist here so often defies explanation and is, I think, best represented as a kind of shared dream.” (Shaun Tan website)

En este álbum maravilloso de Shaun Tan (que también tuvo traslación intermodal a una app que no se encuentra disponible) nos ofrece las 16 reglas que aprendió el protagonista en su último verano. Y eso es todo. Bueno, lo sería si no fuera por la capacidad de sugestionar al lector por sus ilustraciones al óleo que nos rodean de perplejidad ante la creación en cada página de un universo en el que completar de significado cada una de las reglas propuestas (principalmente, aquellas cosas que “nunca” debes hacer). Para conocer mejor las visiones del autor encontramos en la página de la editorial muchas de las claves y referencias a estos universos (enlace) que nos hablan de las experiencias del autor y recuerdos de infancia. Entre esos recuerdos, los juegos junto a su hermano pese a que en su página web nos invita a que no los veamos como hermanos, sino como amigos y compañeros.

El surrealismo y la imponente arquitectura de los espacios que nos remiten a una celebración del universo de Lewis Carroll y su Alicia, imponentes espacios que intimidan y liberan con cierto sentido del humor. El lector está invitado a que construya en esos instantes los espacios vacíos entre un texto lacónico y una imagen desbordante. El universo de Shaun Tan siempre conduce a una conexión con la obra de Miyazaki y desde La cosa perdida seguimos maravillados en sus creaciones absorbentes y que profundiza en esos temas universales que apunta el autor sin olvidar otros estados emocionales dentro de un universo que juega con la ambivalencia de la utopía y distopia. Un álbum que exige un lector que encuentre el por qué a cada regla del verano y se sumerja en el espacio de tiempo que anticipe e infiera las consecuencias de cada una. Recuerdo este juego en el aula con el profesor Ramón Llorens a partir de algunas imágenes del álbum y es un ejemplo de álbumes que desafían al lector, le retan en la creación de una narrativa que, como pasaba en su clásico El árbol rojo, nos deja al final un espacio de esperanza reconfortante: el salón frente a la televisión y los dibujos que nos remiten a las ilustraciones previas.

Desconocemos al narrador de la historia (¿será el más pequeño?) y nos invita a que tomemos una posición (la del que aconseja o el que recibe el consejo) o tal vez sean las dos voces (nos muestra elementos recurrentes en varias páginas con el cuervo). Independientemente del camino que se elija, Las reglas del verano de Shaun Tan es una puerta abierta para el juego de la interpretación, el diálogo y el deleite visual de cada uno de los detalles y narrativas visuales que operan en primer y segundo plano para generar una sensación de perplejidad y asombro que son rasgos habituales de su obra. Nunca dejes de fascinarte al pasar la página. O, al menos como diría Pennac en su octavo derecho del lector, hojearla.



Imagen de la app: (wheelbarrow Facebook)

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/las_reglas_del_verano

Comentarios de Shaun Tan en la web de BFEditora

https://www.barbarafioreeditora.com/shauntan/?page_id=47

Entrada de la web de Shaun Tan

https://www.shauntan.net/summer-book

 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Flotante. Océano Travesía

 

Título: Flotante

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: Océano Travesía

Año: 2007

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28,5 x 22,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum casi sin palabras

Reseña:

Esta vuelta a la actividad parece dominada por álbumes sin palabras y, como apunté en una de las entradas de la semana pasada, es curioso que se definan por el elemento del que carece y no por los atributos que ofrece. Esta reflexión sabía que la había leído en más de una ocasión en referencias relacionadas con este tipo de álbumes y, releyendo para esta entrada, puedo citar a Serafini (2014) como uno de los que emplearon este tipo de razonamiento. Dentro de la didáctica de la lengua y la literatura hay un campo de estudio que se ha abordado a lo largo de las últimas décadas sobre este tipo de libros-álbum y en ese mismo artículo de Serafini (2014) encontramos algunas de las posibilidades que el autor señala a través de los “wordless picturebooks”: dar voz a la narrativa visual a partir de la secuencia dispuesta, interpretar los estados emocionales de sus personajes (aquí Serafini también conecta con algunos estudios sobre áreas cognitivas como los de Nikolajeva y Kümmerling-Meibauer), la aceptación de la ambigüedad por parte del lector (es decir, el papel del lector activo), el reconocimiento que hay diferentes formas de exploración visual en el libro-álbum (aquí se puede conectar desde la sintaxis de la imagen de Dondis, estudios de semiótica o la creciente bibliografía sobre alfabetización multimodal) y elaborar hipótesis (inferir y construir significados más cercano a propuestas dialógicas) sobre la narrativa que describe la secuencia de imágenes.

Esos aspectos también han sido señalados por otros investigadores como Arizpe (2013) y que también desarrollaron mediante este Flotante una práctica transcultural que derivó en publicaciones previas como la de Arizpe y McAdam (2011) y el manual sobre estos viajes visuales en diferentes contextos en Arizpe, Colomer y Martínez-Roldán (2014) a partir, especialmente, de Emigrantes de Shaun Tan y que conectaba con aquella propuesta de literatura que acoge de Colomer y Fittipaldi (2012) en la que también se incluía esta obra de David Wiesner. También ha cambiado la perspectiva desde aquel artículo de Groff (1978) que no consideraba estos álbumes sin palabras como recursos apropiados en el aula, pasando por otro artículo seminal como el de Knudsen-Lindauer (1988) en el que señalaba como una de sus grandes cualidades: “one of the most important roles of wordless books lies in promoting and refining expressive language skills through creative expression. Wordless books lend themselves very nicely to a creative approach to storytelling on the part of children” (p.137). Es decir, la elicitación narrativa que permite conectar a estos libros con prácticas esenciales en diferentes ámbitos de la Didáctica de la(s) Lengua(s) y Literatura que no quiero extenderme demasiado en esta introducción y pasar a la obra.

David Wiesner es uno de los autores con un mayor reconocimiento internacional en su obra y cuyos álbumes sin palabras han conseguido distinciones como las tres medallas Caldecott para Martes, Los tres cerditos y este Flotante con el que cierra la trilogía de reconocimientos. En su obra hay elementos recurrentes, además de su interés por ampliar la visión del mundo de la infancia hacia territorios repletos de fantasía, que podemos rastrear en diferentes álbumes (algunos ya se apuntaban en la reseña de Sector 7, en el que aparecía como referencia un artículo de una de las especialistas en álbumes sin palabras como Emma Bosch): encontramos en la portada un cerdo entre una gran disposición y muestrario de instrumental y elementos que nos indican la cartografía del viaje que encontraremos posteriormente en sus páginas (una pequeña colección de objetos y tesoros fuera del tiempo). Una secuencia que está construida con gran precisión desde la continuidad entre cubierta y contracubierta, la arena de las guardas que conectan con un momento previo en el que vemos al protagonista descubriendo algo en la orilla. El cerdo (referencia a Los tres cerditos [2002], pero que también eran un elemento recurrente en Free Fall [1988] y el final de Martes [1991]), el protagonista rubio que también aparece en Hurricane (1990) y Free Fall, la aparición de esos grandes pulpos en formas de cúmulos en Sector 7 (1999) y una imagen introductoria previa a la portada del libro que nos coloca en el espacio narrativo.

A partir de ese momento, como lectores (de imágenes y construyendo significados) nos adentramos en los mecanismos de David Wiesner para que la lectura sea inmersiva: el uso de técnicas cinematográficas en la elección del enfoque y plano, el color para delimitar el “framing” narrativo y la secuenciación en viñetas para dinamizar el tiempo en el que transcurren las acciones. En primer lugar, vemos el ojo desenfocado en ese cangrejo inicial que nos indica la posición del lector con lo que en el análisis multimodal se identifica como “demand”: el protagonista nos invita que sigamos su mirada a cada uno de los detalles que encuentra en la orilla. La doble página posterior nos muestra el resto de instrumental y de dónde proviene el efecto desenfocado: el uso de la lupa (también vemos el microscopio, los prismáticos y un curioso cofre). El uso de las viñetas es otra de las características empleadas en otros álbumes de Wiesner, como en Martes, Sector 7 o su juego metaficcional en Los tres Cerditos. Esto también conduce a que en otros estudios se señalen la hibridación con el lenguaje del cómic (Postema, 2014) o el análisis multimodal del foco que propone cada uno de estos paneles en la narración (Pantaleo, 2019). Curiosamente Sylva Pantaleo aprovecha estas cualidades de los álbumes “posmodernos” (en referencia al libro clásico que editó con Lawrence R. Sipe en 2008) en diferentes propuestas didácticas en el aula para la apreciación de todos estos elementos visuales (Pantaleo, 2016, 2017). Estas viñetas iniciales siempre se reflejan en un fondo blanco, intercalándose con dobles páginas e inserciones dentro de la ilustración para trasladarnos directamente a su visión (como en la página en el que la viñeta se incrusta con el protagonista mirando la cámara subacuática Melville, quizás un homenaje al autor de Moby Dick).

Aquí, nos encontramos ante una segunda parte en la que el conflicto nos sitúa como investigadores del enigma que esconde ese carrete de la cámara, nos acompaña en la inquietud por el revelado fotográfico y, finalmente, volvemos al ojo descubriendo su contenido. En ese momento, el código de la página se cambia al negro cuando nos muestra las fotografías con esos universos peculiares, cómicos y surrealistas en el que también establece esas conexiones iconográficas con su obra anterior en una suerte de peculiar Atlantis. Esa sorpresa inicial, da lugar a una nueva vuelta de tuerca narrativa: la lectura a través del zoom del microscopio del misterio que encierra la cámara: una práctica que se convierte en aquella idea del mensaje en la botella, pero esta vez con una cámara fotográfica como elemento que transporta al lector por las otras personas que encontraron la cámara y la dinámica que descifraron: cada zoom nos mete en la foto dentro de la foto (aquello de Jörg Müller del libro en el libro en el libro…) hasta llegar al blanco y negro de un niño en la costa que inició este juego (un mensaje a través del tiempo y el territorio) pasando por diez manos diferentes y, ahora, resuelto el misterio el protagonista sabe qué hacer.

Mirar cada página, cada viñeta, el lujo de detalles, pasar la página y sorprendernos, descifrar un misterio dentro de otro misterio y otras tantas capas encerradas en un álbum que nos deleita por el detallismo de cada ilustración, un viaje (con un pequeño homenaje a La gran ola de Kanagawa incluido) que promete ser circular. Arena y cierre. En la contracubierta los peces nadan en la dirección que nos devuelve a la portada y al ojo del pescado que nos muestra la cámara misteriosa. Bienvenidos, de nuevo, Flotante: una obra clásica (posmoderna) de la LIJ.

Por cierto, David Wiesner es el comisario de una exposición dedicada a los álbumes sin palabras en el Eric Carle Museum. Me gusta el título por aquello que se comentaba inicialmente, “arte que deja sin palabras” como una manera más poética para clasificar estos libros.

https://carlemuseum.org/explore-art/exhibitions/current/speechless-art-wordless-picture-books

Fran Martínez

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Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=6727

Web de David Wiesner

http://www.davidwiesner.com/ 

Referencias

Arizpe, E., Colomer, T., y Martínez Roldán, C. (2014). Visual Journeys Through Wordless Narratives: An International Inquiry With Immigrant Children and The Arrival. Bloomsbury.

Arizpe, E. (2013). Meaning-making from wordless (or nearly wordless) picturebooks: What educational research expects and what readers have to say. Cambridge Journal of Education, 43(2), 163–176. https://doi.org/10.1080/0305764X.2013.767879

Arizpe, E., & McAdam, J. (2011). Crossing Visual Borders and Connecting Cultures: Children’s Responses to the Photographic Theme in David Wiesner’s Flotsam . New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 227–243. https://doi.org/10.1080/13614541.2011.624969

Colomer, T., y Fittipaldi, M. (Eds.). (2012). La literatura que acoge: Inmigración y lectura de álbumes. Banco del Libro.

Groff, P. (1978). Critic’s corner: Art and reading: Is there a relationship? Reading World, 17(4), 345–351. https://doi.org/10.1080/19388077809557440

Knudsen Lindauer, S. L. (1988). Wordless books: An approach to visual literacy. Children’s Literature in Education, 19(3), 136–142. https://doi.org/10.1007/BF01127091

Pantaleo, S. (2016). Primary students’ understanding and appreciation of the artwork in picturebooks. Journal of Early Childhood Literacy, 16(2), 228–255. https://doi.org/10.1177/1468798415569816

Pantaleo, S. (2017). Critical thinking and young children’s exploration of picturebook artwork. Language and Education, 31(2), 152–168. https://doi.org/10.1080/09500782.2016.1242599

Pantaleo, S. (2019). The semantic and syntactic qualities of paneling in students’ graphic narratives. Visual Communication, 18(1), 55–81. https://doi.org/10.1177/1470357217740393

Postema, B. (2014). Following the pictures: Wordless comics for children. Journal of Graphic Novels and Comics, 5(3), 311–322. https://doi.org/10.1080/21504857.2014.943541

Serafini, F. (2014). Exploring wordless picture books. Reading Teacher, 68(1), 24–26. https://doi.org/10.1002/trtr.1294