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viernes, 10 de junio de 2022

Entradas en azul. Alice Bossut y Marco Chamorro. El gigante de la laguna. Yekibud/ Juan Palomino. Antes del amanecer. SM

 


Título: El gigante de la laguna

Autoría: Alice Bossut y Marco Chamorro

Editorial: Yekibud

Año: 2021

Edición original: Comoyoko, 2015

Páginas: 12 (libro-acordeón)

Tamaño: 32 x 17,6 cm



Reseña

Ahondar en relatos mitológicos y leyendas es una forma de conexión con los relatos de la tradición oral y con el acerbo cultural como modo de resistencia. Justamente, desde hace años estos relatos de la tradición oral son constantemente censurados por su valor moral y olvidando el diálogo con el diálogo cultural y la fantasía. Obviamente, en el plano material dicha resistencia es meramente objetiva: resistir a la pérdida de la oralidad y fijarse en alguna de las versiones recogidas por sus comunicantes. En la entrada de hoy un reflejo en dos fantásticos álbumes que emplean diferentes estrategias para recoger ese material y trasladarlo a un soporte en el que aportarle una dimensión estética.

 Al igual que la aproximación de Warja Lavater o Maguma sobre la tradición oral en formato acordeón sirve para desplegar ante la sorpresa del lector un mapa narrativo que le ubica en la peculiaridad de la composición espacial. En este caso, se opta por el dinamismo al no cambiar de plano y tener una perspectiva panorámica obteniendo una continuidad espacial (una suerte de plano secuencia trasladado a la lectura). Tenemos ejemplos para remontarnos a estas panorámicas en los álbumes  Alexandra Exter de 1937 o La casa en el bosque, aunque en este caso la narrativa tiene una dinámica interna en la evolución del personaje (como en Lucky/Happy Hans o El dios dinero, por citar ejemplos reseñados en el blog).


En la publicación de la editorial Yekibud (recordamos su divertimento poético reseñado en el blog o el hermoso cuento marroquí El pañuelo del sultán de Pia Wortham) hay un prólogo de Gustavo Puerta Leisse (con quien iniciamos la semana en Sentimientos encontrados). Transcribo un pequeño fragmento de su prólogo: “si en otros lugares o en otros tiempos era la voz de los ancianos la que transmitía estas historias a las nuevas generaciones, hoy son Alice y Marco quienes plasman las palabras e imágenes de los Andes y las traen a nuevas tierras y a nuevos oyentes”. 

Así, los paisajes serigrafiados en tres colores nos adentran en una narración de la mitología kichua El gigante de Imbabura como una leyenda relacionada con la creación de un accidente geográfico y que Alice Bossut toma de hipotexto para una adaptación que propone otra lectura sobre el mito. El inicio del álbum reproduce los esquemas de la tradición oral, pero que se articula en primera persona como un recuerdo de la narración que le contaban sus abuelos. La historia de un gigante que quería darse un baño y no encontraba un lago tan hondo como para satisfacerle. Un viaje que contiene una pequeña lección que podríamos resumir como “ser y parecer” (volvemos a hacer conexión con otra entrada del blog). Un soñador e inconformista que nos da una vuelta por la orografía de la región de Imbabura en el norte de Ecuador y nos recuerda la importancia de recuperar estos relatos que sobreviven como resistencia a diferentes colonizaciones. Una feliz nueva entrada en el catálogo de Yekibud que, además, añade el valor del compromiso como forma de resistencia y sostenibilidad.

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web Yekibud

http://www.yekibud.es/

Instagram de Alice Bossut

https://www.instagram.com/alicebossut/?hl=en

Web Marco Chamorro

https://marcochamorro.com/El-gigante-de-la-laguna-1



 


Título: Antes del primer día

Autor e ilustrador: Juan Palomino

Editorial: SM

Año: 2017

Páginas: 32

Tamaño: 25 x 28,7 cm




Reseña

¿Por qué comencé hablando de resistencia colonizadora? Surge de la explicación del proceso del mexicano Juan Palomino (como Alice Bossut, nacidos en 1984) de esta obra que le sirvió para alzarse con el Premio Internacional de Ilustración de la Feria de Bolonia en 2016 (también de 1984 otro ganador del certamen con su leyenda en Hanging Rock: Manuel Marsol). Antes que ponerme a describir sus técnicas, qué mejor que escucharle reflexionando sobre el proceso creativo en primera persona:



En este caso, la preservación de las mitologías frente a la colonización y la pérdida de la identidad de su propio imaginario cultural también nos interpela en el presente con aquello que comentábamos con anterioridad de la censura moralista de los relatos de la tradición oral. En este caso, La creación del mundo está contenida en el Popol Vuh y recoge los mitos de la cultura maya k’iche’ (en el altiplano de Guatemala). En el epílogo, Juan Palomino aclara que su texto se basa en las traducciones de Adrián Recinos y Michaela Craveri. Esta mitología nos lleva a la creación: al hombre, la naturaleza y a sus guardianes (los animales). También al proceso de creación que surge del ensayo hasta dar con la forma adecuada para su creación. Primero, con barro y nos recuerdan en sus formas a un personaje clásico de Miyazaki y al dios guerrero de Nausicaa en el valle del viento (1984) por sus grandes ojos y su inconsistente naturaleza. Después, la creación a partir de la madera. Finalmente, antes del amanecer nacieron del maíz los primeros hombres (volvemos a otra leyenda japonesa con la princesa que nace del bambú con Kaguya) y con el miedo de los dioses ante su posible perfección.


Además de la belleza y la preservación de estas mitologías propuestas en la entrada de hoy, también la necesidad de dialogar con la historia y la cultura que la colonización intentaba erosionar para imponer su visión cultural. No, no hablo de la historia de la colonización exclusivamente, sino de la colonización moralista y cultural de nuestros tiempos. Para terminar con las conexiones con otras entradas en el blog, su excepcional acompañamiento ilustrado en la antología poética Cajita de fósforos (selección de Adolfo Córdova y ganadora en la Feria de Bolonia en la primera edición del premio de poesía). Y, para el futuro, acompañando a la poesía de Micaela Chirif (uno de los ilustradores del premiado El mar) que este año seguramente tenga continuidad con un nuevo poemario de la poeta peruana en Kalandraka.



Ahora, ya puede echar a andar el tiempo. Hasta la próxima.

 

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web SM

https://es.literaturasm.com/libro/antes-primer-dia#gref

Instagram de Juan Palomino

https://www.instagram.com/juanpalomino.ilustrador/?hl=en



Para finalizar, no podía evitar conectar a la banda Popol Vuh y su banda sonora espectral con el clásico inspirado en la colonización y la búsqueda de El Dorado de Werner Herzog: Aguirre, der zorn gottes (1972)




sábado, 28 de mayo de 2022

Entradas en azul. Delphine Perret. Le plus bel été du monde. Les fourmis rouges

 

Título: Le plus bel été du monde

Autora e ilustradora: Delphine Perret

Editorial: Les fourmis rouges

Año: 2021

Páginas: 128

Tamaño: 19 x 25 cm

Reseña




“¿Estás listo?”

Así comienza el verano más bello del mundo: como un soplo en el corazón. Las referencias nos llevan por el título del único álbum (discográfico) que publicaron Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea bajo el nombre de Family. Vale, volvemos de un salto al álbum (libro): la historia que encierra es una mirada al corazón de la memoria y la construcción de nuestras vidas en torno al vínculo emocional que se plasma en las conversaciones entre una madre y su hijo. Una relación maternofilial que abarca una mirada a las generaciones precedentes y la reflexión sobre la transmisión desde progenitores hacia hijos (la madre también fue hija y así encadenadamente). Ahora, una vuelta al guiño musical y la alusión que este título conectó instantáneamente en mi cabeza: El bello verano.




Tu cara triste

Mi amor de plata

Podemos volver a empezar

Seremos delfines o ballenas azules

Viviendo en el fondo del mar

De nuevo, la constelación de referencias nos devuelve a la literatura y la obra La bella estate (El bello verano, 1949) de Cesare Pavese a la que hace alusión la letra de Aramburu. En este caso, es una novela de formación que también nos llevaría a otras referencias cinematográficas en las que el verano es un marco mental entre el cierre de un curso y el inicio de otro. El paréntesis vacacional para el remanso y el crecimiento, el recogimiento de lo familiar y el poso con el que afrontar desde otra mirada reflexiva nuestra relación con el mundo. El verano en el Levante es como una losa de membrillo que hace cada respiración más pesada y en el que una brisa a la sombra es tan solo una promesa fugaz. Como la de los chapuzones de David Hockney o la promesa de viaje del nadador de Cheever (y que llevó al cine Frank Perry). Creo que es momento de volver al libro.


Con el álbum Le plus bel été du monde recuperamos la peculiaridad de la ruptura de convencionalismos de la extensión del álbum, como en las últimas entradas se ha hecho alusión con He visto un pájaro carpintero, El pájaro que llevo dentro vuela adonde quiere, Et j’ai rêvé le jour o À qui appartiennent les nuages? (entre otros a los que se hacía alusión en la entrada). Álbumes dominados por su conexión con la memoria desde diferentes prismas. La autora, Dephine Perret, nos acompaña desde un diálogo que interpela tanto al mundo interior del niño como, transversalmente, el del adulto desde el acompañamiento de la madre. Esto se debe a la articulación del texto en diálogos que documentan pequeños momentos y en los que se generan diferentes motivos para diferenciar el tono de la obra: en este caso, la gorra y paisajes a doble página que sirven para una visión panorámica de los diferentes momentos del día reflejados en ese horizonte alejado de la ciudad. Aunque, ese viaje personal, tiene en el niño intentando anudarse los zapatos el reflejo del tránsito del verano. En la mirada del niño, el descubrimiento microscópico de los pequeños detalles que en la ilustración se presentan principalmente en blanco y negro. Una combinación entre acuarelas y plumilla que se combina entre sus diálogos en los que presenciamos momentos de intimidad entre madre e hijo, la celebración de visitas de familiares e inclusive la soledad. Diferentes estampas que tantos recuerdos nos despiertan: las despedidas de las visitas hasta que desaparece el coche de nuestra vista, por ejemplo.


Momentos presentes y recuerdos pasados se combinan en ese marco espacial y temporal de un tiempo vacacional que pasa con lentitud en las manecillas del reloj cada día y que nos sorprende cada vez que acaba. Un recorrido por sus diferentes emociones y sensaciones presentadas como instantáneas o fotogramas que en el paso de página quedan con nosotros como un recuerdo. Recuerdos que se manifiestan y la melancolía de evocar a personas que ya no se encuentran entre nosotros. Momentos que parecen intrascendentes y que se revelan como la escapatoria de la rutina abrumadora. Sorbos calmados y que se suceden en estas 128 páginas como una oda a la contemplación. Me recuerda que en septiembre del año pasado me dediqué a escribir sobre álbumes conectados al verano y, aunque sin palabras, El último verano mantiene ese aroma de conexión con lo iniciático y la conexión con la inevitable naturaleza expresada en pequeños ciclos en progreso. La manera con la que Delphine Perret combina esa sensación en los diálogos, la extensión y las ilustraciones convierten a este El verano más hermoso del mundo en un refugio en forma de murmullo apacible. Tal vez eso, a fin de cuentas, es nuestro paso por la vida. Un balancín en el que lo efímero y la permanencia se alternan. En el que siempre anhelaremos aquel verano.

 


 

Web de la editorial

https://editionslesfourmisrouges.com/en/produit/le-plus-bel-ete-du-monde/

Instagram Delphine Perret

https://www.instagram.com/delphine_perret_bonjour/

 


 




 

jueves, 14 de abril de 2022

Entradas en azul. Mario Brassard. A qui appartiennent les nuages? (il. Gérard Dubois).

 

Título: À qui appartiennent les nuages?

Autor: Mario Brassard.

Ilustrador: Gérard Dubois

Editorial: La Pastèque

Año: 2021

Páginas: 96

Dimensiones: 17,8 x 24,1 cm. Tapa dura

Idioma: francés

 


Reseña

La obra À qui appartiennent les nuages? de Mario Brassard fue la ganadora en la categoría de ficción en la última edición de la Feria de Bolonia. Un galardón que inevitablemente despierta la curiosidad entre el público interesado en este tipo de obras literarias. Definida desde la editorial como un álbum, la categorización en este caso resulta algo ambigua como para encerrarla dentro de un tipo de narrativa gráfica. Supongo que son cosas del circuito en el que circulan estas obras y el prisma investigador con el que se aproximen. Sandra Beckett cristalizó a la perfección bajo el término “crossover picturebooks” un concepto para dejar que la libertad artística de estas narrativas posmodernas siguiera empleando recursos de otras disciplinas gráficas, pictóricas y medios. Un término amplio para definir aquello que rompe convenciones de género y que define su espíritu más que el soporte. Ya sabéis aquello de los atípicos en la campana de Gauss o la distribución normal: en general la mayoría de los valores (digamos, álbum) se distribuyen en torno a una tendencia central, pero existen en menor proporción atípicos. Algunos de estos pasarán en algún momento por aquí.



Al texto del canadiense Mario Brassard sirve para reflejar una narración psicológica de las memorias de Mila y sus recuerdos a partir del encuentro con una fotografía de cuando tenía 9 años. Con sutileza crea una metalepsis entre dos momentos diferenciados en el tiempo: el presente y el pasado de sus recuerdos. Esos fantasmas que nos acechan y reconstruimos como un molde de arcilla como espectros y que el autor plasma perfectamente en los recuerdos de Mila entre la realidad y el sueño suspendido en otro tiempo y espacio. De manera sutil, la portadilla nos ofrece la fotografía de la infancia de Mila y nos adentra en una narración en la que el texto nos irá revelando las voces del relato y nos ubicará en aquel instante cristalizado en una imagen. Las ilustraciones de Gérard Dubois estilizadas nos evocan al pasado desde la paleta de color escogida donde los grises tendrán protagonismo y la incorporación del color (rojo y azul) nos reflejará la tensión y calma del relato. El inicio y la resolución del relato tienen una conexión en la ventana de la habitación y el gato de Mila que aparecerá para expresar ese paso de tiempo.



La perfecta combinación del texto encuentra en la ilustración una mirada cinematográfica en la fragmentación de la imagen y las diferentes estrategias de focalización o las atmósferas de cada espacio. En ocasiones, la fragmentación se materializa con viñetas diferenciadas y otras las imágenes muestran una secuencia de movimientos en el espacio de la doble página. La libertad del soporte, ya saben. Mila intenta recordar aquel momento capturado por su padre en la puerta de su casa (la ilustración nos invita a adentrarnos a través de la ampliación del plano hasta llegar a ser parte del objetivo de la cámara que retrata a Mila). Con sutileza su voz nos lleva a ese momento y sus circunstancias como preámbulo que marque el tono melancólico y personal ante la marcha de su hogar.


Los motivos de la marcha se van revelando entre recuerdos de desazón y preocupación que reflejan un clima pre bélico. En ese viaje, dentro de los recuerdos de Mila, traza una línea entre la ensoñación y la realidad. Un sueño, además compartido y que aterra al resto. Una duermevela inquietante que se expresa a la perfección en las metáforas visuales empleadas por Gérard Dubois. De la oscuridad e indefinición de las siluetas, hasta la ampliación del foco para ver las caras abatidas del éxodo de la gente. Estamos acostumbrados a relacionarnos con la memoria a través de cifras y perdemos constantemente la perspectiva de la interrupción de las vidas, tal y como María José Ferrada explicaba cuando hablaba de Mexique: el nombre del barco. Un ejercicio que mantuvo en el poemario Niños y que resulta desgarrador. Así, la focalización y fragmentación permite una mayor sensación de dinamismo dentro de la contemplación de las dobles páginas que espolean al lector. En el sueño que comparten hay confusión con la realidad y se producen situaciones llenas de lirismo, con la tensión entre la libertad y la opresión militar. Esta se refleja en el papel de su tío con su nariz roja de payaso que nos lleva inevitablemente a Charles Chaplin en el que el arte intenta mostrarse como la última frontera: la libertad del arte como puerta de escape frente al odio, como último bastión del alma. El humo, las pisadas, el cuervo negro, trincheras, rifles, chimeneas, la rabia, el miedo, la tensión y el desconcierto. Todo perfectamente secuenciado para mostrar de manera poética y claustrofóbica la desesperación.



Humaredas que se confunden con las nubes, humaredas que reflejan un bombardeo y la incertidumbre de qué habrá pasado con los que vivían allí. La progresión de una humareda que se acerca lentamente y en el que Mila se pregunta a quién pertenecen las nubes, quién es su dueño y nos cuenta cómo las reparte: las blancas, son las que nos pertenecen y las otras (las grisáceas) a los demás. Aunque, por desgracia, cada vez quedan menos blancas. Pesadillas que se materializan, la dureza de la marcha y el éxodo representado en la difuminación de un grupo de siluetas en desplazamiento con un momento en el que Mila nos interpela en sus recuerdos. Nos cuenta que prefiere evitarnos el recuerdo del dolor físico en el cuerpo: ampollas en los pies, hambre, sed y la fatiga de un horizonte interminable. Es suficiente con experimentar aquel dolor como para revivirlo una vez más.


Para cerrar ese momento temporal y volver al presente, reconocemos su presente y algunas de sus momentos en los que ese recuerdo sigue apareciendo inconscientemente en su vida (haciendo cola en un mostrador) y en el que se recuperan elementos simbólicos del pasado. La nariz roja ahora será la pelota con la que juegan los niños en el parque. Reflexiones sobre su pasado en el presente y un cierre que evocará al futuro a partir del paso de las nubes. À qui appartiennent les nuages? es una obra cautivadora en todos sus elementos, donde el encuentro entre un texto profundamente poético encuentra un acompañamiento perfecto en el diseño (ilustración, secuencia, composición visual) de Gérard Dubois. Méritos de sobra para que se alzase con el galardón en la Feria de Bolonia este año. Una obra que sorprenderá y atrapará a toda aquella persona que se acerque a ella y que no podemos más que recomendar. Una obra en el que las narrativas gráficas siguen difuminando fronteras y desafiando convenciones que están hechas para que se las lleve el viento. Wild is the wind.

Por desgracia, en las noticias seguimos viendo imágenes que nos recuerdan a este éxodo y la brutalidad del poder. Parece que los años 20 de este siglo no tienen nubes blancas. 

Volveremos con pájaros.

 

Fran Martínez

[redes sociales]


Enlace editorial La pasteque






martes, 8 de marzo de 2022

Entradas en azul. Marion Kadi. Les reflets d'Hariett

 


Título: Les reflets d’Hariett

Autora e ilustradora: Marion Kadi

Año: 2021

Editorial: L’agrume

Tamaño: 24,5 x 29. Tapa dura.

Extensión: 48 páginas

Idioma: francés

 

 

Reseña:

El periplo del debut de la autora francesa Marion Kadi con su álbum titulado Les reflets d’Hariett (L’agrume, 2021) está plagado de reconocimientos en las ferias más destacadas de la literatura infantil. Primero, su álbum se coló entre la selección final del Salón du livre et de la presse jeunesse (Les pepites) junto a los álbumes Adieu Blanche-Neige (reseñado en el blog), el lisérgico Changer d’air de Jeanne Macaigne, el divertimento con mala uva de Adrien Parlange con Les Désastreuses Conséquences de la chute d'une goutte de pluie y el libro-objeto de un habitual de estos experimentos con la materialidad como Dominique Erhardt que fue alzado como ganador con Esprit, es-tu là? Pero donde alcanzó su álbum el reconocimiento internacional definitivo fue como reciente ganador del Premio Opera Prima en la Feria de Bolonia y donde también se alzó con una mención el álbum de Johanna Schaible que figuraba en aquel repaso a 2021 como el álbum que más me gustó el año pasado (también podéis leer la reseña aquí) con C’era una volta e ancora ci sarà (además de su reconocimiento en la selección de dPictus).


Durante el curso pasado pasaron por el blog otros dos álbumes que fueron premiados y que comparten con Les reflets d’Hariett un tipo de narración intimista con la intromisión de un hecho fantástico en un contexto cotidiano como sucedía en No sin mis cosas preferidas de Sepideh Sarihi e ilustrado por Julie Völk (Lóguez, 2020) y Vecinos de Kasya Denisevich (Editorial Juventud, 2021). Ambos comparten protagonistas femeninas, pero en Les reflets d’Hariett la narración psicológica pasa a ser omnisciente para acompañarnos por el espectacular despliegue de la autora. En algún espacio de las aventuras de Kitty Crowther y el trazo de Georg Barber (ATAK) o el extrañamiento de Sarah Mazzetti, las ilustraciones de Marion Kadi juegan con la expresividad y el contraste de su paleta cromática para una narrativa visual repleta de detalles en cada ilustración. De manera más concisa el veredicto del jurado en su página web en la que hablaban del impacto visual, paleta de colores explosiva y cálida, dinamismo y elección del formato narrativo para cautivar al lector. Podéis leer el veredicto en la Web de la Feria de Bolonia en este enlace.

Tal vez estos días de lluvia en el Levante y el reflejo en los charcos están dominando esta vuelta con la reseña de L’orage de Anne Brouillard y este álbum. Aunque no tengan nada que ver en la construcción del discurso narrativo. La situación inicial comienza sin palabras con la visión del lago a doble página en la que vemos a los peces nadar y el paso a la doble página en la que conocemos al león acostado bajo la luna llena en su orilla. Un león con una vida plena (cazando, comiendo y durmiendo) que descansa en sus últimas horas de vida. El contraste entre el azul y el amarillo nos presenta su último suspiro sereno, en el que su reflejo no quiere seguir este desenlace en soledad. Resulta divertido este contrapunto entre lo corpóreo (la muerte del león) y lo espiritual e invisible con su diferencia en la permanencia. En la siguiente doble página, la vuelta al día y la naturaleza recorriendo con diferentes animales el entorno que no veíamos en la oscuridad de la noche son un plano envidiado para el reflejo del león que se aburre de su permanencia solitaria en el lago.


Esta exploración de un nuevo espacio de permanencia le lleva a valorar nuevas opciones que descarta rápidamente (ni de la flor, ni del pato) y decide emprender la aventura de su nuevo portador de su reflejo. Este elemento de aventura y fantasía se plasma con esa paleta de colores que impregna su cuerpo (anaranjado y azulado con su melena ondulante), en los colores llenos de vida de los pájaros, las flores y las sombras que acompañan a sus movimientos. En ese momento, encuentra una casa en su camino por baldosas rojas y a una candidata perfecta: la tímida Hariett. Esta sería una primera parte introductoria con su pequeño esquema ternario para el león.

Ahora, conocemos a Hariett y sus pocas ganas de ir al colegio. La unidad narrativa se secuencia con libertad entre la doble página y la página sencilla, de la misma forma que la manera de secuenciar la temporalidad con las distintas acciones de Hariett en la misma página. La vista del cuarto y pequeños detalles (el cuadro del bodegón), el espejo en el que se ve la entrada del gato por la puerta de su habitación y el león en la ventana esperando el momento en el que convertirse en su reflejo. En ese momento a doble página tenemos la visión de la lluvia, la divertida estampa del rebaño de ovejas (con un pequeño intruso) y un gato escapando de los ratones en ese mundo peculiar en el que el reflejo se abalanza sobre la sombra de Hariett en el charco (mientras su expresión distraída leyendo no es consciente de dicha circunstancia).

Una vez unidos, Hariett se siente llena de confianza en el camino al colegio en el que nos lo reafirma visualmente interpelándonos directamente con su mirada sonriente en la ilustración. A partir de aquí, su confianza reforzada hace que desaparezca esa desgana para ir cada día a la escuela y con las consecuencias provocadas porque su reflejo se apodera de ella: ahora, las cualidades del león dominan a Hariett. Mientras, disfrutamos de cada detalle en las cenefas del aula (la cadena alimenticia entre la gallina, el caracol y la lechuga) con los detalles marinos en los baldosines del suelo. Cada ilustración nos invita al recorrer sus detalles y seguir su paseo por las baldosas rojas con las curiosas formas de animales en las nubes, el castillo de naipes en su habitación. En último lugar, la confianza plena de la protagonista con su ajuste entre lo que es y parece. El conflicto en la narración de Hariett viene cuando la parte del león domina sus reacciones y debe buscar la resolución a ese conflicto que es narrada de nuevo con pequeños detalles (como la mutación en los motivos de la alfombra en cada ocasión que aparece).


La manera de vertebrar el desenlace con la búsqueda de su reflejo (la búsqueda de su alma, de su voz) y alcanzar la madurez del personaje para buscar el acomodo a esos dos universos dentro de ella: ser ella misma sin renunciar al reflejo indomable del león. El bodegón también ha cambiado. El camino rojo sigue ahí y lo observamos desde la ventana. La tarde se viste de frío y la lluvia nos vuelve a sorprender con sus charcos y el reflejo de los árboles y las aves volando. No vemos a un árbol convertirse en pájaros amarillos, pero asistimos a un precioso viaje al que Marion Kadi nos invita desde dos personajes que se instalan en una pequeña fantasía cotidiana elevada por sus ilustraciones plenas de belleza.



 

Instagram Marion Kadi

https://www.instagram.com/marionkadi/?hl=en

Editorial

https://www.editionslagrume.fr/collections/jeunesse/les-reflets-dhariett/

 

Fran Martínez

Twitter: https://twitter.com/fa_martnez

Instagram: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/?hl=en

 



viernes, 31 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Álbumes reseñados favoritos de 2021

 

Encabezamiento de Tomi Ungerer para finalizar 2021, deseando lo mejor

Llega el último día del año y es el momento para un repaso a los álbumes destacados de este 2021. No tiene esta lista ninguna vocación de repaso exhaustivo de la actualidad, sino de recopilar cuáles han sido los álbumes editados este año que se han destacado en las reseñas del blog. Así, entiendan que no es una lista de lo mejor al año al uso, pero significativa de los gustos y preferencias de quien les ha escrito durante este 2021. Esta práctica era más frecuente cuando me dedicaba a la crítica musical cuando empecé en esto del blogging (blog: poleonmars).

Tienen los enlaces a sus respectivas reseñas y tan solo me queda desearles un feliz 2022. Si leen el álbum de Johanna Schaible que encabeza la lista, entenderán que espero que se cumplan sus deseos.

 


1. Johanna Schaible. C'era una volta e ancora ci sarà. Orecchio Acerbo

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/12/entradas-en-azul-johanna-schaible-cera.html

Primer puesto por su diseño total en texto, imagen, soporte y secuencia.

 


2. Maguma. Happy/Lucky Hans. Tara Books

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/12/entradas-en-azul-karl-marx-y-maguma-el.html

La tradición oral revisitada, reinterpretada y reimaginada.

3. Beatrice Alemagna. Adieu Blanche Neige. La Partie

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/12/entradas-en-azul-beatrice-alemagna.html

La tradición oral revisitada como un lienzo



4. Ediciones Modernas el Embudo. Elena Odriozola y Gustavo Puerta

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/10/entradas-en-azul-elena-odriozola-y.html

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/04/entradas-en-azul-elena-odriozola-el.html

La primera infancia prestigiada desde el soporte ilustrado



5. Armin Greder. L’ereditá. Orecchio Acerbo

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/12/entradas-en-azul-armin-greder-leredita.html

Realismo crítico en la literatura infantil


6. Yukiko Noritake. El bosque de los hermanos. Coco Books

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/10/entradas-en-azul-yukiko-noritake-el.html

Narrativas visuales y ecocrítica con lirismo (y sin panfletismo)


7. ATAK. Piraten im garten. Kunstmann

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/06/entradas-en-azul-atak-piraten-im-garten.html

El álbum y las alfabetizaciones múltiples (intertextuales/interpictóricas/interculturales)


8. Jon Klassen. The rock from the sky. Candlewick

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/04/entradas-en-azul-jon-klassen-rock-from.html

El álbum y la literatura del espacio interpretativo con sentido del humor


9. Antonio Ventura y Pablo Auladell (il.). Colombina. Iglú

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/11/entrada-en-azul-antonio-ventura-y-pablo.html

Atmósferas de la tradición oral y arte ilustrado


10. Jordan Scott y Sydney Smith (il.). Hablo como el río. Libros del zorro rojo

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-jordan-scott-y-sydney.html

Diversidad y narraciones psicológicas

11. Kasya Denisevich. Vecinos. Editorial Juventud.



https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/09/entradas-en-azul-kasya-denisevich.html

Un diálogo emotivo con la mirada infantil


12. Kitty Crowther. Yo quiero un perro. ¡El que sea me da igual! Fulgencio Pimentel e hijos

https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/11/entradas-en-azul-kitty-crowther-yo.html

La naturaleza caprichosa y el sentido del humor de una gran artista


***Fuera de reseñas (2 favoritos personales)***





13. Adrien Parlange. Les désastreuses consequénces de la chute d’une goute de pluie. Albin Michele Jeunesse

http://www.adrienparlange.com/goutte1.html

Un álbum en clave irónica tremendamente divertido, encadenado y abierto al lector



14. Julie Safirestein. Bloom. Editions du livre

https://www.editionsdulivre.com/en/book/bloom/

Finalizamos con una maravilla de libro-objeto y el florecimiento como deseo para un 2022 en el que tengamos, al fin, la tranquilidad de la rutina.


viernes, 24 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Beatrice Alemagna. Adieu Blanche Neige. La Partie

 


Título: Adieu Blanche Neige

Autora e ilustradora: Beatrice Alemagna

Editorial: La Partie

Año: 2021

Páginas: 96

Encuadernación y formato: 25 x 34 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Hoy, vuelvo a la entrega de una nueva entrada pese a mi despedida de este espacio en el formato diario. 229 reseñas en un año requieren un tiempo que, ahora, me resulta más complicado para dedicárselo al blog y, para redondear la cifra de reseñas publicadas en 2021, que mejor que la que ponga el broche sea la nueva entrega de Beatrice Alemagna. Durante este año solo he podido dedicarle una entrada a Gisela de cristal y no será por la cantidad de títulos que merecen el detenimiento y análisis de sus álbumes merecedores de halagos por la belleza de sus ilustraciones: una belleza única e inconfundible que, en definitiva, es lo que diferencia artísticamente a la autora y le otorga una personalidad propia a sus proyectos. Con Adieu Blanche Neige ha conseguido un libro especial, en un espacio entre el libro de artista y el álbum dada su extensión. 

Antes de centrarnos en el título, un breve repaso por la historia de Blancanieves, un cuento de la tradición oral recogido y prosificado por los Hermanos Grimm en 1810 y que ha sufrido la “disneyficación” (un término empleado por Jack Zipes, con quien volveremos más tarde) en su representación en la memoria colectiva. Frente a este proceso de adaptación y reinterpretación hipertextual y la presencia como un icono de una industria cinematográfica desde su estreno en 1937, en la literatura infantil también encontramos obras de calidad que se acercan a esta narración. Desde ejemplos como el libro-objeto de Yusuke Oono en Snowhite 360, formando parte de un texto subyacente al código iconográfico de los imagiarios de Warja Honegger-Lavater, la Blancanieves en Nueva York de Fiona French (donde, quizás, se encontraría con la caperucita de Carmen Martín Gaite que vivía en Manhattan), inspiradora de otro de los títulos de Yvan Pommaux del detective John Chatterton en Lilia o la interpretación ilustrada de Iban Barrenetxea. Transgresiones y nuevas ilustraciones donde los títulos que transportan la magia de las narraciones originales (el caso del álbum que reseñamos en el blog de Maguma con Happy/Lucky Hans) y que este gesto de recuperación parece subversivo cuando, realmente, se basa en la preservación. Es curiosa la manera en la que modelamos la memoria colectiva y, de nuevo, no será el espacio para hablar de Jacques Derrida.

Por el blog ya tuvimos la presencia de Snowhite de Ana Juan con una actualización dickensiana que profundizaba en los aspectos más violentos y sexuales de los cuentos de la tradición oral y, adicionalmente, nos recuerda que en la época de los Grimm la naturaleza subversiva de estas narraciones (Lurie, 1998) tenían un público que difiere de la idea de infancia como un “islote” (Immel, 2009) y con unas condiciones socioculturales (y esperanza de vida) diferentes a nuestros tiempos. La idea de infancia en nuestras sociedades puede extenderse hasta el fin de la etapa primaria (12 años), piensen por un instante cómo sería la vida de niños y niñas de 12 años en aquella época y, seguramente, estarán imaginando una estampa distante de nuestros días. 


Aun así, la narrativa es un elemento que atraviesa el tiempo y las culturas, historias y narraciones fantásticas que viajan hasta nuestros días (fijadas por Disney) enfrentándose a censuras bajo el manto de lo políticamente correcto, olvidándonos del diálogo con estas narraciones como preservación del legado intergeneracional. En esa dulcificación (transgresiones que, en la mayoría de ocasiones, no persiguen el diálogo, sino el blanqueamiento) del cuento de los Grimm también existen elementos que se han perdido en detrimento del empaquetamiento transmedia: las tres visitas de la madrastra disfrazada de buhonera en el que la manzana es el último engaño para acabar con Blancanieves y donde los anteriores intentos con el lazo o el peine han sido suprimidos. El desenlace con la boda de Blancanieves con el hijo del rey que quedó fascinado de la protagonista muerta en el ataúd (hola, necrofilia), su despertar porque expulsó el hueso de la manzana al caerse el féretro al suelo y en la celebración del matrimonio el reflejo de la muerte de la madrastra bailando con zapatos de hierro sobre ascuas incandescentes hasta su último aliento. La circulación de estos cuentos también cuenta con reinterpretaciones y su encanto reside en el capital simbólico de dichas narraciones y, como definían Stephens y McCallum (1998, p.6) como metanarrativas: “In other words, they are always already shaped in some kind of metanarrative, and their status makes them a good site on which to impose metanarratives expressing social values and attitudes prevailing in the time and place of the retelling. As we sai above, a metanarrative is a global or totalizing cultural narrative schema which orders and explains knowledge and experience”. 



En este proceso es curiosa la cantidad de mediadores que se han apoderado de estos cuentos para moralizarlos o cuestionarlos: desde el expurgo en defensa de valores de ideologías progresistas, Calvo-García-de-Leonardo y Alcantud-Díaz (2019, p.25) reflejan la relevancia entre culturas con la intromisión de la ideología nacional (y en la Alemania nazi) y el fomento de estos cuentos tradicionales para extender sus ideas  fascistas y sus planteamientos eugenésicos con representaciones en las que estas interpretaciones (como citan el ejemplo de La bella durmiente del bosque o Cenicienta) eran convertidas en pastiches ideológicos y con violencia racial. Tras la II Guerra Mundial, los autores documentan cómo la Fuerza Aliada consideró que los cuentos tradicionales, como los de los Grimm, habían reforzado la violencia y el salvajismo nazi y, finalmente, intentaron prohibir los cuentos de los Grimm. Si están interesados, recomiendo el análisis de estos autores sobre la violencia (implícita y explícita) y sexualidad de esta narración en su libro (pp. 179-187). Ese aspecto, también conecta con aportaciones como las de que Zipes (2011) comentaba cómo este proceso iniciado por los Grimm en 1810 (y los cambios que introdujeron durante 47 años) estaba menos relacionado con las preocupaciones y aventuras de su virginal protagonista frente el reflejo de la madrastra y sus pulsiones frente al espejo encantado.



Así, la pregunta con la que comienza el prefacio Beatrice Alemagna este sensacional Adieu Blanche Neige era sobre dónde se situaba la verdad del cuento: si en la protagonista y víctima o en la figura del verdugo encarnada en la madrastra. De esta manera, su visión se centra en los aspectos soterrados tradicionalmente como el sufrimiento, los celos o la venganza. Una oscuridad que también Shaun Tan (con aportaciones de Neil Gaiman y Jack Zipes) señalaba en su The singing bones y que atraían al autor por su imaginario oscuro y que, en este caso Alemagna, convierte en el reflejo narrativo de la locura de la madrastra, de sus pulsiones, los miedos y las pesadillas (Disney tan solo capturó esa atmósfera en el bosque de su largometraje en la huida de Blancanieves y, un bosque, que en Bambi inspiró a Boersen y Lukács en la creación de una instalación audiovisual en el que lo aislaban de los personajes y se centraban en las atmósferas del espacio como protagonista).


Así, la obra de Beatrice Alemagna se centra en lo inquietante, en la belleza mágica de los cuentos folklóricos, en su capital simbólico y, en lo que acertadamente la autora define, como un “lienzo folclórico” basado en el poder del imaginario de estas narraciones. La fascinación a partir de una frase de Rilke con la belleza como preludio de lo terrible. Una fascinación que no conoce edad y con la que nos regala una obra especial. De este modo, el juego parece remitirnos a la revisión de Lorenzo Mattotti de Hansel y Gretel en la clave de la autora, con la peculiaridad de sus ilustraciones que ocupan la doble página en este libro de gran formato y dejando el texto en las páginas en blanco para la sucesión de imágenes que inspira el texto. Contrastes en sus panorámicas, sus curiosas articulaciones de la perspectiva para el deleite de una interpretación en la que maravillarnos en cada lienzo narrativo: la muerte de la primera mujer, el reflejo de la locura frente al espejo, el grotesco y amenazante aspecto del cazador, la atmósfera del encuentro y la excelente plasmación de la madrastra comiéndose el corazón del jabalí que sustituía a Blancanieves en una secuencia de ocho viñetas. 

Esa recreación con el lenguaje artístico de Alemagna sobre el acto grotesco de comerse un órgano a través de los gestos malvados y maquiavélicos es realmente admirable. A medida que la narrativa visual avanza con los encuentros con la madrastra disfrazada de buhonera, las pinturas nos atrapan desde la fascinación grotesca y expresiva de la autora (su muerte, duelo, aparición del hijo del rey, el escenario sobre el que portan el ataúd y, de nuevo viñeteado, la caída de la madrastra en cenizas). El texto sería prescindible y funcionaría como un álbum sin palabras de maravilla, pero el acto de recuperar los aspectos olvidados de la narración lo hace completamente necesario. Las atmósferas características de la autora, el paisaje con la alteracíon de los paisajes que lo dota de irrealidad (precisamente, lo que queremos es transportarnos a un espacio fantástico), el soporte de la imagen como puerta a la belleza pictórica y un sinfín de elogios a un álbum que precisa de una gran extensión para detenerse en cada momento, en el que admirar cada detalle, contraste, expresión y la deambular entre sus texturas aguadas. Una nebulosa en la que Beatrice Alemagna nos sumerje y alcanza los objetivos que planteaba en su prólogo. Un título que recrea el imaginario original, lo dota de su expresividad y es reinterpretado en una personal representación artística de las técnicas de una autora con la que celebramos este cierre de año.

Por mi parte, nada más, sean felices en estas fiestas y que se cumplan sus deseos. Un abrazo de quien les escribe.

Fran Martínez

Instagram

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Instagram Beatrice Alemagna

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Exposición

https://cnlj.bnf.fr/page-evenement/exposition-beatrice-alemagna-adieu-blanche-neige

Referencias

Calvo-García de Leonardo, J.J., y Alcantud-Díaz, M. (2019). Escandalizar al inocente: violencia y sexualidad en cuentos infantiles y de hadas. Publicacions Unversitat de València.

Immel, A. (2009). Children’s books and constructions of childhood. En M. O. Grenby y A. Immel (Eds.), The Cambridge companion to children’s literature (pp. 19-34). Cambridge University Press.

Lurie, A. (1998). No se lo cuentes a los mayores: literatura infantil, espacio subversivo. Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Stephens, J., y McCallum, R. (1998). Retelling stories, framing culture: traditional story and metanarratives in children’s literature. Garland

Zipes, J. (2011). The enchanted screen: the unknown history of fairy-tale films. Routledge.