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viernes, 10 de junio de 2022

Entradas en azul. Alice Bossut y Marco Chamorro. El gigante de la laguna. Yekibud/ Juan Palomino. Antes del amanecer. SM

 


Título: El gigante de la laguna

Autoría: Alice Bossut y Marco Chamorro

Editorial: Yekibud

Año: 2021

Edición original: Comoyoko, 2015

Páginas: 12 (libro-acordeón)

Tamaño: 32 x 17,6 cm



Reseña

Ahondar en relatos mitológicos y leyendas es una forma de conexión con los relatos de la tradición oral y con el acerbo cultural como modo de resistencia. Justamente, desde hace años estos relatos de la tradición oral son constantemente censurados por su valor moral y olvidando el diálogo con el diálogo cultural y la fantasía. Obviamente, en el plano material dicha resistencia es meramente objetiva: resistir a la pérdida de la oralidad y fijarse en alguna de las versiones recogidas por sus comunicantes. En la entrada de hoy un reflejo en dos fantásticos álbumes que emplean diferentes estrategias para recoger ese material y trasladarlo a un soporte en el que aportarle una dimensión estética.

 Al igual que la aproximación de Warja Lavater o Maguma sobre la tradición oral en formato acordeón sirve para desplegar ante la sorpresa del lector un mapa narrativo que le ubica en la peculiaridad de la composición espacial. En este caso, se opta por el dinamismo al no cambiar de plano y tener una perspectiva panorámica obteniendo una continuidad espacial (una suerte de plano secuencia trasladado a la lectura). Tenemos ejemplos para remontarnos a estas panorámicas en los álbumes  Alexandra Exter de 1937 o La casa en el bosque, aunque en este caso la narrativa tiene una dinámica interna en la evolución del personaje (como en Lucky/Happy Hans o El dios dinero, por citar ejemplos reseñados en el blog).


En la publicación de la editorial Yekibud (recordamos su divertimento poético reseñado en el blog o el hermoso cuento marroquí El pañuelo del sultán de Pia Wortham) hay un prólogo de Gustavo Puerta Leisse (con quien iniciamos la semana en Sentimientos encontrados). Transcribo un pequeño fragmento de su prólogo: “si en otros lugares o en otros tiempos era la voz de los ancianos la que transmitía estas historias a las nuevas generaciones, hoy son Alice y Marco quienes plasman las palabras e imágenes de los Andes y las traen a nuevas tierras y a nuevos oyentes”. 

Así, los paisajes serigrafiados en tres colores nos adentran en una narración de la mitología kichua El gigante de Imbabura como una leyenda relacionada con la creación de un accidente geográfico y que Alice Bossut toma de hipotexto para una adaptación que propone otra lectura sobre el mito. El inicio del álbum reproduce los esquemas de la tradición oral, pero que se articula en primera persona como un recuerdo de la narración que le contaban sus abuelos. La historia de un gigante que quería darse un baño y no encontraba un lago tan hondo como para satisfacerle. Un viaje que contiene una pequeña lección que podríamos resumir como “ser y parecer” (volvemos a hacer conexión con otra entrada del blog). Un soñador e inconformista que nos da una vuelta por la orografía de la región de Imbabura en el norte de Ecuador y nos recuerda la importancia de recuperar estos relatos que sobreviven como resistencia a diferentes colonizaciones. Una feliz nueva entrada en el catálogo de Yekibud que, además, añade el valor del compromiso como forma de resistencia y sostenibilidad.

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web Yekibud

http://www.yekibud.es/

Instagram de Alice Bossut

https://www.instagram.com/alicebossut/?hl=en

Web Marco Chamorro

https://marcochamorro.com/El-gigante-de-la-laguna-1



 


Título: Antes del primer día

Autor e ilustrador: Juan Palomino

Editorial: SM

Año: 2017

Páginas: 32

Tamaño: 25 x 28,7 cm




Reseña

¿Por qué comencé hablando de resistencia colonizadora? Surge de la explicación del proceso del mexicano Juan Palomino (como Alice Bossut, nacidos en 1984) de esta obra que le sirvió para alzarse con el Premio Internacional de Ilustración de la Feria de Bolonia en 2016 (también de 1984 otro ganador del certamen con su leyenda en Hanging Rock: Manuel Marsol). Antes que ponerme a describir sus técnicas, qué mejor que escucharle reflexionando sobre el proceso creativo en primera persona:



En este caso, la preservación de las mitologías frente a la colonización y la pérdida de la identidad de su propio imaginario cultural también nos interpela en el presente con aquello que comentábamos con anterioridad de la censura moralista de los relatos de la tradición oral. En este caso, La creación del mundo está contenida en el Popol Vuh y recoge los mitos de la cultura maya k’iche’ (en el altiplano de Guatemala). En el epílogo, Juan Palomino aclara que su texto se basa en las traducciones de Adrián Recinos y Michaela Craveri. Esta mitología nos lleva a la creación: al hombre, la naturaleza y a sus guardianes (los animales). También al proceso de creación que surge del ensayo hasta dar con la forma adecuada para su creación. Primero, con barro y nos recuerdan en sus formas a un personaje clásico de Miyazaki y al dios guerrero de Nausicaa en el valle del viento (1984) por sus grandes ojos y su inconsistente naturaleza. Después, la creación a partir de la madera. Finalmente, antes del amanecer nacieron del maíz los primeros hombres (volvemos a otra leyenda japonesa con la princesa que nace del bambú con Kaguya) y con el miedo de los dioses ante su posible perfección.


Además de la belleza y la preservación de estas mitologías propuestas en la entrada de hoy, también la necesidad de dialogar con la historia y la cultura que la colonización intentaba erosionar para imponer su visión cultural. No, no hablo de la historia de la colonización exclusivamente, sino de la colonización moralista y cultural de nuestros tiempos. Para terminar con las conexiones con otras entradas en el blog, su excepcional acompañamiento ilustrado en la antología poética Cajita de fósforos (selección de Adolfo Córdova y ganadora en la Feria de Bolonia en la primera edición del premio de poesía). Y, para el futuro, acompañando a la poesía de Micaela Chirif (uno de los ilustradores del premiado El mar) que este año seguramente tenga continuidad con un nuevo poemario de la poeta peruana en Kalandraka.



Ahora, ya puede echar a andar el tiempo. Hasta la próxima.

 

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web SM

https://es.literaturasm.com/libro/antes-primer-dia#gref

Instagram de Juan Palomino

https://www.instagram.com/juanpalomino.ilustrador/?hl=en



Para finalizar, no podía evitar conectar a la banda Popol Vuh y su banda sonora espectral con el clásico inspirado en la colonización y la búsqueda de El Dorado de Werner Herzog: Aguirre, der zorn gottes (1972)




viernes, 24 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Beatrice Alemagna. Adieu Blanche Neige. La Partie

 


Título: Adieu Blanche Neige

Autora e ilustradora: Beatrice Alemagna

Editorial: La Partie

Año: 2021

Páginas: 96

Encuadernación y formato: 25 x 34 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Hoy, vuelvo a la entrega de una nueva entrada pese a mi despedida de este espacio en el formato diario. 229 reseñas en un año requieren un tiempo que, ahora, me resulta más complicado para dedicárselo al blog y, para redondear la cifra de reseñas publicadas en 2021, que mejor que la que ponga el broche sea la nueva entrega de Beatrice Alemagna. Durante este año solo he podido dedicarle una entrada a Gisela de cristal y no será por la cantidad de títulos que merecen el detenimiento y análisis de sus álbumes merecedores de halagos por la belleza de sus ilustraciones: una belleza única e inconfundible que, en definitiva, es lo que diferencia artísticamente a la autora y le otorga una personalidad propia a sus proyectos. Con Adieu Blanche Neige ha conseguido un libro especial, en un espacio entre el libro de artista y el álbum dada su extensión. 

Antes de centrarnos en el título, un breve repaso por la historia de Blancanieves, un cuento de la tradición oral recogido y prosificado por los Hermanos Grimm en 1810 y que ha sufrido la “disneyficación” (un término empleado por Jack Zipes, con quien volveremos más tarde) en su representación en la memoria colectiva. Frente a este proceso de adaptación y reinterpretación hipertextual y la presencia como un icono de una industria cinematográfica desde su estreno en 1937, en la literatura infantil también encontramos obras de calidad que se acercan a esta narración. Desde ejemplos como el libro-objeto de Yusuke Oono en Snowhite 360, formando parte de un texto subyacente al código iconográfico de los imagiarios de Warja Honegger-Lavater, la Blancanieves en Nueva York de Fiona French (donde, quizás, se encontraría con la caperucita de Carmen Martín Gaite que vivía en Manhattan), inspiradora de otro de los títulos de Yvan Pommaux del detective John Chatterton en Lilia o la interpretación ilustrada de Iban Barrenetxea. Transgresiones y nuevas ilustraciones donde los títulos que transportan la magia de las narraciones originales (el caso del álbum que reseñamos en el blog de Maguma con Happy/Lucky Hans) y que este gesto de recuperación parece subversivo cuando, realmente, se basa en la preservación. Es curiosa la manera en la que modelamos la memoria colectiva y, de nuevo, no será el espacio para hablar de Jacques Derrida.

Por el blog ya tuvimos la presencia de Snowhite de Ana Juan con una actualización dickensiana que profundizaba en los aspectos más violentos y sexuales de los cuentos de la tradición oral y, adicionalmente, nos recuerda que en la época de los Grimm la naturaleza subversiva de estas narraciones (Lurie, 1998) tenían un público que difiere de la idea de infancia como un “islote” (Immel, 2009) y con unas condiciones socioculturales (y esperanza de vida) diferentes a nuestros tiempos. La idea de infancia en nuestras sociedades puede extenderse hasta el fin de la etapa primaria (12 años), piensen por un instante cómo sería la vida de niños y niñas de 12 años en aquella época y, seguramente, estarán imaginando una estampa distante de nuestros días. 


Aun así, la narrativa es un elemento que atraviesa el tiempo y las culturas, historias y narraciones fantásticas que viajan hasta nuestros días (fijadas por Disney) enfrentándose a censuras bajo el manto de lo políticamente correcto, olvidándonos del diálogo con estas narraciones como preservación del legado intergeneracional. En esa dulcificación (transgresiones que, en la mayoría de ocasiones, no persiguen el diálogo, sino el blanqueamiento) del cuento de los Grimm también existen elementos que se han perdido en detrimento del empaquetamiento transmedia: las tres visitas de la madrastra disfrazada de buhonera en el que la manzana es el último engaño para acabar con Blancanieves y donde los anteriores intentos con el lazo o el peine han sido suprimidos. El desenlace con la boda de Blancanieves con el hijo del rey que quedó fascinado de la protagonista muerta en el ataúd (hola, necrofilia), su despertar porque expulsó el hueso de la manzana al caerse el féretro al suelo y en la celebración del matrimonio el reflejo de la muerte de la madrastra bailando con zapatos de hierro sobre ascuas incandescentes hasta su último aliento. La circulación de estos cuentos también cuenta con reinterpretaciones y su encanto reside en el capital simbólico de dichas narraciones y, como definían Stephens y McCallum (1998, p.6) como metanarrativas: “In other words, they are always already shaped in some kind of metanarrative, and their status makes them a good site on which to impose metanarratives expressing social values and attitudes prevailing in the time and place of the retelling. As we sai above, a metanarrative is a global or totalizing cultural narrative schema which orders and explains knowledge and experience”. 



En este proceso es curiosa la cantidad de mediadores que se han apoderado de estos cuentos para moralizarlos o cuestionarlos: desde el expurgo en defensa de valores de ideologías progresistas, Calvo-García-de-Leonardo y Alcantud-Díaz (2019, p.25) reflejan la relevancia entre culturas con la intromisión de la ideología nacional (y en la Alemania nazi) y el fomento de estos cuentos tradicionales para extender sus ideas  fascistas y sus planteamientos eugenésicos con representaciones en las que estas interpretaciones (como citan el ejemplo de La bella durmiente del bosque o Cenicienta) eran convertidas en pastiches ideológicos y con violencia racial. Tras la II Guerra Mundial, los autores documentan cómo la Fuerza Aliada consideró que los cuentos tradicionales, como los de los Grimm, habían reforzado la violencia y el salvajismo nazi y, finalmente, intentaron prohibir los cuentos de los Grimm. Si están interesados, recomiendo el análisis de estos autores sobre la violencia (implícita y explícita) y sexualidad de esta narración en su libro (pp. 179-187). Ese aspecto, también conecta con aportaciones como las de que Zipes (2011) comentaba cómo este proceso iniciado por los Grimm en 1810 (y los cambios que introdujeron durante 47 años) estaba menos relacionado con las preocupaciones y aventuras de su virginal protagonista frente el reflejo de la madrastra y sus pulsiones frente al espejo encantado.



Así, la pregunta con la que comienza el prefacio Beatrice Alemagna este sensacional Adieu Blanche Neige era sobre dónde se situaba la verdad del cuento: si en la protagonista y víctima o en la figura del verdugo encarnada en la madrastra. De esta manera, su visión se centra en los aspectos soterrados tradicionalmente como el sufrimiento, los celos o la venganza. Una oscuridad que también Shaun Tan (con aportaciones de Neil Gaiman y Jack Zipes) señalaba en su The singing bones y que atraían al autor por su imaginario oscuro y que, en este caso Alemagna, convierte en el reflejo narrativo de la locura de la madrastra, de sus pulsiones, los miedos y las pesadillas (Disney tan solo capturó esa atmósfera en el bosque de su largometraje en la huida de Blancanieves y, un bosque, que en Bambi inspiró a Boersen y Lukács en la creación de una instalación audiovisual en el que lo aislaban de los personajes y se centraban en las atmósferas del espacio como protagonista).


Así, la obra de Beatrice Alemagna se centra en lo inquietante, en la belleza mágica de los cuentos folklóricos, en su capital simbólico y, en lo que acertadamente la autora define, como un “lienzo folclórico” basado en el poder del imaginario de estas narraciones. La fascinación a partir de una frase de Rilke con la belleza como preludio de lo terrible. Una fascinación que no conoce edad y con la que nos regala una obra especial. De este modo, el juego parece remitirnos a la revisión de Lorenzo Mattotti de Hansel y Gretel en la clave de la autora, con la peculiaridad de sus ilustraciones que ocupan la doble página en este libro de gran formato y dejando el texto en las páginas en blanco para la sucesión de imágenes que inspira el texto. Contrastes en sus panorámicas, sus curiosas articulaciones de la perspectiva para el deleite de una interpretación en la que maravillarnos en cada lienzo narrativo: la muerte de la primera mujer, el reflejo de la locura frente al espejo, el grotesco y amenazante aspecto del cazador, la atmósfera del encuentro y la excelente plasmación de la madrastra comiéndose el corazón del jabalí que sustituía a Blancanieves en una secuencia de ocho viñetas. 

Esa recreación con el lenguaje artístico de Alemagna sobre el acto grotesco de comerse un órgano a través de los gestos malvados y maquiavélicos es realmente admirable. A medida que la narrativa visual avanza con los encuentros con la madrastra disfrazada de buhonera, las pinturas nos atrapan desde la fascinación grotesca y expresiva de la autora (su muerte, duelo, aparición del hijo del rey, el escenario sobre el que portan el ataúd y, de nuevo viñeteado, la caída de la madrastra en cenizas). El texto sería prescindible y funcionaría como un álbum sin palabras de maravilla, pero el acto de recuperar los aspectos olvidados de la narración lo hace completamente necesario. Las atmósferas características de la autora, el paisaje con la alteracíon de los paisajes que lo dota de irrealidad (precisamente, lo que queremos es transportarnos a un espacio fantástico), el soporte de la imagen como puerta a la belleza pictórica y un sinfín de elogios a un álbum que precisa de una gran extensión para detenerse en cada momento, en el que admirar cada detalle, contraste, expresión y la deambular entre sus texturas aguadas. Una nebulosa en la que Beatrice Alemagna nos sumerje y alcanza los objetivos que planteaba en su prólogo. Un título que recrea el imaginario original, lo dota de su expresividad y es reinterpretado en una personal representación artística de las técnicas de una autora con la que celebramos este cierre de año.

Por mi parte, nada más, sean felices en estas fiestas y que se cumplan sus deseos. Un abrazo de quien les escribe.

Fran Martínez

Instagram

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Instagram Beatrice Alemagna

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Exposición

https://cnlj.bnf.fr/page-evenement/exposition-beatrice-alemagna-adieu-blanche-neige

Referencias

Calvo-García de Leonardo, J.J., y Alcantud-Díaz, M. (2019). Escandalizar al inocente: violencia y sexualidad en cuentos infantiles y de hadas. Publicacions Unversitat de València.

Immel, A. (2009). Children’s books and constructions of childhood. En M. O. Grenby y A. Immel (Eds.), The Cambridge companion to children’s literature (pp. 19-34). Cambridge University Press.

Lurie, A. (1998). No se lo cuentes a los mayores: literatura infantil, espacio subversivo. Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Stephens, J., y McCallum, R. (1998). Retelling stories, framing culture: traditional story and metanarratives in children’s literature. Garland

Zipes, J. (2011). The enchanted screen: the unknown history of fairy-tale films. Routledge.

 

martes, 9 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Gabriela Mistral, Kveta Pacovska y Warja Honegger-Lavater y el imaginario colectivo

 

Le telephone sans fil (Brenman & Moriconi). En castellano: Teléfono descompuesto

Como extensión a la entrada dedicada a Lon Po Po de Ed Young, un breve apunte sobre autoras e ilustradoras por las que siento debilidad en su adaptación de los cuentos de tradición oral. El enfoque es sencillo y, a través del formato álbum, reflejar tres opciones diferentes de adaptar estos textos. Obviamente, se recomiendan los estudios de Teresa Colomer o Sandra L. Beckett sobre Caperucita roja, de Jack Zipes, Pedro Cerillo o Gemma Lluch, por citar algunos de los nombres a los que acudo con mayor frecuencia. Pero en este caso, es una entrada “ligera”.

Sobre una de las voces más representativas en la literatura y con su mirada en su producción a la infancia el nombre de la chilena Lucila Godoy Alcayaga (1889-1957) más reconocida por su nombre artístico como Gabriela Mistral. En el prólogo de Aurora Díaz Plaja en Gabriela Mistral para niños (1994) leemos: “Escoger este nombre para firmar sus poemas fue una prueba de amor a la belleza de la poesía. Como lectora juvenil admiraba mucho a dos poetas muy lejanos geográficamente: el italiano Gabriel d’Annunzio y el provenzal Federico Mistral” (p.8). Entre los textos en esta recopilación encontramos a Caperucita roja (pp. 38-39) y, por suerte, la editorial Diego Pun publicó en 2014 los textos (originalmente entre 1924 y 1928) que reinterpretaban cuentos de Perrault como Caperucita roja, Blanca Nieve en la casa de los enanos, La bella durmiente del bosque y La cenicienta. Además de las interpretaciones de las diferentes ilustradoras, resulta muy interesante el epílogo de cada álbum de Manuel Peña Muñoz dándole contexto histórico a estas interpretaciones. Textos bellísimos de una de las grandes autoras que, incluso, acabó esa Caperucita de Valdivia cconvertida en app.





En el otro lado tenemos a Kveta Pacovska (nacida en 1928 y premio Andersen en 1992) con la interpretación de diferentes cuentos populares en las versiones de los Grimm (Caperucita roja y Hansel y Gretel), la Cenicienta de Perrault, La cerillera de Andersen o, un favorito personal, con Pedro y el lobo (Prokopief). Sobran las palabras sobre la concepción gráfica personalísima de la autora y el tratamiento tan característico de su obra: dadaísta y experimental, punk y tierno. Obras de arte y que, en castellano, tan solo se editaron por Kókinos los títulos de Caperucita roja y Cenicienta. En el blog le dedicamos una entrada a La merienda.

 






Y, en este repaso, no podían falta las Imageries de la suiza Warja Honneger-Lavater (1913-2007) en sus libros de artista (libros-objeto, tantas denominaciones) sobre relatos de la tradición oral con sus narrativas visuales o libros de artista que jugaban con el formato en acordeón y su representación abstracta (sin texto, tan solo el apunte de los protagonistas al inicio) desde los años 60  (de la mano del editor Adrien Maeght en 1965) con los relatos de Guillermo Tell (expuesta inicialmente en el MoMa) y, como la más celebre, su Caperucita roja  (a la que le seguirían y otros relatos en la versión de Perrault como Piel de Asno, La Bella Durmiente y Pulgarcito, Blancanieves de los Griimm y, posteriormente, la adaptación de narraciones asiáticas como Tanabata, Ourasima o Kaguyahime [La princesa Kaguya]. Recomiendo las investigaciones de Sandra L. Beckett al respecto, ya sea en sus monografías sobre Caperucita roja o en Crossover Picturebooks: a genre for all ages.



En 1995 también realizó seis pequeñas películas sobre estas Imageries que, por desgracia, nunca pude tener acceso. Por suerte, en la Librería Sendak de Barcelona puede adquirir esta Caperucita en formato acordeón. En definitiva, un pequeño apunte a la entrada de hoy y un universo de adaptaciones en texto (sin texto) sobre sus tramas (parodias, referencias intertextuales,…), nuevas propuestas de reinterpretación gráfica (como el Hansel y Gretel de Lorenzo Mattotti) o jugando con la materialidad del soporte. Una gran variedad de innovaciones y una gran cantidad de propuestas que, en muchas ocasiones, estiran en demasía el chicle.


Fran Martínez

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martes, 19 de octubre de 2021

Entradas en azul. Elena Odriozola y Ediciones Modernas el Embudo

 

Título: Cu cu cantaba la rana

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Ediciones Modernas el Embudo

Colección: ¿Te suena? #3

Año: 2021

Páginas: 60

Encuadernación y formato: 15,5 x 15,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Hace unos meses celebramos la aparición editorial de Ediciones Modernas el Embudo con una reseña doble para El Huevito y Ya sé vestirme sola. La labor de Gustavo Puerta y Elena Odriozola sigue en la línea de rescate de piezas de la tradición oral en un contexto en el que el móvil ha acabado sustituyendo la voz, mimos y retahílas de la infancia por musicalidad vacía y deshumanizada. El primer mes de 2021 lo dediqué íntegramente a reseñas de libros conectados con la tradición oral y un material del que en el aula de primer ciclo de educación infantil es imprescindible. Esos juegos, canciones y mimos son parte de la vinculación afectiva con la infancia, el primer escalón de aquello llamado itinerario lector, el juego con el instrumento más primigenio que tenemos: la voz (como diría Joan La Barbara). 

También lo son el ritmo, la musicalidad del verso y toda una serie de recursos que se disponen para el placer y la fruición en esa interacción con el lenguaje en la relación más íntima y expresión del cariño hacia la infancia. En aquellas entradas se recuperaba a Ana María Pelegrín, libros de nanas o el estudio del cancionero de Pedro Cerrillo y César Sánchez Ortiz. En esa colección, antes de que termine mi labor en el blog, me encantaría añadir otra belleza como el libro Aserrín: repertorio de mimos, juegos y canciones de Marta Badía entre las reseñas. Y no. No es lo mismo que esas canciones pervivan en voz de cantajuegos y otros vídeos de canales de YouTube (sería interesante observar si censuran “soterradamente” en su repertorio los versos con un contenido más incorrecto para la pseudo-moral aleccionadora e infantilizada). Estas canciones tienen en la voz su motivo y fin, pero el álbum permite incorporar otro elemento clave en la ecuación: el placer artístico y la belleza de las ilustraciones de Elena Odriozola.

El álbum propone un juego desde las guardas y, su narración, un pequeño traspaso al mundo imaginario que despierta la canción. Las sombras de los personajes y que, a medida que cobran color, se materializan con vida en sus páginas dentro del juego de una niña. Sobre un fondo blanco, cada pequeño cu-cú revela un nuevo detalle, una ubicación, un personaje y materializa la fantasía de la canción en cada paso de página. Un viaje hacia una cancioncilla perdurable en nuestra memoria, juegos y que, al final del libro, nos propone un nuevo juego con las onomatopeyas de las ranas en diferentes idiomas. Y, así, de nuevo, empezamos a cantar con el idioma de las ranas. En los agradecimientos se leen los nombres de Elena Fortún o José Moreno Vila. Y, como no, los agradecimientos por la preservación de un material al que darle un tratamiento artístico que amplifique su valor.

Por suerte, esta labor también encuentra acomodo en los catálogos de otras editoriales como Libre Albedrío y la colección de Estrella Ortiz y Nuria Gallardo o Los 10 perritos por la Editorial Media Vaca. Como cierre, era inevitable, la versión de cu-cú de Gloria Fuertes que era una de mis favoritas cuando era pequeño y se encontraban en una colección de Salvat que eran mis libros preferidos en la infancia:

Cu-cú, cantaba la rana.

Cu-cú, debajo del agua.

Cu-cú, asomó la cabeza.

Cu-cú, quería cerveza.

Cu-cú, pasaba un tendero.

Cu-cú, vendiendo carero.

Cu-cú, yo quiero lentejas.

Cu-cú, comida de viejas.

Cu-cú, yo quiero rosquillas.

Cu-cú, comida de pillas.

Cu-cú, yo quiero galletas.

Cu-cú, valen dos pesetas.

Cu-cú, ¡qué vida tan cara!

Cu-cú, me meto en el agua.

Fran Martínez

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Título: El manisero y Un elefante se balanceaba

Texto El manisero: Moisés Simons

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Ediciones Modernas el Embudo

Colección: ¿Te suena? #4

Año: 2021

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 20 x 20 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Con su última publicación el juego propuesto es también otro clásico: hilar dos universos de dos tonadillas populares. Una idea para una futura entrega: el medley. La apuesta de una canción popularizada por Antonio Machín y un icono en la cultura popular desde sus diferentes versiones (siempre fui un fanático de la de Perez Prado) y su difusión en lengua anglosajona como The peanut vendor. Solo nombrarla, a mi cabeza vienen imágenes de Giulieta Masina bailando en las Noches de Cabiria (Nino Rota fue el compositor de esa pieza). El juego de combinar dos composiciones populares de dos tradiciones diferentes y unirlas a partir de los elementos como el maní y los elefantes tiene su lógica.

El aspecto que más me interesa de este juego es la búsqueda de canciones que, al igual que las de la tradición oral, han formado parte de la memoria de la infancia y, ahí, sucedería lo mismo que cuando se habla de “literatura ganada”. No se trata de que la musicalidad de esas canciones sea infantilizada para un público infantil (de nuevo la idea de blanqueamiento de la infancia) sino que el público de cualquier edad se sentirá atraído por la calidad de las composiciones (el curso pasado tenía un alumno de dos años que no dejaba de cantar Yellow Submarine de los Beatles). En la portadilla hasta tenemos ese referente musical enmarcando el título y la información editorial en formato single de 45 RPM, con la cara A para El Manisero y la cara B con Un elefante se balanceaba. Las guardas con la banda de música compuesta por cacahuetes (manís) con sus maracas, vientos y percusiones con el resto haciendo una conga al son de la banda.

La primera parte (trazo blanco sobre fondo azul), es la construcción de la tela de araña en esa hipnótica espiral que caracteriza la laboriosa tarea del insecto (de color naranja). Y al ritmo del manisero, llega el turno de la cara B: Un elefante se balanceaba. En ese juego dual, el fondo ahora es blanco, la silueta anaranjada y el texto azulado. Todo tiene una significación, el texto replicará el telar de la araña en la página izquierda y los elefantes se superponen. El hecho que sea una docena también resulta gracioso dado que es una unidad de medida que no solo nos recuerda los meses del año, sino el comercio. La docena en el cucurucho de maní. Un álbum que es pura sabrosura y con un ratón al acecho que, quién sabe, tendrá una aparición dentro de su catálogo (o no). Una gran celebración, de nuevo, con Ediciones Modernas el Embudo.

 

 

Web de la editorial

Cu cu cantaba la rana

https://modernaselembudo.com/libros/cu-cu-cantaba-la-rana/?v=2fb7284eba87

El manisero & Un elefante se balanceaba

https://modernaselembudo.com/libros/el-manisero/?v=2fb7284eba87

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Maurice Sendak. Héctor Protector y cuando yo iba por el mar. Alfaguara

 

Título: Héctor Protector y cuando yo iba por el mar: dos rimas ilustradas

Autor e ilustrador: Maurice Sendak

Traducción: Juan R. Azaola

Editorial: Alfaguara

Año: 1987. Original: 1965

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 15 x 19 cm. Tapa blanda.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos a la obra de Maurice Sendak y seguimos conectando con otra de las pasiones del autor: el material de la tradición oral. Ya tuvimos una muestra con En el vertedero con Juan y Pedro por su influencia de libros clásicos como Mother Goose o la conexión con retahílas poéticas de Beatrix Potter. Así, unos textos breves y rítmicos (como ya apuntamos esta definición de Perry Nodelman como “músico visual” en La cocina de noche o el día del libro infantil) que Sendak se encarga de expandir su significado en las ilustraciones, captando el humor de estas retahílas y transportándolas a su universo propio. Estas retahílas del cancionero anglosajón no son de las más ampliamente conocidas (no son Twinkle Twinkle Little star, Humpty Dumpty ni Hey Diddle Diddle, digamos), pero nos transportan a otra época y nos sirve para la continuidad con Intercambio cultural de Isol. Si bien trazamos coincidencias con su clásico Donde viven los monstruos (1963), la temática de las embarcaciones se mantiene en la segunda de estas retahílas: cuando yo iba por el mar (as i went over the water).

Mientras que las retahílas originales se mantienen en la parte inferior de las ilustraciones, el marco ilustrado contiene una segunda narrativa donde Sendak emplea bocadillos para reflejar una infancia libre de dulcificación. En la historia original de la canción, Hector se presentaba como candidato a protector del reino, pero fue rechazado por el rey y la reina.

“Hector Protector was dressed all in green;

Hector Protector was sent to the Queen.

The Queen did not like him,

No more did the King;

So Hector Protector was sent back again.”

Portada edición ingles: Harper & Row

De ese breve texto, Sendak nos muestra a un niño que no quiere vestirse de esas galas por su madre a quien le grita y patalea. Odia el verde y no quiere llevarle un pastel a la reina (incluso grita: ¡odio a la reina!). En su inicio de camino, el bosque le espera con animales feroces a su espera: un león y una serpiente. Y, como no, nuestro personaje infantil se impone ante las bestias con un golpe de espada de madera en la cabeza a león y agarrando a la serpiente del cuello. A lomos del león, irrumpe en el castillo de la reina donde se divierte y ridiculiza a los monarcas. En la vuelta a casa, la madre ante dicho resultado de su travesura decide que es el momento de ponerle el pijama mientras patalea y encerrarle en su cuarto. ¿Les resulta conocido?

La segunda parte nos dirige al mar, con nuestro personaje vestido de marinero (y no de lobo blanco) y una nueva aventura en la que el texto se amplifica a través de las ilustraciones de Sendak: monstruo marino (una mezcla de dragón y cocodrilo) y la llegada a una isla perdida. De nuevo, el personaje es capaz de huir de la fiera e, inclusive, se enfrenta a dos grajos a palos. Finalmente, recobramos la figura del personaje que domina los elementos (el mar) y a las fieras (el monstruo marino y los grajos) volviendo al mar coronando al resto con un gorro marinero. No volvió a reeditarse y me pregunto si las ilustraciones sufren aquello de lo políticamente correcto que tanto escandaliza. Si por el contrario huyen de la LIJ con tufo a lejía, disfruten de sus maravillas.

 

 

Fran Martínez

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Web Maurice Sendak

https://www.sendakfoundation.org/

 

viernes, 17 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Ana María Matute y Elena Odriozola. En el bosque. Libros del zorro rojo

 

Título: En el bosque

Autora: Ana María Matute

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2017

Páginas: 16 y 9 cartas ilustradas.

Encuadernación y formato: 21 x 14 cm. Caja de cartón.

Idioma: castellano

Reseña:

Si nos adentramos en páramos naturales en el ámbito de la LIJ, el bosque representa el espacio simbólico de la fantasía y las huellas de la memoria narrativa a lo largo de generaciones. En esta maravilla de Libros del zorro rojo se hibridan dos personalidades en la creación de un objeto con un diseño único: el texto ilustrado del discurso de Ana María Matute (1925-2014) en el ingreso en la RAE (disponible también en su web) unido a la exploración en las ilustraciones y formato (caja, libreto y cartas) de Elena Odriozola.

Molist (2020) señalaba cinco características que definen el trabajo de una de las grandes figuras de la ilustración en nuestro país: la expresividad en los cuerpos y caras de los personajes, el minimalismo que evita lo superfluo y refuerce el sentido poético, la universalidad del espacio, la ornamentación y elementos decorativos con atención a los detalles florales y su capacidad para evolucionar, experimentar y sorprender en sus propuestas. Esta última cualidad queda especialmente patente en el formato escogido para encapsular uno de los grandes romances de la LIJ y el bosque y que nos conecta con objetos que prestigian la comunicación desde el diseño (en el cómic tenemos algunos ejemplos excepcionales como ese Building stories de Chris Ware) y nos conecta con el recuerdo en el proyecto de Enzo Mari con El juego de las fábulas. Y, obviamente, siendo algo completamente único desde su propuesta.

En el discurso de Ana María Matute se recorría su recuerdo a la influencia de Carmen Conde, citando pasajes de Alicia en el país de las maravillas y la importancia de la tradición oral que articulaba en su discurso (con esa maravillosa metáfora de las letras impresas como hormiguitas negras): “Es ésta una fascinación eminentemente literaria, pero no sólo. Porque los bosques siempre han sido importantísimos para mí. Su mera imagen siempre me ha sugerido toda suerte de historias y leyendas, de recuerdos que ignoraba poseer, pero que estaban ahí, confundidos entre los árboles o escondidos en la espesura de los zarzales.” (p.15, discurso RAE 18/01/1998)

De la misma manera que el bosque nos remite a ese espacio paralelo a nuestra percepción, Elena Odriozola busca en el diseño del objeto una mirada a libros que permiten la interacción y construcción a partir de esos elementos panorámicos en forma de cartas que nos permiten la libre disposición de los escenarios a partir de su simetría. Una narrativa polifónica según el lector (poli-óptica, como un miriorama como señala la web de la editorial) y que dibuja la magia del espacio literario del bosque: el lago, la forma de los árboles, sus ribetes dorados, los anversos de las cartas, los corros, hadas, torreones, gnomos, agujeros que puedan llevarnos a otros universos, conejos blancos, sombreros, caballeros y, una carta con un claro mensaje sobre la pérdida de ese espacio: el bosque talado y la presencia imponente de la ciudad al fondo. Mirada sobre la recuperación de la tradición oral que también sigue en su proyecto Ediciones Modernas el Embudo y una bella oda a la mirada que permite desde su diseño algo que Ana María Matute señalaba en su discurso: “el deseo de conocer otro mundo, de ingresar en el reino de la fantasía a través, precisamente, de nosotros mismos”.



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/en-el-bosque/

Instagram Elena Odriozola

https://www.instagram.com/elenaodriozolaillustration/?hl=es

 

Molist, P. (2020). Elena odriozola and the constant search for new paths. Bookbird, 58(3), 77-81. doi:http://dx.doi.org/10.1353/bkb.2020.0062

miércoles, 26 de mayo de 2021

Entradas en azul. J. y W. Grimm. Pablo Auladell. La casita de chocolate. Kalandraka

 

Título: La casita de chocolate

Texto: J. & W. Grimm

Ilustraciones: Pablo Auladell

Traducción: Marta Rincón

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2008

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 22 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Conectando con las entradas de esta semana y el reflejo en la tradición oral de las condiciones de clase en las que circulaban estas historias. La pobreza y la falta de sustento de la familia que decide abandonar a los niños en el bosque y que recogida por los Hermanos Grimm es interpretada visualmente por Pablo Auladell con su inconfundible maestría que también aplicó a cuentos de Hans Christian Andersen en la colección de Anaya en la que participaron nombres que hoy son considerados como referentes indiscutibles en la ilustración: Elena Odriozola y Javier Sáez Castán. También, fue una práctica habitual en la editorial Kalandraka la reilustración de este patrimonio cultural, desde la Caperucita de Rodríguez Almodóvar que ilustró Marc Taeger como uno de los diferentes ejemplos, entre otras adaptaciones de la tradición oral. Entre los cuentos que pervivieron en el imaginario colectivo, Hansel y Gretel ha sido uno de los que no ha precisado de una adaptación canónica de Disney, pero también ha tenido ediciones que eliminaban muchos de los elementos más controvertidos para acomodarlos a la moral adulta de blanqueamiento de la infancia.


Historias recogidas por los Grimm que, desde la séptima edición en 1857, también cuentan en la actualidad con adaptaciones desde nuevas perspectivas artísticas de este cuento por parte de Anthony Browne o Lorenzo Mattotti, como ejemplos de grandes ilustradores que han transmitido ese ambiente en el que la oscuridad y la pobreza eran parte del paisaje de una narrativa que ha formado parte de la infancia. En este caso, en La casita de chocolate Pablo Auladell, plasma con maestría en sus representaciones con un aire siniestro en las caretas de los personajes como una pesadilla veneciana y espantapájaros, las dos caras del bien y el mal y la representación de la bruja como un ave de mal agüero. Y una ilustración a doble página sin texto en la llegada a la casita de chocolate que es cautivadora. Detalles que se reflejan en la simetría desde las guardas con la misma imagen opuesta y en negativo, primero del cuervo y, en las guardas finales, Hansel y Gretel. La naturaleza con aire mitológico, las miradas humanizadas de la naturaleza en los árboles oscuros, siluetas, extraños artefactos a vapor, extrañas figuras con semblante humano y figura mitológica unida a la degradación como si observásemos la erosión visual de la memoria. Un espacio donde la sugerencia está por encima de la ilustración minuciosa y la mancha como espacio simbólico de una historia conocida que evoca más que plasma. Espectrología como diría Derrida.


En líneas generales, el aire sombrío de la historia es capturado a la perfección por Pablo Auladell y que, en definitiva, ofrece muchas claves para su obra posterior con ejemplos como La feria abandonada (2013), Dorothy (2017) o El Paraíso Perdido (2018) o la reciente ilustración de la selección de poemas de Antonio Machado también publicados por Kalandraka. Una maravilla en la que deleitarse visualmente.


Pablo Auladell -On Work- UollasTV


Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/la_casita_de_chocolate-978-84-96388-83-3-castellano-548.html

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