Encuadernación
y formato:
21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
En estas últimas entradas no podía faltar Isol Misenta,
aunque en esta ocasión sea en su faceta de ilustradora de los textos de Jorge
Luján. El dúo publicó cuatro títulos altamente recomendables: el juego
intertextual con Numeralia, Pantuflas de perrito o el premiado Tic-Tac. En realidad,
esta entrada tiene este encabezado, pero se centra en tres títulos: Ser y parecer,
Mi cuerpo y yo y Tener un patito/nene es útil. Con estos tres
títulos tenemos el abordaje de cuestiones existenciales y filosóficos, pero
también la descentralización con el punto de vista del otro. Incluso, con los
poemas de Jorge Luján esa otredad es intrapersonal: cómo afrontar de manera
sencilla una cuestión entre cuerpo y alma, lo material y lo incorpóreo.
Ser y parecer
Ser y parecer, cómo nos vemos (o nos pueden ver) y qué somos
realmente. Cuestiones que se canalizan perfectamente en una autora que maneja
ese código dual en diferentes títulos reseñados en el blog: El
globo, Piñatas,
Intercambio
cultural, pero otro que destacaría con mayúsculas sería Petit, el
monstruo.
Mi cuerpo y yo
El abordaje de estas dudas existenciales con los poemas de
Jorge Luján se refleja de una manera sencilla y, como comprenderán, no hay nada
más inteligente. ¿Quiénes somos? ¿Quién es el yo? ¿Cómo me ven los demás? ¿Cómo
somos por dentro? Cuestiones tan abstractas tan perfectamente representadas en
las ilustraciones de Isol, empleando los diferentes códigos de color en sus
ilustraciones para reflejar esa dualidad que terminaría desbordando con el
formato de Tener un patito/nene es útil con la descentralización del yo
(¿se acuerdan del problema de las tres montañas de Piaget?).
Dos códigos de color (azul y amarillo) y un álbum en
acordeón reversible para cada punto de vista. Sencillez y minimalismo para la máxima
expresión de la inteligencia y, como no, un regalo para los lectores que disfrutan
de unas lecturas tan sesudas. Con los álbumes de Jorge Luján también esa
diferenciación entre ese binomio tan difícil de explicar por su sentido
abstracto siempre acaba resolviéndose con algo esencial: la autoestima y el
autoconcepto en alto como resolución narrativa. Por extensión, no solo habla de
nosotros. También habla de los otros. Nosotros podemos ser y parecer cosas
diferentes, mi cuerpo y yo también divergen. Como el resto. Por este motivo
señalaba al inicio de la entrada aquello de inter e intrapersonal. En
definitiva, esta entrada sirve para recordar la maravillosa obra de Isol y
recomendar también la de Jorge Luján (del que también recomendaría sin duda ¡Oh,
los colores! con ilustraciones de Piet Grobler).
La mirada al otro. Esa era la temática central de la
anterior reseña dedicada a Armin Greder y, en esta ocasión, la mirada interior
con la dualidad entre la realidad y lo imaginario (cuerpo y alma, aunque como
siga así acabo en Joy Division). La primera obra de La trilogía del límite
(titulada así por la autora e incluso con un ensayo dedicado a la reflexión
sobre estas) es Espejo y que marcó la intención artística de la autora
coreana Suzy Lee (1974) en esa exploración de los elementos materiales del
álbum: desde la decisión del formato (aquí, la forma del álbum representa el
espejo premiando la verticalidad) y, fundamentalmente, el pliegue central para
la diferenciación de dos mundos que se observan a través de una protagonista
que será recurrente en su obra (una mirada personal o su persona). Pese
a que es un álbum sin palabras, el título nos indica el mecanismo de simetría
que encontraremos en la página: la protagonista y su reflejo. Y, como no, es el
momento para la activación de nuestros conocimientos previos sobre álbumes que
emplean estos mecanismos con el pliegue y, la intertextualidad con Lewis Carroll
y Alicia (A través del espejo).
Es un hecho recurrente encontrar estas comparaciones en
diferentes artículos académicos como el de Sungyuo Lee (2016): Suzy Lee’s
Adventures in Picture book Land. Sobre esas aventuras, también es muy
recomendable el capítulo de Rosa Tabernero en el que también se analiza la
adaptación de Suzy Lee de la obra de Carroll. Como apuntaba Tabernero-Sala
(2019): “El libro se convierte, por tanto, en un escenario en el que los
espacios y la disposición de los personajes implican una representación al
servicio de la idea” (p.40). Las guardas, con la simetría de las manchas y
el color amarillo, dan paso a un espacio enigmático, en blanco y el trazo de su
protagonista que nos revela con sus gestos y miradas la exploración de ese otro
lado del pliegue central con el que comenzará una interacción (observando los
diferentes estados emocionales ante la sorpresa inicial) que se iniciará con
desconfianza hasta el reconocimiento de sí misma y, finalmente, desdibujar esa
frontera. Momentos en los que se exploran los trazos más expresivos y
coloristas que muestran la unión de dos mundos en perfecta sincronía. El álbum,
además, está sujeto al surrealismo de la propuesta a partir de la entrada de la
doble página en blanco (desaparecen en la unión de los dos lados del espejo).
El conflicto aparece cuando la sincronía entre ambos lados desaparece (se convierte
en una realidad divergente) y acaba siendo tratado con crueldad y con las
consecuencias tratadas con la imagen del espejo hecho añicos. Finalmente, la
culpa.
El espacio interpretativo en este tipo de álbumes sin texto
permite jugar con anticipaciones, inferencias de significado y diferentes
mecanismos que van más allá de la catalogación como simples estímulos visuales
para crear una narrativa. Además, abierta al remitirse al mundo de la imaginación. Esa dualidad y
juego que no escapa del egoísmo o una visión única de cómo debe funcionar el
mundo, de qué deben hacer los demás (incluida nuestra sombra, siempre sujeta a
nuestros movimientos). Para finalizar, vuelta a la banda sonora y un clásico de la Velvet con Nico: I'll be your mirror.
Y, ojalá, pronto esté disponible su nuevo libro en formato acordeón (Dream of becoming water) a partir de una canción de Lucid Fall:
Lee, S. (2016). Suzy Lee’s Adventures in Picture book
Land. Bookbird: A Journal of International Children's Literature54(4),
17-21. doi:10.1353/bkb.2016.0103
Tabernero-Sala, R. (2019). Elogio
del límite: Suzy Lee y el libro como
espacio de representación. En I. Mociño-González (Ed.), Libro-obxecto e
xénero : estudos ao redor do libro infantil como artefacto (pp. 33-50). Servizo
de Publicacións da Universidade de Vigo.
“A los que nunca se someten a la verdad de los vencedores”
(Dedicatoria interior de Humo).
Dentro de la representación de la memoria histórica hay
diversidad de relatos en formato álbum que reflejan las diferentes
consecuencias de la II Guerra Mundial, voces que también reflejan la posición
del protagonista frente a estos eventos: en Rosa Blanca, una niña
alemana que descubría las atrocidades encubiertas del nazismo y,
posteriormente, Innocenti reflejaría las memorias de los que sufrieron la
opresión en La historia de Érika. No solo las voces de los
protagonistas, también hay diferencias según la visión del autor de los hechos,
si refleja la resistencia francesa o las consecuencias desde el punto de vista
de las tropas aliadas. Algo así trazó Robbins (2008) con un artículo titulado
“perpetuador, colaborador o liberador” ejemplificando diferencia en el
tratamiento según los países de las consecuencias del Holocausto a través del
reflejo en algunos ejemplos de literatura infantil. Me parece un enfoque
interesante y lógico dado el papel con el que asumimos los fragmentos de la
historia y el papel desde el que el autor refleja estos hechos.
Con Humo, el texto de Antón Fortes nos ubica en la
intimidad de la memoria de un niño judío que inicia el viaje al horror de los campos
de concentración. Reflejos literarios de esas memorias, documentación de los
poemas de los niños del campo de concentración de Terezin y otros tantos
ejemplos de una memoria que nos perturba desde el simbolismo literario. Una
narración que se complementa con las ilustraciones delicadas y líricas de la
polaca Joanna Concejo (1971) y que nos traslada desde la iconicidad de sus
representaciones a los espacios de la memoria del texto. La voz de un niño que
observa su nueva realidad, con pocas palabras, cuando el viaje en el tren inicia
la narración (“El tren lleva muchos vagones, no es como el que nos llevaba a
la playa”). La separación en la entrada, el campamento para hombres y otro
para mujeres y niños. Las miradas que se cruzan en silencio, inexpresivas, sin
esperanza. La narración se acompaña de elementos figurativos sobre los
recuerdos de la otra vida interrumpida, la paulatina degradación física, la
dureza del invierno, el hambre, el miedo. En las vivencias descritas, conocemos
la dureza del campo, pero también los espacios de libertad que quedaban: las
amistades, la resiliencia de adaptarse a la rutina, el afecto y el calor de la
madre. Intercambiamos miradas fugaces con el protagonista, compartimos la
desesperación de la madre.
Los esbozos de Joanna Concejo en miniatura, la
pesadilla encarnada en un dragón verde y la paulatina aparición de las cámaras
de gas (la casa de la chimenea). Cada vez quedan menos elementos humanizadores,
toda esperanza se desvanece y vemos el camino hacia el horror. También resuenan
las cosas que le dice su madre, pero vemos la representación de los maniquíes y
los números tachados. Como decía María José Ferrada en su charla sobre Méxique,
hablaba de los números. Lo pequeña y rápida que es la cifra, la escasez de
humanidad detrás de ella donde se esconde una historia, una vida. La
ilustración final, recuperando el azul de la habitación, caminando de la mano junto
al amigo que conoció allí. Simplemente, estremecedor.
Humo de Antón Fortes y Joanna Concejo es un álbum
sobrecogedor, no exento de lirismo y que nos enfrenta con la visión de la
víctima y la barbarie del Holocausto.
Conectando con las entradas de esta semana y el reflejo en
la tradición oral de las condiciones de clase en las que circulaban estas
historias. La pobreza y la falta de sustento de la familia que decide abandonar
a los niños en el bosque y que recogida por los Hermanos Grimm es interpretada
visualmente por Pablo Auladell con su inconfundible maestría que también aplicó
a cuentos de Hans Christian Andersen en la colección de Anaya en la que
participaron nombres que hoy son considerados como referentes indiscutibles en
la ilustración: Elena Odriozola y Javier Sáez Castán. También, fue una práctica
habitual en la editorial Kalandraka la reilustración de este patrimonio
cultural, desde la Caperucita de Rodríguez Almodóvar que ilustró Marc
Taeger como uno de los diferentes ejemplos, entre otras adaptaciones de la
tradición oral. Entre los cuentos que pervivieron en el imaginario colectivo, Hansel
y Gretel ha sido uno de los que no ha precisado de una adaptación canónica
de Disney, pero también ha tenido ediciones que eliminaban muchos de los
elementos más controvertidos para acomodarlos a la moral adulta de blanqueamiento
de la infancia.
Historias recogidas por los Grimm que, desde la séptima
edición en 1857, también cuentan en la actualidad con adaptaciones desde nuevas
perspectivas artísticas de este cuento por parte de Anthony Browne o Lorenzo
Mattotti, como ejemplos de grandes ilustradores que han transmitido ese
ambiente en el que la oscuridad y la pobreza eran parte del paisaje de una
narrativa que ha formado parte de la infancia. En este caso, en La casita de
chocolate Pablo Auladell, plasma con maestría en sus representaciones con
un aire siniestro en las caretas de los personajes como una pesadilla veneciana
y espantapájaros, las dos caras del bien y el mal y la representación de la
bruja como un ave de mal agüero. Y una ilustración a doble página sin texto en
la llegada a la casita de chocolate que es cautivadora. Detalles que se
reflejan en la simetría desde las guardas con la misma imagen opuesta y en
negativo, primero del cuervo y, en las guardas finales, Hansel y Gretel. La
naturaleza con aire mitológico, las miradas humanizadas de la naturaleza en los
árboles oscuros, siluetas, extraños artefactos a vapor, extrañas figuras con
semblante humano y figura mitológica unida a la degradación como si observásemos
la erosión visual de la memoria. Un espacio donde la sugerencia está por encima
de la ilustración minuciosa y la mancha como espacio simbólico de una historia
conocida que evoca más que plasma. Espectrología como diría Derrida.
En líneas generales, el aire sombrío de la historia es
capturado a la perfección por Pablo Auladell y que, en definitiva, ofrece muchas
claves para su obra posterior con ejemplos como La feria abandonada
(2013), Dorothy (2017) o El Paraíso Perdido (2018) o la reciente
ilustración de la selección de poemas de Antonio Machado también publicados por
Kalandraka. Una maravilla en la que deleitarse visualmente.
Título: La palabra y la memoria. Estudios
sobre la Literatura Popular Infantil.
Coordinadores: Pedro César Cerrillo y César Sánchez
Ortiz
Editorial: Ediciones de la Universidad de
Castilla-La Mancha
Colección: Arcadia, nº18.
Año: 2008
Páginas: 408
Encuadernación
y formato:
19 x 25 cm.
Idioma: castellano.
Reseña:
Para cerrar el círculo iniciado en enero recupero la lectura
de un manual coordinado por Pedro César Cerrillo y César Sánchez Ortiz para darle
un punto y seguido a la actividad temática del blog. El título, La palabra y
la memoria, es representativo de los contenidos ofrecidos hasta ahora en
este espacio y seguirán presentes en este espacio. Editado por Ediciones de la
Universidad de Castilla-La Mancha en 2008, este volumen integra a muchas de las
voces autorizadas en este país sobre el estudio de la Literatura Infantil y el
estudio de la tradición oral: Antonio Rodríguez Almodóvar, Ana María Pelegrín,
Amando López Valero, Gabriel Núñez, Eloy Martos y los propios coordinadores: Pedro
César Cerrillo y César Sánchez Ortiz. Nombres que también podemos encontrar
dentro de la página web de la Biblioteca Cervantes Virtual para profundizar en
su trayectoria investigadora: enlace.
La idea de esta entrada como cierre ha surgido leyendo el
capítulo La literatura infantil: entre la trasgresión y el orden de
Ramón F. Llorens García. Os resultará en este espacio conocido el nombre,
¿verdad? En este capítulo, Ramón comenzaba con un fragmento de un poema de
Octavio Paz titulado Viento, agua, piedra:
“El viento esculpe
la tierra,
la piedra es copa
del agua,
el agua escapa y es
viento.” (p.257)
La memoria, su erosión y la circularidad de la naturaleza en
permanente cambio. También podría recordar el inicio de los versos de Jorge
Luis Borges en Arte poética:
“Mirar el río
hecho de tiempo y agua
y recordar que el
tiempo es otro río,
saber que nos
perdemos como el río
y que los rostros
pasan como el agua.”
La palabra, la memoria y su permanencia. Especialmente expresada
a través de la oralidad y que también ha visto esta cadena de transmisión cercenada
por la evolución de las sociedades en muchos niveles: la hiperestimulación
audiovisual y la dificultad para la crianza. También se señalan (p.261) las ideas
de Pelegrín (1993): ante la carencia y ausencia de esta transmisión de la
lírica popular infantil surge la idea de la restitución para revertir la
tendencia. Se señalan dos alternativas: la recuperación en el ámbito educativo
y, por otra parte, la pérdida en el uso popular-cotidiano fuera del ámbito
educativo. Y, esta labor de los diferentes investigadores y el papel de las Facultades
de Educación (como señala Llorens, especialmente en los grados de Maestro/a en
Educación Infantil) tiene un papel clave para generar dinámicas que consigan la
apreciación en el ámbito primario de socialización, como son las familias.
Rescataría muchas citas relevantes, pero una de las más
aclaratorias:
“La literatura popular infantil supone para el niño el
descubrimiento de un mundo que abre la palabra, que la hace viva.” (p.263)
Y, se apoya en una cita de Unamuno (1966, p.115) en el que
subraya otro elemento capital: “El lenguaje mismo era un juguete; jugábamos
con él”. La palabra, como el agua, el viento y la piedra del poema de
Octavio Paz, el tiempo como un río de Borges. La palabra como un juguete, algo
material. La idea de la riqueza de la palabra de manera consustancial al ser
humano en su vida, educación y crecimiento. Cuando se recuperaron las nanas en
este espacio, como palabras que nos envuelven y dan calor. Una capacidad
material en la que reconstruir senderos que nos conectan con anteriores generaciones.
La palabra y la memoria como un río, en la que parece que la escuela se
convierte en un salmón, nadando contra la corriente. Pero es esa idea de juguete
que nos lleva al juego, a la función lúdica, a la fruición. La vía en la que reconstruir
ese lazo, como un elemento cotidiano y convivencial.
No menos importante es la idea de “no desvirtuar” la literatura
popular infantil por parte de las personas adultas que median en esta labor. Que,
de ninguna manera, como señala, debe convertirse en una “intromisión”. En esa recuperación se plantean diferentes
vías y, en esta labor, las Tecnologías de la Información y Comunicación pueden
ofrecer una alternativa. Y, estas palabras en 2008, creo que en 2021 también
tienen espacio para ser contestadas desde los espacios dedicados a la Literatura
Infantil desde la virtualidad o la tarea de grupos de investigación, editoriales,
autores…en definitiva, el ecosistema literario en el que nos encontramos. Y,
como idea de cierre que nos remite al título del capítulo: “La lírica
popular infantil fue orden y transgresión, no dejemos que en este siglo XXI el
orden acabe acechando a la transgresión”. (p.274)
En conclusión, de manera periódica, se recuperarán en este
espacio entradas dedicadas a La palabra y la memoria. Y, como pequeño
juego que espero que no sonroje al autor de este capítulo, no hay mejor manera
de recomendar la lectura de este manual que con la referencia al creador de
este blog y nuestro profesor Ramón Llorens.
Referencia: Komagata, K. (2008). Little tree. One Stroke/ Les trois
ourses.
Reseña
Cuando nos acercamos a la Literatura Infantil y Juvenil y,
en concreto, al formato del libro-álbum se activan diferentes aspectos en su
categorización en la triangulación entre formato-texto-imagen. En esa tripleta de
elementos se encuentran autores e ilustradores con bagajes muy diferentes
y con una pluralidad de expresiones artísticas. Si bien se han determinado las
características del texto en cuanto a extensión, temáticas, lenguaje,
situaciones y tipos de personajes para alcanzar cierto consenso, en el plano
artístico también se establecen determinados patrones en el acercamiento de
estas narrativas desde las primeras edades. Sin embargo, existe una pluralidad de expresiones artísticas en la ilustración que conectan con diferentes tendencias artísticas. Así, una de las frases más
repetidas a la hora de valorar los "libros de artista" proviene de Kveta
Pacovska y la propuesta de convertir al libro-álbum en la entrada a un museo desde la primera infancia.
En este terreno, los libros-objeto (usando el término de Bruno
Munari) ofrecen una intervención en la educación literaria
desde la exploración de su formato. En este sentido, los libros de Katsumi Komagata
(1953) se ha convertido en un referente por sus creaciones desde los años noventa como autor que combina los elementos del diseño
gráfico y el formato en sus obras. Entre sus influencias reconocibles (y reconocidas) se encuentran Leo Lionni, Paul Rand, Bruno Munari, Enzo y Iela Mari.
En sus talleres y conferencias explica el recorrido vital
por el que ha desarrollado esta labor y su interés por la creación de estos
libros-objeto para los más pequeños a partir de su necesidad de interacción con
su hija con la serie de tarjetas de la colección Little Eyes, a través
del contraste de color y formas en blanco y negro, hasta la introducción del
color según detectaba en su hija aspectos que le sorprendían de su manera de
percibir el mundo. En este sentido, el lenguaje artístico de Komagata
está conectado al lenguaje de la primera infancia a partir de la naturaleza y
la abstracción geométrica con sus formas.
Un periplo vital y laboral en el que relata su dificultad
para publicar sus obras y cómo, cuando trabajaba en Nueva York en la CBS,
consiguió el interés por su obra desde el ámbito artístico y, concretamente,
desde el MOMA. Este fue el punto de partida para su producción literaria
posterior, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el interés de una editora francesa por su trabajo. El resto, para nuestra suerte (no tanto para nuestro bolsillo)
ya es historia. Una trayectoria que complementa con su labor en
proyectos de libros que buscan la exploración sensorial (Plis et plans fue un proyecto que le propusieron para niños ciegos) o la instalación en el espacio en la
unidad infantil de un hospital, además de
sus exposiciones en museos y talleres.
Páginas interiores de Little tree. Katsumi Komagata
La idea de Little tree nace de manera diferente, al ser una obra que sirve como
despedida a un ser querido. El diseño artístico del libro se transmite en
diferentes dimensiones sensoriales (como el tacto en el uso del papel y la textura). En diversos capítulos de
Sandra Beckett (2013; 2018) clasificaba sus obras como "libro de artista" en la tradición de Munari o Lavater y, en el recorrido que hacía sobre su obra, calificaba este Little
tree como “libro-escultura”. Un término muy aclaratorio. En sus creaciones se
comprenden muchos de los principios que presentaba Bruno Munari (1983) sobre su
metología proyectual y sus experimentos con los libros ilegibles, los prelibros
o En la noche oscura con la materialidad y la edición.
En esta obra Komagata nos lleva hacia terrenos relativos a
la naturaleza, a la idea cíclica del paso del tiempo, de la reiteración y la
permanencia. Unido a la idea trascendente y el simbolismo que también conecta
con la cultura japonesa (y recuerdo, como no, el cine de Yasujiro Ozu) y una
temática como la naturaleza como representación de ciclo vital en línea con Las
estaciones de Iela Mari. La naturaleza como espacio de calma y reflexión sobre
el paso del tiempo, sus presencias y ausencias. La inevitabilidad.
Páginas interiores de Little tree. Katsumi Komagata
Con un texto breve (en tres idiomas) acompaña con frases que invitan al bucolismo y la contemplación del cambio en el color de los paisajes, el crecimiento en el pliegue central de la semilla
hasta su crecimiento y diseminación. El lector se sumerge en un juego entre imagen-texto-formato en cada paso de página donde el narrador explica sus cambios en el tiempo. Para reconocer la función del texto
con la imagen y el objeto se intuye que el espacio para que el lector complete
con la imagen el mensaje textual también se ve afectada por la perspectiva del
objeto central, el árbol y sus sombras (y sus diferentes ángulos). De esta manera, además del foco de nuestra perspectiva como lectores, también se incluye la perspectiva del árbol. Curiosamente, aunque no sucede en todas sus páginas, también hay una propuesta con la textura del papel simulando la rugosidad del tronco cuando se vuelve verde y frondoso.
A medida que se despliegan las páginas el árbol crece ante nuestra mirada, deslumbrados por su estética y cambiando el color que le envuelve. En este tránsito y crecimiento, el texto describe con sencillez sus cambios en cada estación, pero también remite a su papel en el entorno como espectador que es descubierto a medida que crece, desde las primeras hojas verdes hasta la belleza primaveral en flor (tan arraigada a la cultura japonesa con los cerezos). Nos traslada por los días soleados, las tormentas, el frío, las inclemencias del viento y la noche. La acogida del nido y los pájaros. E, inevitablemente, su marcha a tierras cálidas. Son pequeñas alegorías al tránsito vital que, inexorablemente, también llega a su fin. Y, de la misma manera, empieza otro ciclo. Una nueva vida. La germinación de un nuevo sueño.
Estos recursos le llevaron a la mención dentro de los
mejores libros de ficción en 2010 en la Feria del Libro de Bolonia. A través de
sus talleres ha trasladado la intención de sus obras y os animo a que os
adentréis en su obra. En ellas también habla de la fragilidad de su formato y
que él la entendía como una manera de transmitir la importancia de los cuidados (como a las personas que nos rodean).
Páginas interiores de Little tree. Katsumi Komagata
Finalmente, la lectura en este contexto de Little tree
es una lectura que también nos enfrenta a cuestiones existenciales y, dados los
condicionantes epidemiológicos, nos propicia la mirada sosegada a preguntas
esenciales (y con una sencillez que permite a cada persona tomar su propia interpretación simbólica). Así, me parece una lectura de una gran sensibilidad para dialogar,
más con la preocupación que rodea a nuestras personas mayores o ante una época envuelta de pérdidas personales y colectivas. En definitiva, un libro especial. Y como himno de despedida, Gabriela Mistral.
Ilustración con Katsumi Komagata.2017. Bonito editorial