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viernes, 10 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Jorge Luján e Isol. Ser y Parecer. Kókinos

 

Título: Ser y parecer

Autor: Jorge Luján

Ilustradora: Isol

Editorial: Kókinos

Año: 2008

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En estas últimas entradas no podía faltar Isol Misenta, aunque en esta ocasión sea en su faceta de ilustradora de los textos de Jorge Luján. El dúo publicó cuatro títulos altamente recomendables: el juego intertextual con Numeralia, Pantuflas de perrito o el premiado Tic-Tac. En realidad, esta entrada tiene este encabezado, pero se centra en tres títulos: Ser y parecer, Mi cuerpo y yo y Tener un patito/nene es útil. Con estos tres títulos tenemos el abordaje de cuestiones existenciales y filosóficos, pero también la descentralización con el punto de vista del otro. Incluso, con los poemas de Jorge Luján esa otredad es intrapersonal: cómo afrontar de manera sencilla una cuestión entre cuerpo y alma, lo material y lo incorpóreo.

Ser y parecer

Ser y parecer, cómo nos vemos (o nos pueden ver) y qué somos realmente. Cuestiones que se canalizan perfectamente en una autora que maneja ese código dual en diferentes títulos reseñados en el blog: El globo, Piñatas, Intercambio cultural, pero otro que destacaría con mayúsculas sería Petit, el monstruo.

Mi cuerpo y yo

El abordaje de estas dudas existenciales con los poemas de Jorge Luján se refleja de una manera sencilla y, como comprenderán, no hay nada más inteligente. ¿Quiénes somos? ¿Quién es el yo? ¿Cómo me ven los demás? ¿Cómo somos por dentro? Cuestiones tan abstractas tan perfectamente representadas en las ilustraciones de Isol, empleando los diferentes códigos de color en sus ilustraciones para reflejar esa dualidad que terminaría desbordando con el formato de Tener un patito/nene es útil con la descentralización del yo (¿se acuerdan del problema de las tres montañas de Piaget?).


Dos códigos de color (azul y amarillo) y un álbum en acordeón reversible para cada punto de vista. Sencillez y minimalismo para la máxima expresión de la inteligencia y, como no, un regalo para los lectores que disfrutan de unas lecturas tan sesudas. Con los álbumes de Jorge Luján también esa diferenciación entre ese binomio tan difícil de explicar por su sentido abstracto siempre acaba resolviéndose con algo esencial: la autoestima y el autoconcepto en alto como resolución narrativa. Por extensión, no solo habla de nosotros. También habla de los otros. Nosotros podemos ser y parecer cosas diferentes, mi cuerpo y yo también divergen. Como el resto. Por este motivo señalaba al inicio de la entrada aquello de inter e intrapersonal. En definitiva, esta entrada sirve para recordar la maravillosa obra de Isol y recomendar también la de Jorge Luján (del que también recomendaría sin duda ¡Oh, los colores! con ilustraciones de Piet Grobler).






 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://editorialkokinos.com/producto/ser-y-parecer

Web Jorge Luján

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miércoles, 8 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Chris van Allsburg. Los misterios del señor Burdick. FCE

 

Título: Los misterios del señor Burdick

Autor e ilustrador: Chris van Allsburg

Traducción: Odette Smith

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 1996. Original: 1984

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 27 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Durante este año en el motor de un blog uno de los autores que han tenido diferentes entradas ha sido el norteamericano Chris van Allsburg (1949) con álbumes como El jardín de Abdul-Gasazi, Mal día en Río Seco, El naufragio del Zefiro y The Stranger. Una selección de títulos bastante peculiar por mi parte que ha evitado adentrarse en clásicos como los premiados con la Medalla Caldecott: Jumanji y El expreso polar (que además de su maravillosa propuesta literaria fueron trasladados al mundo cinematográfico, al igual que Zathura). Y, no menos imponentes, quedan títulos como La escoba de la viuda o El higo más dulce, también traducidos al castellano, o los oníricos Just a dream o Ben’s dream (y ese viaje alrededor del mundo a través de diferentes monumentos arquitectónicos). Una obra extensa y envuelta en el surrealismo de unos textos magníficamente ilustrados. Entre todos esos títulos, Los misterios del señor Burdick es sin duda mi favorito (y, como comprenderán, las razones son meramente subjetivas).

Un álbum que nos convierte en detectives (me recuerda a El coleccionista de momentos de Quint Buchholz cuando encuentra su protagonista las pinturas) ante un hecho insólito y cotidiano que se remonta hace tres décadas con la visita al editor Peter Wenders del señor Burdick, un autor e ilustrador de literatura infantil que le presentaba su porfolio para conocer las impresiones del editor. Catorce ilustraciones con un breve título y la fascinación de un editor por su trabajo que les emplazó a la mañana siguiente. Un encuentro que nunca se produjo y una búsqueda infructuosa del autor que dejó a esas catorce ilustraciones envueltas de misterio. El narrador de la historia, sorprendido por la historia, decide mostrarnos esas ilustraciones por primera vez para que conozcamos ese extraño suceso.

Aquí, entramos en otro análisis y reflexión sobre la importancia de la relación de las personas encargadas de la edición y, especialmente, el autor/a del texto y el ilustrador/a. Muchas veces piensas como lector en esa relación simbiótica en la que se entrega un texto y, en algunos casos, el editor se encarga de darle un ilustrador que los acompañe. Obviamente, hay más casos de manera en que ilustrador y autor convergen en un proyecto, pero me centraré en esta ejemplificación. Un texto, propio del álbum, que es breve y que deja que la ilustración complete el tono de la obra con diferentes detalles que construyan la narrativa. Opiniones de los editores para que el soporte emplee todos sus recursos materiales (pliegues, guardas o detalles que puedan favorecer lo que se cuenta). También en el supuesto que las editoriales primen el valor artístico frente a otras consideraciones. En definitiva, un álbum tendrá un poder más sugestivo si no resulta redundante en esa relación entre texto/imagen/objeto. Si se complementan, transforman o divergen en esas relaciones para generar espacios en el lector para que se convierta en un espectador activo a la caza de significados, que merezca una mirada detenida a sus detalles, que cada vez que lo lea encuentre un significado nuevo. Un detalle inadvertido que lo cambia todo, que le añade significado, una nueva interpretación. No es una tarea sencilla crear un buen álbum, para los protagonistas de su creación y más, con lectores exigentes. Sí, eso se da por descontado: la infancia es una audiencia muy exigente y no todo vale.

En este álbum, ese espacio interpretativo es amplio y, con un poder sugestivo que nos corrobora las impresiones del editor inicial y del nuevo que se han topado con esas imágenes. Los títulos de los cuentos y las acotaciones de cada ilustración nos ofrecen una tarea incompleta: imaginar qué contaría esa historia a partir de una sola imagen y una pista textual. Esa tarea de elicitación narrativa se completó años después por catorce autores en Las crónicas del señor Burdick (como Stephen King o John Scieszka y, siguiendo con la conexión con Quint Buchholz recordamos su El libro de los libros), pero que también nos hace presagiar que cualquier lector puede adentrarse en la creación de una historia propia según cada imagen. De esas catorce ilustraciones, una de mis favoritas es Un extraño día en julio a la que sigue el texto: “Lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso”.


Siempre que he visto esa imagen de la orilla del río con un niño y una niña me acuerdo de las piedras en el estanque de Rodari en su Gramática de la fantasía: una piedra tirada a un estanque (una palabra) puede generar obras expansivas y convertirse en una obra literaria completa. En este caso, la extrañeza de que la piedra rebote me gusta como símil con el que entiendo el concepto de intertexto lector (esas derivaciones terminológicas desde Batkhin, Kristeva, Genette y, como no, Antonio Mendoza Fillola): cuando nos encontramos ante una referencia (no llamaría simplemente hipertexto a un fragmento textual, en el álbum sería un aspecto multimodal (interpictórico, intermedial,…Inter de Milán)  que alude a un hipotexto (de nuevo ampliado a hipopictórico, hipopótamo, hipoglucemia, …vale, entiendan la licencia jocosa). En este caso, imagino a un lector con un bagaje insuficiente (literario, artístico y cultural en el que el nivel de complejidad puede ser más o menos evidente) ante esa lectura representada como un río, mar u océano en el que la referencia está puesta por el autor/ilustrador para ser descubierta, pero que rebota al no activarse el intertexto del lector.

Envueltos por el blanco y negro de la misteriosa obra en blanco y negro, el enigma de cada ilustración nos invita a cuestionarnos a partir de ese fragmento del texto la naturaleza de esa realidad, como La traición de las imágenes de René Magritte, con la imposibilidad de su naturaleza en la realidad, pero que sí funcionan desde el pensamiento simbólico, desde nuestra imaginación. Inventamos premisas, nos adentramos en la llamada a la aventura, intentamos resolver el suspense en Huéspedes sin invitación, el porqué era demasiado tarde en La biblioteca del señor Linden con ese libro y, otras favoritas como la estampa de la monja de Las siete sillas o La casa de la calle Maple (o, esto ya es personal, pienso en El viaje de Chihiro con La alcoba del tercer piso). Un álbum maravilloso de uno de los grandes autores de literatura infantil. Un álbum para sumergirse absolutamente.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681651145/F

 

Mi propuesta de banda sonora para imaginar con este álbum:

https://www.youtube.com/watch?v=nqc0LrLq8IM

martes, 30 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Anthony Browne. El juego de las formas. Fondo de Cultura Económica

 

Título: El juego de las formas

Autor e ilustrador: Anthony Browne

Traducción: Ernestina Loyo

Editorial: FCE

Colección: Los especiales A la orilla del viento

Año: 2004

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cerrando el mes de noviembre la nueva visita de Anthony Browne (Premio Andersen 2000, en la edición del 98 lo fue Ungerer y en la de 2002 Quentin Blake) uno de los autores más queridos, citados y galardonados de la Literatura Infantil. Es complicado escoger un álbum concreto para hablar de Browne (previamente reseñé Las pinturas de Willy y, cuando Sandra se encargaba de este espacio, pasaron los icónicos Gorila, Voces en el Parque o En el bosque. La lista de favoritos no acabaría aquí y, como muestra, un pequeño recordatorio de los sensacionales álbumes de su alter ego Willy (especialmente Willy el Tímido con el que recuerdo las clases con Sara Fernández y Willy el soñador por su increíble relectura del arte y la cultura), sus versiones de clásicos como Los tres osos y Hansel y Gretel, el desternillante Cosita Linda y su pasión por King Kong (también en formato álbum), abordar los miedos ante los cambios en el núcleo familiar con Cambios o The visitors who came to stay, la metaficcionalidad de los Cuentos de osito, el posicionamiento ideológico con Zoológico y, la obra maestra El túnel. Innumerables muestras del talento y el arte puesto a disposición de la infancia (y de un lector adulto que conecta con su imaginario) y que ha sido una invitación al lector para rodearse del museo imaginario de Browne en sus libros.


Curiosamente, con este álbum la traslación de esa lógica se basó en la intervención de Anthony Browne dentro del TATE con un proyecto llamado Caminos visuales con el que trabajó con un millar de niños y niñas de barrios desfavorecidos a partir de las obras expuestas en el museo para la enseñanza de la lectoescritura. Este juego de las formas también ha sido título de un manual posterior en el que detalla su trayectoria e inspiración siendo el título el nombre del juego que inventó con su hermano para inventar algo nuevo a partir de un elemento dado (algunos recordarán las pruebas psicométricas de creatividad de finales de los años sesenta de Torrance). Así, El juego de las formas es un tipo de álbum que (como ya señalamos en otras entradas sobre los estudios de Beckett) centra su exposición al arte enmarcando (nunca mejor dicho) su narrativa a las situaciones dentro de un museo (como citamos antes a Blake, podemos citar ese Cuéntame un cuadro o Jon Scieszka com MoMa en busca del arte o Mi Museo de Joanne Liu) y las obras artísticas. El álbum también desprende ese tono autobiográfico desde la primera página y el recuerdo de la primera visita a un museo con su familia. La narración en primera persona refleja sus ideas preconcebidas sobre qué habría en el museo, el reflejo de la sensación inicial en la entrada, la extrañeza de enfrentarse a expresiones artísticas conceptuales o abstractas (y con la vista compartida de su punto de vista estando ilustrados de espaldas).

Observen esa focalización vicaria y los diferentes niveles de integración en los marcos de los miembros de la familia

La visita progresa y se descubren aspectos sobre obras expuestas, cómo dirigir la mirada a sus detalles e iniciando juegos a partir del escrutinio de los detalles de las obras (y, en ese encuentra las diferencias, Browne desarrolla su juego de las formas) e incluso, imaginarse dentro de esas estampas (o que estas cobren vida). Un álbum estimulante y el juego final (como recordamos El problema de Iwona Chmielewska o el huevo verde del Test de Creatividad de Torrance) de un álbum que también ha sido objeto de investigaciones sobre arte y libro-álbum tanto desde el enfoque multimodal por Serafini (2015), la citada visita a museos en álbumes en Serafini y Rylak (2021) o como señalaba Evans (2009): “The shape game can be used to ‘teach’ readers how to respond to and appreciate works of art whilst also being a work of art in its own right and at one point Browne shows how to interpret a nineteenth century painting” (p.  180).

En los últimos años también encontramos muchos álbumes que toman ese juego de la interpictorialidad (otro ejemplo destacado de integración personal de estos elementos es Gilles Bachelet) para la inclusión de referencias al arte (obras, autores o corrientes artísticas) y, en el caso de Browne, el viaje siempre es una exposición a la activación de saberes culturales, literarios y artísticos reflejados en narraciones que invitan a su relectura (disfrutándolas desde los diferentes planos propuestos). También hay ejemplos que han aprovechado esta tendencia para la creación de álbumes biográficos sobre autores específicos (y, muchas veces, con cierto tufillo utilitarista), pero disfrutar del surrealismo (su fijación por Magritte) en sus álbumes es todo un regalo. Disfruten.



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681671846/F  

Referencias

Evans, J. (2009). Creative and aesthetic responses to picturebooks and fine art. Education 3-13, 37(2), 177–190. https://doi.org/10.1080/03004270902922094

Serafini, F. (2015). Considering fine art and picturebooks. The Reading Teacher, 69(1), 87–90. https://doi.org/10.1002/trtr.1382

Serafini, F., & Rylak, D. (2021). Representations of Museums and Museum Visits in Narrative Picturebooks. 10(1), 45–62. https://doi.org/10.21066/carcl.libri.10.1.3

 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Renato Moriconi. Bárbaro. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Bárbaro

Autor e ilustrador: Renato Moriconi

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Año: 2015

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 14 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras

Reseña:


Hay álbumes que se convierten en clásicos instantáneos en el aula y disfrutas de su narración, curiosamente, sin palabras. También ver sus caras en el momento en el que descubren el desenlace del libro. O escucharlos con tono gozoso interpretando sus propias historias álbum en mano. Un aviso claro: este álbum conecta profundamente con la imaginación de la infancia y de una manera festiva. La cubierta con el bárbaro galopando su corcel sirve como reflejo de la importancia de la secuencia narrativa en los álbumes sin palabras y, una vez que ha finalizado el álbum, adquiere un nuevo significado: “Aaaah…”. Eso escuchas cuando vuelves a la cubierta.

La descripción de la trama narrativa del álbum es compleja dado que cualquier detalle sobre su desenlace altera por completo toda la narrativa anterior. En ese primer nivel, la secuencia del personaje de la portada que inicia un viaje repleto de pruebas y encuentros con figuras mitológicas y peligros que sorteará (como si fuera un juego de plataformas clásico) desplazándose hacia arriba (en la página derecha) o hacia abajo (en la página izquierda). Una vez saltado el primer obstáculo (un precipicio entre dos relieves de montaña), se suceden peligros que vienen por tierra (salto para: serpientes, cíclopes, plantas carnívoras, bocas de dragones colorados o llamas), mar y aire (el dios del trueno, gárgolas, aguijone, flechas,…). Un auténtico desfile de peligros. Hay un momento que estos peligros acaban. No hay nada en la pantalla y el bárbaro adquiere expresiones de consciencia en la falta de emociones en su viaje heroico. Falta un último peligro que no se puede revelar (y me pregunto hasta qué punto analizar un álbum que es ampliamente conocido y desvelar su desenlace resulta problemático). La sorpresa, digamos, romperá la dimensión interpretativa del álbum y modificará las anticipaciones e inferencias que se realizan respecto al texto: ¿qué tipo de villano aparecerá al final de su viaje y que es superior a todos aquellos descritos anteriormente? El resultado es un álbum que sorprende al lector infantil porque se siente de manera clara identificado y es realmente paródico con ese sentimiento de fin de la ficción con la vuelta a la realidad.


Cuando finaliza el álbum hay un poema de Machado con el que acompaño ese final de la lectura:

“Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,

la alegría de dar vueltas

sobre un corcel colorado,

en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento

chispeaban las candelas,

y la noche azul ardía

toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles

que cuestan una moneda

de cobre, lindos pegasos,

caballitos de madera!”



Un álbum espléndido que también interpela a la relación cotidiana entre el niño y el adulto. Hace un tiempo tuvimos una entrada con álbum con ilustraciones de Renato Moriconi (Dentro de una cebra con textos de Michaela Chirif) y su versatilidad como ilustrador también se refleja en los que ha publicado con Ilan Brenman: Teléfono descompuesto (álbum sin palabras) y Bocejo [trad. Bostezo], este último un “falso álbum sin palabras” siguiendo la clasificación de Bosch (2012) sobre cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras: “en los que, o bien hay palabras en la mayoría de sus páginas (aunque sean onomatopeyas), o bien el texto que acompañaría las imágenes se encuentra concentrado en alguna parte del libro” (p. 76). Esta diferenciación la realizo porque en ocasiones he visto clasificado este álbum sin palabras sin una mayor distinción, e incluso investigaciones como las de Souza et al. (2018), que me resultan peculiares sobre cómo pese a trabajos tan exhaustivos como los de Emma Bosch (artículos en revistas de reconocido impacto, tesis, capítulos en monografías de Routledge) estos aspectos aún resultan confusos en esa ruptura constante de fronteras del álbum.


Independientemente de estos aspectos, son dos álbumes que proponen un juego al lector que incita a la activación de los conocimientos intertextuales y culturales (en Teléfono descompuesto con especial referencia a Caperucita roja de los Grimm y, como no, ese juego de la infancia como el teléfono roto como recordatorio de la importancia de la palabra para la materialización de la fantasía desde el surrealismo). En el caso de Bocejo el juego es un recorrido por la historia de la humanidad con personajes propios de cada época (ilustres como Tutankamón, Napoleón o Einstein) y, el título del álbum ya nos clarifica por qué tienen la boca abierta (no sería necesario precisar la onomatopeya en texto, quitando que en la edición portuguesa el bostezo es “Oh” y en la edición francesa “Ah”). Un juego en un álbum de grandes dimensiones (35,6 x 26 cm.) que termina con una lámina en espejo para cerrar la línea temporal. También hay guiños escondidos tras estos personajes para descubrir: al igual que en Malacatú, hay un guiño a la Guerra de las Galaxias o a obras de arte como la obra de Goya (El 3 de mayo en Madrid). El tercer álbum de esta trilogía es Caras animalescas, aunque en este juego ya interviene el texto.



En resumen, no dejen escapar a Bárbaro y acérquense a estos álbumes en los que sus ilustraciones al óleo garantizan una carcajada. Ahora, bostecen, chismorreen o inicien una aventura fantástica. En sus ojos lo dejo.

 

Fran Martínez

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Referencias

Souza, R. J. de, Ramos, F. B., & Stevenson, J. (2018). No words, just pictures to tell the history of humanity: an art case in Bocejo. Ilha Do Desterro A Journal of English Language, Literatures in English and Cultural Studies, 71(2), 219–132. doi:10.5007/2175-8026.2018v71n2p219

Bosch, E. (2012). ¿Cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras?. Ocnos. Revista De Estudios Sobre Lectura, (8), 75-88. https://doi.org/10.18239/ocnos_2012.08.07

martes, 28 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Isol. Intercambio cultural. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Intercambio cultural

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: A la orilla del viento/ Los primerísimos

Año: 1998. 2ª ed.: 2010

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 17 cm. Tapa blanda.

Idioma: castellano

Reseña:

Otra de las constantes en el blog son las reseñas dedicadas a la obra de Marisol Misenta y que nunca nos cansaremos de recomendar. Esta semana, con la temática de embarcaciones en el libro álbum, tomamos de entre todos sus álbumes este Intercambio cultural por su conexión con una obra clásica de la LIJ que les resultará familiar en el argumento. Como es habitual en su obra, la ruptura de convenciones desde unos personajes que tienen una mirada del mundo alejada de una infancia adormecida por la moral impuesta por el adulto. En este caso, Julito (en la mayoría de obras de Isol se les da nombre a sus personajes) es el que enfrenta un mundo de convenciones de una generación que creció con la pantalla como referente educacional y de entretenimiento (esa denuncia que también querían hacer series como Los Simpson de una cultura americana frente a la lobotomía de la pantalla) y que, desmontará por su capacidad para aventurarse en el polo opuesto: la selva y la naturaleza.

Sobre Intercambio cultural, hay análisis como los de Rabasa y Ramírez (2012) que señalan esa constante en los personajes de Isol como elementos que tensionan e ironizan sobre preceptos adultos (ocupados por sus quehaceres cotidianos y desmemoriados de su infancia). Un aspecto que también analizaba Gagliardi (2014) en la comparación de Isol con Silvina Ocampo a nivel semántico “el uso del lenguaje en sus sentidos literales o figurados; la hipérbole; la presencia de la crueldad y el humor negro; las fluctuaciones en la enunciación” y la capacidad para representar la visión empática con el sentimiento de la infancia desmontando las convenciones adultas sobre esta. Algo que también reconocemos en otras influencias confesadas por Isol: María Elena Walsh y Quino.

Los rasgos de la obra de Isol en Intercambio cultural aún se encontraban en el estado de refinamiento, inicialmente en blanco y negro y en su segunda edición a color, y se une a la tripleta inicial con Vida de perros (1997), Cosas que pasan (1998) y Regalo sorpresa (1998) que serían los inicios de una autora que recibiría el Premio Memorial Astrid Lindgren en 2013. La historia de Julito es la de un niño que está durante horas sentado frente al televisor. A su alrededor no aparece ningún adulto, ningún rastro de la familia: solo la pantalla. Seguramente esto les recordará situaciones de infancia o no tan lejanas como cuando se le endiña el móvil a la criatura porque está aburrido y quejoso en una terraza mientras la familia y amistades están repantingadas con sus consumiciones y conversando sobre cualquier tema intrascendente. Ojo, no estoy criticando la tecnología, sino que la única herramienta afectiva sea el chute de vídeo de YouTube como anclaje a la silla.

Súbitamente un anuncio en la pantalla y la invitación a experimentar un intercambio cultural durante una semana. En el anuncio leemos entre exclamaciones: “¡Y viva otra vida!”. Volvemos a otro espacio común en la obra de Isol: la alteridad. El destino de Julito es un viaje a África y, con quien intercambiará su lugar en el mundo, será con Bombo: un elefante. Este hilarante encuentro nos sirve para que el elefante se quede en soledad frente al televisor durante una semana (y sus efectos en la mirada con espirales al final de este tiempo). Julito, se dirige a África en una embarcación y cuando conoce a la familia elefante de Bombo les dice entre exclamaciones: ¡y no soy ningún ratón! A partir de ese momento, pasará una semana en el lado salvaje entre elefantes, monos, jirafas y cocodrilos sobre los que saltará, mirará el atardecer y domará elefantes. ¿Le recuerda esta situación a un clásico de la LIJ? ¿Podrían pensar en ese viaje de diversión sin límite de Julito y el de Max hacia el lugar donde viven los monstruos?

Finalmente, Julito vuelve a la tranquilidad de su hogar, de su sillón y, ahora la televisión le aguarda con una película de la selva (“pero ya la había visto”). Momento para cerrar los ojos y, de nuevo, ver cómo se transforma su sillón en un espacio soñado como niño. Para finalizar, una bella extensión de las consecuencias de esa semana en Bombo que cierra con un finísimo sentido del humor. Otro juego que propone Isol es la manera en la que emplea el encuadre para jugar con los personajes: frente a la libertad que ocupa toda la página (o doble página) de la selva, las viñetas cuadradas que simulan la televisión para representar lo limitado del espacio frente a la pantalla como una pequeña prisión. Inteligente en la sátira adulta y una lectura jugosa para el lector infantil. En futuras entradas seguiremos navegando por las joyas de Isol.

Y, para finalizar, un poema de Shel Silverstein de Hay una luz en el desván: Canales

El canal uno carece de todo interés.

El canal dos solo da noticias y adiós.

El canal tres, todo al revés.

¿Y en el cuatro?: Demasiado teatro.

El canal cinco, saltos y brincos.

El canal seis estropeado lo tenéis.

El canal siete y el canal ocho,

pelis viejas para abuelos muy pochos.

El canal nueve no me conmueve,

¿Y en el canal diez?: "La vida de un pez."

¿Qué te parece si hablamos, solo por esta vez?

Fran Martínez

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Referencias

Gagliardi, L. (2014). El borde y los desbordes : Algunos vínculos entre las narrativas de Isol y Silvina Ocampo. VI Jornadas de Poéticas de la Literatura Argentina para Niñ@s, 19 y 20 de septiembre de 2014, La Plata, Argentina. EN: Actas. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Letras. Cátedra de Didáctica de la Lengua y la Literatura II. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3732/ev.3732.pdf

Rabasa, M. y Ramírez, M. M. (2012). Universol o Isol y la ruptura de convenciones. En V. Sardi y C.E. Blake (Eds.), Un territorio en construcción: la literatura argentina para niños (pp.215-219). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación UNLP.

lunes, 28 de junio de 2021

Entradas en azul. Chris Van Allsburg. Mal día en Río Seco. FCE

 

Título: Mal día en río seco

Autor e ilustrador: Chris Van Allsburg

Traducción: Diana Luz Sánchez

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2000. Original: 1985

Páginas: 34

Encuadernación y formato: 28 x 22 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En esta breve tanda de libros con temática del Oeste se cierra (a modo de trilogía) con un libro atípico de Chris Van Allsburg y su libro Mal día en río seco. Atípico por las ilustraciones cuando nos aproximamos a este y que distan del detallismo realista del realismo mágico tradicional en sus obras (incluidas las que usaban el blanco y negro como El jardín de Abdul Gasazi, Jumanji, Los misterios del señor Burdick o Ben’s Dream). Esta supresión sirve como fórmula para introducirnos en el juego metaficcional y el guiño al clásico de Crockett Johnson Harold y el lápiz morado (1955) que ha tenido diferentes ejemplos en personajes que alteran la realidad dentro del libro a través de un lápiz (desde Aaron Becker, Ivar Da Coll o Anthony Browne, por citar algunos ejemplos) o la inclusión del autor dentro del libro (desde Hervé Tullet, Roberto Innocenti o Jörg Müller). En este caso, el mecanismo no se muestra hasta el final del libro (al contrario de Johanna en el tren, por ejemplo) para mantener el suspense en el lector que comparte el misterio con el protagonista, el alguacil Ned Hardy (la parodia de tomar conciencia propia el personaje de ficción, la ruptura de la cuarta dimensión).

La opción deliberada de asumir el tipo de ilustración típica de libros para colorear también sirve como contrapunto humorístico a la estandarización de aquellos libros y en la primera ilustración a doble página leemos (Era uno de esos lugares donde todos los días son iguales). Libros típicos de la infancia, aquellos en los que se tenía que unir los puntos y los números para crear la forma, todo tan hermético y pautado (podemos recordar ejemplos contrarios como el libro del artista Keith Haring con El libro de las pequeñas cosas de Nina editado en castellano por Gustavo Gili). Súbitamente esa narrativa se ve asaltada por la aparición en los caballos que tiran del carruaje de “gruesas tiras de una especie de lodo brillante y grasoso”. 

Los personajes, parece que empiezan a tomar conciencia de esa realidad (oeste y autoconciencia, me recuerda a Westworld) y siguen observando los cambios en su mundo en blanco y negro repleto de los trazos de ceras de colores hasta que en su expedición a la búsqueda de respuestas se topará con el dibujo infantil de un vaquero y su ataque hacia él. Curiosamente, al estar insertos en su propia narrativa dentro del libro su final se supedita no a sus acciones, sino a la de Sophia (cuyo nombre conocemos en la dedicatoria del autor en la portadilla) con el libro de colorear. En ese momento, volvemos al universo de las ilustraciones de Chris Van Allsburg, un texto con una fuente diferente nos deja en la conclusión sobre el origen de la luz y la oscuridad en ese mundo ficcional dentro del libro. 

La opción del foco para salir de la historia de Chris Van Allsburg es un primer plano de la mano para que la observación esté mediada conjuntamente a la del personaje y, finalmente reducir el enfoque para colocarnos en un ángulo a vista de pájaro y de espaldas a la protagonista y, finalmente, dejándonos ante la resolución. Como epílogo la contraportada nos revela el semblante de nuestra protagonista de los trazos que es la hija del autor que posa a su lado. Las guardas también son negras, en alusión a la pérdida de luz del libro cuando está cerrado. Como buen libro metaficcional, los mecanismos de alteración se encuentran en todo el diseño del álbum. Y, para finalizar esta pequeña trilogía western, un clásico: Érase una vez el oeste.



 

Fran Martínez

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martes, 18 de mayo de 2021

Entradas en azul. Isol. Nocturno. Recetario de sueños. FCE

 

Título: Nocturno. Recetario de sueños

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2011

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 23 x 17 cm. Tapa dura. Empastado.

Idioma: castellano

Reseña:

En anteriores reseñas de álbumes de Marisol Misenta, El globo y Piñatas, hemos apuntado el concepto de alteridad en sus libros y con Nocturno. Recetario de sueños ese mecanismo se activa mediante la materialidad del objeto. Sobre una estrategia similar en la función del texto y la imagen que se complementaba mediante la interacción del lector como en las flores en el álbum de Emma Giuliani, Ver la luz. En este caso, el formato con el gusanillo nos recuerda a libros como Soñario de Javier Sáez Castán y el empleo de la tinta fluorescente (y recordamos a Kitty Crowther en Theo y Dios) como juego en el que el texto consigue ampliar su significado mediante la relación entre la imagen con tinta negra y la fluorescente.




Juegos de luz y sombras con sentido narrativo que reconocemos en otros títulos muy recomendables como Flashlight de Lizy Boyd o Encender una luz de Rocío Bonilla como algunos ejemplos. El aspecto que emplea Isol es diferente: que la sombra sea el espacio y la luz el elemento revelador en la narrativa. Además de la revelación a través de dejar que la tinta recoja la luz, se puede emplear una linterna fluorescente para verlo en la cama. Un espacio seguro en el que soñar e imágenes inspiradoras. Este álbum recibió diferentes reconocimientos (entre ellos Mejor Libro Álbum del Banco del Libro de Venezuela en 2012) y es una propuesta que sigue destilando su habitual sentido del humor y que continúa con la revelación del otro lado como en Petit, el pequeño monstruo y, especialmente, con las obras que ilustró a Jorge Luján como Ser y Parecer o Mi cuerpo y yo. 

Así, en Nocturno lo que parece nos lo muestra la ilustración inicial y lo que es, iluminado, revela la naturaleza del sueño. Un libro que se inicia con una serie de indicaciones sobre la colección de sueños que integran el álbum y que ofrecen visiones inspiradoras en el imaginario típico de los sueños y referentes literarios que podemos conectar como la ballena que se refleja como sueño del pescador distraído (podríamos pensar en Moby Dick), la puerta que no se debe abrir (los monstruos en el armario como el de Mercer Mayer), el sueño del libro remitiendo al bosque y, esa alteridad explicitada en el sueño de ser otro. Espacios de miedos que se subvierten con la imagen revelada, como la muerte del artista y su contrapartida repleta de jolgorio en esta colección divertida con un juego de significados que prestigia los elementos del álbum para una obra redonda. Otra maravilla de Isol, de quien seguiremos profundizando en otros títulos en el blog.

 


Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=12539

Instagram Isol

https://www.instagram.com/isolmisenta

 

lunes, 12 de abril de 2021

Entradas en azul. Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui. La carta de la Sra. González.

 

Título: La carta de la Sra. González

Autor: Sergio Lairla

Ilustradora: Ana G. Lartitegui

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Reedición 20 aniversario: A Buen Paso

Año: 2000

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 32 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Comenzamos la semana a partir de la idea de ciclo que dejamos en el maravilloso Mi pequeño de Germano Zullo y Albertine, pero en este caso nos vamos a la circularidad del álbum como herramienta metaficcional en la que podemos recuperar la idea de definición del álbum de Durán (2000): “El álbum es, sobre todo, un trabajo polifónico donde el soporte físico y la narratología textual y visual concuerdan afinadísimamente”. Esta precisión sirve para señalar la concurrencia de los tres elementos que generan significados en el libro-álbum. Así, precisamos con las aportaciones de Arizpe y Styles (2004): “Hablamos de libros compuestos de imágenes y palabras cuya interacción íntima crea niveles de significado abiertos a interpretaciones diferentes y con el potencial de sembrar en sus lectores una reflexión sobre el acto mismo de leer”.

Esta última apreciación está conectada con el tipo de investigación que realizaron sobre la interpretación de estos títulos por los lectores y una de las cuestiones esenciales de esa investigación es que el libro en su conjunto ofreciera diferentes interpretaciones debido a la riqueza que genera su exploración (Pantaleo, 2014; Silva-Díaz, 2018). En ese sentido, La carta de la Sra. González garantiza el misterio para la riqueza de las interpretaciones sobre todos los elementos que lo componen y precisan de un lector activo que descodifique sus diferentes detalles y los interprete. La pregunta sería ahora: ¿por qué? Pues, sencillamente, por el placer.


Ambos autores, Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui , son especialistas en el estudio de la Literatura Infantil y Juvenil y han colaborado en diferentes títulos como en el extraordinario Libro de la suerte (A Buen Paso, 2014) en el que profundizan en la idea de experimentación en el libro-álbum a través de dos narraciones entrelazadas. Recomiendo, junto al vídeo al final del post de Ana G. Lartitegui, el artículo de Sergio Lairla para el blog de Círculo Hexágono El lector de Schrödinger. Y, con esa mención cuántica, nos aproximamos a la reseña del libro.


El despliegue de elementos visuales desde las guardas y las pistas que se disponen acompañando al texto (y el orden de los números que acompañan cada fragmento del 1 al 7 y del 7 al 0) en el trayecto de la carta que la Sra. González manda al Sr. Lairla, referencias a los apellidos de los autores que nos sirven para generar una tensión entre realidad y ficción que nos advierte de que hay que poner mucho cuidado en los detalles que se sucederán en la narración. Olor de cerezas que abren el camino de esa carta con el sello como matrioshka narrativa y con detalles ubicados con precisión en los escenarios que Lartitegui deja diseminados en la decoración, conectando con un autor como Anthony Browne o el misterio onírico de Chris Van Allsburg.


Los escenarios nos revelan la sorpresa que se desplegará en la página siguiente, con esa alteración de la realidad y el empleo del surrealismo como elemento de entrada al mundo de la fantasía e inferencias que obligan tanto a pasar la página para conocer el destino de la carta como retroceder para comprobar las pistas previas. Una narración encadenada y el gusto por lo rocambolesco en el tránsito de esa carta que recorre diferentes espacios en el tiempo delimitado en el texto. Tiempo que se sincroniza con la llegada de la carta al Sr. Lairla (marcando la misma hora en el reloj de la Sra. Lairla cuando salía de la casa) y contraportada que descompone sus elementos. En definitiva, La carta de la Sra. González ofrece una lectura que prestigia al lector en la activación de su significado de un artefacto literario que prestigia el placer de la lectura y un formato como el álbum. Un libro imprescindible: divertido y emocionante.

Edición 20 aniversario A Buen Paso


 

 

Fran Martínez

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Referencias


Web de la editorial: A Buen Paso

https://www.abuenpaso.com/libro/la-carta-de-la-senora-gonzalez/

FCE

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=1901

Twitter

https://twitter.com/analartitegui

Instagram Pantalia

https://www.instagram.com/pantaliaproyectos/

 


Referencias

Arizpe y, E. y Styles, M. (2004): Lectura de imágenes. México: F.C.E.

Durán, T. (2000). ¡Hay que ver! Una aproximación al libro ilustrado. Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Pantaleo, S. (2014). The Metafictive Nature of Postmodern Picturebooks. The Reading Teacher, 67(5), 324–332. doi:10.1002/trtr.1233

Silva Díaz, M. C. (2018). Picturebooks and metafiction. En B. Kümmerling-Meibauer (ed.), The Routldge Companion to picturebooks, (pp. 69-78). Routledge.