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martes, 30 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Anthony Browne. El juego de las formas. Fondo de Cultura Económica

 

Título: El juego de las formas

Autor e ilustrador: Anthony Browne

Traducción: Ernestina Loyo

Editorial: FCE

Colección: Los especiales A la orilla del viento

Año: 2004

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cerrando el mes de noviembre la nueva visita de Anthony Browne (Premio Andersen 2000, en la edición del 98 lo fue Ungerer y en la de 2002 Quentin Blake) uno de los autores más queridos, citados y galardonados de la Literatura Infantil. Es complicado escoger un álbum concreto para hablar de Browne (previamente reseñé Las pinturas de Willy y, cuando Sandra se encargaba de este espacio, pasaron los icónicos Gorila, Voces en el Parque o En el bosque. La lista de favoritos no acabaría aquí y, como muestra, un pequeño recordatorio de los sensacionales álbumes de su alter ego Willy (especialmente Willy el Tímido con el que recuerdo las clases con Sara Fernández y Willy el soñador por su increíble relectura del arte y la cultura), sus versiones de clásicos como Los tres osos y Hansel y Gretel, el desternillante Cosita Linda y su pasión por King Kong (también en formato álbum), abordar los miedos ante los cambios en el núcleo familiar con Cambios o The visitors who came to stay, la metaficcionalidad de los Cuentos de osito, el posicionamiento ideológico con Zoológico y, la obra maestra El túnel. Innumerables muestras del talento y el arte puesto a disposición de la infancia (y de un lector adulto que conecta con su imaginario) y que ha sido una invitación al lector para rodearse del museo imaginario de Browne en sus libros.


Curiosamente, con este álbum la traslación de esa lógica se basó en la intervención de Anthony Browne dentro del TATE con un proyecto llamado Caminos visuales con el que trabajó con un millar de niños y niñas de barrios desfavorecidos a partir de las obras expuestas en el museo para la enseñanza de la lectoescritura. Este juego de las formas también ha sido título de un manual posterior en el que detalla su trayectoria e inspiración siendo el título el nombre del juego que inventó con su hermano para inventar algo nuevo a partir de un elemento dado (algunos recordarán las pruebas psicométricas de creatividad de finales de los años sesenta de Torrance). Así, El juego de las formas es un tipo de álbum que (como ya señalamos en otras entradas sobre los estudios de Beckett) centra su exposición al arte enmarcando (nunca mejor dicho) su narrativa a las situaciones dentro de un museo (como citamos antes a Blake, podemos citar ese Cuéntame un cuadro o Jon Scieszka com MoMa en busca del arte o Mi Museo de Joanne Liu) y las obras artísticas. El álbum también desprende ese tono autobiográfico desde la primera página y el recuerdo de la primera visita a un museo con su familia. La narración en primera persona refleja sus ideas preconcebidas sobre qué habría en el museo, el reflejo de la sensación inicial en la entrada, la extrañeza de enfrentarse a expresiones artísticas conceptuales o abstractas (y con la vista compartida de su punto de vista estando ilustrados de espaldas).

Observen esa focalización vicaria y los diferentes niveles de integración en los marcos de los miembros de la familia

La visita progresa y se descubren aspectos sobre obras expuestas, cómo dirigir la mirada a sus detalles e iniciando juegos a partir del escrutinio de los detalles de las obras (y, en ese encuentra las diferencias, Browne desarrolla su juego de las formas) e incluso, imaginarse dentro de esas estampas (o que estas cobren vida). Un álbum estimulante y el juego final (como recordamos El problema de Iwona Chmielewska o el huevo verde del Test de Creatividad de Torrance) de un álbum que también ha sido objeto de investigaciones sobre arte y libro-álbum tanto desde el enfoque multimodal por Serafini (2015), la citada visita a museos en álbumes en Serafini y Rylak (2021) o como señalaba Evans (2009): “The shape game can be used to ‘teach’ readers how to respond to and appreciate works of art whilst also being a work of art in its own right and at one point Browne shows how to interpret a nineteenth century painting” (p.  180).

En los últimos años también encontramos muchos álbumes que toman ese juego de la interpictorialidad (otro ejemplo destacado de integración personal de estos elementos es Gilles Bachelet) para la inclusión de referencias al arte (obras, autores o corrientes artísticas) y, en el caso de Browne, el viaje siempre es una exposición a la activación de saberes culturales, literarios y artísticos reflejados en narraciones que invitan a su relectura (disfrutándolas desde los diferentes planos propuestos). También hay ejemplos que han aprovechado esta tendencia para la creación de álbumes biográficos sobre autores específicos (y, muchas veces, con cierto tufillo utilitarista), pero disfrutar del surrealismo (su fijación por Magritte) en sus álbumes es todo un regalo. Disfruten.



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681671846/F  

Referencias

Evans, J. (2009). Creative and aesthetic responses to picturebooks and fine art. Education 3-13, 37(2), 177–190. https://doi.org/10.1080/03004270902922094

Serafini, F. (2015). Considering fine art and picturebooks. The Reading Teacher, 69(1), 87–90. https://doi.org/10.1002/trtr.1382

Serafini, F., & Rylak, D. (2021). Representations of Museums and Museum Visits in Narrative Picturebooks. 10(1), 45–62. https://doi.org/10.21066/carcl.libri.10.1.3

 

jueves, 18 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Michael Rose y Quentin Blake. El libro triste. Serres

 

Título: El libro triste

Autor: Michael Rosen

Ilustrador: Quentin Blake

Traducción: Esther Rubio

Editorial: Serres

Año: 2004

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 21,5 x 29,8 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Hace una década Colomer (2010, p. 150) señalaba este El libro triste de Michael Rosen y Quentin Blake (junto a El árbol rojo de Shaun Tan o El último refugio de Innocenti) como un ejemplo en la ruptura de tabúes temáticos en las tendencias de la literatura infantil (en aquel entonces) al abordar temáticas que, en etapas anteriores, habían tenido menos presencia en el universo infantil. En parte por la tendencia que señalaba sobre la evolución sociocultural y la individualización en la que la conciencia social tendría cabida en la literatura para ofrecer espacios en los que acompañar aspectos y ofrecer una “educación sentimental”. Se ha tratado en diferentes entradas cuestiones relacionadas sobre literatura y duelo, en el que, si echamos la mirada atrás, seguramente el panorama sobre el tratamiento de la muerte en la literatura infantil también ha tenido su crecimiento y, en muchos casos, también se ha optado por una excesiva instrumentalización: el libro ayuda en la mediación, pero no es un fin en sí mismo. Y el objetivo, sin duda, es ofrecer obras que armen y sean de calidad.

A partir de la consideración del lector infantil como un lector activo en la decodificación de su realidad sociocultural se introducen aspectos que, en definitiva, definen la complejidad de situaciones a la que se enfrentan en la vida. Estos contenidos, obviamente se enfrentan a un público dual: el adulto y el infantil compartiendo el placer de la lectura. Un proceso en el que ambos tienen capacidades diferentes en la comprensión de temáticas complejas como la tristeza, la migración o, en este caso, cuestiones existenciales como la muerte.

No obstante, la muerte se ha considerado un tabú temático y, como señala Hanán-Díaz (2020, p. 20): “El calificativo de tabú para referirse a un conjunto de temas que podían herir la sensibilidad infantil se extendió durante los años noventa, especialmente asociado a la muerte”. Una pretensión adulta en la educación y crianza que opta por lo “políticamente correcto” y genera lo que Cañamares y Cerrillo (2016) definían como censuras soterradas: “una censura que se intenta justificar en la utilidad de lo políticamente correcto, la doble moral o la salvaguarda de aquello que se estima oportuno o saludable” (p.123). En este sentido, el libro-álbum se ha consolidado como un formato que excede la consideración de edades y el reflejo de temáticas complejas y, de nuevo, Beckett (2012, p. 249) señalaba a la muerte como el último tabú en este formato pese a que la muerte es, sencillamente, el reflejo de la condición humana.

Si no invisibilizamos la vida, y en la vida hay presencias y ausencias, no se puede dejar de lado a la muerte en el currículum como afirman Rodríguez-Herrero et al. (2012) en el que estos “todavía no incluyen en sus contenidos la muerte y la finitud como condiciones radicales del ser humano y, lo que repercute mayormente en el proceso formativo, como elementos imprescindibles para la mejora personal y social” (p.177). Orientaciones que también precisarán de la creación de una red de seguridad en la que afrontar estas temáticas, propiciar el diálogo y evitar respuestas simplistas en las diferentes edades que generen una mayor confusión o angustia al lector infantil.

Ahora, dentro de este panorama de obras de la literatura infantil que se han convertido en un ejemplo de ruptura de tabúes temáticos encontramos El libro triste, un libro que ha inspirado investigaciones sobre cómo responder a los sentimientos de pérdida en el que Magnet (2018, p.82) apuntaba: “In naming our grief, in following Rosen, we offer a pedagogy of practice: We ask for practice in the ultimately true work of being alive and dying at the same time”. También como una opción política, que conecta con la necesidad de la ruptura de excluir al lector infantil del mundo. Y, en este álbum, la temática es cómo afronta un padre la vida después de la muerte de su hijo. 

En una entrevista a Michael Rosen (Saguisag, 2007) se incluían aspectos de la acción política del autor: se presentó en las elecciones municipales por una ramificación del partido socialista, articulista de opinión y su posición atea, además de su presencia en diferentes medios de comunicación. Un fragmento que me parece interesante sobre una pregunta relativa a la visión de la infancia del autor: “I mean, it’s possible to say it when you are celebrating your childhood or seeing kids having a good time. And it’s true, being around kids is very good fun. But it’s crazy to have an idealized view of them. We somehow have this notion of children as being Edenic, that they are innocent and free of the horrible things that adults have in them or have to do. The more I’ve written for kids, the more I’ve had to do with kids, I’m reminded that childhood isn’t like that” (Saguisag et al., 2007, p.15).


En la misma entrevista alababa el trabajo de Quentin Blake por el dinamismo de sus imágenes en un medio de dos dimensiones y la expresividad de sus personajes (el aspecto mímico). Buena cuenta damos al encontrarnos con la primera ilustración: la cara sonriente del protagonista y el texto que señala la impostura por siempre mostrarse bien ante los demás. El reflejo de lo negativo causa rechazo. Pase lo que pase por dentro, no exteriorices tu debilidad. Tienes que gustar. Un mensaje poderoso. La manera con la que se describe el motivo de su tristeza es, igualmente, impactante (acompañado por unas ilustraciones sombrías y desdibujadas en la cara del protagonista): “Lo que más triste me pone es cuando pienso en mi hijo Eddie. Murió. Yo le quería muchísimo, y sin embargo murió”. En pocas palabras concentra aspectos como nuestra imposibilidad para controlar todo aquello que nos rodea. Nuestra finitud.

Mientras los recuerdos de Eddie aparecen en diferentes viñetas, describe las fases del duelo que ha enfrentado: se enoja ante una pregunta sin respuesta (¿por qué a mí?) y, más importante, la búsqueda de un asidero en el que centrar su negación (¿cómo pudo hacerme eso a mí?). A medida que se suceden las viñetas a modo de instantáneas de su crecimiento, una última viñeta: un marco vacío. No hay nadie. Ahí se detuvo la cronología. La necesidad por encontrar el consuelo en otros, ser escuchado por un ser querido (su madre también falleció) o, en su defecto: “Y se lo cuento al primero que encuentro”. La ira, la depresión y asumir toda esa carga en solitario. Incluso, conductas incorrectas en sus términos (aquí, mirando la imagen, se abre la interpretación sobre a qué se refiere). A medida que avanza la narración, también lo hace el proceso de duelo con la aceptación de la inevitable y la nostalgia por todo lo que acarrea el paso del tiempo.



En ese proceso, también hay espacio para liberar la tensión de la situación con las estrategias que tiene para que la tristeza no sea lo único que ocupe su tiempo, como escribir y canalizar esos sentimientos que, como apunta: “Cualquiera puede estar triste. La tristeza viene y te encuentra”. Pero, también hay asideros en la parte final en la que también hay aceptación y celebración de los recuerdos compartidos. Una luz, una guía en un lugar en el que estamos perdidos y sobrevivimos según nuestras circunstancias lo mejor que podemos. Un libro hermoso. Un clásico imprescindible.


Finalmente, una entrevista en la que Quentin Blake habla de las impresiones cuando recibió el texto de Michael Rosen, al que conocía, y cómo enfrentarse a la ilustración de un hecho biográfico. Además, la transcripción se encuentra en la descripción del vídeo:

Quentin Blake. Writing about the death of Michael Rosen's son 



 

 

Fran Martínez

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Referencias

Arnal Gil, J. I. (2012). El tratamiento de la muerte en el álbum ilustrado infantil. Obras publicadas en castellano (1980-2008). Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitateko Argitalpen Zerbitzua.

Beckett, S. L. (2012). Picturebooks with cross-generational themes. En S. L. Beckett, Crossover Picturebooks: a genre for all-ages (pp. 209-272). Routledge.

Cañamares, C. y Cerrillo, P. C. (2016). Las censuras “soterradas”. En M. V. Sotomayor y P. C. Cerrillo (Eds.), Censuras y literatura infantil y juvenil en el siglo XX: (en España y 7 países latinoamericanos) (pp. 123-136). Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Colomer, T. (2010). Introducción a la literatura infantil y juvenil actual (2ª. Ed.). Síntesis.

Hanán Díaz, F. (2020). Sombras, censuras y tabús en los libros infantiles. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Magnet, S. (2018). Michael Rosen’ s Sad Book and How to Cope with Grief for Kids and Grown-Ups. Bookbird: A Journal of International Children’s Literature, 56(4), 80–83. https://doi.org/10.1353/bkb.2018.0070

Rodríguez Herrero, P., Herrán Gascón, A. de la, y Cortina Selva, M. (2012). Antecedentes de la Pedagogía de la muerte en España. Enseñanza & Teaching, 30(2), 175–195.

Saguisag, L., Rosen, M., & Zephaniah, B. (2007). Performance , Politics , and Poetry for Children : Interviews with Michael Rosen and Benjamin Zephaniah Performance , Politics , and Poetry for Children : Interviews with Michael Rosen and Benjamin Zephaniah. Children’s Literature Association Quarterly, 32(1), 3–28. https://doi.org/10.1353/chq.2007.0019

 

 Como no, el remate de la entrada no podía ser otro que una canción de Skeleton Tree de Nick Cave & The Bad Seeds. Un disco con conexiones evidentes por la situación de ambos autores.



lunes, 17 de mayo de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. La Visite de Petite Mort

 

Título: La visite de petite mort

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Editorial: L’ecole des loisirs

Colección: Pastel

Año: 2004

Páginas: 24

Encuadernación y formato: 17,5 x 25,7 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Como secuencia lógica a la última reseña, la semana empieza con un álbum espléndido de Kitty Crowther que continúa con las entradas dedicadas a otros títulos suyos igualmente maravillosos como Madre Medusa (Ekaré) y El Niño Raíz (Lóguez). La obra de Kitty Crowther siempre aborda con naturalidad temas complejos y, la muerte, ha sido uno de ellos que aparece en diferentes títulos como Moi et rien (2000) o en Annie du Lac (2009) con un tratamiento poco convencional y, curiosamente, no exento de encanto y ternura. Incluso, un paseo con una deidad en Theo y Dios (2011). Ese tratamiento de temas complejos y que han supuesto tabús en el universo infantil desde concepciones que minusvaloran las capacidades de la infancia para construir el sentido del mundo que les rodea, tienen ejemplos en formato álbum que proponen herramientas ficcionales diferentes. 

Esta era una de las características en la inclusión de temáticas complejas en el nuevo milenio que señalaba Kümmerling-Meibauer (2015, p.250) o la exploración de temas intergeneracionales como titularía Beckett (2012) el capítulo de su libro en el que señala este título como un ejemplo peculiar en el tratamiento ficcional de la muerte. En alguna entrada anterior, también recomendaba a nivel didáctico las aportaciones de Mar Cortina (descargable aquí) para el REICO de la GVA que hablan de esta necesidad de acompañar a la infancia con una mirada comprensiva y actitud sincera y dialogante ante consideraciones paternalistas y “magufas”. Así es la vida, como titularía Tomi Ungerer.


En esta exploración de la muerte en la LIJ hay muchos ejemplos y temáticas abiertas (desde el duelo de un ser querido al duelo de la mascota) y, menos usual, la muerte del protagonista o el personaje infantil. También hemos señalado la admiración de Kitty Crowther al trabajo de Wolf Erlbruch, supongo por la manera de enfocar con desde la desdramatización de las convenciones culturales con un tono que incomode al adulto. Una incomodidad que se entendería en darles la posibilidad de cuestionarse y realizar nuevas preguntas, algunas sin respuesta, hecho que incomodará al adulto que quiere mostrarse como fuente de conocimiento de todas las respuestas. 

En La visite de petite mort, previo al icónico de Erlbruch, la narración de Kitty Crowther nos refleja el día a día de la muerte (también entrañable e incomprendida) y en esa primera parte de la narración vemos su manera de proceder cuando tiene que llevarse a la gente que va a morir. La reacción del primer personaje es la que cualquier tendría ante esa situación ficcional: desesperación, llantos y pánico ante el trayecto que emprenden (de la cama, pasando por el parque, el lago (y vemos cisnes negros…) y la chimenea (donde introduce una divertida ironía con el fuego y donde se observa en la decoración de la pared diferentes caretas que sirven como representaciones alternativas de la parca). Esta primera parte es la situación inicial narrativa que se aprovecha para construir brevemente al personaje de la muerte. En ese punto, la narración es omnisciente y enmarca en una atmósfera silenciosa en el que tan solo la pequeña muerte se dice durante el trayecto: “siempre es así”.


Hasta el día que deja de ser así y conoce a Elsewise. Ese nuevo inicio narrativo repite los escenarios y cambia la relación entre la muerte y su acompañante. La vida de la pequeña muerte cambiará para siempre a partir de conocerla. Hasta aquí puedo contar, pero es sencillamente maravilloso. El personaje de Elsewise sirve para señalar diferentes cuestiones: los sentimientos de la pequeña muerte, la idea de felicidad como un constructo inter e intrapersonal y, en un nivel elemental el derecho por una muerte digna (y, al mismo tiempo, una vida digna). Ojalá todos los títulos que intentan abordar la muerte lo hicieran con esta calidad literaria y candidez emocional. Una maravilla más de Kitty Crowther, entre tantas que seguiremos recuperando.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.ecoledesloisirs.fr/livre/visite-petite-mort

Instagram Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/

Referencias

Beckett, S. L. (2012). Picturebooks with cross-generational themes. En S. L. Beckett, Crossover Picturebooks: a genre for all-ages (pp. 209-272). Routledge

Kümmerling-Meibauer, B. (2015). From baby books to picturebooks for adults: European picturebooks in the new millennium. Word & Image, 31(3), 249–264. doi:10.1080/02666286.2015.1032519 

jueves, 18 de febrero de 2021

Entradas en azul. Isol. Piñatas. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Piñatas

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Álbumes del eclipse

Año: 2004

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 19 x 19 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Si devoción se expresó en la anterior reseña por Javier Sáez Castán, no son menos los elogios para la obra de Marisol Misenta, Isol. De nuevo, una advertencia por si alguien sigue la actividad de este blog: no será la última entrada dedicada a uno de sus libros. En el II Seminario "La literatura hispanoamericana en el aula: Maestro Benedetti y otras propuestas didácticas" participé con una comunicación dedicada a su obra que titulé “LIJ naíf y feroz: la infancia en los álbumes de Isol” en la que me adentré por las características de su obra y el retrato de una infancia que bebe de personajes que mantienen la jovialidad infantil y presentan características propias del pensamiento adulto. Un equilibrio que resulta humorístico, pero afilado también para el lector adulto que acompaña la lectura. En muchas entrevistas ha citado su admiración por Quino y Mafalda, algo que nos clarifica la construcción de sus personajes. Os recomiendo la lectura de una entrada de su blog después del fallecimiento del genial autor (enlace) en el blog de Daniel Goldín.

Piñatas aparece en una progresión de títulos que van desde el inicio de su andadura con el Premio de la publicación de la Colección a la orilla del viento (que este año cumplirá 30 años) con el divertido Vida de perros (1997) y encadenar libros clásicos en el formato álbum cada vez más refinados del trazo primitivista de sus primeros libros hasta El globo (2002) y Secreto de familia (2003) o la ilustración para el cuento de Paul Auster (que tuvo su adaptación al cine con Smoke con Harvey Keitel interpretando a ese vendedor de puros cuya afición era tomar diariamente una instantánea del mismo lugar de su barrio) El cuento de Auggie Wren (2003). Libros que le sirvieron para afianzar su nombre y entrar en la lista de los White Ravens.

En este álbum, retomamos la narración de un niño en primera persona (del que desconocemos su nombre, un detalle que suele ser habitual en sus libros) que se muestra preocupado por la asistencia a una fiesta de cumpleaños (otro libro-álbum con una premisa similar es ¿Qué tal si…? de Anthony Browne) en la que se encontrará con una gran piñata que deberá golpear. En estas secuencias iniciales observamos a nuestro protagonista cuestionándose su papel en esa fiesta (no sabía que Juan, el anfitrión, reparase en él) y mantiene la distancia entre sus pensamientos introvertidos con la diversión irracional del resto de sus compañeros (“lo que me temía: ¡salvajadas!”) y con un tono de sabelotodo algo repipi (“En fin, todo muy rústico”).


Llega el momento de romper la piñata, le vendan los ojos, la oscuridad se apodera de la narración y …¡sorpresa! Aparece en el País de las Piñatas Rotas. Esa puerta a una nueva dimensión onírica en la que se encontrará con un personaje guía que le cuenta las historias de ese mundo. Una bonita metáfora sobre la ruptura de muros mentales y que me recuerda a una letra de la banda norteamericana Giant Sand, Bottom line man:

When folks fall in love they are delivered to the unknown.

Fools that never fall are in love with the safety zone.

You can end up all crippled up by the crazy seeds you've sown.

Therein lies the crux of the sweet flux of such irresistible moan

Referencias musicales que no son gratuitas en el universo de Isol (con su banda Entre Ríos o con su hermano en Sima), como tampoco el aire circense y absurdo de una fiesta de cumpleaños que nos recuerda a sus ilustraciones en sus inicios en homenaje a la música de Nick Cave (y a su primera banda, The Birthday Party) que figuraban en su web (dominio que ahora no se encuentra disponible), así como al imaginario entrecruzado entre El cielo sobre Berlín de Wim Wenders y la aparición de la música de Nick Cave en el encuentro del personaje de Bruno Ganz con la trapecista (y The Carny como banda sonora) que ella en 1993 titularía El Circo.

Isol. Viñeta de Feliz cumpleaños (1996)

Dejando de lado todo este maremoto hipertextual, la resolución en Piñatas mantiene la vuelta a la realidad jugando con el surrealismo y la idea de sueño del protagonista, para finalizar con otro aspecto recurrente en su obra: un final abierto y sin una moraleja que profundiza en el humor cáustico de sus libros (aunque, hay una coda a la narración en el que las piñatas rotas encuentran un final feliz). Libros que divierten por el interés de la infancia en esas temáticas, por desmontar al adulto que acompaña y hace una lectura a otro nivel, y desprovistas de complejos en personajes que se enfrentan a una realidad compleja, en muchas ocasiones absurda, y la cuestionan. Una cuestión que deberían cumplir los libros infantiles y, por desgracia, muchas veces olvidan.

Volviendo al inicio del libro,  recuperamos la referencia a la canción popular mexicana de romper piñatas:

Dale, dale, dale

no pierdas el tino,

porque si lo pierdes,

pierdes el camino.



Fran Martínez

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Web de la editorial:

http://www.ekare.com/ekare/el-armario-chino/

 Blog de Isol

http://isolisol.blogspot.com/

 

 

 

 

 

domingo, 3 de enero de 2021

Entradas en azul. Libro de nanas. Selección de Herrín Hidalgo e ilustraciones de Noemí Villamuza. Media Vaca

 

Título: Libro de nanas

Autores: Antología de autores. Selección de Herrín Hidalgo

Ilustradora: Noemí Villamuza

Editorial: Media Vaca

Colección: Libros para niños; 12

Año: 2004

Páginas: 120

Encuadernación y formato: 18,5 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

El catálogo de la editorial valenciana Media Vaca está repleto de tesoros y la colección de libros para niños con la labor de Vicente Ferrer Azcoiti y Begoña Lobo Abascal en su objetivo de prestigiar al lector con libros que cuidan su edición y rehúyen de los estereotipos, así como una coherencia interna en su trabajo. Muchas de estas claves, las da Vicente Ferrer en esta entrevista integrada en Cervantes Virtual y que, antes de iniciar esta reseña es muy representativa de su labor, premiada en 2018 con el Premio a la Mejor Labor Editorial Cultural y en la Feria de Bolonia ha recibido en diferentes distinciones a su labor como en 2016 con la colección Libros para mañana, que también recordaremos en este blog. Os dejamos la entrevista a Vicente Ferrer.


Con este precioso Libro de nanas encontramos una magnífica selección poética de autoría de aquí: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Gloria Fuertes, José Agustín Goytisolo o Bernardo Atxaga; también del otro lado del Atlántico: Nicolás Guillén o Gabriela Mistral. Además, otra curiosa decisión en la selección de textos es la inclusión de las letras de canciones de Vainica Doble (Nana de una madre muy madre, del sensacional Heliotropo de 1973), Víctor Jara o una referencia como Marilina Ross (Canción de cuna para despertar a un hijo). Es una decisión que huye de la recopilación de canciones de cuna de la tradición oral y opta por la recuperación de un tipo de poesía a la que grandes nombres de la Literatura se acercaron con interés, a los que la adición de Herrín Hidalgo de estas composiciones nos transporta directamente a un universo, el musical, en el que también encontramos ejemplos de arrullos para dormir entre notas musicales y, muchas veces, empleando el compás del waltz o el sonido que nos transporta a un universo de notas cálidamente arropadas entre el candor de cajas de músicas y el espíritu folk más hippie. Para finalizar con el plano musical, otro aspecto que entronca con la característica de las nanas: la creación de un mantra repetitivo en el que arropar el canto. O no.

Esto nos conecta con la necesidad de la calidez humana y como prácticas que se ponen de moda en nuevas plataformas como YouTube con canales dedicados al ASMR que son, a fin de cuentas, el susurro para dormir. En el sentido opuesto, canales y discos de música experimental, ambient (entiéndase desde la perspectiva de autores como Brian Eno y no la música New Age) y con un disco como Lullaby de Loren Mazzacane Connors como un clásico personal que me gustaría compartir en el blog. También es habitual encontrar horas de sonidos de grabaciones de campo (field recordings) o discos específicos para adormilarse (Max Richter y las ocho horas de Sleep).

Retomando el contenido de la joya Libro de nanas, a una selección poética excelente y con un contenido cultural e ideológico innegable que se representa en el inicio con las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Además, el tratamiento de la ilustración sensacional de Noemí Villamuza con un zoom que emplea cinco dobles páginas para adentrarnos en ese texto: de una madre arropando en la cuna que se adentra en su tejido para adentrarnos en un cielo de estrellas y un globo con forma de cebolla que transporta la cuna surcando el cielo. La musicalidad sigue presente en la jitanjáfora de Emilio Ballaga, Para dormir a un negrito, y como no en la poesía de Nicolás Guillén en Canción de cuna para despertar a un negrito

Finalmente, debilidades como las nanas de Gloria Fuertes que nos hacen esbozar una sonrisa (Nana de mi padre, Nana para despertar a un pie o Nana de la nena pena), surrealistas (Nana al nene) y nos estremecen en Nana al niño que nació muerto: “late un momento rey; -la madre dice-; deja que me dé tiempo; a que te bautice” (p.61). Las nanas recopiladas de Gabriela Mistral son otra de las maravillas que esconde este libro, pero que no se queda ahí.

La segunda parte del libro se adentra en la recuperación de la conferencia de Federico García Lorca en 1928, en la que nos adentra en las particularidades de este tipo de composición y recorremos sus expresiones en diferentes puntos geográficos (un mapa melódico según el autor). En ese sentido, el contenido de la conferencia también aporta una segunda selección de textos tradicionales indirectamente: a través de la recopilación de ejemplos de Federico García Lorca, así como un análisis de dicho material lírico. 

Igualmente, maravilloso es el recorrido de Gabriel Celaya por ese mapa melódico que decía Lorca, extraído de La voz de los niños (1972) en el que recorremos las expresiones de estos cantos por sus fórmulas, ritmos, similitudes, imaginario o simbolismo y geografía. Y, como ya dice el título, se cierra este apartado con Colofón con cara de excusa de Gabriela Mistral y la preciosa reflexión sobre sus composiciones: “Pudieran no servir a nadie y las haría lo mismo. Tal vez a causa de que mi vida fue dura, bendije siempre el sueño y lo doy por la más ancha gracia divina” (p.108).

El contenido de Libro de nanas se beneficia de las ilustraciones de Noemí Villamuza que están cargadas de belleza en blanco y negro, al igual que las realizadas más tarde (en 2012) para el sensacional recopilatorio de Marta Vidal: Cancionero infantil. Una trayectoria en el libro ilustrado que es reconocible al instante (y que en la próxima entrada recuperaremos). Finalmente, un índice que también tiene un tratamiento cuidado al aportarnos información sobre la autoría de estas. Un ejemplo del cuidado al detalle por cada aspecto del libro de la editorial: prestigia al lector y al libro. Imprescindible.


Imagen de la editorial Media Vaca: enlace 

Fran Martínez

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Web de la editorial Media Vaca:

https://www.mediavaca.com/es/libros-para-nianos/libro-de-nanas

Instagram Editorial Media Vaca:

https://www.instagram.com/editorialmediavaca/?hl=es

Web de Noemí Villamuza

https://www.noemivillamuza.com/