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martes, 14 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Kveta Pacovská. Alphabet. TATE

 

Título: Alphabet

Autora e ilustradora: Kveta Pacovská

Editorial: TATE

Año: 2012. Original: 1992

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 24,4 x 24,4 cm. Tapa dura.

Idioma: inglés

Reseña:


Pese a que Alphabet es el libro que corona este encabezamiento, la entrada está dedicada a un paseo por los imagiarios de Kveta Pacovská (1928), que fue editado originalmente en el mercado alemán en 1992 y, ese mismo año, fue premiada con el Premio Andersen de ilustración. Como maestro de educación infantil siento una conexión especial con estos libros de primeros conceptos convertidos en obras de arte que en mi mente se ubican en la batidora de la ilustración rusa de principios del siglo XX, el arte abstracto con Paul Klee y la Bauhaus tamizados por el túrmix punk, el máximo contraste para una fiesta cromática carnavalesca, el collage y el surrealismo de Sedmikrásky [Las margaritas] de Věra Chytilová y la nueva ola checoslovaca. Libros sensoriales para tocar y descubrir, troquelados, fragmentos de láminas en espejo y personajes con expresiones con perfiles reconocibles en sus narices, ojos y pestañas. Una experiencia tridimensional para el lector infantil desde la explosión artística de una autora querida y reconocida a lo largo del tiempo.


Han pasado por el blog otros ejemplos narrativos o la mención a sus adaptaciones de narrativa de tradición oral, pero títulos como este alfabeto (ya pasó por el blog el de Sonia Delaunay y, como no, mencionamos el de Marion Bataille que también sería otro ejemplo dentro de ese grupo de alfabetos maravillosos), Uno, cinco, muchos o Colores colores serían otras de las joyas en las que se centra esta entrada. Y, como colofón absoluto de todo ese poder evocador y expresivo de su arte el ejercicio de estilo en el acordeón que editó en 2010 en Éditions des Grandes Personnes con Couleurs du jour (Los colores de los días) de 168 páginas. En su prólogo nos habla de cómo imaginaba los colores con 10 años: lunes, verde; martes, azul; miércoles, naranja; jueves, rosa; viernes, canela; sábado, marrón y domingo con las orejas amarillas. Este mismo fragmento lo leímos en el monográfico de la Revista Peonza en su especial de los números 75-76 en el que leemos esa eterna frase que siempre se asocia a su nombre: 

“El libro puede ser una primera visita a una galería de arte para un niño; podría ser un pequeño Museo de Palabras e Ilustraciones para hacer que el lector se sienta a gusto, libre y feliz. Es un “espacio abierto” para dar y recibir ideas. Es un museo para ti y para mí” (Revista Peonza, El color del ágora, p. 143)











Sobre el espacio que busca en sus creaciones y la complicidad en la cuarta dimensión con el lector se puede leer en las respuestas de la entrevista. Comentar sus obras una a una en esta entrada es irrelevante, una tarea inútil que depende del espectador en contacto con el libro vive fuera del pensamiento del adulto que puede comentar este libro y vive dentro del lector infantil que recibe esta explosión artística y sensorial. No seré yo el que hable del canon en literatura infantil (también es bastante infantil en sí el concepto), pero los álbumes de Kveta Pacovská ofrecen una experiencia única a la que seguiré disfrutando en el aula. 

 

 

 

Fran Martínez

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Referencia

Pacovská, K. (2006). El arte del libro ilustrado y yo. Asociación Cultural Peonza. El arte y el álbum ilustrado [Monográfico] Peonza, 75(76), 143-145.

martes, 7 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Germano Zullo y Albertine. Ligne 135. La joie de lire

 

Título: Ligne 135

Autor: Germano Zullo

Ilustradora: Albertine

Editorial: La Joie de Lire

Año: 2012

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 33 x 19,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Otros sospechosos habituales en las reseñas de este año han sido la pareja suiza formada por Germano Zullo y la última ganadora del Premio Andersen de ilustración: Albertine. Para completar el cuarteto de reseñas junto a Los pájaros, El presidente del mundo y Mi pequeño. Con Línea 135 (editado en castellano por Calibroscopio) nos encontramos en un punto intermedio de sus dos álbumes previos: el aspecto filosófico de Los pájaros e inversión del formato de Los rascacielos al plano horizontal (y con una sutil crítica paralela al desarrollo de las sociedades industriales que era más evidente en la pugna de la opulencia de dos mequetrefes). La línea del título es la del tren y será una constante en el álbum, pese a que se emplearán diferentes aproximaciones: acercamiento/alejamiento o desplazamiento. Con el mismo recurso del blanco y negro de Los rascacielos (con la única aportación de color del tren) se inicia un trayecto que comienza con la madre y la niña caminando hasta la estación de la mano (conexión maternofilial que elevarían aún más en Mi pequeño).

La narración en primera persona de la niña comienza en el momento que se sube en el tren, se despide de su madre y nos relata su sentido de pertenencia con dos lugares: su casa en la ciudad y la casa de campo de su abuela. Volvemos al simbolismo de la distancia entre el campo y la ciudad. Lo que conoceremos en este trayecto es el relato de la niña que observará, al igual que el lector, todos aquellos espacios que describe el paisaje. De una ciudad con grandes rascacielos en la que se inicia su viaje hasta, como dice la niña, hasta la otra parte del mundo donde vive su abuela. Como en el clásico de Alice y Martin Provensen, iniciamos el viaje reconociendo elementos de la gran ciudad, la publicidad, los establecimientos, pero el texto no se limita a describir el espacio, sino a la apertura de los espacios para que el lector realice segundas lecturas: “cuando te desplazas de un lugar a otro, se llama viajar” (y observamos ahora las afueras de la ciudad, nos alejamos de los rascacielos y, ahora, aparece la vida en las calles e, inclusive, la escuela).


Conocemos sus deseos por viajar alrededor del mundo (en construcción constantemente), aunque le digan que eso es imposible (observamos grandes atascos entre la laberíntica vertebración de carreteras). Mientras los pensamientos sobre sus aspiraciones en el sendero de la vida se plasman en el texto, el viaje sigue con la lógica de la salida de la ciudad hasta el campo donde vive la abuela, y se refleja la diversidad de entornos espaciales (el polígono industrial, los chalets, el vertedero) hasta encontrarnos en el lado del paisaje rural en el que las ilustraciones nos irán adentrando en un creciente número de detalles y adentrando en un espacio de naturaleza surrealista. Mientras, la niña nos seguirá contando los consejos y cosas que les dicen su madre y abuela (la vida pasa rápido, ya lo verás).

De manera sugerente nos habla de la voz de la experiencia, pero también del pragmatismo por advertir de las experiencias que no se pueden anticipar cuando eres pequeño. Y, una declaración de intenciones maravillosa: “Cuando sea mayor, me aseguraré de que la vida se mueva conmigo”. Ese pensamiento, crea entornos aún más disparatados e imposibles, tal vez por la dificultad en la edad adulta por abandonarnos a la rutina. La voluntad y determinación por hacerlo posible es la luz que nunca se debe apagar, como cantarían The Smiths.

En el plano de la ilustración, la ausencia de texto también funcionaría para reflejar un viaje maravilloso de un lado a otro. En los términos más estrictos. El texto de Germano Zullo transforma en poesía dicho viaje. Un viaje en el que se escoge el tren y, nos introduce en ese estado de ánimo cuando se viaja solo: un momento de calma y reflexión en el que viajamos con gente completamente desconocida llevando consigo sus vidas, sueños y preocupaciones. Muchos recordarán esa sensación viajando en tren y observando por la ventanilla el paso por diferentes paisajes en los que enfrentar memorias del pasado, la belleza del presente y el cosquilleo por el futuro incierto. Y, como nuestra protagonista, no olviden que hay que disfrutar de esta vida en tránsito. Además, no olviden que muchos viajes también son de ida y vuelta (reflejado a la perfección en el formato del álbum en el que la contracubierta nos llevará de nuevo al punto de origen). Como cantaba Bill Callahan: 

Turn around, turn around, turn around

And you may come full circle

And be new here again


Y, como no, se podría decir aquello de "sean siempre ustedes mismos", excepto si son idiotas. Ustedes ya saben a quién me refiero.


 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.lajoiedelire.ch/en/livre/ligne-135/  

Instagram Zullo & Albertine

https://www.instagram.com/albertine.zullo/?hl=es

 


lunes, 6 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Tomi Ungerer. Rufus: el murciélago que adoraba los colores. Kalandraka

 

Título: Rufus: el murciélago que adoraba los colores

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Sandra Senra Gómez y Óscar Senra Gómez

Editorial: Kalandraka

Año: 2017. Original: 1961

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 20 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Si con Flix celebramos el reencuentro con el autor y su visión sobre la unión independientemente de la procedencia, con Rufus cerramos otro aspecto interesante en su obra como fue el convertir en protagonistas a los animales estereotipados normalmente con roles antagonistas o de villanos. Así, la serpiente Críctor en 1958 (después de sus primeros álbumes dedicados a la familia de Los Melops), Adelaida la cangura alada en 1959 y el pulpo Emilio amigo del capitán Samofar en 1960 fueron los precedentes al murciélago Rufus. En los títulos anteriores tenemos la visión de héroes de Críctor y Emilio ante malhechores, el rescate en el edificio en llamas de Adelaida y, el buitre mexicano Orlando ya llegaría en 1966. También me hubiera gustado repasar otros referentes más cercanos a la narrativa de tradición oral como El ogro de Zeralda (orig. 1967), la cerillera de Andersen en Allumette (1974) o la caperucita motorizada de Zloty (esta ya en 2009, aunque caperucita también fue centro de sus carteles).

Los colores de la portada nos recuerdan inevitablemente a Los tres bandidos (colores oscuros como el azul y el negro) que llegaría en 1962 (el mismo año que Caracol, ¿dónde estás?), pero Rufus desierta una particular ternura por la incomprensión que le rodea (algo que Ungerer maneja con gran habilidad). Rufus, el murciélago que sale por las noches a cazar descubre el mundo tecnicolor a través del cine (con un western) y descubre con entusiasmo algo que, hasta ahora, por su naturaleza, le era desconocido. La ilustración de Rufus observando el amanecer desde su cueva solitaria es una de esas estampas inolvidables que nos ha regalado Ungerer. 

En contraposición, el blanco para el descubrimiento de la luz y el colorido en el plumaje de los pájaros, en las flores y las mariposas (como aprendimos de Gioconda Belli, las mariposas son flores aladas). Rufus decide salir de la cueva y participar de ese mundo colorido: orgulloso por decidir su identidad, pero incomprendido y maltratado a los ojos de los demás. Un mensaje que continúa vigente y que, por desgracia, se refleja en agresiones y víctimas de una de nuestras peores lacras sociales: la inmundicia moral de mentalidades ultraconservadoras. 


Finalmente, la amistad con el doctor Tarturo, las sesiones de cine conjuntas y las visitas una vez que recuperado vuelve a su cueva. Las interpretaciones de un álbum escrito hace seis décadas son diferentes dependiendo del contexto. Tal vez Ungerer estuviera más interesado en reflejar otros aspectos étnicos, pero igualmente provocador sobre las consecuencias de los prejuicios sociales sobre los demás y, quizás celebrar la amistad de los dos personajes más allá de lo que piensen los demás. Aceptar quién eres y dedicar esta canción al resto. Lean (ustedes y a otros) y disfruten de Tomi Ungerer. Llenen sus estanterías y diviértanse. Nuestro nº1 en el cielo. Rufus es un álbum con elementos recurrentes en la obra del autor y, sin embargo, tiene algo único e irresistible y que, como toda debilidad personal, es difícil describir. Eso sí, más claro tenemos nuestra adoración a Tomi Ungerer. 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/rufus_el_murcielago_que_adoraba_los_colores-978-84-8464-314-2-castellano-2154.html  

Web de Tomi Ungerer

https://www.tomiungerer.com/

Entradas en azul. Tomi Ungerer. Flix. Ediciones Ekaré

 

Título: Flix

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Carmen Diana Dearden

Editorial: Ekaré

Año: 2013. Original: 1997

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 28 x 22,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

No podía faltar Tomi Ungerer en este tramo final y, en esta ocasión, por partida doble. La primera entrada se la dedicamos al icónico Flix que marcó su retorno en 1997 y, el año siguiente, se alzaría con el Premio Andersen. Por el blog han pasado joyas como El hombre niebla (Lóguez, 2013), Hombre Luna (Libros del zorro rojo, 2012), el distópico mensaje de Non stop (Kalandraka, 2019) y, como no, el icónico Los tres bandidos (Kalandraka, 2007). Y, sencillamente, sus títulos no pierden vigencia. Sobre la maravillosa historia de Flix, queda el testimonio de su argumento en su web:

“Flix is about making the best of your differences – we are all equal and we are all different. Everyone has something to offer. Flix shows us that with comedy you can overcome any dogstacle.” (Tomi, enlace web Ungerer)

Esa invitación al divertimento a través de la biografía del perro nacido en una familia de gatos (el año siguiente publicó el maravilloso Otto: autobiografía de un osito de peluche) esconde diferentes cuestiones tan esenciales como quiénes somos o qué define nuestra persona: la parte genética o la social. Trufado de detalles culturales en el mundo de gatos y perros, enemistados y separados, con su habitual sorna y un mundo en el que Flix (un perro con padres gatos) debe perseverar para ganarse la aceptación de ambos grupos (que, inicialmente, lo rechazan). 



Pese a que su aceptación en ambas comunidades tiene que verse sometido a la realización de una proeza (la solidaridad y la vida por encima del quién), observamos un elemento poco frecuente en la literatura infantil: la resolución a partir de la creación de un partido político que no enfrente a ambos bandos. Y, por desgracia, en la clase política y los medios de comunicación se prefiere vivir mejor con la polarización (crea tu nicho, segmenta el mercado, posiciónate en la opinión pública, crea tu marca, sé reconocible… inmundicia). De nuevo, en esa resolución tenemos otra de las estampas que siempre disfruto con Ungerer: la algarabía de la celebración.


Además del álbum, la vida de Flix parece que continúa con un proyecto de serie animada (consta de 52 episodios y Aria Ungerer como una de sus productoras) y que se sumará Hombre Luna la traslación de sus obras a la pantalla (en este punto hay que recordar el éxito de la serie a partir de Petit de Isol en Argentina). Por el momento tan solo se conoce este fragmento en el canal de Tomi Ungerer en YouTube. Además, para finalizar, con el aspecto de gatos (como en los bólidos en el álbum) el diseño arquitectónico de Ungerer para una escuela infantil y, recomiendo que deis una ojeada a otras instalaciones del genial Tomi (hasta su obra erótica).

 



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.ekare.com/ekare/flix/

Web de Tomi Ungerer

https://www.tomiungerer.com/

martes, 30 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Anthony Browne. El juego de las formas. Fondo de Cultura Económica

 

Título: El juego de las formas

Autor e ilustrador: Anthony Browne

Traducción: Ernestina Loyo

Editorial: FCE

Colección: Los especiales A la orilla del viento

Año: 2004

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cerrando el mes de noviembre la nueva visita de Anthony Browne (Premio Andersen 2000, en la edición del 98 lo fue Ungerer y en la de 2002 Quentin Blake) uno de los autores más queridos, citados y galardonados de la Literatura Infantil. Es complicado escoger un álbum concreto para hablar de Browne (previamente reseñé Las pinturas de Willy y, cuando Sandra se encargaba de este espacio, pasaron los icónicos Gorila, Voces en el Parque o En el bosque. La lista de favoritos no acabaría aquí y, como muestra, un pequeño recordatorio de los sensacionales álbumes de su alter ego Willy (especialmente Willy el Tímido con el que recuerdo las clases con Sara Fernández y Willy el soñador por su increíble relectura del arte y la cultura), sus versiones de clásicos como Los tres osos y Hansel y Gretel, el desternillante Cosita Linda y su pasión por King Kong (también en formato álbum), abordar los miedos ante los cambios en el núcleo familiar con Cambios o The visitors who came to stay, la metaficcionalidad de los Cuentos de osito, el posicionamiento ideológico con Zoológico y, la obra maestra El túnel. Innumerables muestras del talento y el arte puesto a disposición de la infancia (y de un lector adulto que conecta con su imaginario) y que ha sido una invitación al lector para rodearse del museo imaginario de Browne en sus libros.


Curiosamente, con este álbum la traslación de esa lógica se basó en la intervención de Anthony Browne dentro del TATE con un proyecto llamado Caminos visuales con el que trabajó con un millar de niños y niñas de barrios desfavorecidos a partir de las obras expuestas en el museo para la enseñanza de la lectoescritura. Este juego de las formas también ha sido título de un manual posterior en el que detalla su trayectoria e inspiración siendo el título el nombre del juego que inventó con su hermano para inventar algo nuevo a partir de un elemento dado (algunos recordarán las pruebas psicométricas de creatividad de finales de los años sesenta de Torrance). Así, El juego de las formas es un tipo de álbum que (como ya señalamos en otras entradas sobre los estudios de Beckett) centra su exposición al arte enmarcando (nunca mejor dicho) su narrativa a las situaciones dentro de un museo (como citamos antes a Blake, podemos citar ese Cuéntame un cuadro o Jon Scieszka com MoMa en busca del arte o Mi Museo de Joanne Liu) y las obras artísticas. El álbum también desprende ese tono autobiográfico desde la primera página y el recuerdo de la primera visita a un museo con su familia. La narración en primera persona refleja sus ideas preconcebidas sobre qué habría en el museo, el reflejo de la sensación inicial en la entrada, la extrañeza de enfrentarse a expresiones artísticas conceptuales o abstractas (y con la vista compartida de su punto de vista estando ilustrados de espaldas).

Observen esa focalización vicaria y los diferentes niveles de integración en los marcos de los miembros de la familia

La visita progresa y se descubren aspectos sobre obras expuestas, cómo dirigir la mirada a sus detalles e iniciando juegos a partir del escrutinio de los detalles de las obras (y, en ese encuentra las diferencias, Browne desarrolla su juego de las formas) e incluso, imaginarse dentro de esas estampas (o que estas cobren vida). Un álbum estimulante y el juego final (como recordamos El problema de Iwona Chmielewska o el huevo verde del Test de Creatividad de Torrance) de un álbum que también ha sido objeto de investigaciones sobre arte y libro-álbum tanto desde el enfoque multimodal por Serafini (2015), la citada visita a museos en álbumes en Serafini y Rylak (2021) o como señalaba Evans (2009): “The shape game can be used to ‘teach’ readers how to respond to and appreciate works of art whilst also being a work of art in its own right and at one point Browne shows how to interpret a nineteenth century painting” (p.  180).

En los últimos años también encontramos muchos álbumes que toman ese juego de la interpictorialidad (otro ejemplo destacado de integración personal de estos elementos es Gilles Bachelet) para la inclusión de referencias al arte (obras, autores o corrientes artísticas) y, en el caso de Browne, el viaje siempre es una exposición a la activación de saberes culturales, literarios y artísticos reflejados en narraciones que invitan a su relectura (disfrutándolas desde los diferentes planos propuestos). También hay ejemplos que han aprovechado esta tendencia para la creación de álbumes biográficos sobre autores específicos (y, muchas veces, con cierto tufillo utilitarista), pero disfrutar del surrealismo (su fijación por Magritte) en sus álbumes es todo un regalo. Disfruten.



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681671846/F  

Referencias

Evans, J. (2009). Creative and aesthetic responses to picturebooks and fine art. Education 3-13, 37(2), 177–190. https://doi.org/10.1080/03004270902922094

Serafini, F. (2015). Considering fine art and picturebooks. The Reading Teacher, 69(1), 87–90. https://doi.org/10.1002/trtr.1382

Serafini, F., & Rylak, D. (2021). Representations of Museums and Museum Visits in Narrative Picturebooks. 10(1), 45–62. https://doi.org/10.21066/carcl.libri.10.1.3

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Roberto Innocenti. La casa. Kalandraka

 

Título: La casa

Autor: J. Patrick Lewis

Ilustrador: Roberto Innocenti

Traducción: Silvia Pérez Tato

Editorial: Kalandraka

Año: 2010

Páginas:

Encuadernación y formato: 5 x cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cómo un ilustrador amplifica un texto por las decisiones que toma al respecto a la ilustración. Esta semana hemos tenido el cómic de Ana Penyas y, de una manera similar, con este álbum no podemos olvidar otra obra de arte como Aquí de Robert McGuire. En formato álbum hay una buena cantidad de ejemplos y, a modo de memorias de un espacio, otra casa como The house by the lake convirtiendo el texto de Thomas Harding a un álbum con las ilustraciones de Britta Teckentrupp. La casa es un álbum escrito por J. Patrick Lewis e ilustrado por Roberto Innocenti (Premio Andersen de ilustración 2008) que Kalandraka publicó en 2010. Vuelta de una pareja que ya había creado otra maravilla en formato álbum como El último refugio (2003) en el que recuperan el elemento de la memoria y el recuerdo en este sensacional álbum. La historia nos cuenta el paso del tiempo durante el siglo XX a través de una casa construida, como se aprecia en el texto introductorio, en 1656, año de la peste. El libro se compone por secciones en las que se observa una pequeña ilustración y un texto que dan lugar a una ilustración a dos páginas para, de esta manera, introducirse en el descubrimiento de ese lugar que ha visto desde sus ventanas y el crepitar de sus cimientos el paso del tiempo. Espectadora impasible de la historia de un territorio, siempre acogedora.

Se trata de un libro fascinante, cuyas ilustraciones hablan por sí mismas, sin la necesidad del texto que nos cuenta, al igual que el cine mudo, lo que ya podemos deducir por la escena. Por otra parte, tan necesario para la comprensión del joven lector de las idas y venidas presenciadas en la historia de la casa que es, en definitiva, la de nuestra cultura. Estas ilustraciones transcurren en un único plano que nos permite observar la evolución y los cambios que se producen en ella durante el siglo XX. Estaciones, nacimientos e incluso guerras suceden entre las paredes y los alrededores de esta gran casa familiar. La fuerza y el virtuosismo de Innocenti llena de detalles cada ilustración, que podemos comparar, remirar, analizar e indagar durante horas y horas. La maestría de Roberto Innocenti nos muestra una profunda documentación histórica que nos desvela en cada página el modo de vivir a través de los personajes, sus ropas, costumbres, acontecimientos familiares, sus labores y trabajos, así como los objetos típicos de la época en la que viven. Así, como sus gestos y expresiones ante cada acontecimiento.



A través de las ilustraciones podemos apreciar como el paso del tiempo deteriora lo que en un momento fue una casa llena de alegría y vida. Se discierne también cómo la sociedad evoluciona y se pierde la perspectiva del mundo rural para dar paso a la sociedad moderna, que en ocasiones conlleva la pérdida de su esencia. La obra comienza con el hallazgo de una casa deteriorada, que hace muchos años dejó de tener vida, fue abandonada y olvidada, pero su descubrimiento por parte de estas nuevas personas traerá luz y calor a las paredes que un día albergaron generaciones de familias. Estos nuevos habitantes reconstruirán la casa y durante todo un siglo nos convertiremos en espectadores del desarrollo de los acontecimientos de cada época. Finalmente, la casa perderá a su último habitante y volverá a quedar abandonada, pero como ocurre en ocasiones, esta casa volverá a revivir readaptándose a la nueva sociedad y enseñando esos cambios modernos que ha sufrido. Es una metáfora clara de cómo cambian las sociedades, tal vez evidente en sus fachadas, pero con un esqueleto que se mantiene a través de generaciones y la misma misión: acoger.

El formato del álbum, y de gran tamaño como es costumbre en la obra de Roberto Innocenti, permite compaginar la escasez del texto con otras ilustraciones a doble página en el que detallismo del ilustrador sirve como excusa para adentrarse a su exploración. Esta revelará al lector visiones de un lugar perdido, una conexión con el recuerdo de la vida de otra época, las memorias y diferentes tesituras que viven las diferentes familias y generaciones. La comprensión del tránsito de las diferentes personas a través de un lugar, un espacio inamovible, que recuerda las múltiples historias impregnadas en cada ladrillo. Una puerta abierta para el diálogo en el aula sobre las acciones y consecuencias que dejamos a nuestro paso. Tal vez, también conversar sobre cómo esperan que sea ese paisaje el próximo siglo. En definitiva, La casa es una obra con una gran carga visual que transmite el paso del tiempo y las diferencias sociales que podemos encontrar según el siglo en el que estemos. Una obra digna de conocer. 

 

 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/la_casa-978-84-92608-23-2-castellano-834.html

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch. La creación; El viaje de Olek y El paraíso. Barbara Fiore

 

Título: La creación

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Anna Bellosta García y Mariona Gratacòs i Grau

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2006

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 25 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una dupla reconocida con el Premio Astrid Lindgren: el alemán Wolf Erlbruch y el belga Bart Moeyaert. Sobre el célebre autor e ilustrador Wolf Erlbruch hemos realizado diferentes entradas y, en esta recta final del blog, tenía especial interés en reflejar temáticas poco habituales en la Literatura Infantil como la religión. Además, es una temática con posturas opuestas: el lado laico que evita todas estas cuestiones por principios y, por otra parte, los centros religiosos que es una de sus piedras fundacionales. Desde el lado menos creyente, personalmente, estas temáticas de entrada me hacen huir como de la peste. Como cualquier hijo de vecino, tengo mis prejuicios e ideales. Así, el reflejo de estas cuestiones desde el imaginario religioso (católico en nuestro contexto) no dejan de tener un contenido simbólico y fantasioso, además de una traslación artística (como aquel álbum de Andrea Antinori sobre el cuadro de James Ensor La entrada de Cristo en Bruselas).

Junto a Bart Moeyaert se publicaron tres álbumes en la editorial Barbara Fiore (además de La creación, El viaje de Olek y El Paraíso) sobre los que nos detendremos en esta entrada. Comenzando por La creación: “Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar algo así. Imagina que todo lo que existe ahora todavía no existe”. En ese breve fragmento se continúa invitando al lector a descomponer toda su realidad: elimina la oscuridad e, inclusive, a tu madre. Y, no nos olvidamos del arte en esta aproximación de Moeyaert con su producción teatral para llevar la pieza de Haydn y que acabó con esta extensión en formato álbum. Me parece un inicio soberbio con la única ilustración de Erlbruch de esa madre en el lateral inferior derecho de la imagen. Si en La gran pregunta su estilo de collage era mucho más depurado y minimalista, este texto le viene como anillo al dedo. El texto de Moeyaert se narra en primera persona, ese yo (un hombrecillo) que intenta ubicar en dicha abstracción al lector desde la comicidad de estar en medio de la nada más absoluta: solo Dios y él sentados (el primero, relajado y, el hombrecillo, circunspecto). El texto no se define por su brevedad, pero la visión de Dios ante la nada es diametralmente opuesta a la impaciencia de la naturaleza humana. El papel de Dios es relatar con socarronería paciente y la curiosidad por conocer el origen de la creación. ¿En definitiva, quién no lo estaría?


A medida que Dios comienza la creación (la noche y el día), las preguntas del hombrecillo atónito y confuso ante la paciencia de ese Dios (con aspecto de hombre en túnica y una larga barba a modo de un sabio) que observa la materialización de sus creaciones. La actitud del hombrecillo poco impresionado por la aparición del mar y la tierra contrasta con la del Dios: sosegada y contemplativa de cada nuevo elemento incorporado a la paleta de su mundo. También observamos en el diálogo la comparación del hombrecillo con Dios: él tan importante y, el hombrecillo, tan insignificante.

Pero, ante esas maravillas creadas, también la acusación del hombrecillo: ¿por qué ese alarde? ¿Por qué hacerle espectador de tal espectáculo siendo tan insignificante? ¿Por qué debería importarle todo aquello si no había nadie más? Entonces aparece la fauna en la que los personajes se unen a un collage en el que peces, aves, cabras, gatos y… Sí, un pato asomando por el lateral izquierdo hacen su aparición. En esas cuestiones y anécdotas que rememora el hombrecillo el texto continúa y, finalmente, el fin de la creación: la pareja para el hombre y el descanso el último día de Dios en la creación. El texto finaliza repitiendo el fragmento del inicio para cerrar el sentido de la narración y que el lector cierre el círculo. Un texto filosófico y divertido sobre la creación con una visión calmada sobre una pregunta sin respuesta y con una bella inspiración poética. Abrazar lo desconocido con sensibilidad.


Título: El viaje de Olek

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: María Lerna

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 30 x 27 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Seguimos en terrenos fantásticos, pero si pasamos por La creación y Dios, ahora sobrevolamos el cuento de Afanasiev: El pájaro de fuego. Si el azul era el color definitorio en el título anterior, ahora lo será el rojo y el viaje de Olek (el personaje que siente la llamada a la aventura). Una aventura en la que encontrará diferentes pruebas que pondrán a prueba su voluntad altiva cimentada en la proeza de matar a un oso y hacerse un gorro con él. Esa será su vara de medida: derrotar a un oso en comparación con la prueba que se le presente. La primera, atarle los cordones a un niño que había caído al barro. Así, seguía sumando proezas y buenas acciones a su historial: “Aquí está Olek -dijo Olek-. Hago lo que puedo” como su mantra anta cada nueva acción. Después de las tres primeras, Olek se pierde en el bosque y ante él, un muro impenetrable de musgo que impide su paso. En ese tránsito encontrará a un pájaro rojo con un ala muerta y, a partir de ese momento, la aventura de Olek tomaría otros derroteros y pruebas como la de enfrentarse al mismísimo diablo. 


Un cuento fantástico en el que la bondad del héroe y su persistencia es recompensada al final del camino en el que se pone a prueba su voluntad. Las ilustraciones de Erlbruch de nuevo son un entramado minimalista entre el collage, el contraste del color con una limitada paleta y el trazo con el que dibuja un universo inconfundible.

Por último, rescato este corto animado dirigido por Vladimir Samsonov en 1984 con música de Stravinsky:




Título: El paraíso

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Goedele de Sterck

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 16 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Con El paraíso nos alejamos del formato álbum, destinado a un lector adulto, y encontramos con un libro magníficamente ilustrado por Wolf Erlbruch sobre la visión de Moayaert sobre el momento en el que Adán y Eva poblaban el planeta. La desnudez de los personajes y el reflejo de aquel entorno natural en el que habitaban, la manera en la que llegaron allí, las tareas que debían realizar para mantener aquel lugar: “Nos correspondían cuatro ríos y un terreno arbolado. Podíamos bañarnos en las aguas de los ríos. Debíamos limpiar el bosque y mantenerlo limpio” (p. 7). La descripción de la naturaleza, sus aromas y la atracción de sus cuerpos. El inicio de la vida en el paraíso y, poco a poco, con el transcurso del tiempo ver cómo algunas cosas eran frágiles y destinadas a desaparecer. Y, también, preguntarse por si ellos también eran de una naturaleza efímera. Y, a medida que los días y las tareas se suceden en el mismo lugar, la aparición del tedio. 


La insoportable levedad del ser que diría Kundera. Dos actitudes: persistir ante el temor de perder lo que se tiene o, por el contrario, cuestionar si aquello es lo que se desea. Las ilustraciones expresivas del hombre y la mujer, ante el dilema de cómo mantener la felicidad tal y como deberían y, por otra parte, la infelicidad de la rutina: “Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos” (p. 21). El modo en el que encuentran el equilibrio entre esas dos situaciones y visiones ocupará el final del relato con la manera con la que encontraron su lugar en el paraíso. Su visión propia.

Ahora, que suene Haydn y la Nederlands Blazers Ensemble.

 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/la_creacion


* Como añadido a la temática de la creación hilvanamos a partir de Wolf Erlbruch el recuerdo de un álbum poético maravilloso con textos de Gioconda Belli: El taller de las mariposas. En el que el joven diseñador Odaer deberá alcanzar dentro de sus creaciones en el Taller de los insectos uno de sus sueños: combinar una criatura que mezclase las características de un pájaro y una flor. Un texto maravilloso y unas ilustraciones de la etapa previa de Erlbruch con sus collages. 


Y, en la última puntada de la entrada, Gioconda Belli también participó en la colección poética de Libros de Cordel (Cortázar, Skármeta, Benedetti,...) en la editorial Libros del zorro rojo con Cuando floreció la risa (ilustrado por Alicia Baladan). En este caso, el jardín del Edén está en la selva del trópico donde Enea y Alia bajaron de la ceiba para comprobar que eran el primer hombre y la primera mujer. Y, en aquella selva, también floreció la risa.