Encuadernación
y formato:
28 x 22,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
No podía faltar Tomi Ungerer en este tramo final y, en esta
ocasión, por partida doble. La primera entrada se la dedicamos al icónico Flix
que marcó su retorno en 1997 y, el año siguiente, se alzaría con el Premio
Andersen. Por el blog han pasado joyas como El
hombre niebla(Lóguez, 2013), Hombre
Luna (Libros del zorro rojo, 2012), el distópico mensaje de Non
stop (Kalandraka, 2019) y, como no, el icónico Los
tres bandidos (Kalandraka, 2007). Y, sencillamente, sus títulos no
pierden vigencia. Sobre la maravillosa historia de Flix, queda el
testimonio de su argumento en su web:
“Flix is about making the best of your differences – we are
all equal and we are all different. Everyone has something to offer. Flix shows
us that with comedy you can overcome any dogstacle.” (Tomi, enlace web
Ungerer)
Esa invitación al divertimento a través de la biografía del
perro nacido en una familia de gatos (el año siguiente publicó el maravilloso Otto:
autobiografía de un osito de peluche) esconde diferentes cuestiones tan
esenciales como quiénes somos o qué define nuestra persona: la parte genética o
la social. Trufado de detalles culturales en el mundo de gatos y perros,
enemistados y separados, con su habitual sorna y un mundo en el que Flix (un
perro con padres gatos) debe perseverar para ganarse la aceptación de ambos
grupos (que, inicialmente, lo rechazan).
Pese a que su aceptación en ambas
comunidades tiene que verse sometido a la realización de una proeza (la solidaridad
y la vida por encima del quién), observamos un elemento poco frecuente en la
literatura infantil: la resolución a partir de la creación de un partido
político que no enfrente a ambos bandos. Y, por desgracia, en la clase política
y los medios de comunicación se prefiere vivir mejor con la polarización (crea
tu nicho, segmenta el mercado, posiciónate en la opinión pública, crea tu marca,
sé reconocible… inmundicia). De nuevo, en esa resolución tenemos otra de las estampas
que siempre disfruto con Ungerer: la algarabía de la celebración.
Además del álbum, la vida de Flix parece que continúa con un
proyecto de serie animada (consta de 52 episodios y Aria Ungerer como una de
sus productoras) y que se sumará Hombre Luna la traslación de sus obras
a la pantalla (en este punto hay que recordar el éxito de la serie a partir de Petit
de Isol en Argentina). Por el momento tan solo se conoce este fragmento en el
canal de Tomi Ungerer en YouTube. Además, para finalizar, con el aspecto de
gatos (como en los bólidos en el álbum) el diseño arquitectónico de Ungerer
para una escuela infantil y, recomiendo que deis una ojeada a otras instalaciones
del genial Tomi (hasta su obra erótica).
Una de las apariciones televisivas más divertidas fue la de
la banda Future Islands en el late night de David Letterman de la que
aparecieron memes a raudales. Sí, esto sigue siendo una reseña de literatura
infantil dedicada a uno de sus grandes autores: John Burningham. En la
literatura infantil la naturaleza y sus ciclos son una constante temática para
conectar con cuestiones más profundas y existencialistas. La vida y sus ciclos,
el flujo constante del tiempo y el orden inmutable de los ritmos circadianos,
el cambio de hora, la celebración de los equinoccios, la tibieza de los
solsticios y las idas y venidas de las condiciones meteorológicas. Desde hace
años, como maestro de primer ciclo de educación infantil, las estaciones han
sido parte esencial del aprendizaje y una temática recurrente como es
previsible. Siempre me resultó paradójico encontrar en los manuales y maletas
educativas (o, simplemente, maletas dado que lo educativo es más discutible) la
secuenciación de estos contenidos como algo inmutable: 21 de septiembre, hay
que celebrar el otoño y ya saben: las hojas caen, hay castañas, etc,
Obviamente, el 21 de septiembre en el Levante continúa siendo caluroso y, la
única irrupción en sus altas temperaturas, son los fenómenos popularmente
conocidos como “gota fría”. Pasará más de un mes hasta que veamos hojas llenando
los suelos de los parques y, con el aumento de las temperaturas, en el Levante hablarles
de la nieve y demás fenómenos típicos de cada estación es simplemente un fugazi.
People change
But you know some people never do
You know when people
change
They gain a piece but they lose one too
Hay libros estupendos para mostrar el cambio de las
estaciones, entre mis favoritos el recientemente reeditado por Kalandraka de
Iela Mari, Las estaciones (L’albero en su edición original) o La
casa de las cuatro estaciones de Roger Duvoisin. Dada la recurrencia
temática en el mercado editorial, álbumes como los de John Burningham nos
acercan a la belleza pictórica de sus ilustraciones en las que los paisajes
rurales se ven poblados por sus personajes de trazo naíf. Cada estación se
inicia con: “la (primavera, verano,…) es…” y, ese el inicio para enmarcar con
belleza la eclosión de la vida en primavera (pájaros, cerdos, corderos, patos y
flores).
También aparecerá la infancia y las familias en un entorno rural,
apacible y repleto de color. El verano, las vacaciones y súbitas tormentas
veraniegas y la casa de campo como espacio inmutable en el que las estaciones
se suceden y la vida sigue su ritmo natural. El color anaranjado del sol al
llegar el otoño, el gélido horizonte del invierno y la desaparición de la luz
por la espectral luna. Hasta que llega, de nuevo la primavera. El ciclo de la
naturaleza narrado desde situaciones sencillas, pero con una ambientación del
invierno que al llegar la primavera resulta esperanzador. Otra vuelta, siempre
recurrente, pero en la obra de Burningham de una gran belleza y calidez.
Por último, me encanta esta portada de It’s a secret
por los rótulos de la cubierta emulando los de la icónica serie Twin Peaks.
Yo también vuelvo a mis referentes.
En el trascurso del año hemos recorrido diferentes
referencias dedicadas a la oralidad y el lirismo: nanas, poesía, canciones,
fraseología o adivinanzas entre otras. Es un contenido que periódicamente se
rescatará en este pequeño espacio dedicado a la literatura infantil. Quizás,
por mi desempeño como maestro de primer ciclo de Educación Infantil, me siento fuertemente
conectado con este tipo de contenidos a diario. En esta ocasión, la
protagonista de la entrada es Ana María Pelegrín y, en este contexto, son
palabras mayores. A su cargo está la selección de poemas de Alberti, Machado,
Lorca, Gloria Fuertes, Goytisolo, Miguel Hernández, Concha Méndez o Juan Ramón
Jiménez, entre otras selecciones de autoría anónima.
En su prólogo, Pelegrín nos devuelve a ese espacio donde la
oralidad y el lirismo poético configuran un formato de interacción (la palabra
formato se la tomo prestada a Bruner) y espacio compartido en el que: “el
niño estará colgado de la voz, esperando apropiarse de los sonidos. Las
palabras coloreadas por el sonido de la voz, vibrando; las palabras deslizándose
en la entonación, brincando en el ritmo…” (p.7). En este prólogo se
encierran muchos de los aspectos que se han repasado estos días en las
diferentes entradas.
Esta selección publicada por Alfaguara (y que cuenta con
muchas reediciones) servía como renovación a la edición de Taurus en 1964, en la
colección Temas de España nº 82 (e ilustrado por Mario Lacoma) y se estructura por temáticas en las que darle
un orden a esta recopilación que conecta con muchos contenidos de la realizada
por Jaime García Padrino y Lucía Solana titulada Por caminos azules… Estas
antologías son un recurso valiosísimo para complementar con otras propuestas
actuales de álbumes con un contenido poético y lírico o colecciones como las
del Premio Orihuela de la editorial Kalandraka o cuando empleaba la división
Faktoría K de Libros, entre otras propuestas editoriales que dedican un espacio
para la poesía o centrado en el ámbito autonómico, el ejemplo de Andana con la
colección Vagó de Versos o el Micalet Galàctic de Bromera.
La
idea esencial siempre es construir antologías personales para acompañar la vida
en el aula, rodearla de palabras y belleza para expandir su mundo. Ese en el
que son debutantes, pero no por ello hay que menoscabar su capacidad comprensiva.
Ni mucho menos transmitirla desde la ceremoniosidad: su belleza debe deambular
siempre por el aula, como una mota de polvo que busca el haz de luz para ser
percibida.
Estructurada en cinco apartados, comienza con una serie de
poemas clasificados como Los niños en el que también encontramos
referencias a la pérdida en Canción de José Moreno Villa y los
divertidos versos de Francisco Vighi en Cuando se murió el canario: “Cuando
se murió el canario, puse en la jaula un limón; ¡Soy un caso extraordinario /
de imaginación!” (p.19). Como no, poesía relacionada con la naturaleza y
las estaciones en el capítulo titulado como Canción de los días que
también nos recuerda a las canciones de batida relacionadas con los trabajos en
el campo (madrugar, segar y pastorear, por ejemplo) y las particularidades de
cada mes: sus cielos, paisajes, fenómenos meteorológicos. Siguiendo con la
naturaleza el tercer apartado: Flores, árboles y animalitos amigos.
Muchos de esos amigos son mariposas, mariquitas, hormigas, escarabajos, grillo
o caracol y como no recordar los Bichopoemas de Leire Bilbao o la
hermosura de María José Ferrada en El baile diminuto.
En el cuarto apartado un espacio para Retahílas, adivinanzas
y canciones en el que la palabra busca el juego y el ritmo y, siguiendo con
las conexiones con literatura infantil actual, la conexión de Madre,
Notable, Sipilitrabe que nos evoca directamente al premiado ¡Malacatú!
De María Pascual de la Torre por la manera en la que construyen su lenguaje en
el diálogo que mantienen madre e hijo. O la diversión encadenada en Ésta es
la llave de roma como juego para disfrutar del sinsentido y el ejercicio de
la memoria (7 llaves que tiene Roma, como las que Antonio Rubio dedicó al
análisis en su 7 llaves de cuento). Finalmente, Retablo de navidad es el
espacio dedicado a otro elemento tradicional como es la festividad de Navidad en
el que está presente el imaginario católico, pero hay espacio para sobrellevarlo
con el Espiritual negro de Pablo García Baena que nos transporta al
ritmo de Nicolás Guillén.
Algunas debilidades, también están relacionadas con una
temática que próximamente aparecerá en el blog como es Caperucita roja que está
presente en el poema de Francisco Villaespesa o en el de José Agustín Goytisolo,
Lobito bueno:
“Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los
corderos.
Y había, también,
un príncipe malo
una bruja hermosa
y un pirata
honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
cuando yo soñaba
un mundo al revés.”
(p.32)
Un mundo o reino del revés como imaginó otra autora como
Maria Elena Walsh (parece que este año hay proyectada la reedición de muchos de
sus títulos emblemáticos por parte de la editorial Alfaguara). Otra referencia
que merece la pena rescatarse de Ana María Pelegrín es Deditos y Cosquillitas
(con ilustraciones de Shula Goldman) publicado en 1994 que contiene una
colección de canciones para la interacción y el conteo a los que añade breves
comentarios sobre cómo se realiza ese juego compartido, qué dedo es el que
realiza la acción o cómo se genera el diálogo entre los personajes que se
representarán con los dedos (el diálogo por ejemplo entre tres dedos como en Fray
Andrés, Isidora y su ama). El pellizco afectivo está garantizado y, de
nuevo, un material necesario para la creación de una colección personal de
recursos poéticos, rítmicos y afectivos para trasladar a los más pequeños (ya
sea como familiar o docente).
Imagen de Deditos y cosquillitas (1994)
Para finalizar, otro fragmento con el que cierra su hermoso
prólogo:
“Me guían las palabras vividas a viva voz, el secreto
afán de compartir con los jóvenes lectores y los lectores sin edad, la cita prodigiosa,
el deslumbramiento esencial de la poesía”
Además, en el portal de la Biblioteca Cervantes Virtual
encontramos un espacio para profundizar en su figura, un espacio creado con la
colaboración del CEPLI de la Universidad de Castilla-La Mancha: