Encuadernación
y formato:
28 x 22,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
No podía faltar Tomi Ungerer en este tramo final y, en esta
ocasión, por partida doble. La primera entrada se la dedicamos al icónico Flix
que marcó su retorno en 1997 y, el año siguiente, se alzaría con el Premio
Andersen. Por el blog han pasado joyas como El
hombre niebla(Lóguez, 2013), Hombre
Luna (Libros del zorro rojo, 2012), el distópico mensaje de Non
stop (Kalandraka, 2019) y, como no, el icónico Los
tres bandidos (Kalandraka, 2007). Y, sencillamente, sus títulos no
pierden vigencia. Sobre la maravillosa historia de Flix, queda el
testimonio de su argumento en su web:
“Flix is about making the best of your differences – we are
all equal and we are all different. Everyone has something to offer. Flix shows
us that with comedy you can overcome any dogstacle.” (Tomi, enlace web
Ungerer)
Esa invitación al divertimento a través de la biografía del
perro nacido en una familia de gatos (el año siguiente publicó el maravilloso Otto:
autobiografía de un osito de peluche) esconde diferentes cuestiones tan
esenciales como quiénes somos o qué define nuestra persona: la parte genética o
la social. Trufado de detalles culturales en el mundo de gatos y perros,
enemistados y separados, con su habitual sorna y un mundo en el que Flix (un
perro con padres gatos) debe perseverar para ganarse la aceptación de ambos
grupos (que, inicialmente, lo rechazan).
Pese a que su aceptación en ambas
comunidades tiene que verse sometido a la realización de una proeza (la solidaridad
y la vida por encima del quién), observamos un elemento poco frecuente en la
literatura infantil: la resolución a partir de la creación de un partido
político que no enfrente a ambos bandos. Y, por desgracia, en la clase política
y los medios de comunicación se prefiere vivir mejor con la polarización (crea
tu nicho, segmenta el mercado, posiciónate en la opinión pública, crea tu marca,
sé reconocible… inmundicia). De nuevo, en esa resolución tenemos otra de las estampas
que siempre disfruto con Ungerer: la algarabía de la celebración.
Además del álbum, la vida de Flix parece que continúa con un
proyecto de serie animada (consta de 52 episodios y Aria Ungerer como una de
sus productoras) y que se sumará Hombre Luna la traslación de sus obras
a la pantalla (en este punto hay que recordar el éxito de la serie a partir de Petit
de Isol en Argentina). Por el momento tan solo se conoce este fragmento en el
canal de Tomi Ungerer en YouTube. Además, para finalizar, con el aspecto de
gatos (como en los bólidos en el álbum) el diseño arquitectónico de Ungerer
para una escuela infantil y, recomiendo que deis una ojeada a otras instalaciones
del genial Tomi (hasta su obra erótica).
Encuadernación
y formato:
23,5 x 19 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
La obra de Javier Sáez Castán es una de esas grandes joyas
de la literatura infantil española y que, en mi humilde opinión, representa uno
de los grandes autores de nuestro país. En el blog nos hemos detenido en diferentes
obras y, en el fondo, cualquiera de sus álbumes merecería una entrada en este
espacio además de La
merienda del señor Verde, El
armario chino y con autoría compartida con Pablo Auladell en Dorothy
y en Mvsevm
junto a Manuel Marsol. Al igual que en La merienda del señor Verde, el
álbum Los tres erizos también fue incluido en la lista de The White
Ravens en 2004 y es un libro atemporal que no deja de cautivar a los lectores
en sus diferentes ediciones. Un libro en el que el formato y los paratextos iluminan
el texto principal incluyendo detalles para el lector avezado al que le incorpora
un glosario de términos que amplía el acto teatral que presenta en los dos
actos diferenciados de esta pantomima (pieza cómica breve) con colofón.
El esquema narrativo presenta en el primer acto a los
personajes: tres erizos en busca de alimento y un narrador omnisciente que
emplea la rima en los pareados de cada ilustración. Esa musicalidad y brevedad
del texto, con la sorpresa por sus actos (divertidísima la forma de aprovechar
sus espinas para transportar las manzanas a su madriguera) y se desata el
conflicto: los propietarios del huerto buscan a los ladrones de las manzanas (¿serán tres bandidos?). En
estas ilustraciones se suceden detalles habituales en la obra de Sáez Castán y
aparecen elementos de los naipes de la baraja española (con esos bastos
empuñados por tres señores horondos que buscan ajusticiar a los ladrones). La irrupción
de la nevada del invierno, deja en suspense la captura de los ladrones y el
ajusticiamiento de los erizos. El espacio imaginado por Sáez Castán es el de un
jardín laberíntico, que posteriormente también mostraría este espacio como
juego en el libro Caracol, y las ilustraciones lejos de mostrar una
panorámica de la acción concreta dejan el espacio para que el lector complete
esas acciones descritas e imagine la vista de ese espacio.
En el segundo acto, El Juicio (como el disco de Lavoe y
Colón), la primavera trae el deshielo y a la torva en la búsqueda de los
ladrones de manzanas: estandartes, cornetas, fusiles, vastos, espadas,
horquilla, sabuesos y cerdos a la caza. Los erizos en su madriguera y el
peligro del asedio que se resuelve con la simpatía y ternura al mostrarse el
papel de los erizos en el ciclo natural y su preservación. Los elementos artísticos
y referencias que añade Javier Sáez Castán en esta segunda parte, con
referencias en diferentes idiomas, eclosiona en el colofón visual de esta
narrativa que siempre nos muestra parcialmente los bandos y, finalmente, el momento
en el que ambos se integran en la doble página final en la que reconocemos los
diferentes espacios y celebramos la algarabía por el encumbramiento de esos
tres erizos como héroes. A cada uno lo suyo, Cuique suum, y a Javier
Sáez Castán en el reparto le queda nuestra admiración y alabanza. Un autor
genial y fuera del tiempo. Se cierran las cortinas del teatro (que veíamos en su cubierta)
y el saludo final en la contracubierta con los tres erizos quitándose el
sombrero. Como nosotros antes sus álbumes.
Finalizamos la entrada de esta maravilla con una narración
peculiar que se produjo en plena pandemia: el actor Jude Law y Los tres erizos
Encuadernación
y formato:
21,7 x 25 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Hilando reseñas y temáticas, una de mis noticias preferidas
de este verano: la invasión de los carpinchos (los roedores más grandes del
planeta) en la urbanización de lujo argentina del Nordelta nacida como ejemplo
de especulación urbanística en el delta del Paraná. Si con Los conejos de
Mardsen y Shaun Tan mostrábamos la colonización descarnada y el genocidio de
las especies autóctonas, en el lado opuesto los carpinchos (capibaras) y la
recuperación de un territorio arrebatado. Si ojean por la red, basta con introducir
“los carpinchos” y “Nordelta” para comprobar el paradójico encumbramiento de
esta especie como un icono de la lucha de clases y el reflejo del neoliberalismo
urbanístico que también, en nuestra “terreta”, podemos disfrutar con el cómic
de Ana Penyas Todo bajo el sol (al que le dedicaremos una entrada).
Independientemente de esta noticia y la popularidad de los
carpinchos (incluso hay cumbias y demás canciones surgidas a partir de esta
situación), la obra del uruguayo Alfredo Soderguit tiene una trayectoria en el
circuito de la crítica literaria especializada y reconocimientos (estar en la
lista The White Ravens o de la Fundación Cuatrogatos como los mejores álbumes
del año) que habla por sí misma. Con un álbum previo tan maravilloso como Soy
un animal (Libros del zorro rojo, 2018), su vuelta con Los carpinchos
muestra algunos aspectos en la secuenciación de la narrativa que nos muestra su
bagaje previo en el ámbito cinematográfco.
Retomando la noticia de la invasión de los carpinchos en el
Nordelta, el esquema narrativo con una situación inicial en el que se presenta
el entorno de la granja y la vida de las gallinas en ese contexto se observa en
la relación entre el texto-imagen. La primera con el plano general de una
caseta cerca del río, la siguiente en la que se revela quién habita en dicho
espacio (uso de blanco y negro, donde la presencia del rojo marca el punto en
el que fijar nuestra mirada) y una tercera que con la frase de “había comida
para todos” pone al lector en la dualidad de quiénes son esos todos y de qué
alimento se trata para cada uno. A partir de esas tres dobles páginas, se
inicia el conflicto de la narración: la llegada de los carpinchos a la granja y
la convivencia con las gallinas que, inicialmente, impiden el paso a su
territorio.
La imposición de unas reglas para la falsa convivencia (en
clave humorística) y la revelación al lector de los motivos de la llegada (los
cazadores furtivos de una especie protegida en Uruguay). Para mostrar esa
mirada al otro, las gallinas deciden imponer sus reglas y delimitación del
territorio, pero Soderguit emplea las viñetas para revelar la mirada infantil
desprovista de prejuicios con los juegos entre dos pequeños: polluelo y
carpincho. Finalmente, el relato revela el momento en el que gallinas y
carpinchos descubren el punto de encuentro y una pequeña rebelión en la granja.
La manera de panelar las viñetas para desprenderse del texto en diferentes fragmentos
del álbum y el mensaje final sobre la incomunicación con el otro, el diálogo y
la condición humana más allá de los prejuicios socioculturales (la mirada
etnocéntrica) son aromas narrativos que se desprenden de un álbum que justifica
sobradamente todos los elogios recibidos.
El carpincho como icono contra el neoliberalismo y un álbum
que cuestiona la visión etnocéntrica. Miel sobre hojuelas.
Encuadernación
y formato:
24,6 x 29,7 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Continuamos con otro álbum que nos conduce hacia el clásico
de Daniel Defoe, Robinson Crusoe, que también presentaba otra opción de
continuidad majestuosa como la traslación de Ajubel del texto clásico de Defoe
en la editorial Media Vaca. Sin embargo, Peter Sís (Brno, 1949) permite la
hipertextualidad con el original desde un punto biográfico del autor. Peter
Sís, además, en el terreno biográfico se encuentra en un terreno que le resulta
familiar por su retrato de la vida de Cristobal Colón (Follow the dream,
1991), Galileo (Mensajero de las estrellas, 1996), Charles Darwin (El
árbol de la vida, 2003) o Saint-Exupéry (El piloto y El Principito,
2014). Junto a estos aspectos, en la portada encontramos otro elemento clave en
sus ilustraciones como el uso de elementos cartográficos que Cantavella (2017)
analiza en estas obras biográficas del autor y, como muchos reconoceréis, es
una temática en la que tenemos diferentes entradas dedicadas en su blog La coleccionista. En
su artículo señalaba el uso de los mapas como “llamada a la aventura”: “geographical
maps can introduce a dreamlike or fantastical element and, in doing so, they
have the power to tip the reader into the imaginary and towards adventure.”
(p.48). En la portada de Robinson ya observamos ese mapa como vela del
viaje que su personaje (el autor representando su infancia) observa junto a un
conejo blanco: un viaje hacia un lugar al que la imaginación nos traslada y que
nos recuerda a otro clásico como la odisea de Max.
Otro aspecto esencial en la obra de Peter Sís es la
creatividad en la manera de emplear la viñeta para secuenciar la narración e
introducir elementos que amplifican la información relativa a la construcción
del protagonista y el contexto. Curiosamente, en una entrevista realizada antes
del éxito de uno de sus grandes títulos como Madlenka ofreció una
respuesta interesante a la decisión de la inclusión de todos estos datos en sus
libros (Sís, Sak y Joseph, 1997): “But I always think when I put lots of
details, I think about some child which might be bedridden or in a hospital and
would have time to look for little details.” (p. 136). Al final de esta
entrevista se puede leer el proceso en el que se encontraba la idea de
Madlenka, un libro que estaba pensado para su hija Madeleine: “I’d like to
do a book for Madeleine before she grows up. The block I walk on in the morning
with Madeleine has a French patisserie, a Chinese laundromat, an Indian selling
newspapers, Puerto Rican people in the supermarket—and everybody likes
Madeleine because she is a little girl.” (p.140). Al final de esta
respuesta, también apunta la inclusión de esos detalles sobre la tradición de
cada país que al final incluyó en el álbum. En sus viñetas observamos que la
forma también delimita el contenido, como es la forma del timón para encapsular
el momento en el que él junto a sus amigos ve una película de piratas, el juego
preferido con su pandilla. La viñeta como marco en el que encuadrar una
historia y mostrar la narrativa de la obra de Defoe y la creación del disfraz.
Ese diálogo con el tiempo y un centro que sirve para remitirnos a la situación
del texto.
Otro aspecto que me resulta fascinante es la extrañeza en
sus perspectivas, como el momento que camina hacia el colegio disfrazado de
Robinson (el personaje de su historia favorita) junto a su madre en el que les
observamos en el centro con un fondo que utiliza un ángulo cenital de visión
opuesto a los personajes. La iluminación y la paleta de colores traducen toda
la belleza a un álbum que cuenta una historia cotidiana, una fiesta de
disfraces que causa ansiedad a su protagonista y el reflejo de la decepción por
sentirse extraño a la mirada de los demás.
El refugio de la mano de una madre y el refugio del sueño
para navegar en esa sensación que marca la segunda parte del álbum e iniciar
rumbo hacia otro estado de consciencia y conectar con un sentimiento de
náufrago entre su mar de emociones hasta llegar a la isla perdida y comienzan
las formas a tornarse circulares, describir elipses y espirales combinadas con
dobles páginas que progresan en detalles que cristalizan en ese mapa de la isla
como espacio narrativo a través de diferentes aventuras en el tiempo (pescando,
construyendo su barca, portando agua, jugando con la fauna…) hasta una suerte
de “última cena” en la que comparte mesa con su compañía en la isla. El sueño
como refugio y bálsamo para sanar su autoestima. Finalmente, es muy bella de
establecer el camino hacia un final feliz en esta narrativa con el suspense del
“ataque de los piratas” que amenazan su territorio. Un álbum maravilloso con la
habilidad para fascinarnos de Peter Sís en cada página y que nos amplifica con
su recuerdo de infancia (fotografía incluida) a través de los sentimientos que
tuvo cuando apareció disfrazado de Robinson y el resto de sus compañeros se
burlaron de su aspecto. Y, a modo de sinestesia, no puedo evitar escuchar en mi
cabeza el poema Caracola de Federico García Lorca cuando veo su portada:
“Me han traído una
caracola.
Dentro le canta
un mar de mapa.
Mi corazón
se llena de agua
con pececillos
de sombra y plata.
Me han traído una
caracola.”
(F. G. Lorca, Canciones
1921-1924)
Finalmente, parece que el género biográfico sigue siendo un
refugio para Peter Sís con el lanzamiento este año de Nick & Vera: a
quiet hero of the holocaust and the children he saved (2020) que cuenta la
historia de Nicholas Winton que ayudó a 669 niños atrapados en la parte ocupada
por los nazis de Checoslovaquia que permaneció oculta hasta 1988 en el que en
un programa de televisión unieron a los niños que salvó y, a su lado (sin que ellos
lo supieran), estaba Vera, una de las niñas a las que ayudó a escapar. Un
perfecto acompañamiento a El Muro: crecer tas el telón de acero (2009). Historias
conmovedoras en momentos en los que el mundo sigue huérfano.
Cantavella, A. J. (2017). Between Fiction and Reality: Maps
and Cartographic Logic in the Works of Peter Sís. Children’s Literature in
Education, 48(1), 39–55. https://doi.org/10.1007/s10583-016-9304-4
Sis, P., Sak, L., & Joseph, M. (1997). Interview with
Peter Sis. The Lion and the Unicorn21(1),
131-141. doi:10.1353/uni.1997.0009.
Encuadernación
y formato:
15,5 x 15,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
La vuelta al cole, y a este espacio, comienza el 1 de
septiembre después de un periodo de descanso activo en el que se ha disfrutado
de la contemplación lectora. Detrás quedan 146 entradas desde el 15 de
diciembre en el que me hice cargo de este blog y que, probablemente, dejaré de
actualizar llegada esa fecha (al menos en su periodicidad diaria). La segunda
duda que me rondaba era la entrada con la que iniciaría esta segunda vuelta de
actualizaciones en el blog y, en una de las lecturas de este verano, encontré
la solución: Doña Piñones de María de la Luz Uribe e ilustrado por
Fernando Krahn (su aportación en la LIJ cuenta con clásicos como La familia
Numerozzi o ¿Quién ha visto las tijeras?) y que crearon un tándem
con títulos como Cuenta que te cuento, Cosas y cositas, Dimes
y diretes o Hilderita y Maximiliano entre una prolífica obra
conjunta que he podido disfrutar este verano.
La elección de este título proviene por otra lectura, el
capítulo de Ramón F. Llorens y Rosa Díaz Chavarría del libro coordinado por
Pedro C. Cerrillo y Mª Victoria Sotomayor titulado Censuras y LIJ en el
siglo XX (En España y 7 países latinoamericanos). En ese capítulo titulado Censura
y LIJ en Chile: los libros silenciados los profesores Llorens-García y
Díaz-Chavarría apuntaban algunas de las calamidades de la dictadura de Pinochet
en la represión de la cultura chilena. En ese análisis histórico hay una idea
con la que inician su capítulo que nos ayuda a entender esas cuestiones
ideológicas y moralistas sobre las que la LIJ se envuelve continuamente. Cito
una de sus reflexiones:
“No interesa tanto la educación literaria como la
educación ideologizada, puesto que en una dictadura los textos que contribuyen
al desarrollo del ciudadano en formación son tendenciosos unos, silenciados
otros.” (p.329)
En la lectura de ese capítulo se señalan muchas de las
posturas de la imposición de valores patrios y, por supuesto, de control
absoluto en la imposición de sus principios: la negación de la libertad.
Decisiones que afectaron a las editoriales y sus símbolos como La Moneda y la
editorial Quimantú (Sol del Saber) y la quema de libros para asfixiar
cualquier elemento cultural previo. Esa destrucción de ejemplares entre el 11 y
12 de septiembre de 1973 también sirvió como eco para la población, amplificado
el 23 de septiembre, con la retransmisión de la quema de libros. La intención
era clara como señalan Llorens-García y Díaz-Chavarría (2017, p. 333):
“El
golpe de Pinochet acabó con miles de ejemplares. La quema retransmitida
intentaba amedrentar a escritores, estudiantes, intelectuales, que hubieran
tenido relación con la Unidad Popular. La destrucción de libros siguió en las
primeras semanas tras el golpe”.
Amedrentar, reprimir e insuflar miedo a la
población y eliminar de las estanterías de casas y bibliotecas cualquier
elemento que pudiera ser contrario a los mandamientos de la dictadura. Como
señalan los autores, la dictadura chilena y su represión salvaje (más de 3000
asesinados y desaparecidos) llevaron a una autocensura por intimidación.
Estrategias que afectaron a la colección Cuncuna (creada por Arturo
Navarro) que representaban los avances culturales previos.
Entre los veinte ejemplares eliminados de la colección
Cuncuna se encontraba La Dora Piñones de María de la Luz Uribe y Fernando
Krahn. Claudia Larraguibel, editora de Ekaré Sur e hija de la editora Verónica
Uribe, cuenta la historia de Doña Piñones en el canal Ojo en Tinta y la tarea
de rescate de Ekaré, así como la nueva ilustración de Fernando Krahn al
desaparecer los ejemplares de la obra.
En el vídeo cuenta su relación familiar con los autores (sus
tíos) entremezclado con los recuerdos de infancia y la historia de Doña Julita
en quien se inspira el cuento. En el vídeo cuenta también los aspectos que
señalaban Llorens-García y Díaz-Chavarría (2017) relacionados con la colección
Cuncuna de la editorial Quimantú ante el golpe de estado de 1973 por el
dictador Pinochet poniendo fin al gobierno de Allende. En el tercer anexo se
encuentra en Memorandum de 9 de enero de 1985 (enlace)
en que se pueden leer los motivos de censura de una fábula a la que se le
atribuye un contenido político contrario al de la dictadura y leemos: “Por
lo anteriormente expuesto, no se estima aconsejable la publicación del cuento
referido, ya que significaría fomentar el espíritu crítico en los niños,
despertando así en ellos un aumento e la condición innata a la rebeldía que
poseen.” (p.353)
La lectura de estos mensajes en 2021, lejos de ser
documentos de barbaries que se dejaron atrás, son recuerdos de fantasmas que
retornan atronando en la actualidad. Como una doble pandemia que nos asola en
la salud (física, emocional y sociocultural como definiría la OMS en 1946).
También con Doña Piñones nos vemos reconocidos en este año en el que la
actitud miedosa ante la propagación del virus nos atemorizaba y ese encierro
entre las cuatro paredes de nuestra casa. Independientemente de esa similitud
en mente, cosas del lector, el texto en verso de María de la Luz Uribe nos
lleva al retrato de María del Carmen Piñones atemorizada en todo momento,
recibiendo las visitas de los cuatro vientos (Norte, Sur, Este y Oeste) y que
nos recuerda también al humor tierno de los cuentos de Arnold Lobel.
Finalmente, el miedo se vence ante la visita de un niño que consigue un desenlace
emotivo y que también nos invita a esperar que vuelvan esos aires a insuflarnos
esperanzas y nuevos retos vitales. Y, con este álbum rescatado por Ekaré y el
capítulo de Llorens-García y Díaz-Chavarría (2017) abrimos las ventanas y
recordamos que la LIJ resiste. Aunque no será gracias a Arturo Pérez Reverte.
Llorens García, R. F., y Díaz Chavarría, R. (2017). Censura
y LIJ en Chile: los libros silenciandos. En P. C. Cerrillo y M. V. Sotomayor
(Eds.), Censuras y LIJ en el siglo XX. En España y 7 países latinoamericanos
(pp.329-354). Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Título: Cajita de fósforos. Antología de
poemas sin rima
Selección
de textos:
Adolfo Córdova
Ilustrador: Juan Palomino
Editorial: Ediciones Ekaré
Año: 2020
Páginas: 60
Encuadernación
y formato:
21,5 x 28 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Una de mis intenciones en esta etapa en el blog es una
especie de cabezonada en la que me he propuesto actualizar el blog diariamente
en 2021. No sé si lo conseguiré, pero fue una intención hace casi una década
cuando escribía en la desaparecida web de crítica musical Conceptoradio y quedó
inacabada. Es como una antigua promesa que quedó como una deuda pendiente que
solo refleja la cabezonería de quien escribe. En esa dinámica, en las últimas
semanas intento que el blog tenga entradas acumuladas para su publicación
automática. Tampoco, como podéis observar, es un blog que tenga una finalidad por
la que estar al día de novedades editoriales (para eso ya hay grandes espacios).
Casualmente, hoy escribo sobre un libro galardonado con el Premio de la Feria
de Bolonia en la categoría especial creada para esta edición centrada en la
poesía. Es una pena que esto no se mantenga de manera constante en los
certámenes, pese a que en nuestro país contamos con la iniciativa del Premio
Orihuela de la editorial Kalandraka o el Premio Hispanoamericano de Poesía para
Niños y las ediciones de FCE que tan buenos ejemplos de poemarios de calidad
nos ha regalado.
En octubre de 2020, en un panel de la Feria de Bolonia, Arianna
Squilloni la editora de A Buen Paso (donde Ferrada ha publicado joyas como Un
jardín) y María José Ferrada hablaban sobre el panorama editorial y la
poesía. Entre sus intervenciones destaco una que me resultó maravillosa:
“La poesía no se escribe ni se lee rápido, se mueve
lento. También cuando circula entre sus lectores. Los libros de poesía si bien
se mueven más lento, viven más tiempo.” (min. 16: 31, M. J. Ferrada)
Esto nos lleva hasta el ganador, un maravilloso libro que
estaba esperando que el hilo de las entradas su turno. Adolfo Córdova, además
de su labor de selección, es un divulgador que en los últimos tiempos también
ha sido editor del fabuloso Renovar el asombro. Un panorama de la poesía
infantil y juvenil contemporánea en español (2019) publicado en las
ediciones de la UCLM. Curiosamente, en la presentación del libro de Adolfo Córdova
se inicia con Maria Elena Walsh y unos versos de En una cajita de fósforos
en una de sus maravillosas obras (El reino del revés, como también lo
son Zoo loco y Tutú Marambá), así como la naturaleza de su
investigación conectando su estancia en la Biblioteca de Múnich y el
ofrecimiento de Pedro César Cerrillo a extenderla esa investigación con la
labor del CEPLI. La idea era investigar una poesía que podía ser ganada por la
infancia y que, como señalaba Córdova (2019) la necesidad de ampliar el espectro
de estudio y de la concepción de lector infantil y juvenil más compleja. Un panorama
y retrospectiva que nos encaminaba, como señalaba en su prólogo: “vivimos un
momento fascinante de creación, circulación y experimentación poética, y queda
mucho por leer y analizar, mucho espacio para guardar asombros, fósforos en la
cajita.” (p.16)
En el libro también se profundiza sobre esa idea de que el
discurso tradicional sobre la musicalidad, métrica y rima que debe tener la poesía
para la infancia, también es un discurso compatible con un género menos
frecuente como el del “verso libre” como señala Bajour (2019, p.52) o la búsqueda
del “yo” poético de la infancia, reconocer su pensamiento para fascinarnos
desde la mirada poética. Los diferentes capítulos reflejan una mirada sobre
diferentes tendencias, como la del álbum lírico o la labor de la Fundación Cuatrogatos
en la selección de obras y su labor de promoción. Además, con todas las obras
citadas y ejemplos que trufan el libro, también tenemos una selección más que
interesante para reconocer esas virtudes que nos señalan los diferentes
autores. Faceta de investigador que también se combina con la publicación de
obras que también han sido con obras destacadas como El dragón blanco y
otros personajes olvidados incluidos en la lista White Ravens en 2017
(ilustrado por Riki Blanco y muy recomendable sus Cuentos pulga o El
deshielo entre otros) o con su labor en el blog Linternas y bosques. Una
introducción para esta antología un poco larga, pero como la poesía se mueve
lento…
Con estas cuestiones en mente, y el subtítulo Antología
de poemas sin rima, la selección de Adolfo Córdova tiene la erudición de
quien se ha especializado en este campo de estudio y el interés por el reflejo
de esas cuestiones en estos poemas de formas diversas, pero que cuentan con las
magníficas ilustraciones de Juan Palomino con una propuesta minimalista y
simbólica en su acompañamiento y que me recuerdan también a las de Jan Barceló
en Del dicho al verso (Fran Nuño) publicados en Yekibud donde el
rojo-amarillo y azul son elementos dominantes que combinar con el negro y el
blanco. Una selección de 36 autores en los que Córdova pretende conectar ese
hilo que inicia Maria Elena Walsh y cierra María José Ferrada con el inédito El
espantamiedo que nos devuelve al interior de esa cajita de fósforos. Un
siglo entre Selva de Juana Ibarbourou (cada autor/a tiene al final del
libro una breve biografía) y ese poema de M. J. Ferrada. Un siglo en el que
pasear por las miradas de Gabriela Mistral, Aquiles Nazoa, Gloria Fuertes, Jorge
Luis Borges, Carmen Conde, Alicia Morel o María Teresa Andruetto.
Poemas breves
que dejan una imagen expansiva como en Las máquinas de Gloria Fuertes, el
recuerdo a la mariposa que no se quiere parar ni estarse quieta (en un guiño a
Lorca) con el poema de Rosario Castellanos. El pliegue central no solo diferencia
poemas, también sirve para que el ilustrador refleje esa continuidad trazada
por Córdova. Uno de los juegos poéticos que ha pasado a mi cajita de poemas es Escribe
tu nombre en el aire de Ricardo Yáñez al que se le une la delicia de Alicia
Morel: Los árboles. Espacios cotidianos, simbolismos y percepciones
sensoriales que tienen en la naturaleza el escenario para un lector al que
regalarle la sorpresa y sabores como Cuando llega la lluvia de Fran
Alonso. El deslumbramiento en La presa de Jorge Luján y como en una
frase de Laura Devetach, tenemos una imagen tan sugerente como en Caprichos.
En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas, incluso una estrella.
Una colección poética especial para acercarnos a la poesía sin prejuicios y
libres. Una joya para el catálogo de Ediciones Ekaré.
Entrevista, Canal Lee+ de Julio Trujillo a los autores
Bajour, C. (2019). Nadar en aguas inquietas: una
aproximación a la poesía infantil de hoy (1980-2011). En A. Córdova (Ed.), Renovar
el asombro: un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en
español (pp. 47-72). Ediciones Universidad de Castilla-La Mancha.
Córdova, A. (2019). Renovar el asombro: un panorama de la
poesía infantil y juvenil contemporánea en español. Ediciones Universidad
de Castilla-La Mancha.
Encuadernación
y formato:
21,4 x 31,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Hay muchas razones para analizar al detalle cada ilustración
de un álbum tan maravilloso como La merienda del señor Verde de Javier
Sáez Castán (también seleccionado en los White Ravens de 2008 como uno
de los álbumes más destacados) y su conexión con diferentes cuadros de René
Magritte. Si quieren profundizar en ese análisis interpictorial les recomiendo esta
entrada de Julio César Vidal en 2016 (enlace)
en la que se destacan el conjunto de obras de Magritte que tienen una conexión
con este álbum o incluso el color plano de las guardas en su significación
final (Durán y Bosch, 2011). En ese sentido, el color del papel también es
fundamental en la construcción del discurso narrativo de este libro: desde el
inicio narrativo el papel es de color verde claro (en una tonalidad cercana al
blanco) y, en el desenlace al conflicto narrativo pasa al color blanco como
cruce al otro lado del mundo del señor Verde que es, efectivamente, verde.
Otro aspecto que comparte con su anterior clásico, Los
tres erizos o los Animalarios, es la exploración de los peritextos a modo
de glosario y epílogo: Lo sé todo: el imaginario de los lectores que siempre
quieren saber más y una Nota de color sobre los elementos en otros idiomas
o las técnicas empleadas en el álbum. Todos los elementos que envuelven al
álbum funcionan como un espacio en el que jugar con la ruptura del pacto de
realidad, algo que también se disfruta con los álbumes de Chris Van Allsburg, y
la incorporación de datos con una explicación aparentemente lógica y que
potencian el relato surrealista conectando, como no, con la ironía burguesa de
Lewis Carroll. Un álbum que también conecta con un título emblemático de
Buñuel: El discreto encanto de la burguesía. La traición de las imágenes
convertida en la traición del texto como juego.
El impacto y la riqueza de las imágenes, el uso de
perspectivas, encuadres y contrastes, se ponen en funcionamiento desde la
primera página: un señor (el señor amarillo, casi recuerda a Reservoir Dogs
y los motes de los personajes) llega tarde y espera que no hayan llegado el
resto todavía. ¿Quiénes? ¿Dónde?, se preguntará el lector. Cinco señores
vestidos con esmoquin y bombín que tan solo varían en el color esperan al señor
Verde. Una invitación a la casa del señor Verde ante el descubrimiento de algo
muy intrigante. En esa doble página con el señor Verde invitándonos con la
mirada a pasar por la cortina (cortinas teatrales, cortinas Lynchianas,
cortinas del tercer disco de Tindersticks, una banda tan elegante como el álbum
de Sáez Castán) se aprecia una referencia por partida doble a La reproduction
interdite (1937) en las sombras. Y, el misterioso cartel que plantea una
pregunta a los diferentes señores que descubrirán el secreto de aquella puerta
(curiosa la fracción de tiempo en la que permanecen en silencio profundo, 33
segundos, como el “pico” de la partitura de John Cage).
¿Saldrá un tren por la chimenea?
En el descubrimiento, se
puede conectar con otra pintura de Magritte como El principio del placer (Retratode Edward James) también de 1937. Curiosamente, las miradas en este álbum son un punto de interés. En la portada, nos revelan el espacio de una casa entre los árboles (que podrían recordar a Mvsevm o a La ventana indiscreta). Como espectadores, se nos presenta el escenario que después no volveremos a ver de frente en las páginas del álbum, y un juego con la percepción en el que la fachada cubierta por los árboles pierde la sensación de profundidad y un fondo verde plano que no presenta ningún elemento más en su horizonte.
Curiosamente, esa manera de representar el suceso
deslumbrante y el título de la pintura nos dice dónde nos conduce esa puerta:
al placer de las mariposas de colores (una por cada señor) que habitan en un
espacio idílico y en el que la última imagen sirve como perfecto cierre focalizado
en la glotonería del señor Verde, que disfruta de esa luminosa libertad. Lecturas
que, independientemente del juego pictórico y de referentes, gustan al público
infantil por lo atractivo de su lenguaje visual y el candor de una historia que
fascina al lector inicial como al lector literario. Un clásico, esencial en
cualquier estantería. Escuchas que un nuevo mundo te está llamando (como cantaría Joe Meek).
Duran, T., & Bosch, E. (2011). Before and After the
Picturebook Frame: A Typology of Endpapers. New Review of Children’s
Literature and Librarianship, 17(2), 122–143.
doi:10.1080/13614541.2011.624927
Encuadernación
y formato:
25,5 x 25,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Después de Mvsevm de Javier Sáez Castán y Manuel Marsol,
quería conectar el formato cuadrado y significación metaficcional con el de
Madlenka de Peter Sís (1949). Es un juego de conexiones que aportan una
narrativa interna al blog, pero tampoco es necesaria. El objetivo siempre es
destacar obras de calidad literaria ya sea por su texto, imagen y/o formato.
Con Madlenka se aseguran los tres aspectos y ese ya es motivo suficiente
para recomendar un álbum sensacional de principio a fin, desde la portada hasta
su cierre. Ganador del Premio Andersen en 2012, Madlenka es un artefacto
que busca la significación desde todos los niveles para narrar la historia
cotidiana de una niña que descubre que se le mueve un diente. Desde la portada
que emplea en el centro un espacio para que se vea a la protagonista encuadrada
en el punto central desde el barrio en contrapicado. Un barrio cuadrado, la
cara de Madlenka enfocada en un cuadro. No es por continuar con el juego de
conexiones entre reseñas, pero Peter Sís también tiene una conexión con el
mundo cinematográfico y con diferentes cortos animados a sus espaldas como este
de sus inicios Hlavy (1979).
Esta conexión cinematográfica se debe al uso de la
aproximación desde el espacio exterior del planeta Tierra que en cada secuencia
se aproxima hasta un lugar concreto, Nueva York, el plano de la ciudad, los bloques
de edificios, un barrio y una ventana: allí, conoceremos a Madlenka. Esa
aproximación previa hasta el barrio y la protagonista, se hace desde una
perspectiva omnisciente y típica de las fórmulas de inicio de los cuentos
tradicionales, pese a que en este caso, el lugar no es un espacio
indeterminado: es una localización concreta. Ese primer despliegue visual (como
también lo repetirá en El muro para mostrar Praga) incita al lector a
sumergirse en esa historia de una forma metafórica preciosa: la inmensidad del
universo, el planeta visto como un punto diminuto que se expande a cada
ampliación del foco y que en un recóndito barrio perdido en esa inmensidad se
ubica una niña, con una pequeña historia cotidiana: ha descubierto que ha crecido,
ya se le mueve un diente. Y, esa pequeña historia, se expandirá a través de sus
ganas de compartirlo con todo su mundo: su barrio. En ese juego de punto de
vista, se produce otro hermoso no menos significativo: el punto en el que
nosotros percibimos esa entrada al mundo tiene un destino, su mirada que nos
interpela, nos llama la atención y demanda que escuchemos esa historia. No solo
su barrio, tú estás interpelado por su mirada a descubrir su mundo.
De la misma manera que el encuadre y la forma cuadrada busca
significar el objeto literario, el texto se dispone rodeando esos encuadres
ilustrados. Las perspectivas y los ángulos buscan el juego de la percepción de puntos
de vista cenital y contrapicado en la manera en que se representan los edificios:
un mosaico que envuelve y que, a partir de tonos ocres, los fondos de acuarela y
el puntillismo comienzan su activación cuando ella les interpela a viva voz que
tiene un diente suelto para, finalmente, envolverla. En ese recorrido, el color
será el indicador de dónde se dirige Madlenka y, de esta manera, cobrará vida.
Con dos planos diferenciados para la narración en las
ilustraciones de cinco interacciones (a la izquierda Madlenka, a la derecha la
del vecino que está en su establecimiento) observamos a Madlenka en el centro
de un plano de su barrio y un texto que la envuelve (se emplean las mayúsculas,
recursos pictográficos para transfocalizar la narración al uso de la primera
persona: su voz con un texto que se convierte en el que ella está acostumbrada
a leer). Ese centro tiene importancia para el paso de página, en el que
Madlenka aparecerá justo en el hueco que ese cuadrado deja en el
establecimiento del señor Gaston, el señor Singh, Eduardo o su amiga Cleopatra.
Cada persona que se encuentra en su aventura por el barrio de una procedencia
diferente (en los establecimientos se encuentran detalles de su procedencia además
del texto como los colores de la bandera de Francia, el mapa de Italia,…) que le
da los buenos días en su idioma.
Ese centro que ocupa Madlenka se revelará en el paso de
página como la ventana a la cultura de cada personaje de su barrio: Francia,
India, Italia, Alemania, Egipto y América Latina. Sus elementos fantásticos procedentes
de la tradición oral y sus iconos culturales en un juego intertextual con El
gato con botas o El principito, el bosque de los Grimm o Pedro
Melenas, monumentos arquitectónicos y tantos otros elementos que se suceden
y que en el texto sus representaciones nos dan pista para jugar al busca y
encuentra en esas ilustraciones a doble página. También, esto señala el
carácter intercultural de la narración y tantos otros aspectos hacen que
autores como Sipe & McGuire (2006), Zipes (2009), Quintero (2010) o Durán &
Bosch (2011) se fijen en elementos dispares en sus publicaciones. Esta
representación y viaje por lugares oníricos y distantes me recuerda a Ben’s
Dream (1982) de Chris van Allsburg, esta vez con monumentos alrededor del mundo
con un protagonista que soñará con la Estatua de la Libertad, el Big Ben, las
Pirámides de Egipto, el Monte Rushmore o La Muralla China. En ambos, el mapa al
final del álbum nos señalará estos destinos en los que la imaginación navega en
relatos atemporales.
Un viaje por el tiempo y la historia en un espacio tan
reducido como el del barrio. Una historia pequeña perdida en un mundo inmenso
en el que nos desvanecemos de nuevo en su final. Madlenka ha crecido y nosotros,
como lectores, tan solo estamos agradecidos a que ese foco haya llegado hasta
su mirada con la misma que se despide de su feliz historia cotidiana no exenta
de una pequeña tensión final también cotidiana (perder la noción del tiempo).
Un álbum especial, como su autor y la imaginación en la infancia.
Duran, T., & Bosch, E. (2011). Before and After the
Picturebook Frame: a typology of endpapers. New Review of Children's
Literature and Librarianship, 17(2), 122-143.
Quintero, E. P. (2010). Something to say: Children learning
through story. Early Education and Development, 21(3),
372-391.
Sipe, L. R., & McGuire, C. E. (2006). Picturebook
endpapers: Resources for literary and aesthetic interpretation. Children's
Literature in Education, 37(4), 291-304.
Zipes, J. (2009). Why fantasy matters too much. The
Journal of Aesthetic Education, 43(2), 77-91.