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miércoles, 10 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch. La creación; El viaje de Olek y El paraíso. Barbara Fiore

 

Título: La creación

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Anna Bellosta García y Mariona Gratacòs i Grau

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2006

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 25 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una dupla reconocida con el Premio Astrid Lindgren: el alemán Wolf Erlbruch y el belga Bart Moeyaert. Sobre el célebre autor e ilustrador Wolf Erlbruch hemos realizado diferentes entradas y, en esta recta final del blog, tenía especial interés en reflejar temáticas poco habituales en la Literatura Infantil como la religión. Además, es una temática con posturas opuestas: el lado laico que evita todas estas cuestiones por principios y, por otra parte, los centros religiosos que es una de sus piedras fundacionales. Desde el lado menos creyente, personalmente, estas temáticas de entrada me hacen huir como de la peste. Como cualquier hijo de vecino, tengo mis prejuicios e ideales. Así, el reflejo de estas cuestiones desde el imaginario religioso (católico en nuestro contexto) no dejan de tener un contenido simbólico y fantasioso, además de una traslación artística (como aquel álbum de Andrea Antinori sobre el cuadro de James Ensor La entrada de Cristo en Bruselas).

Junto a Bart Moeyaert se publicaron tres álbumes en la editorial Barbara Fiore (además de La creación, El viaje de Olek y El Paraíso) sobre los que nos detendremos en esta entrada. Comenzando por La creación: “Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar algo así. Imagina que todo lo que existe ahora todavía no existe”. En ese breve fragmento se continúa invitando al lector a descomponer toda su realidad: elimina la oscuridad e, inclusive, a tu madre. Y, no nos olvidamos del arte en esta aproximación de Moeyaert con su producción teatral para llevar la pieza de Haydn y que acabó con esta extensión en formato álbum. Me parece un inicio soberbio con la única ilustración de Erlbruch de esa madre en el lateral inferior derecho de la imagen. Si en La gran pregunta su estilo de collage era mucho más depurado y minimalista, este texto le viene como anillo al dedo. El texto de Moeyaert se narra en primera persona, ese yo (un hombrecillo) que intenta ubicar en dicha abstracción al lector desde la comicidad de estar en medio de la nada más absoluta: solo Dios y él sentados (el primero, relajado y, el hombrecillo, circunspecto). El texto no se define por su brevedad, pero la visión de Dios ante la nada es diametralmente opuesta a la impaciencia de la naturaleza humana. El papel de Dios es relatar con socarronería paciente y la curiosidad por conocer el origen de la creación. ¿En definitiva, quién no lo estaría?


A medida que Dios comienza la creación (la noche y el día), las preguntas del hombrecillo atónito y confuso ante la paciencia de ese Dios (con aspecto de hombre en túnica y una larga barba a modo de un sabio) que observa la materialización de sus creaciones. La actitud del hombrecillo poco impresionado por la aparición del mar y la tierra contrasta con la del Dios: sosegada y contemplativa de cada nuevo elemento incorporado a la paleta de su mundo. También observamos en el diálogo la comparación del hombrecillo con Dios: él tan importante y, el hombrecillo, tan insignificante.

Pero, ante esas maravillas creadas, también la acusación del hombrecillo: ¿por qué ese alarde? ¿Por qué hacerle espectador de tal espectáculo siendo tan insignificante? ¿Por qué debería importarle todo aquello si no había nadie más? Entonces aparece la fauna en la que los personajes se unen a un collage en el que peces, aves, cabras, gatos y… Sí, un pato asomando por el lateral izquierdo hacen su aparición. En esas cuestiones y anécdotas que rememora el hombrecillo el texto continúa y, finalmente, el fin de la creación: la pareja para el hombre y el descanso el último día de Dios en la creación. El texto finaliza repitiendo el fragmento del inicio para cerrar el sentido de la narración y que el lector cierre el círculo. Un texto filosófico y divertido sobre la creación con una visión calmada sobre una pregunta sin respuesta y con una bella inspiración poética. Abrazar lo desconocido con sensibilidad.


Título: El viaje de Olek

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: María Lerna

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 30 x 27 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Seguimos en terrenos fantásticos, pero si pasamos por La creación y Dios, ahora sobrevolamos el cuento de Afanasiev: El pájaro de fuego. Si el azul era el color definitorio en el título anterior, ahora lo será el rojo y el viaje de Olek (el personaje que siente la llamada a la aventura). Una aventura en la que encontrará diferentes pruebas que pondrán a prueba su voluntad altiva cimentada en la proeza de matar a un oso y hacerse un gorro con él. Esa será su vara de medida: derrotar a un oso en comparación con la prueba que se le presente. La primera, atarle los cordones a un niño que había caído al barro. Así, seguía sumando proezas y buenas acciones a su historial: “Aquí está Olek -dijo Olek-. Hago lo que puedo” como su mantra anta cada nueva acción. Después de las tres primeras, Olek se pierde en el bosque y ante él, un muro impenetrable de musgo que impide su paso. En ese tránsito encontrará a un pájaro rojo con un ala muerta y, a partir de ese momento, la aventura de Olek tomaría otros derroteros y pruebas como la de enfrentarse al mismísimo diablo. 


Un cuento fantástico en el que la bondad del héroe y su persistencia es recompensada al final del camino en el que se pone a prueba su voluntad. Las ilustraciones de Erlbruch de nuevo son un entramado minimalista entre el collage, el contraste del color con una limitada paleta y el trazo con el que dibuja un universo inconfundible.

Por último, rescato este corto animado dirigido por Vladimir Samsonov en 1984 con música de Stravinsky:




Título: El paraíso

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Goedele de Sterck

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 16 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Con El paraíso nos alejamos del formato álbum, destinado a un lector adulto, y encontramos con un libro magníficamente ilustrado por Wolf Erlbruch sobre la visión de Moayaert sobre el momento en el que Adán y Eva poblaban el planeta. La desnudez de los personajes y el reflejo de aquel entorno natural en el que habitaban, la manera en la que llegaron allí, las tareas que debían realizar para mantener aquel lugar: “Nos correspondían cuatro ríos y un terreno arbolado. Podíamos bañarnos en las aguas de los ríos. Debíamos limpiar el bosque y mantenerlo limpio” (p. 7). La descripción de la naturaleza, sus aromas y la atracción de sus cuerpos. El inicio de la vida en el paraíso y, poco a poco, con el transcurso del tiempo ver cómo algunas cosas eran frágiles y destinadas a desaparecer. Y, también, preguntarse por si ellos también eran de una naturaleza efímera. Y, a medida que los días y las tareas se suceden en el mismo lugar, la aparición del tedio. 


La insoportable levedad del ser que diría Kundera. Dos actitudes: persistir ante el temor de perder lo que se tiene o, por el contrario, cuestionar si aquello es lo que se desea. Las ilustraciones expresivas del hombre y la mujer, ante el dilema de cómo mantener la felicidad tal y como deberían y, por otra parte, la infelicidad de la rutina: “Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos” (p. 21). El modo en el que encuentran el equilibrio entre esas dos situaciones y visiones ocupará el final del relato con la manera con la que encontraron su lugar en el paraíso. Su visión propia.

Ahora, que suene Haydn y la Nederlands Blazers Ensemble.

 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/la_creacion


* Como añadido a la temática de la creación hilvanamos a partir de Wolf Erlbruch el recuerdo de un álbum poético maravilloso con textos de Gioconda Belli: El taller de las mariposas. En el que el joven diseñador Odaer deberá alcanzar dentro de sus creaciones en el Taller de los insectos uno de sus sueños: combinar una criatura que mezclase las características de un pájaro y una flor. Un texto maravilloso y unas ilustraciones de la etapa previa de Erlbruch con sus collages. 


Y, en la última puntada de la entrada, Gioconda Belli también participó en la colección poética de Libros de Cordel (Cortázar, Skármeta, Benedetti,...) en la editorial Libros del zorro rojo con Cuando floreció la risa (ilustrado por Alicia Baladan). En este caso, el jardín del Edén está en la selva del trópico donde Enea y Alia bajaron de la ceiba para comprobar que eran el primer hombre y la primera mujer. Y, en aquella selva, también floreció la risa.



jueves, 23 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Hole Stian. El final del verano. Kókinos

 

Título: El final del verano

Autor e ilustrador: Stian Hole

Traducción: Asunta García Pelayo

Editorial: Kókinos

Año: 2007

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Ya está aquí el final del verano (pero no relacionado con el Dúo Dinámico) y el inicio del otoño. Momentos de melancolía propios de la nueva estación y que nos ayuda a cerrar con una reseña con un libro perfecto y un icono en los estudios literarios sobre álbumes controvertidos y desafiantes como esta trilogía del autor noruego Stian Hole (1969) que se inició en este El final del verano (2007) en el que conocemos a Garmann y que, posteriormente, después vendrían La calle de Garmann (2009) y El secreto de Garmann (2010) editados en Kókinos. Obras que le brindaron múltiples reconocimientos y también el interés en la LIJ escandinava (Beckett, 2012; Ommudsen, 2015) por sus aproximaciones a temáticas complejas como en este El final del verano en el que se unen aspectos existencialistas y la unión de la soledad con la naturaleza como espacio de refugio emocional para sus preocupaciones (Goga, 2019). En resumen, Young, Hadaway y Ward (2013) sintetizan perfectamente el sentimiento propio del síndrome posvacacional que impregna este álbum y el arco que construye al protagonista: “In weighing their responses, he realizes that fear, uncertainty, and transitions are part of life, and a part of the future.” (p.385)

A estas características temáticas que se desprenden del texto, en la ilustración de Stian Hole nos enfrentamos en el reto que genera la manera con la que crea sus collages con las superposiciones de elementos fotográficos, patrones, ilustraciones y la manipulación digital de los mismos con Adobe Photoshop (esa sensación de extrañeza que también me recuerda a Ana Penyas y la transferencia fotográfica en la posterior ilustración) para recordarnos obras de la vanguardia de principios de siglo XX como pueda ser Emmanuel Radnitzky (Man Ray) u otras corrientes como el surrealismo o el constructivismo como señala Druker (2018).

El final del verano fue el primer libro de latitudes nórdicas en alzarse con el Premio de la Feria de Bolonia en 2007 y en cuyo evento se encontraba Martin Salisbury donde en su capítulo de 2008, The Artist and the Postmodern Picturebook, repasa el contexto en el que Stian Hole encontró inspiración para la creación de esta obra (como su viaje al Cabo Cod y la influencia de su pintor favorito: Edward Hopper) con múltiples referencias intertextuales que al autor señala que no espera que sean descubiertas por el lector para disfrutar de la narrativa por sí misma. Y en esta breve introducción también empleo esta ristra de referencias académicas con el único interés de mostrar el progreso en el interés en el análisis del libro-álbum como objeto estético-literario y, como la mayoría de estas personas investigadoras apuntan: libros sin edad.

Con El final del verano observamos desde la portada el efecto de extrañeza entre la realidad fotográfica y el aspecto ilustrado del collage, en una extraña disonancia que se incrementa a medida que leemos las páginas. El sentimiento aún es más patente dado que el protagonista mira al lector directamente (gaze) para buscar su empatía. El texto, desde un punto omnisciente, nos ayuda a recorrer las ilustraciones en la búsqueda de los elementos naturales que rodean a Garmann con elementos sombríos como babosas negras o (“volvió a abrir los ojos y vio que las ramas del manzano parecían dedos retorcidos apuntando al cielo”). La visita de sus tías sigue adelantando esa temática existencial y la curiosa manera en la que Garmann (6 años) percibe el paso del tiempo (“cada verano las tías encogen un poquito al sol. Como sigan así, un día no se les verá asomar la cabeza por encima de la hierba.”).

El surrealismo sigue ante las cuestiones relativas al futuro y los miedos (la vuelta a la escuela para Garmann o tener que usar un andador por la tía Ruth). Crecer y la preocupación de Garmann por la caída de los dientes de leche que aún no ha comenzado (mientras que sus tías ya los han perdido: usan dentadura postiza) y sobrevolar temáticas como la muerte en sus preguntas a sus tías (incluso vemos una bella ilustración con Garmann dando sepultura a un gorrión muerto).

Cuestiones sobre los cambios y la forma de percibir desde el pensamiento infantil el mundo según las diferentes etapas psicoevolutivas con el pensamiento simbólico que Stian Hole representa de una manera que desborda en detalles la complejidad de las emociones rodeadas. Obviamente, pensamos en libros complejos en la representación de temáticas existenciales que nos puede llevar también a Shaun Tan y El árbol rojo. Si pensamos en el reverso luminoso de El final del verano nos encontraríamos con Madlenka de Peter Sís y la celebración de su protagonista de la caída del diente. Con El final del verano encontramos un álbum “sin edad” que permite el diálogo sobre nuestros miedos y reconocernos en diferentes momentos con sus personajes, pero también para prestigiar a la infancia en la manera que tienen para cuestionarse su entorno y cuestiones existenciales que ya en otras entradas hemos señalado desde la didáctica y el acompañamiento ante el duelo (en líneas generales, el enfrentamiento a la ausencia). Ansiedades, melancolía y recuerdos para cerrar el verano, aunque en las próximas entradas seguiremos navegando por esas latitudes.

 

 

Fran Martínez

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Referencias

Beckett, S. L. (2012). Crossover picturebooks: a genre for all ages. Routledge.

Druker, E. (2018). Collage and montage in picturebooks. En B. Kümmerling-Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picturebooks (pp. 49-58). Routledge.

Goga, N. (2019). Home is outdoors: A study of award-winning Norwegian picturebooks. Ricerche Di Pedagogia e Didattica, 14(2), 145–174. https://doi.org/10.6092/issn.1970-2221/10035

Ommudsen, A. M. (2015).  Who are these picturebooks for? Controversial picturebooks and the question of audience. En J. Evans (Ed.), Challenging and controversial picturebooks: Creative and critical responses to visual texts (pp. 71- 93). Routledge.

Salisbury, M. (2008). The artist and the postmodern picturebook. En L. R. Sipe y S. Pantaleo (Eds), Postmodern piturebooks: play, pardoy and self-referentiality (pp. 22-40). Routledge.

Young, T. A., Hadaway, N. L., & Ward, B. A. (2013). International Children’s Trade Books: Building Blocks for Character Education. Childhood Education, 89(6), 379–386. https://doi.org/10.1080/00094056.2013.852894

 

Web de la editorial

https://editorialkokinos.com/autor/stian-hole/

Entrevista a Stian Hole

https://blog.picturebookmakers.com/post/109292849841/stian-hole

lunes, 6 de septiembre de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Flotante. Océano Travesía

 

Título: Flotante

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: Océano Travesía

Año: 2007

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28,5 x 22,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum casi sin palabras

Reseña:

Esta vuelta a la actividad parece dominada por álbumes sin palabras y, como apunté en una de las entradas de la semana pasada, es curioso que se definan por el elemento del que carece y no por los atributos que ofrece. Esta reflexión sabía que la había leído en más de una ocasión en referencias relacionadas con este tipo de álbumes y, releyendo para esta entrada, puedo citar a Serafini (2014) como uno de los que emplearon este tipo de razonamiento. Dentro de la didáctica de la lengua y la literatura hay un campo de estudio que se ha abordado a lo largo de las últimas décadas sobre este tipo de libros-álbum y en ese mismo artículo de Serafini (2014) encontramos algunas de las posibilidades que el autor señala a través de los “wordless picturebooks”: dar voz a la narrativa visual a partir de la secuencia dispuesta, interpretar los estados emocionales de sus personajes (aquí Serafini también conecta con algunos estudios sobre áreas cognitivas como los de Nikolajeva y Kümmerling-Meibauer), la aceptación de la ambigüedad por parte del lector (es decir, el papel del lector activo), el reconocimiento que hay diferentes formas de exploración visual en el libro-álbum (aquí se puede conectar desde la sintaxis de la imagen de Dondis, estudios de semiótica o la creciente bibliografía sobre alfabetización multimodal) y elaborar hipótesis (inferir y construir significados más cercano a propuestas dialógicas) sobre la narrativa que describe la secuencia de imágenes.

Esos aspectos también han sido señalados por otros investigadores como Arizpe (2013) y que también desarrollaron mediante este Flotante una práctica transcultural que derivó en publicaciones previas como la de Arizpe y McAdam (2011) y el manual sobre estos viajes visuales en diferentes contextos en Arizpe, Colomer y Martínez-Roldán (2014) a partir, especialmente, de Emigrantes de Shaun Tan y que conectaba con aquella propuesta de literatura que acoge de Colomer y Fittipaldi (2012) en la que también se incluía esta obra de David Wiesner. También ha cambiado la perspectiva desde aquel artículo de Groff (1978) que no consideraba estos álbumes sin palabras como recursos apropiados en el aula, pasando por otro artículo seminal como el de Knudsen-Lindauer (1988) en el que señalaba como una de sus grandes cualidades: “one of the most important roles of wordless books lies in promoting and refining expressive language skills through creative expression. Wordless books lend themselves very nicely to a creative approach to storytelling on the part of children” (p.137). Es decir, la elicitación narrativa que permite conectar a estos libros con prácticas esenciales en diferentes ámbitos de la Didáctica de la(s) Lengua(s) y Literatura que no quiero extenderme demasiado en esta introducción y pasar a la obra.

David Wiesner es uno de los autores con un mayor reconocimiento internacional en su obra y cuyos álbumes sin palabras han conseguido distinciones como las tres medallas Caldecott para Martes, Los tres cerditos y este Flotante con el que cierra la trilogía de reconocimientos. En su obra hay elementos recurrentes, además de su interés por ampliar la visión del mundo de la infancia hacia territorios repletos de fantasía, que podemos rastrear en diferentes álbumes (algunos ya se apuntaban en la reseña de Sector 7, en el que aparecía como referencia un artículo de una de las especialistas en álbumes sin palabras como Emma Bosch): encontramos en la portada un cerdo entre una gran disposición y muestrario de instrumental y elementos que nos indican la cartografía del viaje que encontraremos posteriormente en sus páginas (una pequeña colección de objetos y tesoros fuera del tiempo). Una secuencia que está construida con gran precisión desde la continuidad entre cubierta y contracubierta, la arena de las guardas que conectan con un momento previo en el que vemos al protagonista descubriendo algo en la orilla. El cerdo (referencia a Los tres cerditos [2002], pero que también eran un elemento recurrente en Free Fall [1988] y el final de Martes [1991]), el protagonista rubio que también aparece en Hurricane (1990) y Free Fall, la aparición de esos grandes pulpos en formas de cúmulos en Sector 7 (1999) y una imagen introductoria previa a la portada del libro que nos coloca en el espacio narrativo.

A partir de ese momento, como lectores (de imágenes y construyendo significados) nos adentramos en los mecanismos de David Wiesner para que la lectura sea inmersiva: el uso de técnicas cinematográficas en la elección del enfoque y plano, el color para delimitar el “framing” narrativo y la secuenciación en viñetas para dinamizar el tiempo en el que transcurren las acciones. En primer lugar, vemos el ojo desenfocado en ese cangrejo inicial que nos indica la posición del lector con lo que en el análisis multimodal se identifica como “demand”: el protagonista nos invita que sigamos su mirada a cada uno de los detalles que encuentra en la orilla. La doble página posterior nos muestra el resto de instrumental y de dónde proviene el efecto desenfocado: el uso de la lupa (también vemos el microscopio, los prismáticos y un curioso cofre). El uso de las viñetas es otra de las características empleadas en otros álbumes de Wiesner, como en Martes, Sector 7 o su juego metaficcional en Los tres Cerditos. Esto también conduce a que en otros estudios se señalen la hibridación con el lenguaje del cómic (Postema, 2014) o el análisis multimodal del foco que propone cada uno de estos paneles en la narración (Pantaleo, 2019). Curiosamente Sylva Pantaleo aprovecha estas cualidades de los álbumes “posmodernos” (en referencia al libro clásico que editó con Lawrence R. Sipe en 2008) en diferentes propuestas didácticas en el aula para la apreciación de todos estos elementos visuales (Pantaleo, 2016, 2017). Estas viñetas iniciales siempre se reflejan en un fondo blanco, intercalándose con dobles páginas e inserciones dentro de la ilustración para trasladarnos directamente a su visión (como en la página en el que la viñeta se incrusta con el protagonista mirando la cámara subacuática Melville, quizás un homenaje al autor de Moby Dick).

Aquí, nos encontramos ante una segunda parte en la que el conflicto nos sitúa como investigadores del enigma que esconde ese carrete de la cámara, nos acompaña en la inquietud por el revelado fotográfico y, finalmente, volvemos al ojo descubriendo su contenido. En ese momento, el código de la página se cambia al negro cuando nos muestra las fotografías con esos universos peculiares, cómicos y surrealistas en el que también establece esas conexiones iconográficas con su obra anterior en una suerte de peculiar Atlantis. Esa sorpresa inicial, da lugar a una nueva vuelta de tuerca narrativa: la lectura a través del zoom del microscopio del misterio que encierra la cámara: una práctica que se convierte en aquella idea del mensaje en la botella, pero esta vez con una cámara fotográfica como elemento que transporta al lector por las otras personas que encontraron la cámara y la dinámica que descifraron: cada zoom nos mete en la foto dentro de la foto (aquello de Jörg Müller del libro en el libro en el libro…) hasta llegar al blanco y negro de un niño en la costa que inició este juego (un mensaje a través del tiempo y el territorio) pasando por diez manos diferentes y, ahora, resuelto el misterio el protagonista sabe qué hacer.

Mirar cada página, cada viñeta, el lujo de detalles, pasar la página y sorprendernos, descifrar un misterio dentro de otro misterio y otras tantas capas encerradas en un álbum que nos deleita por el detallismo de cada ilustración, un viaje (con un pequeño homenaje a La gran ola de Kanagawa incluido) que promete ser circular. Arena y cierre. En la contracubierta los peces nadan en la dirección que nos devuelve a la portada y al ojo del pescado que nos muestra la cámara misteriosa. Bienvenidos, de nuevo, Flotante: una obra clásica (posmoderna) de la LIJ.

Por cierto, David Wiesner es el comisario de una exposición dedicada a los álbumes sin palabras en el Eric Carle Museum. Me gusta el título por aquello que se comentaba inicialmente, “arte que deja sin palabras” como una manera más poética para clasificar estos libros.

https://carlemuseum.org/explore-art/exhibitions/current/speechless-art-wordless-picture-books

Fran Martínez

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Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=6727

Web de David Wiesner

http://www.davidwiesner.com/ 

Referencias

Arizpe, E., Colomer, T., y Martínez Roldán, C. (2014). Visual Journeys Through Wordless Narratives: An International Inquiry With Immigrant Children and The Arrival. Bloomsbury.

Arizpe, E. (2013). Meaning-making from wordless (or nearly wordless) picturebooks: What educational research expects and what readers have to say. Cambridge Journal of Education, 43(2), 163–176. https://doi.org/10.1080/0305764X.2013.767879

Arizpe, E., & McAdam, J. (2011). Crossing Visual Borders and Connecting Cultures: Children’s Responses to the Photographic Theme in David Wiesner’s Flotsam . New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 227–243. https://doi.org/10.1080/13614541.2011.624969

Colomer, T., y Fittipaldi, M. (Eds.). (2012). La literatura que acoge: Inmigración y lectura de álbumes. Banco del Libro.

Groff, P. (1978). Critic’s corner: Art and reading: Is there a relationship? Reading World, 17(4), 345–351. https://doi.org/10.1080/19388077809557440

Knudsen Lindauer, S. L. (1988). Wordless books: An approach to visual literacy. Children’s Literature in Education, 19(3), 136–142. https://doi.org/10.1007/BF01127091

Pantaleo, S. (2016). Primary students’ understanding and appreciation of the artwork in picturebooks. Journal of Early Childhood Literacy, 16(2), 228–255. https://doi.org/10.1177/1468798415569816

Pantaleo, S. (2017). Critical thinking and young children’s exploration of picturebook artwork. Language and Education, 31(2), 152–168. https://doi.org/10.1080/09500782.2016.1242599

Pantaleo, S. (2019). The semantic and syntactic qualities of paneling in students’ graphic narratives. Visual Communication, 18(1), 55–81. https://doi.org/10.1177/1470357217740393

Postema, B. (2014). Following the pictures: Wordless comics for children. Journal of Graphic Novels and Comics, 5(3), 311–322. https://doi.org/10.1080/21504857.2014.943541

Serafini, F. (2014). Exploring wordless picture books. Reading Teacher, 68(1), 24–26. https://doi.org/10.1002/trtr.1294

 

  


martes, 25 de mayo de 2021

Entradas en azul. Tomi Ungerer. Los tres bandidos. Kalandraka

 

Título: Los tres bandidos

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Marc Taeger

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2007 (1ª ed. en la editorial). Original: 1962

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 20 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos a Tomi Ungerer. Mejor dicho, nunca podemos dejarlo. En este periodo hemos reseñado obras de diferentes épocas como El hombre niebla, Hombre Luna, Non-stop y Aixó i Allò. Un ramillete de reseñas que irán en aumento como una de las fijaciones compartida por muchas de las personas que sentimos interés por la LIJ y, especialmente, por el placer de la lectura que causa en los lectores más jóvenes. Dentro de cualquier corpus de lecturas recomendadas para la infancia, Los tres bandidos es uno de los iconos imprescindibles, así como su autor. Al igual que ayer con Sendak, Tomi Ungerer es un autor que presenta en sus narrativas una propuesta de contra-narrativa alejada de la visión simplista de la infancia como un agente pasivo a la espera de ser moldeado por el adulto y sin capacidad de cuestionamiento. El autor, por su biografía, también reflejaba su posicionamiento contestatario a los valores culturales de su época y empleaba referentes propios de la tradición oral para transgredirlos y desmitificarlos desde opciones menos atractivas para un público complaciente con la representación de la infancia. La pobreza que se reflejaba en muchas de las narraciones de la tradición oral y cuya evolución se topó con la supresión de los elementos más controvertidos y la fijación de referentes desde la colonización de la industria cinematográfica.

En las historias de Tomi Ungerer se refleja la vida, su jolgorio y el discreto encanto de las clases más pudientes a las que les ofrece una representación satírica en sus ilustraciones. Sentido del humor puesto a disposición de la infancia en sus libros que no estuvieron exentos de la censura en los años 70. Siguiendo con la temática de la semana, Los tres bandidos es un álbum que emplea la desmitificación de los antihéroes (los misteriosos bandidos ataviados con sus peculiares sombreros y capas negras) convirtiéndolos en protagonistas que actúan sin miramientos, y de manera coordinada, noche tras noche en el asalto de carruajes para robar todas las riquezas de los viajeros. Una crítica a la avaricia por el dinero, representado en esa mirada a sus tesoros cuya función es el placer de su posesión y acumulación. La sorpresa cuando encuentran a Úrsula (en la versión inglesa Tiffany, ¿casualidad?) en su asalto y comienza una nueva dinámica en la vida de los bandidos y la empleabilidad de sus recursos por un bien común.


De nuevo, vemos el reflejo de la pobreza y a los niños huérfanos que son acogidos por los bandidos y una nueva vitalidad que diluye el azul y negro (que ya exploró en su anterior Rufus en 1961) hasta una idea de justicia social que proviene justamente de la idea de la infancia sobre qué hacer con ese botín resplandeciente de los bandidos que contemplaban páginas atrás. Su manera de actuar es como el prototipo de malvado implacable en sus actos, pero ingenuo y poco dado a salirse de su papel. Como contrapartida, la construcción del personaje femenino con la mirada inteligente (y de la infancia) y el buen juicio de Úrsula para su empleo destinado a la acción comunal como resolución de un libro entrañable y mágico. Mirada sobre los personajes femeninos que el canon audiovisual eliminó de la narrativa de tradición oral relegando esos relatos en los que la mujer no tenía un rol pasivo.

En esta entrevista a Arthur Hubschmid (uno de los fundadores de la editorial L’Ecole des loisirs que lo publicaron en 1968) en la web de Tomi Ungerer apuntaba algunos aspectos clave de este clásico del que señala su valor atemporal, como la curiosidad del rechazo de Ursula Nordstrom a su publicación:

“What is really special is that the story is so essentially simple, so brilliantly simple. But then again, not only the story is brilliantly simple, it’s also the drawing. It’s the only book of Tomi’s which is so graphic. So impressively, simply graphic, with the colours… expressive but very, very simple. It’s incredible how, not only the story but also in the drawing, he got to the essential.”

Y, otra reflexión que me resulta especialmente esclarecedora en esta entrevista, un libro atemporal lo será si los lectores (la infancia) sigue sintiéndose atraída por este título dado que ellos son los mayores críticos en la recepción de un libro. Por mi experiencia, curso tras curso, Los tres bandidos es una lectura con la que conectan inmediatamente y que nunca debe alejarse de sus manos. La mirada inconfundible de un clásico y un autor cuyo legado reivindicar constantemente.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/los_tres_bandidos-978-84-96388-56-7-castellano-1084.html

Web Tomi Ungerer

https://www.tomiungerer.com/books/

viernes, 14 de mayo de 2021

Entradas en azul. El pato, la muerte y el tulipán. Barbara Fiore Editora

 

Título: El pato, la muerte y el tulipán

Autor e ilustrador: Wolf Erlbruch

Traductor: Moka Seco Reeg

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Dada la temática sobre la fragilidad de la naturaleza como metáfora de la condición humana, su esplendor y declive en sus ciclos, la vida y la muerte, la elección de un álbum como El pato, la muerte y el tulipán de Wolf Erlbruch es un camino al que inexorablemente te conduce ese hilo mental. También puede ser un proceso inconsciente, pero no deja de ser la celebración de uno de los álbumes más importantes dentro de la LIJ. Esta aseveración, a estas alturas, se puede tomar como una certeza por el reconocimiento de la crítica y, recordaba que en 2016 en el Simposio organizado por uno de los grupos más importantes de este país en la promoción de la LIJ (GRETEL) en 2016 bajo el nombre 10 años de LIJ se organizó una votación a partir de una lista de 100 álbumes que formaban parte de su oferta formativa en el Máster de la UAB. El podio lo conformaron Voces en el parque de Anthony Browne, Donde viven los monstruos de Maurice Sendak y el título elegido hoy: El pato y la muerte de Wolf Erlbruch (el tulipán se va quitando según la edición, pese a que el título original es Ente, Tod und Tulpe, 2006). Ciertamente es un ramillete de tres obras que ofrecen poca discusión en su calidad estético-literaria y obligadas en la formación de mediadores literarios o bibliotecas escolares.

Sobre Wolf Erlbruch ya hemos dedicado dos entradas sobre obras previas a la publicación de este álbum como la ilustración para Valerie Dayre de L’ogresse en pleurs o La gran pregunta, donde Wolf Erlbruch ya incluía a estos personajes (el pato y la muerte). Sobre este proceso de creación del álbum se puede leer una entrevista de Gustavo Puerta Leisse en 2007 en la revista Educación y biblioteca con un título (Wolf Erlbruch es más importante que un árbol, aunque él no lo crea así) que alude a la manera en que Wolf Erlbruch rebaja el tono ceremonial sobre el análisis de su obra y los reconocimientos recibidos (Premio Andersen y Premio Astrid Lindgren). En esta entrevista se encuentra el origen de la creación de estos tres personajes, inicialmente como marcapáginas en 1994, y que años después rescató para crear una historia que se fue depurando en texto e ilustraciones hasta su concreción final. En una entrevista recomendada en las reseñas realizadas en el blog sobre Georg Barber (ATAK) también analizaba la importancia de la editora Antje Kunstmann y la anécdota de que pasó dos días en casa de Erlbruch a la espera de que le entregase la última ilustración.


Retos que muestran el proceso de creación de un álbum en el que conseguir la máxima expresión con elementos mínimos, como el blanco como espacio en el que inicialmente se relacionan el pato y la muerte, presentada de manera cordial y que se dirige al pato con calma ocultando en sus espaldas un tulipán. Con la percepción de su presencia por parte del pato, se inicia una conversación distendida e irónica entre ambos. Resulta paradójico encontrarse cómodo frente a la muerte, un icono cultural que no es precisamente el más atractivo. Inevitable de todas formas, ya sea simpática o desagradable, la existencia humana es irremediablemente finita. Con esa premisa, tenemos un elemento que perturba inicialmente (la muerte) y que funciona como una espada de Damocles para el lector: cuándo se llevará al pato.

La importancia del texto es jugar con humor en el cómo, comparten baños en el estanque, el pato le ofrece su calor y esa amistad genera una expectativa en el conflicto de la narración: ¿habrá una manera de que la amistad entre ambos sirva como escapatoria de su destino? En esa relación también se introducen aspectos sobre la iconicidad de pasar a mejor vida a partir de ideas religiosas que ofrecen una respuesta a las cuestiones existencialistas (también ilustró previamente La creación de Bart Moeyaert). El texto sigue mostrando el tránsito que conecta con las consabidas etapas del duelo de Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), pero que se centra en el suspense con pequeños gags como subirse a un árbol (¿quizás si supiéramos que la muerte nos acecha no aprovecharíamos para hacer todo aquello que resulte más peligroso y nos insufle más adrenalina?). Finalmente, la muerte es un tema de conversación que sobrevuela de la misma manera que el cuervo negro que aparece mientras ambos comparten la vista desde arriba del árbol. Punto en el que se amplía su perspectiva de la vida.


A partir de ese punto, se desencadena la resolución del conflicto: aceptada la finitud, el silencio se apodera de ambas hasta que, finalmente, se percibe y se acepta el fin. Momento para que Erlbruch dote de belleza con el uso del fondo en el que retratar el sueño del pato bajo la nieve, y la reaparición del tulipán. Ese contraste con elementos mínimos con el empleo del blanco, el collage y el contraste con el color azulado del estanque y la sobriedad dibujan un final que encadena tres ilustraciones a cuál de ellas más maravillosa: vigilando su sueño, llevándola en brazos y dejándolo en el río. Un bonito epitafio, tristeza, pero la vida reflejada con serenidad y sencillez. Como coda, una imagen que muestra la continuidad del proceso a su alrededor.

En la entrevista de Gustavo Puerta Leisse (editor de Ediciones Modernas el Embudo, que recientemente reseñamos dos títulos en el blog) en 2007, Erlbruch señalaba:

“Lo que he querido mostrar con este libro es que, para empezar, tenemos que morir. Es una pena, pero no hay otro remedio. Esta muerte es simpática pero, finalmente, es la muerte y se lleva a ese pato con el que nos identificamos.” (p.28)

Finalmente, el río sigue su camino hasta el océano

El pato, la muerte y el tulipán es un álbum hermoso y poético, no exento del drama y la comedia de la vida. Una joya con la que aprovecharemos para conectar con otros títulos en futuras reseñas (especialmente las centradas en obras de Kitty Crowther, pero también de la editorial Barbara Fiore como los de Elisabeth Helland Larssen y Marine Schneider). Concluimos con el cortometraje animado que dirigió Matthias Bruhn en 2010 y como no, recomendando la lectura de una maravilla LIJ. Y una última nota personal de quien escribe, en esta época pandémica he recurrido al visionado de series que hacía mucho tiempo que no veía, como The Sopranos. No sé cómo surgen estas conexiones con nuestro bagaje cultural, pero por alguna razón al ver el primer episodio con la partida de los patos de la piscina de Tony Soprano y su ataque al corazón pensé en este álbum. Una simple conexión.

 



Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/el_pato_y_la_muerte-x

Referencia:

Puerta Leisse, G. (2007). Wolf Erlbruch es más importante que un árbol, aunque él no lo crea así. Educación y biblioteca, 19(162), 26-30.

martes, 4 de mayo de 2021

Entradas en azul. Javier Sáez Castán. La merienda del señor Verde. Ediciones Ekaré

 

Título: La merienda del señor Verde

Autor e ilustrador: Javier Sáez Castán

Editorial: Ekaré

Año: 2007

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 21,4 x 31,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Hay muchas razones para analizar al detalle cada ilustración de un álbum tan maravilloso como La merienda del señor Verde de Javier Sáez Castán (también seleccionado en los White Ravens de 2008 como uno de los álbumes más destacados) y su conexión con diferentes cuadros de René Magritte. Si quieren profundizar en ese análisis interpictorial les recomiendo esta entrada de Julio César Vidal en 2016 (enlace) en la que se destacan el conjunto de obras de Magritte que tienen una conexión con este álbum o incluso el color plano de las guardas en su significación final (Durán y Bosch, 2011). En ese sentido, el color del papel también es fundamental en la construcción del discurso narrativo de este libro: desde el inicio narrativo el papel es de color verde claro (en una tonalidad cercana al blanco) y, en el desenlace al conflicto narrativo pasa al color blanco como cruce al otro lado del mundo del señor Verde que es, efectivamente, verde.

Otro aspecto que comparte con su anterior clásico, Los tres erizos o los Animalarios, es la exploración de los peritextos a modo de glosario y epílogo: Lo sé todo: el imaginario de los lectores que siempre quieren saber más y una Nota de color sobre los elementos en otros idiomas o las técnicas empleadas en el álbum. Todos los elementos que envuelven al álbum funcionan como un espacio en el que jugar con la ruptura del pacto de realidad, algo que también se disfruta con los álbumes de Chris Van Allsburg, y la incorporación de datos con una explicación aparentemente lógica y que potencian el relato surrealista conectando, como no, con la ironía burguesa de Lewis Carroll. Un álbum que también conecta con un título emblemático de Buñuel: El discreto encanto de la burguesía. La traición de las imágenes convertida en la traición del texto como juego.


El impacto y la riqueza de las imágenes, el uso de perspectivas, encuadres y contrastes, se ponen en funcionamiento desde la primera página: un señor (el señor amarillo, casi recuerda a Reservoir Dogs y los motes de los personajes) llega tarde y espera que no hayan llegado el resto todavía. ¿Quiénes? ¿Dónde?, se preguntará el lector. Cinco señores vestidos con esmoquin y bombín que tan solo varían en el color esperan al señor Verde. Una invitación a la casa del señor Verde ante el descubrimiento de algo muy intrigante. En esa doble página con el señor Verde invitándonos con la mirada a pasar por la cortina (cortinas teatrales, cortinas Lynchianas, cortinas del tercer disco de Tindersticks, una banda tan elegante como el álbum de Sáez Castán) se aprecia una referencia por partida doble a La reproduction interdite (1937) en las sombras. Y, el misterioso cartel que plantea una pregunta a los diferentes señores que descubrirán el secreto de aquella puerta (curiosa la fracción de tiempo en la que permanecen en silencio profundo, 33 segundos, como el “pico” de la partitura de John Cage). 

¿Saldrá un tren por la chimenea?

En el descubrimiento, se puede conectar con otra pintura de Magritte como El principio del placer (Retratode Edward James) también de 1937. Curiosamente, las miradas en este álbum son un punto de interés. En la portada, nos revelan el espacio de una casa entre los árboles (que podrían recordar a Mvsevm o a La ventana indiscreta). Como espectadores, se nos presenta el escenario que después no volveremos a ver de frente en las páginas del álbum, y un juego con la percepción en el que la fachada cubierta por los árboles pierde la sensación de profundidad y un fondo verde plano que no presenta ningún elemento más en su horizonte.

Curiosamente, esa manera de representar el suceso deslumbrante y el título de la pintura nos dice dónde nos conduce esa puerta: al placer de las mariposas de colores (una por cada señor) que habitan en un espacio idílico y en el que la última imagen sirve como perfecto cierre focalizado en la glotonería del señor Verde, que disfruta de esa luminosa libertad. Lecturas que, independientemente del juego pictórico y de referentes, gustan al público infantil por lo atractivo de su lenguaje visual y el candor de una historia que fascina al lector inicial como al lector literario. Un clásico, esencial en cualquier estantería. Escuchas que un nuevo mundo te está llamando (como cantaría Joe Meek).

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=31

Instagram Javier Sáez Castán

https://www.instagram.com/jsaezcastan

Referencia

Duran, T., & Bosch, E. (2011). Before and After the Picturebook Frame: A Typology of Endpapers. New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 122–143. doi:10.1080/13614541.2011.624927