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martes, 12 de abril de 2022

Entradas en azul. Kitty Crowther. Va faire un tour. L'école des loisirs

 


Título: Va faire un tour

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Año: 1995. Reimpresión: 2010

Editorial: L’école des loisirs

Tamaño: 16 x 20 cm. Tapa dura.

Extensión: 57 páginas.

Idioma: francés (álbum sin palabras)

 

Reseña

El nombre de Kitty Crowther nos ha acompañado en diferentes entradas durante el curso pasado. Hoy, volvemos con uno de sus primeros trabajos que se publicó originalmente en 1995. La característica destacable es que se trata de un álbum sin palabras (a excepción del título, la dedicatoria y algún titular de periódico que se cuela en la última viñeta) y su narrativa visual recae en la secuencialidad y fragmentación de la página en pequeñas viñetas (dos por página). Aunque esta apreciación proviene más del mundo académico del cómic, la sorpresa no recae tanto en el paso de página sino en el paso entre viñetas. Es un álbum en el que las guardas nos revelarán mucha información de ese viaje y nos puede conectar con las de Travesía de Peter van den Ende o Ben’s Dream de Chris Van Allsburg, entre otros viajes (los más embemáticos, los de Mitsumasa Anno).

El esquema narrativo y la dedicatoria nos llevan a otro lugar conocido como el clásico de Maurice Sendak Donde viven los monstruos. ¿Por qué? Se preguntarán ustedes. La dedicatoria es para ti: que un día maldijo la tierra porque no era como querías. Y, efectivamente, se refleja una riña a las 18:30 de la tarde entre la madre y el pequeño. Lo sabemos por su expresión enfadada, el gesto indicándole una salida… Esa misma viñeta alcanzará otra significación final en dirección hacia un lugar donde algo “aún estaba caliente”. Ya me entienden.


Así, la narrativa visual comienza sin una situación inicial que explique o de un preámbulo (aunque sea visual).  No, directamente al conflicto (recuerden también Madrechillona) El pequeño enfurruñado sale de casa (al contrario que Max), pero sigue en su ensimismamiento realizando un paseo que recorrerá el tiempo, diferentes etapas históricas y eventos, latitudes y medios, ropajes de época. Esto me recuerda a un clásico del cine europeo como Sanatorium pod Klepsydra de 1973 dirigida por el gran Wojciech Has). Eventos fantásticos incapaces de ser descubiertos por nuestro caminante enfurruñado (ahí se establece la relación irónica intraicónicamente) y que nos conducen con interés por cada salto que le rodea en este viaje fascinante para el lector. Su reto: descubrir todos los detalles y establecer una relación de empatía por un personaje que no ceja en su enfado por tierra, mar o aire.

El lector descubrirá tesoros y cabezas cortadas, molinos y semblanzas con pingüinos y el afinado sentido del humor de Kitty Crowther y las diferentes decisiones en el número de viñetas para estructura la secuencia. A veces para crear un gag en cuatro viñetas con su inicio, nudo y desenlace -la de Egipto mi favorita-; otras para marcar espacios entre latitudes y culturas. Obviamente, el lector necesitará un bagaje para comprender la referencia histórica, cultural o alusiones intertextuales (o icónicas) y que se active el componente irónico. Como en el microrrelato de Monterroso: la referencialidad estaba ahí. En la última viñeta el titular del periódico aporta un pequeño chiste y sirve para conectar este álbum estilísticamente con la tira cómica. Un mapa de fantasía y diversión tremendamente recomendable y que, pese a no traducirse en el ámbito estatal, no resulta necesario al recaer todo el peso narrativo en la imagen. Que no es un reto menor, ya saben.



Con este título aprovecho para recomendarles que paseen durante los días festivos y despejen su mente. A más de uno/a le hace falta. 

Y,... Sí. Me refiero a ti (al igual que en la dedicatoria).

Fran Martínez

[redes sociales]

 


 



lunes, 7 de marzo de 2022

Entradas en azul. Anne Brouillard. L'orage



Anne Brouillard


L’orage



Grandir, 1998

 




Reseña.

Días de tormenta. Estruendo y petricor. Llevaba tiempo con ganas de reseñar este libro de la artista belga Anne Brouillard que ya tuvo una entrada en el blog con el magnífico Trois chats. En aquella reseña ya se citaban algunos trabajos teóricos que señalaban la grandeza de un álbum como L’orage. Desde la comparación de Van der Linden (2015, pp. 72-73) de las cualidades cinematográficas con las que se articulan, especialmente, los álbumes sin palabras. En este tipo de álbumes se requiere de un lector activo, pero en el caso de L’orage la complejidad de la composición del espacio y de la secuenciación temporal es todo un desafío. Beckett (2018) también citaba a esta narrativa sin palabras como un perfecto ejemplo de álbumes que desafían fronteras artísticas bajo el término “crossover picturebooks”.

“Wordless crossover picturebooks are multilayered texts that present a complex and enigmatic form of narration with an endless possibility of meanings. Each reader brings his or her own personal knowledge and experience to the interpretation of the visual images and the construction of the narrative.” (p. 213)

Este desafío tridimensional queda perfectamente analizado por Nières-Chevrel (2010) con un capítulo entero en el que desmenuzar cada acontecimiento que nos asalta en la doble página. La organización de la secuencia tomada con libertad y empleando para cada punto narrativo una diferente estrategia de ordenación interna desde la doble página, página sencilla, múltiples viñetas relacionadas en diferentes direcciones de lectura, con páginas previas o con diferentes ampliaciones focales. Inclusive, Meunier (2019) le dedica en un artículo dedicado a la autora un estudio de los movimientos del gato negro durante la narrativa.

Donde todos estos trabajos coinciden es en la ruptura de las dos dimensiones para movernos como observadores entre puertas, habitaciones y espacios. Del mismo modo, el título del álbum nos indica que estamos ante una tormenta (observamos los nubarrones entre la belleza de una tarde en un entorno rural). Cubierta y contracubierta en continuidad dibujan un precioso lienzo que nos remite a un tiempo futuro en la narración. La belleza pictórica de este álbum es otro de los reclamos para una narrativa espectacular como la calificaba Nières-Chevrel (2010, p.130). Ante un acontecimiento que nos resulta familiar, el anuncio de una tormenta, somos capaces de recordar percepciones y memorias de esos acontecimientos. Una tormenta no te puede pillar desprevenido y cuando te sobreviene sin prepararte la confusión e improvisación se adueña de ti. Improvisación suena a música jazz: a Ornette Coleman o Albert Ayler. Una tormenta bien podría ser tan impredecible como el free jazz. Sin duda, L’orage no es una narrativa visual sencilla. 


En Trois chats el aura cinematográfica se construía entre el enfoque y el plano con el suspense al cruzarse las miradas de los peces y los gatos. En Le sourire du loup (1992), con el que obtuvo una mención honorífica en la Feria de Bolonia en 1993, el juego se basaba en el zoom. De un plano panorámico que se amplía hasta llegar a la sonrisa del lobo y hacer una especie de metalepsis visual que nos remite al inicio de la panorámica. Adicionalmente, en el contenido simbólico del lobo como depredador con el color rojo.

L'orage es un álbum inteligente que fragmenta con su mirada el tiempo y el espacio, la secuencialidad y la capacidad de inferir lo que ha pasado en las páginas anteriores en relación con las imágenes presentes. Un álbum de enorme belleza que nos permite sentir la confusión de la tormenta, del sentimiento tanto en el exterior en búsqueda de cobijo, como en el espacio interior del hogar en el que el sobresalto del viento irrumpe entrando por las ventanas. El ensombrecimiento en el que aparece el rayo dividiendo la penumbra del brillo en los cristales. La cualidad tridimensional de la mirada de Brouillard para el espectador funciona para cuestionarle sobre la ubicación espacial en la que se encuentra inmerso. ¿Qué parte está viendo en las panorámicas para ubicar la casa de referencia en la que están los gatos (el negro entrando para esconderse y el anaranjado sorprendiéndose ante el aviso mientras dormía en la banqueta del piano)?. Un juego que se inicia desde el espejo con el que vemos el exterior de la casa y con el que comenzaremos nuestro viaje por los ángulos de su mirada (parece que estemos reconstruyendo la escena como en Blow up de Antonioni). Estos nos revelan los espacios en los que transitan de los felinos, la pareja de jóvenes que se ven sorprendidos en medio del campo o las vacas.


Cada acontecimiento de la tormenta es palpable en sus luces, en la dinámica que anuncia su llegada, el viento, el ensombrecimiento, el rayo, el sonido de las gotas repicando en las ventanas, el goteo incesante en los charcos, ondas expansivas en el cubo, el reflejo del cielo en los grandes charcos en la tierra. Juegos de espejos en un tiempo que fluye hasta unificarse en las últimas páginas y en el que buscar la dirección en el que las dobles páginas nos están revelando nuestra posición como observadores en el espacio. Ese movimiento queda perfectamente descrito por Nières-Chevrel (2010, p.131)

“Anne Brouillard combines this fundamental power of pictures—that is, to tell present time eternally—with the invention of a camera eye. She pictures our presence in the book in the disguise of a camera moving around in a three-dimensional space. The viewer enters a house through a half-open door and goes out of it through the window; he/she circulates at his/her free will.”


Esta reseña también surge como un ejemplo de la complejidad que implica la lectura de un álbum y sobre su análisis exhaustivo siempre se puede acudir a la tesis de Bosch (2015) entre otros trabajos académicos. El curso pasado me interesé por revisar los artículos publicados en lengua inglesa en las bases de datos Scopus y Web of Science y que acabó comprendiendo mi búsqueda al periodo 1975-2020. Esta revisión de artículos (Martínez-Carratalá, 2022) ha sido publicada en el último número de Ocnos. Revista de estudios sobre lectura por si os resulta de interés.

En conclusión, una narrativa visual como L’orage sirve como perfecto ejemplo del nivel de complejidad que implica la alfabetización visual, la comprensión multimodal de las estrategias de la gramática visual desplegadas para compartir un momento reconocible, la tormenta como un crescendo o una partitura. Desde acordes lánguidos y espaciados hasta la tensión narrativa que se desvanece ante una nueva calma en la que acabamos transformados. La lectura precisamente tiene ese poder y en las narrativas visuales no precisa de palabras para crear una obra tan sugerente y expansiva como esta.

Una grandísima joya de Anne Brouillard y que me acompañaba una tarde de tormenta en el campo mientras escuchaba con nostalgia de domingo un disco de Hope Sandoval junto a Colm Ó Cíosóig (piezas de Mazzy Star y My Bloody Valentine unidas) en Bavarian Fruit Bread (2001). Un disco con dos décadas cumplidas y con un sonido fuera del tiempo. Hay otras canciones con las que me gustaría cerrar esta entrada, pero creo que si hablamos de alfabetización visual esta sirve de perfecto colofón:




Referencias

Beckett, S. L. (2018). Crossover picturebooks. En B. Kümmerling-Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picturebooks (pp. 209-219). Routledge.

Bosch, E. (2015). Estudio del álbum sin palabras [Tesis de doctorado, Universitat de Barcelona]. http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/66127

Martínez-Carratalá, F. A. (2022). Álbumes sin palabras: revisión teórica de los artículos publicados entre 1975-2020. Ocnos. Revista De Estudios Sobre Lectura21(1). https://doi.org/10.18239/ocnos_2022.21.1.2746

Meunier, C. (2019). Anne Brouillard et le génie des lieux. Textyles. Revue des lettres belges de langue française, (57), 27-42. https://doi.org/10.4000/textyles.3715

Nières-Chevrel, I. (2010). The Narrative Power of Pictures: L’Orage (The Thunderstorm) by Anne Brouillard. En T. Colomer, B. Kümmerling-Meibauer, y C.  Silva-Díaz (Eds), New Directions in Picturebook Research, (pp. 129-138). Routledge. 

Van der Linden, S. (2015). Álbum[es]. Ekaré.




 

  

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Free Fall

 

Título: Free Fall

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: HarperCollins

Año: 1988

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27,8 x 23,5 cm. Tapa dura.

Idioma: inglés. Álbum sin palabras

Reseña:

Al igual que Anthony Browne, en diferentes entradas hemos comentado el uso de los álbumes de David Wiesner en la investigación académica. La peculiaridad de sus álbumes sin (o casi) sin palabras ha derivado en diferentes investigaciones a su uso para la elicitación narrativa (en grupos de alumnado con características diversas) o el análisis de las cualidades artísticas de sus obras. Su primer álbum en nombre propio (después de La princesa dragón) es el onírico Free Fall (Caída libre) que contiene muchos elementos clave en su obra posterior (una serie de referencias que repite o esconde en otros títulos): vemos el vuelo sobre hojas y pensamos en Martes, las referencias a Los tres cerditos en varias obras, además de los saltos entre páginas de libros, el mismo dragón como en el álbum previo con Kim Khang… También vemos una parte narrativa dentro de un reino fantástico que, suponemos que nos conecta con Journey de Aaron Becker. De algún modo, su invitación a un mundo de fantasía tiene lugares comunes a los que incorpora como pequeñas variaciones autorreferenciales a títulos previos y, para los lectores que tengan interés por su obra, se crea una pequeña red hipertextual. Bueno, interpictórica.

Los álbumes de David Wiesner tienen un componente en el que la aventura se traza en la alteración de la realidad dentro de la fantasía. Un mundo para el lector. En Free fall se cartografía el sueño como un espacio fantástico y, curiosamente, era un álbum que servía para explicar las categorías que Kümmerling-Meibauer y Meibauer (2015) detectaban dentro de los libros-álbum: “Picturebooks that show maps as essential part of the illustrations” (p. 3). Y, como no, el porqué del recurso: “The most important aspect is that certain literary characters move through space and time while passing certain points on a map” (p. 8). El tiempo y el espacio es un terreno complejo para los primeros lectores o descentralizar su pensamiento.

En Free Fall se inicia con el libro con mapas con el que el protagonista se queda dormido entre sus brazos y en el que se desarrollará su aventura (el descenso al lugar de los sueños). El viento que entra por una ventana abierta y que provocará que una de las hojas de ese libro salga volando. La almohada se desvanece como una nube hacia la página derecha y el pliegue central la diferenciación entre dos mundos. A partir de ese momento la narración se despliega como un continuo que, de algún modo, podría editarse como un libro en acordeón y que finaliza su aventura invirtiendo el orden del mundo de fantasía y la realidad de la habitación respecto a la primera página.

Nodelman (2001) hablaba de la consistencia en la secuencia narrativa de izquierda a derecha y también precisa: “Furthermore, the book establishes a clear, logical, repetitive pattern. We soon understand that each new set of objects that the boy confronts will quickly transform into something different that nevertheless has visual elements in common with it” (p. 10). Además, el título de su artículo no me puede parecer más oportuno: Private spaces on public view. Hasta este punto, esa pequeña odisea en la que Kiefer (2011) señalaba también influencias de Giovani Piranesi en la composición y perspectiva espacial (especialmente de la fortaleza) ya sería una narración completa en la que el lector abrazaría el pacto por aventurarse en la lectura gozosa, pero nos ofrece la aclaración final de todo ese universo cuando despierta del sueño y, en la ventana observamos el amanecer de un nuevo día. Un álbum en el que detenerse en cada detalle, releer y encontrar nuevas pistas en un espacio visual que pide ser escrutado. Narrativas visuales que, como ya apuntamos en la entrada de Flotante, nos dejan sin palabras (Speechless es el nombre de la exposición comisionada por Wiesner en el Eric Carle Museum).

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de David Wiesner

http://www.davidwiesner.com/

Referencias

 

Kiefer, B. (2011). What is a Picturebook? Across The Borders of History. New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 86–102. doi:10.1080/13614541.2011.624898 

Kümmerling-Meibauer, B., & Meibauer, J. (2015). Maps in picturebooks: cognitive status and narrative functions. Barnelitterært Forskningstidsskrift, 6(1), 26970. doi:10.3402/blft.v6.26970 

Nodelman, P. (2001). Private Places on Public View: David Wiesner’s Picture Books. Mosaic: An Interdisciplinary Critical Journal34(2), 1–16. http://www.jstor.org/stable/44029442

 


A partir del minuto 19 pueden escucharle hablando sobre Free Fall

viernes, 26 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Suzy Lee. Líneas. Barbara Fiore Editora

 

Título: Líneas

Autora e ilustradora: Suzy Lee

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2017

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21,5 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras.

Reseña:


No es la primera, pero sí mi última, reseña dedicada a Suzy Lee (la anterior fue Espejo) y la verdad es que hay muchos de sus álbumes que me encantaría dedicarles un tiempo gustoso a recomendar sus bondades (especialmente a Sombras), pero el tiempo en este espacio toca a su fin próximamente y serán otras personas las que se encarguen de compartir sus lecturas. En aquella entrada sobre Espejo, ya citamos el carácter autorreferencial en sus narrativas y esto se muestra en su entrevista en la página de la editora: “Ella es yo, como una niña que ha estado conmigo toda mi vida. Por supuesto, ella no tiene que ser realmente como yo, pero cuando pienso en una protagonista valiente, curiosa, desafiante y positiva, algún rasgo particular de una niña, sale de mi lápiz” (enlace a la web de la editorial).

Seguimos en el terreno de la metaficcionalidad en línea con la reseña de ayer de Kathrin Schärer (nos recuerda a otras obras como El punto de Peter Reynolds por aquello de empieza con una línea y mira hacia dónde te lleva) y tenemos el lápiz como desencadenante del mundo narrativo que rompe la cuarta dimensión (a veces, con los personajes como poseedores como en los libros de Monique Felix, Crockett Johnson, Ivar da Coll o los ositos de Anthony Browne, por citar ejemplos clásicos) y, en otros casos, la inclusión del autor en el libro. Un proceso de creación representado en la niña patinando con gracia, realizando piruetas, saltos y atravesando en sus movimientos el pliegue central, encontrando diferentes acercamientos y, como conflicto, un tropiezo.

Imagen web Barbara Fiore (enlace)

En ese momento, el mundo de la ilustradora y el personaje colisionan: un tropiezo en un dibujo es un borrón a la papelera. O, tal vez, un nuevo inicio. Y, esta vez, con sorpresas adicionales. Un álbum para seguir disfrutando de su habitual propuesta estilística y un desafío al lector para desentrañar la narrativa escondida en el diseño del libro tomando un papel activo en la construcción de su significado. Álbumes sin palabras, narrativas visuales para prestigiar al lector más allá del estímulo visual y, una celebración, cuando son de calidad.

 




 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/lineas

Web Suzy Lee

 http://www.suzyleebooks.com/home.htm

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Renato Moriconi. Bárbaro. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Bárbaro

Autor e ilustrador: Renato Moriconi

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Año: 2015

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 14 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras

Reseña:


Hay álbumes que se convierten en clásicos instantáneos en el aula y disfrutas de su narración, curiosamente, sin palabras. También ver sus caras en el momento en el que descubren el desenlace del libro. O escucharlos con tono gozoso interpretando sus propias historias álbum en mano. Un aviso claro: este álbum conecta profundamente con la imaginación de la infancia y de una manera festiva. La cubierta con el bárbaro galopando su corcel sirve como reflejo de la importancia de la secuencia narrativa en los álbumes sin palabras y, una vez que ha finalizado el álbum, adquiere un nuevo significado: “Aaaah…”. Eso escuchas cuando vuelves a la cubierta.

La descripción de la trama narrativa del álbum es compleja dado que cualquier detalle sobre su desenlace altera por completo toda la narrativa anterior. En ese primer nivel, la secuencia del personaje de la portada que inicia un viaje repleto de pruebas y encuentros con figuras mitológicas y peligros que sorteará (como si fuera un juego de plataformas clásico) desplazándose hacia arriba (en la página derecha) o hacia abajo (en la página izquierda). Una vez saltado el primer obstáculo (un precipicio entre dos relieves de montaña), se suceden peligros que vienen por tierra (salto para: serpientes, cíclopes, plantas carnívoras, bocas de dragones colorados o llamas), mar y aire (el dios del trueno, gárgolas, aguijone, flechas,…). Un auténtico desfile de peligros. Hay un momento que estos peligros acaban. No hay nada en la pantalla y el bárbaro adquiere expresiones de consciencia en la falta de emociones en su viaje heroico. Falta un último peligro que no se puede revelar (y me pregunto hasta qué punto analizar un álbum que es ampliamente conocido y desvelar su desenlace resulta problemático). La sorpresa, digamos, romperá la dimensión interpretativa del álbum y modificará las anticipaciones e inferencias que se realizan respecto al texto: ¿qué tipo de villano aparecerá al final de su viaje y que es superior a todos aquellos descritos anteriormente? El resultado es un álbum que sorprende al lector infantil porque se siente de manera clara identificado y es realmente paródico con ese sentimiento de fin de la ficción con la vuelta a la realidad.


Cuando finaliza el álbum hay un poema de Machado con el que acompaño ese final de la lectura:

“Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,

la alegría de dar vueltas

sobre un corcel colorado,

en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento

chispeaban las candelas,

y la noche azul ardía

toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles

que cuestan una moneda

de cobre, lindos pegasos,

caballitos de madera!”



Un álbum espléndido que también interpela a la relación cotidiana entre el niño y el adulto. Hace un tiempo tuvimos una entrada con álbum con ilustraciones de Renato Moriconi (Dentro de una cebra con textos de Michaela Chirif) y su versatilidad como ilustrador también se refleja en los que ha publicado con Ilan Brenman: Teléfono descompuesto (álbum sin palabras) y Bocejo [trad. Bostezo], este último un “falso álbum sin palabras” siguiendo la clasificación de Bosch (2012) sobre cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras: “en los que, o bien hay palabras en la mayoría de sus páginas (aunque sean onomatopeyas), o bien el texto que acompañaría las imágenes se encuentra concentrado en alguna parte del libro” (p. 76). Esta diferenciación la realizo porque en ocasiones he visto clasificado este álbum sin palabras sin una mayor distinción, e incluso investigaciones como las de Souza et al. (2018), que me resultan peculiares sobre cómo pese a trabajos tan exhaustivos como los de Emma Bosch (artículos en revistas de reconocido impacto, tesis, capítulos en monografías de Routledge) estos aspectos aún resultan confusos en esa ruptura constante de fronteras del álbum.


Independientemente de estos aspectos, son dos álbumes que proponen un juego al lector que incita a la activación de los conocimientos intertextuales y culturales (en Teléfono descompuesto con especial referencia a Caperucita roja de los Grimm y, como no, ese juego de la infancia como el teléfono roto como recordatorio de la importancia de la palabra para la materialización de la fantasía desde el surrealismo). En el caso de Bocejo el juego es un recorrido por la historia de la humanidad con personajes propios de cada época (ilustres como Tutankamón, Napoleón o Einstein) y, el título del álbum ya nos clarifica por qué tienen la boca abierta (no sería necesario precisar la onomatopeya en texto, quitando que en la edición portuguesa el bostezo es “Oh” y en la edición francesa “Ah”). Un juego en un álbum de grandes dimensiones (35,6 x 26 cm.) que termina con una lámina en espejo para cerrar la línea temporal. También hay guiños escondidos tras estos personajes para descubrir: al igual que en Malacatú, hay un guiño a la Guerra de las Galaxias o a obras de arte como la obra de Goya (El 3 de mayo en Madrid). El tercer álbum de esta trilogía es Caras animalescas, aunque en este juego ya interviene el texto.



En resumen, no dejen escapar a Bárbaro y acérquense a estos álbumes en los que sus ilustraciones al óleo garantizan una carcajada. Ahora, bostecen, chismorreen o inicien una aventura fantástica. En sus ojos lo dejo.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19334

Instagram Renato Moriconi

https://www.instagram.com/renatomoriconi/?hl=es  

 

Referencias

Souza, R. J. de, Ramos, F. B., & Stevenson, J. (2018). No words, just pictures to tell the history of humanity: an art case in Bocejo. Ilha Do Desterro A Journal of English Language, Literatures in English and Cultural Studies, 71(2), 219–132. doi:10.5007/2175-8026.2018v71n2p219

Bosch, E. (2012). ¿Cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras?. Ocnos. Revista De Estudios Sobre Lectura, (8), 75-88. https://doi.org/10.18239/ocnos_2012.08.07

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Jihyun Kim. El último verano. Editorial Juventud

 

Título: El último verano

Autora e ilustradora: Jihyun Kim

Traducción: Teresa Farran

Editorial: Juventud

Año: 2021. Original: 2017

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 21,5 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras.

Reseña:

Después de Vecinos de Kasya Denisevich es el turno de otra autora como Jihyun Kim con su primer álbum y nos sirve como hilo conductor en un viaje en el que partimos de la habitación, descubrimos la ciudad y partimos hacia el viaje estival hacia el campo. Ha sido un año en el que también se han recuperado los destinos en la naturaleza (como los campings) para que las familias lleven a los pequeños de la casa a desconectar del encierro. En este viaje, turno para otra narración silenciosa en el que las imágenes son el componente narrativo principal, así como el uso de los encuadres y una paleta minimalista de colores, como también señalábamos en la reseña de La piscina de Ji Hyeon Lee, otra ilustradora coreana. Al contrario que en este último título o en diferentes ilustraciones de Vecinos, el elemento fantástico está atenuado en El último verano y nos remite a una bella experiencia en la salida de la ciudad de un protagonista hacia un destino rural.

Desde las guardas, al inicio y al final, se establece un escenario en el que se polariza la ambientación de estos dos entornos: la ciudad frente al rumor del delicado del bosque. Empleando la doble página como unidad narrativa, observamos la habitación del protagonista: repleta de dibujos, una papelera llena de papeles, un cuaderno, un cubo de Rubik, las gafas para nadar y un perro. Son las 9:10, hora de emprender el viaje parece decirle su madre que ya tiene todo ordenado frente al del cuarto que observamos. Como observadores, la elección de los ángulos también nos ayuda a emprender el viaje vacacional (primero vemos el horizonte y la marcha del vehículo familiar y después nos colocamos a vista de pájaro para ver el cambio de paisaje). Ese uso inicial de la parte trasera nos invita a compartir la mirada del protagonista del cielo, verle sacar la cabeza por la ventanilla para observar el horizonte, los postes eléctricos y como punto de fuga nos centra en el pliegue. El destino, la casa de los abuelos, la visión del salón de las fotografías de familia y la demanda de atención sobre la dirección en la que observa los cuadros el protagonista y, posteriormente, la vista desde la ventana del sendero del bosque.

A partir de ese momento, acompañamos silenciosamente en su escapada junto a su perro del trayecto dentro del bosque, comprobar su belleza alrededor y una sorpresa: el río. Momento para un chapuzón fresquito en la soledad del río y la admiración de su fondo, el placer de flotar en ingravidez, la comunión con la naturaleza. El tránsito entre la entrada en el agua (en la página izquierda desde un ángulo superior) y la salida (en la página izquierda en el que observamos desde un ángulo inferior) en los que el blanco aporta la luminosidad perfecta para el momento en el que salpica el agua y en el reflejo de la salida en contraste con las tonalidades de azul más oscuro. Notar el calor de los rayos del sol, el atardecer con sus sombras, el cielo estrellado, la calma y las charlas en familia. En esta parte final en nuestra mente también sonarían los grillos en una calurosa noche de verano y un cierre en el que el protagonista nos vuelve a pedir con su mirada (y su perro) ese placer que en las grandes ciudades no podemos apreciar por la contaminación lumínica. Un cielo estrellado que nos insufla paz y sirve de broche perfecto a esta bella narración.

Finalmente, el germen de la idea para la autora en un viaje en el que pretende encapsular la serenidad de ese momento de placer en la naturaleza fuera del tiempo. En el texto de la editorial, leemos que esta es su primera obra y su deseo por continuar explorando esa faceta. Por suerte, parece que este camino prosigue dado que en su web vemos la reciente publicación de An Autumn Morning (Wisdom House, 2020) y deseamos que tenga la misma capacidad de encapsular la belleza del otoño de la misma manera que lo ha realizado con el verano (y, supongo, que le llevará a completar el ciclo con el invierno y la primavera). Un soplo en el corazón del verano y una última pregunta: ¿qué hicisteis en el verano de 2021?


Out here in the country
Where stars they shine
You can even take a walk by moonshine (…)

How I long to feel that Summer
In my heart

And the days were so long
And nothing could go wrong
With my heart

 

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.editorialjuventud.es/el-ultimo-verano-9788426147257/

Web Jihyun Kim

http://www.kim-ji.com/

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Peter van den Ende. Travesía. Libros del Zorro Rojo

 

Título: Travesía

Autor e ilustrador: Peter Van den Ende

Editorial: Libros del Zorro Rojo

Año: 2020

Páginas: 104

Encuadernación y formato: 23 x 30,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras


Reseña:

Hemos tenido en este inicio a Shaun Tan y a David Wiesner, álbumes que desafían la posición del lector en el escrutinio de significados y narrativas que dejan sin palabras que demandan la lectura de los detalles. Para ubicar al belga Peter van den Ende faltaría una pieza más: Einar Turkowski. De alguna manera, mi mente le ubica en un plano similar en el que explorar la perplejidad del lector a partir de la fascinación por la naturaleza y mundos oníricos repletos de simbolismo y ciertos aires distópicos por la presencia de elementos mecánicos. Supongo que también el uso del blanco y negro en la traslación de estos universos es lo que facilita una comparación obvia y el nivel de detalle en esta obra sensacional.

Una obra que puede fascinar a un lector competente en el último tramo de primaria (en la web lo recomiendan a partir de 8 años) y que es un recurso igualmente fascinante en cualquier etapa formativa o edad posterior. La unidad narrativa está basada en el uso de la doble página, alternando con el uso de la página sencilla, con la única aparición de viñetas al inicio y final de la narración. La cubierta y contracubierta tienen unidad y las guardas también tienen una función de síntesis al final del libro. Narración silente en blanco y negro en una narración que también excede el número de páginas habituales del álbum y lo emparenta con la novela gráfica y nos recuerda el inicio de estas narraciones a partir del trabajo de recopilación de David Beronä en su libro de 2008 Wordless books: the original graphic novels donde repasaba las obras de Frans Masereel o Lynd Ward entre otros.

Desde el surrealismo y la combinación de elementos reconocibles nos adentramos en una Travesía, como indica el título en castellano, pero que en francés pasó a llamarse “Odisea” o Errante (Wanderer en inglés) con lo que la traducción remite a lugares similares (con el traductor de Google y el holandés tengo más dudas con zwerveling traducido como torbellino). Como sea, el título nos pone en un entorno marino en el que se ilustra en las viñetas iniciales los pasos para construir un barquito de papel por dos personajes: un marinero con aspecto humano y, otro personaje misterioso, ataviado con un traje, capa y máscara con dos cuernos. Barquito (el tamaño en este caso sería el de una barca) que sale al mar lanzado desde un barco con una curiosa quilla con lo que podría ser un batiscafo.

A partir de este momento, contemplamos desde una variedad de enfoques y planos todo aquello que le rodeará y que nos fascinará poco a poco (en la web de la editorial se apunta que Peter van den Ende estudió biología y fue guía en las Islas Caimán): nos deleitará por su nivel de detalle del coral marino, los bancos de peces y la aparición de personajes fantásticos que nos irán trasladando por paisajes, recovecos oscuros, espacios misteriosos y sorprendentes tripulantes que tomarán esa embarcación en diferentes momentos, ballenas con una diminuta pipa, animales variopintos en una fauna en la que formas reconocibles subvierten la anatomía terrestre y, como no, bellos paisajes entre el día y la noche, auroras boreales, glaciares y múltiples misterios en una obra panorámica en la que perderse y extrañarse con la inserción de elementos industriales: grandes buques navieros, plantas petrolíferas que infectan la vida marítima y aérea. Una travesía en la que seguimos con interés un pequeño elemento entre tantos elementos singulares.

En la parte final, la revelación de más detalles y la llegada a buen puerto de un viaje desde el norte del Océano Pacífico y que nos devuelve al Puerto de Amberes (en las guardas finales podemos observar repasar ese trayecto narrativo y volver atrás para conocer la geografía imaginada por el autor en los diferentes puntos del planeta). Como tripulantes de ese barquito de papel, nos sentimos afortunados de participar de un viaje con un destino final que se materializa dentro de nosotros: el gozo de perdernos entre sus páginas.



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/travesia/

Instragram Peter van den Ende

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lunes, 6 de septiembre de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Flotante. Océano Travesía

 

Título: Flotante

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: Océano Travesía

Año: 2007

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28,5 x 22,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum casi sin palabras

Reseña:

Esta vuelta a la actividad parece dominada por álbumes sin palabras y, como apunté en una de las entradas de la semana pasada, es curioso que se definan por el elemento del que carece y no por los atributos que ofrece. Esta reflexión sabía que la había leído en más de una ocasión en referencias relacionadas con este tipo de álbumes y, releyendo para esta entrada, puedo citar a Serafini (2014) como uno de los que emplearon este tipo de razonamiento. Dentro de la didáctica de la lengua y la literatura hay un campo de estudio que se ha abordado a lo largo de las últimas décadas sobre este tipo de libros-álbum y en ese mismo artículo de Serafini (2014) encontramos algunas de las posibilidades que el autor señala a través de los “wordless picturebooks”: dar voz a la narrativa visual a partir de la secuencia dispuesta, interpretar los estados emocionales de sus personajes (aquí Serafini también conecta con algunos estudios sobre áreas cognitivas como los de Nikolajeva y Kümmerling-Meibauer), la aceptación de la ambigüedad por parte del lector (es decir, el papel del lector activo), el reconocimiento que hay diferentes formas de exploración visual en el libro-álbum (aquí se puede conectar desde la sintaxis de la imagen de Dondis, estudios de semiótica o la creciente bibliografía sobre alfabetización multimodal) y elaborar hipótesis (inferir y construir significados más cercano a propuestas dialógicas) sobre la narrativa que describe la secuencia de imágenes.

Esos aspectos también han sido señalados por otros investigadores como Arizpe (2013) y que también desarrollaron mediante este Flotante una práctica transcultural que derivó en publicaciones previas como la de Arizpe y McAdam (2011) y el manual sobre estos viajes visuales en diferentes contextos en Arizpe, Colomer y Martínez-Roldán (2014) a partir, especialmente, de Emigrantes de Shaun Tan y que conectaba con aquella propuesta de literatura que acoge de Colomer y Fittipaldi (2012) en la que también se incluía esta obra de David Wiesner. También ha cambiado la perspectiva desde aquel artículo de Groff (1978) que no consideraba estos álbumes sin palabras como recursos apropiados en el aula, pasando por otro artículo seminal como el de Knudsen-Lindauer (1988) en el que señalaba como una de sus grandes cualidades: “one of the most important roles of wordless books lies in promoting and refining expressive language skills through creative expression. Wordless books lend themselves very nicely to a creative approach to storytelling on the part of children” (p.137). Es decir, la elicitación narrativa que permite conectar a estos libros con prácticas esenciales en diferentes ámbitos de la Didáctica de la(s) Lengua(s) y Literatura que no quiero extenderme demasiado en esta introducción y pasar a la obra.

David Wiesner es uno de los autores con un mayor reconocimiento internacional en su obra y cuyos álbumes sin palabras han conseguido distinciones como las tres medallas Caldecott para Martes, Los tres cerditos y este Flotante con el que cierra la trilogía de reconocimientos. En su obra hay elementos recurrentes, además de su interés por ampliar la visión del mundo de la infancia hacia territorios repletos de fantasía, que podemos rastrear en diferentes álbumes (algunos ya se apuntaban en la reseña de Sector 7, en el que aparecía como referencia un artículo de una de las especialistas en álbumes sin palabras como Emma Bosch): encontramos en la portada un cerdo entre una gran disposición y muestrario de instrumental y elementos que nos indican la cartografía del viaje que encontraremos posteriormente en sus páginas (una pequeña colección de objetos y tesoros fuera del tiempo). Una secuencia que está construida con gran precisión desde la continuidad entre cubierta y contracubierta, la arena de las guardas que conectan con un momento previo en el que vemos al protagonista descubriendo algo en la orilla. El cerdo (referencia a Los tres cerditos [2002], pero que también eran un elemento recurrente en Free Fall [1988] y el final de Martes [1991]), el protagonista rubio que también aparece en Hurricane (1990) y Free Fall, la aparición de esos grandes pulpos en formas de cúmulos en Sector 7 (1999) y una imagen introductoria previa a la portada del libro que nos coloca en el espacio narrativo.

A partir de ese momento, como lectores (de imágenes y construyendo significados) nos adentramos en los mecanismos de David Wiesner para que la lectura sea inmersiva: el uso de técnicas cinematográficas en la elección del enfoque y plano, el color para delimitar el “framing” narrativo y la secuenciación en viñetas para dinamizar el tiempo en el que transcurren las acciones. En primer lugar, vemos el ojo desenfocado en ese cangrejo inicial que nos indica la posición del lector con lo que en el análisis multimodal se identifica como “demand”: el protagonista nos invita que sigamos su mirada a cada uno de los detalles que encuentra en la orilla. La doble página posterior nos muestra el resto de instrumental y de dónde proviene el efecto desenfocado: el uso de la lupa (también vemos el microscopio, los prismáticos y un curioso cofre). El uso de las viñetas es otra de las características empleadas en otros álbumes de Wiesner, como en Martes, Sector 7 o su juego metaficcional en Los tres Cerditos. Esto también conduce a que en otros estudios se señalen la hibridación con el lenguaje del cómic (Postema, 2014) o el análisis multimodal del foco que propone cada uno de estos paneles en la narración (Pantaleo, 2019). Curiosamente Sylva Pantaleo aprovecha estas cualidades de los álbumes “posmodernos” (en referencia al libro clásico que editó con Lawrence R. Sipe en 2008) en diferentes propuestas didácticas en el aula para la apreciación de todos estos elementos visuales (Pantaleo, 2016, 2017). Estas viñetas iniciales siempre se reflejan en un fondo blanco, intercalándose con dobles páginas e inserciones dentro de la ilustración para trasladarnos directamente a su visión (como en la página en el que la viñeta se incrusta con el protagonista mirando la cámara subacuática Melville, quizás un homenaje al autor de Moby Dick).

Aquí, nos encontramos ante una segunda parte en la que el conflicto nos sitúa como investigadores del enigma que esconde ese carrete de la cámara, nos acompaña en la inquietud por el revelado fotográfico y, finalmente, volvemos al ojo descubriendo su contenido. En ese momento, el código de la página se cambia al negro cuando nos muestra las fotografías con esos universos peculiares, cómicos y surrealistas en el que también establece esas conexiones iconográficas con su obra anterior en una suerte de peculiar Atlantis. Esa sorpresa inicial, da lugar a una nueva vuelta de tuerca narrativa: la lectura a través del zoom del microscopio del misterio que encierra la cámara: una práctica que se convierte en aquella idea del mensaje en la botella, pero esta vez con una cámara fotográfica como elemento que transporta al lector por las otras personas que encontraron la cámara y la dinámica que descifraron: cada zoom nos mete en la foto dentro de la foto (aquello de Jörg Müller del libro en el libro en el libro…) hasta llegar al blanco y negro de un niño en la costa que inició este juego (un mensaje a través del tiempo y el territorio) pasando por diez manos diferentes y, ahora, resuelto el misterio el protagonista sabe qué hacer.

Mirar cada página, cada viñeta, el lujo de detalles, pasar la página y sorprendernos, descifrar un misterio dentro de otro misterio y otras tantas capas encerradas en un álbum que nos deleita por el detallismo de cada ilustración, un viaje (con un pequeño homenaje a La gran ola de Kanagawa incluido) que promete ser circular. Arena y cierre. En la contracubierta los peces nadan en la dirección que nos devuelve a la portada y al ojo del pescado que nos muestra la cámara misteriosa. Bienvenidos, de nuevo, Flotante: una obra clásica (posmoderna) de la LIJ.

Por cierto, David Wiesner es el comisario de una exposición dedicada a los álbumes sin palabras en el Eric Carle Museum. Me gusta el título por aquello que se comentaba inicialmente, “arte que deja sin palabras” como una manera más poética para clasificar estos libros.

https://carlemuseum.org/explore-art/exhibitions/current/speechless-art-wordless-picture-books

Fran Martínez

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Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=6727

Web de David Wiesner

http://www.davidwiesner.com/ 

Referencias

Arizpe, E., Colomer, T., y Martínez Roldán, C. (2014). Visual Journeys Through Wordless Narratives: An International Inquiry With Immigrant Children and The Arrival. Bloomsbury.

Arizpe, E. (2013). Meaning-making from wordless (or nearly wordless) picturebooks: What educational research expects and what readers have to say. Cambridge Journal of Education, 43(2), 163–176. https://doi.org/10.1080/0305764X.2013.767879

Arizpe, E., & McAdam, J. (2011). Crossing Visual Borders and Connecting Cultures: Children’s Responses to the Photographic Theme in David Wiesner’s Flotsam . New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 227–243. https://doi.org/10.1080/13614541.2011.624969

Colomer, T., y Fittipaldi, M. (Eds.). (2012). La literatura que acoge: Inmigración y lectura de álbumes. Banco del Libro.

Groff, P. (1978). Critic’s corner: Art and reading: Is there a relationship? Reading World, 17(4), 345–351. https://doi.org/10.1080/19388077809557440

Knudsen Lindauer, S. L. (1988). Wordless books: An approach to visual literacy. Children’s Literature in Education, 19(3), 136–142. https://doi.org/10.1007/BF01127091

Pantaleo, S. (2016). Primary students’ understanding and appreciation of the artwork in picturebooks. Journal of Early Childhood Literacy, 16(2), 228–255. https://doi.org/10.1177/1468798415569816

Pantaleo, S. (2017). Critical thinking and young children’s exploration of picturebook artwork. Language and Education, 31(2), 152–168. https://doi.org/10.1080/09500782.2016.1242599

Pantaleo, S. (2019). The semantic and syntactic qualities of paneling in students’ graphic narratives. Visual Communication, 18(1), 55–81. https://doi.org/10.1177/1470357217740393

Postema, B. (2014). Following the pictures: Wordless comics for children. Journal of Graphic Novels and Comics, 5(3), 311–322. https://doi.org/10.1080/21504857.2014.943541

Serafini, F. (2014). Exploring wordless picture books. Reading Teacher, 68(1), 24–26. https://doi.org/10.1002/trtr.1294