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viernes, 26 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Suzy Lee. Líneas. Barbara Fiore Editora

 

Título: Líneas

Autora e ilustradora: Suzy Lee

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2017

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21,5 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras.

Reseña:


No es la primera, pero sí mi última, reseña dedicada a Suzy Lee (la anterior fue Espejo) y la verdad es que hay muchos de sus álbumes que me encantaría dedicarles un tiempo gustoso a recomendar sus bondades (especialmente a Sombras), pero el tiempo en este espacio toca a su fin próximamente y serán otras personas las que se encarguen de compartir sus lecturas. En aquella entrada sobre Espejo, ya citamos el carácter autorreferencial en sus narrativas y esto se muestra en su entrevista en la página de la editora: “Ella es yo, como una niña que ha estado conmigo toda mi vida. Por supuesto, ella no tiene que ser realmente como yo, pero cuando pienso en una protagonista valiente, curiosa, desafiante y positiva, algún rasgo particular de una niña, sale de mi lápiz” (enlace a la web de la editorial).

Seguimos en el terreno de la metaficcionalidad en línea con la reseña de ayer de Kathrin Schärer (nos recuerda a otras obras como El punto de Peter Reynolds por aquello de empieza con una línea y mira hacia dónde te lleva) y tenemos el lápiz como desencadenante del mundo narrativo que rompe la cuarta dimensión (a veces, con los personajes como poseedores como en los libros de Monique Felix, Crockett Johnson, Ivar da Coll o los ositos de Anthony Browne, por citar ejemplos clásicos) y, en otros casos, la inclusión del autor en el libro. Un proceso de creación representado en la niña patinando con gracia, realizando piruetas, saltos y atravesando en sus movimientos el pliegue central, encontrando diferentes acercamientos y, como conflicto, un tropiezo.

Imagen web Barbara Fiore (enlace)

En ese momento, el mundo de la ilustradora y el personaje colisionan: un tropiezo en un dibujo es un borrón a la papelera. O, tal vez, un nuevo inicio. Y, esta vez, con sorpresas adicionales. Un álbum para seguir disfrutando de su habitual propuesta estilística y un desafío al lector para desentrañar la narrativa escondida en el diseño del libro tomando un papel activo en la construcción de su significado. Álbumes sin palabras, narrativas visuales para prestigiar al lector más allá del estímulo visual y, una celebración, cuando son de calidad.

 




 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/lineas

Web Suzy Lee

 http://www.suzyleebooks.com/home.htm

jueves, 25 de noviembre de 2021

Entrada en azul. Kathrin Schärer. Johanna en el tren. Océano Travesía

 

Título: Johanna en el tren

Autora e ilustradora: Kathrin Schärer

Traducción: José Antonio Salinas

Editorial: Océano Travesía

Año: 2010

Páginas: 42

Encuadernación y formato: 27 x 24,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El libro dentro del libro, o su proceso de creación, que nos recuerda a otras entradas de este año como los álbumes metaficcionales de Jörg Müller, Anthony Browne o Chris Van Allsburg (entre algunos ejemplos clásicos). Pantaleo (2014) recuperaba la naturaleza metaficcional del álbum posmoderno (como no recordar Los tres cerditos de Wiesner o Lobos u Otra vez de Emily Gravett), aunque encontramos ejemplos clásicos en otras épocas (¿verdad Harold?): “In general, metafictive techniques are used in combination, and the synergy of several devices serves to enhance a text’ s fictional status and self- conscious nature” (p. 326). 

Personalmente, el efecto de los álbumes metaficcionales en los lectores implica una sacudida o “cortocircuito” como apuntaba Silva-Díaz (2018) con esa ruptura de la cuarta dimensión. Un ejemplo también paradigmático es este Johanna en el tren de Kathrin Schärer (una autora muy recomendable tanto en nombre propio como su labor de ilustradora) con un diseño total en el que el soporte también tiene un aspecto clave en la revelación de los detalles en los que se envuelve la narrativa: desde las guardas, los paratextos con la voz narrativa de la autora y la diferenciación de dos registros de color para diferenciar la realidad de la narración creada. En esta secuencia inicial encontramos, en primer lugar, la delimitación del espacio narrativo (el tren) y con ese medio de transporte nos lleva hasta sus tripulantes (la vaca, el perro dormilón y la cabra inquieta). 



Así, nos encontraremos con una cerdita mirando con alegría por la ventana (ahora, siento nostalgia por los viajes en tren). Mientras la voz del dibujante se ha encargado de narrarnos su proceso creativo plasmándolo con sus utensilios de dibujo, se inicia la ruptura o “cortocircuito” que se ha descrito anteriormente: la cerdita rompe la cuarta dimensión (y como no acordarse de Mo Willems y su paloma queriendo conducir el autobús) y le insta al dibujante a introducir nuevos detalles (empleando la materialidad de sus páginas para esta secuencia) y, como no, otorgarle el detalle más importante que nos define como humanos: darnos un nombre. A partir de esta ruptura, la búsqueda de su nombre (como ya sabéis por el título, Johanna) y la necesidad de una aventura como buen personaje de una historia. Con el reflejo de la autoconsciencia del personaje principal el autor se encarga de otorgarle el mando del mundo de fantasía que le rodea, tomará decisiones estéticas. De la misma forma, un hecho inesperado hará que la autora también juegue con Johanna creando imágenes cómicas. 

Por último, pequeños detalles quedan a la interpretación del lector para que otorguen la presencia de la autora dentro de esa narrativa. Una narrativa que se marchará con un final feliz y la decisión de terminar una narrativa para que ya no sea de la autora (aunque, siempre estará presente) sino el lector el que complete ese vagón. Algo de la autora quedará siempre con Johanna, pero también el comienzo de una nueva historia llamará a sus puertas. Eso haremos, ya sea en nombre propio o acompañando a Lorenz Pauli con quien ha publicado diferentes álbumes. Ahora, toca el final de esta reseña. Mañana más.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/obras/johanna-en-el-tren-kathrin-scharer-9464.aspx

Referencias

Pantaleo, S. (2014). The Metafictive Nature of Postmodern Picturebooks. The Reading Teacher, 67(5), 324–332. doi:10.1002/trtr.1233 

Silva-Díaz, M. C. (2018). Picturebooks and metafiction. En Kümmerling-Meibauer, B. (Ed.). The Routledge Companion to Picturebooks (pp. 69-80). Routledge.

 


miércoles, 30 de junio de 2021

Entradas en azul. Gilles Bachelet. Un cuento que... Editorial Juventud

 

Título: Un cuento que…

Autor e ilustrador: Gilles Bachelet

Traducción: Paula Jarrin Servidio

Editorial: Editorial Juventud

Año: 2018. Original: 2016

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 18,5 x 25,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Siguiendo con la diversión y la metaficcionalidad era inevitable volver a Gilles Bachelet, un autor de que reseñamos su divertido Elcaballero impetuoso y uno de los clásicos de la LIJ como Mi gatito es el másbestia. No es la primera vez que observamos a los protagonistas de la cubierta leer un libro (para indicarnos el autor que es un libro sobre libros) con el delicioso juego intertextual de Los cuentos entre bambalinas y, en este Un cuento que… volvemos a esos terrenos en los que se maneja a la perfección. Recuerdo de entrada tanto en este libro como en el de ATAK un manual clásico como el coordinado por Lawrence Sipe y Sylvia Pantaleo en 2008 titulado Postmodern picturebooks, pero especialmente por su subtítulo: Play, Parody and Self-referentiality (juego, parodia y autorreferencia). En cierto sentido, define a la perfección el espacio en el que se vertebra la narrativa del libro que, en términos musicales, serían variaciones relacionadas dentro de los movimientos de la partitura.

El lector tiene el anclaje a un texto asociado a una imagen que es la que revela la narrativa en la sorpresa del paso de página. Ese juego e invitación a observar los detalles minuciosos que se disponen con sentido del humor. El texto nos da una descripción y nos señala los elementos que jugarán ese juego: una mamá o un papá, el bebé y el dudú. El cuarto elemento es un juguete que siempre aparece a los pies de la cuna y que amplía una segunda relación entre el imaginario de cada habitación. Eso en la página izquierda. En la derecha, el cuento como elemento poético en el que terminar de evocar ese juego irónico propuesto por Gilles Bachelet. El mecanismo se descifra a medida que se lee, introduce la capacidad de anticipar qué pasará en la siguiente página, pero en cada paso la sorpresa está garantizada. 

En las guardas, conocemos a las familias de animales protagonistas y la muy divertida inclusión de una excavadora. También encontramos a una figura humana, en este caso el autor (solo tenemos que observar los álbumes a pie de cuna en su página, el móvil en el techo y el “gatito” de Bachelet). Desde la cubierta se describe la estampa de los cuatro elementos de la narrativa como apuntábamos donde el dudú es el que servirá para la nueva estampa. En la portada vemos al dudú del oso panda y, en la primera página, tenemos a la familia panda. Ilustraciones encadenadas y pequeñas alteraciones en el texto que nos conducen por autorreferencias al universo literario de Bachelet (el caracol, la avestruz,…). Como en uno de los remates en la página de los extraterrestres: un cuento que pasa volando. En la contraportada, se cierra el círculo y el libro, de nuevo, pide ser leído como cada noche cuando a la hora de dormir la infancia pide un cuento, un espacio seguro con la literatura. Dulces sueños y una sonrisa en la boca.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.editorialjuventud.es/un-cuento-que-9788426144904/

 

lunes, 28 de junio de 2021

Entradas en azul. Chris Van Allsburg. Mal día en Río Seco. FCE

 

Título: Mal día en río seco

Autor e ilustrador: Chris Van Allsburg

Traducción: Diana Luz Sánchez

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2000. Original: 1985

Páginas: 34

Encuadernación y formato: 28 x 22 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En esta breve tanda de libros con temática del Oeste se cierra (a modo de trilogía) con un libro atípico de Chris Van Allsburg y su libro Mal día en río seco. Atípico por las ilustraciones cuando nos aproximamos a este y que distan del detallismo realista del realismo mágico tradicional en sus obras (incluidas las que usaban el blanco y negro como El jardín de Abdul Gasazi, Jumanji, Los misterios del señor Burdick o Ben’s Dream). Esta supresión sirve como fórmula para introducirnos en el juego metaficcional y el guiño al clásico de Crockett Johnson Harold y el lápiz morado (1955) que ha tenido diferentes ejemplos en personajes que alteran la realidad dentro del libro a través de un lápiz (desde Aaron Becker, Ivar Da Coll o Anthony Browne, por citar algunos ejemplos) o la inclusión del autor dentro del libro (desde Hervé Tullet, Roberto Innocenti o Jörg Müller). En este caso, el mecanismo no se muestra hasta el final del libro (al contrario de Johanna en el tren, por ejemplo) para mantener el suspense en el lector que comparte el misterio con el protagonista, el alguacil Ned Hardy (la parodia de tomar conciencia propia el personaje de ficción, la ruptura de la cuarta dimensión).

La opción deliberada de asumir el tipo de ilustración típica de libros para colorear también sirve como contrapunto humorístico a la estandarización de aquellos libros y en la primera ilustración a doble página leemos (Era uno de esos lugares donde todos los días son iguales). Libros típicos de la infancia, aquellos en los que se tenía que unir los puntos y los números para crear la forma, todo tan hermético y pautado (podemos recordar ejemplos contrarios como el libro del artista Keith Haring con El libro de las pequeñas cosas de Nina editado en castellano por Gustavo Gili). Súbitamente esa narrativa se ve asaltada por la aparición en los caballos que tiran del carruaje de “gruesas tiras de una especie de lodo brillante y grasoso”. 

Los personajes, parece que empiezan a tomar conciencia de esa realidad (oeste y autoconciencia, me recuerda a Westworld) y siguen observando los cambios en su mundo en blanco y negro repleto de los trazos de ceras de colores hasta que en su expedición a la búsqueda de respuestas se topará con el dibujo infantil de un vaquero y su ataque hacia él. Curiosamente, al estar insertos en su propia narrativa dentro del libro su final se supedita no a sus acciones, sino a la de Sophia (cuyo nombre conocemos en la dedicatoria del autor en la portadilla) con el libro de colorear. En ese momento, volvemos al universo de las ilustraciones de Chris Van Allsburg, un texto con una fuente diferente nos deja en la conclusión sobre el origen de la luz y la oscuridad en ese mundo ficcional dentro del libro. 

La opción del foco para salir de la historia de Chris Van Allsburg es un primer plano de la mano para que la observación esté mediada conjuntamente a la del personaje y, finalmente reducir el enfoque para colocarnos en un ángulo a vista de pájaro y de espaldas a la protagonista y, finalmente, dejándonos ante la resolución. Como epílogo la contraportada nos revela el semblante de nuestra protagonista de los trazos que es la hija del autor que posa a su lado. Las guardas también son negras, en alusión a la pérdida de luz del libro cuando está cerrado. Como buen libro metaficcional, los mecanismos de alteración se encuentran en todo el diseño del álbum. Y, para finalizar esta pequeña trilogía western, un clásico: Érase una vez el oeste.



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=1904


lunes, 21 de junio de 2021

Entradas en azul. Isabel Minhós Martins y Bernardo P. Carvalho. ¡De aquí no pasa nadie! Takatuka

 

Título: ¡De aquí no pasa nadie!

Autora: Isabel Minhós Martins

Ilustrador: Bernardo P. Carvalho

Traducción: Patric de San Pedro

Editorial: Takatuka

Año: 2017

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

La semana pasada cerramos con El presidente del mundo del tándem Zullo-Albertine y retomamos la temática con otro dúo no menos prolífico como las cabezas pensantes detrás de Planeta Tangerina (una de las editoriales portuguesas que junto a Pato Lógico y Orfeu Negro siempre hay que prestar atención y que en el último número de la Revista Peonza se dedica un especial a Portugal). También, la debilidad por un autor/ilustrador como Bernardo P. Carvalho con una propuesta en sus ilustraciones siempre colorista, jugando con la forma y el estilo y que le ha hecho ganador de premios nacionales (Premio Nacional de Ilustración en Portugal), por la labor editorial de Planeta Tangerina en la Feria de Bolonia o sus ilustraciones en el libro informativo de María Ana Peixe La fora (Ahí fuera, editado en España por GeoPlaneta). 

Una ristra de títulos donde el sentido del humor también encuentra espacios para la inclusión de aspectos críticos como en Un día en la playa, Praia Mar y Trocoscópio, tres álbumes sin palabras. En este caso, la propuesta del libro es el juego paródico a partir de la metaficcionalidad en el formato y el juego con el límite de la doble página: el pliegue. Un juego que conocemos en diferentes títulos y que exploró (también Trocoscópio) junto al texto de Daniel Fehr con La pelota amarilla (Takatuka, 2018).


Unido a la temática, el sentido paródico se encuentra en la comicidad del juego metaficcional y la acumulación de personajes en un lado de la página que progresivamente aparecen ante el Sr. Guardia que ha recibido estrictas órdenes del General Alcázar (todos los nombres aparecen en las guardas del libro) montado en su caballo azulado (Relincha-Cohete) e imponiendo que nadie puede pasar de página. A partir de ese momento, la acumulación de personajes en cada paso de página nos llevará a la observación de cada uno de ellos (aparecen astronautas, una caperucita, un extraterrestre que nos recuerda a E.T., un fantasma, la propia autora del texto…) como si del camarote de los Hermanos Marx se tratase. En La pelota amarilla también encontramos ese juego ampliado con la diversidad de ilustraciones y una fiesta en la que Caperucita, Hulk, Bob Esponja o Chewbacca aparecen. 


Todos indignados, pero la ley es la ley. Ante tal avalancha el Sr. Guardia se cuestiona si puede mantener esa imposición y, finalmente, será la infancia la que desmonte todo ese tinglado y un bonito juego en el que el colectivo acaba con una tiranía injustificada. Un álbum muy recomendable y tremendamente divertido, no exento de su carga paródica hacia los dictadores con sus ideas sobre cómo pasar a la historia mediante la opresión.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

http://www.takatuka.cat/llibre.php?otro_idioma=cas&id_otro_idioma=121

Instagram Isabel Minhós Martins

https://www.instagram.com/isabelminhosmartins2

Instagram Planeta Tangerina

https://www.instagram.com/planetatangerina/?hl=es

 

 

jueves, 15 de abril de 2021

Entradas en azul. Jörg Müller. El libro en el libro en el libro. Serres

 

Título: El libro en el libro en el libro

Autor e ilustrador: Jörg Müller

Traductor: Jordi Pujol i Manya

Editorial: Serres

Año: 2000

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 32 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Semana entre arte, Magritte y metaficcionalidad que nos aproximaba inevitablemente al suizo Jörg Müller (1942) con su reto en El libro en el libro en el libro, un sensacional álbum que, por desgracia, no es fácil su adquisición (como buena parte de su obra) exceptuando dos títulos clásicos de la Literatura Infantil y Juvenil: su versión sin palabras de El soldadito de plomo o las ilustraciones para el texto de Jörg Steiner en El gran gris (una pena que no se editase en castellano Die neuen Stadtmusikanten in Aufstand der Tiere (1989) - Los nuevos músicos de la ciudad en Levantamiento de los animales-).

Libros que presentan una mirada crítica a la evolución de las sociedades postindustriales y cuya temática exploró en los años setenta con otros títulos como Alle Jahre wieder saust der Preßlufthammer nieder I oder Die Veränderung der Landschaft (The changing countryside, 1973) o la composición del cambio en las ocho láminas en Hier fällt ein Haus, dort steht ein Kran und ewig droht der Baggerzahn oder Die Veränderung der Stadt (The changing city, 1976), títulos que servirían de perfectos compañeros a La casa de Innocenti o en el libro también sin texto Desde 1880 de Gottuso. Exceptuando el libro de Innocenti, los demás optan por la supresión del texto con la intención de reflejar un cambio y, en el caso de Müller (Premio Andersen en 1994), con una precisión documental para no crearse trampas efectistas como reveló en el número 2 de la desaparecida revista de arte y literatura BLOC (lecturas que agradezco a Ramón Llorens por su recomendación).

En este libro, todo cobra significado a partir de un juego de espejos en el que nos invita a perdernos dentro de un juego que se va armando por capas desde la portada del libro y con el punto de fuga de las guardas. Un regalo, un libro en la portada y en la primera página, ese libro y esa misma apertura rasgada del papel de regalo. Para comenzar con la ruptura, el relato está realizado en segunda persona y nos cuestiona sobre si a la persona a la que se dirige el texto es al protagonista del libro o a nosotros, que seguramente estamos realizando las mismas acciones con el libro. Eso se acrecienta con la combinación de puntos de vista de la narración en la que compartimos la visión frontal de la imagen y contemplamos el juego de espejos y, por otra parte, otras que nos trasladan a la extrañez de la protagonista que intenta descifrar qué está pasando con ese objeto en el que se refleja. El problema de ese juego de espejos es que hay un conejo detrás de la niña en el libro y ¿dónde estará ese conejo? Aclaración no es blanco, pero sientes como poco a poco suena en tu cabeza White rabbit de Jefferson Airplane y Carroll está mirando de soslayo.


Así, el misterio está compartido por ese texto con un narrador que dirige las acciones en el libro otorgando pequeñas pistas para que averigüe el misterio que esconde ese libro infinito y, aparece una lupa en la que la niña mira con detalle el elemento que le dé una pista sobre la naturaleza de ese artefacto. Juego de los detectives y surrealismo (recuerdo obvio a Blow-up de Antonioni y Blade Runner) que comparte con otro título como Flotante de David Wiesner. El libro incluye un cordel con unas gafas para ver en 3D (más lisérgico no puede ser) y, cuando la protagonista mira con ellas, de nuevo el foco nos interpela a nosotros con la ilustración entintada para verla con las gafas y buscar aquel detalle que no desciframos.

Y, bienvenida al otro lado, la protagonista rompe la dimensión del libro y se adentra en el pasillo infinito y la vemos alejarse hasta encontrarse con el dibujante de la obra (algo que también nos recuerda a Mal día en río seco de Chris Van Allsburg y Johanna en el tren de Kathrin Schärer). Además de los autores que han aparecido en el texto, las ilustraciones de Jörg Müller también podrían evocarnos títulos de Quint Buchholz, Roberto Innocenti o en las obras (más cercanas a Wiesner) con Bill Thomson o Jeannie Baker.

Una vez desvelado el misterio, conocemos quién es el narrador del libro y, de nuevo una sorpresa, el ilustrador y el personaje entablan una conversación sobre el proceso de creación del libro y cómo detener ese proceso. Liberados, conocemos el mecanismo que representaban las guardas, el grito inicial en la primera ilustración para que, finalmente, todo vuelva a su lugar y el laberinto se reordene. Una lectura sin edad y un autor atemporal.

 

 

Fran Martínez

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lunes, 12 de abril de 2021

Entradas en azul. Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui. La carta de la Sra. González.

 

Título: La carta de la Sra. González

Autor: Sergio Lairla

Ilustradora: Ana G. Lartitegui

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Reedición 20 aniversario: A Buen Paso

Año: 2000

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 32 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Comenzamos la semana a partir de la idea de ciclo que dejamos en el maravilloso Mi pequeño de Germano Zullo y Albertine, pero en este caso nos vamos a la circularidad del álbum como herramienta metaficcional en la que podemos recuperar la idea de definición del álbum de Durán (2000): “El álbum es, sobre todo, un trabajo polifónico donde el soporte físico y la narratología textual y visual concuerdan afinadísimamente”. Esta precisión sirve para señalar la concurrencia de los tres elementos que generan significados en el libro-álbum. Así, precisamos con las aportaciones de Arizpe y Styles (2004): “Hablamos de libros compuestos de imágenes y palabras cuya interacción íntima crea niveles de significado abiertos a interpretaciones diferentes y con el potencial de sembrar en sus lectores una reflexión sobre el acto mismo de leer”.

Esta última apreciación está conectada con el tipo de investigación que realizaron sobre la interpretación de estos títulos por los lectores y una de las cuestiones esenciales de esa investigación es que el libro en su conjunto ofreciera diferentes interpretaciones debido a la riqueza que genera su exploración (Pantaleo, 2014; Silva-Díaz, 2018). En ese sentido, La carta de la Sra. González garantiza el misterio para la riqueza de las interpretaciones sobre todos los elementos que lo componen y precisan de un lector activo que descodifique sus diferentes detalles y los interprete. La pregunta sería ahora: ¿por qué? Pues, sencillamente, por el placer.


Ambos autores, Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui , son especialistas en el estudio de la Literatura Infantil y Juvenil y han colaborado en diferentes títulos como en el extraordinario Libro de la suerte (A Buen Paso, 2014) en el que profundizan en la idea de experimentación en el libro-álbum a través de dos narraciones entrelazadas. Recomiendo, junto al vídeo al final del post de Ana G. Lartitegui, el artículo de Sergio Lairla para el blog de Círculo Hexágono El lector de Schrödinger. Y, con esa mención cuántica, nos aproximamos a la reseña del libro.


El despliegue de elementos visuales desde las guardas y las pistas que se disponen acompañando al texto (y el orden de los números que acompañan cada fragmento del 1 al 7 y del 7 al 0) en el trayecto de la carta que la Sra. González manda al Sr. Lairla, referencias a los apellidos de los autores que nos sirven para generar una tensión entre realidad y ficción que nos advierte de que hay que poner mucho cuidado en los detalles que se sucederán en la narración. Olor de cerezas que abren el camino de esa carta con el sello como matrioshka narrativa y con detalles ubicados con precisión en los escenarios que Lartitegui deja diseminados en la decoración, conectando con un autor como Anthony Browne o el misterio onírico de Chris Van Allsburg.


Los escenarios nos revelan la sorpresa que se desplegará en la página siguiente, con esa alteración de la realidad y el empleo del surrealismo como elemento de entrada al mundo de la fantasía e inferencias que obligan tanto a pasar la página para conocer el destino de la carta como retroceder para comprobar las pistas previas. Una narración encadenada y el gusto por lo rocambolesco en el tránsito de esa carta que recorre diferentes espacios en el tiempo delimitado en el texto. Tiempo que se sincroniza con la llegada de la carta al Sr. Lairla (marcando la misma hora en el reloj de la Sra. Lairla cuando salía de la casa) y contraportada que descompone sus elementos. En definitiva, La carta de la Sra. González ofrece una lectura que prestigia al lector en la activación de su significado de un artefacto literario que prestigia el placer de la lectura y un formato como el álbum. Un libro imprescindible: divertido y emocionante.

Edición 20 aniversario A Buen Paso


 

 

Fran Martínez

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Referencias


Web de la editorial: A Buen Paso

https://www.abuenpaso.com/libro/la-carta-de-la-senora-gonzalez/

FCE

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=1901

Twitter

https://twitter.com/analartitegui

Instagram Pantalia

https://www.instagram.com/pantaliaproyectos/

 


Referencias

Arizpe y, E. y Styles, M. (2004): Lectura de imágenes. México: F.C.E.

Durán, T. (2000). ¡Hay que ver! Una aproximación al libro ilustrado. Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Pantaleo, S. (2014). The Metafictive Nature of Postmodern Picturebooks. The Reading Teacher, 67(5), 324–332. doi:10.1002/trtr.1233

Silva Díaz, M. C. (2018). Picturebooks and metafiction. En B. Kümmerling-Meibauer (ed.), The Routldge Companion to picturebooks, (pp. 69-78). Routledge.