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jueves, 25 de noviembre de 2021

Entrada en azul. Kathrin Schärer. Johanna en el tren. Océano Travesía

 

Título: Johanna en el tren

Autora e ilustradora: Kathrin Schärer

Traducción: José Antonio Salinas

Editorial: Océano Travesía

Año: 2010

Páginas: 42

Encuadernación y formato: 27 x 24,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El libro dentro del libro, o su proceso de creación, que nos recuerda a otras entradas de este año como los álbumes metaficcionales de Jörg Müller, Anthony Browne o Chris Van Allsburg (entre algunos ejemplos clásicos). Pantaleo (2014) recuperaba la naturaleza metaficcional del álbum posmoderno (como no recordar Los tres cerditos de Wiesner o Lobos u Otra vez de Emily Gravett), aunque encontramos ejemplos clásicos en otras épocas (¿verdad Harold?): “In general, metafictive techniques are used in combination, and the synergy of several devices serves to enhance a text’ s fictional status and self- conscious nature” (p. 326). 

Personalmente, el efecto de los álbumes metaficcionales en los lectores implica una sacudida o “cortocircuito” como apuntaba Silva-Díaz (2018) con esa ruptura de la cuarta dimensión. Un ejemplo también paradigmático es este Johanna en el tren de Kathrin Schärer (una autora muy recomendable tanto en nombre propio como su labor de ilustradora) con un diseño total en el que el soporte también tiene un aspecto clave en la revelación de los detalles en los que se envuelve la narrativa: desde las guardas, los paratextos con la voz narrativa de la autora y la diferenciación de dos registros de color para diferenciar la realidad de la narración creada. En esta secuencia inicial encontramos, en primer lugar, la delimitación del espacio narrativo (el tren) y con ese medio de transporte nos lleva hasta sus tripulantes (la vaca, el perro dormilón y la cabra inquieta). 



Así, nos encontraremos con una cerdita mirando con alegría por la ventana (ahora, siento nostalgia por los viajes en tren). Mientras la voz del dibujante se ha encargado de narrarnos su proceso creativo plasmándolo con sus utensilios de dibujo, se inicia la ruptura o “cortocircuito” que se ha descrito anteriormente: la cerdita rompe la cuarta dimensión (y como no acordarse de Mo Willems y su paloma queriendo conducir el autobús) y le insta al dibujante a introducir nuevos detalles (empleando la materialidad de sus páginas para esta secuencia) y, como no, otorgarle el detalle más importante que nos define como humanos: darnos un nombre. A partir de esta ruptura, la búsqueda de su nombre (como ya sabéis por el título, Johanna) y la necesidad de una aventura como buen personaje de una historia. Con el reflejo de la autoconsciencia del personaje principal el autor se encarga de otorgarle el mando del mundo de fantasía que le rodea, tomará decisiones estéticas. De la misma forma, un hecho inesperado hará que la autora también juegue con Johanna creando imágenes cómicas. 

Por último, pequeños detalles quedan a la interpretación del lector para que otorguen la presencia de la autora dentro de esa narrativa. Una narrativa que se marchará con un final feliz y la decisión de terminar una narrativa para que ya no sea de la autora (aunque, siempre estará presente) sino el lector el que complete ese vagón. Algo de la autora quedará siempre con Johanna, pero también el comienzo de una nueva historia llamará a sus puertas. Eso haremos, ya sea en nombre propio o acompañando a Lorenz Pauli con quien ha publicado diferentes álbumes. Ahora, toca el final de esta reseña. Mañana más.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/obras/johanna-en-el-tren-kathrin-scharer-9464.aspx

Referencias

Pantaleo, S. (2014). The Metafictive Nature of Postmodern Picturebooks. The Reading Teacher, 67(5), 324–332. doi:10.1002/trtr.1233 

Silva-Díaz, M. C. (2018). Picturebooks and metafiction. En Kümmerling-Meibauer, B. (Ed.). The Routledge Companion to Picturebooks (pp. 69-80). Routledge.

 


lunes, 6 de septiembre de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Flotante. Océano Travesía

 

Título: Flotante

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: Océano Travesía

Año: 2007

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28,5 x 22,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum casi sin palabras

Reseña:

Esta vuelta a la actividad parece dominada por álbumes sin palabras y, como apunté en una de las entradas de la semana pasada, es curioso que se definan por el elemento del que carece y no por los atributos que ofrece. Esta reflexión sabía que la había leído en más de una ocasión en referencias relacionadas con este tipo de álbumes y, releyendo para esta entrada, puedo citar a Serafini (2014) como uno de los que emplearon este tipo de razonamiento. Dentro de la didáctica de la lengua y la literatura hay un campo de estudio que se ha abordado a lo largo de las últimas décadas sobre este tipo de libros-álbum y en ese mismo artículo de Serafini (2014) encontramos algunas de las posibilidades que el autor señala a través de los “wordless picturebooks”: dar voz a la narrativa visual a partir de la secuencia dispuesta, interpretar los estados emocionales de sus personajes (aquí Serafini también conecta con algunos estudios sobre áreas cognitivas como los de Nikolajeva y Kümmerling-Meibauer), la aceptación de la ambigüedad por parte del lector (es decir, el papel del lector activo), el reconocimiento que hay diferentes formas de exploración visual en el libro-álbum (aquí se puede conectar desde la sintaxis de la imagen de Dondis, estudios de semiótica o la creciente bibliografía sobre alfabetización multimodal) y elaborar hipótesis (inferir y construir significados más cercano a propuestas dialógicas) sobre la narrativa que describe la secuencia de imágenes.

Esos aspectos también han sido señalados por otros investigadores como Arizpe (2013) y que también desarrollaron mediante este Flotante una práctica transcultural que derivó en publicaciones previas como la de Arizpe y McAdam (2011) y el manual sobre estos viajes visuales en diferentes contextos en Arizpe, Colomer y Martínez-Roldán (2014) a partir, especialmente, de Emigrantes de Shaun Tan y que conectaba con aquella propuesta de literatura que acoge de Colomer y Fittipaldi (2012) en la que también se incluía esta obra de David Wiesner. También ha cambiado la perspectiva desde aquel artículo de Groff (1978) que no consideraba estos álbumes sin palabras como recursos apropiados en el aula, pasando por otro artículo seminal como el de Knudsen-Lindauer (1988) en el que señalaba como una de sus grandes cualidades: “one of the most important roles of wordless books lies in promoting and refining expressive language skills through creative expression. Wordless books lend themselves very nicely to a creative approach to storytelling on the part of children” (p.137). Es decir, la elicitación narrativa que permite conectar a estos libros con prácticas esenciales en diferentes ámbitos de la Didáctica de la(s) Lengua(s) y Literatura que no quiero extenderme demasiado en esta introducción y pasar a la obra.

David Wiesner es uno de los autores con un mayor reconocimiento internacional en su obra y cuyos álbumes sin palabras han conseguido distinciones como las tres medallas Caldecott para Martes, Los tres cerditos y este Flotante con el que cierra la trilogía de reconocimientos. En su obra hay elementos recurrentes, además de su interés por ampliar la visión del mundo de la infancia hacia territorios repletos de fantasía, que podemos rastrear en diferentes álbumes (algunos ya se apuntaban en la reseña de Sector 7, en el que aparecía como referencia un artículo de una de las especialistas en álbumes sin palabras como Emma Bosch): encontramos en la portada un cerdo entre una gran disposición y muestrario de instrumental y elementos que nos indican la cartografía del viaje que encontraremos posteriormente en sus páginas (una pequeña colección de objetos y tesoros fuera del tiempo). Una secuencia que está construida con gran precisión desde la continuidad entre cubierta y contracubierta, la arena de las guardas que conectan con un momento previo en el que vemos al protagonista descubriendo algo en la orilla. El cerdo (referencia a Los tres cerditos [2002], pero que también eran un elemento recurrente en Free Fall [1988] y el final de Martes [1991]), el protagonista rubio que también aparece en Hurricane (1990) y Free Fall, la aparición de esos grandes pulpos en formas de cúmulos en Sector 7 (1999) y una imagen introductoria previa a la portada del libro que nos coloca en el espacio narrativo.

A partir de ese momento, como lectores (de imágenes y construyendo significados) nos adentramos en los mecanismos de David Wiesner para que la lectura sea inmersiva: el uso de técnicas cinematográficas en la elección del enfoque y plano, el color para delimitar el “framing” narrativo y la secuenciación en viñetas para dinamizar el tiempo en el que transcurren las acciones. En primer lugar, vemos el ojo desenfocado en ese cangrejo inicial que nos indica la posición del lector con lo que en el análisis multimodal se identifica como “demand”: el protagonista nos invita que sigamos su mirada a cada uno de los detalles que encuentra en la orilla. La doble página posterior nos muestra el resto de instrumental y de dónde proviene el efecto desenfocado: el uso de la lupa (también vemos el microscopio, los prismáticos y un curioso cofre). El uso de las viñetas es otra de las características empleadas en otros álbumes de Wiesner, como en Martes, Sector 7 o su juego metaficcional en Los tres Cerditos. Esto también conduce a que en otros estudios se señalen la hibridación con el lenguaje del cómic (Postema, 2014) o el análisis multimodal del foco que propone cada uno de estos paneles en la narración (Pantaleo, 2019). Curiosamente Sylva Pantaleo aprovecha estas cualidades de los álbumes “posmodernos” (en referencia al libro clásico que editó con Lawrence R. Sipe en 2008) en diferentes propuestas didácticas en el aula para la apreciación de todos estos elementos visuales (Pantaleo, 2016, 2017). Estas viñetas iniciales siempre se reflejan en un fondo blanco, intercalándose con dobles páginas e inserciones dentro de la ilustración para trasladarnos directamente a su visión (como en la página en el que la viñeta se incrusta con el protagonista mirando la cámara subacuática Melville, quizás un homenaje al autor de Moby Dick).

Aquí, nos encontramos ante una segunda parte en la que el conflicto nos sitúa como investigadores del enigma que esconde ese carrete de la cámara, nos acompaña en la inquietud por el revelado fotográfico y, finalmente, volvemos al ojo descubriendo su contenido. En ese momento, el código de la página se cambia al negro cuando nos muestra las fotografías con esos universos peculiares, cómicos y surrealistas en el que también establece esas conexiones iconográficas con su obra anterior en una suerte de peculiar Atlantis. Esa sorpresa inicial, da lugar a una nueva vuelta de tuerca narrativa: la lectura a través del zoom del microscopio del misterio que encierra la cámara: una práctica que se convierte en aquella idea del mensaje en la botella, pero esta vez con una cámara fotográfica como elemento que transporta al lector por las otras personas que encontraron la cámara y la dinámica que descifraron: cada zoom nos mete en la foto dentro de la foto (aquello de Jörg Müller del libro en el libro en el libro…) hasta llegar al blanco y negro de un niño en la costa que inició este juego (un mensaje a través del tiempo y el territorio) pasando por diez manos diferentes y, ahora, resuelto el misterio el protagonista sabe qué hacer.

Mirar cada página, cada viñeta, el lujo de detalles, pasar la página y sorprendernos, descifrar un misterio dentro de otro misterio y otras tantas capas encerradas en un álbum que nos deleita por el detallismo de cada ilustración, un viaje (con un pequeño homenaje a La gran ola de Kanagawa incluido) que promete ser circular. Arena y cierre. En la contracubierta los peces nadan en la dirección que nos devuelve a la portada y al ojo del pescado que nos muestra la cámara misteriosa. Bienvenidos, de nuevo, Flotante: una obra clásica (posmoderna) de la LIJ.

Por cierto, David Wiesner es el comisario de una exposición dedicada a los álbumes sin palabras en el Eric Carle Museum. Me gusta el título por aquello que se comentaba inicialmente, “arte que deja sin palabras” como una manera más poética para clasificar estos libros.

https://carlemuseum.org/explore-art/exhibitions/current/speechless-art-wordless-picture-books

Fran Martínez

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Instagram

 

Web de la editorial

http://oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=6727

Web de David Wiesner

http://www.davidwiesner.com/ 

Referencias

Arizpe, E., Colomer, T., y Martínez Roldán, C. (2014). Visual Journeys Through Wordless Narratives: An International Inquiry With Immigrant Children and The Arrival. Bloomsbury.

Arizpe, E. (2013). Meaning-making from wordless (or nearly wordless) picturebooks: What educational research expects and what readers have to say. Cambridge Journal of Education, 43(2), 163–176. https://doi.org/10.1080/0305764X.2013.767879

Arizpe, E., & McAdam, J. (2011). Crossing Visual Borders and Connecting Cultures: Children’s Responses to the Photographic Theme in David Wiesner’s Flotsam . New Review of Children’s Literature and Librarianship, 17(2), 227–243. https://doi.org/10.1080/13614541.2011.624969

Colomer, T., y Fittipaldi, M. (Eds.). (2012). La literatura que acoge: Inmigración y lectura de álbumes. Banco del Libro.

Groff, P. (1978). Critic’s corner: Art and reading: Is there a relationship? Reading World, 17(4), 345–351. https://doi.org/10.1080/19388077809557440

Knudsen Lindauer, S. L. (1988). Wordless books: An approach to visual literacy. Children’s Literature in Education, 19(3), 136–142. https://doi.org/10.1007/BF01127091

Pantaleo, S. (2016). Primary students’ understanding and appreciation of the artwork in picturebooks. Journal of Early Childhood Literacy, 16(2), 228–255. https://doi.org/10.1177/1468798415569816

Pantaleo, S. (2017). Critical thinking and young children’s exploration of picturebook artwork. Language and Education, 31(2), 152–168. https://doi.org/10.1080/09500782.2016.1242599

Pantaleo, S. (2019). The semantic and syntactic qualities of paneling in students’ graphic narratives. Visual Communication, 18(1), 55–81. https://doi.org/10.1177/1470357217740393

Postema, B. (2014). Following the pictures: Wordless comics for children. Journal of Graphic Novels and Comics, 5(3), 311–322. https://doi.org/10.1080/21504857.2014.943541

Serafini, F. (2014). Exploring wordless picture books. Reading Teacher, 68(1), 24–26. https://doi.org/10.1002/trtr.1294

 

  


miércoles, 19 de mayo de 2021

Entradas en azul. Lemony Snicket y Jon Klassen. La oscuridad. Océano Travesía

 

Título: La oscuridad

Autora: Lemony Snicket

Ilustrador: Jon Klassen

Traducción: Pilar Armida

Editorial: Océano Travesía

Año: 2015

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 19,7 x 26,3 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En el blog, si algo ha quedado patente, es la admiración por la obra de Jon Klassen: La trilogía del sombrero, la de las formas con (Círculo, Cuadrado y Triángulo) y otros títulos con Marc Barnett, así como su reciente The Rock From the Sky. Con La oscuridad de Lemony Snicket (muy recomendable su álbum 13 palabras en la editorial Limonero) nos remontamos a sus primeros trabajos de ilustración y conectamos con la entrada previa, Nocturno de Isol. En este caso, también la exploración de la oscuridad con la linterna sirve como un punto de encuentro en el que relacionar entradas y un juego que no sé muy bien dónde me llevará cada semana en esta colección de reseñas (más de 100 desde que empecé en diciembre) para el blog.

La narración intimista de Lemony Snicket tiene en el uso de la luz y la paleta de colores de Klassen aporta calidez a ese momento en el que Laszlo explora su miedo a la oscuridad. La perspectiva, la mirada a la linterna, el haz de luz del crepúsculo en la primera doble página (que será combinada como unidad narrativa con la página simple) y las texturas que se combinan con trazos para regalarnos diferentes perspectivas en las que conocemos la oscuridad. En este caso, la oscuridad se materializa (humaniza) y en la primera parte del libro nos muestra los lugares en los que habita (creando en sus diferentes planos y perspectivas la sensación de suspense: el armario con la puerta entreabierta, las cortinas…parece digno de Hitchcock). El lugar donde estaba la mayor parte del tiempo es el sótano, un espacio que siempre ha servido como lugar aterrador como la parte que recoge todo aquello que no representa a las estancias habitables de la casa.


Una vez presentada, Laszlo en sus miedos también tiene un ritual que se repite: se asoma a ese espacio desde la puerta y la saluda. Un mecanismo de superación, un ritual supersticioso con el que todos construimos nuestra rutina. Un mecanismo para estabilizarnos ante la incertidumbre y crearnos nuestros espacios seguros. Es bonita la ejemplificación con esa escena en la cama con la bombilla y la linterna con uno de los terrores clásicos de la infancia propios del pensamiento simbólico de la infancia, pero que seguramente en otros ámbitos el adulto también se puede sentir interpelado. Hasta que, finalmente, un día todas esas prevenciones se rompen y los miedos se presentan. Así, se entiende que la oscuridad tenga voz en esta narración y el viaje que emprenderá Laszlo a través de la oscuridad, hasta el origen de sus temores sea tan revelador y reconfortante.


En ese viaje, transitaremos esos espacios iniciales y el haz de luz de la linterna será el hilo visual en el que nos colocará como espectadores con ese precioso contraste entre el negro absoluto de la página y las partes iluminadas a su paso. El momento en el que la oscuridad recupera todos los miedos y se los expone al protagonista nos conduce a la resolución y la superación. La comprensión de Laszlo de la naturaleza de las cosas que silencia los miedos de Laszlo y construye una narración tierna con lecturas que también, como adultos, podemos extrapolar. Y la maravillosa interpretación de Jon Klassen en sus ilustraciones del tono intimista hacen de La oscuridad un álbum con el que deleitarse en su lectura, una y otra vez.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

http://oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=12791

Instagram Jon Klassen

https://www.instagram.com/jonklassen/?hl=es

 


jueves, 1 de abril de 2021

Entradas en azul. Armin Greder. La ciudad. Océano Travesía

 

Título: La ciudad

Autor e ilustrador: Armin Greder

Traducción: Eduardo Ávalos Vélez y Héctor Rodríguez de la O

Editorial: Océano Travesía

Año: 2012

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21,5 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Retomando las metáforas que proponía a partir del álbum de Adolfo Serra en El bosque dentro de mí, tal vez se puede caer en un discurso naíf sobre la naturaleza y el sentido cíclico de la vida o el significado de crecer. También, un álbum sin palabras da ese margen para la interpretación del lector y, para contrarrestarla un viaje hacia el otro lado con la ayuda de uno de los autores que presenta en su catálogo grandes ejemplos para cuestionar los valores sociales de nuestro tiempo a través de la ficción en formato álbum: el suizo Armin Greder (1942). En la anterior reseña, la ciudad aparecía como antagonista de la fantasía que sugería el mundo del bosque, sus leyendas y el escondite para símbolos de la infancia. En este caso, sucederá todo lo contrario.

Con la estructura de una narración clásica, “Hace mucho tiempo en un lugar muy lejano…” nos devuelve a una historia compleja que sigue con la estructura narrativa quinaria con una primera doble página que sirve como situación inicial con la madre que acuna en sus brazos a su hijo recién nacido, bello y hermoso y que nos presenta en cuatro imágenes sus cuidados: la toma del pecho, el cambio de pañales, los mimos y la vigilia mientras el bebé duerme plácidamente. En un instante subraya las cuatro bases de los cuidados de los recién nacidos: alimentación, higiene, afectos y sueño.


El inicio del conflicto se presenta con la paleta habitual en Greder, su uso expresivo del negro, y la mirada perturbadora del bebé en sus brazos al que jura proteger después de la muerte de su padre en la guerra. En dos dobles páginas tenemos lo más horrible y lo más bello: la protección de la vida y la muerte cruel de la persona amada. Con el bebé aferrado, la ciudad queda atrás en una huida hasta una zona inhóspita y prácticamente desierta. Su promesa inquebrantable de protección y alejarle de las miserias de un mundo en el que no se puede confiar. De la misma manera, se secuencia el crecimiento del bebé y se contemplan los cuidados que su madre le confiere en ese lugar seguro y, súbitamente, un grupo de trovadores con máscaras y trajes coloridos aparece ante la mirada desafiante de una madre que tan solo quiere alejarlos de su pequeño lugar oculto, pero no puede evitar que el niño tenga curiosidad por conocer qué hay en la ciudad. 


Y, alejado en su mundo, un día la madre fallece y esa burbuja de cristal se desvanece. Esta situación inicial me recuerda a la película Kynodontas (Canino) de Yorgos Lanthimos, curiosamente la edición original del libro y la película fue en 2009. Desaparecida su madre protectora (y la representación de los malos presagios con la bandada de cuervos oscureciendo el cielo), el rigor del invierno y su desprotección asolan al niño que, aislado, carece de rumbo. Si las secuencias previas, mostraban el despliegue de cuidados, en su salida de la casa encontramos el lado opuesto: la carga con los huesos de la madre para encontrar el lugar más apropiado para su entierro. En ese punto, la noche y el bosque aparece como el peor de sus miedos: perturbador, monstruoso, … una representación de cómo dejar atrás sus miedos y todo aquello que le impedía crecer: el protegerse a sí mismo. Ahora, ya puede iniciar su camino. Sabemos el destino, no cuál será su ventura. Tan solo que será suyo.

En este álbum, Armin Greder consigue un cuento clásico y oscuro para mostrar esa tendencia sobreprotectora de las familias sobre sus hijos y nos invita con esta narración a preguntarnos cuál es el límite en el que los cuidados y atenciones no son reflejo de una atención desmedida debida a los miedos que genera la maternidad. Un álbum en el que se refleja la orfandad y la sobreprotección, la vida y la muerte, el bosque y la ciudad. En este caso, un lugar que necesariamente precisamos para forjar nuestro rumbo. Normalmente, sus historias se catalogan como perturbadoras, pero básicamente son la necesaria herramienta para desmontar ficcionalmente aquellos aspectos que parecen formar parte de nuestra cultura hegemónica al respecto de la crianza y la figura materna. De la misma manera que limpiamos a los cuentos tradicionales de esos componentes escabrosos y que haría buena compañía con el Hansel y Gretel de Lorenzo Mattotti.

Armin Greder: inconfundible, implacable y necesario.

En un fragmento de una entrevista dijo sobre su trabajo:

"hope is not an abundant commodity in my stories. They are critical, not meant to give people pleasant dreams but rather to keep them awake, perchance even to make them think.

Enlace de la entrevista Playinbythebook.net en 2016

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://oceanotravesia.es/catalogo/libro/la-ciudad/

 

jueves, 28 de enero de 2021

Entradas en azul. Alejandro Magallanes. No juzgues a un libro por su cubierta.

 


Título: No juzgues a un libro por su cubierta. Refranes y anti-refranes para toda ocasión.

Ilustrador: Alejandro Magallanes

Editorial: Océano Travesía

Año: 2009

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 19 x 25 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

 

Reseña:

Una de las últimas entradas en el mes de enero, centrado en referencias a la tradición oral, se dedica a este maravilloso álbum del mexicano Alejando Magallanes y la sensacional edición de Océano Travesía. Alejandro Magallanes también es autor de otro de esos libros que, por unas razones u otras, siempre me ha esquivado como es ¡Ven, hada! (SM, 2006). La propuesta en esta entrada es el juego con el material de la tradición oral, en este caso fraseología y expresiones populares que se reelaboran con la libertad del formato del álbum.

Ante textos de uso popular y breves, se genera una narración interna elaborada mediante el troquelado y conectando expresiones a partir de un elemento común que observamos desde el troquel, revelando una nueva significación a esa ventana que el autor nos permite observar mínimamente. Como ejemplo, el primer refrán: “al que madruga Dios lo ayuda”. 

En esa imagen, con un gallo cantando, complementamos la intencionalidad lógica y asociamos lógicamente el refrán con el animal que despierta con su canto a la granja. En el troquel observamos la cabeza del gallo y, al pasar la página, encontramos un nuevo refrán: “no por mucho madrugar, amanece más temprano” y, ahora, la cabeza que veíamos del gallo se convierte en un pollo emplatado.

 


Ese remate humorístico es la parte que alude el subtítulo del libro: “anti-refranes”. Un remate humorístico que potencia aún más la relación de complementariedad entre texto e imagen, dejando el espacio necesario al lector para su interpretación y partiendo de la comicidad de la situación posterior.

A ese mecanismo, se le añade la diversidad tipográfica y de estilo en la ilustración que, de alguna manera, me recuerda a los viajes de Katy Couprie en sus imagiarios (Todo un mundo y Todo en un museo). El efecto irreverente del descubrimiento en el paso de página siempre genera expectativas y emplea todo el formato del álbum para su juego incluyendo los paratextos. Un ejercicio que explora las diferentes dimensiones del álbum con gran acierto.

A simple vista, también recuerda al trabajo de edición de la editorial Media Vaca por el cuidado de todos sus elementos (estilo, cromatismo y tipografía) y el humor negro característico que desmonta el aspecto insulso de la infancia en las propuestas más comerciales. En la dupla final, encontramos el último divertimento a modo de sabio consejo que nos regala Alejandro Magallanes: “El que persevera, alcanza”, pero… “Es de sabios cambiar de opinión”. Sonrisa maléfica en la ilustración final (además del regalo de la guarda y contracubierta). No juzgues a un libro por su cubierta de Alejandro Magallanes hace buena la frase de la introducción: “los refranes siempre dicen la verdad”. Como, por ejemplo, que este es un álbum estupendo.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

http://oceano.mx/obras/no-juzgues-a-un-libro-por-su-cubierta-alejandro-magallanes-8752.aspx

Web Alejando Magallanes

https://alejandromagallanes.com/

Twitter Alejando Magallanes

https://twitter.com/magallanes71