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viernes, 26 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Suzy Lee. Líneas. Barbara Fiore Editora

 

Título: Líneas

Autora e ilustradora: Suzy Lee

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2017

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21,5 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras.

Reseña:


No es la primera, pero sí mi última, reseña dedicada a Suzy Lee (la anterior fue Espejo) y la verdad es que hay muchos de sus álbumes que me encantaría dedicarles un tiempo gustoso a recomendar sus bondades (especialmente a Sombras), pero el tiempo en este espacio toca a su fin próximamente y serán otras personas las que se encarguen de compartir sus lecturas. En aquella entrada sobre Espejo, ya citamos el carácter autorreferencial en sus narrativas y esto se muestra en su entrevista en la página de la editora: “Ella es yo, como una niña que ha estado conmigo toda mi vida. Por supuesto, ella no tiene que ser realmente como yo, pero cuando pienso en una protagonista valiente, curiosa, desafiante y positiva, algún rasgo particular de una niña, sale de mi lápiz” (enlace a la web de la editorial).

Seguimos en el terreno de la metaficcionalidad en línea con la reseña de ayer de Kathrin Schärer (nos recuerda a otras obras como El punto de Peter Reynolds por aquello de empieza con una línea y mira hacia dónde te lleva) y tenemos el lápiz como desencadenante del mundo narrativo que rompe la cuarta dimensión (a veces, con los personajes como poseedores como en los libros de Monique Felix, Crockett Johnson, Ivar da Coll o los ositos de Anthony Browne, por citar ejemplos clásicos) y, en otros casos, la inclusión del autor en el libro. Un proceso de creación representado en la niña patinando con gracia, realizando piruetas, saltos y atravesando en sus movimientos el pliegue central, encontrando diferentes acercamientos y, como conflicto, un tropiezo.

Imagen web Barbara Fiore (enlace)

En ese momento, el mundo de la ilustradora y el personaje colisionan: un tropiezo en un dibujo es un borrón a la papelera. O, tal vez, un nuevo inicio. Y, esta vez, con sorpresas adicionales. Un álbum para seguir disfrutando de su habitual propuesta estilística y un desafío al lector para desentrañar la narrativa escondida en el diseño del libro tomando un papel activo en la construcción de su significado. Álbumes sin palabras, narrativas visuales para prestigiar al lector más allá del estímulo visual y, una celebración, cuando son de calidad.

 




 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/lineas

Web Suzy Lee

 http://www.suzyleebooks.com/home.htm

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch. La creación; El viaje de Olek y El paraíso. Barbara Fiore

 

Título: La creación

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Anna Bellosta García y Mariona Gratacòs i Grau

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2006

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 25 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una dupla reconocida con el Premio Astrid Lindgren: el alemán Wolf Erlbruch y el belga Bart Moeyaert. Sobre el célebre autor e ilustrador Wolf Erlbruch hemos realizado diferentes entradas y, en esta recta final del blog, tenía especial interés en reflejar temáticas poco habituales en la Literatura Infantil como la religión. Además, es una temática con posturas opuestas: el lado laico que evita todas estas cuestiones por principios y, por otra parte, los centros religiosos que es una de sus piedras fundacionales. Desde el lado menos creyente, personalmente, estas temáticas de entrada me hacen huir como de la peste. Como cualquier hijo de vecino, tengo mis prejuicios e ideales. Así, el reflejo de estas cuestiones desde el imaginario religioso (católico en nuestro contexto) no dejan de tener un contenido simbólico y fantasioso, además de una traslación artística (como aquel álbum de Andrea Antinori sobre el cuadro de James Ensor La entrada de Cristo en Bruselas).

Junto a Bart Moeyaert se publicaron tres álbumes en la editorial Barbara Fiore (además de La creación, El viaje de Olek y El Paraíso) sobre los que nos detendremos en esta entrada. Comenzando por La creación: “Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar algo así. Imagina que todo lo que existe ahora todavía no existe”. En ese breve fragmento se continúa invitando al lector a descomponer toda su realidad: elimina la oscuridad e, inclusive, a tu madre. Y, no nos olvidamos del arte en esta aproximación de Moeyaert con su producción teatral para llevar la pieza de Haydn y que acabó con esta extensión en formato álbum. Me parece un inicio soberbio con la única ilustración de Erlbruch de esa madre en el lateral inferior derecho de la imagen. Si en La gran pregunta su estilo de collage era mucho más depurado y minimalista, este texto le viene como anillo al dedo. El texto de Moeyaert se narra en primera persona, ese yo (un hombrecillo) que intenta ubicar en dicha abstracción al lector desde la comicidad de estar en medio de la nada más absoluta: solo Dios y él sentados (el primero, relajado y, el hombrecillo, circunspecto). El texto no se define por su brevedad, pero la visión de Dios ante la nada es diametralmente opuesta a la impaciencia de la naturaleza humana. El papel de Dios es relatar con socarronería paciente y la curiosidad por conocer el origen de la creación. ¿En definitiva, quién no lo estaría?


A medida que Dios comienza la creación (la noche y el día), las preguntas del hombrecillo atónito y confuso ante la paciencia de ese Dios (con aspecto de hombre en túnica y una larga barba a modo de un sabio) que observa la materialización de sus creaciones. La actitud del hombrecillo poco impresionado por la aparición del mar y la tierra contrasta con la del Dios: sosegada y contemplativa de cada nuevo elemento incorporado a la paleta de su mundo. También observamos en el diálogo la comparación del hombrecillo con Dios: él tan importante y, el hombrecillo, tan insignificante.

Pero, ante esas maravillas creadas, también la acusación del hombrecillo: ¿por qué ese alarde? ¿Por qué hacerle espectador de tal espectáculo siendo tan insignificante? ¿Por qué debería importarle todo aquello si no había nadie más? Entonces aparece la fauna en la que los personajes se unen a un collage en el que peces, aves, cabras, gatos y… Sí, un pato asomando por el lateral izquierdo hacen su aparición. En esas cuestiones y anécdotas que rememora el hombrecillo el texto continúa y, finalmente, el fin de la creación: la pareja para el hombre y el descanso el último día de Dios en la creación. El texto finaliza repitiendo el fragmento del inicio para cerrar el sentido de la narración y que el lector cierre el círculo. Un texto filosófico y divertido sobre la creación con una visión calmada sobre una pregunta sin respuesta y con una bella inspiración poética. Abrazar lo desconocido con sensibilidad.


Título: El viaje de Olek

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: María Lerna

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 30 x 27 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Seguimos en terrenos fantásticos, pero si pasamos por La creación y Dios, ahora sobrevolamos el cuento de Afanasiev: El pájaro de fuego. Si el azul era el color definitorio en el título anterior, ahora lo será el rojo y el viaje de Olek (el personaje que siente la llamada a la aventura). Una aventura en la que encontrará diferentes pruebas que pondrán a prueba su voluntad altiva cimentada en la proeza de matar a un oso y hacerse un gorro con él. Esa será su vara de medida: derrotar a un oso en comparación con la prueba que se le presente. La primera, atarle los cordones a un niño que había caído al barro. Así, seguía sumando proezas y buenas acciones a su historial: “Aquí está Olek -dijo Olek-. Hago lo que puedo” como su mantra anta cada nueva acción. Después de las tres primeras, Olek se pierde en el bosque y ante él, un muro impenetrable de musgo que impide su paso. En ese tránsito encontrará a un pájaro rojo con un ala muerta y, a partir de ese momento, la aventura de Olek tomaría otros derroteros y pruebas como la de enfrentarse al mismísimo diablo. 


Un cuento fantástico en el que la bondad del héroe y su persistencia es recompensada al final del camino en el que se pone a prueba su voluntad. Las ilustraciones de Erlbruch de nuevo son un entramado minimalista entre el collage, el contraste del color con una limitada paleta y el trazo con el que dibuja un universo inconfundible.

Por último, rescato este corto animado dirigido por Vladimir Samsonov en 1984 con música de Stravinsky:




Título: El paraíso

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Goedele de Sterck

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 16 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Con El paraíso nos alejamos del formato álbum, destinado a un lector adulto, y encontramos con un libro magníficamente ilustrado por Wolf Erlbruch sobre la visión de Moayaert sobre el momento en el que Adán y Eva poblaban el planeta. La desnudez de los personajes y el reflejo de aquel entorno natural en el que habitaban, la manera en la que llegaron allí, las tareas que debían realizar para mantener aquel lugar: “Nos correspondían cuatro ríos y un terreno arbolado. Podíamos bañarnos en las aguas de los ríos. Debíamos limpiar el bosque y mantenerlo limpio” (p. 7). La descripción de la naturaleza, sus aromas y la atracción de sus cuerpos. El inicio de la vida en el paraíso y, poco a poco, con el transcurso del tiempo ver cómo algunas cosas eran frágiles y destinadas a desaparecer. Y, también, preguntarse por si ellos también eran de una naturaleza efímera. Y, a medida que los días y las tareas se suceden en el mismo lugar, la aparición del tedio. 


La insoportable levedad del ser que diría Kundera. Dos actitudes: persistir ante el temor de perder lo que se tiene o, por el contrario, cuestionar si aquello es lo que se desea. Las ilustraciones expresivas del hombre y la mujer, ante el dilema de cómo mantener la felicidad tal y como deberían y, por otra parte, la infelicidad de la rutina: “Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos” (p. 21). El modo en el que encuentran el equilibrio entre esas dos situaciones y visiones ocupará el final del relato con la manera con la que encontraron su lugar en el paraíso. Su visión propia.

Ahora, que suene Haydn y la Nederlands Blazers Ensemble.

 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/la_creacion


* Como añadido a la temática de la creación hilvanamos a partir de Wolf Erlbruch el recuerdo de un álbum poético maravilloso con textos de Gioconda Belli: El taller de las mariposas. En el que el joven diseñador Odaer deberá alcanzar dentro de sus creaciones en el Taller de los insectos uno de sus sueños: combinar una criatura que mezclase las características de un pájaro y una flor. Un texto maravilloso y unas ilustraciones de la etapa previa de Erlbruch con sus collages. 


Y, en la última puntada de la entrada, Gioconda Belli también participó en la colección poética de Libros de Cordel (Cortázar, Skármeta, Benedetti,...) en la editorial Libros del zorro rojo con Cuando floreció la risa (ilustrado por Alicia Baladan). En este caso, el jardín del Edén está en la selva del trópico donde Enea y Alia bajaron de la ceiba para comprobar que eran el primer hombre y la primera mujer. Y, en aquella selva, también floreció la risa.



miércoles, 6 de octubre de 2021

Entradas en azul. Suzy Lee. Espejo. Barbara Fiore Editora

 


Título: Espejo

Autora e ilustradora: Suzy Lee

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2008. Original: 2003, Ed. Corraini

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 31 x 18 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras


Reseña:

La mirada al otro. Esa era la temática central de la anterior reseña dedicada a Armin Greder y, en esta ocasión, la mirada interior con la dualidad entre la realidad y lo imaginario (cuerpo y alma, aunque como siga así acabo en Joy Division). La primera obra de La trilogía del límite (titulada así por la autora e incluso con un ensayo dedicado a la reflexión sobre estas) es Espejo y que marcó la intención artística de la autora coreana Suzy Lee (1974) en esa exploración de los elementos materiales del álbum: desde la decisión del formato (aquí, la forma del álbum representa el espejo premiando la verticalidad) y, fundamentalmente, el pliegue central para la diferenciación de dos mundos que se observan a través de una protagonista que será recurrente en su obra (una mirada personal o su persona). Pese a que es un álbum sin palabras, el título nos indica el mecanismo de simetría que encontraremos en la página: la protagonista y su reflejo. Y, como no, es el momento para la activación de nuestros conocimientos previos sobre álbumes que emplean estos mecanismos con el pliegue y, la intertextualidad con Lewis Carroll y Alicia (A través del espejo).

Es un hecho recurrente encontrar estas comparaciones en diferentes artículos académicos como el de Sungyuo Lee (2016): Suzy Lee’s Adventures in Picture book Land. Sobre esas aventuras, también es muy recomendable el capítulo de Rosa Tabernero en el que también se analiza la adaptación de Suzy Lee de la obra de Carroll. Como apuntaba Tabernero-Sala (2019): “El libro se convierte, por tanto, en un escenario en el que los espacios y la disposición de los personajes implican una representación al servicio de la idea” (p.40). Las guardas, con la simetría de las manchas y el color amarillo, dan paso a un espacio enigmático, en blanco y el trazo de su protagonista que nos revela con sus gestos y miradas la exploración de ese otro lado del pliegue central con el que comenzará una interacción (observando los diferentes estados emocionales ante la sorpresa inicial) que se iniciará con desconfianza hasta el reconocimiento de sí misma y, finalmente, desdibujar esa frontera. Momentos en los que se exploran los trazos más expresivos y coloristas que muestran la unión de dos mundos en perfecta sincronía. El álbum, además, está sujeto al surrealismo de la propuesta a partir de la entrada de la doble página en blanco (desaparecen en la unión de los dos lados del espejo). El conflicto aparece cuando la sincronía entre ambos lados desaparece (se convierte en una realidad divergente) y acaba siendo tratado con crueldad y con las consecuencias tratadas con la imagen del espejo hecho añicos. Finalmente, la culpa.

El espacio interpretativo en este tipo de álbumes sin texto permite jugar con anticipaciones, inferencias de significado y diferentes mecanismos que van más allá de la catalogación como simples estímulos visuales para crear una narrativa. Además, abierta al remitirse al mundo de la imaginación. Esa dualidad y juego que no escapa del egoísmo o una visión única de cómo debe funcionar el mundo, de qué deben hacer los demás (incluida nuestra sombra, siempre sujeta a nuestros movimientos). Para finalizar, vuelta a la banda sonora y un clásico de la Velvet con Nico: I'll be your mirror.

 


Y, ojalá, pronto esté disponible su nuevo libro en formato acordeón (Dream of becoming water) a partir de una canción de Lucid Fall:






Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/espejo

Web de Suzy Lee

http://www.suzyleebooks.com/home.htm

 

Referencias

Lee, S. (2016). Suzy Lee’s Adventures in Picture book Land. Bookbird: A Journal of International Children's Literature 54(4), 17-21. doi:10.1353/bkb.2016.0103

Tabernero-Sala, R. (2019). Elogio del límite: Suzy Lee y el libro como espacio de representación. En I. Mociño-González (Ed.), Libro-obxecto e xénero : estudos ao redor do libro infantil como artefacto (pp. 33-50). Servizo de Publicacións da Universidade de Vigo.

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Entradas en azul. John Mardsen y Shaun Tan. Los conejos. Barbara Fiore

 

Título: Los conejos

Autor: John Mardsen

Ilustrador: Shaun Tan

Traducción: Carles Andreu y Albert Vitó

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2009. Original: 1998

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

“Girl B: …because the rabbits are more like humans.” (p. 305)

(Arizpe et al., 2014)

 

Es raro empezar esta reseña con una cita de un artículo académico de una participante de 10 años que aparece en la investigación de Arizpe et al. (2014). En diferentes entradas, desde el comienzo del blog, aparece citada la investigadora Evelyn Arizpe por su aproximación a la migración y el estudio de la interpretación de la narrativa visual por los lectores infantiles y juveniles. El fragmento de esta participante tiene un contexto dentro de la conversación del artículo, pero encapsula perfectamente el reflejo de nuestra humanidad. Los conejos de John Mardsen y amplificado su poder sugestivo con las ilustraciones de Shaun Tan es uno de los ejemplos claros de literatura para todas las edades y la aproximación a temáticas controvertidas (en este caso, el reflejo de la colonización). En ese plano, también se pueden inferir otras lecturas y consecuencias del proceso ligado a la colonización por parte de otra investigadora centrada en el desarrollo de la conciencia ecológica como op de Beeck (2005, p.281) en el que hablaba de los álbumes de Mardsen y Shaun Tan como “stunning picture books dealing with environmental devastation and class politics”. Como ven, las lecturas pueden encontrar en sus receptores diferentes capas de significado gracias a los espacios para la interpretación entre texto e ilustración (especialmente en la naturaleza metafórica y surrealista de Shaun Tan) y, esencialmente, que los conquistadores se han definido históricamente por su impacto devastador: sobre la población, el medio ambiente y la cultura nativa.

Uno de los primeros álbumes ilustrados del australiano Shaun Tan fue junto al texto de John Marsden, en el que narraban metafóricamente la colonización inglesa de las antípodas oceánicas. Como es habitual en la web de la editorial encontramos aclaraciones de Shaun Tan al respecto de esta aproximación temática que podéis leer en el hipervínculo.  Los conejos, es un álbum con un texto breve que complementa la expresividad de las ilustraciones de Shaun Tan y, de nuevo, esa economía prestigia al lector que debe complementar esos espacios narrativos con la inmensidad que suponen las ilustraciones a doble página. Una auténtica joya que, por suerte, la editorial Barbara Fiore tradujo una década después de su publicación original en 1998.

En la narración, se presenta el impacto de la llegada de los conejos (“llegaron por el mar”) a las tierras donde habitaban los marsupiales (numbats, especie autóctona). Esa entrada esplendorosa descrita con el imaginario fantástico del ilustrador en un buque de proporciones infinitas inicia el desembarco de los conejos ataviados en vestimentas que recrean la indumentaria señorial europea. Esta contrasta con la de la especie nativa en los árboles, sin sofisticación y que se verá sometida a la represión de la especie dominante de la tecnología (como siempre, con una carga distópica y simbólica apabullante), como representación del poder de una sociedad sobre otra.

Las consecuencias, relatadas como un diario del diario de una especie, dibujan el paso del tiempo y empleando un lenguaje metafórico (“los conejos llegaron hace muchos abuelos atrás”) en el que comentan la primera llegada de una expedición en el que la interacción entre especies estaba enmarcada por el acercamiento de dos culturas y el trato humano entre ambas especies. También una advertencia de los ancianos del lugar sobre la incomprensión del extranjero sobre el modo de vida nativo. Este aspecto del inicio de la narración es fundamental por la importancia del distanciamiento de la mirada etnocéntrica sobre la intercultural.

A partir de ese momento de placidez y advertencia, la llegada del galeón y el inicio del conflicto. En este, se relata a la perfección el modelo de colonización en el que se instala una sociedad y relega a la otra a la periferia. Una situación que, además, está basada en la colonización de aquellas tierras y, por este motivo, introduce el valor de la memoria histórica en el aula de una manera metafórica. El dramatismo del texto se entremezcla con la habilidad de Shaun Tan para la recreación de un espacio de fantasía y sutileza por los detalles incorporados en las ilustraciones, con un simbolismo que está presente en toda su obra.

La pérdida de la batalla entre ambas especies muestra como la dominante se apodera del terreno, sus recursos naturales e incluso su descendencia. Sometimiento que lleva aparejado el inicio de la industrialización y la decadencia de la naturaleza, mediante el cambio de tonalidades ensombrecidas y pardas. En ese momento, el diario de la memoria de una especie comienza a cuestionarse dónde fue todo aquello que caracterizaba a su tierra, su naturaleza y fauna, y una pregunta final: ¿quién nos salvará de los conejos?

Otro aspecto esencial en la ilustración, en el que se emplea la doble página, es el empleo de la fragmentación narrativa para la descripción de los breves textos que relatan la lucha entre las dos especies (tan desigual) y el empleo de objetos para diseminar la narración entre los objetos. Del mismo modo, el empleo de la perspectiva y la simetría en la colonización de los conejos muestra el mundo que llega: ordenado y cuadriculado como manera de representación de la postura colonizadora e intransigente que traslada los principios de “su cultura” a otra.

En conclusión, además de una obra de arte de Shaun Tan, este álbum sigue posibilitando las preguntas en la narración y la relectura por la gran cantidad de detalles insertos. Un texto sencillo que resuena en el gran espectáculo que plantean las ilustraciones para narrar, nada más y nada menos, el proceso de represión de una cultura sobre otra. Una mirada etnocéntrica que no permite el reconocimiento del resto de culturas, expulsándolas y reduciéndolas a meros recuerdos (que si no preserva la memoria) se diseminarán como pétalos en la rosa de los vientos.

Finalmente, siguiendo con la temática de la migración y los colonos, una recomendación cinematográfica con las películas de Jan Troell que muestran este proceso en dos películas: The Emigrants (Utvandrarna, 1971) y su continuación argumental The New Land (Nybyggarna, 1972) con actores tan emblemáticos como Max von Sydow y Liv Ullmann.

Fran Martínez

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Referencias

Arizpe, E., Bagelman, C., Devlin, A. M., Farrell, M., & McAdam, J. E. (2014). Visualizing intercultural literacy: engaging critically with diversity and migration in the classroom through an image-based approach. Language and Intercultural Communication, 14(3), 304–321. https://doi.org/10.1080/14708477.2014.903056

op de Beeck, N. (2005). Speaking for the Trees: Environmental Ethics in the Rhetoric and Production of Picture Books. Children’s Literature Association Quarterly, 30(3), 265–287. https://doi.org/10.1353/chq.2006.0002

lunes, 13 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Pablo Albo y Pablo Auladell. Alas y Olas. Barbara Fiore Editora

 

Título: Alas y olas

Autor: Pablo Albo

Ilustrador: Pablo Auladell

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2011

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 27 x 38 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

“Dame la mano y danzaremos
Dame la mano y me amarás
Como una sola flor seremos
Como una flor y nada más
”

(Fragmento del poema Dame la mano de Gabriela Mistral)

En el verano también hay espacio para la melancolía y el anhelo, el deseo y la soledad, el murmullo y la contemplación. Después de Inés azul (2009), Albo y Auladell volvieron a juntar sus talentos en este sensacional Alas y Olas editado en gran formato en Barbara Fiore. Desconozco si con Lejos (ilustrado por Aitana Carrasco) conforma una trilogía de Albo que explora diferentes terrenos existenciales y de la finitud que con la ayuda de las poéticas ilustraciones de Pablo Auladell encuentran una simbiosis perfecta. En otras entradas del blog hemos analizado algunas obras que cuentan con la magia de Auladell en las ilustraciones como en Caracol (también junto a Albo y que contaron con una nueva ilustración en la edición de A Buen Paso) o Dorothy junto a Javier Sáez Castán. 

En los últimos años su obra ha recogido distinciones que le han llevado a continuar con la exploración del lenguaje del cómic (después de La Torre Blanca) con Potemkin y Paraíso Perdido de John Milton (y ser galardonado con el Premio Nacional del Cómic en 2016) o su participación en la creación audiovisual junto a Gonzalo Suárez. Pese a que en formato álbum no hemos tenido novedades, si que tenemos otra faceta que conecta con la capacidad evocadora de Auladell como es el acompañamiento a los 12 Poemas de Antonio Machado publicados en Kalandraka o los de Julio Cortázar en Poemas y Meopas. En su charla en la presentación de su reciente libro de artista Cuaderno Arcaico Muralis habló de las máscaras con las que el artista aborda un trabajo, un elemento que también aparece recurrentemente en sus obras, elementos alados con caretas humanas y otros cruces que caracterizan una obra que como lectores vemos en progresión y refinamiento continuo desde Mar de sábanas (2003) y el cambio de década en el que su autoría al ver una ilustración es completamente reconocible: el contraste con el color, las tonalidades pastel, el grafito y la materialidad de la textura. Y, la atemporalidad.

Estar fuera del tiempo como los territorios de la tradición oral que tan bien conoce Pablo Albo y, como podemos leer en la portada: “levemente inspirado en la leyenda esquimal La mujer esqueleto”. También, en la evaporación del alma en el viento marino recordamos a Andersen y el anhelo de un amor perdido. Con Alas y Olas tenemos dos universos, la tentación de traspasar ambos por sus personajes que nos recuerda en su punto inicial a un clásico del cine como es El cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders cuyo título en inglés también serviría para conectarlo con este álbum: “Las alas del deseo” (Wings of desire). El texto y la poética de las imágenes se entrelazan perfectamente para amplificarse a partir de un personaje que ha conseguido las alas con una condición (la idea de la tentación): nunca emplear su capacidad de vuelo para inmiscuirse en la vida terrenal de los otros. Una premisa de entrada que dibuja la situación inicial y que, en la siguiente página, dará con el inicio del conflicto: una mujer desvalida en su barca deseando la muerte (conectamos con Annie du Lac de Kitty Crowther y la idea de suicidio) que se desvanece en el momento que ambos cruzan sus miradas (al modo de Julio Verne como si hubieran compartido El rayo verde).

Esta intromisión es lo que nos conduce al recuerdo cinematográfico de la película de Wenders cuando el personaje de Bruno Ganz descubre a la trapecista y sueña con materializarse para formar parte del mundo terrenal. Desobedecida la promesa, el descenso al fondo del mar, la pérdida del cuerpo y la entrega a lo desconocido. El texto de Albo lo retrata con sutileza, con los elementos acompañándolos como una pequeña red hasta quedarse solo en los huesos y con la condena de una soledad que tan solo se veía interrumpida por las visitas de aquella mujer que también anhelaba aquel momento mágico, ese instante en el que vio al personaje alado. La forma en la que se resuelve el conflicto está llena de poesía y en el que conoceremos la materia con la que están hechos todos los besos.

Cerramos con música de Jason Pierce y Spiritualized que conectan perfectamente con la temática. Primero, Alas…



Y, luego, Olas

 


Fran Martínez

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martes, 7 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Shaun Tan. Las reglas del verano. Barbara Fiore Editora

 

Título: Las reglas del verano

Autor e ilustrador: Shaun Tan

Traducción: Carles Andreu y Albert Vitó

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2014

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 27 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

“While at first this might seem a book for children, I'm more broadly interested in the universal themes governing any intimate relationship regardless of age, gender or background, from siblings to best friends, co-workers and partners. The private universe of imagination and conflict that can exist here so often defies explanation and is, I think, best represented as a kind of shared dream.” (Shaun Tan website)

En este álbum maravilloso de Shaun Tan (que también tuvo traslación intermodal a una app que no se encuentra disponible) nos ofrece las 16 reglas que aprendió el protagonista en su último verano. Y eso es todo. Bueno, lo sería si no fuera por la capacidad de sugestionar al lector por sus ilustraciones al óleo que nos rodean de perplejidad ante la creación en cada página de un universo en el que completar de significado cada una de las reglas propuestas (principalmente, aquellas cosas que “nunca” debes hacer). Para conocer mejor las visiones del autor encontramos en la página de la editorial muchas de las claves y referencias a estos universos (enlace) que nos hablan de las experiencias del autor y recuerdos de infancia. Entre esos recuerdos, los juegos junto a su hermano pese a que en su página web nos invita a que no los veamos como hermanos, sino como amigos y compañeros.

El surrealismo y la imponente arquitectura de los espacios que nos remiten a una celebración del universo de Lewis Carroll y su Alicia, imponentes espacios que intimidan y liberan con cierto sentido del humor. El lector está invitado a que construya en esos instantes los espacios vacíos entre un texto lacónico y una imagen desbordante. El universo de Shaun Tan siempre conduce a una conexión con la obra de Miyazaki y desde La cosa perdida seguimos maravillados en sus creaciones absorbentes y que profundiza en esos temas universales que apunta el autor sin olvidar otros estados emocionales dentro de un universo que juega con la ambivalencia de la utopía y distopia. Un álbum que exige un lector que encuentre el por qué a cada regla del verano y se sumerja en el espacio de tiempo que anticipe e infiera las consecuencias de cada una. Recuerdo este juego en el aula con el profesor Ramón Llorens a partir de algunas imágenes del álbum y es un ejemplo de álbumes que desafían al lector, le retan en la creación de una narrativa que, como pasaba en su clásico El árbol rojo, nos deja al final un espacio de esperanza reconfortante: el salón frente a la televisión y los dibujos que nos remiten a las ilustraciones previas.

Desconocemos al narrador de la historia (¿será el más pequeño?) y nos invita a que tomemos una posición (la del que aconseja o el que recibe el consejo) o tal vez sean las dos voces (nos muestra elementos recurrentes en varias páginas con el cuervo). Independientemente del camino que se elija, Las reglas del verano de Shaun Tan es una puerta abierta para el juego de la interpretación, el diálogo y el deleite visual de cada uno de los detalles y narrativas visuales que operan en primer y segundo plano para generar una sensación de perplejidad y asombro que son rasgos habituales de su obra. Nunca dejes de fascinarte al pasar la página. O, al menos como diría Pennac en su octavo derecho del lector, hojearla.



Imagen de la app: (wheelbarrow Facebook)

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/las_reglas_del_verano

Comentarios de Shaun Tan en la web de BFEditora

https://www.barbarafioreeditora.com/shauntan/?page_id=47

Entrada de la web de Shaun Tan

https://www.shauntan.net/summer-book

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Ji Hyeon Lee. La piscina. Barbara Fiore Editora

 

Título: La piscina

Autora e ilustradora: Ji Hyeon Lee

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2014

Páginas: 52

Encuadernación y formato: 22 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras


Reseña:

Después de la vuelta a la actividad seguimos con entradas para evocar los días estivales que llegan a su fin. Una de las imágenes de un verano es el chapuzón, los recuerdos de caminar por el borde de la piscina (con los pies color membrillo y claras intenciones como el agua que cantaba Aramburu). La siguiente reseña bien podría ser La ola de Suzy Lee (también coreana y sin salirnos del catálogo de Barbara Fiore), pero dejaremos el elogio al límite para otra ocasión. Colocados como espectadores ante el momento en el que el bañista se encuentra con la piscina, el silencio y el foco como andamiaje narrativo con el primer plano de su cara y la visión general en la siguiente en una ruptura que proviene del ruido (en un libro silencioso) de la multitud ataviada de flotadores y colchonetas para zambullirse en el agua. Y, como no, recuerdo de esos momentos de pelea por coger el mejor sitio (ya sea en las piscinas municipales o en primera línea de playa). 

Del silencio del niño circunspecto al sinsentido de la vista de la piscina abarrotada de gente que apenas dejan a la vista el agua de la piscina. Otra característica que comparten inicialmente La ola y La piscina es la minimalista paleta de colores iniciales (solo distinguimos el azul del agua y predominan el blanco y el negro del trazo), pese a que los mecanismos de narración visuales son muy diferentes (cambios de foco y ruptura de la doble página como unidad narrativa en otras).

Esta primera parte marca el inicio del conflicto, la tranquilidad del protagonista frente a la algarabía del resto de bañistas, que finalmente se sumerge para mostrarnos la puerta a un nuevo mundo. Curiosamente, Ji Hyeon Lee en un álbum posterior como Door (2018) también establece esa diferenciación entre la realidad y la fantasía (puertas que en los libros sin palabras también nos conducen a otros universos como en los de Aaron Becker o David Wiesner por citar dos ejemplos reconocidos) y la aparición de un nuevo código visual: el color. Zambullida en la que encuentra una compañía (son como los outsiders del bullicio) en la que descubrirán aquello que los demás son incapaces de ver: corales, bancos de peces e, inclusive, encontrarse con la majestuosa gran ballena blanca) con la que compartirá el viaje. 

Una narración tierna y silente que finaliza con la salida por el otro extremo de una piscina cuyo tamaño no es indicativo de los mundos que esconden cuando nos sumergimos y conectamos con memorias y recuerdos de infancia. Lugares suspendidos en el tiempo y la mirada compartida por dos personas que han encontrado la escapatoria a un mundo ruidoso y caótico. Pequeños refugios y deleites visuales en una literatura que se lee mirando. Y como no, otros recuerdos con piscinas y chapuzones literarios me recuerdan a El nadador de John Cheever (y su gran traslación a la pantalla por Frank Perry en un clásico oscuro), pero especialmente a David Hockney -ya sean A bigger splash o Retrato de un artista (piscina con dos figuras)-. Sea como sea, nadaremos.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/la_piscina

Web de la autora

http://jihyeon2.blogspot.com/


 


jueves, 11 de marzo de 2021

Entradas en azul. Shaun Tan. Cigarra. Barbara Fiore Editora

 

Título: Cigarra

Autor e ilustrador: Shaun Tan

Traducción: Lydia Pelayo Alonso

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2018

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21 x 28 cm. Tapa dura

Idioma: castellano


Reseña:

Una de las deudas pendientes con el blog era la realización de una reseña dedicada al genial autor e ilustrador australiano Shaun Tan (premiado no solo por su labor en la LIJ con el Premio Astrid Lindgren en 2011, también oscarizado por el corto de su primer libro en solitario, La cosa perdida). En este blog las diferentes personas que se han encargado de actualizarlo durante la pasada década (el 13 de marzo este espacio cumplirá diez años desde su creación por Ramón Llorens). Así, el inicio de esta entrada tendrá un pequeño recordatorio a las clases con Ramón en las que nos acercaba las bondades del álbum y, en alguna clase, recuerdo que nos mostró Cigarra de Shaun Tan.

En este espacio diferentes alumnas dejaron su impresión sobre la obra de este autor con las reseñas a dos de sus libros más celebrados: el verano pasado Sandra Martínez recuperó el icónico El árbol rojo (2001) y, hace casi una década, Mónica Más se encargó de Emigrantes (2006). Dos libros que han sido referencias por su maravillosa propuesta artística desde las ilustraciones y la temática psicológica, existencialista y reflexiva de sus libros. Además, estos títulos han sido analizados por diferentes personas dedicadas a la investigación literaria, premiados y reverenciados en diferentes foros, convertidos en referentes de calidad literaria en formato álbum, pese a que Emigrantes se adentra también en terrenos de la novela gráfica. Una narración silente que ha servido no solo para su estudio literario, también para convertirse en un elemento transcultural para elicitar respuestas a partir de su lectura y comprensión como las recogidas en la investigación de Arizpe, Colomer y Martínez Roldán en el libro Visual Journeys Through Wordless Narratives: An International Inquiry With Immigrant Children and The Arrival (2014).


Con Cigarra, su último libro en formato álbum (en 2020 publicó una versión de un relato de La ciudad latente, Dog, al igual que hizo con el relato de Eric) nos devuelve a cuestiones sobre los sentimientos de un protagonista dentro de un entorno hostil, empatizar con su situación y reconocer las imposiciones que tiene en su vida. Shaun Tan nos muestra el proceso de creación y la reflexión sobre el contenido que quería mostrar en este libro en su web (enlace). Otra cuestión que nos puede suscitar la portada es el recuerdo a dos obras: La metamorfosis de Kafka (citado también por el autor, también el clásico de Orwell Rebelión en la granja o la icónica película de Guilliam, Brazil, que también citamos en Nonstop de Ungerer) y la fábula de Esopo, La Cigarra y la Hormiga.

En este caso, la transvalorización de la cigarra en obrera abnegada y maltratada por el resto siembra la extrañeza inicial en la representación del personaje: la cigarra cantora, la cigarra vaga. Y, como no, a la versión oscura de Frederick de Lionni si seguimos por el sendero intertextual cuando conocemos a un personaje lejos de la bohemia y que solo conoce el trabajo (que nos hará libres, decían).

El texto opta por un lenguaje telegráfico, como si un robot (con la idea de robot del cine de décadas pasadas, no con las actuales inteligencias artificiales y la Programación de Lenguaje Natural). Encontramos a la cigarra y la soledad de su cubículo, referencias a otros tiempos y la intención del autor de reflejar de algún modo el recuerdo de los trabajos de su padre. Un personaje deshumanizado en un entorno humano que, al contrario que en los cuentos de animales, no se le humaniza y se le somete a todo tipo de desprecios y ninguneos. No vemos las caras de sus compañeros de trabajo, de sus jefes, solo sus acciones y desprecio por su diferencia. O tal vez, con quien expresan su hastío por compartir un espacio vacío de vida, milimétrico y opresor.


Esa reflexión la introduce el autor, realmente en el texto nadie nos dice cómo se siente la cigarra. Suponemos que como nosotros si sufriéramos esas condiciones, pero ese detalle nunca se revela. Shaun Tan lo expresaba así en su web:

“Of course, we never know how the cicada is really feeling. We assume this underappreciated employee must be miserable, but we may be mistaken. The other side to this thought is to wonder about the sterile environment of the story, or any institution populated by uncaring, aggressive and basically unhappy humans, and think about the ultimate purpose of it. Who is really suffering these absurd conditions? Not the cicada.”

enlace

El desenlace del libro, al igual que en Las reglas del verano o El árbol rojo, nos muestra una imagen que nos reconforta después de la carga pictórica y desoladora de las imágenes. Especialmente en la secuencia final en la que como humanos, entendemos que el desenlace adquiere unos tintes siniestros al ver al protagonista en el bordillo en lo más alto del edificio. Un animal humanizado, con su traje chaqueta y contexto laboral, pero que nunca dejó de ser un insecto.


La metamorfosis, con la capacidad para interpretarla como cada uno quiera, nos deja en las guardas finales la belleza pictórica del autor y el vuelo de las cigarras. No pueden parar de reír de los humanos y, podría ser una forma de leyenda etiológica que nos explica el por qué las cigarras hacen ese ruido en verano: disfrutan de la vida que cualquier humano anhela en ese entorno de trabajo. Esta es una de las grandes virtudes de sus álbumes: sugieren y requieren nuestra mirada reflexiva para incorporar nuestros sentimientos y evocar recuerdos en una lectura pictóricamente deslumbrante, en escenarios distópicos y siempre estimulantes. Un álbum inteligente que juega con las interpretaciones culturales y literarias, estimulante y que permite las lecturas e interpretaciones que prefiera el lector. Esta tan solo es la mía, pero el disfrute de la obra de Shaun Tan no tiene la misma discusión. 


Dicho esto, disfruten. 

Lean. 

Vivan.  



  

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/cigarra

Web de Shaun Tan

https://www.shauntan.net/cicada-book


Shaun Tan hablando sobre Cigarra