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miércoles, 10 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch. La creación; El viaje de Olek y El paraíso. Barbara Fiore

 

Título: La creación

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Anna Bellosta García y Mariona Gratacòs i Grau

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2006

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 25 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una dupla reconocida con el Premio Astrid Lindgren: el alemán Wolf Erlbruch y el belga Bart Moeyaert. Sobre el célebre autor e ilustrador Wolf Erlbruch hemos realizado diferentes entradas y, en esta recta final del blog, tenía especial interés en reflejar temáticas poco habituales en la Literatura Infantil como la religión. Además, es una temática con posturas opuestas: el lado laico que evita todas estas cuestiones por principios y, por otra parte, los centros religiosos que es una de sus piedras fundacionales. Desde el lado menos creyente, personalmente, estas temáticas de entrada me hacen huir como de la peste. Como cualquier hijo de vecino, tengo mis prejuicios e ideales. Así, el reflejo de estas cuestiones desde el imaginario religioso (católico en nuestro contexto) no dejan de tener un contenido simbólico y fantasioso, además de una traslación artística (como aquel álbum de Andrea Antinori sobre el cuadro de James Ensor La entrada de Cristo en Bruselas).

Junto a Bart Moeyaert se publicaron tres álbumes en la editorial Barbara Fiore (además de La creación, El viaje de Olek y El Paraíso) sobre los que nos detendremos en esta entrada. Comenzando por La creación: “Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar algo así. Imagina que todo lo que existe ahora todavía no existe”. En ese breve fragmento se continúa invitando al lector a descomponer toda su realidad: elimina la oscuridad e, inclusive, a tu madre. Y, no nos olvidamos del arte en esta aproximación de Moeyaert con su producción teatral para llevar la pieza de Haydn y que acabó con esta extensión en formato álbum. Me parece un inicio soberbio con la única ilustración de Erlbruch de esa madre en el lateral inferior derecho de la imagen. Si en La gran pregunta su estilo de collage era mucho más depurado y minimalista, este texto le viene como anillo al dedo. El texto de Moeyaert se narra en primera persona, ese yo (un hombrecillo) que intenta ubicar en dicha abstracción al lector desde la comicidad de estar en medio de la nada más absoluta: solo Dios y él sentados (el primero, relajado y, el hombrecillo, circunspecto). El texto no se define por su brevedad, pero la visión de Dios ante la nada es diametralmente opuesta a la impaciencia de la naturaleza humana. El papel de Dios es relatar con socarronería paciente y la curiosidad por conocer el origen de la creación. ¿En definitiva, quién no lo estaría?


A medida que Dios comienza la creación (la noche y el día), las preguntas del hombrecillo atónito y confuso ante la paciencia de ese Dios (con aspecto de hombre en túnica y una larga barba a modo de un sabio) que observa la materialización de sus creaciones. La actitud del hombrecillo poco impresionado por la aparición del mar y la tierra contrasta con la del Dios: sosegada y contemplativa de cada nuevo elemento incorporado a la paleta de su mundo. También observamos en el diálogo la comparación del hombrecillo con Dios: él tan importante y, el hombrecillo, tan insignificante.

Pero, ante esas maravillas creadas, también la acusación del hombrecillo: ¿por qué ese alarde? ¿Por qué hacerle espectador de tal espectáculo siendo tan insignificante? ¿Por qué debería importarle todo aquello si no había nadie más? Entonces aparece la fauna en la que los personajes se unen a un collage en el que peces, aves, cabras, gatos y… Sí, un pato asomando por el lateral izquierdo hacen su aparición. En esas cuestiones y anécdotas que rememora el hombrecillo el texto continúa y, finalmente, el fin de la creación: la pareja para el hombre y el descanso el último día de Dios en la creación. El texto finaliza repitiendo el fragmento del inicio para cerrar el sentido de la narración y que el lector cierre el círculo. Un texto filosófico y divertido sobre la creación con una visión calmada sobre una pregunta sin respuesta y con una bella inspiración poética. Abrazar lo desconocido con sensibilidad.


Título: El viaje de Olek

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: María Lerna

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 30 x 27 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Seguimos en terrenos fantásticos, pero si pasamos por La creación y Dios, ahora sobrevolamos el cuento de Afanasiev: El pájaro de fuego. Si el azul era el color definitorio en el título anterior, ahora lo será el rojo y el viaje de Olek (el personaje que siente la llamada a la aventura). Una aventura en la que encontrará diferentes pruebas que pondrán a prueba su voluntad altiva cimentada en la proeza de matar a un oso y hacerse un gorro con él. Esa será su vara de medida: derrotar a un oso en comparación con la prueba que se le presente. La primera, atarle los cordones a un niño que había caído al barro. Así, seguía sumando proezas y buenas acciones a su historial: “Aquí está Olek -dijo Olek-. Hago lo que puedo” como su mantra anta cada nueva acción. Después de las tres primeras, Olek se pierde en el bosque y ante él, un muro impenetrable de musgo que impide su paso. En ese tránsito encontrará a un pájaro rojo con un ala muerta y, a partir de ese momento, la aventura de Olek tomaría otros derroteros y pruebas como la de enfrentarse al mismísimo diablo. 


Un cuento fantástico en el que la bondad del héroe y su persistencia es recompensada al final del camino en el que se pone a prueba su voluntad. Las ilustraciones de Erlbruch de nuevo son un entramado minimalista entre el collage, el contraste del color con una limitada paleta y el trazo con el que dibuja un universo inconfundible.

Por último, rescato este corto animado dirigido por Vladimir Samsonov en 1984 con música de Stravinsky:




Título: El paraíso

Autor: Bart Moeyaert

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Goedele de Sterck

Editorial: Barbara Fiore

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 16 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Con El paraíso nos alejamos del formato álbum, destinado a un lector adulto, y encontramos con un libro magníficamente ilustrado por Wolf Erlbruch sobre la visión de Moayaert sobre el momento en el que Adán y Eva poblaban el planeta. La desnudez de los personajes y el reflejo de aquel entorno natural en el que habitaban, la manera en la que llegaron allí, las tareas que debían realizar para mantener aquel lugar: “Nos correspondían cuatro ríos y un terreno arbolado. Podíamos bañarnos en las aguas de los ríos. Debíamos limpiar el bosque y mantenerlo limpio” (p. 7). La descripción de la naturaleza, sus aromas y la atracción de sus cuerpos. El inicio de la vida en el paraíso y, poco a poco, con el transcurso del tiempo ver cómo algunas cosas eran frágiles y destinadas a desaparecer. Y, también, preguntarse por si ellos también eran de una naturaleza efímera. Y, a medida que los días y las tareas se suceden en el mismo lugar, la aparición del tedio. 


La insoportable levedad del ser que diría Kundera. Dos actitudes: persistir ante el temor de perder lo que se tiene o, por el contrario, cuestionar si aquello es lo que se desea. Las ilustraciones expresivas del hombre y la mujer, ante el dilema de cómo mantener la felicidad tal y como deberían y, por otra parte, la infelicidad de la rutina: “Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos” (p. 21). El modo en el que encuentran el equilibrio entre esas dos situaciones y visiones ocupará el final del relato con la manera con la que encontraron su lugar en el paraíso. Su visión propia.

Ahora, que suene Haydn y la Nederlands Blazers Ensemble.

 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/la_creacion


* Como añadido a la temática de la creación hilvanamos a partir de Wolf Erlbruch el recuerdo de un álbum poético maravilloso con textos de Gioconda Belli: El taller de las mariposas. En el que el joven diseñador Odaer deberá alcanzar dentro de sus creaciones en el Taller de los insectos uno de sus sueños: combinar una criatura que mezclase las características de un pájaro y una flor. Un texto maravilloso y unas ilustraciones de la etapa previa de Erlbruch con sus collages. 


Y, en la última puntada de la entrada, Gioconda Belli también participó en la colección poética de Libros de Cordel (Cortázar, Skármeta, Benedetti,...) en la editorial Libros del zorro rojo con Cuando floreció la risa (ilustrado por Alicia Baladan). En este caso, el jardín del Edén está en la selva del trópico donde Enea y Alia bajaron de la ceiba para comprobar que eran el primer hombre y la primera mujer. Y, en aquella selva, también floreció la risa.



lunes, 25 de octubre de 2021

Entradas en azul. Wolf Erlbruch. Por la noche. Ediciones SM.

 

Título: Por la noche

Autor e ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Nadine Belién

Editorial: SM

Colección: Barco de vapor, nº60

Año: 2001

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 12 x 19 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Creo que serán pocas las personas que tengan interés por la Literatura Infantil y no tengan una especial devoción por los libros de Wolf Erlbruch. En este espacio hemos dedicado reseñas a diferentes títulos como el bellísimo L’ogresse en pleurs de Valerie Dayre, el filosófico La gran pregunta y, como no, un icono de la Literatura infantil con El pato, la muerte y el tulipán. En 2017, recibió el Premio Astrid Lindgren por su obra y en Youtube se puede escuchar la llamada del jurado a Erlbruch:



Me encanta el momento en el que habla de que alguien se acercó a él de manera inesperada para decirle: gracias por sus libros. Previamente al comentario de este libro les invito a repetir el mantra: Muchas gracias por sus libros. Pueden hacerlo tantas veces crean necesarias, pero más importante es el recordatorio implícito del mensaje: la literatura infantil es literatura y no, no es nada menor pese a que la edad de su público, a priori, no sea adulta. Se podrían escoger diferentes títulos del autor y sería un placer admirar su trabajo desde el plano artístico como ilustrador en El taller de las mariposas de Gioconda Belli, el fabuloso y de gran formato El oso que no estaba de Oren Lavie, el reciente poemario Palmas y aplausos de Edward van de Vendel, las colaboraciones con Bart Moeyaert (Premio Astrid Lindgren en 2019) con El viaje de Olek y, especialmente, La creación. Aunque un lugar especial en este apartado lo ocupa la ilustración de los textos de Karl Philipp Moritz en El nuevo libro del abecedario.

En esta faceta de ilustrador también apoyó textos de diferentes autores que fueron editados dentro de la emblemática colección de SM, Barco de vapor (Eduardo Porcachón de John Saxby o No es un papagayo de Rafik Schami). Dentro de esta colección también tuvo espacio para un título en nombre propio (como autor e ilustrador) y que, desafortunadamente, no le sienta nada bien el formato de esa colección a un álbum tremendamente divertido e inteligente. Con la unidad de la doble página, el despliegue de los collages de Erlbruch queda empequeñecida en formato, pero no en su excepcional propuesta. Un protagonista, Pedro, insomne que se acerca a la cama de su padre para decirle: “Quiero salir, entrar en la noche”. Una frase un poco sombría si fuéramos el padre somnoliente que se despierta con esas palabras.

A partir de esa situación, la pareja (padre e hijo) inicia un paseo por la ciudad de noche en la que el texto refleja las palabras del padre somnoliente y que desea contentar a su hijo con el único objetivo de mostrarle que por la noche no pasa nada. Por eso se duerme. Todo el mundo duerme: las liebres, el vendedor de verdura, las ranas, sus amigos, la farmacia. Por la noche no pasa absolutamente nada. Y, claro está, el padre preferiría estar durmiendo. En el plano de las ilustraciones, la situación es la contrapuesta al discurso del padre: un mundo de fantasía que articula Erlbruch con minuciosos collages, oníricos y surrealistas (el gran perro salchicha formando un puente a su paso, una trucha portando una fresa en un carro y, como no, Alicia saltando en pose circense un aro sujetado por el conejo blanco) y en el que grandes animales acompañarán al niño en un juego imperceptible para el adulto somnoliento que lo lleva de la mano.

La noche abraza la fantasía del niño y de los lectores que disfrutamos de sus ocurrentes composiciones y, muestran en esa yuxtaposición entre el texto y la imagen una invitación a la carcajada. Adicionalmente, la lectura de la mirada diferenciada del adulto que ha olvidado ser un niño y la imaginación simbólica de la infancia, una mirada que hay que tener siempre en cuenta y no minusvalorarlo. Ojalá lo reediten con un formato que haga justicia a su contenido. De nuevo, muchas gracias Mr. Erlbruch.

 

Fran Martínez

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viernes, 14 de mayo de 2021

Entradas en azul. El pato, la muerte y el tulipán. Barbara Fiore Editora

 

Título: El pato, la muerte y el tulipán

Autor e ilustrador: Wolf Erlbruch

Traductor: Moka Seco Reeg

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2007

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Dada la temática sobre la fragilidad de la naturaleza como metáfora de la condición humana, su esplendor y declive en sus ciclos, la vida y la muerte, la elección de un álbum como El pato, la muerte y el tulipán de Wolf Erlbruch es un camino al que inexorablemente te conduce ese hilo mental. También puede ser un proceso inconsciente, pero no deja de ser la celebración de uno de los álbumes más importantes dentro de la LIJ. Esta aseveración, a estas alturas, se puede tomar como una certeza por el reconocimiento de la crítica y, recordaba que en 2016 en el Simposio organizado por uno de los grupos más importantes de este país en la promoción de la LIJ (GRETEL) en 2016 bajo el nombre 10 años de LIJ se organizó una votación a partir de una lista de 100 álbumes que formaban parte de su oferta formativa en el Máster de la UAB. El podio lo conformaron Voces en el parque de Anthony Browne, Donde viven los monstruos de Maurice Sendak y el título elegido hoy: El pato y la muerte de Wolf Erlbruch (el tulipán se va quitando según la edición, pese a que el título original es Ente, Tod und Tulpe, 2006). Ciertamente es un ramillete de tres obras que ofrecen poca discusión en su calidad estético-literaria y obligadas en la formación de mediadores literarios o bibliotecas escolares.

Sobre Wolf Erlbruch ya hemos dedicado dos entradas sobre obras previas a la publicación de este álbum como la ilustración para Valerie Dayre de L’ogresse en pleurs o La gran pregunta, donde Wolf Erlbruch ya incluía a estos personajes (el pato y la muerte). Sobre este proceso de creación del álbum se puede leer una entrevista de Gustavo Puerta Leisse en 2007 en la revista Educación y biblioteca con un título (Wolf Erlbruch es más importante que un árbol, aunque él no lo crea así) que alude a la manera en que Wolf Erlbruch rebaja el tono ceremonial sobre el análisis de su obra y los reconocimientos recibidos (Premio Andersen y Premio Astrid Lindgren). En esta entrevista se encuentra el origen de la creación de estos tres personajes, inicialmente como marcapáginas en 1994, y que años después rescató para crear una historia que se fue depurando en texto e ilustraciones hasta su concreción final. En una entrevista recomendada en las reseñas realizadas en el blog sobre Georg Barber (ATAK) también analizaba la importancia de la editora Antje Kunstmann y la anécdota de que pasó dos días en casa de Erlbruch a la espera de que le entregase la última ilustración.


Retos que muestran el proceso de creación de un álbum en el que conseguir la máxima expresión con elementos mínimos, como el blanco como espacio en el que inicialmente se relacionan el pato y la muerte, presentada de manera cordial y que se dirige al pato con calma ocultando en sus espaldas un tulipán. Con la percepción de su presencia por parte del pato, se inicia una conversación distendida e irónica entre ambos. Resulta paradójico encontrarse cómodo frente a la muerte, un icono cultural que no es precisamente el más atractivo. Inevitable de todas formas, ya sea simpática o desagradable, la existencia humana es irremediablemente finita. Con esa premisa, tenemos un elemento que perturba inicialmente (la muerte) y que funciona como una espada de Damocles para el lector: cuándo se llevará al pato.

La importancia del texto es jugar con humor en el cómo, comparten baños en el estanque, el pato le ofrece su calor y esa amistad genera una expectativa en el conflicto de la narración: ¿habrá una manera de que la amistad entre ambos sirva como escapatoria de su destino? En esa relación también se introducen aspectos sobre la iconicidad de pasar a mejor vida a partir de ideas religiosas que ofrecen una respuesta a las cuestiones existencialistas (también ilustró previamente La creación de Bart Moeyaert). El texto sigue mostrando el tránsito que conecta con las consabidas etapas del duelo de Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), pero que se centra en el suspense con pequeños gags como subirse a un árbol (¿quizás si supiéramos que la muerte nos acecha no aprovecharíamos para hacer todo aquello que resulte más peligroso y nos insufle más adrenalina?). Finalmente, la muerte es un tema de conversación que sobrevuela de la misma manera que el cuervo negro que aparece mientras ambos comparten la vista desde arriba del árbol. Punto en el que se amplía su perspectiva de la vida.


A partir de ese punto, se desencadena la resolución del conflicto: aceptada la finitud, el silencio se apodera de ambas hasta que, finalmente, se percibe y se acepta el fin. Momento para que Erlbruch dote de belleza con el uso del fondo en el que retratar el sueño del pato bajo la nieve, y la reaparición del tulipán. Ese contraste con elementos mínimos con el empleo del blanco, el collage y el contraste con el color azulado del estanque y la sobriedad dibujan un final que encadena tres ilustraciones a cuál de ellas más maravillosa: vigilando su sueño, llevándola en brazos y dejándolo en el río. Un bonito epitafio, tristeza, pero la vida reflejada con serenidad y sencillez. Como coda, una imagen que muestra la continuidad del proceso a su alrededor.

En la entrevista de Gustavo Puerta Leisse (editor de Ediciones Modernas el Embudo, que recientemente reseñamos dos títulos en el blog) en 2007, Erlbruch señalaba:

“Lo que he querido mostrar con este libro es que, para empezar, tenemos que morir. Es una pena, pero no hay otro remedio. Esta muerte es simpática pero, finalmente, es la muerte y se lleva a ese pato con el que nos identificamos.” (p.28)

Finalmente, el río sigue su camino hasta el océano

El pato, la muerte y el tulipán es un álbum hermoso y poético, no exento del drama y la comedia de la vida. Una joya con la que aprovecharemos para conectar con otros títulos en futuras reseñas (especialmente las centradas en obras de Kitty Crowther, pero también de la editorial Barbara Fiore como los de Elisabeth Helland Larssen y Marine Schneider). Concluimos con el cortometraje animado que dirigió Matthias Bruhn en 2010 y como no, recomendando la lectura de una maravilla LIJ. Y una última nota personal de quien escribe, en esta época pandémica he recurrido al visionado de series que hacía mucho tiempo que no veía, como The Sopranos. No sé cómo surgen estas conexiones con nuestro bagaje cultural, pero por alguna razón al ver el primer episodio con la partida de los patos de la piscina de Tony Soprano y su ataque al corazón pensé en este álbum. Una simple conexión.

 



Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/el_pato_y_la_muerte-x

Referencia:

Puerta Leisse, G. (2007). Wolf Erlbruch es más importante que un árbol, aunque él no lo crea así. Educación y biblioteca, 19(162), 26-30.

jueves, 8 de abril de 2021

Entradas en azul. Valérie Dayre & Wolf Erlbruch. L'Ogresse en Pleurs

 

Título: L’Ogresse en Pleurs

Autora: Valérie Dayre

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Editorial: Éditions Milan

Año: 1996

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Vuelta a otro de los grandes referentes con el maestro Wolf Erlbruch (1948) cuya obra no estaría lejos de Sendak o Ungerer, aunque esto tan solo es una opinión. Sus libros son reconocibles instantáneamente y siempre son un placer adentrarse en ellos, divertidos e incómodos. Pero, entiéndase este último adjetivo: empleamos este apelativo si pensamos en la literatura infantil como algo unidimensional, aleccionador y dirigido por una ética adulta condescendiente. De alguna manera, todas las entradas en el blog huyen de esta perspectiva y siempre sirve como buena previa a una reseña de un autor que tampoco se siente cómodo ante la etiqueta “literatura para niños”. Sus libros y galardones (Premio Andersen en 2006 y Astrid Lindgren en 2017) así lo atestiguan. Sus libros buscan espacios de tensión con los adultos con una tendencia aleccionadora y, no hay nada más pedagógico, que desmontar esa pulcritud inane (y, en las últimas entradas, títulos de Armin Greder, Kitty Crowther, Jutta Bauer e Isol le acompañan).

L’ogresse en pleurs (1996) es un título que aparecía dentro de la selección de 100 joyas ilustradas de Martin Salibsury (2015) en el que ilustraba el divertido texto de Valérie Dayre, tan deudor de los monstruos de la tradición oral (también podemos recordar, en el sentido contrario para desmontarlo, a El ogro de Zeralda de Ungerer) en el que tenemos a un personaje que ansía comerse a un niño. Ese tipo de narraciones siempre me han generado una especial atracción que me recuerda a mis primeros años en el aula contando el cuento del Ogro comeniños, como un cuento de ingenio en el que la población debía engañar al ogro hambriento que quería zamparse a los niños. Como estamos estos días con una temática maternal, en esta ocasión el desenlace de esta narración tiene la especial singularidad de que su figura de madre revela el final de la narración.


Un texto que nos cuenta las ambiciones de una mujer por probar un niño (otras cosas que hacía anteriormente no se pueden contar aquí, dice el texto). En su obstinación por encontrar al niño perfecto, más rechoncho y apetitoso, recorre aldeas y aterroriza a las familias que se esconden para huir de tal calamidad. Como no servía cualquier niño para satisfacer tal deseo, recorrió el mundo para encontrar el bocado más delicioso y, en esa búsqueda infructuosa (en la que rechaza todo tipo de manjares sustitutivos), su locura le consume y la desesperación le lleva de vuelta a casa, donde descubriremos cómo sacia su apetito y, este acto, se convierte en su mayor condena. Efectivamente, en la locura no se ha dado cuenta de que el niño que ha encontrado en su casa es su retoño. No sé por qué, me recuerda a personajes como Baba Yaga, pero en el libro de Beckett (2012) introduce un análisis de este libro para señalar la extrañeza de la violencia aplicada sobre la infancia (me acuerdo también de Tío Lobo, una variación italiana del ATU 333 de Caperucita roja o, sin ir más lejos, la prosificación de Perrault) en un libro que está ilustrado majestuosamente por Wolf Erlbruch. Aunque, de todas formas, este tipo de narraciones y villanos "come niños" son recurrentes en la tradición oral, así como el miedo de las familias ante esta fuerza sobrenatural que desea alimentarse con ellos.


El detallismo con el que Erlbruch crea a cada personaje y la variedad de técnicas (sus dibujos, el color, el brillo en los ojos de la ogresa, el collage y las texturas) destaca en un conjunto en el que la luna nos guía siempre sobre los pasos de la ogresa (una luna que sería también protagonista en el divertidísimo Por la noche con su contrapunteo) en el que vemos en segundo plano barcos naufragando, niños de toda índole y vestimentas (qué estilo el de Erlbruch), miradas de sorpresa y fuera de campo y un clímax final en el que vemos a la protagonista escuálida y sorprendida ante ese niño tan perfecto, colocado sobre la mesa con un acordeón, con los ojos cerrados plácidamente, vestido de marinero y las mejillas sonrosadas (que ya habíamos visto antes en la portada y, ahora, sabemos qué papel juega).


El momento en el que se lo come desesperada se representa con el grito (hola Munch y, de nuevo, esta semana seguimos con el grito como punto de encuentro) de un mono ataviado con motivos entre circenses y orientales y, finalmente, la pena de un llanto frente al mar, sola y con la mirada de la luna evitándola. Finalmente, desaparece y tan solo quedan lunas en el cielo escuchando el murmullo de su lamento: amar sin comerlo. Última ilustración para una rata y una paloma observándose ante la comida en el suelo. El color en sus fondos variando la gama de tonos azulados con la unión de amarillos y rojos generan una sensación de calma para una historia esencialmente de canibalismo, pero que en el imaginario simbólico es tan solo una de las muchas narraciones que empleaba estos elementos folclóricos a la luz de la lumbre. Cuentos misteriosos, con un sentido del humor negro y que son una auténtica maravilla ilustrada por el gran Wolf Erlbruch. La guinda del pastel, no solo en la contraportada.

 

 

Fran Martínez

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Otras reseñas de Wolf Erlbruch: 

La gran pregunta: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-wolf-erlbruch-la-gran.html 

martes, 2 de marzo de 2021

Entradas en azul. Wolf Erlbruch. La gran pregunta

 

Título: La gran pregunta

Autor e ilustrador: Wolf Erlbruch

Traducción: Esther Rubio

Editorial: Kókinos

Año: 2005

Páginas: 60

Encuadernación y formato: 19 x 29,5 cm. Tapa dura

Idioma: español

Reseña:

Mucho ha tardado en aparecer uno de los grandes nombres dentro de la LIJ contemporánea como es el alemán Wolf Erlbruch (1948) y galardonado con los reconocimientos más importantes como el Premio Andersen en 2006 y el Premio Astrid Lindgren en 2017. Un conjunto de reconocimientos en su mirada divertida sobre los tabús temáticos que se introducen en el discurso infantil y prestigian la inteligencia del lector, sea cual sea su edad. También comparte historia con otros grandes nombres al tener una conexión con el inicio de su carrera con el mundo publicitario y su posterior inclusión en el universo de la LIJ a partir del texto de James Aggrey con la reivindicativa historia de El águila que no quería volar (editado en castellano en Lóguez) hasta el éxito absoluto del clásico de la primera infancia: El topo que quería saber quién se había hecho eso en su cabeza. Una obra que aparecerá periódicamente en el blog en el que temáticas existencialistas impregnan sus libros y que cuenta con títulos que se han convertido en símbolos de la literatura infantil de calidad como el sensacional El pato, la muerte y el tulipán (2007, curiosamente el tulipán es el elemento que se ha perdido en la traducción del título en sus ediciones en Barbara Fiore).

Con La gran pregunta, premiado en la Feria de Bolonia en 2004 en la categoría de ficción, encontramos algunas de las características que definen su ilustración y que acompañarán al autor en obras sucesivas por el uso del collage apoyado en el trazo de sus personajes, el minimalismo cromático (como también mantendría en su célebre El pato y la muerte o en los álbumes con texto de Bart Moeyaert como el El viaje de Olek y, especialmente, La creación, la joya El rey y el mar de Heinz Janisch o la ilustración del texto de Karl Philipp Moritz en El nuevo libro del abecedario) y que artistas como Isol o Kitty Crowther procesan admiración. Un uso de colores crema (con la predominancia del amarillo y azul, esencialmente) para dejar espacio a una sucesión de personajes que responden a “la gran pregunta”.

Una pregunta que no se explicita y que inferimos por las respuestas: “Es para celebrar tu cumpleaños por lo que estás en la Tierra, -responde el hermano-.” Esta respuesta encadenará las afirmaciones de diferentes personajes que ofrecerán su respuesta a la gran pregunta desde su punto de vista: desde familiares, pasando por animales, profesiones (el soldado, el marinero…), la piedra, la muerte (aquí reconocemos también al pato que después serían los protagonistas del célebre álbum en 2006) y, finalmente, la respuesta de la madre con la que concluye ese desfile de personajes con voz propia.

Todos están aquí por algún motivo, pero esencialmente todos están para formar parte de un todo que es sobre el que se posa en portada y contraportada el protagonista de la historia. Para completar el juego, se incluye una anotación final y un juego metaficcional a modo de diario en el que interpelar al lector a crecer y dejar constancia de su respuesta a la gran pregunta. Cada momento tendremos una respuesta a medida que nuestras experiencias nos definan y configuren nuestra visión del mundo. En esta paradoja Erlbruch define el espacio de respeto al lector, a la infancia, desmontando con humor (en el texto, extrañeza y belleza en las ilustraciones) la necesidad de introducir espacios de reflexión y diálogo en la lectura. Otra respuesta que encontramos es que Wolf Erlbruch es, sencillamente, un autor excepcional dentro de la LIJ. Un maestro.


Fran Martínez

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Esas gafas redondeadas pueden encontrarse en numerosos personajes de sus álbumes…