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miércoles, 8 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Chris van Allsburg. Los misterios del señor Burdick. FCE

 

Título: Los misterios del señor Burdick

Autor e ilustrador: Chris van Allsburg

Traducción: Odette Smith

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 1996. Original: 1984

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 27 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Durante este año en el motor de un blog uno de los autores que han tenido diferentes entradas ha sido el norteamericano Chris van Allsburg (1949) con álbumes como El jardín de Abdul-Gasazi, Mal día en Río Seco, El naufragio del Zefiro y The Stranger. Una selección de títulos bastante peculiar por mi parte que ha evitado adentrarse en clásicos como los premiados con la Medalla Caldecott: Jumanji y El expreso polar (que además de su maravillosa propuesta literaria fueron trasladados al mundo cinematográfico, al igual que Zathura). Y, no menos imponentes, quedan títulos como La escoba de la viuda o El higo más dulce, también traducidos al castellano, o los oníricos Just a dream o Ben’s dream (y ese viaje alrededor del mundo a través de diferentes monumentos arquitectónicos). Una obra extensa y envuelta en el surrealismo de unos textos magníficamente ilustrados. Entre todos esos títulos, Los misterios del señor Burdick es sin duda mi favorito (y, como comprenderán, las razones son meramente subjetivas).

Un álbum que nos convierte en detectives (me recuerda a El coleccionista de momentos de Quint Buchholz cuando encuentra su protagonista las pinturas) ante un hecho insólito y cotidiano que se remonta hace tres décadas con la visita al editor Peter Wenders del señor Burdick, un autor e ilustrador de literatura infantil que le presentaba su porfolio para conocer las impresiones del editor. Catorce ilustraciones con un breve título y la fascinación de un editor por su trabajo que les emplazó a la mañana siguiente. Un encuentro que nunca se produjo y una búsqueda infructuosa del autor que dejó a esas catorce ilustraciones envueltas de misterio. El narrador de la historia, sorprendido por la historia, decide mostrarnos esas ilustraciones por primera vez para que conozcamos ese extraño suceso.

Aquí, entramos en otro análisis y reflexión sobre la importancia de la relación de las personas encargadas de la edición y, especialmente, el autor/a del texto y el ilustrador/a. Muchas veces piensas como lector en esa relación simbiótica en la que se entrega un texto y, en algunos casos, el editor se encarga de darle un ilustrador que los acompañe. Obviamente, hay más casos de manera en que ilustrador y autor convergen en un proyecto, pero me centraré en esta ejemplificación. Un texto, propio del álbum, que es breve y que deja que la ilustración complete el tono de la obra con diferentes detalles que construyan la narrativa. Opiniones de los editores para que el soporte emplee todos sus recursos materiales (pliegues, guardas o detalles que puedan favorecer lo que se cuenta). También en el supuesto que las editoriales primen el valor artístico frente a otras consideraciones. En definitiva, un álbum tendrá un poder más sugestivo si no resulta redundante en esa relación entre texto/imagen/objeto. Si se complementan, transforman o divergen en esas relaciones para generar espacios en el lector para que se convierta en un espectador activo a la caza de significados, que merezca una mirada detenida a sus detalles, que cada vez que lo lea encuentre un significado nuevo. Un detalle inadvertido que lo cambia todo, que le añade significado, una nueva interpretación. No es una tarea sencilla crear un buen álbum, para los protagonistas de su creación y más, con lectores exigentes. Sí, eso se da por descontado: la infancia es una audiencia muy exigente y no todo vale.

En este álbum, ese espacio interpretativo es amplio y, con un poder sugestivo que nos corrobora las impresiones del editor inicial y del nuevo que se han topado con esas imágenes. Los títulos de los cuentos y las acotaciones de cada ilustración nos ofrecen una tarea incompleta: imaginar qué contaría esa historia a partir de una sola imagen y una pista textual. Esa tarea de elicitación narrativa se completó años después por catorce autores en Las crónicas del señor Burdick (como Stephen King o John Scieszka y, siguiendo con la conexión con Quint Buchholz recordamos su El libro de los libros), pero que también nos hace presagiar que cualquier lector puede adentrarse en la creación de una historia propia según cada imagen. De esas catorce ilustraciones, una de mis favoritas es Un extraño día en julio a la que sigue el texto: “Lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso”.


Siempre que he visto esa imagen de la orilla del río con un niño y una niña me acuerdo de las piedras en el estanque de Rodari en su Gramática de la fantasía: una piedra tirada a un estanque (una palabra) puede generar obras expansivas y convertirse en una obra literaria completa. En este caso, la extrañeza de que la piedra rebote me gusta como símil con el que entiendo el concepto de intertexto lector (esas derivaciones terminológicas desde Batkhin, Kristeva, Genette y, como no, Antonio Mendoza Fillola): cuando nos encontramos ante una referencia (no llamaría simplemente hipertexto a un fragmento textual, en el álbum sería un aspecto multimodal (interpictórico, intermedial,…Inter de Milán)  que alude a un hipotexto (de nuevo ampliado a hipopictórico, hipopótamo, hipoglucemia, …vale, entiendan la licencia jocosa). En este caso, imagino a un lector con un bagaje insuficiente (literario, artístico y cultural en el que el nivel de complejidad puede ser más o menos evidente) ante esa lectura representada como un río, mar u océano en el que la referencia está puesta por el autor/ilustrador para ser descubierta, pero que rebota al no activarse el intertexto del lector.

Envueltos por el blanco y negro de la misteriosa obra en blanco y negro, el enigma de cada ilustración nos invita a cuestionarnos a partir de ese fragmento del texto la naturaleza de esa realidad, como La traición de las imágenes de René Magritte, con la imposibilidad de su naturaleza en la realidad, pero que sí funcionan desde el pensamiento simbólico, desde nuestra imaginación. Inventamos premisas, nos adentramos en la llamada a la aventura, intentamos resolver el suspense en Huéspedes sin invitación, el porqué era demasiado tarde en La biblioteca del señor Linden con ese libro y, otras favoritas como la estampa de la monja de Las siete sillas o La casa de la calle Maple (o, esto ya es personal, pienso en El viaje de Chihiro con La alcoba del tercer piso). Un álbum maravilloso de uno de los grandes autores de literatura infantil. Un álbum para sumergirse absolutamente.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681651145/F

 

Mi propuesta de banda sonora para imaginar con este álbum:

https://www.youtube.com/watch?v=nqc0LrLq8IM

jueves, 27 de mayo de 2021

Entradas en azul. Jörg Müller. El soldadito de plomo. Lóguez

 

Título: El soldadito de plomo

Autor e ilustrador: Jörg Müller

Editorial: Lóguez

Colección: Rosa y Manzana

Año: 2005. Original: 1996

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 25 x 32,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras

Reseña:

Jörg Müller pasó por el blog con la recuperación de la maravilla metaficcional El libro en el libro en el libro y, una de sus obras más célebres, es su recreación del texto de Hans Christian Andersen de El soldadito de plomo. En el manual clásico de Teresa Colomer, Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil (en su segunda edición de 2010) señalaba dentro de las tendencias de la LIJ en el cambio de la década pasada “el reflejo de las sociedades posindustriales” (pp. 151-159) con los cambios en los modelos de familia, la multiculturalidad, la memoria histórica y, en el caso de este álbum, la crítica social. La modernización del contexto de la historia nos lleva a un viaje alrededor del ciclo económico y las diferencias culturales entre las sociedades del primer mundo con las que se encuentran en vías de desarrollo. Un viaje que nos muestra las caras del bien y del mal, típicas de los cuentos representados por las sombras del modelo capitalista de consumo frente a otras realidades. 

El suizo Jörg Müller, muestra en esta obra sin texto su habitual crítica en la evolución de las sociedades de consumo como ya hiciera en otras obras que no fueron editadas en castellano, pero que representan iconos culturales como las colecciones de láminas en los años 70 que por comodidad y brevedad del título pondré en inglés: The changing countryside (1973) y The changing city (1976). En castellano, además de la recuperación de El gran gris (junto a Jorg Steiner, publicado también en Lóguez y que sería habitual el trabajo conjunto como The rebellion of the animals o The New Town Musicians), su edición ha sido mínima y teniendo en cuenta que ha sido un autor que también posee el Premio Andersen de ilustración en 1994, compartiendo un realismo y un detallismo cinematográfico por la variedad de planos que emplea en sus libros que también nos conecta con otro autor cuya obra ha sido más conocida en castellano como Roberto Innocenti. 


De alguna manera, el sentido crítico y subversivo de sus obras muestra aquello que apuntábamos a partir de la importancia del posicionamiento del autor con la obra y la necesidad de conocer las características que le definen como un autor que busca la tensión visual con la idea de mundo o sociedad avanzada a costa del desarrollo soterrado de otras. Con El soldadito de plomo leemos la opresión sin necesidad de texto, algo que también nos conecta con un autor como Armin Greder (esquivo en la edición en este país y que también cuenta con su primer libro publicado en 2003 por Lóguez y el inconfundible La isla). En este sentido, la ausencia de texto es una herramienta clave para la apertura en la construcción de significados por parte del lector y la inferencia de estos, como una propuesta de Müller a interpretar su visión y cuestionarse aquello que el autor quiere señalar en cada plano, cada detalle y objeto. 


También, una lectura cultural a partir de una narración clásica de Andersen y que sirve de escenario para un viaje por la sociedad de consumo que comienza con la soledad del soldadito soterrado al lado de una rata que aparece con una cría muerta en su boca. De entrada, no es una mala representación icónica. La luz aparece al levantar las tablas del suelo en el que el soldadito es rescatado en un contexto que nos ofrece una nueva información: la remodelación de una casa y una tirita en el dedo que seguramente será fruto de alguna astilla durante la tarea. A partir de ese momento, nos movemos en el tiempo y fruto de ese cambio merece la referencia del autor a su propia obra en una habitación en la que vemos, además del cambio en el crecimiento del bebé y sus juguetes, las láminas a modo de póster de The changing countryside y la aparición de la portada de El gran gris (un libro que me recuerda a la adaptación de John Hurt de la novela de Richard Adams Watership down).  El mundo del bebé que tan solo necesita un cerdito rosa de peluche, la infancia llena de más juguetes y bloques de construcción (y la aparición de la Barbie como la bailarina e icono de la cultura consumista popular). Sobre la Barbie y otros ejemplos contraculturales me gustaría rescatar una iniciativa que siempre me pareció de lo más hilarante como el Barbie Liberation Organization y la crítica a la cultura mediática de los años 90 que consistió en el cambio de las grabaciones que incorporaban los muñecos de acción GI JOE con los de mensajes de la Barbie, en una denuncia de los estereotipos y prejuicios de género que se asociaban a los diferentes juguetes. Aquí tenéis el vídeo que, por suerte, aún se conserva en YouTube.


Páginas que marcan el paso del tiempo y abandonan  la doble página para dinamizar la lectura visual en la que podemos recrearnos en la montaña de juguetes y, de nuevo, referencias a la obra de Müller mientras se da la espalda a los juguetes y comienza la era de los videojuegos (referencia a Toy Story y el título con Steiner, The rebellion of the animals). Ahora, los juguetes forman parte de la basura que dejar atrás en la mudanza, donde la Barbie y el soldadito se encuentran. Siempre desde un plano contrapicado que nos coloca como lectores en un punto similar al de un juguete en la inmensidad de un mundo ante el que también nos sobrepasa a nosotros. Un viaje en la que se encontrarán con diferentes miradas que les conducirán hacia espacios que conectan con el texto de Andersen como una versión posmoderna y que nos encamina hacia el viaje alrededor del mundo, desde el viaje por la alcantarilla en el barquito de papel (como si de un efecto mariposa se tratase) guiados por el azar y unidos. 

De la majestuosidad de la ciudad y la narración que en nuestra imaginación se llena de sonidos reconocibles y con la sorpresa de cada etapa del viaje: el mar, la pesca, el mercado y, siempre, los desechos de los modelos de economías lineales, tan solo sujetas a la ética del coste y el valor. La obsolescencia como modo de crecimiento perpetuo por las sociedades globalizadas y como migajas para las economías del tercer mundo. Los detalles siempre nos conducen y revelan pistas del nuevo paso narrativo (como el niño que recibe con alegría esos desechos y el avión que aterrizará con una tripulación que posteriormente se relacionará con él). La idea de turismo cultural, el poder del dinero se mezclará con la imaginación y los afectos, para encadenarnos a un final que nos devuelve a un final feliz para los objetos protagonistas. Un espacio en el que permanecerán juntos, pero en el que han comprobado las cenizas de la sociedad consumistas. Una obra maestra, realista e incómoda, pero que sigue vigente y que plantea reflexiones sin edad. Como contrapunto, e ironía del destino, la obra de Jörg Müller también se ha convertido en un objeto de coleccionismo y de precios prohibitivos para algunas de sus referencias.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=86

jueves, 8 de abril de 2021

Entradas en azul. Valérie Dayre & Wolf Erlbruch. L'Ogresse en Pleurs

 

Título: L’Ogresse en Pleurs

Autora: Valérie Dayre

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Editorial: Éditions Milan

Año: 1996

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Vuelta a otro de los grandes referentes con el maestro Wolf Erlbruch (1948) cuya obra no estaría lejos de Sendak o Ungerer, aunque esto tan solo es una opinión. Sus libros son reconocibles instantáneamente y siempre son un placer adentrarse en ellos, divertidos e incómodos. Pero, entiéndase este último adjetivo: empleamos este apelativo si pensamos en la literatura infantil como algo unidimensional, aleccionador y dirigido por una ética adulta condescendiente. De alguna manera, todas las entradas en el blog huyen de esta perspectiva y siempre sirve como buena previa a una reseña de un autor que tampoco se siente cómodo ante la etiqueta “literatura para niños”. Sus libros y galardones (Premio Andersen en 2006 y Astrid Lindgren en 2017) así lo atestiguan. Sus libros buscan espacios de tensión con los adultos con una tendencia aleccionadora y, no hay nada más pedagógico, que desmontar esa pulcritud inane (y, en las últimas entradas, títulos de Armin Greder, Kitty Crowther, Jutta Bauer e Isol le acompañan).

L’ogresse en pleurs (1996) es un título que aparecía dentro de la selección de 100 joyas ilustradas de Martin Salibsury (2015) en el que ilustraba el divertido texto de Valérie Dayre, tan deudor de los monstruos de la tradición oral (también podemos recordar, en el sentido contrario para desmontarlo, a El ogro de Zeralda de Ungerer) en el que tenemos a un personaje que ansía comerse a un niño. Ese tipo de narraciones siempre me han generado una especial atracción que me recuerda a mis primeros años en el aula contando el cuento del Ogro comeniños, como un cuento de ingenio en el que la población debía engañar al ogro hambriento que quería zamparse a los niños. Como estamos estos días con una temática maternal, en esta ocasión el desenlace de esta narración tiene la especial singularidad de que su figura de madre revela el final de la narración.


Un texto que nos cuenta las ambiciones de una mujer por probar un niño (otras cosas que hacía anteriormente no se pueden contar aquí, dice el texto). En su obstinación por encontrar al niño perfecto, más rechoncho y apetitoso, recorre aldeas y aterroriza a las familias que se esconden para huir de tal calamidad. Como no servía cualquier niño para satisfacer tal deseo, recorrió el mundo para encontrar el bocado más delicioso y, en esa búsqueda infructuosa (en la que rechaza todo tipo de manjares sustitutivos), su locura le consume y la desesperación le lleva de vuelta a casa, donde descubriremos cómo sacia su apetito y, este acto, se convierte en su mayor condena. Efectivamente, en la locura no se ha dado cuenta de que el niño que ha encontrado en su casa es su retoño. No sé por qué, me recuerda a personajes como Baba Yaga, pero en el libro de Beckett (2012) introduce un análisis de este libro para señalar la extrañeza de la violencia aplicada sobre la infancia (me acuerdo también de Tío Lobo, una variación italiana del ATU 333 de Caperucita roja o, sin ir más lejos, la prosificación de Perrault) en un libro que está ilustrado majestuosamente por Wolf Erlbruch. Aunque, de todas formas, este tipo de narraciones y villanos "come niños" son recurrentes en la tradición oral, así como el miedo de las familias ante esta fuerza sobrenatural que desea alimentarse con ellos.


El detallismo con el que Erlbruch crea a cada personaje y la variedad de técnicas (sus dibujos, el color, el brillo en los ojos de la ogresa, el collage y las texturas) destaca en un conjunto en el que la luna nos guía siempre sobre los pasos de la ogresa (una luna que sería también protagonista en el divertidísimo Por la noche con su contrapunteo) en el que vemos en segundo plano barcos naufragando, niños de toda índole y vestimentas (qué estilo el de Erlbruch), miradas de sorpresa y fuera de campo y un clímax final en el que vemos a la protagonista escuálida y sorprendida ante ese niño tan perfecto, colocado sobre la mesa con un acordeón, con los ojos cerrados plácidamente, vestido de marinero y las mejillas sonrosadas (que ya habíamos visto antes en la portada y, ahora, sabemos qué papel juega).


El momento en el que se lo come desesperada se representa con el grito (hola Munch y, de nuevo, esta semana seguimos con el grito como punto de encuentro) de un mono ataviado con motivos entre circenses y orientales y, finalmente, la pena de un llanto frente al mar, sola y con la mirada de la luna evitándola. Finalmente, desaparece y tan solo quedan lunas en el cielo escuchando el murmullo de su lamento: amar sin comerlo. Última ilustración para una rata y una paloma observándose ante la comida en el suelo. El color en sus fondos variando la gama de tonos azulados con la unión de amarillos y rojos generan una sensación de calma para una historia esencialmente de canibalismo, pero que en el imaginario simbólico es tan solo una de las muchas narraciones que empleaba estos elementos folclóricos a la luz de la lumbre. Cuentos misteriosos, con un sentido del humor negro y que son una auténtica maravilla ilustrada por el gran Wolf Erlbruch. La guinda del pastel, no solo en la contraportada.

 

 

Fran Martínez

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Otras reseñas de Wolf Erlbruch: 

La gran pregunta: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-wolf-erlbruch-la-gran.html