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viernes, 9 de abril de 2021

Entradas en azul. Germano Zullo y Albertine. Mi pequeño

 

Título: Mi pequeño

Autor: Germano Zullo

Ilustradora: Albertine

Traducción: Delfina Cabrera

Editorial: Limonero

Año: 2016

Páginas: 80

Encuadernación y formato: 21 x 15 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Después de varias entradas dedicadas a la maternidad y sus diferentes reflejos en la literatura infantil, un momento para el silencio y la maravilla creada por Albertine y Germano Zullo. Un álbum que también acoge el vínculo entre madre e hijo y conmueve igual que una nana y un réquiem, un canto a la vida y al amor en toda su extensión. Un álbum que recoge la inspiración del maravilloso Los pájaros (2012), que también tendrá su espacio en el blog, y conecta la lectura en un momento íntimo con una cuestión tan sensible como el legado y el ciclo vital.

Un álbum extenso y que emplea tan solo el blanco y negro para retratar la historia de amor entre la madre y un hijo, una historia que también podemos disfrutar como si fuera un flipbook al emplear la misma posición de los personajes que van alterándose en dimensiones a medida que se retrata el paso del tiempo y las situaciones se suceden en su relación. Es curiosa la ecuación en la que mantienen el espacio como una constante y el tiempo como lo único que se altera en la narración que, además, podemos animarlo con nuestras propias manos desplegando rápidamente las páginas con la punta de nuestros dedos.

El texto, de esta manera, tan solo precisa una palabra, una pequeña frase para mostrar esa evolución desde los brazos acunándolo y recibiéndolo en este mundo, en su mundo. Así, que empiece con “Llegaste” es el inicio de un diálogo que la madre procesa hacia su pequeño entre sus brazos, elevándolo y siempre volviendo a sus brazos para abrazarlo. En cada paso de página el tiempo se altera y que concluye con la frase: “mi bebé, mi niño, mi pequeño”. A la segunda repetición, ya comprobamos el cambio en el tamaño de su bebé que, aunque crezca, nunca dejará de ser eso: su bebé, su niño, su pequeño al que le cuenta una historia, la más antigua, la más bella y hermosa: una historia sin fin (y, como no, conectamos con el mismo título de Iela Mari). Una historia entre sus brazos.

El desenlace es hermoso, con la relación de crecimiento alterándose: ahora el niño convertido en adulto comprueba como el tamaño de la madre mengua hasta que nos devuelve al punto de partida, pero en el que ha pasado toda una vida. Una vez más, para siempre: mi bebé, mi niño, mi pequeño.


Álbumes simplemente perfectos. Albertine en 2020 ganó el Premio Andersen como ilustradora y este maravilloso libro se alzó en 2016 con el Bologna Ragazzi Award. Curiosamente, hablando del tono cinematográfico del libro, recientemente han anunciado un cortometraje: Les autruches.

https://www.nadasdyfilm.ch/lesautruches

Fran Martínez

Twitter

 

Web de la editorial:

http://limonero.com.ar/libros/mi-pequeno/

Instagram Albertine & Zullo

https://www.instagram.com/albertine.zullo


Otras entradas recomendadas:

Wolf Erlbruch, La gran pregunta: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-wolf-erlbruch-la-gran.html

Davide Cali & Serge Bloch, El Hilo de la vida: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/02/entradas-en-azul-davide-cali-y-serge.html


jueves, 8 de abril de 2021

Entradas en azul. Valérie Dayre & Wolf Erlbruch. L'Ogresse en Pleurs

 

Título: L’Ogresse en Pleurs

Autora: Valérie Dayre

Ilustrador: Wolf Erlbruch

Editorial: Éditions Milan

Año: 1996

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 28 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Vuelta a otro de los grandes referentes con el maestro Wolf Erlbruch (1948) cuya obra no estaría lejos de Sendak o Ungerer, aunque esto tan solo es una opinión. Sus libros son reconocibles instantáneamente y siempre son un placer adentrarse en ellos, divertidos e incómodos. Pero, entiéndase este último adjetivo: empleamos este apelativo si pensamos en la literatura infantil como algo unidimensional, aleccionador y dirigido por una ética adulta condescendiente. De alguna manera, todas las entradas en el blog huyen de esta perspectiva y siempre sirve como buena previa a una reseña de un autor que tampoco se siente cómodo ante la etiqueta “literatura para niños”. Sus libros y galardones (Premio Andersen en 2006 y Astrid Lindgren en 2017) así lo atestiguan. Sus libros buscan espacios de tensión con los adultos con una tendencia aleccionadora y, no hay nada más pedagógico, que desmontar esa pulcritud inane (y, en las últimas entradas, títulos de Armin Greder, Kitty Crowther, Jutta Bauer e Isol le acompañan).

L’ogresse en pleurs (1996) es un título que aparecía dentro de la selección de 100 joyas ilustradas de Martin Salibsury (2015) en el que ilustraba el divertido texto de Valérie Dayre, tan deudor de los monstruos de la tradición oral (también podemos recordar, en el sentido contrario para desmontarlo, a El ogro de Zeralda de Ungerer) en el que tenemos a un personaje que ansía comerse a un niño. Ese tipo de narraciones siempre me han generado una especial atracción que me recuerda a mis primeros años en el aula contando el cuento del Ogro comeniños, como un cuento de ingenio en el que la población debía engañar al ogro hambriento que quería zamparse a los niños. Como estamos estos días con una temática maternal, en esta ocasión el desenlace de esta narración tiene la especial singularidad de que su figura de madre revela el final de la narración.


Un texto que nos cuenta las ambiciones de una mujer por probar un niño (otras cosas que hacía anteriormente no se pueden contar aquí, dice el texto). En su obstinación por encontrar al niño perfecto, más rechoncho y apetitoso, recorre aldeas y aterroriza a las familias que se esconden para huir de tal calamidad. Como no servía cualquier niño para satisfacer tal deseo, recorrió el mundo para encontrar el bocado más delicioso y, en esa búsqueda infructuosa (en la que rechaza todo tipo de manjares sustitutivos), su locura le consume y la desesperación le lleva de vuelta a casa, donde descubriremos cómo sacia su apetito y, este acto, se convierte en su mayor condena. Efectivamente, en la locura no se ha dado cuenta de que el niño que ha encontrado en su casa es su retoño. No sé por qué, me recuerda a personajes como Baba Yaga, pero en el libro de Beckett (2012) introduce un análisis de este libro para señalar la extrañeza de la violencia aplicada sobre la infancia (me acuerdo también de Tío Lobo, una variación italiana del ATU 333 de Caperucita roja o, sin ir más lejos, la prosificación de Perrault) en un libro que está ilustrado majestuosamente por Wolf Erlbruch. Aunque, de todas formas, este tipo de narraciones y villanos "come niños" son recurrentes en la tradición oral, así como el miedo de las familias ante esta fuerza sobrenatural que desea alimentarse con ellos.


El detallismo con el que Erlbruch crea a cada personaje y la variedad de técnicas (sus dibujos, el color, el brillo en los ojos de la ogresa, el collage y las texturas) destaca en un conjunto en el que la luna nos guía siempre sobre los pasos de la ogresa (una luna que sería también protagonista en el divertidísimo Por la noche con su contrapunteo) en el que vemos en segundo plano barcos naufragando, niños de toda índole y vestimentas (qué estilo el de Erlbruch), miradas de sorpresa y fuera de campo y un clímax final en el que vemos a la protagonista escuálida y sorprendida ante ese niño tan perfecto, colocado sobre la mesa con un acordeón, con los ojos cerrados plácidamente, vestido de marinero y las mejillas sonrosadas (que ya habíamos visto antes en la portada y, ahora, sabemos qué papel juega).


El momento en el que se lo come desesperada se representa con el grito (hola Munch y, de nuevo, esta semana seguimos con el grito como punto de encuentro) de un mono ataviado con motivos entre circenses y orientales y, finalmente, la pena de un llanto frente al mar, sola y con la mirada de la luna evitándola. Finalmente, desaparece y tan solo quedan lunas en el cielo escuchando el murmullo de su lamento: amar sin comerlo. Última ilustración para una rata y una paloma observándose ante la comida en el suelo. El color en sus fondos variando la gama de tonos azulados con la unión de amarillos y rojos generan una sensación de calma para una historia esencialmente de canibalismo, pero que en el imaginario simbólico es tan solo una de las muchas narraciones que empleaba estos elementos folclóricos a la luz de la lumbre. Cuentos misteriosos, con un sentido del humor negro y que son una auténtica maravilla ilustrada por el gran Wolf Erlbruch. La guinda del pastel, no solo en la contraportada.

 

 

Fran Martínez

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Otras reseñas de Wolf Erlbruch: 

La gran pregunta: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-wolf-erlbruch-la-gran.html 

miércoles, 7 de abril de 2021

Entradas en azul. Valérie Larrondo y Claudine Desmarteau. Mamá fue pequeña antes de ser mayor. Kókinos

 

Título: Mamá fue pequeña antes de ser mayor

Autora: Valérie Larrondo

Ilustradora: Claudine Desmarteau

Traducción: Esther Rubio

Editorial: Lóguez

Año: 2001

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 16,5 x 16,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Dejamos del lado el grito, pero seguimos con el tono irreverente e irónico sobre las concepciones maternas en el libro-álbum. Este libro de Valérie Larrondo e ilustrado con un toque naíf y caricaturesco por Claudine Desmarteau propone un juego entre texto e imagen que opta por la comicidad a través del contrapunto o yuxtaposición entre el lenguaje escrito y el visual. Un ejemplo perfecto y claro para mostrar en un aula sobre los tipos de funciones entre imagen y texto. Visualmente, en la mayoría de las situaciones opta por la división clara de la doble página, dejando a un lado el texto y en otro la imagen, para que la diferencia entre códigos esté claramente diferenciada.

El texto nos revela una primera imagen en el que la narradora (la voz de la madre) cuenta a su hijo/a (que no vemos) lo “buena” que era su mamá. A partir de ese momento, las situaciones cotidianas que siempre están en la boca de los adultos hacia los pequeños “cómetelo todo”, “no te metas los dedos en la nariz”, “no tires de la cola al perro”, … se contradicen dado que el texto narra las buenas acciones de la madre que hacía de pequeña: “tu mamá se comía siempre la comida”; “nunca se metía el dedo en la nariz”; “jamás le tiraba de la cola al perro”. La imagen revela justo lo opuesto con un sentido cómico y burlesco.


A partir de esas tres situaciones, en las que nos explica el juego entre texto e imagen, las situaciones y las imágenes juegan con un mayor espacio en el que completar nosotros el significado o la situación: como jugar a médicos con el vecino del tercero (y esa mirada maliciosa), “palabrotas” (caca, culo, pedo, mecachis), no pintaba en las paredes o el destrozo que le hace a su osito de peluche cuando está en la cama (mamá era una niña muy tranquila). Una de mis ilustraciones preferidas es cuando dice que nunca pidió una Barbie y, en la imagen, vemos a la niña con una pistola apuntando. Si buscamos en un portal como Amazon valoraciones de usuarios podemos encontrar valoraciones negativas en las que se habla de lo inapropiada para las primeras edades o que las ilustraciones aterran a los niños. Y estas valoraciones se mantienen en los comentarios de las ediciones francesa y alemana.

También se ve la relación con los padres, las trastadas al hermano pequeño (contándole cuentos aterradores para dormir), los celos y, un cambio de lectura en horizontal hacia el plano vertical con la representación de la protagonista como un gigante (una ogresa, un monstruo). Y, un final, que recupera el inicio en el que cierra la paradoja de que siempre hay que creer a pies juntillas la visión del adulto. Y, ese, es el sencillo juego que propone un libro que sirve precisamente para cuestionar nuestra empatía hacia la infancia y que no poseemos verdades en su cuidado o educación. Más bien, también exploramos esa relación de la mejor manera que podemos. En este libro, también se hace una burla perfecta al convencionalismo de la mirada conductual en la infancia y es muy divertido comprobar el lugar en el que el límite o la censura del discurso infantil se basa en elementos tan pobres. Precisamente, es un espacio subversivo y, este libro, es una divertida muestra de ese juego.

Fran Martínez

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viernes, 2 de abril de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. Madre Medusa. Ekaré

 

Título: Madre Medusa

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: María Carolina Concha

Editorial: Ekaré

Año: 2020

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 21 x 25 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Para finalizar la semana, rebajamos la intensidad de ArminGreder con una mirada sobre la figura de la madre sobreprotectora con Madre Medusa (publicado originalmente en 2014) y con una colección de títulos que son una delicia: desde la colección para primeros lectores con los títulos de la serie Poka y Mina, los deliciosos cuentos para ir a dormir con el tierno ¡Scric scrac bibib blub!, Cuentos de mamá osa, la teatralidad surrealista de ¿Entonces?, y la visión sobre temas más complejos como el reconocimiento del diferente en Mi amigo Juan. Otro de los lugares comunes en su obra es el bosque como espacio donde explorar la fantasía y el encuentro con seres de otro mundo como en el precioso cuento de hadas con El niño raíz (y el acogimiento de ese personaje por la por Leslie) o el divertido encuentro gozoso entre Theo y Dios. Títulos que aparecerán por este espacio y que conectan la magia del bosque con lo cotidiano, con la mitología y con un sentido del humor que desmonta lo pasteloso, como los tres divertidos cuentos de su excelente, Cuentos de Madre Osa. Con Madre Medusa, el mundo fantástico del bosque también conecta con el marítimo y nos recuerda a Annie du Lac (conexión con el medio, aunque la temática es más compleja como también lo haría en  La Visite de petite mort) o con la imagen de los cabellos de la guardiana de la noche al final de Cuentos de mamá osa. En definitiva, una colección de libros sensacionales que en 2010 le hizo merecedora del prestigioso Premio Astrid Lindgren Memorial Award y una autora de referencia para muchos otros autores e ilustradores.

El uso del color y el empleo de los lápices de colores como característica en su obra, con el que ya nos deleitamos en las guardas del libro repleto de medusas del color de los cabellos de la madre protagonista de esta historia y una cita de Tove Jansson: “Una medusa es un cuerpo transparente con corazón de flor”. En esta entrevista para fundación Lafuente desgranaba algunas de las inspiraciones en este título y es muy recomendable su lectura en el que habla de su interés por la construcción de personajes femeninos fuertes. Y, en este caso, Madre Medusa lo es.

Una narración que nos transporta a un lugar que parece fuera del tiempo en el que vemos dos mujeres que se encargarán de asistir en el parto a la Madre Medusa (y conecto con un personaje de la cinta de Tomm Moore, Song of the sea). Un inicio cómico en el que las comadronas se las ven contra el pelo de Madre Medusa dando a luz (una imagen que tampoco es habitual en los libros infantiles). Y así, llega a este mundo Anacaranda, la pequeña hija de Madre Medusa.

A medida que avanzamos en la narración, conocemos el tiempo en el que está centrado la narración que, inicialmente, parece anclado a otra época en la que se asistían los partos en los domicilios y encontramos su pelo envolviendo a la pequeña entre rocas y el detallismo de la flora que crece alrededor de las rocas y pequeños personajes que parecen deudores de otros títulos suyos. Posteriormente, conocemos la ciudad y la sobreprotección de Madre Medusa para que nadie se acerque a ella. Así, su larga cabellera son los tentáculos de la medusa que amenazante los dejaría “de piedra” si se acercan demasiado. 

En esa tensión, Medusa decide criarla sin la mirada de los demás, tan solo ofreciéndole su protección y cuidados. Aquí, volvemos a la conexión con los cuidados de la madre en La ciudad de Armin Greder y la forma de secuenciar en cuatro acciones su crecimiento: alimentación, sueño, juegos y los primeros pasos en agua salada. Y, de nuevo, a medida que la vemos crecer siempre al abrigo de la cabellera de Madre Medusa vemos su mirada hacia los demás niños que aparecen jugando en las rocas y la mirada penetrante y furiosa de la madre.

En este caso, la madre suple otro de los pilares que en el título de Greder no aparecen: la educación. Anacaranda tampoco puede ir a la escuela y, Medusa, con gran cariño también le enseña y aquí introduce una pregunta clave: “¿Es así como aprenden los otros niños?” Obviamente la respuesta es afirmativa por parte de la madre y, en esa mentira protectora, comienza la última parte del libro en el que observamos el amor de la madre e hija, pero el anhelo de Anacaranda por aquel mundo inaccesible por imposición de su madre. Al final, el amor de la madre también moverá montañas y es un final perfecto a un libro que propone un final positivo y nos conecta con el tiempo actual: la escuela, la ropa, el resto de las familias. Un bello final que además cuenta con una coda final a modo de epílogo que nos devuelve a otra época repleta de leyendas y magia. Una autora de referencia indiscutible.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

http://ekare.es/libros/madre-medusa/

Instagram Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/



Más tarde, entrada dedicada al 2 de abril: Día Internacional del Libro infantil (la música de las palabras)