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jueves, 14 de abril de 2022

Entradas en azul. Mario Brassard. A qui appartiennent les nuages? (il. Gérard Dubois).

 

Título: À qui appartiennent les nuages?

Autor: Mario Brassard.

Ilustrador: Gérard Dubois

Editorial: La Pastèque

Año: 2021

Páginas: 96

Dimensiones: 17,8 x 24,1 cm. Tapa dura

Idioma: francés

 


Reseña

La obra À qui appartiennent les nuages? de Mario Brassard fue la ganadora en la categoría de ficción en la última edición de la Feria de Bolonia. Un galardón que inevitablemente despierta la curiosidad entre el público interesado en este tipo de obras literarias. Definida desde la editorial como un álbum, la categorización en este caso resulta algo ambigua como para encerrarla dentro de un tipo de narrativa gráfica. Supongo que son cosas del circuito en el que circulan estas obras y el prisma investigador con el que se aproximen. Sandra Beckett cristalizó a la perfección bajo el término “crossover picturebooks” un concepto para dejar que la libertad artística de estas narrativas posmodernas siguiera empleando recursos de otras disciplinas gráficas, pictóricas y medios. Un término amplio para definir aquello que rompe convenciones de género y que define su espíritu más que el soporte. Ya sabéis aquello de los atípicos en la campana de Gauss o la distribución normal: en general la mayoría de los valores (digamos, álbum) se distribuyen en torno a una tendencia central, pero existen en menor proporción atípicos. Algunos de estos pasarán en algún momento por aquí.



Al texto del canadiense Mario Brassard sirve para reflejar una narración psicológica de las memorias de Mila y sus recuerdos a partir del encuentro con una fotografía de cuando tenía 9 años. Con sutileza crea una metalepsis entre dos momentos diferenciados en el tiempo: el presente y el pasado de sus recuerdos. Esos fantasmas que nos acechan y reconstruimos como un molde de arcilla como espectros y que el autor plasma perfectamente en los recuerdos de Mila entre la realidad y el sueño suspendido en otro tiempo y espacio. De manera sutil, la portadilla nos ofrece la fotografía de la infancia de Mila y nos adentra en una narración en la que el texto nos irá revelando las voces del relato y nos ubicará en aquel instante cristalizado en una imagen. Las ilustraciones de Gérard Dubois estilizadas nos evocan al pasado desde la paleta de color escogida donde los grises tendrán protagonismo y la incorporación del color (rojo y azul) nos reflejará la tensión y calma del relato. El inicio y la resolución del relato tienen una conexión en la ventana de la habitación y el gato de Mila que aparecerá para expresar ese paso de tiempo.



La perfecta combinación del texto encuentra en la ilustración una mirada cinematográfica en la fragmentación de la imagen y las diferentes estrategias de focalización o las atmósferas de cada espacio. En ocasiones, la fragmentación se materializa con viñetas diferenciadas y otras las imágenes muestran una secuencia de movimientos en el espacio de la doble página. La libertad del soporte, ya saben. Mila intenta recordar aquel momento capturado por su padre en la puerta de su casa (la ilustración nos invita a adentrarnos a través de la ampliación del plano hasta llegar a ser parte del objetivo de la cámara que retrata a Mila). Con sutileza su voz nos lleva a ese momento y sus circunstancias como preámbulo que marque el tono melancólico y personal ante la marcha de su hogar.


Los motivos de la marcha se van revelando entre recuerdos de desazón y preocupación que reflejan un clima pre bélico. En ese viaje, dentro de los recuerdos de Mila, traza una línea entre la ensoñación y la realidad. Un sueño, además compartido y que aterra al resto. Una duermevela inquietante que se expresa a la perfección en las metáforas visuales empleadas por Gérard Dubois. De la oscuridad e indefinición de las siluetas, hasta la ampliación del foco para ver las caras abatidas del éxodo de la gente. Estamos acostumbrados a relacionarnos con la memoria a través de cifras y perdemos constantemente la perspectiva de la interrupción de las vidas, tal y como María José Ferrada explicaba cuando hablaba de Mexique: el nombre del barco. Un ejercicio que mantuvo en el poemario Niños y que resulta desgarrador. Así, la focalización y fragmentación permite una mayor sensación de dinamismo dentro de la contemplación de las dobles páginas que espolean al lector. En el sueño que comparten hay confusión con la realidad y se producen situaciones llenas de lirismo, con la tensión entre la libertad y la opresión militar. Esta se refleja en el papel de su tío con su nariz roja de payaso que nos lleva inevitablemente a Charles Chaplin en el que el arte intenta mostrarse como la última frontera: la libertad del arte como puerta de escape frente al odio, como último bastión del alma. El humo, las pisadas, el cuervo negro, trincheras, rifles, chimeneas, la rabia, el miedo, la tensión y el desconcierto. Todo perfectamente secuenciado para mostrar de manera poética y claustrofóbica la desesperación.



Humaredas que se confunden con las nubes, humaredas que reflejan un bombardeo y la incertidumbre de qué habrá pasado con los que vivían allí. La progresión de una humareda que se acerca lentamente y en el que Mila se pregunta a quién pertenecen las nubes, quién es su dueño y nos cuenta cómo las reparte: las blancas, son las que nos pertenecen y las otras (las grisáceas) a los demás. Aunque, por desgracia, cada vez quedan menos blancas. Pesadillas que se materializan, la dureza de la marcha y el éxodo representado en la difuminación de un grupo de siluetas en desplazamiento con un momento en el que Mila nos interpela en sus recuerdos. Nos cuenta que prefiere evitarnos el recuerdo del dolor físico en el cuerpo: ampollas en los pies, hambre, sed y la fatiga de un horizonte interminable. Es suficiente con experimentar aquel dolor como para revivirlo una vez más.


Para cerrar ese momento temporal y volver al presente, reconocemos su presente y algunas de sus momentos en los que ese recuerdo sigue apareciendo inconscientemente en su vida (haciendo cola en un mostrador) y en el que se recuperan elementos simbólicos del pasado. La nariz roja ahora será la pelota con la que juegan los niños en el parque. Reflexiones sobre su pasado en el presente y un cierre que evocará al futuro a partir del paso de las nubes. À qui appartiennent les nuages? es una obra cautivadora en todos sus elementos, donde el encuentro entre un texto profundamente poético encuentra un acompañamiento perfecto en el diseño (ilustración, secuencia, composición visual) de Gérard Dubois. Méritos de sobra para que se alzase con el galardón en la Feria de Bolonia este año. Una obra que sorprenderá y atrapará a toda aquella persona que se acerque a ella y que no podemos más que recomendar. Una obra en el que las narrativas gráficas siguen difuminando fronteras y desafiando convenciones que están hechas para que se las lleve el viento. Wild is the wind.

Por desgracia, en las noticias seguimos viendo imágenes que nos recuerdan a este éxodo y la brutalidad del poder. Parece que los años 20 de este siglo no tienen nubes blancas. 

Volveremos con pájaros.

 

Fran Martínez

[redes sociales]


Enlace editorial La pasteque






martes, 8 de marzo de 2022

Entradas en azul. Marion Kadi. Les reflets d'Hariett

 


Título: Les reflets d’Hariett

Autora e ilustradora: Marion Kadi

Año: 2021

Editorial: L’agrume

Tamaño: 24,5 x 29. Tapa dura.

Extensión: 48 páginas

Idioma: francés

 

 

Reseña:

El periplo del debut de la autora francesa Marion Kadi con su álbum titulado Les reflets d’Hariett (L’agrume, 2021) está plagado de reconocimientos en las ferias más destacadas de la literatura infantil. Primero, su álbum se coló entre la selección final del Salón du livre et de la presse jeunesse (Les pepites) junto a los álbumes Adieu Blanche-Neige (reseñado en el blog), el lisérgico Changer d’air de Jeanne Macaigne, el divertimento con mala uva de Adrien Parlange con Les Désastreuses Conséquences de la chute d'une goutte de pluie y el libro-objeto de un habitual de estos experimentos con la materialidad como Dominique Erhardt que fue alzado como ganador con Esprit, es-tu là? Pero donde alcanzó su álbum el reconocimiento internacional definitivo fue como reciente ganador del Premio Opera Prima en la Feria de Bolonia y donde también se alzó con una mención el álbum de Johanna Schaible que figuraba en aquel repaso a 2021 como el álbum que más me gustó el año pasado (también podéis leer la reseña aquí) con C’era una volta e ancora ci sarà (además de su reconocimiento en la selección de dPictus).


Durante el curso pasado pasaron por el blog otros dos álbumes que fueron premiados y que comparten con Les reflets d’Hariett un tipo de narración intimista con la intromisión de un hecho fantástico en un contexto cotidiano como sucedía en No sin mis cosas preferidas de Sepideh Sarihi e ilustrado por Julie Völk (Lóguez, 2020) y Vecinos de Kasya Denisevich (Editorial Juventud, 2021). Ambos comparten protagonistas femeninas, pero en Les reflets d’Hariett la narración psicológica pasa a ser omnisciente para acompañarnos por el espectacular despliegue de la autora. En algún espacio de las aventuras de Kitty Crowther y el trazo de Georg Barber (ATAK) o el extrañamiento de Sarah Mazzetti, las ilustraciones de Marion Kadi juegan con la expresividad y el contraste de su paleta cromática para una narrativa visual repleta de detalles en cada ilustración. De manera más concisa el veredicto del jurado en su página web en la que hablaban del impacto visual, paleta de colores explosiva y cálida, dinamismo y elección del formato narrativo para cautivar al lector. Podéis leer el veredicto en la Web de la Feria de Bolonia en este enlace.

Tal vez estos días de lluvia en el Levante y el reflejo en los charcos están dominando esta vuelta con la reseña de L’orage de Anne Brouillard y este álbum. Aunque no tengan nada que ver en la construcción del discurso narrativo. La situación inicial comienza sin palabras con la visión del lago a doble página en la que vemos a los peces nadar y el paso a la doble página en la que conocemos al león acostado bajo la luna llena en su orilla. Un león con una vida plena (cazando, comiendo y durmiendo) que descansa en sus últimas horas de vida. El contraste entre el azul y el amarillo nos presenta su último suspiro sereno, en el que su reflejo no quiere seguir este desenlace en soledad. Resulta divertido este contrapunto entre lo corpóreo (la muerte del león) y lo espiritual e invisible con su diferencia en la permanencia. En la siguiente doble página, la vuelta al día y la naturaleza recorriendo con diferentes animales el entorno que no veíamos en la oscuridad de la noche son un plano envidiado para el reflejo del león que se aburre de su permanencia solitaria en el lago.


Esta exploración de un nuevo espacio de permanencia le lleva a valorar nuevas opciones que descarta rápidamente (ni de la flor, ni del pato) y decide emprender la aventura de su nuevo portador de su reflejo. Este elemento de aventura y fantasía se plasma con esa paleta de colores que impregna su cuerpo (anaranjado y azulado con su melena ondulante), en los colores llenos de vida de los pájaros, las flores y las sombras que acompañan a sus movimientos. En ese momento, encuentra una casa en su camino por baldosas rojas y a una candidata perfecta: la tímida Hariett. Esta sería una primera parte introductoria con su pequeño esquema ternario para el león.

Ahora, conocemos a Hariett y sus pocas ganas de ir al colegio. La unidad narrativa se secuencia con libertad entre la doble página y la página sencilla, de la misma forma que la manera de secuenciar la temporalidad con las distintas acciones de Hariett en la misma página. La vista del cuarto y pequeños detalles (el cuadro del bodegón), el espejo en el que se ve la entrada del gato por la puerta de su habitación y el león en la ventana esperando el momento en el que convertirse en su reflejo. En ese momento a doble página tenemos la visión de la lluvia, la divertida estampa del rebaño de ovejas (con un pequeño intruso) y un gato escapando de los ratones en ese mundo peculiar en el que el reflejo se abalanza sobre la sombra de Hariett en el charco (mientras su expresión distraída leyendo no es consciente de dicha circunstancia).

Una vez unidos, Hariett se siente llena de confianza en el camino al colegio en el que nos lo reafirma visualmente interpelándonos directamente con su mirada sonriente en la ilustración. A partir de aquí, su confianza reforzada hace que desaparezca esa desgana para ir cada día a la escuela y con las consecuencias provocadas porque su reflejo se apodera de ella: ahora, las cualidades del león dominan a Hariett. Mientras, disfrutamos de cada detalle en las cenefas del aula (la cadena alimenticia entre la gallina, el caracol y la lechuga) con los detalles marinos en los baldosines del suelo. Cada ilustración nos invita al recorrer sus detalles y seguir su paseo por las baldosas rojas con las curiosas formas de animales en las nubes, el castillo de naipes en su habitación. En último lugar, la confianza plena de la protagonista con su ajuste entre lo que es y parece. El conflicto en la narración de Hariett viene cuando la parte del león domina sus reacciones y debe buscar la resolución a ese conflicto que es narrada de nuevo con pequeños detalles (como la mutación en los motivos de la alfombra en cada ocasión que aparece).


La manera de vertebrar el desenlace con la búsqueda de su reflejo (la búsqueda de su alma, de su voz) y alcanzar la madurez del personaje para buscar el acomodo a esos dos universos dentro de ella: ser ella misma sin renunciar al reflejo indomable del león. El bodegón también ha cambiado. El camino rojo sigue ahí y lo observamos desde la ventana. La tarde se viste de frío y la lluvia nos vuelve a sorprender con sus charcos y el reflejo de los árboles y las aves volando. No vemos a un árbol convertirse en pájaros amarillos, pero asistimos a un precioso viaje al que Marion Kadi nos invita desde dos personajes que se instalan en una pequeña fantasía cotidiana elevada por sus ilustraciones plenas de belleza.



 

Instagram Marion Kadi

https://www.instagram.com/marionkadi/?hl=en

Editorial

https://www.editionslagrume.fr/collections/jeunesse/les-reflets-dhariett/

 

Fran Martínez

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martes, 23 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Nikolaus Heidelbach. ¿Qué hacen las niñas? y ¿Qué hacen los niños? Libros del zorro rojo

Título: ¿Qué hacen las niñas?/ ¿Qué hacen los niños?

Autor e ilustrador: Nikolaus Heidelbach

Traducción: Moks

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2011

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 30 x 21 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Esta pareja de álbumes del alemán Nikolaus Heidelbach (1955) es uno de esos clarísimos ejemplos de literatura desprovista de prejuicios y de un sentido del humor a prueba de bombas. Editados originalmente en 1993 (el de las niñas) y en 1999 (el de los niños y Premio en la Feria de Bolonia) en los paratextos editoriales se recogen muchos de los aspectos biográficos que enmarcan esta obra: se nombra a Ungerer, Sendak y Edward Gorey, la fascinación del autor por la infancia y su capacidad de alternar en cortos espacios de tiempo la mayor ternura con las mayores barrabasadas imaginables. En estos abecedarios la referencia a Los pequeños macabros de Gorey es evidente: un abecedario que nos presenta a niñas y niños (de la A a la Z): la página izquierda para el nombre (Amaya, Bartola, Cornelia,…Zoe) y una acción (toma su merienda o prepara una trampa muy dulce, por ejemplo). Curiosamente, en la página izquierda aparece el nombre y un personaje del sexo opuesto.


Además, de esas precisiones sobre distribución de elementos y texto, la relación de la imagen con el texto es uno de los grandes atractivos de estos libros: el espacio transformador entre el texto y la información que debe completar el lector para interpretar unas imágenes que evocan el surrealismo con un gran sentido del humor (sin ser tan macabro como Gorey, pero con mucho humor negro). Segunda consideración, pese al surrealismo de las estampas (algunas más oníricas, otras que reflejan más las pillerías) el universo infantil es completamente reconocible. Amplificado, obviamente, por el detallismo de las ilustraciones. Y, tercero, la lectura para el mediador adulto: si se ha olvidado cómo veía el mundo cuando era pequeño, se divertirá. Si piensa que el mundo solo debe ser tamizado por la tendencia moralista de turno, lo descartará. Y así, damas y caballeros, dependiendo del lado que estén disfrutarán de dos títulos imprescindibles en una biblioteca de aula o doméstica o, por el contrario, simplemente mostrarán que son unos pazguatos. Sin medias tintas. Lo tomas o lo dejas. Y, como no: en este espacio los abrazamos. 



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/que-hacen-las-ninas/

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viernes, 8 de octubre de 2021

Entradas en azul. Sepideh Sarihi y Julie Völk. No sin mis cosas preferidas. Lóguez

 

Título: No sin mis cosas favoritas

Autora: Sepideh Sarihi

Ilustradora: Julie Völk

Traducción: L. Rodríguez López

Editorial: Lóguez

Año: 2020

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21,6 x 28,1 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Este verano hemos visto imágenes impactantes de llegadas de refugiados, especialmente con las narraciones en las noticias sobre la llegada de la población de Afganistán en la huida del régimen talibán. Todo eso con muchas más aristas que, honestamente, desde un blog centrado en reseñas de literatura no tiene el ánimo de abordar. Es un ejemplo que sirve para enmarcar la temática que nos trae a esta obra y podemos extender en, por desgracia, más imágenes: como las familias escapando con sus pertenencias de la erupción de un volcán Cumbre Vieja. Donde no hemos visto maletas fue en la llegada de menores a las costas de Melilla y, mucho menos, en la repatriación con nocturnidad. En este contexto, me gustaría rescatar la propuesta en Lampedusa de la IBBY (International Board on Books for Young people) con la creación de una biblioteca para la población en los campamentos en la isla italiana en la que crear propuestas a través de la lectura.

Volviendo a esa pequeña maleta (podemos recordar La maleta de Chris Naylor Ballesteros) en la que marchar de todo aquello que configuraba el mundo, especialmente, de la infancia: la escuela, los amigos, los vecinos, la mascota, los sonidos y tantos otros elementos que sensorialmente nos llevan al lugar en el que crecimos. También es la historia que nos quiere contar Sepideh Sarihi (de procedencia iraní) y la marcha junto a sus padres a otro país. En el libro no se incide en la problemática adulta, sino en la visión que la infancia tiene del proceso en esta pequeña historia con tintes biográficos y que se alzó con el Premio de la Feria de Bolonia en 2020.

La narración en primera persona se acompaña de la suavidad de las ilustraciones de Julie Völk, detallistas y con elementos que reflejan pequeños tintes de fantasía (low-fantasy, si queremos remitirnos al cine) insertos en los escenarios cotidianos en los que se despliega la narrativa. El blanco predomina para que los pequeños detalles a color destaquen como signos de vida. En la niña; el sonrojo de los mofletes, el gancho en el pelo, las rayas del jersey o su maleta. También, como código para identificar todas las cosas que anhelará. Tiene que tomar una decisión: lo único que se puede llevar, tiene que caber en la pequeña maleta. La recapitulación de cosas preferidas nos muestra todos aquellos espacios que sirve para construir la visión del mundo de la infancia, ajeno a las ideas magnánimas de países, fronteras, religiones y dogmas ideológicos que sirven como pegamento de cohesión desde el miedo.

Finalmente, con el descubrimiento de cómo llevarse todas aquellas cosas preferidas y la melancolía ante su marcha, también nos revela que en ese nuevo contexto también aparecen colores en nuevos personajes y, con el mar, como elemento conector entre ambos. También la mirada a un nubarrón en el fondo y la promesa de reencontrarse, en algún momento, con todo aquello. Mientras eso pasa, un nuevo árbol con frutos rojos, el puesto de los helados, un niño con una cometa, la mujer que pasea su perro,…nuevos colores y no olvidar el lugar de partida. Los recuerdos como ecos expansivos en la corriente de una vida en la que siempre iremos dejando cosas atrás, pero que nos definen.


Volviendo a una de las entradas del mes pasado, también se reseñó el álbum Vecinos de Kasya Denisevich que se alzó con el Opera Prima de la Feria de Bolonia. Ambos álbumes comparten la narración en primera persona, una paleta minimalista en la que el color se emplea para realzar la voz narrativa, personajes femeninos que reflexionan con una mirada que refleja a la infancia y no la infantiliza. Podrían incluso conectarse en su narración: No sin mis cosas preferidas como la partida y, Vecinos, la llegada y dudas ante un nuevo entorno. Curiosamente, el jersey amarillo de la protagonista de Sarihi y Völk podría conectarse con el desenlace de Denysevich. 

 

 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_portada?id=358

jueves, 23 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Hole Stian. El final del verano. Kókinos

 

Título: El final del verano

Autor e ilustrador: Stian Hole

Traducción: Asunta García Pelayo

Editorial: Kókinos

Año: 2007

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Ya está aquí el final del verano (pero no relacionado con el Dúo Dinámico) y el inicio del otoño. Momentos de melancolía propios de la nueva estación y que nos ayuda a cerrar con una reseña con un libro perfecto y un icono en los estudios literarios sobre álbumes controvertidos y desafiantes como esta trilogía del autor noruego Stian Hole (1969) que se inició en este El final del verano (2007) en el que conocemos a Garmann y que, posteriormente, después vendrían La calle de Garmann (2009) y El secreto de Garmann (2010) editados en Kókinos. Obras que le brindaron múltiples reconocimientos y también el interés en la LIJ escandinava (Beckett, 2012; Ommudsen, 2015) por sus aproximaciones a temáticas complejas como en este El final del verano en el que se unen aspectos existencialistas y la unión de la soledad con la naturaleza como espacio de refugio emocional para sus preocupaciones (Goga, 2019). En resumen, Young, Hadaway y Ward (2013) sintetizan perfectamente el sentimiento propio del síndrome posvacacional que impregna este álbum y el arco que construye al protagonista: “In weighing their responses, he realizes that fear, uncertainty, and transitions are part of life, and a part of the future.” (p.385)

A estas características temáticas que se desprenden del texto, en la ilustración de Stian Hole nos enfrentamos en el reto que genera la manera con la que crea sus collages con las superposiciones de elementos fotográficos, patrones, ilustraciones y la manipulación digital de los mismos con Adobe Photoshop (esa sensación de extrañeza que también me recuerda a Ana Penyas y la transferencia fotográfica en la posterior ilustración) para recordarnos obras de la vanguardia de principios de siglo XX como pueda ser Emmanuel Radnitzky (Man Ray) u otras corrientes como el surrealismo o el constructivismo como señala Druker (2018).

El final del verano fue el primer libro de latitudes nórdicas en alzarse con el Premio de la Feria de Bolonia en 2007 y en cuyo evento se encontraba Martin Salisbury donde en su capítulo de 2008, The Artist and the Postmodern Picturebook, repasa el contexto en el que Stian Hole encontró inspiración para la creación de esta obra (como su viaje al Cabo Cod y la influencia de su pintor favorito: Edward Hopper) con múltiples referencias intertextuales que al autor señala que no espera que sean descubiertas por el lector para disfrutar de la narrativa por sí misma. Y en esta breve introducción también empleo esta ristra de referencias académicas con el único interés de mostrar el progreso en el interés en el análisis del libro-álbum como objeto estético-literario y, como la mayoría de estas personas investigadoras apuntan: libros sin edad.

Con El final del verano observamos desde la portada el efecto de extrañeza entre la realidad fotográfica y el aspecto ilustrado del collage, en una extraña disonancia que se incrementa a medida que leemos las páginas. El sentimiento aún es más patente dado que el protagonista mira al lector directamente (gaze) para buscar su empatía. El texto, desde un punto omnisciente, nos ayuda a recorrer las ilustraciones en la búsqueda de los elementos naturales que rodean a Garmann con elementos sombríos como babosas negras o (“volvió a abrir los ojos y vio que las ramas del manzano parecían dedos retorcidos apuntando al cielo”). La visita de sus tías sigue adelantando esa temática existencial y la curiosa manera en la que Garmann (6 años) percibe el paso del tiempo (“cada verano las tías encogen un poquito al sol. Como sigan así, un día no se les verá asomar la cabeza por encima de la hierba.”).

El surrealismo sigue ante las cuestiones relativas al futuro y los miedos (la vuelta a la escuela para Garmann o tener que usar un andador por la tía Ruth). Crecer y la preocupación de Garmann por la caída de los dientes de leche que aún no ha comenzado (mientras que sus tías ya los han perdido: usan dentadura postiza) y sobrevolar temáticas como la muerte en sus preguntas a sus tías (incluso vemos una bella ilustración con Garmann dando sepultura a un gorrión muerto).

Cuestiones sobre los cambios y la forma de percibir desde el pensamiento infantil el mundo según las diferentes etapas psicoevolutivas con el pensamiento simbólico que Stian Hole representa de una manera que desborda en detalles la complejidad de las emociones rodeadas. Obviamente, pensamos en libros complejos en la representación de temáticas existenciales que nos puede llevar también a Shaun Tan y El árbol rojo. Si pensamos en el reverso luminoso de El final del verano nos encontraríamos con Madlenka de Peter Sís y la celebración de su protagonista de la caída del diente. Con El final del verano encontramos un álbum “sin edad” que permite el diálogo sobre nuestros miedos y reconocernos en diferentes momentos con sus personajes, pero también para prestigiar a la infancia en la manera que tienen para cuestionarse su entorno y cuestiones existenciales que ya en otras entradas hemos señalado desde la didáctica y el acompañamiento ante el duelo (en líneas generales, el enfrentamiento a la ausencia). Ansiedades, melancolía y recuerdos para cerrar el verano, aunque en las próximas entradas seguiremos navegando por esas latitudes.

 

 

Fran Martínez

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Referencias

Beckett, S. L. (2012). Crossover picturebooks: a genre for all ages. Routledge.

Druker, E. (2018). Collage and montage in picturebooks. En B. Kümmerling-Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picturebooks (pp. 49-58). Routledge.

Goga, N. (2019). Home is outdoors: A study of award-winning Norwegian picturebooks. Ricerche Di Pedagogia e Didattica, 14(2), 145–174. https://doi.org/10.6092/issn.1970-2221/10035

Ommudsen, A. M. (2015).  Who are these picturebooks for? Controversial picturebooks and the question of audience. En J. Evans (Ed.), Challenging and controversial picturebooks: Creative and critical responses to visual texts (pp. 71- 93). Routledge.

Salisbury, M. (2008). The artist and the postmodern picturebook. En L. R. Sipe y S. Pantaleo (Eds), Postmodern piturebooks: play, pardoy and self-referentiality (pp. 22-40). Routledge.

Young, T. A., Hadaway, N. L., & Ward, B. A. (2013). International Children’s Trade Books: Building Blocks for Character Education. Childhood Education, 89(6), 379–386. https://doi.org/10.1080/00094056.2013.852894

 

Web de la editorial

https://editorialkokinos.com/autor/stian-hole/

Entrevista a Stian Hole

https://blog.picturebookmakers.com/post/109292849841/stian-hole

martes, 22 de junio de 2021

Entradas en azul. Libros para mañana 1 & 2: Así es la dictadura y Cómo puede ser la democracia. Media Vaca

 

Título: Así es la dictadura

Idea y texto: Equipo Plantel

Ilustrador: Mikel Casal

Editorial: Media Vaca

Colección: Libros para mañana nº 2

Año: 2015

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 18 x 21 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El arte de editar libros infantiles y el ejemplo editorial de Media Vaca como uno de los ejemplos de coherencia con una serie de principios que les han valido premios internacionales como los de la Feria de Bolonia y, además por esta colección, recibieron el Primer Premio de No Ficción. Una labor que no pasa desapercibida en el ámbito académico por Sandra L. Beckett en su libro Crossover Picturebooks: a genre for all ages de 2012 o por Salisbury y Styles (2014) en El Arte de Ilustrar Libros Infantiles, Concepto y Práctica de la Narración Visual. En la primera entrada que dediqué a uno de sus sensacionales libros, con la antología de Libro de nanas, también había un fragmento de una entrevista a Vicente Ferrer que es muy recomendable para entender su política editorial. En la medida que estuve una década escribiendo sobre discos de sellos independientes, este tipo de posicionamiento editorial nos llevaría a la vertiente más contracultural dentro de las tareas editoriales. Y, además, con obras que tienen una indudable calidad. Con esta colección de cuatro títulos, hoy nos centramos en dos: Así es la dictadura y Cómo puede ser la democracia que están más conectados con las publicaciones del blog en las últimas fechas. Dejaremos los otros dos para más adelante.

En el prólogo del libro se indica el origen de estos títulos que se publicaron por la editorial barcelonesa La Gaya Ciencia entre 1977 y 1978. A partir de estos textos y la reilustración por diferentes ilustradores/as en cada título, nos podemos dar cuenta de algo que dice al final del prólogo y que por desgracia esa idea del mañana sigue siendo una idea para el hoy. Por desgracia, en las guardas podemos observar una colección de dictadores que han pululado por todo el planeta (esta narrativa también es transcultural y transhistórica parafraseando a Roland Barthes) desde Mubarak, Mussolini, Franco, Fidel Castro, Hussein, Videla, Kim Jong-Il o Ceaucescu. Y, ya que inicié la reseña haciendo alusión a la música, recuerdo discos de Scott Walker como The Drift (2006) o Bish Bosch (2012) en el que también se dedicaba a retratar las figuras de estos personajes en canciones como The Day the “Conductator” died sobre la muerte de Ceaucescu y el verso repetido: “nobody waited for fire”. También el reflejo de estos dictadores en la aplicación de la censura como también se reflejó en el maravilloso manual coordinado por Pedro César Cerrillo y Victoria Sotomayor en 2016; Censuras y LIJ en el siglo XX: En España y 7 países latinoamericanos. Esta alusión me sirve para conectar con la información de la página web de la editorial. Una reflexión lúcida:

Si viviéramos en una dictadura seguramente no sería posible un libro como este, que quizá leamos con una sonrisa. Sin embargo, no hay que confiarse: la dictadura sigue siendo hoy una forma de gobierno presente en muchos países, mientras que otros, que se dicen democráticos, reproducen sin sonrojo muchas características de los gobiernos totalitarios: existe un alto nivel de corrupción, no se respetan los derechos humanos, las leyes se hacen de espaldas a los ciudadanos y los que mandan no dan nunca las suficientes explicaciones.” (enlace)

Además de esta cháchara inicial, no olvidamos que los libros que tenemos en nuestras manos son tremendamente recomendables por la cuidada propuesta gráfica. En Así es la dictadura, Mikel Casal aplica un juego más cercano a lo caricaturesco con referencias al cartoon de los años 40-50 y más cercano a la estilización de Paul Rand o Duvoisin. Un atractivo visual con un texto que acompaña con claridad los planteamientos de una dictadura: “La dictadura es como un dictado. Un señor dice lo que hay que hacer y los demás lo hacen. Solo porque sí.” Se ilustran los escenarios en los que se refleja esa dictadura, desde su carácter gruñón y despótico, hasta la censura en el periódico o los presos contrarios a sus dogmas: “En todas las dictaduras está prohibido pensar”. También hay una ilustración impactante cuando se habla de la marcha: en la imagen podemos entender claramente el exilio, pero en las manos del agente podemos apreciar que la forma del dedo nos refleja la forma de una pistola. También se refleja el poder, la conveniencia y el apoyo para lucrarse unos pocos (ya saben aquello de poderoso caballero es Don Dinero). Aún a estas alturas, muchas de estas actitudes y vicios de la dictadura colean: desde la apertura de fosas, hasta las expropiaciones de aquello que pertenece al patrimonio cultural o el auge de sentimentalismos vacuos (políticos y militares). El último tramo del libro nos presenta la sombra en la vida de las personas (las que están sobre y bajo la tierra) y cuándo se acaba una dictadura: cuando el pueblo se coordina y revela o el dictador estira la pata. Y, así puede empezar una nueva historia. O, al menos, parecerlo.



Título: Cómo puede ser la democracia

Idea y texto: Equipo Plantel

Ilustrador: Marta Pina

Editorial: Media Vaca

Colección: Libros para mañana nº 1

Año: 2015

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 18 x 21 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Frente a la dictadura, los collages de Marta Pina en Cómo puede ser la democracia con ese tono surrealista y dadaísta que reflejan esa libertad a la que alude el texto. Los textos tampoco son extremadamente ingenuos en el reflejo de lo que en su momento era la esperanza a un periodo gris, hay la suficiente ironía cuando leemos: “y los partidos políticos representan lo que piensa, lo que quiere o lo que pide todo el país”. Y, a veces lo que reflejan es bastante peculiar y pintoresco. En esa falta de ingenuidad, también se refleja la disparidad de ideas de prosperidad: valores de justicia social o los de libertad de mercado. La libertad se entiende de maneras muy diferentes, pero tiende a prevalecer aquella que está mejor publicitada.

El derecho de sufragio, la necesidad de información para conocer los errores y aciertos de una gestión que también puede envolverse de palabras bonitas (el uso del lenguaje político y esa infantilización del electorado). El álbum no deja puntos sueltos, pero nosotros como mediadores alabamos la oportunidad de rescatar libros que reflejen esa necesidad de repensar qué es la democracia y cómo actuar para cuidar de esa idea. Tomo otro fragmento en su página bastante aclaratorio:

“A los lectores más jóvenes les dará pistas para formular preguntas interesantes, y a los mayores les servirá para refrescar ideas y para reafirmar sus convicciones democráticas, lo que no es poca cosa.” (enlace)

Lo destaco en negrita por no aumentar el tamaño de la fuente a 515416110 puntos. Finalmente, en ambos títulos de la colección el cuidado a la presentación de los ilustradores y un epílogo sobre la actualidad de la dictadura en 2015 como un reflejo de que no estamos ante una figura extinta o un fósil de viejas ideas, además de un test que me gustaría conocer si llegaron a obtener algún tipo de resultado de esas respuestas.

Estos títulos también pueden ser completados con las entregas de Libros del Zorro rojo como el rescate de La anarquía explicada a los niños. La idea de producción literaria para alfabetizar sobre valores y referentes culturales es una de las funciones asociadas a la educación literaria y que siempre ha contado con el reflejo de los ideales de su tiempo. Los valores republicanos o de los frentes populares también tuvieron sus reflejos en diferentes épocas, pero lo que está claro es que en dictadura solo hay un valor representado y, bajo el manto actual de lo “políticamente correcto” este tipo de libros son un oasis al que acudir por una brizna de inteligencia.

 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

Así es la dictadura

https://www.mediavaca.com/es/libros-para-maanana/asi-es-la-dictadura

Cómo puede ser la democracia

https://www.mediavaca.com/es/libros-para-maanana/como-puede-ser-la-democracia  

Instagram Mikel Casal

https://www.instagram.com/mikelcasal01/?hl=es

viernes, 11 de junio de 2021

Entradas en azul. Adolfo Córdova y Juan Palomino. Cajita de fósforos: Antología de poemas sin rima. Ediciones Ekaré

 

Título: Cajita de fósforos. Antología de poemas sin rima

Selección de textos: Adolfo Córdova

Ilustrador: Juan Palomino

Editorial: Ediciones Ekaré

Año: 2020

Páginas: 60

Encuadernación y formato: 21,5 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una de mis intenciones en esta etapa en el blog es una especie de cabezonada en la que me he propuesto actualizar el blog diariamente en 2021. No sé si lo conseguiré, pero fue una intención hace casi una década cuando escribía en la desaparecida web de crítica musical Conceptoradio y quedó inacabada. Es como una antigua promesa que quedó como una deuda pendiente que solo refleja la cabezonería de quien escribe. En esa dinámica, en las últimas semanas intento que el blog tenga entradas acumuladas para su publicación automática. Tampoco, como podéis observar, es un blog que tenga una finalidad por la que estar al día de novedades editoriales (para eso ya hay grandes espacios). Casualmente, hoy escribo sobre un libro galardonado con el Premio de la Feria de Bolonia en la categoría especial creada para esta edición centrada en la poesía. Es una pena que esto no se mantenga de manera constante en los certámenes, pese a que en nuestro país contamos con la iniciativa del Premio Orihuela de la editorial Kalandraka o el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños y las ediciones de FCE que tan buenos ejemplos de poemarios de calidad nos ha regalado.

En octubre de 2020, en un panel de la Feria de Bolonia, Arianna Squilloni la editora de A Buen Paso (donde Ferrada ha publicado joyas como Un jardín) y María José Ferrada hablaban sobre el panorama editorial y la poesía. Entre sus intervenciones destaco una que me resultó maravillosa:

La poesía no se escribe ni se lee rápido, se mueve lento. También cuando circula entre sus lectores. Los libros de poesía si bien se mueven más lento, viven más tiempo.” (min. 16: 31, M. J. Ferrada)


Esto nos lleva hasta el ganador, un maravilloso libro que estaba esperando que el hilo de las entradas su turno. Adolfo Córdova, además de su labor de selección, es un divulgador que en los últimos tiempos también ha sido editor del fabuloso Renovar el asombro. Un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español (2019) publicado en las ediciones de la UCLM. Curiosamente, en la presentación del libro de Adolfo Córdova se inicia con Maria Elena Walsh y unos versos de En una cajita de fósforos en una de sus maravillosas obras (El reino del revés, como también lo son Zoo loco y Tutú Marambá), así como la naturaleza de su investigación conectando su estancia en la Biblioteca de Múnich y el ofrecimiento de Pedro César Cerrillo a extenderla esa investigación con la labor del CEPLI. La idea era investigar una poesía que podía ser ganada por la infancia y que, como señalaba Córdova (2019) la necesidad de ampliar el espectro de estudio y de la concepción de lector infantil y juvenil más compleja. Un panorama y retrospectiva que nos encaminaba, como señalaba en su prólogo: “vivimos un momento fascinante de creación, circulación y experimentación poética, y queda mucho por leer y analizar, mucho espacio para guardar asombros, fósforos en la cajita.” (p.16)

En el libro también se profundiza sobre esa idea de que el discurso tradicional sobre la musicalidad, métrica y rima que debe tener la poesía para la infancia, también es un discurso compatible con un género menos frecuente como el del “verso libre” como señala Bajour (2019, p.52) o la búsqueda del “yo” poético de la infancia, reconocer su pensamiento para fascinarnos desde la mirada poética. Los diferentes capítulos reflejan una mirada sobre diferentes tendencias, como la del álbum lírico o la labor de la Fundación Cuatrogatos en la selección de obras y su labor de promoción. Además, con todas las obras citadas y ejemplos que trufan el libro, también tenemos una selección más que interesante para reconocer esas virtudes que nos señalan los diferentes autores. Faceta de investigador que también se combina con la publicación de obras que también han sido con obras destacadas como El dragón blanco y otros personajes olvidados incluidos en la lista White Ravens en 2017 (ilustrado por Riki Blanco y muy recomendable sus Cuentos pulga o El deshielo entre otros) o con su labor en el blog Linternas y bosques. Una introducción para esta antología un poco larga, pero como la poesía se mueve lento…

Con estas cuestiones en mente, y el subtítulo Antología de poemas sin rima, la selección de Adolfo Córdova tiene la erudición de quien se ha especializado en este campo de estudio y el interés por el reflejo de esas cuestiones en estos poemas de formas diversas, pero que cuentan con las magníficas ilustraciones de Juan Palomino con una propuesta minimalista y simbólica en su acompañamiento y que me recuerdan también a las de Jan Barceló en Del dicho al verso (Fran Nuño) publicados en Yekibud donde el rojo-amarillo y azul son elementos dominantes que combinar con el negro y el blanco. Una selección de 36 autores en los que Córdova pretende conectar ese hilo que inicia Maria Elena Walsh y cierra María José Ferrada con el inédito El espantamiedo que nos devuelve al interior de esa cajita de fósforos. Un siglo entre Selva de Juana Ibarbourou (cada autor/a tiene al final del libro una breve biografía) y ese poema de M. J. Ferrada. Un siglo en el que pasear por las miradas de Gabriela Mistral, Aquiles Nazoa, Gloria Fuertes, Jorge Luis Borges, Carmen Conde, Alicia Morel o María Teresa Andruetto. 


Poemas breves que dejan una imagen expansiva como en Las máquinas de Gloria Fuertes, el recuerdo a la mariposa que no se quiere parar ni estarse quieta (en un guiño a Lorca) con el poema de Rosario Castellanos. El pliegue central no solo diferencia poemas, también sirve para que el ilustrador refleje esa continuidad trazada por Córdova. Uno de los juegos poéticos que ha pasado a mi cajita de poemas es Escribe tu nombre en el aire de Ricardo Yáñez al que se le une la delicia de Alicia Morel: Los árboles. Espacios cotidianos, simbolismos y percepciones sensoriales que tienen en la naturaleza el escenario para un lector al que regalarle la sorpresa y sabores como Cuando llega la lluvia de Fran Alonso. El deslumbramiento en La presa de Jorge Luján y como en una frase de Laura Devetach, tenemos una imagen tan sugerente como en Caprichos. En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas, incluso una estrella. Una colección poética especial para acercarnos a la poesía sin prejuicios y libres. Una joya para el catálogo de Ediciones Ekaré.


Entrevista, Canal Lee+ de Julio Trujillo a los autores


 

Fran Martínez

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Web de la editorial Ekaré

http://www.ekare.com/ekare/cajita-de-fosforos/

Web Adolfo Córdova (Linternas y bosques blog)

https://linternasybosques.wordpress.com/

Web Juan Palomino

https://www.instagram.com/juanpalomino.ilustrador

Referencias

Bajour, C. (2019). Nadar en aguas inquietas: una aproximación a la poesía infantil de hoy (1980-2011). En A. Córdova (Ed.), Renovar el asombro: un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español (pp. 47-72). Ediciones Universidad de Castilla-La Mancha.

Córdova, A. (2019). Renovar el asombro: un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español. Ediciones Universidad de Castilla-La Mancha.

 

 





lunes, 7 de junio de 2021

Entradas en azul. Heinz Janisch y Aljoscha Blau. Mejillas rojas. Lóguez

 

Título: Mejillas rojas

Autor: Heinz Janisch

Ilustrador: Aljoscha Blau

Traducción: Eduardo Martínez

Editorial: Lóguez

Colección: Rosa y Manzana

Año: 2006

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24,5 x 26,8 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El autor austriaco Heinz Janisch (1960 y candidato por su país para los Premios Andersen en 2022) y cuenta con una larga publicación de títulos en la editorial Lóguez, del que reseñamos recientemente La batalla de Karlavach y cuenta con títulos clásicos como ¡Zas!¡Pum! ilustrado por Helga Bansch, el divertidísimo El rey y el mar junto a Wolf Erlbruch o la parodia de La gran carrera junto a Gerhard Harderer. Un sentido del humor con tintes surrealistas también impregna a sus relatos y, otra joya como Sencillamente tú fue ilustrado por Jutta Bauer, de quien es imposible no citar un título como El ángel del abuelo en esta ocasión y cuyo título reseñó Sandra Martínez este verano en el blog.

Con Aljoscha Blau cuenta con más títulos publicados (como el divertido y disparatado El pañuelo de mi abuela con un juego propio de la tradición oral en el que se encadenan elementos sorprendentes en el pañuelo de la abuela) y con Mejillas rojas ganaron el Premio de la Feria de Bolonia en 2006. Ambos álbumes con el ilustrador Aljoscha Blau en el que el surrealismo impregna la narración y que, de alguna manera, alcanza conexiones como el realismo mágico en el cine y me recuerda a una película como The taste of tea (2004) de Katsuhito Ishii, una comedia absurda y con elementos fantásticos para amantes del cine oriental (aunque por género y reflejo de la memoria también la archiconocida Olvídate de mí de Michel Gondry nos serviría).

El libro nos remite a la voz del niño recordando todas aquellas peripecias que le contaba su abuelo: “De pequeño mi abuelo tuvo una vida muy agitada. Por lo menos, él así lo cuenta”. A medida que crecemos tenemos una relación diferente con nuestros mayores. En la infancia, absorbidos por todas esas historias de vida y narraciones de cuentos. En la pubertad y adolescencia, intentamos diferenciarnos de todo lo que tenga que ver con nuestras familias y establecer nuestros grupos de amistades y pertenencia generacional. Esto, parece un recordatorio de las etapas y estadios archiconocidos de Piaget, pero tan solo un recordatorio sobre cómo (des)conectamos con la memoria de las anteriores generaciones. En esa etapa de pubertad y adolescencia, las anécdotas de nuestros mayores siempre acaban en el cajón de las “batallitas”.


En Mejillas rojas, cada anécdota representada supone una sorpresa para el lector, jugando con el extrañamiento, la ironía y el absurdo consigue el reflejo de un lugar poético y simbólico. Una cualidad de este autor que, como mencionamos anteriormente, nos regaló la joya El rey y el mar. El lugar donde almacenaba el agua, la persecución hasta el último rincón de una abeja, el funcionamiento del ombligo o las consecuencias de golpear una nube con un balón. Momentos en el que el nieto (voz del relato) también cuestiona la veracidad de estas, pero que si lo dice su abuelo será verdad. Es decir, el nieto no rompe el pacto de la fantasía que nosotros tampoco haremos con la lectura. Cada anécdota bien vale pensar en ella como una verdad. También le cuenta cosas sobre la escuela, la guerra y sus aventuras. Como lectores, podríamos anticipar que el tono surrealista pasará al realismo crítico con estos aspectos. Por suerte, nos quedamos en el simbolismo literario.


Una de las anécdotas, la reflejada en la ilustración de la cubierta, me parece deliciosa: encontrarse unas alas para dar una vuelta y, dejarlas en su sitio. ¿Cuántas veces hemos pensado de pequeños en cómo sería tener alas? Siempre, sus mejillas rojas se reflejan (aquello que nos decían de pequeños: cuando mientes, te pones rojo) y observamos cómo avanza en el tiempo y el niño, se convierte progresivamente en adulto (divertidísima la anécdota sobre la guerra y el lugar sobre el que cayó con su paracaídas, con un simbolismo muy Magritte, como en la vuelta al mundo). Los textos y las ilustraciones conectan en un reflejo divertido e íntimo de la narración, un disfrute en el que detenerse en los detalles y dejar volar nuestra imaginación. Finalmente, la edad hará que cada vez se haga más transparente, pero al igual que al protagonista, encontraremos un final abierto en el que quizás también se nos pongan las mejillas rojas. En la dedicatoria final de Aljoscha Blau leemos: Para todos los que participan en la resistencia contra la “realidad”. Fantástico consejo para todas aquellas personas que disfrutamos de la LIJ. Una delicia.

Y, como diría Tom Waits: Te contaré todos mis secretos, pero te mentiré sobre mi pasado. (en Tango till they're sore del gran Rain dogs)

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=78

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