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martes, 23 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Nikolaus Heidelbach. ¿Qué hacen las niñas? y ¿Qué hacen los niños? Libros del zorro rojo

Título: ¿Qué hacen las niñas?/ ¿Qué hacen los niños?

Autor e ilustrador: Nikolaus Heidelbach

Traducción: Moks

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2011

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 30 x 21 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Esta pareja de álbumes del alemán Nikolaus Heidelbach (1955) es uno de esos clarísimos ejemplos de literatura desprovista de prejuicios y de un sentido del humor a prueba de bombas. Editados originalmente en 1993 (el de las niñas) y en 1999 (el de los niños y Premio en la Feria de Bolonia) en los paratextos editoriales se recogen muchos de los aspectos biográficos que enmarcan esta obra: se nombra a Ungerer, Sendak y Edward Gorey, la fascinación del autor por la infancia y su capacidad de alternar en cortos espacios de tiempo la mayor ternura con las mayores barrabasadas imaginables. En estos abecedarios la referencia a Los pequeños macabros de Gorey es evidente: un abecedario que nos presenta a niñas y niños (de la A a la Z): la página izquierda para el nombre (Amaya, Bartola, Cornelia,…Zoe) y una acción (toma su merienda o prepara una trampa muy dulce, por ejemplo). Curiosamente, en la página izquierda aparece el nombre y un personaje del sexo opuesto.


Además, de esas precisiones sobre distribución de elementos y texto, la relación de la imagen con el texto es uno de los grandes atractivos de estos libros: el espacio transformador entre el texto y la información que debe completar el lector para interpretar unas imágenes que evocan el surrealismo con un gran sentido del humor (sin ser tan macabro como Gorey, pero con mucho humor negro). Segunda consideración, pese al surrealismo de las estampas (algunas más oníricas, otras que reflejan más las pillerías) el universo infantil es completamente reconocible. Amplificado, obviamente, por el detallismo de las ilustraciones. Y, tercero, la lectura para el mediador adulto: si se ha olvidado cómo veía el mundo cuando era pequeño, se divertirá. Si piensa que el mundo solo debe ser tamizado por la tendencia moralista de turno, lo descartará. Y así, damas y caballeros, dependiendo del lado que estén disfrutarán de dos títulos imprescindibles en una biblioteca de aula o doméstica o, por el contrario, simplemente mostrarán que son unos pazguatos. Sin medias tintas. Lo tomas o lo dejas. Y, como no: en este espacio los abrazamos. 



Fran Martínez

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Web de la editorial

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/que-hacen-las-ninas/

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/que-hacen-los-ninos/

 


jueves, 3 de junio de 2021

Entradas en azul. Tomi Ungerer. OTTO. Autobiografía de un osito de peluche. Ediciones B

 

Título: OTTO. Autobiografía de un osito de peluche

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Susana Andrés

Editorial: Ediciones B

Año: 2011. Original: 1999

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos con Tomi Ungerer y con un título que comparte la vuelta de Tomi Ungerer a la publicación de literatura infantil con Flix (1997), alzarse merecidamente con el reconocimiento a su obra con el Premio Andersen en 1998, la publicación de su biografía A childhood under the nazis (1998) y cerrar las heridas con OTTO (publicado originalmente en Diogenes en 1999 y, siguiendo con el proceso autobiográfico trasladado a la narrativa infantil) de aquellas imágenes que en su infancia le llevaron a presenciar la barbarie de la guerra. La mirada del oso de peluche en la portada, con su mancha de tinta cubriendo su ojo izquierdo, la marca de bala atravesando el espacio en el que se ubicaría el corazón y su semblante que nos mira fijamente escondiendo en su narrativa los horrores de una vida interrumpida por la guerra. Es interesante el mecanismo narrativo que emplea Tomi Ungerer en este álbum, no solo por colocar a un oso de peluche como el centro narrativo en el que permanecer como observador de la guerra, sino por presentar al protagonista en un punto de la línea temporal narrativa en la que realiza un flashback sobre sus recuerdos: “Otto, te has hecho mayor”. En la LIJ, podemos encontrar otros ejemplos en los que se muestra la preservación de la memoria y navegar por recuerdos de otras épocas, pero lo dejaremos para otras reseñas próximas. En este caso, nos adentramos en la memoria de la vida de un osito de peluche. Si costura y el recibimiento en la casa de David como regalo en su cumpleaños. Los juegos con David y Oskar (el amigo de David con el que compartían juegos, decidieron el nombre para el osito y se muestra cómo le enseñaron a escribir a máquina después de volcarse la tinta sobre su rostro). Reflejo del ideal de infancia: juegos, risas y travesuras.

Esta situación de calma se rompe con la aparición de la estrella amarilla en la solapa de la chaqueta de Oskar y las explicaciones de la madre mientras cose: “los judíos son diferentes de nosotros, tienen otra religión”. Pese a que señala la injusticia y la tristeza en ese fragmento, tan solo expone una realidad que seguramente era la explicación que se daba en las casas ante esta situación pese a que como adultos anticipamos todo lo que vino después. Es curioso como asumimos ciertos discursos en el ámbito cotidiano, dado que carecemos de perspectiva sobre los acontecimientos. Otto es entregado a Oskar, dado que David y su familia son llevados junto a otras familias por los soldados. Una partida que tan solo recibía miradas desde dentro de las casas, todo el mundo seguía órdenes. También tenemos la otra visión desde el punto de vista de la familia alemana, con el padre de Oskar marchando al frente. Finalmente, la llegada de las tropas norteamericanas y los bombardeos. Es pasmosa la facilidad con la que Tomi Ungerer consigue reflejar en un mismo relato los tres puntos de vista de la guerra: la voz del pueblo judío, la de los alemanes y la de las fuerzas aliadas.

En esta parte del relato, empieza el periplo de Otto desde la explosión que le hizo salir volando. Su visión es desgarradora, pero no ve ideologías en las muertes, tan solo víctimas del conflicto entre las ruinas. Nosotros somos los que leemos e interpretamos los símbolos. En el momento en el que un soldado aliado le encuentra observamos el paisaje desolado, cuerpos tiroteados, tanques y edificios derruidos en llamas. Un carrito de bebé y una mano inerte entre las ruinas. Y, en ese momento, el tiroteo que atraviesa a Otto, pero que consigue salvar la vida del soldado que lo recogió del suelo: Charlie. Y, Otto, se convirtió en héroe de guerra. También, encontró la alegría de volver a encontrar un hogar (aunque ahora se llamase Álamo) y una caja de cartón en la que descansar. Aunque, esa paz, no durase tanto y acabase golpeado y lanzado a la basura. Penúltima etapa de un trayecto que también muestra la pobreza de la señora hurgando en la basura y su venta en una casa de antigüedades para acabar en el escaparate del inicio narrativo (junto a una máquina de escribir, sentado sobre libros y un cuadro con un interrogante).

El desenlace aún es más emotivo: el reencuentro (el cruce de miradas) y la reparación. El inicio de una nueva vida con los supervivientes y, finalmente, el testimonio de Otto que vivió el lado de la derrota en todos los frentes, porque final en una guerra los bandos están llenos de muertes inocentes.  Tomi Ungerer en esa estampa final del reencuentro, también introduce elementos en los cuadros que conectan con su obra erótica con los cuadros mostrando la desnudez de una mujer y, entre los reflejos de la muerte en el campo de batalla, el ojo morado que nos recuerda a Ningún beso para mamá es como si emplease todos los elementos que censuraron en su obra de manera sutil. En el final, el semblante de Otto vuelve a mostrarnos la sonrisa (pese a que también envejece como sus amigos y usa gafas) del que ha conseguido resistir a todo tipo de contratiempos, pero también alegrías. Una vida. Un testimonio de algo que no se puede olvidar (por eso, pese a su sonrisa, queda un bocadillo con el recuerdo de la casa en llamas). Tomi Ungerer, un maestro.

 

Fran Martínez

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Web de Tomi Ungerer:

https://www.tomiungerer.com/books/childrens-books/otto/

Otras reseñas dedicadas a Tomi Ungerer:

El hombre niebla: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2020/12/entradas-en-azul-tomi-ungerer-el-hombre.html

Non-stop: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/02/entradas-en-azul-tomi-ungerer-non-stop.html

Hombre Luna: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-tomi-ungerer-hombre.html

Los tres bandidos:

 

viernes, 19 de febrero de 2021

Entradas en azul. David Wiesner. Sector 7

 

Título: Sector 7

Autor e ilustrador: David Wiesner

Editorial: Clarion Books

Año: 1999

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 27 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: inglés.


Reseña:

Finalizamos la semana con otro viaje a nuevas dimensiones con otro de los autores e ilustradores más célebres de la LIJ: David Wiesner. Una trayectoria repleta de distinciones como la Medalla Caldecott (ganada en tres ocasiones por libros que se editaron también en España: Martes, Los tres cerditos y Flotante), siendo este Sector 7 un álbum que también fue candidato a dicho galardón (como también a las puertas se quedó Sr. Minino en 2013)

Álbumes que se recrean en el realismo de sus ilustraciones, una delicia visual, y la aproximación desde la narración visual al cómic o al guion cinematográfico en diferentes obras. También, diferentes títulos tienen una conexión interna que también profundiza en la metaficcionalidad de sus libros, como lo era especialmente en Los tres cerditos en 2001 (otra cerdita metaficcional que aprovechamos para recomendar es Johanna en el tren de Kathrin Schärer), curiosamente la silueta del animal con el que se cierra Tuesday (1991).

El arte secuencial del cómic que hablaba Will Eisner y el dinamismo en la relación de las viñetas que propone Wiesner en sus libros, como es el caso de Flotante (2006) con el que guarda una relación metaficcional este Sector 7. Elementos que dispone David Wiesner en sus libros que aparecen y se retoman en otras narraciones creando una idea de continuidad en esos libros, como su fijación por la entrada a un mundo fantástico y misterioso de sus protagonistas. Más allá de la realidad (y donde viven libros maravillosos).

En Sector 7, tenemos muchas de las características en su forma de narración visual en la progresión de Free fall (1988), con el viaje de su protagonista empleando como unidad narrativa la doble página y el inicio de la introducción de viñetas en las secuencias narrativas como hizo en Tuesday (1991). Con Sector 7, se sitúa en un punto intermedio previo a la pirotecnia visual de Los tres cerditos y Flotante, volvemos a un mundo más allá de la realidad (estar en las nubes o en la expresión anglosajona Being on Cloud nine) con la entrada del protagonista en el Sector 7 al que accede al encontrarse con un guía en su visita en la excursión al Empire State Building en Manhattan un día con niebla (lo de perderse en la niebla será la conexión con la próxima reseña). En este tipo de libros sin palabras, la narración visual tiene que ser precisa, ya que el anclaje con el texto no es posible.


Otro aspecto curioso, es la clasificación de este tipo de libros sin palabras que delimitó Emma Bosch y en un artículo para Ocnos en 2012 también analizaba ¿cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras?. En este caso, Sector 7 se consideraba un álbum casi sin palabras dado que los textos que aparecen en la imagen tienen una función narrativa como poner en contexto al lector de la ubicación de la historia (sensacional entrada al Sector 7 a doble página) o el humor en las salidas y llegadas en dicho sector relacionado con los tipos de nubes. Un lugar perdido entre las nubes que, curiosamente, es el fabricante de nubes (y recuerdas de paso el Castillo en el cielo de Miyazaki): Cloud dispatch center. Veremos a los ingenieros, arquitectos y planos para la creación de las nubes y cómo crear sus formas (y aquí la conexión con Flotante) de una manera diferente.


Un viaje y una amistad que, de vuelta a la realidad, restaura la desaparición del protagonista con el resto de su clase, un viaje repleto de detalles y la majestuosidad de la creación de formas marinas surcando como nubes el cielo. Si fuera un género cinematográfico, sería una “buddy movie” (como también lo podría ser el clásico El muñeco de nieve de Raymond Briggs). Diversión, belleza, amistad y trasgresión. Elementos que conjuga con maestría David Wiesner. 


Fran Martínez

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Web del autor:

http://www.davidwiesner.com/ 

Referencias

Bosch Andreu, E. (2012). ¿Cuántas palabras puede tener un álbum sin palabras?. Ocnos: Revista De Estudios Sobre Lectura, (8), 75-88. https://doi.org/10.18239/ocnos_2012.08.07