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viernes, 19 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Roberto Innocenti. La casa. Kalandraka

 

Título: La casa

Autor: J. Patrick Lewis

Ilustrador: Roberto Innocenti

Traducción: Silvia Pérez Tato

Editorial: Kalandraka

Año: 2010

Páginas:

Encuadernación y formato: 5 x cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cómo un ilustrador amplifica un texto por las decisiones que toma al respecto a la ilustración. Esta semana hemos tenido el cómic de Ana Penyas y, de una manera similar, con este álbum no podemos olvidar otra obra de arte como Aquí de Robert McGuire. En formato álbum hay una buena cantidad de ejemplos y, a modo de memorias de un espacio, otra casa como The house by the lake convirtiendo el texto de Thomas Harding a un álbum con las ilustraciones de Britta Teckentrupp. La casa es un álbum escrito por J. Patrick Lewis e ilustrado por Roberto Innocenti (Premio Andersen de ilustración 2008) que Kalandraka publicó en 2010. Vuelta de una pareja que ya había creado otra maravilla en formato álbum como El último refugio (2003) en el que recuperan el elemento de la memoria y el recuerdo en este sensacional álbum. La historia nos cuenta el paso del tiempo durante el siglo XX a través de una casa construida, como se aprecia en el texto introductorio, en 1656, año de la peste. El libro se compone por secciones en las que se observa una pequeña ilustración y un texto que dan lugar a una ilustración a dos páginas para, de esta manera, introducirse en el descubrimiento de ese lugar que ha visto desde sus ventanas y el crepitar de sus cimientos el paso del tiempo. Espectadora impasible de la historia de un territorio, siempre acogedora.

Se trata de un libro fascinante, cuyas ilustraciones hablan por sí mismas, sin la necesidad del texto que nos cuenta, al igual que el cine mudo, lo que ya podemos deducir por la escena. Por otra parte, tan necesario para la comprensión del joven lector de las idas y venidas presenciadas en la historia de la casa que es, en definitiva, la de nuestra cultura. Estas ilustraciones transcurren en un único plano que nos permite observar la evolución y los cambios que se producen en ella durante el siglo XX. Estaciones, nacimientos e incluso guerras suceden entre las paredes y los alrededores de esta gran casa familiar. La fuerza y el virtuosismo de Innocenti llena de detalles cada ilustración, que podemos comparar, remirar, analizar e indagar durante horas y horas. La maestría de Roberto Innocenti nos muestra una profunda documentación histórica que nos desvela en cada página el modo de vivir a través de los personajes, sus ropas, costumbres, acontecimientos familiares, sus labores y trabajos, así como los objetos típicos de la época en la que viven. Así, como sus gestos y expresiones ante cada acontecimiento.



A través de las ilustraciones podemos apreciar como el paso del tiempo deteriora lo que en un momento fue una casa llena de alegría y vida. Se discierne también cómo la sociedad evoluciona y se pierde la perspectiva del mundo rural para dar paso a la sociedad moderna, que en ocasiones conlleva la pérdida de su esencia. La obra comienza con el hallazgo de una casa deteriorada, que hace muchos años dejó de tener vida, fue abandonada y olvidada, pero su descubrimiento por parte de estas nuevas personas traerá luz y calor a las paredes que un día albergaron generaciones de familias. Estos nuevos habitantes reconstruirán la casa y durante todo un siglo nos convertiremos en espectadores del desarrollo de los acontecimientos de cada época. Finalmente, la casa perderá a su último habitante y volverá a quedar abandonada, pero como ocurre en ocasiones, esta casa volverá a revivir readaptándose a la nueva sociedad y enseñando esos cambios modernos que ha sufrido. Es una metáfora clara de cómo cambian las sociedades, tal vez evidente en sus fachadas, pero con un esqueleto que se mantiene a través de generaciones y la misma misión: acoger.

El formato del álbum, y de gran tamaño como es costumbre en la obra de Roberto Innocenti, permite compaginar la escasez del texto con otras ilustraciones a doble página en el que detallismo del ilustrador sirve como excusa para adentrarse a su exploración. Esta revelará al lector visiones de un lugar perdido, una conexión con el recuerdo de la vida de otra época, las memorias y diferentes tesituras que viven las diferentes familias y generaciones. La comprensión del tránsito de las diferentes personas a través de un lugar, un espacio inamovible, que recuerda las múltiples historias impregnadas en cada ladrillo. Una puerta abierta para el diálogo en el aula sobre las acciones y consecuencias que dejamos a nuestro paso. Tal vez, también conversar sobre cómo esperan que sea ese paisaje el próximo siglo. En definitiva, La casa es una obra con una gran carga visual que transmite el paso del tiempo y las diferencias sociales que podemos encontrar según el siglo en el que estemos. Una obra digna de conocer. 

 

 

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/la_casa-978-84-92608-23-2-castellano-834.html

viernes, 15 de octubre de 2021

Entradas en azul. Toshi Maruki. El destello de Hiroshima. Miñón

 

Título: El destello de Hiroshima

Autora e ilustradora: Toshi Maruki

Traducción: Estela L. de Shimizu

Editorial: Miñón

Colección: Duende

Año: 1986. Original: 1980

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 19,5 x 19,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En el epílogo de este conmovedor El destello de Hiroshima se puede leer una pequeña anécdota de la pintora y autora de este libro, Toshi Maruki, sobre un encuentro con una asistente a una de sus exposiciones más reconocidas (Imágenes de la bomba de Hiroshima). Ante la dureza del testimonio de aquel agosto de 1945 la asistente que vivía en el lugar de la exposición, Hokkaido, le preguntó el porqué del retratar el sufrimiento humano y, finalmente, su historia personal de aquel día: “La gente de aquí piensa que exagero o que cuento mi historia para que me compadezcan... Había decidido no hablar más, y admitir que no es un tema agradable de conversación, y que quizá es mejor callar”. El silencio de la memoria más trágica es algo habitual, pero como una gran herida abierta no deja de sangrar y, por desgracia, se opta por sanar desde el olvido como medida de alivio del trauma. Toshi Maruki (1912-2000) cierra ese epílogo señalando que este era su testamento “en favor de todos los niños” y la necesidad de plasmar de una manera fiel los sentimientos de aquella tragedia humana.

En el artículo de Junkerman (1987) se narran las vivencias de los días posteriores al bombardeo de Hiroshima en el que Toshi Maruki y su marido, el también artista Iri Maruki, emprendieron un viaje para conocer el estado de sus familiares. En su llegada en tren desde Tokyo: “After the train stopped, I could not bring myself to move for a long time. Finally I got up and staggered, like a sleepwalker, off the train. There was no station building, no sign of life. Though it was dark, I could see all the way to Hiroshima Bay and the islands of the Inland Sea (p. 645). La siguiente parte del testimonio es más estremecedora al narrar la desesperación de las personas que sobrevivieron y por la que decidieron permanecer un mes allí y toda aquella atrocidad inspiró el arte de ambos artistas que se convirtió en un icono de la denuncia de la barbarie. Además de un documental de Junkerman con el título Hellfire: A journey from Hiroshima en 1986. Recientemente, se ha producido un nuevo documental en el que se puede conocer la historia de ambos artistas expuesta en la Maruki Gallery:

https://www.youtube.com/watch?v=iBG2wKnk-ew


Volviendo al álbum, Kiefer (1986, 1991) analizó sus particularidades artísticas y las respuestas en el aula de los lectores ante esta obra. En las precisiones de Barbara Kiefer en su artículo de 1988 apuntaba un aspecto sobre la importancia de las imágenes en la creación del significado: “Style alone is not responsible for conveying this meaning - symbols can convey meaning regardless of the style they are presented in, but style may enhance and extend the meaning” (p.262). Respecto a los murales, Toshi Maruki adapta su lenguaje a un código menos realista y potenciando el aspecto naíf, especialmente en la primera parte del libro, y posteriormente el álbum ensombrecerá dada la situación que refleja. La historia de Miichan (inspirada en la hija de aquella mujer que encontró en la exposición) sirve como hilo conductor en el que, inicialmente, se narra la mañana soleada de aquel 6 de agosto en el que se narra cómo era la vida de la población en esa situación de guerra (y su cotidianeidad a pesar de ella). Un desayuno de Miichan con su familia interrumpido por un destello inmenso de aquella bomba atómica llamada Littleboy (niño).

Una vez pasada esta frontera, el relato es escalofriante: estar apresada bajo maderas de la casa, buscar a su madre, presenciar juntas cómo su padre estaba rodeado entre el fuego y la fuerza de la madre para rescatarlo entre las llamas. La huida al río y la descripción del infierno que cristaliza en una doble página en la que las ilustraciones reflejan esa inspiración de los murales: llamas, cuerpos convertidos en una masa indistinguible y la pequeña Miichan aportando color en el agua. El río en el que la desesperación y la muerte se encuentran con situaciones y estampas que narran la tragedia: desde pájaros cayendo al agua o una madre dejando que la corriente se llevase el cuerpo de su hijo muerto. La oscuridad y la masa humana de la gente huyendo, se enfrenta a medida que se avanza en las ilustraciones a un color rojizo y anaranjado en el cielo hasta la caída de la noche.


La última parte del relato, narra los momentos posteriores de la explosión (y con la historia de Miichan que durante cuatro días seguía con los palillos con los que comía el arroz del desayuno pegados a sus dedos) y la llegada de ayuda a la zona. De nuevo, una ilustración a doble página muestra esta situación de auxilio a los heridos y supervivientes. La vista posterior del paisaje que quedó después del bombardeo y la vuelta al hogar para comprobar qué quedaba entre los restos. Finalmente, el relato cuenta las consecuencias para todos aquellos que sobrevivieron, pero que continuaron padeciendo las consecuencias de una explosión atómica en sus cuerpos. A partir de aquí, el cierre con la tradición en el 6 de agosto para rendir duelo a las personas que perdieron la vida aquel día. El texto se cierra con las palabras de nuestra protagonista, Miichan:

Las bombas no caen solas, las tiran los hombres… Los hombres son los responsables de esta atrocidad, no el azar, ni la causalidad… Que otros hombres puedan impedir que esto suceda de nuevo”.

La contundencia del texto y las ilustraciones reflejan una práctica que encuentra en la literatura infantil, como apuntaba Kidd (2005), un espacio apropiado para el tratamiento narrativo de la memoria y cambiar la idea de lectores a los que proteger de la miseria humana y ofrecerles obras que les expongan a estas cuestiones. Obviamente, tejiendo una red de seguridad a través de la mediación literaria ante la exposición de temáticas con un impacto emocional tan evidente. Damico y Apol (2008) señalaban la importancia del enfoque sobre una lectura en la que el colectivo reflexione sobre estas cuestiones controvertidas: “collective reading or witnessing is fundamentally relational, requiring readers to engage with texts and see each other in relation to broader social identities and histories (i.e., cultural, racial, ethnic, gendered, etc.)” (p. 146).

En los años posteriores al bombardeo, los testimonios e imágenes de la tragedia, fue un aspecto silenciado de la tragedia por las fuerzas aliadas lideradas por Douglas MacArthur, y exposiciones itinerantes de su trabajo que organizaron Iri y Toshi Maruki supusieron (después de unos inicios complejos) la apertura para muchas personas para compartir las vivencias de una tragedia que no tenía un referente visual. En nuestra actualidad, paradójicamente, se produce en muchas ocasiones la situación contraria: las imágenes y el minuto a minuto de la tragedia se convierte en una suerte de circo de los horrores en constante búsqueda del aspecto más tendencioso y una masa putrefacta de voces solapadas que, rara vez, cuentan nada. En definitiva, El destello de Hiroshima es un perfecto ejemplo de la importancia del arte y la literatura como espacios generativos de un diálogo sin censuras.

 

Fran Martínez

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Referencias

Damico, J., & Apol, L. (2008). Using Testimonial Response to Frame the Challenges and Possibilities of Risky Historical Texts. Children’s Literature in Education, 39(2), 141–158. https://doi.org/10.1007/s10583-007-9047-3

Junkerman, J. (1987). Hiroshima and the Art of Iri Maruki and Toshi Maruki. JAMA: The Journal of the American Medical Association, 258(5), 644. https://doi.org/10.1001/jama.1987.03400050086032

Kidd, K. B. (2005). "A" is for Auschwitz: Psychoanalysis, Trauma Theory, and the "Children’s Literature of Atrocity". Children’s Literature, 33(1), 120–149. https://doi.org/10.1353/chl.2005.0014

Kiefer, B. (1988). Picture books as contexts for literary, aesthetic, and real world Understandings. Language Arts, 65 (3), 260-271.  https://www.jstor.org/stable/41411380

Kiefer, B. (1991). Envisioning experience: the potential of picture books. Publishing Research Quarterly, 7(3), 63–75. https://doi.org/10.1007/BF02678162

viernes, 1 de octubre de 2021

Entradas en azul. John Mardsen y Shaun Tan. Los conejos. Barbara Fiore

 

Título: Los conejos

Autor: John Mardsen

Ilustrador: Shaun Tan

Traducción: Carles Andreu y Albert Vitó

Editorial: Barbara Fiore Editora

Año: 2009. Original: 1998

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

“Girl B: …because the rabbits are more like humans.” (p. 305)

(Arizpe et al., 2014)

 

Es raro empezar esta reseña con una cita de un artículo académico de una participante de 10 años que aparece en la investigación de Arizpe et al. (2014). En diferentes entradas, desde el comienzo del blog, aparece citada la investigadora Evelyn Arizpe por su aproximación a la migración y el estudio de la interpretación de la narrativa visual por los lectores infantiles y juveniles. El fragmento de esta participante tiene un contexto dentro de la conversación del artículo, pero encapsula perfectamente el reflejo de nuestra humanidad. Los conejos de John Mardsen y amplificado su poder sugestivo con las ilustraciones de Shaun Tan es uno de los ejemplos claros de literatura para todas las edades y la aproximación a temáticas controvertidas (en este caso, el reflejo de la colonización). En ese plano, también se pueden inferir otras lecturas y consecuencias del proceso ligado a la colonización por parte de otra investigadora centrada en el desarrollo de la conciencia ecológica como op de Beeck (2005, p.281) en el que hablaba de los álbumes de Mardsen y Shaun Tan como “stunning picture books dealing with environmental devastation and class politics”. Como ven, las lecturas pueden encontrar en sus receptores diferentes capas de significado gracias a los espacios para la interpretación entre texto e ilustración (especialmente en la naturaleza metafórica y surrealista de Shaun Tan) y, esencialmente, que los conquistadores se han definido históricamente por su impacto devastador: sobre la población, el medio ambiente y la cultura nativa.

Uno de los primeros álbumes ilustrados del australiano Shaun Tan fue junto al texto de John Marsden, en el que narraban metafóricamente la colonización inglesa de las antípodas oceánicas. Como es habitual en la web de la editorial encontramos aclaraciones de Shaun Tan al respecto de esta aproximación temática que podéis leer en el hipervínculo.  Los conejos, es un álbum con un texto breve que complementa la expresividad de las ilustraciones de Shaun Tan y, de nuevo, esa economía prestigia al lector que debe complementar esos espacios narrativos con la inmensidad que suponen las ilustraciones a doble página. Una auténtica joya que, por suerte, la editorial Barbara Fiore tradujo una década después de su publicación original en 1998.

En la narración, se presenta el impacto de la llegada de los conejos (“llegaron por el mar”) a las tierras donde habitaban los marsupiales (numbats, especie autóctona). Esa entrada esplendorosa descrita con el imaginario fantástico del ilustrador en un buque de proporciones infinitas inicia el desembarco de los conejos ataviados en vestimentas que recrean la indumentaria señorial europea. Esta contrasta con la de la especie nativa en los árboles, sin sofisticación y que se verá sometida a la represión de la especie dominante de la tecnología (como siempre, con una carga distópica y simbólica apabullante), como representación del poder de una sociedad sobre otra.

Las consecuencias, relatadas como un diario del diario de una especie, dibujan el paso del tiempo y empleando un lenguaje metafórico (“los conejos llegaron hace muchos abuelos atrás”) en el que comentan la primera llegada de una expedición en el que la interacción entre especies estaba enmarcada por el acercamiento de dos culturas y el trato humano entre ambas especies. También una advertencia de los ancianos del lugar sobre la incomprensión del extranjero sobre el modo de vida nativo. Este aspecto del inicio de la narración es fundamental por la importancia del distanciamiento de la mirada etnocéntrica sobre la intercultural.

A partir de ese momento de placidez y advertencia, la llegada del galeón y el inicio del conflicto. En este, se relata a la perfección el modelo de colonización en el que se instala una sociedad y relega a la otra a la periferia. Una situación que, además, está basada en la colonización de aquellas tierras y, por este motivo, introduce el valor de la memoria histórica en el aula de una manera metafórica. El dramatismo del texto se entremezcla con la habilidad de Shaun Tan para la recreación de un espacio de fantasía y sutileza por los detalles incorporados en las ilustraciones, con un simbolismo que está presente en toda su obra.

La pérdida de la batalla entre ambas especies muestra como la dominante se apodera del terreno, sus recursos naturales e incluso su descendencia. Sometimiento que lleva aparejado el inicio de la industrialización y la decadencia de la naturaleza, mediante el cambio de tonalidades ensombrecidas y pardas. En ese momento, el diario de la memoria de una especie comienza a cuestionarse dónde fue todo aquello que caracterizaba a su tierra, su naturaleza y fauna, y una pregunta final: ¿quién nos salvará de los conejos?

Otro aspecto esencial en la ilustración, en el que se emplea la doble página, es el empleo de la fragmentación narrativa para la descripción de los breves textos que relatan la lucha entre las dos especies (tan desigual) y el empleo de objetos para diseminar la narración entre los objetos. Del mismo modo, el empleo de la perspectiva y la simetría en la colonización de los conejos muestra el mundo que llega: ordenado y cuadriculado como manera de representación de la postura colonizadora e intransigente que traslada los principios de “su cultura” a otra.

En conclusión, además de una obra de arte de Shaun Tan, este álbum sigue posibilitando las preguntas en la narración y la relectura por la gran cantidad de detalles insertos. Un texto sencillo que resuena en el gran espectáculo que plantean las ilustraciones para narrar, nada más y nada menos, el proceso de represión de una cultura sobre otra. Una mirada etnocéntrica que no permite el reconocimiento del resto de culturas, expulsándolas y reduciéndolas a meros recuerdos (que si no preserva la memoria) se diseminarán como pétalos en la rosa de los vientos.

Finalmente, siguiendo con la temática de la migración y los colonos, una recomendación cinematográfica con las películas de Jan Troell que muestran este proceso en dos películas: The Emigrants (Utvandrarna, 1971) y su continuación argumental The New Land (Nybyggarna, 1972) con actores tan emblemáticos como Max von Sydow y Liv Ullmann.

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.barbarafioreeditora.com/catalogo/libros/los_conejos

Instagram Shaun Tan

https://www.instagram.com/shauncytan/

Referencias

Arizpe, E., Bagelman, C., Devlin, A. M., Farrell, M., & McAdam, J. E. (2014). Visualizing intercultural literacy: engaging critically with diversity and migration in the classroom through an image-based approach. Language and Intercultural Communication, 14(3), 304–321. https://doi.org/10.1080/14708477.2014.903056

op de Beeck, N. (2005). Speaking for the Trees: Environmental Ethics in the Rhetoric and Production of Picture Books. Children’s Literature Association Quarterly, 30(3), 265–287. https://doi.org/10.1353/chq.2006.0002

jueves, 3 de junio de 2021

Entradas en azul. Tomi Ungerer. OTTO. Autobiografía de un osito de peluche. Ediciones B

 

Título: OTTO. Autobiografía de un osito de peluche

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Susana Andrés

Editorial: Ediciones B

Año: 2011. Original: 1999

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos con Tomi Ungerer y con un título que comparte la vuelta de Tomi Ungerer a la publicación de literatura infantil con Flix (1997), alzarse merecidamente con el reconocimiento a su obra con el Premio Andersen en 1998, la publicación de su biografía A childhood under the nazis (1998) y cerrar las heridas con OTTO (publicado originalmente en Diogenes en 1999 y, siguiendo con el proceso autobiográfico trasladado a la narrativa infantil) de aquellas imágenes que en su infancia le llevaron a presenciar la barbarie de la guerra. La mirada del oso de peluche en la portada, con su mancha de tinta cubriendo su ojo izquierdo, la marca de bala atravesando el espacio en el que se ubicaría el corazón y su semblante que nos mira fijamente escondiendo en su narrativa los horrores de una vida interrumpida por la guerra. Es interesante el mecanismo narrativo que emplea Tomi Ungerer en este álbum, no solo por colocar a un oso de peluche como el centro narrativo en el que permanecer como observador de la guerra, sino por presentar al protagonista en un punto de la línea temporal narrativa en la que realiza un flashback sobre sus recuerdos: “Otto, te has hecho mayor”. En la LIJ, podemos encontrar otros ejemplos en los que se muestra la preservación de la memoria y navegar por recuerdos de otras épocas, pero lo dejaremos para otras reseñas próximas. En este caso, nos adentramos en la memoria de la vida de un osito de peluche. Si costura y el recibimiento en la casa de David como regalo en su cumpleaños. Los juegos con David y Oskar (el amigo de David con el que compartían juegos, decidieron el nombre para el osito y se muestra cómo le enseñaron a escribir a máquina después de volcarse la tinta sobre su rostro). Reflejo del ideal de infancia: juegos, risas y travesuras.

Esta situación de calma se rompe con la aparición de la estrella amarilla en la solapa de la chaqueta de Oskar y las explicaciones de la madre mientras cose: “los judíos son diferentes de nosotros, tienen otra religión”. Pese a que señala la injusticia y la tristeza en ese fragmento, tan solo expone una realidad que seguramente era la explicación que se daba en las casas ante esta situación pese a que como adultos anticipamos todo lo que vino después. Es curioso como asumimos ciertos discursos en el ámbito cotidiano, dado que carecemos de perspectiva sobre los acontecimientos. Otto es entregado a Oskar, dado que David y su familia son llevados junto a otras familias por los soldados. Una partida que tan solo recibía miradas desde dentro de las casas, todo el mundo seguía órdenes. También tenemos la otra visión desde el punto de vista de la familia alemana, con el padre de Oskar marchando al frente. Finalmente, la llegada de las tropas norteamericanas y los bombardeos. Es pasmosa la facilidad con la que Tomi Ungerer consigue reflejar en un mismo relato los tres puntos de vista de la guerra: la voz del pueblo judío, la de los alemanes y la de las fuerzas aliadas.

En esta parte del relato, empieza el periplo de Otto desde la explosión que le hizo salir volando. Su visión es desgarradora, pero no ve ideologías en las muertes, tan solo víctimas del conflicto entre las ruinas. Nosotros somos los que leemos e interpretamos los símbolos. En el momento en el que un soldado aliado le encuentra observamos el paisaje desolado, cuerpos tiroteados, tanques y edificios derruidos en llamas. Un carrito de bebé y una mano inerte entre las ruinas. Y, en ese momento, el tiroteo que atraviesa a Otto, pero que consigue salvar la vida del soldado que lo recogió del suelo: Charlie. Y, Otto, se convirtió en héroe de guerra. También, encontró la alegría de volver a encontrar un hogar (aunque ahora se llamase Álamo) y una caja de cartón en la que descansar. Aunque, esa paz, no durase tanto y acabase golpeado y lanzado a la basura. Penúltima etapa de un trayecto que también muestra la pobreza de la señora hurgando en la basura y su venta en una casa de antigüedades para acabar en el escaparate del inicio narrativo (junto a una máquina de escribir, sentado sobre libros y un cuadro con un interrogante).

El desenlace aún es más emotivo: el reencuentro (el cruce de miradas) y la reparación. El inicio de una nueva vida con los supervivientes y, finalmente, el testimonio de Otto que vivió el lado de la derrota en todos los frentes, porque final en una guerra los bandos están llenos de muertes inocentes.  Tomi Ungerer en esa estampa final del reencuentro, también introduce elementos en los cuadros que conectan con su obra erótica con los cuadros mostrando la desnudez de una mujer y, entre los reflejos de la muerte en el campo de batalla, el ojo morado que nos recuerda a Ningún beso para mamá es como si emplease todos los elementos que censuraron en su obra de manera sutil. En el final, el semblante de Otto vuelve a mostrarnos la sonrisa (pese a que también envejece como sus amigos y usa gafas) del que ha conseguido resistir a todo tipo de contratiempos, pero también alegrías. Una vida. Un testimonio de algo que no se puede olvidar (por eso, pese a su sonrisa, queda un bocadillo con el recuerdo de la casa en llamas). Tomi Ungerer, un maestro.

 

Fran Martínez

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Web de Tomi Ungerer:

https://www.tomiungerer.com/books/childrens-books/otto/

Otras reseñas dedicadas a Tomi Ungerer:

El hombre niebla: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2020/12/entradas-en-azul-tomi-ungerer-el-hombre.html

Non-stop: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/02/entradas-en-azul-tomi-ungerer-non-stop.html

Hombre Luna: https://elcaballodecartonazul.blogspot.com/2021/03/entradas-en-azul-tomi-ungerer-hombre.html

Los tres bandidos: