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lunes, 6 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Tomi Ungerer. Rufus: el murciélago que adoraba los colores. Kalandraka

 

Título: Rufus: el murciélago que adoraba los colores

Autor e ilustrador: Tomi Ungerer

Traducción: Sandra Senra Gómez y Óscar Senra Gómez

Editorial: Kalandraka

Año: 2017. Original: 1961

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 20 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Si con Flix celebramos el reencuentro con el autor y su visión sobre la unión independientemente de la procedencia, con Rufus cerramos otro aspecto interesante en su obra como fue el convertir en protagonistas a los animales estereotipados normalmente con roles antagonistas o de villanos. Así, la serpiente Críctor en 1958 (después de sus primeros álbumes dedicados a la familia de Los Melops), Adelaida la cangura alada en 1959 y el pulpo Emilio amigo del capitán Samofar en 1960 fueron los precedentes al murciélago Rufus. En los títulos anteriores tenemos la visión de héroes de Críctor y Emilio ante malhechores, el rescate en el edificio en llamas de Adelaida y, el buitre mexicano Orlando ya llegaría en 1966. También me hubiera gustado repasar otros referentes más cercanos a la narrativa de tradición oral como El ogro de Zeralda (orig. 1967), la cerillera de Andersen en Allumette (1974) o la caperucita motorizada de Zloty (esta ya en 2009, aunque caperucita también fue centro de sus carteles).

Los colores de la portada nos recuerdan inevitablemente a Los tres bandidos (colores oscuros como el azul y el negro) que llegaría en 1962 (el mismo año que Caracol, ¿dónde estás?), pero Rufus desierta una particular ternura por la incomprensión que le rodea (algo que Ungerer maneja con gran habilidad). Rufus, el murciélago que sale por las noches a cazar descubre el mundo tecnicolor a través del cine (con un western) y descubre con entusiasmo algo que, hasta ahora, por su naturaleza, le era desconocido. La ilustración de Rufus observando el amanecer desde su cueva solitaria es una de esas estampas inolvidables que nos ha regalado Ungerer. 

En contraposición, el blanco para el descubrimiento de la luz y el colorido en el plumaje de los pájaros, en las flores y las mariposas (como aprendimos de Gioconda Belli, las mariposas son flores aladas). Rufus decide salir de la cueva y participar de ese mundo colorido: orgulloso por decidir su identidad, pero incomprendido y maltratado a los ojos de los demás. Un mensaje que continúa vigente y que, por desgracia, se refleja en agresiones y víctimas de una de nuestras peores lacras sociales: la inmundicia moral de mentalidades ultraconservadoras. 


Finalmente, la amistad con el doctor Tarturo, las sesiones de cine conjuntas y las visitas una vez que recuperado vuelve a su cueva. Las interpretaciones de un álbum escrito hace seis décadas son diferentes dependiendo del contexto. Tal vez Ungerer estuviera más interesado en reflejar otros aspectos étnicos, pero igualmente provocador sobre las consecuencias de los prejuicios sociales sobre los demás y, quizás celebrar la amistad de los dos personajes más allá de lo que piensen los demás. Aceptar quién eres y dedicar esta canción al resto. Lean (ustedes y a otros) y disfruten de Tomi Ungerer. Llenen sus estanterías y diviértanse. Nuestro nº1 en el cielo. Rufus es un álbum con elementos recurrentes en la obra del autor y, sin embargo, tiene algo único e irresistible y que, como toda debilidad personal, es difícil describir. Eso sí, más claro tenemos nuestra adoración a Tomi Ungerer. 



 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/rufus_el_murcielago_que_adoraba_los_colores-978-84-8464-314-2-castellano-2154.html  

Web de Tomi Ungerer

https://www.tomiungerer.com/

viernes, 19 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Roberto Innocenti. La casa. Kalandraka

 

Título: La casa

Autor: J. Patrick Lewis

Ilustrador: Roberto Innocenti

Traducción: Silvia Pérez Tato

Editorial: Kalandraka

Año: 2010

Páginas:

Encuadernación y formato: 5 x cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Cómo un ilustrador amplifica un texto por las decisiones que toma al respecto a la ilustración. Esta semana hemos tenido el cómic de Ana Penyas y, de una manera similar, con este álbum no podemos olvidar otra obra de arte como Aquí de Robert McGuire. En formato álbum hay una buena cantidad de ejemplos y, a modo de memorias de un espacio, otra casa como The house by the lake convirtiendo el texto de Thomas Harding a un álbum con las ilustraciones de Britta Teckentrupp. La casa es un álbum escrito por J. Patrick Lewis e ilustrado por Roberto Innocenti (Premio Andersen de ilustración 2008) que Kalandraka publicó en 2010. Vuelta de una pareja que ya había creado otra maravilla en formato álbum como El último refugio (2003) en el que recuperan el elemento de la memoria y el recuerdo en este sensacional álbum. La historia nos cuenta el paso del tiempo durante el siglo XX a través de una casa construida, como se aprecia en el texto introductorio, en 1656, año de la peste. El libro se compone por secciones en las que se observa una pequeña ilustración y un texto que dan lugar a una ilustración a dos páginas para, de esta manera, introducirse en el descubrimiento de ese lugar que ha visto desde sus ventanas y el crepitar de sus cimientos el paso del tiempo. Espectadora impasible de la historia de un territorio, siempre acogedora.

Se trata de un libro fascinante, cuyas ilustraciones hablan por sí mismas, sin la necesidad del texto que nos cuenta, al igual que el cine mudo, lo que ya podemos deducir por la escena. Por otra parte, tan necesario para la comprensión del joven lector de las idas y venidas presenciadas en la historia de la casa que es, en definitiva, la de nuestra cultura. Estas ilustraciones transcurren en un único plano que nos permite observar la evolución y los cambios que se producen en ella durante el siglo XX. Estaciones, nacimientos e incluso guerras suceden entre las paredes y los alrededores de esta gran casa familiar. La fuerza y el virtuosismo de Innocenti llena de detalles cada ilustración, que podemos comparar, remirar, analizar e indagar durante horas y horas. La maestría de Roberto Innocenti nos muestra una profunda documentación histórica que nos desvela en cada página el modo de vivir a través de los personajes, sus ropas, costumbres, acontecimientos familiares, sus labores y trabajos, así como los objetos típicos de la época en la que viven. Así, como sus gestos y expresiones ante cada acontecimiento.



A través de las ilustraciones podemos apreciar como el paso del tiempo deteriora lo que en un momento fue una casa llena de alegría y vida. Se discierne también cómo la sociedad evoluciona y se pierde la perspectiva del mundo rural para dar paso a la sociedad moderna, que en ocasiones conlleva la pérdida de su esencia. La obra comienza con el hallazgo de una casa deteriorada, que hace muchos años dejó de tener vida, fue abandonada y olvidada, pero su descubrimiento por parte de estas nuevas personas traerá luz y calor a las paredes que un día albergaron generaciones de familias. Estos nuevos habitantes reconstruirán la casa y durante todo un siglo nos convertiremos en espectadores del desarrollo de los acontecimientos de cada época. Finalmente, la casa perderá a su último habitante y volverá a quedar abandonada, pero como ocurre en ocasiones, esta casa volverá a revivir readaptándose a la nueva sociedad y enseñando esos cambios modernos que ha sufrido. Es una metáfora clara de cómo cambian las sociedades, tal vez evidente en sus fachadas, pero con un esqueleto que se mantiene a través de generaciones y la misma misión: acoger.

El formato del álbum, y de gran tamaño como es costumbre en la obra de Roberto Innocenti, permite compaginar la escasez del texto con otras ilustraciones a doble página en el que detallismo del ilustrador sirve como excusa para adentrarse a su exploración. Esta revelará al lector visiones de un lugar perdido, una conexión con el recuerdo de la vida de otra época, las memorias y diferentes tesituras que viven las diferentes familias y generaciones. La comprensión del tránsito de las diferentes personas a través de un lugar, un espacio inamovible, que recuerda las múltiples historias impregnadas en cada ladrillo. Una puerta abierta para el diálogo en el aula sobre las acciones y consecuencias que dejamos a nuestro paso. Tal vez, también conversar sobre cómo esperan que sea ese paisaje el próximo siglo. En definitiva, La casa es una obra con una gran carga visual que transmite el paso del tiempo y las diferencias sociales que podemos encontrar según el siglo en el que estemos. Una obra digna de conocer. 

 

 

 

Fran Martínez

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https://www.kalandraka.com/la_casa-978-84-92608-23-2-castellano-834.html

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Carme Solé Vendrell. La luna de Juan. Kalandraka

 

Título: La luna de Juan

Autora e ilustradora: Carme Solé Vendrell

Traducción: Fabricio Caivano

Editorial: Kalandraka

Año: 2012. Original. 1982

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

¿Cuántos sensacionales libros ilustrados nos ha regalado Carme Solé Vendrell? Me responderé yo mismo a esta pregunta (aunque seguramente muchos anticipen la respuesta): una lista interminable. La autora e ilustradora, Carme Solé Vendrell (1944) es un referente dentro de la Literatura Infantil en nuestro país y que atesora dos Premios Nacionales de Ilustración (1979 y 2013) entre otros galardones que ponen de manifiesto sus virtudes en este ámbito. Muchas de esas lecturas han formado parte de nuestra infancia y, en la Universidad de Alicante, de nuestra formación: ilustraciones para libros de Antonia Ródenas (Cartas al ratón Pérez o Un puñado de besos), Los niños del mar de Jaume Escala, Cepillo de Pere Calders, la maravilla de Yo las quería con Maria Martínez i Vendrell,  Blanca de nieve y los siete hermanos de A.R. Almodóvar o dos debilidades personales: el poema de Bertolt Brecht en La cruzada de los niños y el poemario de Miquel Martí i Pol Bon profit/ Per molts anys con una serie de guiños a clásicos LIJ que dejaré al final de la entrada.

Esa elección de favoritos personales se completaría con La luna de Juan (original de 1982) por una historia tierna y, especialmente, por su acompañamiento con unas ilustraciones que emplean una atmósfera para la noche con colores apagados (azul y verde) que nos trae recuerdos de El hombre niebla en su reflejo de la costa irlandesa. Volvemos a la luna de nuevo y la emotiva historia de Juan (vemos la casa blanca, el atardecer otoñal, el árbol indicándonos la fuerza de viento y las olas rompiendo en la costa). Juan vive feliz con su padre, un pescador, al que vemos en la siguiente doble página con el dibujo de dos realidades: en la página izquierda, el duro trabajo de la pesca del padre iluminado por un farol y, en la derecha, la luna llena velando en la cama a Juan. La soledad de ambos reflejada en la noche. Un mar peligroso que arrebata la salud de su padre (las ilustraciones, pese a tener un marco, se desbordan dándonos a entender que la corriente del mar no atiende a limitaciones) y la preocupación de Juan en esa noche en la que el miedo le desvela.

En los detalles de ese acompañamiento de Juan también conocemos aspectos de la historia que no aparecen en el texto como la ausencia de la madre (un aspecto que también puede conectar con la biografía de la autora), tan solo vemos el retrato en tonos sepia colgado en la pared. La luna reaparece y conducirá a Juan hacia la aventura en la que recuperar la salud de su padre que ha perdido en el mar. Para coger a la luna como luz y guía tiene que adentrarse en el cementerio de los marineros (y, aquí, podemos pensar en la luna como la representación de la figura materna): “Juan se acuerda de todos los que allí descansan” (mirando una pequeña lápida en la que crece la hierba: Juan la mira con una sonrisa amable, la luna mira con gran pena).

La luna como faro (el cielo se queda con agujero negro ante su ausencia) y la búsqueda en el fondo del mar (en una doble página repleta de simbolismo por las siluetas descritas por el mar y las rocas) de la salud del padre (atrapada por los tentáculos de un pulpo) y la luna como salvadora y la separación de ambos: Juan con la salud de su padre en forma de destello brillante y, la luna, recuperando su lugar en el cielo. El miedo a la soledad y la ausencia, la melancolía de la pérdida, el pensamiento de la vigía de las personas queridas que nos han dejado y que, mientras las conservemos en nuestra mente, pervivirán. El abrazo de padre e hijo.

El amanecer que enmarca la despedida de la luna y, de nuevo, las mejillas sonrosadas. Un cuento de mar hermoso, tierno, misterioso y en manos de Carme Solé Vendrell un auténtico tesoro. Unido al cuidado en la edición de Kalandraka para una de nuestras grandes ilustradoras. Y, como lo prometido es deuda, la ilustración del poemario de Miquel Martí i Pol para celebrar a una de las grandes de la Literatura Infantil (y, si quieren, pueden dejar las referencias que detecten en los comentarios).



 

Fran Martínez

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sábado, 30 de octubre de 2021

Entradas en azul. Seán Virgo y Javier Serrano Pérez. Madre Sombra. Kalandraka

 

Título: Madre sombra

Autor: Seán Virgo

Ilustrador: Javier Serrano Pérez

Traducción: Adolfo Muñoz

Editorial: Kalandraka

Colección: Lecturas expertas

Año: 2021. Original: 2014

Páginas: 64

Encuadernación y formato: 16 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Hace un par de semanas reseñábamos en este espacio Escritos en la guerra una de las últimas referencias en el catálogo de la editorial Kalandraka y una apuesta por ampliar la oferta hacia un público con una competencia lectora y literaria más avanzada. En este caso, siguiendo con la temática lunar, el relato del canadiense Seán Virgo (nacido en Malta en 1940) nos conduce hacia un contexto portuario y un lugar de fantasía propio de las leyendas de otro tiempo y espacio. Lugares que, como el bosque, esconden mitologías y personajes que pululan en el imaginario colectivo de cada cultura. Un espacio onírico en el que los sueños de los protagonistas se ven envueltos de presencias maravillosas y bordean entre la tensión de ese mundo de anhelos con el de la rutina diaria. En este caso, el imaginario del canadiense Seán Virgo (un alma errante: nació en Malta, creció en Sudáfrica, temporadas en Irlanda, Malasia e incluso con tribus de las Islas Salomón) se detiene en la mitología asociada a culturas de los mares del norte (Irlanda, Escocia, las Islas Feroe, Islandia,…) y una criatura con capacidad de mudar su piel (tradicionalmente de foca a mujer) para convertirse en otra: selkie.

El relato se desarrolla con la melancolía de la vida portuaria, el anhelo de un niño que ha crecido cerca de un río en el que llegan barcos de todas partes del mundo. Su sueño: navegar. En ese empeño pone todas sus fuerzas, crece y el mar le espera. Cuarenta años en una empresa en la que se convierte en patrón de su propio barco con el que surca los Siete Mares que Seán Virgo nos enumera y nos cuenta quiénes los habitan: “El mar del oro y la plata, donde las sirenas conjuraban los vientos. El del ámbar y las pieles, en el que resoplaban las enormes ballenas (…)” (p.14). El acompañamiento de las ilustraciones de tonos plateados de Javier Serrano Pérez (Medina del Campo, 1946) que cuenta con una dilatada experiencia (Premio Nacional de Ilustración en 1991) ilustrando también relatos procedentes de la tradición oral y que ha sabido capturar la esencia de esas tradiciones como en señalaba García Padrino (2004) en obras a las que le confiere un aire barroco como Oriente de Perla de Miguel Fernández Pacheco y que en esta ocasión está más cercano a sus trabajos de ilustración de los cuentos de Andersen. Como una vez comentaba en una charla Pablo Auladell, el ilustrador debe ser conocedor de qué máscara usar para afrontar cada texto y, al mismo, tiempo ser inconfundible.

Esa trayectoria vital por crecer y conocer los secretos del mar también tiene un momento en el que anhelar el descanso, pero antes de que este llegue suceden cosas inesperadas: el descubrimiento y enamoramiento de la selkie que nos conducirá hacia la tensión del enamoramiento y la renuncia a una parte de sus vidas: al mar, por parte del marinero, y no pertenecer al mundo terrenal, para la selkie. También nacerá un hijo y, esta figura, con herencia terrenal y mitológica marcará el devenir del final del relato. ¿Qué parte tirará más fuerte de él? ¿Qué se manifestará en su piel? Como describe el autor en ese acto final: “la noche estaba cuajada de estrellas y olía a mar abierto” (p.51) y con la luna llena como espectadora.

Una bella lectura, alejada del tiempo, que conecta con el imaginario de espacios que pertenecen a otro tiempo. Espacios naturales borrados y que se han erosionado con el paso del tiempo. Curiosamente el mismo año en el que apareció este texto, 2014, fue el año en el que se estrenó en el cine el largometraje de Tomm Moore, Song of the sea, inspirado en la misma criatura mitológica: la selkie. Disfruten de la belleza de Madre Sombra y, por un momento, cambien de piel para inundarse de emociones literarias.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/madre-sombra-castellano.html

Referencias

García Padrino, J. (2004). Formas y colores: la ilustración infantil en España (1a ed.). Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

martes, 12 de octubre de 2021

Entradas en azul. VV.AA. (il. Federico Delicado). Escritos en la guerra. Kalandraka

 

Título: Escritos en la guerra

Autor: Elvira Menéndez, Rosa Huertas, Antonio García Tejeiro, Mónica Rodríguez, Carmela Trujillo, Gonzalo Moure y Daniel H. Chambers

Ilustrador: Federico Delicado

Editorial: Kalandraka

Año: 2021

Páginas: 128

Encuadernación y formato: 14 x 21,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Yo no recuerdo la guerra. Nací en el 80 y mis lecciones de historia en el colegio nunca abordaron la guerra civil española y, en casa, tan solo pude escuchar conversaciones de familiares que hablaban de aquella casa donde se crio mi padre en las montañas de Lorca y donde, en nuestras visitas en el R12, se señalaban escondites entre las montañas donde una vez alguien se escondió. Aquello era lejano, casi exótico, en los oídos de una criatura sin ninguna conciencia del pasado. Volviendo a nuestro tiempo, la panorámica desmemoriada es más evidente y el bombardeo de noticias se ajusta perfectamente a nuestras apetencias virtuales. Un pensamiento circular, retroalimentado y a la carta. Muchas veces pienso en el flujo de comunicación como un continuo en el que el contenido es relegado al valor de número de interacciones y su alcance. Y, en esa marejada, nos desdibujamos por partida doble. Las palabras ya no son hormigas que corretean, sino un lodo que gorgotea continuamente sobre nuestros dedos. Sobre nuestra lengua. Observando el panorama y el auge de viejos restos de ideologías que silenciaron millones de vidas, la memoria parece uno de los pocos espacios en los que aún son capaces de filtrar el lodo. La literatura como pequeño bálsamo purificador.

Entiendo que el inicio es un poco "orwelliano", pero Escritos en la guerra es una magnífica colección de relatos breves que nos conducen a un espacio en el que la memoria y la literatura conviven en perfecta armonía. Además, literatura que habla de figuras literarias en cada uno de sus relatos. Su aparición nos retrotrae a las vicisitudes de la guerra y su implacable severidad. El primero de estos sensacionales relatos es de Elvira Menéndez (1949) con La entrevista en la que aparece la figura de Richmal Crompton en la vida de la narradora: María José Álvarez Fernández. Sin querer desvelar muchos de los detalles de estos relatos, la escena de una entrevista en la que la voz narradora se dedica a relatar todas aquellas vicisitudes a las que se enfrentaba la infancia en la guerra civil y el nombre de un barco: La Habana, buque que transportó a refugiados a Francia e Inglaterra (Southampton, donde acabará nuestra protagonista) para escapar de la guerra. Una historia conmovedora que es narrada y en el que se observan algunos de los vicios del periodismo: el titular frente al relato.

“A pesar de eso, decidió dejarla continuar. El dolor de aquella anciana conmovería sin duda a los espectadores. -Tendremos tiempo de cortar lo que sobre en el montaje-, se dijo”. (p.11)

Rosa Huertas (1960) en Como si hubiera pasado siempre nos lleva hasta la infancia de Elena Fortún (María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo), su cuento preferido de Perrault y una amistad que resultaría clave en su obra con su icónica Celia. Además, se sobrevuela otro aspecto asociado a la represión de la época como el exilio y la imposibilidad de la publicación de Celia en la Revolución.

“Esta desgracia no puede caer en el olvido. Si lo escribes, permanecerá” (p.35)

Más allá de estos datos que nos iluminan el contexto, las vivencias narradas están trufadas de memorias y perfumes que nos dan respiro entre el peor enemigo de la literatura: el miedo. Antonio García Teijeiro (1952) con Fragmentos de dolor y vida, dibuja el impacto de la obra poética de Miguel Hernández y el retrato de la represión al pensamiento fuera de los dictámenes, la pérdida de la humanidad por la imposición dogmática de un bando e ideario. Familias que se resquebrajaban a la lumbre del silencio y figuras inesperadas que alumbran en la oscuridad como una maestra.

“El lenguaje es la herramienta que yo necesitaba para llenar el vacío que me asolaba desde hace muchos años” (p.56)

Mónica Rodríguez (1969) se encarga de dibujar la mirada de Ana María Matute en La niña asombrada y un fragmento de su discurso en la recogida del Premio Cervantes sobre la dureza de la Guerra Civil y las atrocidades que se sucedían de manera cotidiana al estallar la guerra. La mirada de Ana María como un espacio en el que la infancia imagina y sueña, entre rumores silenciosos, donde el ruido y la muerte se interpone ante las motas de esperanza: “Aquellas hormigas negras, aquellas letras levantaban mundos ante su corazón de niña y ella, extasiada, se decía que de mayor haría eso, eso, que no sabía aún que era, pero que le permitía atravesar el espejo, entrar en el bosque, atraparnos” (p.68).

A vueltas con Perrault, Carmela Trujillo (1966) y su Caperucita Roja es poeta nos invita a un recorrido por la mirada de Gloria Fuertes y aquella vida bajo el yugo del dictador (Franco como el lobo me parece una comparación formidable) y el silenciamiento de las mujeres ante su obra (no solo por el régimen, también por los complejos de artistas en masculino que preferían torpedearlas en sus reuniones: Versos y faldas). “Hacedores de obras literarias. Hombres serios que, para acallar las voces del grupo femenino, decidieron jugar al futbolín mientras ellas recitaban sus trabajos. Tal cual” (p.94).

Uno de los relatos más estremecedores es el autobiográfico Un instante de Gonzalo Moure (1954) y las torturas recibidas por el escritor. Un relato que conecta con sus recuerdos de la sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol, donde fue torturado por Billy el Niño y otra escoria instruida para la represión en lo que fue durante aquellos años la Dirección General de Seguridad. Golpes, sangre y resistencia para que no le fuera arrebatada la dignidad en aquella jaula. Reencuentro con un espacio doloroso y recuerdos: “La escalera ya no es la misma. Han pasado los años. El bullicio de la cena se va amortiguando mientras desciendo. Pero el espacio sí que es el mismo. Y también la opresión que siento” (p. 105). En el final del relato hay un pequeño bálsamo a toda esa crueldad, pero por desgracia parece que en el aire de Madrid vuelven los ecos de aquellos ideales infectos como la reciente marcha nazi en Chueca.

El último relato es para Daniel H. Chambers (1972), coordinador de esta obra y que junto a Federico Delicado publicó Un largo viaje en Kalandraka con su mirada centrada en el drama humano de los refugiados. Su relato se cierra con el recuerdo a un autor que no revelaré, pero que nos conecta con otro autor cuya biografía retrató Peter Sís, un perfecto acompañante en este tránsito por la memoria con sus obras El muro (su autobiografía) y Nicky & Vera: a quiet hero of the holocaust and the children he saved sobre Nicholas Winton. Historias que también proponen otro tipo de figuras a recordar como Ángel Sanz Briz (un diplomático español al que se le apodó el Ángel de Budapest por su tarea en exiliar a judíos durante el Holocausto). Un relato que sirve de perfecto cierre y en el que las ilustraciones de Federico Delicado aportan un bello simbolismo a cada texto.

Desde la web de la editorial leemos: Una nueva colección para disfrutar de la literatura y mantener viva la memoria. Es una tarea necesaria en un momento en el que las voces se superponen en un mantra que ha erosionado de humanidad a las palabras y que vuelven al absurdo discurso inflamado que, por desgracia, se exhibe con menor vergüenza. Un hedor molesto que infecta y amenaza, de nuevo, con privarnos de humanidad. Como diría Gloria Fuertes en su poema A todo el que se dé por aludido en Garra de la Guerra: “Espero que no seáis tan animales que no podáis vivir como personas”. Y, para ello, no viene mal memoria.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

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sábado, 9 de octubre de 2021

Entradas en azul. Fran Pintadera y Alejandra Acosta. El vuelo infinito. Kalandraka

 

Título: El vuelo infinito

Autor: Fran Pintadera

Ilustradora: Alejandra Acosta

Editorial: Kalandraka

Colección: Orihuela

Año: 2021

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 15 x 23,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

La obra de Fran Pintadera (Las Palmas de Gran Canaria, 1982) ha encontrado acomodo y reconocimiento en el catálogo de Kalandraka a partir del Premio Compostela y la publicación de Cándido y los demás (ilustrado por Christian Inaraja) y este bello poemario que fue finalista también en la edición onceava del Premio Orihuela de Poesía para niños y niñas. En la anterior reseña, hablábamos de las migraciones y las problemáticas derivadas por la melancolía del desarraigo frente a la incertidumbre que empuja a las personas a este proceso. En este caso, el epílogo nos habla de las dificultades del proceso de la travesía, del cambio de las rutas migratorias y la búsqueda cíclica por encontrar el acomodo cuando llegan los rigores de las estaciones gélidas. En sus últimas frases leemos sobre esas bandadas migratorias: “Mientras lo hacen, nos regalan cielos llenos de música, de color y de vida” (p. 47). Tal vez por la presencia, relativamente, frecuente de álbumes y libros que abordan la temática migratoria este El vuelo infinito con las aves humanizadas de Alejandra Acosta continúa inspirando esas conexiones. 

El poemario escoge estructurarse en cuatro partes compuestas por cinco poemas: Norte, Antes de partir, El viaje, Sur. Cuatro partes, tantas como estaciones tiene el año, y un epílogo. Un conjunto de veinte poemas en el que el verso libre predomina y ofrece una narrativa poética plagada de bellas metáforas con las que abrazar a su protagonista, un ave del norte, que se presenta en el primer poema, Soy: “Se acerca el viaje ineludible, mi cálida migración. Soy un ave del norte mirando hacia el sur” (p.7). Esa preparación previa tiene la melancolía como compañera antes de iniciar una travesía y dejar atrás aquello construido durante la estación cálida y que, ahora, se enfrenta a la incertidumbre de su marcha como se refleja en Al norte del norte (que comparte título con esta vieja canción de Nacho Vegas). El invierno y su llegada (“Esconde el futuro tras su paso” en El invierno que llega, p.11) con el inevitable viaje y una bella reflexión sobre la visión de los humanos sobre las aves en Preguntas: los que adoran y admiran (ornitólogos), los que danzan y silban mientras sus cantos iluminan el día, los curiosos y los cazadores. Y, como no, el silencio que dejan tras su marcha y una última canción (como el último vals, antes de su partida).

El segundo conjunto de poemas, Antes de partir, enfrenta esa melancolía de echar la vista atrás (Carta de despedida) y no olvidar cuáles son sus orígenes en el breve Equipaje (“Llevamos poco equipaje: apenas el color de nuestras plumas para no olvidar quiénes somos”, p.20). Entenderán que esa segunda lectura sobre los procesos migratorios humanos no deja de sobrevolar al lector que se completa con la visión del Ave residente con un bello caligrama y la dulzura del Pájaro soñador que transmite el bello arrullo de una nana: “Duerme pajarillo; duerme, en lo alto de su rama. Nada lo molesta; duerme, escondido tras lianas” (p.23). Momento de partida: El cielo espera.

El viaje se inicia con dos poemas breves de gran belleza y las comparaciones que realiza para describir la sensación de alzar el vuelo y el caligrama de Son mis alas que me recuerda a Escribe tu nombre en el aire de Ricardo Yáñez, incluido en Cajita de fósforos. Después de esa belleza en la partida, la exuberancia del vuelo, también encontramos las inclemencias en los versos de La cuerda floja: el cansancio, rezagarse, la incertidumbre: “El cielo no tiene puertas. También el riesgo vuela y deambula sin fronteras” (p. 30). Y, como si de hormigas en la pluma de Ana María Matute se tratasen, en Palabras en el aire también se refleja el reclamo de la memoria ante lo efímero de su paso. Y, como no, el incesante empeño por acometer su travesía con éxito en Hoja de ruta.

Finalmente, El sur y la emoción en Tierra a la vista, el reencuentro con aquellas latitudes abandonadas ante la llegada del invierno: con la tierra (Caricias) o las ramas (Recién llegadas). En este último, asistimos a la desconfianza ante su llegada por las que allí habitan (la visión etnocéntrica) y la explicación en versos que remiten a la memoria, al legado: “Olvidan que somos del viento y que plantamos aquel olmo cuando solo era semilla” (p. 41). El poemario, se abría con Soy y, para cerrar esa espiral en constante movimiento leemos la belleza de Estoy con la contemplación de lo efímero y, finalmente, la luna como símbolo de cierre. Con El vuelo infinito celebramos esta época del año en el que las hojas comienzan su caída y las aves comienzan su migración. Miraremos su paso como fuegos artificiales en las cálidas noches del verano.


Como cierre, otra novedad dentro de su colección de poemarios es Bestiapoemas y otros bichos de Leire Bilbao que es la pareja del bello Bichopoemas y otras bestias también publicada en la Colección Orihuela. Y, como último punto, la publicación el 9 de octubre (día de la Comunitat Valenciana) y una de las leyendas que suelo contar en la escuela: L'oroneta i el rei (La golondrina y el rey), en la que se habla que la entrada de Jaime I no fue hasta que las golondrinas emprendieron su vuelo hacia tierras cálidas.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

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Web Fran Pintadera

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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Mitsumasa Anno. Ocultos en el bosque. Kalandraka

 

Título: Ocultos en el bosque

Autor e ilustrador: Mitsumasa Anno

Traducción: Gabriel Álvarez Martínez

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2021. Original: 1977

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 19 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano. Álbum sin palabras

Reseña:

Después de Burningham, otro de los autores emblemáticos como Mistumasa Anno (1923-2020) toman el espacio en este blog con su última publicación editada en España como es el rescate de Kalandraka de este fantástico Ocultos en el bosque. También celebramos la reedición en la editorial de su serie dedicada a Los viajes de Anno y, en este caso, el rescate de su viaje por Europa (publicados en España originalmente por la editorial Juventud). Viajes que Mitsumasa Anno emprendió en 1963 para comenzar su carrera como artista y dejar su profesión de maestro de primaria en Japón como documenta Mordoh (1985) en un artículo que señala la precisión y riqueza narrativa de estos viajes, así como la capacidad para representar elementos tradicionales de otras culturas y proponer una inmersión en dicho imaginario cultural. La precisión técnica de su visión en álbumes sin texto la sintetiza Mordoh (1985, p.107)) en sus conclusiones de una manera que me parece completamente acertada al señalar la vitalidad que transmiten cada movimiento de página en el que nos detenemos a comprobar el trayecto del personaje por lugares y culturas que observa a su paso:

“While Mitsumasa Anno is not an ethnographer or cultural geographer or historian or folklife specialist, and therefore not bound to absolute accuracy in each detail of research, so much of what he presents is accurate and infused with life, that each scene, while somewhat idealized and unrealistically tidy, seems to the viewer to be very real” .

Y, Marcus (1983, p.34) también señala esa cualidad de los álbumes sin palabras para activar al lector en la búsqueda de significados como leemos en una de las cualidades que el investigador destaca de su obra: “Perhaps the most characteristic quality of Anno's illustrations, whatever his subject happens to be, is the open-endedness of their imaginative forms; Anno's knack, that is, for making books that readers must complete with their own understandings, fantasies, words”. En esta temática de viajes también resultaba interesante acercarse a otra obra clásico como la de Miroslav Sasek, autor que dejaremos para futuras entradas con su serie This is… La obra de Mitsumasa Anno es extensa y estas obras prestigian la mirada del lector en una dirección más allá de los clásicos “wimmelbooks” por su capacidad narrativa para transportarnos a cada paso de página e introducirnos en una atmósfera contemplativa. Ganador del Premio Andersen de ilustración en 1984 y, al igual que Eric Carle, cuenta con un museo propio que se ubica en su ciudad de nacimiento en la zona oeste de Japón, Tsuwano.

La elección de Ocultos en el bosque sigue con esta serie de entradas que nos transportan hacia lugares donde escaparnos ya sea como vacaciones, excursiones o huidas que buscan el silencio después de un año en el que buscamos vías de escape. El bosque es un lugar idílico y que encierra la magia de la tradición oral, las huellas del espacio emocional pretérito de la LIJ y un espacio en el que conectamos con las emociones de la infancia. Siendo del Levante, el color verde cerrado de las arboledas que muestra la portada es un espacio aún más icónico dado el “socarral” de territorio en el que hemos crecido. En la portada interior observamos un bosque a la lejanía, con grandes árboles y un sendero en el que dos siluetas (un niño y una niña) se adentran. 

El juego que propone Anno es un juego con la búsqueda de siluetas de animales escondidos en sus páginas, un juego para estimular al prelector al descubrimiento de la naturaleza escondida en el bosque (si en el artículo de Mordoh se hablaba de elementos tradicionales, folklife, ahora cambiaríamos a wildlife) y sentir la quietud en sus páginas. Un juego que comienza en la cubierta y contracubierta y en el que al final del libro encontraremos la clave de los animales escondidos en cada una de sus dobles páginas. Un juego que muestra algunas presencias de manera más evidente y clara frente a otras que precisan el escrutinio minucioso para parte del lector. En la recolección de animales, por desgracia, encontramos a muchas especies que están en peligro de extinción (lince, gato montés, oso hormiguero, lobo marino o el cormorán) y algunas inclusiones clásicas de la literatura en esos parajes como la bruja en las páginas 18-19 (tendréis que girar el álbum para apreciarla con mayor facilidad). 

En definitiva, una joya silenciosa en la que disfrutamos de la obra de uno de los grandes autores de la LIJ. Ahora, huyan. Y, para finalizar, algo oculto en el bosque (en una caña de bambú) que pone banda sonora de cierre a partir de una película El cuento de la princesa Kaguya (de Isao Takahata en Studio Ghibli) inspirada en un relato de la tradición japonesa como broche sonoro final con Warabe Uta.


Además hay que celebrar que desde Kalandraka también se reeditará este clasicazo LIJ de Mitsumasa Anno de la serie Los viajes (Anno's Journey) y centrado en Europa en el que no perderemos de vista al caballero adentrándose en los múltiples detalles y referencias culturales e intertextuales.




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Fran Martínez

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Referencias

Marcus, L. S. (1983). The Artist's Other Eye: The Picture Books of Mitsumasa Anno. The Lion and the Unicorn, 7, 34-46.

Mordoh, A. M. (1985). Folklife in the Work of Mitsumasa Anno. Children’s Literature Association Quarterly, 10(3), 104–108. https://doi.org/10.1353/chq.0.0199

 

Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/ocultos-en-el-bosque.html


miércoles, 2 de junio de 2021

Entradas en azul. Roberto Innocenti. Rosa Blanca. Lóguez

 

Título: Rosa Blanca

Texto: Christophe Gallaz y Roberto Innocenti

Ilustrador: Roberto Innocenti

Traducción: Maribel G. Martínez

Editorial: Lóguez

Año: 1987. Original: 1985

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano (Lóguez)/ catalán (Kalandraka, 2018)

Reseña:

Después del paso de Roberto Innocenti (1940) en las entradas de este año con La niña de rojo, turno para uno de sus álbumes más célebres dentro de su obra: Rosa blanca.  Volvemos al compromiso del autor en el reflejo de la memoria histórica dando título a partir del grupo alemán del mismo nombre que denunció las acciones del nazismo y cuyos propulsores (Hans y Sophie Scholl) fueron ejecutados en 1943. Reflejo de una temática que años más tarde retomaría en La historia de Erika (2003) como la del Holocausto y cuya traslación realista y cinematográfica de Innocenti le sirvió para ser reconocido por sendos trabajos con diferentes galardones y, en 2006, recibir el Premio Andersen. Curiosamente, María José Ferrada (otra de las autoras que ha sido protagonista esta semana) le dedicó en 2013 en la Revista Álabe un homenaje a su obra en el que señala su posición como artista y la importancia de la preservación de la memoria. Cerraba Ferrada (2013, p.4): “Y es que Roberto Innocenti ha logrado no un estilo sino una mirada, y no cualquier mirada sino que una en la que el mundo logra reflejarse. Desde sus ojos el mundo y su tiempo nos miran.”

En el número 98 de la revista Peonza, entrevistado por Javier Flor Rebanal, Diego Gutiérrez del Valle y Javier Sobrino, en 2011 hablaba de la idea que había detrás de Rosa Blanca: la esperanza. En su reflejo de estas historias, comentaba que esa mirada traslada a su visión de cuando era niño, experiencias que ha vivido y que no se trata de dramatizarlas para el lector infantil, pero prestigiarle en el conocimiento y la curiosidad para hacerse preguntas ante hechos históricos que le son desconocidos. Como apuntaba Kertzer (1999), estas preguntas colocan al adulto en una posición compleja frente a preguntas del lector infantil sobre porqué pasó eso y cómo dejaron que pasase tal barbarie en los campos de concentración. Así, las ilustraciones suponen una puerta de entrada para el lector para representar aspectos complejos y simbología que forma parte de la historia, la materializa y abre posibilidades para el diálogo en la interpretación de la historia a través del empleo del álbum, como Rosa blanca en las investigación educativa (Youngs y Serafini, 2011; Youngs 2012), especialmente a través de la relación con el personaje como se ha señalado en otras entradas desde el desarrollo de la empatía y el seguimiento de las miradas (directas para interpelarnos o en la dirección que precisa que fijemos nuestra atención).

El álbum narra inicialmente desde la voz de su personaje infantil, Rosa Blanca, como una especie de diario en el que nos ubica en un lugar de Alemania (un pueblo, no sabemos cuál). La representación es la despedida de los soldados al frente en la que la vemos despedirse de alguien que no describe en el texto, ni aparece en la imagen. Una vida que es interrumpida por la presencia militar en las calles y que se asumió como un hecho cotidiano con el olor y el ruido de los tanques. La narración describe lo cotidiano, en una situación inicial que nos presenta el contexto, en el que la vida no parece interrumpirse. Saludos a los soldados como gesto de orgullo y admiración de los niños a su paso. Y, como no, la imagen maravillosa del reflejo de Rosa Blanca en el río que nos recuerda a la fuente de la Cenicienta de Innocenti. Un reflejo que nos muestra algo que pasa desapercibido en el plano de la realidad: las alambradas. De manera metafórica la imagen revela el contenido simbólico del desconocimiento de la barbarie que se escondía en los campos de concentración.

Ese será el inicio del conflicto narrativo, el descubrimiento de un niño pequeño saliendo de uno de los camiones (no se sabía a donde iban. Se creía que al otro lado del río y que volvían vacíos). En las posteriores ilustraciones Innocenti nos señalará las ventanas tapiadas de las casas, el interior de esos camiones y el reflejo de una imagen histórica: la imagen del niño en el gueto de Varsovia. Curiosidad de Rosa Blanca por saber dónde se llevaban al niño (observamos en los carteles en el paso la expresión “victoria” antes del cartel de “Prohibido” en la valla). Allí se encontró con algo que para ella no tenía nombre: campo de concentración, pero que comprendió la desesperación de esas personas con la estrella amarilla en su ropa.

Una vez que la realidad se apodera del relato, la voz de Rosa Blanca enmudece y se transfocaliza al narrador omnisciente. Ahora, como lectores, conocemos el secreto de Rosa Blanca y su voz se apaga para que seamos testigos del silencio en sus acciones de las que nadie puede enterarse, sus visitas a las afueras con comida para aquellos niños que no dejaban de aumentar en número y soportaban las penurias del invierno. En la parte final, observamos la derrota del ejército alemán, el cambio del paso por el poblado, la destrucción y las ruinas. Y, entendemos cuál ha sido el final para la protagonista. La naturaleza revive al final del invierno y la flor que portaba Rosa Blanca, nos sirve para interpretar el trágico final de la protagonista. Volvemos a las palabras en las que Roberto Innocenti interpreta este álbum: esperanza. Esperanza por revelarse ante aquello que atenta contra las personas y desde el convencimiento personal por el cambio. Y, obviamente, la voz de la infancia como protagonista.

Una obra maestra que también ha sido publicada en catalán por la editorial Kalandraka (en 2018, con traducción de Bel Olid) con un cambio en la portada con la imagen de Rosa Blanca colocando una violeta en la alambrada del derruido campo de concentración y que sigue con el interés de las últimas entradas por la colección clásica de la editorial Lóguez Rosa y Manzana.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_portada?id=54

Edición en catalán: Kalandraka

https://www.kalandraka.com/rosa_blanca-978-84-16804-58-0-catalan-2347.html

Referencias

Ferrada, M. J. (2013). Homenaje a Roberto Innocenti :un ilustrador de su tiempo. Revista Álabe, 8, 1–5. http://dx.doi.org/10.15645/Alabe.2013.8.11

Kertzer, A. (1999). "Do You Know What 'Auschwitz' Means?": Children's Literature and the Holocaust. The Lion and the Unicorn 23(2), 238-256. doi:10.1353/uni.1999.0027.

Youngs, S. (2012). Understanding History through the Visual Images in Historical Fiction. Language arts, 89(6), 379–395. https://www.jstor.org/stable/41804361

Youngs, S., & Serafini, F. (2011). Comprehension Strategies for Reading Historical Fiction Picturebooks. The Reading Teacher, 65(2), 115–124. doi:10.1002/trtr.01014

 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Entradas en azul. J. y W. Grimm. Pablo Auladell. La casita de chocolate. Kalandraka

 

Título: La casita de chocolate

Texto: J. & W. Grimm

Ilustraciones: Pablo Auladell

Traducción: Marta Rincón

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2008

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 22 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Conectando con las entradas de esta semana y el reflejo en la tradición oral de las condiciones de clase en las que circulaban estas historias. La pobreza y la falta de sustento de la familia que decide abandonar a los niños en el bosque y que recogida por los Hermanos Grimm es interpretada visualmente por Pablo Auladell con su inconfundible maestría que también aplicó a cuentos de Hans Christian Andersen en la colección de Anaya en la que participaron nombres que hoy son considerados como referentes indiscutibles en la ilustración: Elena Odriozola y Javier Sáez Castán. También, fue una práctica habitual en la editorial Kalandraka la reilustración de este patrimonio cultural, desde la Caperucita de Rodríguez Almodóvar que ilustró Marc Taeger como uno de los diferentes ejemplos, entre otras adaptaciones de la tradición oral. Entre los cuentos que pervivieron en el imaginario colectivo, Hansel y Gretel ha sido uno de los que no ha precisado de una adaptación canónica de Disney, pero también ha tenido ediciones que eliminaban muchos de los elementos más controvertidos para acomodarlos a la moral adulta de blanqueamiento de la infancia.


Historias recogidas por los Grimm que, desde la séptima edición en 1857, también cuentan en la actualidad con adaptaciones desde nuevas perspectivas artísticas de este cuento por parte de Anthony Browne o Lorenzo Mattotti, como ejemplos de grandes ilustradores que han transmitido ese ambiente en el que la oscuridad y la pobreza eran parte del paisaje de una narrativa que ha formado parte de la infancia. En este caso, en La casita de chocolate Pablo Auladell, plasma con maestría en sus representaciones con un aire siniestro en las caretas de los personajes como una pesadilla veneciana y espantapájaros, las dos caras del bien y el mal y la representación de la bruja como un ave de mal agüero. Y una ilustración a doble página sin texto en la llegada a la casita de chocolate que es cautivadora. Detalles que se reflejan en la simetría desde las guardas con la misma imagen opuesta y en negativo, primero del cuervo y, en las guardas finales, Hansel y Gretel. La naturaleza con aire mitológico, las miradas humanizadas de la naturaleza en los árboles oscuros, siluetas, extraños artefactos a vapor, extrañas figuras con semblante humano y figura mitológica unida a la degradación como si observásemos la erosión visual de la memoria. Un espacio donde la sugerencia está por encima de la ilustración minuciosa y la mancha como espacio simbólico de una historia conocida que evoca más que plasma. Espectrología como diría Derrida.


En líneas generales, el aire sombrío de la historia es capturado a la perfección por Pablo Auladell y que, en definitiva, ofrece muchas claves para su obra posterior con ejemplos como La feria abandonada (2013), Dorothy (2017) o El Paraíso Perdido (2018) o la reciente ilustración de la selección de poemas de Antonio Machado también publicados por Kalandraka. Una maravilla en la que deleitarse visualmente.


Pablo Auladell -On Work- UollasTV


Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/la_casita_de_chocolate-978-84-96388-83-3-castellano-548.html

Instagram Pablo Auladell

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