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sábado, 9 de octubre de 2021

Entradas en azul. Fran Pintadera y Alejandra Acosta. El vuelo infinito. Kalandraka

 

Título: El vuelo infinito

Autor: Fran Pintadera

Ilustradora: Alejandra Acosta

Editorial: Kalandraka

Colección: Orihuela

Año: 2021

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 15 x 23,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

La obra de Fran Pintadera (Las Palmas de Gran Canaria, 1982) ha encontrado acomodo y reconocimiento en el catálogo de Kalandraka a partir del Premio Compostela y la publicación de Cándido y los demás (ilustrado por Christian Inaraja) y este bello poemario que fue finalista también en la edición onceava del Premio Orihuela de Poesía para niños y niñas. En la anterior reseña, hablábamos de las migraciones y las problemáticas derivadas por la melancolía del desarraigo frente a la incertidumbre que empuja a las personas a este proceso. En este caso, el epílogo nos habla de las dificultades del proceso de la travesía, del cambio de las rutas migratorias y la búsqueda cíclica por encontrar el acomodo cuando llegan los rigores de las estaciones gélidas. En sus últimas frases leemos sobre esas bandadas migratorias: “Mientras lo hacen, nos regalan cielos llenos de música, de color y de vida” (p. 47). Tal vez por la presencia, relativamente, frecuente de álbumes y libros que abordan la temática migratoria este El vuelo infinito con las aves humanizadas de Alejandra Acosta continúa inspirando esas conexiones. 

El poemario escoge estructurarse en cuatro partes compuestas por cinco poemas: Norte, Antes de partir, El viaje, Sur. Cuatro partes, tantas como estaciones tiene el año, y un epílogo. Un conjunto de veinte poemas en el que el verso libre predomina y ofrece una narrativa poética plagada de bellas metáforas con las que abrazar a su protagonista, un ave del norte, que se presenta en el primer poema, Soy: “Se acerca el viaje ineludible, mi cálida migración. Soy un ave del norte mirando hacia el sur” (p.7). Esa preparación previa tiene la melancolía como compañera antes de iniciar una travesía y dejar atrás aquello construido durante la estación cálida y que, ahora, se enfrenta a la incertidumbre de su marcha como se refleja en Al norte del norte (que comparte título con esta vieja canción de Nacho Vegas). El invierno y su llegada (“Esconde el futuro tras su paso” en El invierno que llega, p.11) con el inevitable viaje y una bella reflexión sobre la visión de los humanos sobre las aves en Preguntas: los que adoran y admiran (ornitólogos), los que danzan y silban mientras sus cantos iluminan el día, los curiosos y los cazadores. Y, como no, el silencio que dejan tras su marcha y una última canción (como el último vals, antes de su partida).

El segundo conjunto de poemas, Antes de partir, enfrenta esa melancolía de echar la vista atrás (Carta de despedida) y no olvidar cuáles son sus orígenes en el breve Equipaje (“Llevamos poco equipaje: apenas el color de nuestras plumas para no olvidar quiénes somos”, p.20). Entenderán que esa segunda lectura sobre los procesos migratorios humanos no deja de sobrevolar al lector que se completa con la visión del Ave residente con un bello caligrama y la dulzura del Pájaro soñador que transmite el bello arrullo de una nana: “Duerme pajarillo; duerme, en lo alto de su rama. Nada lo molesta; duerme, escondido tras lianas” (p.23). Momento de partida: El cielo espera.

El viaje se inicia con dos poemas breves de gran belleza y las comparaciones que realiza para describir la sensación de alzar el vuelo y el caligrama de Son mis alas que me recuerda a Escribe tu nombre en el aire de Ricardo Yáñez, incluido en Cajita de fósforos. Después de esa belleza en la partida, la exuberancia del vuelo, también encontramos las inclemencias en los versos de La cuerda floja: el cansancio, rezagarse, la incertidumbre: “El cielo no tiene puertas. También el riesgo vuela y deambula sin fronteras” (p. 30). Y, como si de hormigas en la pluma de Ana María Matute se tratasen, en Palabras en el aire también se refleja el reclamo de la memoria ante lo efímero de su paso. Y, como no, el incesante empeño por acometer su travesía con éxito en Hoja de ruta.

Finalmente, El sur y la emoción en Tierra a la vista, el reencuentro con aquellas latitudes abandonadas ante la llegada del invierno: con la tierra (Caricias) o las ramas (Recién llegadas). En este último, asistimos a la desconfianza ante su llegada por las que allí habitan (la visión etnocéntrica) y la explicación en versos que remiten a la memoria, al legado: “Olvidan que somos del viento y que plantamos aquel olmo cuando solo era semilla” (p. 41). El poemario, se abría con Soy y, para cerrar esa espiral en constante movimiento leemos la belleza de Estoy con la contemplación de lo efímero y, finalmente, la luna como símbolo de cierre. Con El vuelo infinito celebramos esta época del año en el que las hojas comienzan su caída y las aves comienzan su migración. Miraremos su paso como fuegos artificiales en las cálidas noches del verano.


Como cierre, otra novedad dentro de su colección de poemarios es Bestiapoemas y otros bichos de Leire Bilbao que es la pareja del bello Bichopoemas y otras bestias también publicada en la Colección Orihuela. Y, como último punto, la publicación el 9 de octubre (día de la Comunitat Valenciana) y una de las leyendas que suelo contar en la escuela: L'oroneta i el rei (La golondrina y el rey), en la que se habla que la entrada de Jaime I no fue hasta que las golondrinas emprendieron su vuelo hacia tierras cálidas.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

https://www.kalandraka.com/el-vuelo-infinito-castellano.html

Web Fran Pintadera

https://www.franpintadera.com/copia-de-c%C3%A1ndido-y-los-dem%C3%A1s

 

viernes, 10 de julio de 2020

Entradas en azul. Atilio


Atilio
por Sandra Martínez

Pintadera, F. y Guirao, D. (2014). Atilio. Almería: Libre Albedrio Editorial.


Atilio es un ratón de biblioteca que adora y siente verdadera pasión por la lectura, pero sobre todas las cosas por su amada Melisa. Es un ratón de biblioteca, en el más estricto sentido de la palabra, y a causa de su afición por los libros y “una cabeza grande, tan grande que entraban cientos de sueños” se le empiezan a desdibujar las barreras que separan la realidad de la fantasía.

De esta forma, haciendo un claro homenaje a Don Quijote, la historia de Atilio resulta ser una trama de aventuras en la que tiene que hacer frente a personajes tan dispares como el temible can guardián o el bibliotecario, así como a los monstruos de Sendak, Mr. Hyde o Drácula entre otros. De este modo, aparecen a cada página una sucesión de referencias que demuestran el enorme bagaje literario de Pintadera y Guirao, que da sentido y complejidad a la trama narrativa de este álbum ilustrado. Atilio es una obra donde código escrito y visual se fusionan de modo que la intertextualidad se convierte en uno de los elementos claves de la historia sin restarle protagonismo a la trama de amor y aventuras principal del álbum ilustrado.

Las alusiones intertextuales y las referencias culturales inundan la historia en cada una de sus páginas, sumergiendo al lector en todos esos sueños que Atilio tiene en su cabeza, y que se muestran de forma evidente, por ejemplo, a través de las siluetas que se dibujan en su cabeza o en portadas de libros en estantes de la biblioteca que este ratón recorre en busca de su amada, o a través de detalles sutiles como en el reflejo de las gafas del bibliotecario al que Atilio se enfrenta para rescatar a Melisa.

Todas estas aventuras que se encuentran a caballo entre la realidad y lo que ocurre en la cabeza de nuestro simpático protagonista acaban volviéndose en su contra, cuando descubre que no hay enemigo contra el que luchar para salvar a su amada, salvo él mismo. Ante la contradicción de este hecho, vemos a un Atilio desolado que recobra su alegría únicamente a través del tierno beso de Melisa, que da cierre a la trama y consigue crear en los lectores una sensación entrañable y ese final feliz al que estamos acostumbrados.

Atilio es una historia de aventuras y de amor, tanto por Melisa, como por los libros, que nos hace viajar y recordar todas nuestras experiencias lectoras y el poder de la lectura, por lo que se convierte en un álbum ilustrado imprescindible en todas las bibliotecas escolares que permitirá desarrollar estrategias literarias tanto en el lector infantil como en un lector más avanzado y competente.