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lunes, 6 de junio de 2022

Entradas en azul. Gustavo Puerta Leisse y Elena Odriozola (il.). Sentimientos encontrados. Ediciones Modernas el Embudo

 


Título: Sentimientos encontrados

Autor: Gustavo Puerta Leisse

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Ediciones Modernas el Embudo

Colección: Me lo pienso

Año: 2019 (2ª ed. 2020)

Páginas: 42

Tamaño: 34 x 24,5 cm

Reseña


Los álbumes de Ediciones Modernas el Embudo han sido reseñados en diferentes entradas del blog como un ejemplo de propuestas que son plenamente conscientes de incrementar la experiencia lectora en la primera infancia. En esta ocasión, nos remontamos hasta su primera referencia con Sentimientos encontrados que fue galardonado con la Manzana de Oro en la Bienal de Bratislava e incluido en la lista de los White Ravens en su catálogo de 2020. Un álbum que experimenta con el diseño para crear una propuesta de filosofía para la infancia que cuida cada uno de los detalles. De entrada, cada elemento del álbum encuentra una función: desde la cubierta para mostrarnos el exterior de la casa y fragmentada en 16 viñetas. De entrada, la referencia a las aucas en esta división también conecta con referentes más propios del cómic que del álbum por el nivel de fragmentación y al mismo tiempo se presentan como una unidad narrativa en la página posteriormente. El diseño exquisito de las guardas y una contracubierta que da nombre a las diferentes personas y animales que habitan en ese espacio. Una familia, desde el retoño Alejandro, la preadolescente Clara hasta la abuela Martina. Un espacio intergeneracional en el que experimentaremos con una encuadernación en espiral para distinguir tres espacios. En la parte superior el juego se basa en el reflejo del paso del tiempo a partir de un espacio visual fijo que nos servirá para apreciar el cambio a través del paso de página. Ya conocemos La casa de Innocenti, La casita de Virginia Lee Burton, las ventanas en la pareja de álbumes de Jeannie Baker o las láminas de Jörg Müller, como algunos ejemplos de sensación dinámica desde la restricción del espacio como elemento inamovible. Un time-lapse, digamos. Algo que el personaje de Paul Auster, Auggie (encarnado por Harvey Keitel en Smoke) nos mostraba como una de sus prácticas diarias.



En la parte superior izquierda, el paso de tiempo es para un árbol (volvemos a otros referentes: Las estaciones de Iela Mari o Little tree de Katsumi Komagata) con el ciclo de la vida encarnado en el reflejo de las estaciones en sus ramas. En la parte superior izquierda, la casa con sus dieciséis ventanas (viñetas), en dieciséis ilustraciones que pueden funcionar como narrativa visual independiente). Esa parte superior es la que Elena Odriozola borda con su habitual exquisitez, empleando el blanco y negro, para recrear minuciosamente la vida en cada viñeta: la decoración, los cuadros, los estampados, las plantas, los muebles… Y, de nuevo, las ventanas dentro de las ventanas para ver el paso del tiempo sobre un árbol que podríamos pensar que se trata del que aparece en la parte izquierda. También variaciones entre si vemos el interior de la estancia o nos ubicamos en la escalera del edificio. Un despliegue por el que el simbolismo que emplea Odriozola pivota entre lo costumbrista y el surrealismo. Viñetas que mantienen en esos cuatro niveles diferentes relaciones: a veces se relacionan entre ellas y sus personajes, otras reflejan la soledad de estos. El despliegue visual de las ilustraciones permite que el lector deambule por las habitaciones y decida seguir a un determinado personaje para volver y conectar entre las diferentes páginas una cronología de acontecimientos. El lector como detective con divertidos misterios fantásticos (como la página de las máscaras). Una suerte de peeping tom (en honor al metraje clásico de Michael Powell) en el que tenemos diferentes niveles de mirilla en el que adentrarnos en diferentes momentos y horas: la mirilla y el paso de las horas están presentes en las primeras ilustraciones de una viñeta de la planta baja.



Para acompañar a las ilustraciones de Elena Odriozola y establecer un espacio interpretativo lo más amplio y ambiguo posible, los textos filosóficos sobre dieciséis sentimientos (y aquellos asociados a este en una suerte de familia de sinónimos como familia lo son los personajes): nostalgia, miedo, dolor, ansiedad, curiosidad, enfado, vergüenza o placer entre ellos. Un abanico de sentimientos que podemos conectar con algún personaje, asociarlo a alguna viñeta o al contrario. La encuadernación en espiral permite al lector diferentes espacios interpretativos: desde pensar en la congruencia con alguna viñeta o personaje, una relación complementaria más abierta a la interpretación poética o filosófica y en el lado extremos podemos pensar en ellos en oposición. La idea es traspasar la frontera de la lectura convencional para abrazar la libertad del lector individualmente. En definitiva, todos los elementos del álbum (secuencia, ilustración, texto y materialidad) propician la reconstrucción subjetiva de su significado para ubicarlo en un espacio inferencial en el que experimentar con las dos partes de manera completamente libre. Un espacio de diálogo abierto en todos sus niveles. Una auténtica maravilla.

De la misma manera, para acompañar a la lectura se proponen una serie de instrucciones que, lejos de restringirlo, continúa expandiéndolo desde la libertad de una propuesta que está hecha para la reflexión de todos esos sentimientos que encontramos (juego de palabras) y con los que establecemos un diálogo. Finalmente, la inspiración de esos textos de acompañamiento de Gustavo Puerto Leisse hacia obras que van desde Aristóteles a Roland Barthes o de John Locke a Martha Nussbaum. Mientras se suceden estas explicaciones, los elementos ilustrados de Elena Odriozola acompañan aportando humor y candidez que se refleja especialmente en la figura de la abuela Martina que nos saluda de manera corpórea al inicio del libro y como espectro al final. Todo un engranaje perfectamente coreografiado para prestigiar la lectura como un acto reflexivo, abierto y transformador. Un regalo, una joya en un gran catálogo que ha recibido todos esos premios señalados al principio y un álbum esperando sin tiempo a que sea descubierto por cualquier lector. Como titularía Sandra L. Beckett su monografía en 2012: álbumes crossover, un género para todas las edades.


Ojalá cada álbum publicado fuera tan consciente de su necesidad y de la importancia de su calidad (una cuestión que en Media Vaca tienen como forma de ser, por ejemplo). Es una cuestión de esperanza, supongo. Así que parafraseando la última frase referida a ese sentimiento: quizás no sientas la esperanza, pero aun así, creer en ella. En Ediciones Modernas el Embudo creemos.

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 




 

Web de la editorial

https://modernaselembudo.com/libros/sentimientos-encontrados/?v=2fb7284eba87

Instagram Ediciones Modernas el Embudo

https://www.instagram.com/ediciones_modernas_el_embudo/?hl=en

Instagram Elena Odriozola

https://www.instagram.com/elenaodriozolaillustration/

 

Dedicada a Martina




 

jueves, 21 de abril de 2022

Entradas en azul. Julie Safirstein y el diseño total

 


Llevaba tiempo detrás de crear una entrada dedicada a la artista parisina Julie Safirstein (Paris, 1977) en la que celebrar las maravillosas obras que ha editado. En esta entrada recupero tres de estos títulos con los que disfruto a diario en el aula de mi escuela con un alumnado de 2-3 años. Desde una propuesta que la conecta con aquella etiqueta de “libros de artista”, pero que se aproxima desde la apreciación de los primeros lectores desde el diseño total del formato álbum y la metodología proyectual de Enzo Mari, Bruno Munari y Katsumi Komagata. Desde la plasticidad de conceptos relacionados con la primera infancia, encontramos una serie de títulos en los que la universalidad del lenguaje visual desde sus conceptos más elementales sirve para construir obras que expanden sensorialmente la experiencia lectora. Me encantaría comenzar este recorrido con la colección Poésies dessinnés de 2012 que consistía en una trilogía de libros en acordeón sobre poemas de Boris Vian (Possion d’avril), Jacques Prévert (En sortant de l’école) y Gérard de Nerval (Les papillons) publicadas en Maeght Éditeur (sí, pensarán en Warja Lavater). Desafortunadamente, aún estoy tras ellos. También para Maeght Editeur, Ah! Sunflower con el texto de William Blake.

enlace web Julie Safirstein: http://www.juliesafirstein.com/#page11

Afortunadamente (hola, Remy Charlip) contamos con una bonita trilogía de títulos en los que desgranar parte de su concepción del objeto-libro y aquello del libro como objeto transicional/transaccional (sí, Rosenblatt y Winnicott) en la exploración desde las primeras edades. Una exploración no solo de textos, sino en la multimodalidad del álbum como objetos estéticos. De esta manera nos detenemos en Le jour, la nuit, tout autor [Night and day] (2013/2017) editado por hélium y ganadora del Premio Sorciéres. Una maravilla de libro de primeros conceptos en los que sus dimensiones (27 x 33 cm) nos muestra la capacidad con la sorpresa a través de diferentes mecanismos integrados en cada doble página en los que jugar con los opuestos, la identificación de los colores, tamaños, formas, números y diferentes conceptos espaciales. 




Con las solapas también recordamos los juegos de la colección Little Eyes a medida que descubrimos un concepto (por ejemplo, tamaño) con la asociación de un color sobre otro significante. Tan aparentemente sencillo, tan preciso que es un libro que se convierte en uno de los favoritos en los espacios de lectura en el aula. Sus caras de sorpresa en el juego de descubrimiento, la precisión de sus dedos al pasar la página y explorar libremente sus dimensiones y compartirla cuando se encuentran ante las páginas centrales en los que cambian la horizontalidad por la verticalidad en su manipulación. 



Libros para ser manipulados y que me recuerda a una conferencia de Katsumi Komagata en la que se le por la fragilidad de algunos de sus álbumes (y su precio) por parte de una maestra. Me gustó su respuesta (tan zen): también debemos enseñar a relacionarnos con los libros con delicadeza, de la misma manera que debemos tratar a las personas. Juegos con el volumen, la tridimensionalidad en la flor de la última doble página y como la secuencia de conceptos se finaliza en la contracubierta cuando cerramos el libro. Una auténtica joya para primeros lectores a los que además se le acerca desde una propuesta visual en la que las siluetas, los contrastes entre colores y el minimalismo expresivo alcanza una gran resonancia. Un juego con las formas que en la literatura infantil indudablemente nos llevan hasta el clásico de Leo Lionni, Pequeño azul y pequeño amarillo o en el arte, al movimiento De Stijl o al minimalismo abstracto.



La siguiente muestra de su concepción del libro como una experiencia abierta a la exploración se encuentra en Bloom publicada por la sensacional editorial Éditions du Livre (en la web leemos: libros de artista para niños) y les invito a que exploren su catálogo con libros que también proponen un juego. Ejemplos notables como Hello Tomato de Marion Caron y Camille Trimardeau, la colección reseñada hace tiempo en el blog de Antonio Ladrillo (con Dots, Colors, Lines, Spaces, Strips) o los juegos visuales de Fanette Mellier. Un ramo de flores que manipulamos y donde se superponen los colores, los pétalos nos ofrecen nuevas posibilidades como si del vuelo de una mariposa se tratase. El mismo vuelo y apertura que alimenta la imaginación y la creatividad. En definitiva, la creatividad es un proceso circular basado en la iteración y en el que la ruptura o alteración de la presentación habitual del soporte ofrece un espacio para la ambigüedad, la exploración, los callejones sin salida y la voluntad por su superación. Siendo conscientes de la importancia de la liberación de un texto o de las restricciones de la direccionalidad única, nos enfrentamos a una obra cuyo concepto es irresistible. 



La trilogía de títulos se cierra con Et j’ai rêvé le jour (Albin Michele Jeunesse, 2021) con una bella metáfora del ciclo y la creación. Su extensión también excede las convenciones tradicionales del álbum de 32-36 páginas hasta alcanzar las 80 con un tamaño más habitual (15 x 20 cm). Desde una narración circular descubriremos y en primera persona descubriremos el paso del tiempo que comienza en la oscuridad del negro, ocupando la doble página (en un tiempo y espacio indeterminado) en el que comenzaremos a reconocer a la voz narrativa (un diminuto círculo negro perdido en esa inmensidad). Las metáforas visuales nos pueden llevar al momento de concepción (ese medio acuoso que se desplaza bajo sus pies) y la explosión (ocupando el centro y la atención como si nos recordase a las lecciones de Molly Bang) que da inicio a este pequeño universo narrativo.

 



Unida a la progresión emocional, el blanco y negro forma parte del inicio de la narrativa y el juego de presentación de formas, colores y nuevos significados emplea también el juego con páginas transparentes para cambiar en el paso de página el sentido a la narración. Un espacio en blanco y negro que nos recuerda a las etapas iniciales del desarrollo de la vista desde el nacimiento (un mundo en blanco y negro que explorar mientras se define el cristalino del ojo). Llegarán nuevas combinaciones, los caminos serán múltiples y aparecerá el color, sus combinaciones mediante superposición, los tamaños, la intensidad, las formas y la construcción desde los elementos más elementales de una mirada más compleja (volvemos a recordar que Little Eyes de Katsumi Komagata también sigue una progresión relacionada con las capacidades de pensamiento y el lenguaje desde la primera infancia). Después, objetos concretos (un guijarro, una hoja) y miles de posibilidades en la combinación y celebración del aumento en la capacidad perceptiva.



Posibilidades infinitas que nos traen flora y fauna, paisajes, días y noches. Siluetas humanas que nos recuerdan a Matisse, el baile de la vida, de los lugares, del lenguaje y de las historias. Historias sin fin (hola, Iela Mari), que vuelven al punto de partida y, ahora, saldremos sin frío y sin miedo. La creación, su representación con una forma circular, la vida (con sus sombras y el caos hasta la luz). Un texto poético y abierto a diferentes interpretaciones filosóficas, pero que no escapan del imaginario del lector infantil y la relación con sus diferentes conceptos. Principalmente, la capacidad de asombro y de curiosidad en sus miradas a través de la acumulación de detalles que se superponen. Una bella metáfora para cerrar los ojos. Tal vez por hoy. Tal vez, para siempre. De nuevo, la concepción visual y su diseño consiguen que ese paso de página revela una sorpresa cada vez mayor y la atención sea permanente. Otra joya de Julie Safirstein con la que cerramos la entrada de esta semana.

También me gustaría aprovechar esta entrada para agradecer el convite a la comunidad del Pipiripao encabezada por Félix Albo esta semana. Fue una grata velada donde compartimos pasiones y opiniones alrededor del álbum y las narrativas visuales. Un gustazo.

Instagram Julie Safirstein

https://www.instagram.com/juliesafirstein/

Web Julie Safirstein

http://www.juliesafirstein.com/

Web hélium editions

https://helium-editions.fr/en/livre/le-jour-la-nuit-tout-autour/

Web Éditions du Livre

https://www.editionsdulivre.com/livre/bloom/

Web Albin Michele

https://www.albin-michel.fr/et-jai-reve-le-jour-9782226448026

 

Fran Martínez

https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 








jueves, 14 de abril de 2022

Entradas en azul. Mario Brassard. A qui appartiennent les nuages? (il. Gérard Dubois).

 

Título: À qui appartiennent les nuages?

Autor: Mario Brassard.

Ilustrador: Gérard Dubois

Editorial: La Pastèque

Año: 2021

Páginas: 96

Dimensiones: 17,8 x 24,1 cm. Tapa dura

Idioma: francés

 


Reseña

La obra À qui appartiennent les nuages? de Mario Brassard fue la ganadora en la categoría de ficción en la última edición de la Feria de Bolonia. Un galardón que inevitablemente despierta la curiosidad entre el público interesado en este tipo de obras literarias. Definida desde la editorial como un álbum, la categorización en este caso resulta algo ambigua como para encerrarla dentro de un tipo de narrativa gráfica. Supongo que son cosas del circuito en el que circulan estas obras y el prisma investigador con el que se aproximen. Sandra Beckett cristalizó a la perfección bajo el término “crossover picturebooks” un concepto para dejar que la libertad artística de estas narrativas posmodernas siguiera empleando recursos de otras disciplinas gráficas, pictóricas y medios. Un término amplio para definir aquello que rompe convenciones de género y que define su espíritu más que el soporte. Ya sabéis aquello de los atípicos en la campana de Gauss o la distribución normal: en general la mayoría de los valores (digamos, álbum) se distribuyen en torno a una tendencia central, pero existen en menor proporción atípicos. Algunos de estos pasarán en algún momento por aquí.



Al texto del canadiense Mario Brassard sirve para reflejar una narración psicológica de las memorias de Mila y sus recuerdos a partir del encuentro con una fotografía de cuando tenía 9 años. Con sutileza crea una metalepsis entre dos momentos diferenciados en el tiempo: el presente y el pasado de sus recuerdos. Esos fantasmas que nos acechan y reconstruimos como un molde de arcilla como espectros y que el autor plasma perfectamente en los recuerdos de Mila entre la realidad y el sueño suspendido en otro tiempo y espacio. De manera sutil, la portadilla nos ofrece la fotografía de la infancia de Mila y nos adentra en una narración en la que el texto nos irá revelando las voces del relato y nos ubicará en aquel instante cristalizado en una imagen. Las ilustraciones de Gérard Dubois estilizadas nos evocan al pasado desde la paleta de color escogida donde los grises tendrán protagonismo y la incorporación del color (rojo y azul) nos reflejará la tensión y calma del relato. El inicio y la resolución del relato tienen una conexión en la ventana de la habitación y el gato de Mila que aparecerá para expresar ese paso de tiempo.



La perfecta combinación del texto encuentra en la ilustración una mirada cinematográfica en la fragmentación de la imagen y las diferentes estrategias de focalización o las atmósferas de cada espacio. En ocasiones, la fragmentación se materializa con viñetas diferenciadas y otras las imágenes muestran una secuencia de movimientos en el espacio de la doble página. La libertad del soporte, ya saben. Mila intenta recordar aquel momento capturado por su padre en la puerta de su casa (la ilustración nos invita a adentrarnos a través de la ampliación del plano hasta llegar a ser parte del objetivo de la cámara que retrata a Mila). Con sutileza su voz nos lleva a ese momento y sus circunstancias como preámbulo que marque el tono melancólico y personal ante la marcha de su hogar.


Los motivos de la marcha se van revelando entre recuerdos de desazón y preocupación que reflejan un clima pre bélico. En ese viaje, dentro de los recuerdos de Mila, traza una línea entre la ensoñación y la realidad. Un sueño, además compartido y que aterra al resto. Una duermevela inquietante que se expresa a la perfección en las metáforas visuales empleadas por Gérard Dubois. De la oscuridad e indefinición de las siluetas, hasta la ampliación del foco para ver las caras abatidas del éxodo de la gente. Estamos acostumbrados a relacionarnos con la memoria a través de cifras y perdemos constantemente la perspectiva de la interrupción de las vidas, tal y como María José Ferrada explicaba cuando hablaba de Mexique: el nombre del barco. Un ejercicio que mantuvo en el poemario Niños y que resulta desgarrador. Así, la focalización y fragmentación permite una mayor sensación de dinamismo dentro de la contemplación de las dobles páginas que espolean al lector. En el sueño que comparten hay confusión con la realidad y se producen situaciones llenas de lirismo, con la tensión entre la libertad y la opresión militar. Esta se refleja en el papel de su tío con su nariz roja de payaso que nos lleva inevitablemente a Charles Chaplin en el que el arte intenta mostrarse como la última frontera: la libertad del arte como puerta de escape frente al odio, como último bastión del alma. El humo, las pisadas, el cuervo negro, trincheras, rifles, chimeneas, la rabia, el miedo, la tensión y el desconcierto. Todo perfectamente secuenciado para mostrar de manera poética y claustrofóbica la desesperación.



Humaredas que se confunden con las nubes, humaredas que reflejan un bombardeo y la incertidumbre de qué habrá pasado con los que vivían allí. La progresión de una humareda que se acerca lentamente y en el que Mila se pregunta a quién pertenecen las nubes, quién es su dueño y nos cuenta cómo las reparte: las blancas, son las que nos pertenecen y las otras (las grisáceas) a los demás. Aunque, por desgracia, cada vez quedan menos blancas. Pesadillas que se materializan, la dureza de la marcha y el éxodo representado en la difuminación de un grupo de siluetas en desplazamiento con un momento en el que Mila nos interpela en sus recuerdos. Nos cuenta que prefiere evitarnos el recuerdo del dolor físico en el cuerpo: ampollas en los pies, hambre, sed y la fatiga de un horizonte interminable. Es suficiente con experimentar aquel dolor como para revivirlo una vez más.


Para cerrar ese momento temporal y volver al presente, reconocemos su presente y algunas de sus momentos en los que ese recuerdo sigue apareciendo inconscientemente en su vida (haciendo cola en un mostrador) y en el que se recuperan elementos simbólicos del pasado. La nariz roja ahora será la pelota con la que juegan los niños en el parque. Reflexiones sobre su pasado en el presente y un cierre que evocará al futuro a partir del paso de las nubes. À qui appartiennent les nuages? es una obra cautivadora en todos sus elementos, donde el encuentro entre un texto profundamente poético encuentra un acompañamiento perfecto en el diseño (ilustración, secuencia, composición visual) de Gérard Dubois. Méritos de sobra para que se alzase con el galardón en la Feria de Bolonia este año. Una obra que sorprenderá y atrapará a toda aquella persona que se acerque a ella y que no podemos más que recomendar. Una obra en el que las narrativas gráficas siguen difuminando fronteras y desafiando convenciones que están hechas para que se las lleve el viento. Wild is the wind.

Por desgracia, en las noticias seguimos viendo imágenes que nos recuerdan a este éxodo y la brutalidad del poder. Parece que los años 20 de este siglo no tienen nubes blancas. 

Volveremos con pájaros.

 

Fran Martínez

[redes sociales]


Enlace editorial La pasteque






martes, 8 de marzo de 2022

Entradas en azul. Marion Kadi. Les reflets d'Hariett

 


Título: Les reflets d’Hariett

Autora e ilustradora: Marion Kadi

Año: 2021

Editorial: L’agrume

Tamaño: 24,5 x 29. Tapa dura.

Extensión: 48 páginas

Idioma: francés

 

 

Reseña:

El periplo del debut de la autora francesa Marion Kadi con su álbum titulado Les reflets d’Hariett (L’agrume, 2021) está plagado de reconocimientos en las ferias más destacadas de la literatura infantil. Primero, su álbum se coló entre la selección final del Salón du livre et de la presse jeunesse (Les pepites) junto a los álbumes Adieu Blanche-Neige (reseñado en el blog), el lisérgico Changer d’air de Jeanne Macaigne, el divertimento con mala uva de Adrien Parlange con Les Désastreuses Conséquences de la chute d'une goutte de pluie y el libro-objeto de un habitual de estos experimentos con la materialidad como Dominique Erhardt que fue alzado como ganador con Esprit, es-tu là? Pero donde alcanzó su álbum el reconocimiento internacional definitivo fue como reciente ganador del Premio Opera Prima en la Feria de Bolonia y donde también se alzó con una mención el álbum de Johanna Schaible que figuraba en aquel repaso a 2021 como el álbum que más me gustó el año pasado (también podéis leer la reseña aquí) con C’era una volta e ancora ci sarà (además de su reconocimiento en la selección de dPictus).


Durante el curso pasado pasaron por el blog otros dos álbumes que fueron premiados y que comparten con Les reflets d’Hariett un tipo de narración intimista con la intromisión de un hecho fantástico en un contexto cotidiano como sucedía en No sin mis cosas preferidas de Sepideh Sarihi e ilustrado por Julie Völk (Lóguez, 2020) y Vecinos de Kasya Denisevich (Editorial Juventud, 2021). Ambos comparten protagonistas femeninas, pero en Les reflets d’Hariett la narración psicológica pasa a ser omnisciente para acompañarnos por el espectacular despliegue de la autora. En algún espacio de las aventuras de Kitty Crowther y el trazo de Georg Barber (ATAK) o el extrañamiento de Sarah Mazzetti, las ilustraciones de Marion Kadi juegan con la expresividad y el contraste de su paleta cromática para una narrativa visual repleta de detalles en cada ilustración. De manera más concisa el veredicto del jurado en su página web en la que hablaban del impacto visual, paleta de colores explosiva y cálida, dinamismo y elección del formato narrativo para cautivar al lector. Podéis leer el veredicto en la Web de la Feria de Bolonia en este enlace.

Tal vez estos días de lluvia en el Levante y el reflejo en los charcos están dominando esta vuelta con la reseña de L’orage de Anne Brouillard y este álbum. Aunque no tengan nada que ver en la construcción del discurso narrativo. La situación inicial comienza sin palabras con la visión del lago a doble página en la que vemos a los peces nadar y el paso a la doble página en la que conocemos al león acostado bajo la luna llena en su orilla. Un león con una vida plena (cazando, comiendo y durmiendo) que descansa en sus últimas horas de vida. El contraste entre el azul y el amarillo nos presenta su último suspiro sereno, en el que su reflejo no quiere seguir este desenlace en soledad. Resulta divertido este contrapunto entre lo corpóreo (la muerte del león) y lo espiritual e invisible con su diferencia en la permanencia. En la siguiente doble página, la vuelta al día y la naturaleza recorriendo con diferentes animales el entorno que no veíamos en la oscuridad de la noche son un plano envidiado para el reflejo del león que se aburre de su permanencia solitaria en el lago.


Esta exploración de un nuevo espacio de permanencia le lleva a valorar nuevas opciones que descarta rápidamente (ni de la flor, ni del pato) y decide emprender la aventura de su nuevo portador de su reflejo. Este elemento de aventura y fantasía se plasma con esa paleta de colores que impregna su cuerpo (anaranjado y azulado con su melena ondulante), en los colores llenos de vida de los pájaros, las flores y las sombras que acompañan a sus movimientos. En ese momento, encuentra una casa en su camino por baldosas rojas y a una candidata perfecta: la tímida Hariett. Esta sería una primera parte introductoria con su pequeño esquema ternario para el león.

Ahora, conocemos a Hariett y sus pocas ganas de ir al colegio. La unidad narrativa se secuencia con libertad entre la doble página y la página sencilla, de la misma forma que la manera de secuenciar la temporalidad con las distintas acciones de Hariett en la misma página. La vista del cuarto y pequeños detalles (el cuadro del bodegón), el espejo en el que se ve la entrada del gato por la puerta de su habitación y el león en la ventana esperando el momento en el que convertirse en su reflejo. En ese momento a doble página tenemos la visión de la lluvia, la divertida estampa del rebaño de ovejas (con un pequeño intruso) y un gato escapando de los ratones en ese mundo peculiar en el que el reflejo se abalanza sobre la sombra de Hariett en el charco (mientras su expresión distraída leyendo no es consciente de dicha circunstancia).

Una vez unidos, Hariett se siente llena de confianza en el camino al colegio en el que nos lo reafirma visualmente interpelándonos directamente con su mirada sonriente en la ilustración. A partir de aquí, su confianza reforzada hace que desaparezca esa desgana para ir cada día a la escuela y con las consecuencias provocadas porque su reflejo se apodera de ella: ahora, las cualidades del león dominan a Hariett. Mientras, disfrutamos de cada detalle en las cenefas del aula (la cadena alimenticia entre la gallina, el caracol y la lechuga) con los detalles marinos en los baldosines del suelo. Cada ilustración nos invita al recorrer sus detalles y seguir su paseo por las baldosas rojas con las curiosas formas de animales en las nubes, el castillo de naipes en su habitación. En último lugar, la confianza plena de la protagonista con su ajuste entre lo que es y parece. El conflicto en la narración de Hariett viene cuando la parte del león domina sus reacciones y debe buscar la resolución a ese conflicto que es narrada de nuevo con pequeños detalles (como la mutación en los motivos de la alfombra en cada ocasión que aparece).


La manera de vertebrar el desenlace con la búsqueda de su reflejo (la búsqueda de su alma, de su voz) y alcanzar la madurez del personaje para buscar el acomodo a esos dos universos dentro de ella: ser ella misma sin renunciar al reflejo indomable del león. El bodegón también ha cambiado. El camino rojo sigue ahí y lo observamos desde la ventana. La tarde se viste de frío y la lluvia nos vuelve a sorprender con sus charcos y el reflejo de los árboles y las aves volando. No vemos a un árbol convertirse en pájaros amarillos, pero asistimos a un precioso viaje al que Marion Kadi nos invita desde dos personajes que se instalan en una pequeña fantasía cotidiana elevada por sus ilustraciones plenas de belleza.



 

Instagram Marion Kadi

https://www.instagram.com/marionkadi/?hl=en

Editorial

https://www.editionslagrume.fr/collections/jeunesse/les-reflets-dhariett/

 

Fran Martínez

Twitter: https://twitter.com/fa_martnez

Instagram: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/?hl=en

 



lunes, 7 de marzo de 2022

Entradas en azul. Anne Brouillard. L'orage



Anne Brouillard


L’orage



Grandir, 1998

 




Reseña.

Días de tormenta. Estruendo y petricor. Llevaba tiempo con ganas de reseñar este libro de la artista belga Anne Brouillard que ya tuvo una entrada en el blog con el magnífico Trois chats. En aquella reseña ya se citaban algunos trabajos teóricos que señalaban la grandeza de un álbum como L’orage. Desde la comparación de Van der Linden (2015, pp. 72-73) de las cualidades cinematográficas con las que se articulan, especialmente, los álbumes sin palabras. En este tipo de álbumes se requiere de un lector activo, pero en el caso de L’orage la complejidad de la composición del espacio y de la secuenciación temporal es todo un desafío. Beckett (2018) también citaba a esta narrativa sin palabras como un perfecto ejemplo de álbumes que desafían fronteras artísticas bajo el término “crossover picturebooks”.

“Wordless crossover picturebooks are multilayered texts that present a complex and enigmatic form of narration with an endless possibility of meanings. Each reader brings his or her own personal knowledge and experience to the interpretation of the visual images and the construction of the narrative.” (p. 213)

Este desafío tridimensional queda perfectamente analizado por Nières-Chevrel (2010) con un capítulo entero en el que desmenuzar cada acontecimiento que nos asalta en la doble página. La organización de la secuencia tomada con libertad y empleando para cada punto narrativo una diferente estrategia de ordenación interna desde la doble página, página sencilla, múltiples viñetas relacionadas en diferentes direcciones de lectura, con páginas previas o con diferentes ampliaciones focales. Inclusive, Meunier (2019) le dedica en un artículo dedicado a la autora un estudio de los movimientos del gato negro durante la narrativa.

Donde todos estos trabajos coinciden es en la ruptura de las dos dimensiones para movernos como observadores entre puertas, habitaciones y espacios. Del mismo modo, el título del álbum nos indica que estamos ante una tormenta (observamos los nubarrones entre la belleza de una tarde en un entorno rural). Cubierta y contracubierta en continuidad dibujan un precioso lienzo que nos remite a un tiempo futuro en la narración. La belleza pictórica de este álbum es otro de los reclamos para una narrativa espectacular como la calificaba Nières-Chevrel (2010, p.130). Ante un acontecimiento que nos resulta familiar, el anuncio de una tormenta, somos capaces de recordar percepciones y memorias de esos acontecimientos. Una tormenta no te puede pillar desprevenido y cuando te sobreviene sin prepararte la confusión e improvisación se adueña de ti. Improvisación suena a música jazz: a Ornette Coleman o Albert Ayler. Una tormenta bien podría ser tan impredecible como el free jazz. Sin duda, L’orage no es una narrativa visual sencilla. 


En Trois chats el aura cinematográfica se construía entre el enfoque y el plano con el suspense al cruzarse las miradas de los peces y los gatos. En Le sourire du loup (1992), con el que obtuvo una mención honorífica en la Feria de Bolonia en 1993, el juego se basaba en el zoom. De un plano panorámico que se amplía hasta llegar a la sonrisa del lobo y hacer una especie de metalepsis visual que nos remite al inicio de la panorámica. Adicionalmente, en el contenido simbólico del lobo como depredador con el color rojo.

L'orage es un álbum inteligente que fragmenta con su mirada el tiempo y el espacio, la secuencialidad y la capacidad de inferir lo que ha pasado en las páginas anteriores en relación con las imágenes presentes. Un álbum de enorme belleza que nos permite sentir la confusión de la tormenta, del sentimiento tanto en el exterior en búsqueda de cobijo, como en el espacio interior del hogar en el que el sobresalto del viento irrumpe entrando por las ventanas. El ensombrecimiento en el que aparece el rayo dividiendo la penumbra del brillo en los cristales. La cualidad tridimensional de la mirada de Brouillard para el espectador funciona para cuestionarle sobre la ubicación espacial en la que se encuentra inmerso. ¿Qué parte está viendo en las panorámicas para ubicar la casa de referencia en la que están los gatos (el negro entrando para esconderse y el anaranjado sorprendiéndose ante el aviso mientras dormía en la banqueta del piano)?. Un juego que se inicia desde el espejo con el que vemos el exterior de la casa y con el que comenzaremos nuestro viaje por los ángulos de su mirada (parece que estemos reconstruyendo la escena como en Blow up de Antonioni). Estos nos revelan los espacios en los que transitan de los felinos, la pareja de jóvenes que se ven sorprendidos en medio del campo o las vacas.


Cada acontecimiento de la tormenta es palpable en sus luces, en la dinámica que anuncia su llegada, el viento, el ensombrecimiento, el rayo, el sonido de las gotas repicando en las ventanas, el goteo incesante en los charcos, ondas expansivas en el cubo, el reflejo del cielo en los grandes charcos en la tierra. Juegos de espejos en un tiempo que fluye hasta unificarse en las últimas páginas y en el que buscar la dirección en el que las dobles páginas nos están revelando nuestra posición como observadores en el espacio. Ese movimiento queda perfectamente descrito por Nières-Chevrel (2010, p.131)

“Anne Brouillard combines this fundamental power of pictures—that is, to tell present time eternally—with the invention of a camera eye. She pictures our presence in the book in the disguise of a camera moving around in a three-dimensional space. The viewer enters a house through a half-open door and goes out of it through the window; he/she circulates at his/her free will.”


Esta reseña también surge como un ejemplo de la complejidad que implica la lectura de un álbum y sobre su análisis exhaustivo siempre se puede acudir a la tesis de Bosch (2015) entre otros trabajos académicos. El curso pasado me interesé por revisar los artículos publicados en lengua inglesa en las bases de datos Scopus y Web of Science y que acabó comprendiendo mi búsqueda al periodo 1975-2020. Esta revisión de artículos (Martínez-Carratalá, 2022) ha sido publicada en el último número de Ocnos. Revista de estudios sobre lectura por si os resulta de interés.

En conclusión, una narrativa visual como L’orage sirve como perfecto ejemplo del nivel de complejidad que implica la alfabetización visual, la comprensión multimodal de las estrategias de la gramática visual desplegadas para compartir un momento reconocible, la tormenta como un crescendo o una partitura. Desde acordes lánguidos y espaciados hasta la tensión narrativa que se desvanece ante una nueva calma en la que acabamos transformados. La lectura precisamente tiene ese poder y en las narrativas visuales no precisa de palabras para crear una obra tan sugerente y expansiva como esta.

Una grandísima joya de Anne Brouillard y que me acompañaba una tarde de tormenta en el campo mientras escuchaba con nostalgia de domingo un disco de Hope Sandoval junto a Colm Ó Cíosóig (piezas de Mazzy Star y My Bloody Valentine unidas) en Bavarian Fruit Bread (2001). Un disco con dos décadas cumplidas y con un sonido fuera del tiempo. Hay otras canciones con las que me gustaría cerrar esta entrada, pero creo que si hablamos de alfabetización visual esta sirve de perfecto colofón:




Referencias

Beckett, S. L. (2018). Crossover picturebooks. En B. Kümmerling-Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picturebooks (pp. 209-219). Routledge.

Bosch, E. (2015). Estudio del álbum sin palabras [Tesis de doctorado, Universitat de Barcelona]. http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/66127

Martínez-Carratalá, F. A. (2022). Álbumes sin palabras: revisión teórica de los artículos publicados entre 1975-2020. Ocnos. Revista De Estudios Sobre Lectura, 21(1). https://doi.org/10.18239/ocnos_2022.21.1.2746

Meunier, C. (2019). Anne Brouillard et le génie des lieux. Textyles. Revue des lettres belges de langue française, (57), 27-42. https://doi.org/10.4000/textyles.3715

Nières-Chevrel, I. (2010). The Narrative Power of Pictures: L’Orage (The Thunderstorm) by Anne Brouillard. En T. Colomer, B. Kümmerling-Meibauer, y C.  Silva-Díaz (Eds), New Directions in Picturebook Research, (pp. 129-138). Routledge. 

Van der Linden, S. (2015). Álbum[es]. Ekaré.




 

  

viernes, 3 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Pablo Neruda e Isidro Ferrer. El libro de las preguntas. Media Vaca

 

Título: Libros de las preguntas

Autor: Pablo Neruda

Ilustrador: Isidro Ferrer

Editorial: Media Vaca

Colección: Libros para niños #14

Año: 2006. Texto: 1974

Páginas: 180

Encuadernación y formato: 18,5 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:




La vida nos espera

a todos

los que amamos

el salvaje

olor a mar y menta

que tiene entre los senos.

Oda a la vida. Pablo Neruda

Comenzamos la reseña con un fragmento de Oda a la vida del chileno Pablo Neruda (otra oda, a una estrella, fue ilustrada por Elena Odriozola), un símbolo de la literatura universal. El Libro de las preguntas fue editado póstumamente y la reedición de Media Vaca es otro ejemplo de la gran labor de la editorial rescatando un texto de gran belleza literaria para un público sin edad. Al igual que sus respuestas a las preguntas que encontraba en la vida se articulaba en sus poemas, el recorrido por las preguntas de este texto nos lleva a un cuestionamiento poético de lo cotidiano y con un humor surrealista. La duda que encierra la inteligencia de la observación y la inocencia del cuestionamiento inquieto de la infancia que nunca debería evaporarse cuando se alcanza la edad adulta. No se puede vivir sin preguntas, lo contrario sería la muerte. Como la de los dogmáticos que lo están en vida. Principalmente en atriles. Coyunturalmente rodeados del eco de sus palmeros. Quizás, retransmitido por Twitter.

“¿Si he muerto y no me he dado cuenta a quién le pregunto la hora?”

Después del golpe de estado el 11 de septiembre (fechas fatídicas, por lo de las torres y Julio Salinas) la salud de Neruda se agravó (y en el despertar de la primavera chilena un 23 de septiembre nos dejó).

“¿Conversa el humo con las nubes?”

Y qué mejor compañía en este viaje poético que Isidro Ferrer, un autor que este año ha publicado en A buen paso la Enciclopedia visual de los sonidos y que por el blog ya pasó su diseño para Un jardín de María José Ferrada, pero también destaco otro álbum al que le tengo un especial cariño: Una casa para el abuelo (textos de Grassa Toro). Un acompañamiento perfecto para ampliar las imágenes mentales que provoca cada pregunta en el lector.

“¿Tu boca besará claveles con otros labios venideros?”

En el recorrido de las preguntas y la extrañeza de las comparaciones crea bellas imágenes en el lector, otras cuestionan y reflejan con mordiente cuestiones políticas y poéticas. La lectura de cada una abre y ensancha el universo del lector:

“¿Dónde termina el arcoíris, en tu alma o en el horizonte?”



La edición de Media Vaca, como es marca de la casa, hace justicia a los textos de Neruda (un pequeño glosario final de términos en orden alfabético, un bello epílogo de Herrín Hidalgo y unas biografías desternillantes al final del libro). Un libro que hace justicia a sus textos al introducirlo en su colección Libros para niños. Porque son lectores exigentes. Porque son lectores a los que no les debemos extirpar el placer literario. Porque quizás nos olvidamos de que nosotros también tenemos preguntas. Y que cuando solo tienes respuestas, estás muerto. Este Libro de las preguntas era otra de las recomendaciones en Noche de tormenta de Michèle Lemieux (Así es la vida de Tomi Ungerer, ¿Qué puedo esperar? de Britta Teckentrup, ¿Qué prefieres..? de John Burningham o el recomendable ¿Adónde vamos cuando desaparecemos? de Minhós Martins y Matoso).

Como perfecta compañía a esas preguntas, sin salir de la editorial Media Vaca, las recopiladas por Roger Omar en Oaxaca: Libro de sueños publicado en 2015 con 99 sueños de niños y niñas de dicha localidad mexicana y que suponía la continuidad en las ilustraciones de estos sueños recopilados por Roger Omar que también fueron ilustrados (entre esos ilustradores, Javier Sáez Castán). Y, saliéndonos de la editorial, las preguntas de Wonder Ponder en las cajas de filosofía visual de Ellen Duthie y Daniela Martagón. La duda como motor poético. La duda como salvavidas. Celebremos con Ferrer y Neruda. Muge, si puedes.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.mediavaca.com/es/libros-para-nianos/libro-de-las-preguntas


lunes, 22 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Quint Buchholz. Duerme bien, pequeño oso. Lóguez

 

Título: Duerme bien, pequeño oso

Autor e ilustrador: Quint Buchholz

Traducción: L. Rodríguez López

Editorial: Lóguez

Año: 1998 (1ª ed.). Orig. 1993

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 27,7 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Debo confesar que siento una especial predilección por Jörg Müller, Anthony Browne, Alfonso Ruano, Javier Sáez Castán, Chris van Allsburg y los autores que evocan a la pintura de René Magritte (entre otros). El alemán Quint Buccholz es un claro ejemplo de esa fascinación con obras como El coleccionista de momentos o Todo tiene su tiempo (última referencia publicada del autor en Lóguez) y, en este álbum para invitarnos al sueño nos adentramos en un universo íntimo en el que describir una serie de rituales para iniciar el sueño (el cuento, la oración, la canción de cuna, los cinco besitos) reflejando toda una serie de pequeños gestos para combatir el miedo a la oscuridad.

Pero, esa noche, el oso no está cansado y hace de vigía desde la ventana de un universo en el que se refleja lo cercano y lo posible, el anhelo por el mañana y todo con un texto dulce de Buchholz en el que seguimos enumerando espacios que bajo la luz de la luna tienen un aspecto melancólico y se envuelven en sus descripciones de un realismo mágico (la aparición de la música), pequeños anhelos y preciosas estampas como el beso a la luna en la ventana. La humanización del pensamiento del oso y la aparición de un niño jugando con una carreta avisan al lector sobre la posible causa del insomnio del oso, falta algo imprescindible para que un oso concilie dulces sueños: ¿verdad?


Si en Buenas noches, luna teníamos una mirada al interior de la habitación con Duerme bien, pequeño oso tenemos una mirada fascinante al exterior con un texto que sirve para espantar todos los miedos y crear un ritual del sueño: fuera todo está en calma, todo está en su sitio y, cada ilustración con su texto en sí ya supone un fragmento onírico de una gran belleza. El detallismo de sus ilustraciones, la creación de reflejos con la ventana del oso, la luz, las atmósferas, el desenfoque del fondo para resaltar la claridad del oso en su caja, los detalles (como Winnie the Poh en un dibujo en la pared o la autorreferencia al faro en El coleccionista de momentos) con las pequeñas historias del espantapájaros, los músicos de la luna o el mensaje que ocultará la carta que flota en el globo (con la que, además, juegan las guardas del álbum). Cada página es una delicia. Un álbum imprescindible y reeditado en diferentes ediciones por Lóguez (en la entrada figura la portada de la 3ª edición de 2011) y, espero, que no deje de editarse.

Portada 2ª edición. 2002


 

Fran Martínez

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https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=127