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martes, 7 de junio de 2022

Entradas en azul. Marie Mirgaine. Kiki en promenade. Les fourmis rouges

 

Título: Kiki en promenade

Autora e ilustradora: Marie Mirgaine

Editorial: Les fourmis rouges

Año: 2019

Páginas: 60

Tamaño: 21 x 27 cm





Reseña

Ahora que nos aproximamos al final de curso recuperaré algunos álbumes que me han llamado la atención en los últimos tiempos, especialmente por el componente de la ilustración. Una de las críticas del año pasado estuvo dedicada a Lucilla de Sarah Mazzetti que fue galardonada en la Feria Internacional de Bolonia con el Premio de Ilustración. El surrealismo de sus formas y la experimentación con el texto en conjunción con la imagen eran un claro ejemplo de la constante evolución en las corrientes artísticas en el álbum. En las próximas entradas pasarán por el blog diferentes ejemplos de la constante expansión artística en este soporte y algún clásico surrealista de Guy Billout.  A fin de cuentas, el álbum no deja de ser un producto cultural sujeto a los cambios en la literatura infantil, pero también de las corrientes artísticas y vanguardias (en forma y contenido).



Este viaje comienza con la autora francesa Marie Mirgaine y el divertidísimo Kiki en promenade (el paseo de Kiki). La dinámica del álbum es una triangulación entre el lector, el texto y la ilustración en la que el divertimento se centra en lo surrealista del paseo. Por una parte, el protagonista (Julien) empieza el paseo con Kiki (su perro) y el paseo apacible (podemos recordar el clásico de Pat Hutchins) comienza a sufrir pequeños contratiempos. Al menos, para la vista del lector: un águila se lleva a Kiki y la sustituye como el animal de paseo. El lector detecta el lado cómico de una serie de relaciones causales (después el tigre sustituirá al águila, el murciélago al tigre,…) que se van sucediendo al pasar la doble página. Los lugares que transita Julien cada vez son más peculiares, pero en ningún momento será consciente de cada cambio que se produce en su animal de compañía. El lector es el que infiere el mecanismo de este juego página a página, cada vez más estrambótico y divertido. Sin embargo, el texto asume esa nueva realidad con la mera descripción de “Julien pasea a su (cada animal que aparece en la narrativa)”. En ese espacio entre texto e imagen que son congruentes hay a su vez un juego de ironía con el lector que se siente cómplice de la acción que Julien es incapaz de apreciar. La carcajada está asegurada a cada paso de página.



Probablemente, ya conocemos diferentes álbumes que proponen este tipo de juego entre el lector y el binomio texto-ilustración, pero donde reside la peculiaridad de este álbum es en las texturas y formas de los personajes representados por Marie Mirgaine. El mismo año, sus libros de artista Fugues y A terre muestran su interés en la exploración de las formas, las texturas y el contraste de los colores para articular una narrativa con tintes dadaístas y nos devuelve a la constante expansión artística que la ilustración tiene en este soporte. Cada nuevo elemento animal, mineral o vegetal tiene un tratamiento que nos invita a mirarlo con calma y detenimiento por la fascinación de sus collages combinando colores y texturas. La combinación del detallismo, casi realista, con la imposibilidad de las formas y colores de otros elementos, visualmente tiene un impacto hipnótico. 



Fruto de esta experimentación, no es de extrañar que recibiera diferentes distinciones como la selección de libros ilustrados en Les Pepites del Salón del Libro de Montreal o la Mención Opera Prima en la Feria de Bolonia en 2020. Un álbum que desata carcajadas entre mi alumnado de 2-3 años en la escuela. Supongo que es un álbum que recoge la importancia del sinsentido en estas edades, que no ofrece ninguna lección moralizante y se centra en el placer de una narrativa que visualmente rompe con la esterilización y simplismo de otros muchos álbumes. De algún modo, la ruptura de estas convenciones icónicas es otro aspecto esencial en la formación de futuros lectores y una autora que pasará próximamente por el blog con más álbumes divertidísimos. 

 

 


 

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web de la editorial

https://editionslesfourmisrouges.com/en/produit/kiki-en-promenade/

Instagram Marie Mirgaine

https://www.instagram.com/mariemirgaineillustration/

 



 

lunes, 6 de junio de 2022

Entradas en azul. Gustavo Puerta Leisse y Elena Odriozola (il.). Sentimientos encontrados. Ediciones Modernas el Embudo

 


Título: Sentimientos encontrados

Autor: Gustavo Puerta Leisse

Ilustradora: Elena Odriozola

Editorial: Ediciones Modernas el Embudo

Colección: Me lo pienso

Año: 2019 (2ª ed. 2020)

Páginas: 42

Tamaño: 34 x 24,5 cm

Reseña


Los álbumes de Ediciones Modernas el Embudo han sido reseñados en diferentes entradas del blog como un ejemplo de propuestas que son plenamente conscientes de incrementar la experiencia lectora en la primera infancia. En esta ocasión, nos remontamos hasta su primera referencia con Sentimientos encontrados que fue galardonado con la Manzana de Oro en la Bienal de Bratislava e incluido en la lista de los White Ravens en su catálogo de 2020. Un álbum que experimenta con el diseño para crear una propuesta de filosofía para la infancia que cuida cada uno de los detalles. De entrada, cada elemento del álbum encuentra una función: desde la cubierta para mostrarnos el exterior de la casa y fragmentada en 16 viñetas. De entrada, la referencia a las aucas en esta división también conecta con referentes más propios del cómic que del álbum por el nivel de fragmentación y al mismo tiempo se presentan como una unidad narrativa en la página posteriormente. El diseño exquisito de las guardas y una contracubierta que da nombre a las diferentes personas y animales que habitan en ese espacio. Una familia, desde el retoño Alejandro, la preadolescente Clara hasta la abuela Martina. Un espacio intergeneracional en el que experimentaremos con una encuadernación en espiral para distinguir tres espacios. En la parte superior el juego se basa en el reflejo del paso del tiempo a partir de un espacio visual fijo que nos servirá para apreciar el cambio a través del paso de página. Ya conocemos La casa de Innocenti, La casita de Virginia Lee Burton, las ventanas en la pareja de álbumes de Jeannie Baker o las láminas de Jörg Müller, como algunos ejemplos de sensación dinámica desde la restricción del espacio como elemento inamovible. Un time-lapse, digamos. Algo que el personaje de Paul Auster, Auggie (encarnado por Harvey Keitel en Smoke) nos mostraba como una de sus prácticas diarias.



En la parte superior izquierda, el paso de tiempo es para un árbol (volvemos a otros referentes: Las estaciones de Iela Mari o Little tree de Katsumi Komagata) con el ciclo de la vida encarnado en el reflejo de las estaciones en sus ramas. En la parte superior izquierda, la casa con sus dieciséis ventanas (viñetas), en dieciséis ilustraciones que pueden funcionar como narrativa visual independiente). Esa parte superior es la que Elena Odriozola borda con su habitual exquisitez, empleando el blanco y negro, para recrear minuciosamente la vida en cada viñeta: la decoración, los cuadros, los estampados, las plantas, los muebles… Y, de nuevo, las ventanas dentro de las ventanas para ver el paso del tiempo sobre un árbol que podríamos pensar que se trata del que aparece en la parte izquierda. También variaciones entre si vemos el interior de la estancia o nos ubicamos en la escalera del edificio. Un despliegue por el que el simbolismo que emplea Odriozola pivota entre lo costumbrista y el surrealismo. Viñetas que mantienen en esos cuatro niveles diferentes relaciones: a veces se relacionan entre ellas y sus personajes, otras reflejan la soledad de estos. El despliegue visual de las ilustraciones permite que el lector deambule por las habitaciones y decida seguir a un determinado personaje para volver y conectar entre las diferentes páginas una cronología de acontecimientos. El lector como detective con divertidos misterios fantásticos (como la página de las máscaras). Una suerte de peeping tom (en honor al metraje clásico de Michael Powell) en el que tenemos diferentes niveles de mirilla en el que adentrarnos en diferentes momentos y horas: la mirilla y el paso de las horas están presentes en las primeras ilustraciones de una viñeta de la planta baja.



Para acompañar a las ilustraciones de Elena Odriozola y establecer un espacio interpretativo lo más amplio y ambiguo posible, los textos filosóficos sobre dieciséis sentimientos (y aquellos asociados a este en una suerte de familia de sinónimos como familia lo son los personajes): nostalgia, miedo, dolor, ansiedad, curiosidad, enfado, vergüenza o placer entre ellos. Un abanico de sentimientos que podemos conectar con algún personaje, asociarlo a alguna viñeta o al contrario. La encuadernación en espiral permite al lector diferentes espacios interpretativos: desde pensar en la congruencia con alguna viñeta o personaje, una relación complementaria más abierta a la interpretación poética o filosófica y en el lado extremos podemos pensar en ellos en oposición. La idea es traspasar la frontera de la lectura convencional para abrazar la libertad del lector individualmente. En definitiva, todos los elementos del álbum (secuencia, ilustración, texto y materialidad) propician la reconstrucción subjetiva de su significado para ubicarlo en un espacio inferencial en el que experimentar con las dos partes de manera completamente libre. Un espacio de diálogo abierto en todos sus niveles. Una auténtica maravilla.

De la misma manera, para acompañar a la lectura se proponen una serie de instrucciones que, lejos de restringirlo, continúa expandiéndolo desde la libertad de una propuesta que está hecha para la reflexión de todos esos sentimientos que encontramos (juego de palabras) y con los que establecemos un diálogo. Finalmente, la inspiración de esos textos de acompañamiento de Gustavo Puerto Leisse hacia obras que van desde Aristóteles a Roland Barthes o de John Locke a Martha Nussbaum. Mientras se suceden estas explicaciones, los elementos ilustrados de Elena Odriozola acompañan aportando humor y candidez que se refleja especialmente en la figura de la abuela Martina que nos saluda de manera corpórea al inicio del libro y como espectro al final. Todo un engranaje perfectamente coreografiado para prestigiar la lectura como un acto reflexivo, abierto y transformador. Un regalo, una joya en un gran catálogo que ha recibido todos esos premios señalados al principio y un álbum esperando sin tiempo a que sea descubierto por cualquier lector. Como titularía Sandra L. Beckett su monografía en 2012: álbumes crossover, un género para todas las edades.


Ojalá cada álbum publicado fuera tan consciente de su necesidad y de la importancia de su calidad (una cuestión que en Media Vaca tienen como forma de ser, por ejemplo). Es una cuestión de esperanza, supongo. Así que parafraseando la última frase referida a ese sentimiento: quizás no sientas la esperanza, pero aun así, creer en ella. En Ediciones Modernas el Embudo creemos.

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 




 

Web de la editorial

https://modernaselembudo.com/libros/sentimientos-encontrados/?v=2fb7284eba87

Instagram Ediciones Modernas el Embudo

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Instagram Elena Odriozola

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Dedicada a Martina




 

martes, 26 de octubre de 2021

Entradas en azul. Junko Nakamura. Lune. Editions MeMo

 

Título: Lune

Autora e ilustradora: Junko Nakamura

Editorial: Éditions MeMo

Año: 2019

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 19 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:


Si ayer paseamos por la noche de la mano de Wolf Erlbruch, la protagonista en estas próximas entradas será la luna. La noche y la luna, elementos que han encendido el imaginario literario y lo han poblado de historias, poemas y tantas otras expresiones artísticas llenas de metáforas y que han tenido una significación simbólica para tantos autores. El ocaso del día para el niño en la literatura infantil ha tenido a la luna como guardiana de sueños y, también, del miedo a la oscuridad. En esta ocasión, el paseo de Junko Nakamura por la noche vigilada por la luna llena es un momento suspendido antes de iniciar el sueño, la calma antes de cerrar los ojos y la belleza de unas ilustraciones que refleja el magistral uso de la superposición de colores sobre ese escenario oscuro de la noche. Uno de sus trabajos más celebrados fue La visite y que la especialista Sophie van der Linden analiza sus técnicas en esta charla titulada El álbum ilustrado como herramienta de educación visual y estética de impresión directa de color y la superposición de imágenes:



Esa belleza plástica de la que habla van der Linden sobre la obra de Junko Nakamura (a partir del minuto 20 de la charla) se mantiene en este hermoso Lune. La cubierta nos muestra la luna en el cielo, el faro y las luces de la ciudad con la belleza del contraste entre colores oscuros y cálidos, el onírico paisaje del reflejo del agua (y como no recordar el poema Media Luna de Federico García Lorca: La luna va por el agua, cómo está el cielo tranquilo, va segando lentamente, el temblor viejo del río, mientras que una rama joven la toma por espejito). La belleza de Lune contrasta con Ce Matin de 2015, un álbum más jovial que retrata las pequeñas rutinas de un oso, y su cubierta nos conduce a la ondulación del mar en las guardas y una voz inicia el recorrido por la noche en el circo: cuando el circo termina su función (tonos azules, rojos y azules junto al blanco iluminan la oscuridad en la doble página), llega la noche. 

Con esas dos pequeñas frases (cuando termina el circo y es de noche) tenemos dos dobles páginas en las que el foco se amplía de un lugar concreto hasta una visión panorámica del puerto y la ciudad. En la siguiente página, tenemos la aparición de los protagonistas: la madre y el hijo de la mano a la salida del espectáculo y la invitación de la mirada del niño para pasar la página: ella debe estar ahí, la luna mirándonos. Una gran luna sonriente atravesada por un gran foco de luz como si fuera una presentación teatral de la protagonista de la función. Conocedora de todos los secretos de madre e hijo y la aclaración, nos movemos atrás en el tiempo, con la luna vigilando la lectura en la cama del pequeño y las tareas de costura de la madre.

Paseamos por el puerto, el silencio de la noche, el barco saliendo del puerto y su despedida. La luna acompañará al navío en su viaje, pero en el paseo por la orilla de la madre y el niño veremos cómo coge en sus manos el agua para tener entre ellas su reflejo suspendido. Y, también, sabedor que la luna permanecerá con ellos hasta que llegue la mañana. Un texto breve, poético, para expandirse en las ilustraciones de la autora franco-japonesa que nos envuelve en un pequeño mantra para abrazar la noche y su belleza. Disfruten del paseo por la noche. Les recomiendo que den un vistazo a sus ilustraciones en la página de la autora: http://junkonakamura.net/lune.html

 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

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Web de Junko Nakamura

http://junkonakamura.net/junko_nakamura.html

lunes, 20 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Laëtitia Bourget y Alice Gravier. La casa en el bosque. Libros del zorro rojo

 

Título: La casa en el bosque

Autora: Laëtitia Bourget

Ilustradora: Alice Gravier

Traducción: Estrella Borrego

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2019

Páginas: 34

Encuadernación y formato: 22,3 x 34 cm. Tapa dura. Libro en acordeón.

Idioma: castellano

Reseña:

Con entradas previas, como el clásico Town and country de Alice y Martin Provensen o el juego de descubrimiento de Mitsumasa Anno en Ocultos en el bosque, nos acercamos a la diferenciación de espacios físicos y ambientes: el entorno rural y la ciudad. El recurso de La casa en el bosque se materializa en el formato como un acordeón reversible en el que tenemos una narración psicológica de un par de hermanos que no vemos en ningún momento, sino que nos ofrece su visión a partir del travelling que se despliega como un acordeón reversible en el que diferenciar dos narrativas: el viaje por el entorno hasta su casa y, en el reverso, el espacio doméstico. En este detallado viaje, las guardas del libro tienen otra función que amplía la narrativa y promueve la mirada detallada sobre elementos presentes en las ilustraciones divididos en los dos entornos reflejados: el muestrario de elementos que buscar en el entorno natural y los del espacio doméstico que obligan a continuar con la naturaleza cíclica del libro que está perfectamente conectado.

Dentro de una narrativa experiencial, estos elementos enmarcados sirven para que elementos secundarios cobren vida para el lector. Es curiosa la elección dado que en la naturaleza se señalan esencialmente la fauna que habita a excepción de dos y, en el espacio doméstico, la mayoría de los objetos señalados son juguetes que, en definitiva, son los objetos que cobran vida a través de la imaginación. El paso de página también juega con el concepto de viaje que ofrece la sensación de continuidad temporal para el lector (una experimentación similar al plano secuencia en el cine). Su narración empieza describiendo el trayecto hasta su casa en el bosque (“Mi casa está en el bosque. Para llegar allí, primero tomamos el tren”) y los entornos y personas que comparten el trayecto (observamos e imaginamos quién puede ser el narrador de esta historia que se dirige acompañado por el uso de la primera persona del plural) entre las que observamos la diversidad de personas que habitan junto a nosotros (desde la variedad étnica hasta estilística con la presencia de un personaje tatuado con el carro de la compra hasta a Nick Cave leyendo su propio libro en el autobús) y, en segundo lugar, la biodiversidad. Así, el plano secuencia de la primera parte es adentrarnos en el viaje como espectadores en el camino hacia la casa donde cada doble página esconde detalles en los que acercarnos e imaginar historias en el exterior.

Una vez que sabemos dónde vive la voz narradora junto a su familia, finaliza una especie de primer acto del viaje para comenzar la lectura del acordeón en su anverso representando las estancias del espacio doméstico (en un estante de libros descubrimos referencias al diseño, a Robert Crumb y artistas como Keith Haring y Joe Coleman) para jugar como un wimmelbook en cada doble página desde la dinámica desplegable, por lo que el formato es un elemento esencial en la narrativa multimodal. De gran formato, es un lujo contar con editoriales como Libros del zorro rojo que decidan apostar por álbumes que representan un reto (cuatro metros de largo) y favorecer la experiencia estética (literaria, visual y material) lectora. ¡Chapeau!




 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

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viernes, 25 de junio de 2021

Entradas en azul. Manuel Marsol. Duelo al sol. Fulgencio Pimentel e hijos

 

Título: Duelo al sol

Autor e ilustrador: Manuel Marsol

Editorial: Fulgencio Pimentel e hijos

Año: 2019

Páginas: 104

Encuadernación y formato: 19 x 25 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Llegan los rigores del verano y seguimos en clave western con otro de los autores que más han centrado las entradas de este año: Manuel Marsol. En diferentes momentos nos dimos una vuelta por sus geniales Yokai y El tiempo del gigante junto a Carmen Chica o junto a Javier Sáez Castán con Mvsevm. Cuando llegue el momento de zambullirnos en el mar recuperaremos otros títulos pendientes como Ahab y la ballena blanca, La leyenda de Don Fermín y esperaremos su nuevo lanzamiento con Astro (que incluso derivó a proyecto de videojuego). Su actividad ilustrando goza de prestigiosos galardones y también ha dedicado libros a su ciudad en la serie de la editorial de André Letria, Pato Lógico, A minha ciudade. Ilustraciones para el maravilloso fin de la trilogía de Richard Ford con Canada (vejez del icónico Frank Bascombe que se inició con la no menos icónica novela El periodista deportivo), ilustraciones para las reediciones de novelas de Paul Auster o para la novela La tiranía de las moscas de Elaine Vilar Madruga en 2021. Mientras llega el momento de su nuevo álbum seguimos con el repaso a sus maravillosos álbumes como este ambicioso (por extensión) Duelo al sol que supone uno de sus libros más amenos y cinematográficos desde el diseño como en el paso de sus páginas para crear esa secuencia visual que dura desde el amanecer hasta el anochecer (el sol y la luna como prólogo y epílogo del espacio narrativo).

El uso de la iconografía de los títulos de crédito con los años en números romanos y la flecha y el revolver guiándonos por su particular comedia que nos regala en cada doble página el fotograma de aquellos elementos típicos del western: las barrillas rodando (tantos nombres definen a las bolas del oeste), el escenario silencioso con el resto de un bisonte y la serpiente de cascabel abriendo el plano en la siguiente página, los pies descalzos del indio y, al otro lado de la doble página, las botas del vaquero, el arco apuntando a la derecha, el revolver Colt 45 a la izquierda. Primeros planos con las caras de los adversarios y…(¡un pato!). Este será el mecanismo inicial del libro para generar el suspense típico de esas escenas de las películas del Oeste que se dilataban en el tiempo con planos de miradas, del entorno, la banda sonora (que en mi mente siempre será propia del spaghetti western de Morricone y los punteos de Bruno Battisti D’Armario, especialmente en las pelis de Sergio Leone) y la cara de ese pato que me traslada a mi infancia con el videojuego Duck Hunt.


Estas situaciones se repetirán con la aparición de elementos que despistarán a los retadores de su tarea programada para esa mañana (me recuerda a El caballero impetuoso de Gilles Bachelet en esa humorística forma de ralentizar el clímax del enfrentamiento). El plano general con el cielo azul y el río dividiendo la posición de cada personaje en la doble página, con su diálogo hilarante, cambios de los primeros planos de perfil a frontales y nuevos datos reveladores (la bandolera del revolver, los cactus, el sombrero con una cagada del pato, los buitres amenazantes buscando carroña, sus caballos,….) hasta la resolución final con la aparición de Gran Jaleo (el gran bisonte). Finalmente, ambos compartirán el mismo lado de la página, compartirán la puesta de sol y la promesa de retomar un reto pendiente (que por la coda final sabemos cómo seguirá).


Una divertidísima comedia y el cierre final con paratextos simulando los títulos de crédito de una película (con sus divertidos nombres, Trueno Tranquilo y John Bill Arizona, todo rezuma un aire deudor del universo western). Como no, el recuerdo a Sam Peckinpah (míticas Bring me the head of Alfredo García  o Grupo Salvaje, que curiosamente también fue el nombre de una banda que surgió de las cenizas de Pribata Idaho o, con su título en inglés con The wild bunch, también nos trae recuerdos musicales de Bristol) y a Ennio Morricone a modo de juegos de palabras del tipo Lina Morgan Freeman o Luis Eduardo Autechre. Como aclaración final, ningún animal resultó herido.


Sobre las diferencias entre la obra ilustrada de Crowther y Peter Elliott de ayer y este álbum hay algunas cuestiones que comentó Manuel Marsol en su charla como la censura soterrada de diferentes aspectos como la presencia de armas o la imagen del nativo americano. El duelo de lo políticamente correcto quizás es el elemento más nocivo, especialmente cuando se reduce la capacidad del pensamiento simbólico de la infancia a las problemáticas racionales adultas, especialmente cuando es ese el origen de aquellos males. En definitiva, un álbum alejado de esas cuestiones y que representa con humor la cantidad de cosas que les unen a los protagonistas más que los separan en su condición humana. Un álbum divertidísimo y, como es marca de la casa, de una gran belleza que ya va por su cuarta edición en Francia (donde se publicó originalmente en 2018) y que recomiendo la visita por las ilustraciones sin publicar (presentadas en la Feria de Bolonia en 2016) bajo el título Western Scenes 2015-2017 (imágenes del oeste que, recientemente, en su Instagram también incluyen dinosaurios)

Como siempre, muy recomendable la playlist para este álbum que propone Manuel Marsol en su página (desde bandas andaluzas como Pony Bravo o Guadalupe Plata, clásicos levantinos como Polar hasta el cruce al country con Gram Parsons, Emmylou Harris, Cowboy Junkies o clásicos de las bandas sonoras como Morricone, Bacalov o Dimitri Tiomkin que curiosamente fue el que puso música a un western titulado Duel in the sun dirigido por King Vidor en 1946). Pero, lo que pide el verano es este bello corte de la banda The Outlaws (sello Joe Meek de garantía) de su disco del 61, Dream of the west.



Fran Martínez

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Web de Manuel Marsol

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Instagram Manuel Marsol

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viernes, 18 de junio de 2021

Entradas en azul. Germano Zullo y Albertine. El presidente del mundo. La marca editorial

 


Título: El presidente del mundo

Autor: Germano Zullo

Ilustradora: Albertine

Traducción: Delfina Cabrera

Editorial: La marca editora

Año: 2019

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 23 x 31 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El tándem Zullo-Albertine nos acostumbra con historias hilarantes, a veces optando por la ternura, otras por cuestiones existenciales y sobre el legado (Los pájaros, Mi pequeño) y en la mayoría de las ocasiones, con un sentido del humor peculiar (Dadá). Un humor que refleja con ironía ciertas convenciones sociales y estereotipos (La playa, SOS Televisión) y el discreto encanto de clase (Los rascacielos). Una serie de títulos que ojalá siguen traduciéndose al castellano dentro de su amplio catálogo de referencias (incluso abordando la temática adulta) gracias a la exposición que Albertine ha conseguido gracias al Premio Andersen en 2020.

Con El presidente del mundo, volvemos a un terreno que no es frecuente en la literatura infantil como el reflejo de la política (aunque existentes, estos días recuperaremos los excelentes títulos de la editorial Media Vaca) y una manera de crear una pequeña historia en la que acercarnos a cuestiones en las que nos reconocemos como ciudadanos al leerlas. Al lector infantil, le atraerá la aparición de un personaje que hará irrupción como gran peligro para el presidente del mundo. Como adultos que acompañan, recordaremos muchas de las dinámicas de la clase política y su habitual proceder. En este sentido, leyendo este álbum me lleva hasta una serie como The Wire y el momento en el que el personaje del nuevo alcalde (Tommy Carcetti en la ficción interpretado por Aidan Gillen) de Baltimore se encarga de sus nuevas competencias y cómo a nivel sistémico se refleja cómo intentar pasar la pelota o “el marrón” al chivo de turno. Cuestión de mantener las apariencias y al acecho el resto de los representantes esperando el momento para mover sus piezas. El reflejo en la ficción de una práctica extendida y un sálvese quién pueda llevado a la vida pública. El escaso encanto de la clase política y la sombra del poder.



Esto se traslada al álbum de manera implícita, con una estampa digna del disparate de la clásica cinta de Kubrick ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, aunque sátiras políticas podríamos escoger unas cuantas. El inicio del álbum prescinde de texto, pero no está exento de evocación sonora: el burbujeo en el lago de “algo” escondido en el fondo del mar. En la siguiente imagen, los faustos para recibir a la limusina oficial del presidente del mundo con su maletín de trabajo. A partir de este momento, el teléfono empieza a sonar. La agenda diaria, la secretaria con todos los preparativos y en la mesa una pila de tomos de asuntos pendientes: leyes, secretos de estado y asuntos clasificados como importante, confidencial, urgente y privado. Hasta aquí, todo normal.

Pero la rutina de este señor, el presidente del mundo, será atender a un sinfín de llamadas de 13 teléfonos que no cesa de sonar. Ni una buena noticia: desempleo, medioambiente, epidemia de gripe en expansión, huelga, hambre,…hasta contabilidad B. Todo empieza a desmoronarse y, ya conocemos qué surge en el lago del inicio del álbum y su procedencia: el lago recóndito (Allarriba) donde se lanzan y desechan todos aquellos asuntos controvertidos (¿las cloacas del Estado, podríamos decir?). El mundo se desmorona, pero lo importante en la agenda es conseguir el poder, el ego personal por encima de la responsabilidad y la acción. El no hacer nada hasta que la cosa amaine. Salvar el culo.

Hasta que un día, las palabras vacías no son capaces de silenciar los problemas. Ni ocultar todo aquello que está a la sombra. Algo así hemos vivido en estos tiempos. En la parte final, aparece la madre del presidente del mundo para profundizar en la ironía y la fragilidad del personaje que, aunque haya conseguido el lugar más alto, tan solo es la cara de problemas más profundos y que tan solo acabará consumiéndolo a él como cabeza de turco. Y, como no, eso también será televisado. Ya saben, como cantaría Gil Scott-Heron, que la revolución no será televisada (con esa línea de bajo que tan bien conocen Stereolab). Siempre es un placer encontrar libros que, bajo la apariencia de sencillez del formato, permiten el cuestionamiento de temas más complejos. Como empezamos hablando de The Wire, esta canción de Tom Waits sirve de perfecto broche y ya sabéis: si quieres salvar tu alma, debes esconder al demonio en el fondo del hoyo (o el lago de Allariba).




Fran Martínez

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martes, 8 de junio de 2021

Entradas en azul. Beatrice Alemagna. Gisela de cristal

 

Título: Gisela de cristal

Autora e ilustradora: Beatrice Alemagna

Traducción: Palmira Feixas

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2019. Original: 2002

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Intentando conectar referencias y reseñas, ese final en el que el abuelo en Mejillas rojas (Janisch, 2006) se volvía transparente, momento para recuperar una joya ilustrada de Beatrice Alemagna y su Gisela de cristal. La categorización del álbum de esta manera no es gratuita, sino que se incluía en las 100 joyas de la literatura infantil ilustrada de Martin Salisbury (2015, pp.164-165), donde repetía con otro título que no ha sido publicado en nuestro país como Jo signe garçon (2010) o la inclusión en la obra de Van der Linden (2015) con Un león en París (SM, 2007). Una autora que cuenta con diferentes galardones y cuenta con una colección de referencias que la aúpan como una de las grandes ilustradoras contemporáneas. Clásicos como Los cinco desastres (A Buen Paso, 2014), sus títulos para pequeños lectores como Mi amor (FCE, 2009), Buen viaje Bebé (A Buen Paso, 2015) o los títulos derivados de El país de las pulgas (Phaidon, 2009). También conectamos con este título con Gianni Rodari, en diferentes ámbitos. Por un lado, como ilustradora de sus textos como Uno y Siete (SM, 2001) o en su reciente reilustración de Confundiendo historias (con Caperucita y la narración del abuelo como protagonistas) del que conocemos la versión de Alessandro Sanna y que, conmemorando el 100 aniversario del nacimiento de Rodari, se volvió a reeditar con sus ilustraciones (A sbagliare le storie, editado por Emme Edizioni en 2020).

Caminos de la tradición oral que por sus publicaciones en Instagram tendrán a Blancanieves como protagonista de su próximo álbum con Farewell Snow White (Adieu Blancheneige) que aguardamos con expectación. Además, dentro de esas re-ilustraciones de cuentos de Rodari, podemos establecer una conexión con Jaime de cristal (editador por el genial Javier Aramburu y editado en SM). Este Gisèle de verre fue publicado originalmente en 2002 y, tenemos la suerte de disfrutar de esta reedición gracias a la labor de Libros del Zorro Rojo, un libro que además tiene una edición muy cuidada desde la exploración de la materialidad de la página con hojas transparentes con las que observar las fases del crecimiento de la protagonista.


La calidez del diseño de las guardas y el trazo característico de la autora en la forma de representar a sus personajes, explorar las técnicas de collage en sus escenarios, las perspectivas y tamaños desde la voz omnisciente de un relato que sigue con la estructura narrativa de los cuentos con un inicio que nos coloca en un lugar indeterminado (cerca de Bilbao y de Florencia). Un personaje transparente, de cristal, en la que todos pueden ver a través de ella e incluso convertirse en el centro de atención de los demás, que se acercan a ella como si fuera una atracción de feria (podemos recordar en este momento la película Freaks). Como un reflejo del pensamiento infantil con una cuestión fantástica como puede ser: ¿qué pasaría si puedes leer la mente de los demás? A Gisela, esa cualidad extraordinaria, acaba por atraer a mirones y curiosos. La fragilidad y una metáfora sobre la exposición, sobre la autoestima.


Un relato que aborda desde las magníficas ilustraciones estas cuestiones, pero que es un cuento que conecta con los estados de ánimo que pueden rodearnos puntualmente: sufrir la presión de los demás, imponerte la visión correcta del mundo (algo muy habitual en redes sociales) que nadie vea más allá de la apariencia, el respeto. Retos que nunca nos abandonan. Un álbum especial.

 

Fran Martínez

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Referencias

Salisbury, M. (2015). 100 joyas de la literatura infantil ilustrada (1a ed. en lengua española). Blume.

Van der Linden, S. (2015). Álbum[es]. Ekaré.

lunes, 24 de mayo de 2021

Entradas en azul. Maurice Sendak. En el vertedero con Juan y Pedro. Kalandraka

 


Título: En el vertedero con Juan y Pedro

Autor e ilustrador: Maurice Sendak

Traductor: Miguel Azaola

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2019. Original: 1993

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 26,5 x 20,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

 

Reseña:

En las entradas de esta semana la temática se centra en la reflexión sobre temas complejos como la pobreza, el reflejo de las sociedades de consumo y sus sombras en el discurso LIJ. Uno de los motivos es la participación en el I Congreso Internacional: Hábitos de Lectura y Temas Fracturados en la Literatura Infantil y Juvenil con una comunicación relacionada con esa temática, pero después de las imágenes que hemos visto en la frontera de Ceuta cobra un sentido especial la selección de reseñas que tenía programadas para esta semana.

Sobre la obra de Maurice Sendak, en esta nueva etapa del blog, se han reseñado clásicos como La cocina de noche o se le dedicó una entrada el Día Internacional del Libro Infantil cuya temática era la música. Con En el vertedero con Juan y Pedro recuperamos la musicalidad en el lenguaje poético que Maurice Sendak hace referencia a la tradición oral o el empleo de textos breves rimados en sus libros como en Hector protector y cuando yo iba por el mar (Alfaguara, 1987) o su colección de libros que contaron con la traducción de Gloria Fuertes: Sopa de pollo con arroz, El uno era Juan o Lluvia de cocodrilos y que reeditó Kalandraka en su labor de recuperación en su colección Libros para soñar.


En esta ocasión, vuelve a dos retahílas tradicionales para abarcar las sombras del discurso infantil, como la pobreza. Unas sombras que estaban presentes en el imaginario de la literatura popular desde su transmisión oral, con un componente subversivo como ya señalamos en Lucilla (Mazzetti, 2020), en el que se reflejaban las preocupaciones y valores de otra época. Libros con una temática controvertida por una concepción regresiva de la infancia por parte de las personas adultas que infantilizan el discurso para alejarles de los aspectos más controvertidos. Beckett (2018) señalaba sobre En el vertedero con Juan y Pedro la capacidad del autor para emplear un texto rimado que rebajase la carga de las imágenes, pero que permitía su reflexión sobre temas complejos, dado que la tendencia es a invisibilizarlos, que se materializan en sus páginas. Y, principalmente, la capacidad de la infancia para exponerse a estos aspectos que son controvertidos para los adultos (porque racionalmente los metemos debajo de la alfombrilla con indiferencia) y despierta la empatía desde el simbolismo de la infancia. En definitiva, conecta con las imágenes que hemos presenciado en la frontera estos días. Sipe (1999) también señalaba este tipo de instrumentalización de los valores que se aplican en la LIJ y el papel del autor en este reflejo como denuncia y crítica a una realidad que prefiere mantenerse a la sombra de la infancia. Ejemplos como Sendak, Tomi Ungerer (protagonista mañana), Wolf Erlbruch o Kitty Crowther como algunos de los estandartes más incómodos en el terreno de la LIJ justamente por esa concepción de una infancia competente para reflexionar sobre su realidad. En ese sentido, Sipe (1999) apuntaba: “It would seem important for children to understand the stance of the author in order for the book to achieve its greatest effect.” (p.121). Me parece un consejo muy apropiado.


El reflejo de la pobreza en estas dos retahílas infantiles de la tradición oral (In the dumps y Jack & Gye) anglosajona (y cuyo título decide colocarlo Sendak en la contracubierta).

In the dumps

We are all in the dumps,

For diamonds are trumps,

The kittens are gone to St. Paul's.

The babies are bit, The moon's in a fit,

And the houses are built without wall

 

Como Neumeyer (1994) señalaba, bajo la apariencia inocente de un texto rimado, Sendak emplea visualmente un despliegue que resulta desasosegante y con el uso de textos que se incluyen en las ilustraciones para realizar su crítica a las críticas condiciones de vida (emplea bocadillos para los diálogos breves, las cajas, los letreros y las páginas de los periódicos para construir un horizonte de críticas a una sociedad ajena a las consecuencias de la exclusión social) y algún guiño a sus monstruos en la camiseta de uno de los niños en la primera doble página (además de dos músicos de gran admiración para Sendak que aparecerán como referencia en el álbum). Posteriormente, la letra de las rimas se reproduce y se modifica a través de las imágenes con la aparición de las ratas en el rapto de uno de los pequeños y los gatos, y fragmentos nuevos con el texto rimado en los diálogos de los bocadillos. La imagen de la luna, vigilante y titulares en los periódicos que nos siguen resultando de actualidad (en los años 90, dentro de la naturaleza circular de la economía, también fue un contexto de crisis económica o la Guerra del Golfo).

La segunda parte, para Juan y Pedro:

Jack and Gye

Jack and Gye,

Went out in the rye,

And they found a little boy

 With one black eye,

 Come, says Jack,

Let's knock him on the head.

NO, says Gye,

 Let's buy him some bread;

you buy one loaf

And I'll buy two,

And we'll bring him up

As other folks do.


Remite al texto original y sirve como punto de resolución del conflicto que se inició en la primera parte e interpela a la solidaridad y empatía a través de imágenes oníricas cargadas de simbolismo (el final con la vuelta es de una gran belleza) en un libro con unas ilustraciones que maravillan en cada detalle, su minuciosidad y, como apuntaba Neumeyer (1994), esa salvación triunfante conecta con la cubierta y la decisión de poner los títulos en la contracubierta: un nuevo inicio en el que leemos en la portada los deseos para el futuro. La obra de Sendak es sencillamente maravillosa por muchas razones, pero siempre prestigiando al lector y, como no, al formato álbum como mensajero ético y estético imprescindible. Maestro.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

 https://www.kalandraka.com/en_el_vertedero_con_juan_y_pedro-978-84-8464-365-4-castellano-2499.html

Referencias

Beckett, S. L. (2018). Crossover picturebooks. En B. Kummerling Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picture books (pp. 209-219). Routledge.

Neumeyer, P. F. (1994). We Are All in the Dumps with Jack and Guy: Two nursery rhymes with pictures by maurice sendak. Childrens Literature in Education, 25(1), 29–40. doi: https://doi.org/10.1007/BF02355343

Sipe, L. R. (1999) Children's response to literature: Author, text, reader, context, Theory Into Practice, 38 (3), 120-129, doi: https://doi.org/10.1080/00405849909543843