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jueves, 31 de marzo de 2022

Entradas en azul. Vladimir Radunsky. Manneken Pis: a simple story of a boy who peed on a war

 

Título: Manneken Pis: a simple story of a boy who peed on a war

Autor e ilustrador: Vladimir Radunsky

Editorial: Simon & Schuster

Año: 2002

Tamaño: 22 x 28,5 cm. Tapa dura.

 




Reseña

Estos días se recuperan muchas lecturas para dialogar sobre el conflicto y la guerra. Hay títulos para todos los gustos: desde la moralidad vacía hasta el enfrentamiento con la realidad más crítica. No es mi propósito redundar en estas selecciones de lecturas recomendadas, sino mostrar un título con el que disfruto mucho en el aula. Hay varios elementos que me interesan a priori: las alusiones artísticas y la censura moralista sobre la desnudez. Recordamos que en títulos como La cocina de noche de Sendak ponían el grito en el cielo por mostrar los genitales en la ilustración. Recordamos otras: las estrellas amarillas, los bigotes fascistoides de los cocineros o el que metieran en un horno al bueno de Miguel.


La narrativa de este álbum plasma una de las versiones sobre el Manneken Pis (también incorporaron en Bruselas a la versión femenina: Jeanneke Pis), la fuente de bronce de un niño orinando en Bruselas. Las ilustraciones de Radunsky optan por la explosión de color, el collage y el primitivismo en sus personajes como signo distintivo. Por desgracia,  muchos de sus títulos no se han traducido al mercado español (lo último que se publicó fue en la editorial Takatuka para el texto de Jennifer Berne con Sobre un rayo de luz: una historia de Albert Einstein). Sus historias contienen un tono humorístico y con tendencia al sinsentido. Evidente con An Edward Lear alphabet (1999), pero su obra incluye también el interés por la exploración de la materialidad en primeros lectores, el juego con onomatopeyas para la construcción de la narrativa en Yucka Drucka Droni (1998) y especialmente con fragmentos de Woody Guthrie en una pequeña colección. Woody Guthire y Edward Lear. Con estos dos nombres podríamos sumar aquello que Kimberley Reynolds definía en 2007: politics of nonsense.



La narración de Radunsky busca la complicidad con el lector desde la primera página, con su voz omnisciente y las fórmulas de la narración oral para ubicar en un tiempo desconocido al lector, como buena leyenda que es este Manneken Pis. “Hace mucho, mucho tiempo, había una pequeña y bella ciudad detrás de un gran muro de piedra. Tenía esta apariencia”. Esta frase marca perfectamente el tono de un álbum que funciona a la perfección para ser narrado en voz alta (además de la rítmica aparición de onomatopeyas y las repeticiones para enfatizar). También el juego con el tamaño de la tipografía para resaltar los conceptos clave en ese universo. Todo cuenta en el soporte, ya lo saben.



En este caso, la historia que conoció Vladimir Radunsky en Bruselas acabó plasmada con la interrupción en el fulgor de la guerra de la meada de un crío (la ausencia de nombres propios es otro marcador habitual de la narrativa de tradición oral) desde lo alto de la azotea. De nuevo, acota en esa imagen para buscar el efecto humorístico: “Por favor, perdonadle. Era solo un niño pequeño”. Un bello rayo de orina que salpicando el suelo representa el amanecer y el efecto desternillante en los bandos enfrentados. Una historia divertida y que conecta con otro título posterior centrado en esta temática pacifista: What does peace feel like? (2004).



En ese título podrás conocer a qué huele la paz (a flores en una sala de estar familiar), cómo se ve (como un gato y un perro descansando en su canasta) o cómo suena (como el gruñido de un soldado oso cuando le atraviesa una flecha amorosa de Cupido)… Con Manneken Pis, encontramos un ejemplo de lo que Clementine Beauvais titulaba en 2015, The Mighty Child.  En definitiva, la naturalidad de la visión de la infancia para desmontar la estupidez del mundo adulto (ya sea escondido o no).

Y, de regalo, les dejo con otra meada desde la azotea ilustrada por Janosch.

 


¡Ay va, muchachada! ¡Qué chorrazo!



 


lunes, 22 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Quint Buchholz. Duerme bien, pequeño oso. Lóguez

 

Título: Duerme bien, pequeño oso

Autor e ilustrador: Quint Buchholz

Traducción: L. Rodríguez López

Editorial: Lóguez

Año: 1998 (1ª ed.). Orig. 1993

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 27,7 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Debo confesar que siento una especial predilección por Jörg Müller, Anthony Browne, Alfonso Ruano, Javier Sáez Castán, Chris van Allsburg y los autores que evocan a la pintura de René Magritte (entre otros). El alemán Quint Buccholz es un claro ejemplo de esa fascinación con obras como El coleccionista de momentos o Todo tiene su tiempo (última referencia publicada del autor en Lóguez) y, en este álbum para invitarnos al sueño nos adentramos en un universo íntimo en el que describir una serie de rituales para iniciar el sueño (el cuento, la oración, la canción de cuna, los cinco besitos) reflejando toda una serie de pequeños gestos para combatir el miedo a la oscuridad.

Pero, esa noche, el oso no está cansado y hace de vigía desde la ventana de un universo en el que se refleja lo cercano y lo posible, el anhelo por el mañana y todo con un texto dulce de Buchholz en el que seguimos enumerando espacios que bajo la luz de la luna tienen un aspecto melancólico y se envuelven en sus descripciones de un realismo mágico (la aparición de la música), pequeños anhelos y preciosas estampas como el beso a la luna en la ventana. La humanización del pensamiento del oso y la aparición de un niño jugando con una carreta avisan al lector sobre la posible causa del insomnio del oso, falta algo imprescindible para que un oso concilie dulces sueños: ¿verdad?


Si en Buenas noches, luna teníamos una mirada al interior de la habitación con Duerme bien, pequeño oso tenemos una mirada fascinante al exterior con un texto que sirve para espantar todos los miedos y crear un ritual del sueño: fuera todo está en calma, todo está en su sitio y, cada ilustración con su texto en sí ya supone un fragmento onírico de una gran belleza. El detallismo de sus ilustraciones, la creación de reflejos con la ventana del oso, la luz, las atmósferas, el desenfoque del fondo para resaltar la claridad del oso en su caja, los detalles (como Winnie the Poh en un dibujo en la pared o la autorreferencia al faro en El coleccionista de momentos) con las pequeñas historias del espantapájaros, los músicos de la luna o el mensaje que ocultará la carta que flota en el globo (con la que, además, juegan las guardas del álbum). Cada página es una delicia. Un álbum imprescindible y reeditado en diferentes ediciones por Lóguez (en la entrada figura la portada de la 3ª edición de 2011) y, espero, que no deje de editarse.

Portada 2ª edición. 2002


 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=127

martes, 2 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Antonio Skármeta y Alfonso Ruano. Insomnio. SM

 

Título: Insomnio

Autor: Antonio Skármeta

Ilustrador: Alfonso Ruano

Editorial: SM

Año: 2002

Páginas: 30

Encuadernación y formato: 21 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Seguimos con noches en vela en esta historia del chileno Antonio Skármeta (nacido en Croacia en 1940) y sensacionalmente ilustrado por Alfonso Ruano como hizo con la traslación de un texto del autor chileno para alumbrar el emblemático La composición. Y como no, aprovechando para citar al creador de este espacio, se recomienda la lectura del artículo Educación literaria, pensamiento crítico y conciencia ética: La composición, de Antonio Skármeta (Llorens Gracía y Terol Bertomeu, 2015) en el que, a partir de La composición, nos pone en relevancia la situación política chilena durante la dictadura de Pinochet y el exilio de Skármeta, la censura que sufrió la literatura infantil (como ya se mencionó en la entrada de Doña Piñones) y la pesadilla de encontrarse de cara con la represión y acabar “desaparecido”.

Con Insomnio entramos en un espacio surrealista y que, en manos de Alfonso Ruano (autor del célebre El guardián del olvido) se convierte en un placer artístico contemplar sus ilustraciones (con esa influencia de Magritte entre otros) el relato de un niño insomne (que nos mira directamente en la primera ilustración para establecer una conexión con el lector y anticiparle: esta lectura será una travesura) que: “Temía que si cerraba los ojos, no vería alguna maravilla que podría ocurrir en cualquier momento”. A partir de ahí, empieza la sucesión de hechos maravillosos que podrían materializarse en su habitación (Ruano cambia la vista de la habitación desde las alturas) como que le doliera la cabeza a una aspirina o que un queso se comiera a un ratón. El sinsentido que nos remite al pacto de fantasía y humor surrealista A través del espejo.


La habitación, con el reconocimiento de sus elementos y referencias pictóricas que inserta Ruano, sirve como un espacio en el que los detalles nos introducen en nuevas historias (la habitación como un ente vivo y cambiante: si en la ilustración anterior el volcán entraba en erupción, en esta tan solo se ve el humo salir por su boca). A cada bostezo del niño que no quiere dormir, se suceden situaciones como tragarse por su boca un tren (la referencia a Magritte es palpable en esa doble página) y, en sucesivas ilustraciones se refleja la larga ristra de cosas que entrarán por su boca en cada bostezo (desde dos bailarines de tango, una serpiente que bailaba rap o una princesa que perseguía a un sapo). En esas imágenes observamos como los cuadros se vacían en la habitación y, esos bostezos tragones, y la búsqueda de alguien que aporte una solución: el padre, un doctor y, la madre, a la abuela. Referencias lisérgicas que se amontonan (inclusive al Sgt. Peppers de The Beatles) y se incluye un divertido trabalenguas a partir de la ruptura del termómetro en la toma de temperatura al niño del médico: “Ahora, sin termómetro, estoy destermometrado y sin posibilidad de entermometrarme esta noche”.

La serpiente rapera: Snake D y su Fear of a Snake Planet

De nuevo, el niño nos vuelve a mirar a los lectores mientras observamos la marcha del doctor (de espaldas) por la puerta de la casa. Continúa la enumeración (y parece un homenaje a Sisa en Qualsevol nit pot sortir el sol y esa Els seté cel). La resolución del bucle llega y, de nuevo, el final de la historia del niño que no quería dormir se convierte en un final abierto que rompe la cuarta dimensión del lector. Y, un remate irónico: “A mí me gustan los cuentos fantásticos”. Un álbum que sobrevuela referencias artísticas y literarias (imposible no pensar en el relato de Ende) y que se convierten en una divertida lectura con doble sentido fraguada del recuerdo de las dificultades con sus hijos a la hora de dormir y se aleja del infantilismo como apuntaba en la noticia en La Tercera el 24/08/2002 (en este enlace de la Biblioteca Nacional de Chile: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/628/w3-article-271569.html ). Alimentar los sueños con fantasía de lecturas de calidad.

Fran Martínez

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Web de la editorial

No existe entrada para este libro en el catálogo de SM.

Referencias

Llorens García, R., & Terol Bertomeu, S. (2015). Educación literaria, pensamiento crítico y conciencia ética: La composición, de Antonio Skármeta. América sin Nombre, 0(20), 102-109.https://doi.org/10.14198/AMESN.2015.20.09

martes, 8 de junio de 2021

Entradas en azul. Beatrice Alemagna. Gisela de cristal

 

Título: Gisela de cristal

Autora e ilustradora: Beatrice Alemagna

Traducción: Palmira Feixas

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2019. Original: 2002

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano


Reseña:

Intentando conectar referencias y reseñas, ese final en el que el abuelo en Mejillas rojas (Janisch, 2006) se volvía transparente, momento para recuperar una joya ilustrada de Beatrice Alemagna y su Gisela de cristal. La categorización del álbum de esta manera no es gratuita, sino que se incluía en las 100 joyas de la literatura infantil ilustrada de Martin Salisbury (2015, pp.164-165), donde repetía con otro título que no ha sido publicado en nuestro país como Jo signe garçon (2010) o la inclusión en la obra de Van der Linden (2015) con Un león en París (SM, 2007). Una autora que cuenta con diferentes galardones y cuenta con una colección de referencias que la aúpan como una de las grandes ilustradoras contemporáneas. Clásicos como Los cinco desastres (A Buen Paso, 2014), sus títulos para pequeños lectores como Mi amor (FCE, 2009), Buen viaje Bebé (A Buen Paso, 2015) o los títulos derivados de El país de las pulgas (Phaidon, 2009). También conectamos con este título con Gianni Rodari, en diferentes ámbitos. Por un lado, como ilustradora de sus textos como Uno y Siete (SM, 2001) o en su reciente reilustración de Confundiendo historias (con Caperucita y la narración del abuelo como protagonistas) del que conocemos la versión de Alessandro Sanna y que, conmemorando el 100 aniversario del nacimiento de Rodari, se volvió a reeditar con sus ilustraciones (A sbagliare le storie, editado por Emme Edizioni en 2020).

Caminos de la tradición oral que por sus publicaciones en Instagram tendrán a Blancanieves como protagonista de su próximo álbum con Farewell Snow White (Adieu Blancheneige) que aguardamos con expectación. Además, dentro de esas re-ilustraciones de cuentos de Rodari, podemos establecer una conexión con Jaime de cristal (editador por el genial Javier Aramburu y editado en SM). Este Gisèle de verre fue publicado originalmente en 2002 y, tenemos la suerte de disfrutar de esta reedición gracias a la labor de Libros del Zorro Rojo, un libro que además tiene una edición muy cuidada desde la exploración de la materialidad de la página con hojas transparentes con las que observar las fases del crecimiento de la protagonista.


La calidez del diseño de las guardas y el trazo característico de la autora en la forma de representar a sus personajes, explorar las técnicas de collage en sus escenarios, las perspectivas y tamaños desde la voz omnisciente de un relato que sigue con la estructura narrativa de los cuentos con un inicio que nos coloca en un lugar indeterminado (cerca de Bilbao y de Florencia). Un personaje transparente, de cristal, en la que todos pueden ver a través de ella e incluso convertirse en el centro de atención de los demás, que se acercan a ella como si fuera una atracción de feria (podemos recordar en este momento la película Freaks). Como un reflejo del pensamiento infantil con una cuestión fantástica como puede ser: ¿qué pasaría si puedes leer la mente de los demás? A Gisela, esa cualidad extraordinaria, acaba por atraer a mirones y curiosos. La fragilidad y una metáfora sobre la exposición, sobre la autoestima.


Un relato que aborda desde las magníficas ilustraciones estas cuestiones, pero que es un cuento que conecta con los estados de ánimo que pueden rodearnos puntualmente: sufrir la presión de los demás, imponerte la visión correcta del mundo (algo muy habitual en redes sociales) que nadie vea más allá de la apariencia, el respeto. Retos que nunca nos abandonan. Un álbum especial.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/gisela-de-cristal/

Instagram Beatrice Alemagna

https://www.instagram.com/beatricealemagna/

Web

http://www.beatricealemagna.com/

Referencias

Salisbury, M. (2015). 100 joyas de la literatura infantil ilustrada (1a ed. en lengua española). Blume.

Van der Linden, S. (2015). Álbum[es]. Ekaré.

jueves, 15 de abril de 2021

Entradas en azul. Jörg Müller. El libro en el libro en el libro. Serres

 

Título: El libro en el libro en el libro

Autor e ilustrador: Jörg Müller

Traductor: Jordi Pujol i Manya

Editorial: Serres

Año: 2000

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 24 x 32 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Semana entre arte, Magritte y metaficcionalidad que nos aproximaba inevitablemente al suizo Jörg Müller (1942) con su reto en El libro en el libro en el libro, un sensacional álbum que, por desgracia, no es fácil su adquisición (como buena parte de su obra) exceptuando dos títulos clásicos de la Literatura Infantil y Juvenil: su versión sin palabras de El soldadito de plomo o las ilustraciones para el texto de Jörg Steiner en El gran gris (una pena que no se editase en castellano Die neuen Stadtmusikanten in Aufstand der Tiere (1989) - Los nuevos músicos de la ciudad en Levantamiento de los animales-).

Libros que presentan una mirada crítica a la evolución de las sociedades postindustriales y cuya temática exploró en los años setenta con otros títulos como Alle Jahre wieder saust der Preßlufthammer nieder I oder Die Veränderung der Landschaft (The changing countryside, 1973) o la composición del cambio en las ocho láminas en Hier fällt ein Haus, dort steht ein Kran und ewig droht der Baggerzahn oder Die Veränderung der Stadt (The changing city, 1976), títulos que servirían de perfectos compañeros a La casa de Innocenti o en el libro también sin texto Desde 1880 de Gottuso. Exceptuando el libro de Innocenti, los demás optan por la supresión del texto con la intención de reflejar un cambio y, en el caso de Müller (Premio Andersen en 1994), con una precisión documental para no crearse trampas efectistas como reveló en el número 2 de la desaparecida revista de arte y literatura BLOC (lecturas que agradezco a Ramón Llorens por su recomendación).

En este libro, todo cobra significado a partir de un juego de espejos en el que nos invita a perdernos dentro de un juego que se va armando por capas desde la portada del libro y con el punto de fuga de las guardas. Un regalo, un libro en la portada y en la primera página, ese libro y esa misma apertura rasgada del papel de regalo. Para comenzar con la ruptura, el relato está realizado en segunda persona y nos cuestiona sobre si a la persona a la que se dirige el texto es al protagonista del libro o a nosotros, que seguramente estamos realizando las mismas acciones con el libro. Eso se acrecienta con la combinación de puntos de vista de la narración en la que compartimos la visión frontal de la imagen y contemplamos el juego de espejos y, por otra parte, otras que nos trasladan a la extrañez de la protagonista que intenta descifrar qué está pasando con ese objeto en el que se refleja. El problema de ese juego de espejos es que hay un conejo detrás de la niña en el libro y ¿dónde estará ese conejo? Aclaración no es blanco, pero sientes como poco a poco suena en tu cabeza White rabbit de Jefferson Airplane y Carroll está mirando de soslayo.


Así, el misterio está compartido por ese texto con un narrador que dirige las acciones en el libro otorgando pequeñas pistas para que averigüe el misterio que esconde ese libro infinito y, aparece una lupa en la que la niña mira con detalle el elemento que le dé una pista sobre la naturaleza de ese artefacto. Juego de los detectives y surrealismo (recuerdo obvio a Blow-up de Antonioni y Blade Runner) que comparte con otro título como Flotante de David Wiesner. El libro incluye un cordel con unas gafas para ver en 3D (más lisérgico no puede ser) y, cuando la protagonista mira con ellas, de nuevo el foco nos interpela a nosotros con la ilustración entintada para verla con las gafas y buscar aquel detalle que no desciframos.

Y, bienvenida al otro lado, la protagonista rompe la dimensión del libro y se adentra en el pasillo infinito y la vemos alejarse hasta encontrarse con el dibujante de la obra (algo que también nos recuerda a Mal día en río seco de Chris Van Allsburg y Johanna en el tren de Kathrin Schärer). Además de los autores que han aparecido en el texto, las ilustraciones de Jörg Müller también podrían evocarnos títulos de Quint Buchholz, Roberto Innocenti o en las obras (más cercanas a Wiesner) con Bill Thomson o Jeannie Baker.

Una vez desvelado el misterio, conocemos quién es el narrador del libro y, de nuevo una sorpresa, el ilustrador y el personaje entablan una conversación sobre el proceso de creación del libro y cómo detener ese proceso. Liberados, conocemos el mecanismo que representaban las guardas, el grito inicial en la primera ilustración para que, finalmente, todo vuelva a su lugar y el laberinto se reordene. Una lectura sin edad y un autor atemporal.

 

 

Fran Martínez

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martes, 6 de abril de 2021

Entradas en azul. Isol. El globo

 

Título: El globo

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2002

Páginas: 24

Encuadernación y formato: 17 x 15 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Difícil elección para la continuidad temática sobre la maternidad después de Madrechillona de Jutta Bauer. ¿Escogíamos a partir del grito o del barco? En caso de optar por la segunda, Intercambio cultural y su intertextualidad con Donde viven los monstruos y el barco como medio hubiera sido una conexión atractiva. Nos quedamos con el grito, así la elección es otra sensacional opción: El globo. La mirada de Marisol Misenta (1972) sobre el universo familiar son siempre lúcidas y repletas de un humor que juegan con un espacio de ironía con el lector adulto que acompaña y se le recuerda que también fue niño y su manera de enfrentarse al mundo era bien diferente, con otras reglas.

Ese hilo ofrece en la obra de Isol un especial tratamiento desde la infancia salvaje y el cuestionamiento de las reglas maternas en Vida de perros, la crianza en El menino y el juego con las transformaciones con El globo, Secreto de familia (la madre “puercoespín”) e Imposible (aquí, se transforma el pequeño). Divertimentos que recuerdan también otros títulos tan recomendables como Malacatú (María Pascual de la Torre) a partir de un juego de palabras tradicional, un conjuro (Madre, notable, sipilitrable) que ya recogía Ana María Pelegrín en su Poesía española para niños. También, con protagonistas que encarnan esa dualidad entre el pensamiento infantil y el contrapunto irónico de su aire sabiondo cuestionando el mundo que le rodea (y sus convencionalismos). 


Con El globo (incluido de la lista de The White Ravens en 2002) recupero un título especial en mi formación y un libro que, pese a sus pequeñas dimensiones, es una auténtica maravilla. En el libro funcionan a la perfección la ilustración y un texto breve que comienza con la narración en tercera persona recuperando elementos previos de Isol (el deseo que se cumple como en Regalo sorpresa y sus protagonistas que tienen nombre propio: Camila, en este caso) y, de nuevo, tenemos el grito de la madre. En esta ocasión, Camila no es la que sale volando en pedazos, sino que es la madre la que se convierte en un globo que ya no puede gritar (y los recursos expresivos de la caricatura para un cambio en la imagen) con lo que tenemos el conflicto de nuevo en las primeras páginas.


Sobre las ilustraciones, con El globo depura sus títulos previos y mantiene la soltura del trazo en sus personajes y un mayor control cromático que definiría su obra (exceptuando El cuento de Auggie Wren) con colores pasteles y manchas que colorean a los personajes como dobles sombras. También tenemos esa concepción de espacio circular como en el caso de Jutta Bauer en el que vemos desplazarse a Camila desconcertada y se da la transfocalización narrativa a sus experiencias en primera persona: “La verdad que mamá gritaba mucho, al perro, al horno, a mí, a todo lo que se moviera” (graciosa la inclusión del horno). Con ese cambio de narrador, tenemos la visión de la situación inicial (le ponemos tiempo, martes, que antes no conocíamos) frontal, compartiendo la mirada con la protagonista y, de pronto: ¡Plop! Un globo hermoso, rojo y brillante. Calladito.


Con ese silencio, la narración pasa a doble página para cambiarnos de perspectiva: ahora observamos a los dos personajes separados por el pliegue central. A partir de ese momento, ya estarán juntas, alternamos narrador entre su voz y las experiencias que nos relatan sus juegos con la divertida situación final en la que en el parque se encuentra con otra niña con la que entabla una conversación surrealistamente deliciosa: ¡Qué lindo globo! Respuesta: ¡Qué linda mamá! Y, es que a veces no se puede tener todo. Con esa frase y una última ilustración saltando encima de su globo-mamá (en un mundo también circular y en el que la historia incluye la palabra FIN, algo habitual en sus títulos, aunque no tanto en la mayoría de los textos en formato álbum).



Aquí, tenemos el caso contrario de Madrechillona, el grito que pone a la madre tan colorada que explota cambiando de forma, la imaginación de Camila y sus deseos de otros juegos, el retrato de las tensiones domésticas en un libro de poco texto, breve en su extensión y con la fuerza inconfundible en la obra de Isol. Un artefacto que funciona a la perfección con humor e ironía sobre las imposiciones del mundo adulto y la dificultad para la gestión de las emociones convertidas en una aventura singular. Otro aspecto característico en sus libros es el final, que siempre me gusta comparar con las películas de los Hermanos Coen con un final abierto que deja al lector libre para completar qué pasó después. En definitiva, prestigiar la capacidad interpretativa del lector. Aparecerán más títulos reseñados de Isol, una autora irresistible. Imaginemos a Camila volando sobre el Litoral.

 

 

 

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9789681665739/F

Instagram Isol

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Blog de Isol

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martes, 2 de febrero de 2021

Entradas en azul. Gloria Fuertes. Garra de la guerra. Media Vaca

 

Título: Garra de la guerra.

Autora: Gloria Fuertes

Ilustrador: Sean Mackaoui

Editorial: Media Vaca

Colección: Últimas lecturas

Primera edición: 2002. Reimpresión: 2010

Páginas: 112

Encuadernación y formato: 18,5 x 23 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Vivimos en tiempos convulsos, aunque no por motivos bélicos. Aunque, en cierta manera, la polarización nos acompaña. Al igual que la estupidez, que no entiende de bandos. La lectura de Garra de guerra de Gloria Fuertes (1917-1998) es, sin lugar a duda, estremecedora y con un lenguaje tan claro como sensible y comprometido. Unas características que la definen en su poesía, ya sea dedicada a la infancia como la recordamos con aprecio y reverencia o, simplemente, como retratista poética con su sentido común.

Partimos de dos conceptos y sus acepciones en el diccionario en línea de la RAE:

Guerra

2. f. Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.

Y, dentro del mismo término, también ampliamos con dos aclaraciones que están presentes en este sensacional poemario magníficamente editado (como es habitual desde la editorial valenciana Media Vaca). Estas son:

Guerra civil: f. guerra que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o nación.

Guerra atómica: f. guerra en que se utiliza armamento atómico.

En la camisa del libro leemos:

“La patria no es una bandera ni una pistola, la patria es un niño que nos mira.”

Ilustraciones de Sean Mackaoui

Con el término “garra”, encontramos diferentes acepciones y opciones para asociar en este poemario:

Garra:

La opción obvia: 3. f. Fuerza, empuje.

Y no contradicen la energía y claridad con la que Gloria Fuertes se expresa en sus versos. En la parte final, Herrín Hidalgo recorre las características y la biografía de una autora comprometida con la vida y el progreso. Leemos en estos fragmentos de Hidalgo la visión poética de Gloria Fuertes: “Poesía cotidiana debe ser “al pan, pan y al vino, vino” (pero con belleza que para eso es poesía). Algo directo, emotivo con gracia” (p.101). Y vaya, si lo consiguió. Aprovechando otro título de su obra: “la poesía no es un cuento”.

Profundizando en el término garra:

Caer en las garras de alguien: Caer en sus manos temiendo o recelando grave daño.

Tener garra alguien o algo: Ejercer un fuerte poder de atracción, convicción o persuasión.

Estos poemas también nos sirven para, finalmente, buscar un sentido en sus poemas:

Sacar a alguien de las garras de otra persona: Libertarlo de su poder.

Esta podría ser una cartografía de sus poemas, poemas que reflejan la estupidez del conflicto y de la innecesaria devastación a la que nos aboca. La atracción que nos polariza y nos atrae por defender el posicionamiento que sea, por muy irracional que parezca. Ese poder que consume en diferentes ámbitos por reflejar la superioridad moral frente al contrario (ya sea cara a cara o, de manera más cobarde, desde entornos virtuales). Un contrario que, olvidamos su humanidad para deshumanizarnos. En el epílogo final de Herrín Hidalgo nos explica la naturaleza de estos poemas: “Estos son poemas sobre la guerra, o mejor como ella prefería: sobre la vida. No hablan de cosas bonitas, porque la guerra es un asunto muy feo; hablan de lo que hay que hacer.” (p.104)

Ilustraciones de Sean Mackaoui en la web de la editorial Media Vaca

Y, ciertamente, lo hacen. Ilustrados a la perfección por Sean Mackaoui potencian el sentido directo de las palabras para generar composiciones que también generan un sentido surrealista y sinsentido (con el único empleo del rojo para acompañar al blanco del soporte y el trazo negro) del conflicto descarnado, con un magistral uso del simbolismo y recuerda la potencia de las imágenes poéticas de Joan Brossa. Poemas como Mejora la niña que nació con una bala nos ofrece una imagen poderosa y nos desmonta con un giro escatológico y absurdo en su humor que nos conecta con muchas de las maravillosas historias que se encierran en sus poemas. Palabras que en poemas descarnados reflejan perfectamente su pensamiento como en Deshacer lo injusto (p.44). Reproduzco un fragmento de este poema en el que aparece la garra a la que hace alusión el título:

“No tengo poder pero tengo la fuerza de los pueblos que sufren. No tengo cultura, pero tengo el corazón sabio de estar con los que no tienen nada”. Cada poema se concentra en un punto de golpeo. En Niños de guerra remata con los versos: “Hombres de guerra (que hicisteis la guerra) y nunca fuisteis hombres. Ojalá os atosigue el pasado.” (p.30).

Ilustraciones de Sean Mackaoui para el poema El casco y la paloma

Herrín Hidalgo también recoge el periodo en el que Gloria Fuertes fue profesora en Estados Unidos entre el 61 y el 63, época de la Guerra de Vietnam. También hay versos a la bomba atómica y al panfletismo empleado para el reclutamiento como en esa composición ilustrada perfecta en la que leemos: “Te matan y después le piden perdón al cadáver” (pp. 46-47).

Esa insoportable carga tiene una vía y es la paz a la que también le dedicaba diferentes poemas, pero no exentos de la bilis necesaria: Pacifista de verdad, Letanía, Vendría la paz, La paz no es mi fin o Mi partido es la paz son algunos de los ejemplos y con sentencias condenatorias claras a quienes emplean la confrontación y el miedo para erigirse como líderes (y dictadores): perderos todos en algún lugar remoto o el harakiri. Gloria Fuertes sabía cómo articular esas emociones en palabras. Hay que decir lo que hay que decir (p. 70):

“Hay que hablar poco y decir mucho

hay que hacer mucho

y que nos parezca poco:

Arrancar el gatillo a las armas,

por ejemplo.”

Cada poema una bofetada, una llamada de atención y un recordatorio para el atropello de frases y proclamas (cada uno aplíquese la frase donde le plazca). En los versos finales de Hay frases: “Algunos de estos seres de estado creen en Dios, pero, ¡ni Dios cree en ellos!” (p. 42). Por suerte creemos en el legado poético de una de las grandes autoras de nuestro país. Eterna Gloria Fuertes.

Terminaría con Machine Gun de Jimi Hendrix, que es realmente el tono que merece este poemario (pero no hay ninguna versión decente del directo Band of Gypsys de 1970). Pero, si alguien prefiere un tono más optimista, le dejo con Dennis Wilson y Rainbows.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.mediavaca.com/es/ultimas-lecturas/garra-de-la-guerra

Web Fundación Gloria Fuertes

http://www.gloriafuertes.org/

Instagram Editorial Media Vaca

https://www.instagram.com/editorialmediavaca/