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viernes, 10 de diciembre de 2021

Entradas en azul. Jorge Luján e Isol. Ser y Parecer. Kókinos

 

Título: Ser y parecer

Autor: Jorge Luján

Ilustradora: Isol

Editorial: Kókinos

Año: 2008

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 21,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En estas últimas entradas no podía faltar Isol Misenta, aunque en esta ocasión sea en su faceta de ilustradora de los textos de Jorge Luján. El dúo publicó cuatro títulos altamente recomendables: el juego intertextual con Numeralia, Pantuflas de perrito o el premiado Tic-Tac. En realidad, esta entrada tiene este encabezado, pero se centra en tres títulos: Ser y parecer, Mi cuerpo y yo y Tener un patito/nene es útil. Con estos tres títulos tenemos el abordaje de cuestiones existenciales y filosóficos, pero también la descentralización con el punto de vista del otro. Incluso, con los poemas de Jorge Luján esa otredad es intrapersonal: cómo afrontar de manera sencilla una cuestión entre cuerpo y alma, lo material y lo incorpóreo.

Ser y parecer

Ser y parecer, cómo nos vemos (o nos pueden ver) y qué somos realmente. Cuestiones que se canalizan perfectamente en una autora que maneja ese código dual en diferentes títulos reseñados en el blog: El globo, Piñatas, Intercambio cultural, pero otro que destacaría con mayúsculas sería Petit, el monstruo.

Mi cuerpo y yo

El abordaje de estas dudas existenciales con los poemas de Jorge Luján se refleja de una manera sencilla y, como comprenderán, no hay nada más inteligente. ¿Quiénes somos? ¿Quién es el yo? ¿Cómo me ven los demás? ¿Cómo somos por dentro? Cuestiones tan abstractas tan perfectamente representadas en las ilustraciones de Isol, empleando los diferentes códigos de color en sus ilustraciones para reflejar esa dualidad que terminaría desbordando con el formato de Tener un patito/nene es útil con la descentralización del yo (¿se acuerdan del problema de las tres montañas de Piaget?).


Dos códigos de color (azul y amarillo) y un álbum en acordeón reversible para cada punto de vista. Sencillez y minimalismo para la máxima expresión de la inteligencia y, como no, un regalo para los lectores que disfrutan de unas lecturas tan sesudas. Con los álbumes de Jorge Luján también esa diferenciación entre ese binomio tan difícil de explicar por su sentido abstracto siempre acaba resolviéndose con algo esencial: la autoestima y el autoconcepto en alto como resolución narrativa. Por extensión, no solo habla de nosotros. También habla de los otros. Nosotros podemos ser y parecer cosas diferentes, mi cuerpo y yo también divergen. Como el resto. Por este motivo señalaba al inicio de la entrada aquello de inter e intrapersonal. En definitiva, esta entrada sirve para recordar la maravillosa obra de Isol y recomendar también la de Jorge Luján (del que también recomendaría sin duda ¡Oh, los colores! con ilustraciones de Piet Grobler).






 

 

Fran Martínez

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martes, 28 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Isol. Intercambio cultural. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Intercambio cultural

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: A la orilla del viento/ Los primerísimos

Año: 1998. 2ª ed.: 2010

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 17 cm. Tapa blanda.

Idioma: castellano

Reseña:

Otra de las constantes en el blog son las reseñas dedicadas a la obra de Marisol Misenta y que nunca nos cansaremos de recomendar. Esta semana, con la temática de embarcaciones en el libro álbum, tomamos de entre todos sus álbumes este Intercambio cultural por su conexión con una obra clásica de la LIJ que les resultará familiar en el argumento. Como es habitual en su obra, la ruptura de convenciones desde unos personajes que tienen una mirada del mundo alejada de una infancia adormecida por la moral impuesta por el adulto. En este caso, Julito (en la mayoría de obras de Isol se les da nombre a sus personajes) es el que enfrenta un mundo de convenciones de una generación que creció con la pantalla como referente educacional y de entretenimiento (esa denuncia que también querían hacer series como Los Simpson de una cultura americana frente a la lobotomía de la pantalla) y que, desmontará por su capacidad para aventurarse en el polo opuesto: la selva y la naturaleza.

Sobre Intercambio cultural, hay análisis como los de Rabasa y Ramírez (2012) que señalan esa constante en los personajes de Isol como elementos que tensionan e ironizan sobre preceptos adultos (ocupados por sus quehaceres cotidianos y desmemoriados de su infancia). Un aspecto que también analizaba Gagliardi (2014) en la comparación de Isol con Silvina Ocampo a nivel semántico “el uso del lenguaje en sus sentidos literales o figurados; la hipérbole; la presencia de la crueldad y el humor negro; las fluctuaciones en la enunciación” y la capacidad para representar la visión empática con el sentimiento de la infancia desmontando las convenciones adultas sobre esta. Algo que también reconocemos en otras influencias confesadas por Isol: María Elena Walsh y Quino.

Los rasgos de la obra de Isol en Intercambio cultural aún se encontraban en el estado de refinamiento, inicialmente en blanco y negro y en su segunda edición a color, y se une a la tripleta inicial con Vida de perros (1997), Cosas que pasan (1998) y Regalo sorpresa (1998) que serían los inicios de una autora que recibiría el Premio Memorial Astrid Lindgren en 2013. La historia de Julito es la de un niño que está durante horas sentado frente al televisor. A su alrededor no aparece ningún adulto, ningún rastro de la familia: solo la pantalla. Seguramente esto les recordará situaciones de infancia o no tan lejanas como cuando se le endiña el móvil a la criatura porque está aburrido y quejoso en una terraza mientras la familia y amistades están repantingadas con sus consumiciones y conversando sobre cualquier tema intrascendente. Ojo, no estoy criticando la tecnología, sino que la única herramienta afectiva sea el chute de vídeo de YouTube como anclaje a la silla.

Súbitamente un anuncio en la pantalla y la invitación a experimentar un intercambio cultural durante una semana. En el anuncio leemos entre exclamaciones: “¡Y viva otra vida!”. Volvemos a otro espacio común en la obra de Isol: la alteridad. El destino de Julito es un viaje a África y, con quien intercambiará su lugar en el mundo, será con Bombo: un elefante. Este hilarante encuentro nos sirve para que el elefante se quede en soledad frente al televisor durante una semana (y sus efectos en la mirada con espirales al final de este tiempo). Julito, se dirige a África en una embarcación y cuando conoce a la familia elefante de Bombo les dice entre exclamaciones: ¡y no soy ningún ratón! A partir de ese momento, pasará una semana en el lado salvaje entre elefantes, monos, jirafas y cocodrilos sobre los que saltará, mirará el atardecer y domará elefantes. ¿Le recuerda esta situación a un clásico de la LIJ? ¿Podrían pensar en ese viaje de diversión sin límite de Julito y el de Max hacia el lugar donde viven los monstruos?

Finalmente, Julito vuelve a la tranquilidad de su hogar, de su sillón y, ahora la televisión le aguarda con una película de la selva (“pero ya la había visto”). Momento para cerrar los ojos y, de nuevo, ver cómo se transforma su sillón en un espacio soñado como niño. Para finalizar, una bella extensión de las consecuencias de esa semana en Bombo que cierra con un finísimo sentido del humor. Otro juego que propone Isol es la manera en la que emplea el encuadre para jugar con los personajes: frente a la libertad que ocupa toda la página (o doble página) de la selva, las viñetas cuadradas que simulan la televisión para representar lo limitado del espacio frente a la pantalla como una pequeña prisión. Inteligente en la sátira adulta y una lectura jugosa para el lector infantil. En futuras entradas seguiremos navegando por las joyas de Isol.

Y, para finalizar, un poema de Shel Silverstein de Hay una luz en el desván: Canales

El canal uno carece de todo interés.

El canal dos solo da noticias y adiós.

El canal tres, todo al revés.

¿Y en el cuatro?: Demasiado teatro.

El canal cinco, saltos y brincos.

El canal seis estropeado lo tenéis.

El canal siete y el canal ocho,

pelis viejas para abuelos muy pochos.

El canal nueve no me conmueve,

¿Y en el canal diez?: "La vida de un pez."

¿Qué te parece si hablamos, solo por esta vez?

Fran Martínez

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Referencias

Gagliardi, L. (2014). El borde y los desbordes : Algunos vínculos entre las narrativas de Isol y Silvina Ocampo. VI Jornadas de Poéticas de la Literatura Argentina para Niñ@s, 19 y 20 de septiembre de 2014, La Plata, Argentina. EN: Actas. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Letras. Cátedra de Didáctica de la Lengua y la Literatura II. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3732/ev.3732.pdf

Rabasa, M. y Ramírez, M. M. (2012). Universol o Isol y la ruptura de convenciones. En V. Sardi y C.E. Blake (Eds.), Un territorio en construcción: la literatura argentina para niños (pp.215-219). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación UNLP.

martes, 18 de mayo de 2021

Entradas en azul. Isol. Nocturno. Recetario de sueños. FCE

 

Título: Nocturno. Recetario de sueños

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2011

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 23 x 17 cm. Tapa dura. Empastado.

Idioma: castellano

Reseña:

En anteriores reseñas de álbumes de Marisol Misenta, El globo y Piñatas, hemos apuntado el concepto de alteridad en sus libros y con Nocturno. Recetario de sueños ese mecanismo se activa mediante la materialidad del objeto. Sobre una estrategia similar en la función del texto y la imagen que se complementaba mediante la interacción del lector como en las flores en el álbum de Emma Giuliani, Ver la luz. En este caso, el formato con el gusanillo nos recuerda a libros como Soñario de Javier Sáez Castán y el empleo de la tinta fluorescente (y recordamos a Kitty Crowther en Theo y Dios) como juego en el que el texto consigue ampliar su significado mediante la relación entre la imagen con tinta negra y la fluorescente.




Juegos de luz y sombras con sentido narrativo que reconocemos en otros títulos muy recomendables como Flashlight de Lizy Boyd o Encender una luz de Rocío Bonilla como algunos ejemplos. El aspecto que emplea Isol es diferente: que la sombra sea el espacio y la luz el elemento revelador en la narrativa. Además de la revelación a través de dejar que la tinta recoja la luz, se puede emplear una linterna fluorescente para verlo en la cama. Un espacio seguro en el que soñar e imágenes inspiradoras. Este álbum recibió diferentes reconocimientos (entre ellos Mejor Libro Álbum del Banco del Libro de Venezuela en 2012) y es una propuesta que sigue destilando su habitual sentido del humor y que continúa con la revelación del otro lado como en Petit, el pequeño monstruo y, especialmente, con las obras que ilustró a Jorge Luján como Ser y Parecer o Mi cuerpo y yo. 

Así, en Nocturno lo que parece nos lo muestra la ilustración inicial y lo que es, iluminado, revela la naturaleza del sueño. Un libro que se inicia con una serie de indicaciones sobre la colección de sueños que integran el álbum y que ofrecen visiones inspiradoras en el imaginario típico de los sueños y referentes literarios que podemos conectar como la ballena que se refleja como sueño del pescador distraído (podríamos pensar en Moby Dick), la puerta que no se debe abrir (los monstruos en el armario como el de Mercer Mayer), el sueño del libro remitiendo al bosque y, esa alteridad explicitada en el sueño de ser otro. Espacios de miedos que se subvierten con la imagen revelada, como la muerte del artista y su contrapartida repleta de jolgorio en esta colección divertida con un juego de significados que prestigia los elementos del álbum para una obra redonda. Otra maravilla de Isol, de quien seguiremos profundizando en otros títulos en el blog.

 


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martes, 6 de abril de 2021

Entradas en azul. Isol. El globo

 

Título: El globo

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento

Año: 2002

Páginas: 24

Encuadernación y formato: 17 x 15 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Difícil elección para la continuidad temática sobre la maternidad después de Madrechillona de Jutta Bauer. ¿Escogíamos a partir del grito o del barco? En caso de optar por la segunda, Intercambio cultural y su intertextualidad con Donde viven los monstruos y el barco como medio hubiera sido una conexión atractiva. Nos quedamos con el grito, así la elección es otra sensacional opción: El globo. La mirada de Marisol Misenta (1972) sobre el universo familiar son siempre lúcidas y repletas de un humor que juegan con un espacio de ironía con el lector adulto que acompaña y se le recuerda que también fue niño y su manera de enfrentarse al mundo era bien diferente, con otras reglas.

Ese hilo ofrece en la obra de Isol un especial tratamiento desde la infancia salvaje y el cuestionamiento de las reglas maternas en Vida de perros, la crianza en El menino y el juego con las transformaciones con El globo, Secreto de familia (la madre “puercoespín”) e Imposible (aquí, se transforma el pequeño). Divertimentos que recuerdan también otros títulos tan recomendables como Malacatú (María Pascual de la Torre) a partir de un juego de palabras tradicional, un conjuro (Madre, notable, sipilitrable) que ya recogía Ana María Pelegrín en su Poesía española para niños. También, con protagonistas que encarnan esa dualidad entre el pensamiento infantil y el contrapunto irónico de su aire sabiondo cuestionando el mundo que le rodea (y sus convencionalismos). 


Con El globo (incluido de la lista de The White Ravens en 2002) recupero un título especial en mi formación y un libro que, pese a sus pequeñas dimensiones, es una auténtica maravilla. En el libro funcionan a la perfección la ilustración y un texto breve que comienza con la narración en tercera persona recuperando elementos previos de Isol (el deseo que se cumple como en Regalo sorpresa y sus protagonistas que tienen nombre propio: Camila, en este caso) y, de nuevo, tenemos el grito de la madre. En esta ocasión, Camila no es la que sale volando en pedazos, sino que es la madre la que se convierte en un globo que ya no puede gritar (y los recursos expresivos de la caricatura para un cambio en la imagen) con lo que tenemos el conflicto de nuevo en las primeras páginas.


Sobre las ilustraciones, con El globo depura sus títulos previos y mantiene la soltura del trazo en sus personajes y un mayor control cromático que definiría su obra (exceptuando El cuento de Auggie Wren) con colores pasteles y manchas que colorean a los personajes como dobles sombras. También tenemos esa concepción de espacio circular como en el caso de Jutta Bauer en el que vemos desplazarse a Camila desconcertada y se da la transfocalización narrativa a sus experiencias en primera persona: “La verdad que mamá gritaba mucho, al perro, al horno, a mí, a todo lo que se moviera” (graciosa la inclusión del horno). Con ese cambio de narrador, tenemos la visión de la situación inicial (le ponemos tiempo, martes, que antes no conocíamos) frontal, compartiendo la mirada con la protagonista y, de pronto: ¡Plop! Un globo hermoso, rojo y brillante. Calladito.


Con ese silencio, la narración pasa a doble página para cambiarnos de perspectiva: ahora observamos a los dos personajes separados por el pliegue central. A partir de ese momento, ya estarán juntas, alternamos narrador entre su voz y las experiencias que nos relatan sus juegos con la divertida situación final en la que en el parque se encuentra con otra niña con la que entabla una conversación surrealistamente deliciosa: ¡Qué lindo globo! Respuesta: ¡Qué linda mamá! Y, es que a veces no se puede tener todo. Con esa frase y una última ilustración saltando encima de su globo-mamá (en un mundo también circular y en el que la historia incluye la palabra FIN, algo habitual en sus títulos, aunque no tanto en la mayoría de los textos en formato álbum).



Aquí, tenemos el caso contrario de Madrechillona, el grito que pone a la madre tan colorada que explota cambiando de forma, la imaginación de Camila y sus deseos de otros juegos, el retrato de las tensiones domésticas en un libro de poco texto, breve en su extensión y con la fuerza inconfundible en la obra de Isol. Un artefacto que funciona a la perfección con humor e ironía sobre las imposiciones del mundo adulto y la dificultad para la gestión de las emociones convertidas en una aventura singular. Otro aspecto característico en sus libros es el final, que siempre me gusta comparar con las películas de los Hermanos Coen con un final abierto que deja al lector libre para completar qué pasó después. En definitiva, prestigiar la capacidad interpretativa del lector. Aparecerán más títulos reseñados de Isol, una autora irresistible. Imaginemos a Camila volando sobre el Litoral.

 

 

 

 

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jueves, 18 de febrero de 2021

Entradas en azul. Isol. Piñatas. Fondo de Cultura Económica

 

Título: Piñatas

Autora e ilustradora: Isol

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Álbumes del eclipse

Año: 2004

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 19 x 19 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Si devoción se expresó en la anterior reseña por Javier Sáez Castán, no son menos los elogios para la obra de Marisol Misenta, Isol. De nuevo, una advertencia por si alguien sigue la actividad de este blog: no será la última entrada dedicada a uno de sus libros. En el II Seminario "La literatura hispanoamericana en el aula: Maestro Benedetti y otras propuestas didácticas" participé con una comunicación dedicada a su obra que titulé “LIJ naíf y feroz: la infancia en los álbumes de Isol” en la que me adentré por las características de su obra y el retrato de una infancia que bebe de personajes que mantienen la jovialidad infantil y presentan características propias del pensamiento adulto. Un equilibrio que resulta humorístico, pero afilado también para el lector adulto que acompaña la lectura. En muchas entrevistas ha citado su admiración por Quino y Mafalda, algo que nos clarifica la construcción de sus personajes. Os recomiendo la lectura de una entrada de su blog después del fallecimiento del genial autor (enlace) en el blog de Daniel Goldín.

Piñatas aparece en una progresión de títulos que van desde el inicio de su andadura con el Premio de la publicación de la Colección a la orilla del viento (que este año cumplirá 30 años) con el divertido Vida de perros (1997) y encadenar libros clásicos en el formato álbum cada vez más refinados del trazo primitivista de sus primeros libros hasta El globo (2002) y Secreto de familia (2003) o la ilustración para el cuento de Paul Auster (que tuvo su adaptación al cine con Smoke con Harvey Keitel interpretando a ese vendedor de puros cuya afición era tomar diariamente una instantánea del mismo lugar de su barrio) El cuento de Auggie Wren (2003). Libros que le sirvieron para afianzar su nombre y entrar en la lista de los White Ravens.

En este álbum, retomamos la narración de un niño en primera persona (del que desconocemos su nombre, un detalle que suele ser habitual en sus libros) que se muestra preocupado por la asistencia a una fiesta de cumpleaños (otro libro-álbum con una premisa similar es ¿Qué tal si…? de Anthony Browne) en la que se encontrará con una gran piñata que deberá golpear. En estas secuencias iniciales observamos a nuestro protagonista cuestionándose su papel en esa fiesta (no sabía que Juan, el anfitrión, reparase en él) y mantiene la distancia entre sus pensamientos introvertidos con la diversión irracional del resto de sus compañeros (“lo que me temía: ¡salvajadas!”) y con un tono de sabelotodo algo repipi (“En fin, todo muy rústico”).


Llega el momento de romper la piñata, le vendan los ojos, la oscuridad se apodera de la narración y …¡sorpresa! Aparece en el País de las Piñatas Rotas. Esa puerta a una nueva dimensión onírica en la que se encontrará con un personaje guía que le cuenta las historias de ese mundo. Una bonita metáfora sobre la ruptura de muros mentales y que me recuerda a una letra de la banda norteamericana Giant Sand, Bottom line man:

When folks fall in love they are delivered to the unknown.

Fools that never fall are in love with the safety zone.

You can end up all crippled up by the crazy seeds you've sown.

Therein lies the crux of the sweet flux of such irresistible moan

Referencias musicales que no son gratuitas en el universo de Isol (con su banda Entre Ríos o con su hermano en Sima), como tampoco el aire circense y absurdo de una fiesta de cumpleaños que nos recuerda a sus ilustraciones en sus inicios en homenaje a la música de Nick Cave (y a su primera banda, The Birthday Party) que figuraban en su web (dominio que ahora no se encuentra disponible), así como al imaginario entrecruzado entre El cielo sobre Berlín de Wim Wenders y la aparición de la música de Nick Cave en el encuentro del personaje de Bruno Ganz con la trapecista (y The Carny como banda sonora) que ella en 1993 titularía El Circo.

Isol. Viñeta de Feliz cumpleaños (1996)

Dejando de lado todo este maremoto hipertextual, la resolución en Piñatas mantiene la vuelta a la realidad jugando con el surrealismo y la idea de sueño del protagonista, para finalizar con otro aspecto recurrente en su obra: un final abierto y sin una moraleja que profundiza en el humor cáustico de sus libros (aunque, hay una coda a la narración en el que las piñatas rotas encuentran un final feliz). Libros que divierten por el interés de la infancia en esas temáticas, por desmontar al adulto que acompaña y hace una lectura a otro nivel, y desprovistas de complejos en personajes que se enfrentan a una realidad compleja, en muchas ocasiones absurda, y la cuestionan. Una cuestión que deberían cumplir los libros infantiles y, por desgracia, muchas veces olvidan.

Volviendo al inicio del libro,  recuperamos la referencia a la canción popular mexicana de romper piñatas:

Dale, dale, dale

no pierdas el tino,

porque si lo pierdes,

pierdes el camino.



Fran Martínez

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