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martes, 7 de junio de 2022

Entradas en azul. Marie Mirgaine. Kiki en promenade. Les fourmis rouges

 

Título: Kiki en promenade

Autora e ilustradora: Marie Mirgaine

Editorial: Les fourmis rouges

Año: 2019

Páginas: 60

Tamaño: 21 x 27 cm





Reseña

Ahora que nos aproximamos al final de curso recuperaré algunos álbumes que me han llamado la atención en los últimos tiempos, especialmente por el componente de la ilustración. Una de las críticas del año pasado estuvo dedicada a Lucilla de Sarah Mazzetti que fue galardonada en la Feria Internacional de Bolonia con el Premio de Ilustración. El surrealismo de sus formas y la experimentación con el texto en conjunción con la imagen eran un claro ejemplo de la constante evolución en las corrientes artísticas en el álbum. En las próximas entradas pasarán por el blog diferentes ejemplos de la constante expansión artística en este soporte y algún clásico surrealista de Guy Billout.  A fin de cuentas, el álbum no deja de ser un producto cultural sujeto a los cambios en la literatura infantil, pero también de las corrientes artísticas y vanguardias (en forma y contenido).



Este viaje comienza con la autora francesa Marie Mirgaine y el divertidísimo Kiki en promenade (el paseo de Kiki). La dinámica del álbum es una triangulación entre el lector, el texto y la ilustración en la que el divertimento se centra en lo surrealista del paseo. Por una parte, el protagonista (Julien) empieza el paseo con Kiki (su perro) y el paseo apacible (podemos recordar el clásico de Pat Hutchins) comienza a sufrir pequeños contratiempos. Al menos, para la vista del lector: un águila se lleva a Kiki y la sustituye como el animal de paseo. El lector detecta el lado cómico de una serie de relaciones causales (después el tigre sustituirá al águila, el murciélago al tigre,…) que se van sucediendo al pasar la doble página. Los lugares que transita Julien cada vez son más peculiares, pero en ningún momento será consciente de cada cambio que se produce en su animal de compañía. El lector es el que infiere el mecanismo de este juego página a página, cada vez más estrambótico y divertido. Sin embargo, el texto asume esa nueva realidad con la mera descripción de “Julien pasea a su (cada animal que aparece en la narrativa)”. En ese espacio entre texto e imagen que son congruentes hay a su vez un juego de ironía con el lector que se siente cómplice de la acción que Julien es incapaz de apreciar. La carcajada está asegurada a cada paso de página.



Probablemente, ya conocemos diferentes álbumes que proponen este tipo de juego entre el lector y el binomio texto-ilustración, pero donde reside la peculiaridad de este álbum es en las texturas y formas de los personajes representados por Marie Mirgaine. El mismo año, sus libros de artista Fugues y A terre muestran su interés en la exploración de las formas, las texturas y el contraste de los colores para articular una narrativa con tintes dadaístas y nos devuelve a la constante expansión artística que la ilustración tiene en este soporte. Cada nuevo elemento animal, mineral o vegetal tiene un tratamiento que nos invita a mirarlo con calma y detenimiento por la fascinación de sus collages combinando colores y texturas. La combinación del detallismo, casi realista, con la imposibilidad de las formas y colores de otros elementos, visualmente tiene un impacto hipnótico. 



Fruto de esta experimentación, no es de extrañar que recibiera diferentes distinciones como la selección de libros ilustrados en Les Pepites del Salón del Libro de Montreal o la Mención Opera Prima en la Feria de Bolonia en 2020. Un álbum que desata carcajadas entre mi alumnado de 2-3 años en la escuela. Supongo que es un álbum que recoge la importancia del sinsentido en estas edades, que no ofrece ninguna lección moralizante y se centra en el placer de una narrativa que visualmente rompe con la esterilización y simplismo de otros muchos álbumes. De algún modo, la ruptura de estas convenciones icónicas es otro aspecto esencial en la formación de futuros lectores y una autora que pasará próximamente por el blog con más álbumes divertidísimos. 

 

 


 

Fran Martínez

IG: https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

Web de la editorial

https://editionslesfourmisrouges.com/en/produit/kiki-en-promenade/

Instagram Marie Mirgaine

https://www.instagram.com/mariemirgaineillustration/

 



 

jueves, 28 de abril de 2022

Entradas en azul. Michał Skibiński. He visto un pájaro carpintero (il. Ala Bankrotf). Fulgencio Pimentel e hijos


 Título: He visto un pájaro carpintero

Autor: Michał Skibiński

Ilustradora: Ala Bankroft

Traducción: Katarzyna Moloniewicz y Abel Murcia

Editorial: Fulgencio Pimentel

Año: 2020. (Ed. or. 2019)

Páginas: 132

Tamaño: 19,2 x 26 cm


Reseña

En la reseña de ayer de Sara Lundberg con El pájaro que llevo dentro vuela adonde quiere se mencionaba esta otra joya ilustrada por Ala Bankroft (Helena Stiasny) con He visto un pájaro carpintero. En esa graduación entre texto e imagen, esta plasmación gráfica del cuaderno de Michał Skibiński cristaliza perfectamente la idea del iconotexto en el álbum (o el espacio narrativo, como prefieran). La economía del texto se debe a la tarea impuesta a Michal en el verano de 1939, cuando tenía 8 años, con la escritura de una frase en su cuaderno para mejorar su caligrafía. Yo recuerdo esos cuadernos de verano de la editorial Santillana o similar, pero con más dolor de muñeca al desgastar el grafito del lápiz con las pautas del cuadernillo de caligrafía Rubio. La repetición de frases sin sentido de aquellos cuadernillos hacía que la tarea fuera más insoportable.

Volvemos al origen del cuadernillo, nos ubicamos en el tiempo (1939) y en el espacio (Varsovia). Pueden imaginar el contexto del ascenso del nazismo y la invasión de Polonia en ciernes. Con el Premio Opera Prima en la Feria de Bolonia en 2020, también se sucedieron reseñas y noticias alrededor de la figura de ese niño, como en esta de El País (enlace) gracias a una obra espléndida. Según la noticia se comenta cómo fue sobreviviendo a mudanzas, rescatado del desván y mostrado a la editorial por el sobrino de Michal. También conocemos más cosas de su vida: la entrada al seminario y especializarse en sacerdote para sordos. La Europa de aquellos días parece lejana, pero recordamos que el actual presidente de Polonia afirma cosas tan despreciables como que la ideología LGTBI es peor que el comunismo. Sumamos otros países, el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, los fantasmas nos siguen merodeando. Por eso, es importante la memoria.




La recuperación de la memoria me lleva a diferentes fragmentos del texto que, en su sencillez, se transforma en una experiencia sensorial en la que se observa el paso de los días con la mayoría de sus frases ilustradas (alguna queda simplemente reflejada en la traducción del cuaderno). El funcionamiento es la combinación de las frases en la doble página de su cuaderno original que se transforman en ilustraciones que nos evocan a la densidad de Anne Brouillard en L’orage, composiciones que muestran las sombras y las luces de sus escenarios.  Tormenta que también aparece en uno de los fragmentos diarios de su cuaderno y podremos recordar la referencialidad con dicha obra de Brouillard. También se puede pensar en los paisajes de Emil Nolde o en Otto Modersohn. De los textos que nos recuerdan la vida apacible de las vacaciones del verano: sus paisajes campestres, sus paseos, viajes y con apariciones sorpresivas.

Ejemplo: Emil Nolde, nubes de verano




En el mundo de un niño que aparezca un avión surcando el cielo, rompiendo la calma, es un hecho extraordinario que altera la rutina de un día. Por eso se convierte en un motivo recurrente esa mirada al cielo, pese a que se intercala con juegos o tareas con otros miembros de la familia. También nos detendremos en los primeros sonidos que interrumpen esa vida, el primer bombardeo, sentir que “ha empezado la guerra”, esconderse de los ataques, adquirir consciencia de la ocupación y de que ese avión que llamaba su atención al inicio se ha convertido en una plaga aérea. Entre esa naturaleza sintetizada del texto, la evocación a los sentidos se amplifica con la ilustración a doble página. Así, ese estruendo de una bomba cerca de la casa o la sensación del inicio de la guerra me recuerdan a Memoria (2021) de Apichatpong Weerasethakul y al personaje de Tilda Swinton obsesionada por captura el recuerdo de un sonido, de un estruendo, que la despierta en medio de la noche. Es imposible ponerse en la piel de alguien al que le sobreviene ese impacto.





Las ilustraciones, por tanto, emplean el color, el estilo, el plano y la perspectiva para ubicarnos en un espacio íntimo al prescindir de la presencia humana en su narrativa visual. Eso, por seguir con el sentido cinéfilo, me recuerda a la visión del mundo del niño de la película de Edward Yang Yi Yi del año 2000. Sus retratos fotográficos son una colección de espacios que pasan inadvertidos, sin posar ante ella, simplemente la mirada a un detalle que nadie tiene en cuenta. Por este motivo, el espacio interpretativo y metafórico es amplísimo para que el lector encuentre en esta obra mucho dónde mirar, retroceder e inferir. Al fin y al cabo, las ilustraciones amplifican al texto al trasladarlo a un espacio inferencial y no a una interpretación literal. La visita de una persona, una enfermedad, el juego, el viaje, la espera,… todo se traslada a un espacio simbólico en el que los paisajes, la luz, el punto de vista o el color, … Es como si se pintase la mirada de las personas de los cuadros de Edward Hopper. A veces la mirada es panorámica, otra detallista (la oruga) y con el juego de las miradas desde el interior (de la casa), pero siempre en el exterior, donde la calidez diurna del inicio se apagará por la oscuridad.

La aparición o la mirada sobre los aviones tiene, además, lógica dado que su padre formó parte dela brigada aérea polaca que intentaron impedir el avance de las tropas alemanas en Polonia. El 9 de septiembre, su padre murió. En la entrevista en La Razón (enlace) comenta algunos recuerdos posteriores a las fechas del cuaderno, la opresión a la población judía, los carteles y su mirada incapaz de entender todo aquello a su edad: la muerte y las aceras llenas de sangre, como él comenta en sus respuestas. El respaldo e interés de la crítica por esta obra es completamente justificado y sirve como punto de partida para una comunicación que estoy preparando con mi compañero, el profesor Sebastián Miras para el Congreso Internacional: La censura de la literatura infantil y juvenil en las dictaduras del siglo XX (enlace), aunque nuestro viaje sea hacia latitudes checas.

En próximas fechas seguiré con algunas obras que mencioné en la entrada anterior y volveremos al verano, a la infancia, pero en este caso con el verano más bello del mundo de Delphine Perret.

 

Fran Martínez

https://www.instagram.com/caballo_de_carton_azul/

 

 

Instagram Helena Stiasny (Ala Bankroft)

https://www.instagram.com/helena_stiasny/

Web Helena Stiasny

https://helenastiasny.myportfolio.com/ala-bankroft-widzialem-pieknego-dzieciola   

Web editorial Fulgencio Pimentel

https://www.fulgenciopimentel.com/libros/he-visto-un-p%C3%A1jaro-carpintero





 

martes, 8 de marzo de 2022

Entradas en azul. Marion Kadi. Les reflets d'Hariett

 


Título: Les reflets d’Hariett

Autora e ilustradora: Marion Kadi

Año: 2021

Editorial: L’agrume

Tamaño: 24,5 x 29. Tapa dura.

Extensión: 48 páginas

Idioma: francés

 

 

Reseña:

El periplo del debut de la autora francesa Marion Kadi con su álbum titulado Les reflets d’Hariett (L’agrume, 2021) está plagado de reconocimientos en las ferias más destacadas de la literatura infantil. Primero, su álbum se coló entre la selección final del Salón du livre et de la presse jeunesse (Les pepites) junto a los álbumes Adieu Blanche-Neige (reseñado en el blog), el lisérgico Changer d’air de Jeanne Macaigne, el divertimento con mala uva de Adrien Parlange con Les Désastreuses Conséquences de la chute d'une goutte de pluie y el libro-objeto de un habitual de estos experimentos con la materialidad como Dominique Erhardt que fue alzado como ganador con Esprit, es-tu là? Pero donde alcanzó su álbum el reconocimiento internacional definitivo fue como reciente ganador del Premio Opera Prima en la Feria de Bolonia y donde también se alzó con una mención el álbum de Johanna Schaible que figuraba en aquel repaso a 2021 como el álbum que más me gustó el año pasado (también podéis leer la reseña aquí) con C’era una volta e ancora ci sarà (además de su reconocimiento en la selección de dPictus).


Durante el curso pasado pasaron por el blog otros dos álbumes que fueron premiados y que comparten con Les reflets d’Hariett un tipo de narración intimista con la intromisión de un hecho fantástico en un contexto cotidiano como sucedía en No sin mis cosas preferidas de Sepideh Sarihi e ilustrado por Julie Völk (Lóguez, 2020) y Vecinos de Kasya Denisevich (Editorial Juventud, 2021). Ambos comparten protagonistas femeninas, pero en Les reflets d’Hariett la narración psicológica pasa a ser omnisciente para acompañarnos por el espectacular despliegue de la autora. En algún espacio de las aventuras de Kitty Crowther y el trazo de Georg Barber (ATAK) o el extrañamiento de Sarah Mazzetti, las ilustraciones de Marion Kadi juegan con la expresividad y el contraste de su paleta cromática para una narrativa visual repleta de detalles en cada ilustración. De manera más concisa el veredicto del jurado en su página web en la que hablaban del impacto visual, paleta de colores explosiva y cálida, dinamismo y elección del formato narrativo para cautivar al lector. Podéis leer el veredicto en la Web de la Feria de Bolonia en este enlace.

Tal vez estos días de lluvia en el Levante y el reflejo en los charcos están dominando esta vuelta con la reseña de L’orage de Anne Brouillard y este álbum. Aunque no tengan nada que ver en la construcción del discurso narrativo. La situación inicial comienza sin palabras con la visión del lago a doble página en la que vemos a los peces nadar y el paso a la doble página en la que conocemos al león acostado bajo la luna llena en su orilla. Un león con una vida plena (cazando, comiendo y durmiendo) que descansa en sus últimas horas de vida. El contraste entre el azul y el amarillo nos presenta su último suspiro sereno, en el que su reflejo no quiere seguir este desenlace en soledad. Resulta divertido este contrapunto entre lo corpóreo (la muerte del león) y lo espiritual e invisible con su diferencia en la permanencia. En la siguiente doble página, la vuelta al día y la naturaleza recorriendo con diferentes animales el entorno que no veíamos en la oscuridad de la noche son un plano envidiado para el reflejo del león que se aburre de su permanencia solitaria en el lago.


Esta exploración de un nuevo espacio de permanencia le lleva a valorar nuevas opciones que descarta rápidamente (ni de la flor, ni del pato) y decide emprender la aventura de su nuevo portador de su reflejo. Este elemento de aventura y fantasía se plasma con esa paleta de colores que impregna su cuerpo (anaranjado y azulado con su melena ondulante), en los colores llenos de vida de los pájaros, las flores y las sombras que acompañan a sus movimientos. En ese momento, encuentra una casa en su camino por baldosas rojas y a una candidata perfecta: la tímida Hariett. Esta sería una primera parte introductoria con su pequeño esquema ternario para el león.

Ahora, conocemos a Hariett y sus pocas ganas de ir al colegio. La unidad narrativa se secuencia con libertad entre la doble página y la página sencilla, de la misma forma que la manera de secuenciar la temporalidad con las distintas acciones de Hariett en la misma página. La vista del cuarto y pequeños detalles (el cuadro del bodegón), el espejo en el que se ve la entrada del gato por la puerta de su habitación y el león en la ventana esperando el momento en el que convertirse en su reflejo. En ese momento a doble página tenemos la visión de la lluvia, la divertida estampa del rebaño de ovejas (con un pequeño intruso) y un gato escapando de los ratones en ese mundo peculiar en el que el reflejo se abalanza sobre la sombra de Hariett en el charco (mientras su expresión distraída leyendo no es consciente de dicha circunstancia).

Una vez unidos, Hariett se siente llena de confianza en el camino al colegio en el que nos lo reafirma visualmente interpelándonos directamente con su mirada sonriente en la ilustración. A partir de aquí, su confianza reforzada hace que desaparezca esa desgana para ir cada día a la escuela y con las consecuencias provocadas porque su reflejo se apodera de ella: ahora, las cualidades del león dominan a Hariett. Mientras, disfrutamos de cada detalle en las cenefas del aula (la cadena alimenticia entre la gallina, el caracol y la lechuga) con los detalles marinos en los baldosines del suelo. Cada ilustración nos invita al recorrer sus detalles y seguir su paseo por las baldosas rojas con las curiosas formas de animales en las nubes, el castillo de naipes en su habitación. En último lugar, la confianza plena de la protagonista con su ajuste entre lo que es y parece. El conflicto en la narración de Hariett viene cuando la parte del león domina sus reacciones y debe buscar la resolución a ese conflicto que es narrada de nuevo con pequeños detalles (como la mutación en los motivos de la alfombra en cada ocasión que aparece).


La manera de vertebrar el desenlace con la búsqueda de su reflejo (la búsqueda de su alma, de su voz) y alcanzar la madurez del personaje para buscar el acomodo a esos dos universos dentro de ella: ser ella misma sin renunciar al reflejo indomable del león. El bodegón también ha cambiado. El camino rojo sigue ahí y lo observamos desde la ventana. La tarde se viste de frío y la lluvia nos vuelve a sorprender con sus charcos y el reflejo de los árboles y las aves volando. No vemos a un árbol convertirse en pájaros amarillos, pero asistimos a un precioso viaje al que Marion Kadi nos invita desde dos personajes que se instalan en una pequeña fantasía cotidiana elevada por sus ilustraciones plenas de belleza.



 

Instagram Marion Kadi

https://www.instagram.com/marionkadi/?hl=en

Editorial

https://www.editionslagrume.fr/collections/jeunesse/les-reflets-dhariett/

 

Fran Martínez

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martes, 21 de septiembre de 2021

Entradas en azul. Kasya Denisevich. Vecinos. Editorial Juventud

 

Título: Vecinos

Autora e ilustradora: Kasya Denisevich

Traducción: Elodie Bourgeois Bertín

Editorial: Juventud

Año: 2021

Páginas: 34

Encuadernación y formato: 20,5 x 28,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En esta entrada y la próxima nos acercaremos a dos álbumes publicados en la Editorial Juventud y que nos servirán como hilo conductor para un pequeño viaje de la ciudad hasta el campo. En esta primera, nos centramos en la obra de Kasya Denisevich y Vecinos que se alzaron como ganadores en la Feria de Bolonia 2021 con el Premio Opera Prima. En el veredicto del jurado en el enlace de la página de la Feria se apuntan diferentes puntos destacados de la obra y, de manera adicional, la lectura de este álbum en un contexto de pandemia mundial: “The pandemic has made the use of a building as a metaphor for the world, and an appropriate one to bridge the gulf of ideas of differences between people who live in close physical proximity.”

Si iniciamos la actividad con el encierro miedoso de la entrañable Doña Piñones, ahora una mirada dentro del espacio que habitamos en una comunidad (aspectos que en otras entradas del blog también nos conducen a Madlenka o El ascensor de Yael Frankel), en nuestros edificios que en un momento se llenaron de rutinas coyunturales (el aplauso al trabajo ímprobo del personal sanitario o las caceroladas con tufillo negacionista). En realidad, todos aquellos días traían el anhelo de un cambio de mentalidad para “ser mejores” y, con los días, ha quedado tristemente en que nuestra estupidez supina aún puede acrecentarse cada día más. Vecinos es la mirada y llama que hubiera sido necesaria incorporar en nuestras vidas, la alteridad y ponernos en el lugar de otros, pensar en que estamos rodeados de vidas a nuestro alrededor con historias diversas y una serie de preguntas que la protagonista se realiza en su habitación (libros que nos invitan a buscar respuestas como el clásico Noche de tormenta) con un bonito juego con elementos imaginativos que se cuelan en esos pensamientos que contemplamos (y un bello juego con el pliegue de la página cuando piensa en atravesar con su mano la pared de su habitación y encontrarse con una nueva vecina y que, a partir de ese momento jugará un papel clave en la narrativa visual).

Sus pensamientos en la habitación tienen también respuesta en la narración panorámica del edificio en el que vemos qué hacen el resto de sus vecinos o el espacio en el que se transforma a cada nueva pregunta ilustrada a doble página y que nos invita a mirar en cada espacio e imaginar esas pequeñas historias a su alrededor con el blanco y negro dominando (el espacio que no puede conocer) y con el rojo de su jersey como único elemento de color (dándole voz a su protagonista). Ubicada en la página izquierda durante la mayor parte de la narración, en el desenlace encontrará una respuesta en la página izquierda en el que la mudanza a esa nueva casa se convertirá en un final feliz en el que cruzar y, de esta manera, representar el inicio de su integración: ampliación del foco a una perspectiva general en el que intuimos la respuesta a su pregunta y, ahora sí, encontramos otros colores que dan vida a ese nuevo espacio: la ciudad.

Fran Martínez

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