Encuadernación
y formato:
18,5 x 23 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.
Oda a la vida. Pablo Neruda
Comenzamos la reseña con un fragmento de Oda a la vida del chileno Pablo Neruda (otra oda, a una estrella, fue ilustrada por Elena Odriozola), un símbolo de la literatura universal. El Libro de las preguntas fue editado póstumamente y la reedición de Media Vaca es otro ejemplo de la gran labor de la editorial rescatando un texto de gran belleza literaria para un público sin edad. Al igual que sus respuestas a las preguntas que encontraba en la vida se articulaba en sus poemas, el recorrido por las preguntas de este texto nos lleva a un cuestionamiento poético de lo cotidiano y con un humor surrealista. La duda que encierra la inteligencia de la observación y la inocencia del cuestionamiento inquieto de la infancia que nunca debería evaporarse cuando se alcanza la edad adulta. No se puede vivir sin preguntas, lo contrario sería la muerte. Como la de los dogmáticos que lo están en vida. Principalmente en atriles. Coyunturalmente rodeados del eco de sus palmeros. Quizás, retransmitido por Twitter.
“¿Si he muerto y no me he dado cuenta a quién
le pregunto la hora?”
Después del golpe de estado el 11 de septiembre (fechas fatídicas, por lo de las torres y Julio Salinas) la salud de Neruda se agravó (y en el despertar de la primavera chilena un 23 de septiembre nos dejó).
“¿Conversa el humo con las nubes?”
Y qué mejor compañía en este viaje poético que Isidro Ferrer, un autor que este año ha publicado en A buen paso la Enciclopedia visual de los sonidos y que por el blog ya pasó su diseño para Un jardín de María José Ferrada, pero también destaco otro álbum al que le tengo un especial cariño: Una casa para el abuelo (textos de Grassa Toro). Un acompañamiento perfecto para ampliar las imágenes mentales que provoca cada pregunta en el lector.
“¿Tu boca besará claveles con otros labios
venideros?”
En el recorrido de las preguntas y la extrañeza de las comparaciones crea bellas imágenes en el lector, otras cuestionan y reflejan con mordiente cuestiones políticas y poéticas. La lectura de cada una abre y ensancha el universo del lector:
“¿Dónde termina el arcoíris, en tu alma o en el
horizonte?”
La edición de Media Vaca, como es marca de la casa, hace justicia a los textos de Neruda (un pequeño glosario final de términos en orden alfabético, un bello epílogo de Herrín Hidalgo y unas biografías desternillantes al final del libro). Un libro que hace justicia a sus textos al introducirlo en su colección Libros para niños. Porque son lectores exigentes. Porque son lectores a los que no les debemos extirpar el placer literario. Porque quizás nos olvidamos de que nosotros también tenemos preguntas. Y que cuando solo tienes respuestas, estás muerto. Este Libro de las preguntas era otra de las recomendaciones en Noche de tormenta de Michèle Lemieux (Así es la vida de Tomi Ungerer, ¿Qué puedo esperar? de Britta Teckentrup, ¿Qué prefieres..? de John Burningham o el recomendable ¿Adónde vamos cuando desaparecemos? de Minhós Martins y Matoso).
Como perfecta compañía a esas preguntas, sin salir de la editorial Media Vaca, las recopiladas por Roger Omar en Oaxaca: Libro de sueños publicado en 2015 con 99 sueños de niños y niñas de dicha localidad mexicana y que suponía la continuidad en las ilustraciones de estos sueños recopilados por Roger Omar que también fueron ilustrados (entre esos ilustradores, Javier Sáez Castán). Y, saliéndonos de la editorial, las preguntas de Wonder Ponder en las cajas de filosofía visual de Ellen Duthie y Daniela Martagón. La duda como motor poético. La duda como salvavidas. Celebremos con Ferrer y Neruda. Muge, si puedes.
Traducción: Anna Bellosta García y Mariona Gratacòs
i Grau
Editorial: Barbara Fiore
Año: 2006
Páginas: 32
Encuadernación
y formato:
25 x 30 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Una dupla reconocida con el Premio Astrid Lindgren: el alemán
Wolf Erlbruch y el belga Bart Moeyaert. Sobre el célebre autor e ilustrador
Wolf Erlbruch hemos realizado diferentes entradas y, en esta recta final del
blog, tenía especial interés en reflejar temáticas poco habituales en la
Literatura Infantil como la religión. Además, es una temática con posturas
opuestas: el lado laico que evita todas estas cuestiones por principios y, por
otra parte, los centros religiosos que es una de sus piedras fundacionales.
Desde el lado menos creyente, personalmente, estas temáticas de entrada me
hacen huir como de la peste. Como cualquier hijo de vecino, tengo mis
prejuicios e ideales. Así, el reflejo de estas cuestiones desde el imaginario
religioso (católico en nuestro contexto) no dejan de tener un contenido
simbólico y fantasioso, además de una traslación artística (como aquel álbum de
Andrea Antinori sobre el cuadro de James Ensor La entrada de Cristo en
Bruselas).
Junto a Bart Moeyaert se publicaron tres álbumes en la
editorial Barbara Fiore (además de La creación, El viaje de Olek
y El Paraíso) sobre los que nos detendremos en esta entrada. Comenzando
por La creación: “Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar
algo así. Imagina que todo lo que existe ahora todavía no existe”. En ese
breve fragmento se continúa invitando al lector a descomponer toda su realidad:
elimina la oscuridad e, inclusive, a tu madre. Y, no nos olvidamos del arte en
esta aproximación de Moeyaert con su producción teatral para llevar la pieza de
Haydn y que acabó con esta extensión en formato álbum. Me parece un inicio
soberbio con la única ilustración de Erlbruch de esa madre en el lateral
inferior derecho de la imagen. Si en La gran pregunta su estilo de
collage era mucho más depurado y minimalista, este texto le viene como anillo
al dedo. El texto de Moeyaert se narra en primera persona, ese yo (un
hombrecillo) que intenta ubicar en dicha abstracción al lector desde la
comicidad de estar en medio de la nada más absoluta: solo Dios y él sentados (el
primero, relajado y, el hombrecillo, circunspecto). El texto no se define por
su brevedad, pero la visión de Dios ante la nada es diametralmente opuesta a la
impaciencia de la naturaleza humana. El papel de Dios es relatar con
socarronería paciente y la curiosidad por conocer el origen de la creación. ¿En
definitiva, quién no lo estaría?
A medida que Dios comienza la creación (la noche y el día),
las preguntas del hombrecillo atónito y confuso ante la paciencia de ese Dios
(con aspecto de hombre en túnica y una larga barba a modo de un sabio) que
observa la materialización de sus creaciones. La actitud del hombrecillo poco
impresionado por la aparición del mar y la tierra contrasta con la del Dios:
sosegada y contemplativa de cada nuevo elemento incorporado a la paleta de su mundo.
También observamos en el diálogo la comparación del hombrecillo con Dios: él
tan importante y, el hombrecillo, tan insignificante.
Pero, ante esas maravillas creadas, también la acusación del
hombrecillo: ¿por qué ese alarde? ¿Por qué hacerle espectador de tal
espectáculo siendo tan insignificante? ¿Por qué debería importarle todo aquello
si no había nadie más? Entonces aparece la fauna en la que los personajes se
unen a un collage en el que peces, aves, cabras, gatos y… Sí, un pato
asomando por el lateral izquierdo hacen su aparición. En esas cuestiones y anécdotas
que rememora el hombrecillo el texto continúa y, finalmente, el fin de la
creación: la pareja para el hombre y el descanso el último día de Dios en la
creación. El texto finaliza repitiendo el fragmento del inicio para cerrar el
sentido de la narración y que el lector cierre el círculo. Un texto filosófico
y divertido sobre la creación con una visión calmada sobre una pregunta sin
respuesta y con una bella inspiración poética. Abrazar lo desconocido con sensibilidad.
Título: El viaje de Olek
Autor: Bart Moeyaert
Ilustrador: Wolf Erlbruch
Traducción: María Lerna
Editorial: Barbara Fiore
Año: 2007
Páginas: 32
Encuadernación
y formato:
30 x 27 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Seguimos en terrenos fantásticos, pero si pasamos por La
creación y Dios, ahora sobrevolamos el cuento de Afanasiev: El pájaro de
fuego. Si el azul era el color definitorio en el título anterior, ahora lo
será el rojo y el viaje de Olek (el personaje que siente la llamada a la
aventura). Una aventura en la que encontrará diferentes pruebas que pondrán a
prueba su voluntad altiva cimentada en la proeza de matar a un oso y hacerse un
gorro con él. Esa será su vara de medida: derrotar a un oso en comparación con
la prueba que se le presente. La primera, atarle los cordones a un niño que
había caído al barro. Así, seguía sumando proezas y buenas acciones a su
historial: “Aquí está Olek -dijo Olek-. Hago lo que puedo” como su
mantra anta cada nueva acción. Después de las tres primeras, Olek se pierde en
el bosque y ante él, un muro impenetrable de musgo que impide su paso. En ese
tránsito encontrará a un pájaro rojo con un ala muerta y, a partir de ese
momento, la aventura de Olek tomaría otros derroteros y pruebas como la de
enfrentarse al mismísimo diablo.
Un cuento fantástico en el que la bondad del
héroe y su persistencia es recompensada al final del camino en el que se pone a
prueba su voluntad. Las ilustraciones de Erlbruch de nuevo son un entramado
minimalista entre el collage, el contraste del color con una limitada paleta y
el trazo con el que dibuja un universo inconfundible.
Por último, rescato este corto animado dirigido por Vladimir
Samsonov en 1984 con música de Stravinsky:
Título: El paraíso
Autor: Bart Moeyaert
Ilustrador: Wolf Erlbruch
Traducción: Goedele de Sterck
Editorial: Barbara Fiore
Año: 2011
Páginas: 40
Encuadernación
y formato:
16 x 24 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
Con El paraíso nos alejamos del formato álbum, destinado
a un lector adulto, y encontramos con un libro magníficamente ilustrado por
Wolf Erlbruch sobre la visión de Moayaert sobre el momento en el que Adán y Eva
poblaban el planeta. La desnudez de los personajes y el reflejo de aquel
entorno natural en el que habitaban, la manera en la que llegaron allí, las
tareas que debían realizar para mantener aquel lugar: “Nos correspondían
cuatro ríos y un terreno arbolado. Podíamos bañarnos en las aguas de los ríos.
Debíamos limpiar el bosque y mantenerlo limpio” (p. 7). La descripción de
la naturaleza, sus aromas y la atracción de sus cuerpos. El inicio de la vida
en el paraíso y, poco a poco, con el transcurso del tiempo ver cómo algunas
cosas eran frágiles y destinadas a desaparecer. Y, también, preguntarse por si
ellos también eran de una naturaleza efímera. Y, a medida que los días y las
tareas se suceden en el mismo lugar, la aparición del tedio.
La insoportable
levedad del ser que diría Kundera. Dos actitudes: persistir ante el temor de
perder lo que se tiene o, por el contrario, cuestionar si aquello es lo que se
desea. Las ilustraciones expresivas del hombre y la mujer, ante el dilema de
cómo mantener la felicidad tal y como deberían y, por otra parte, la
infelicidad de la rutina: “Aun estando cerca de alguien se puede estar muy
lejos” (p. 21). El modo en el que encuentran el equilibrio entre esas dos
situaciones y visiones ocupará el final del relato con la manera con la que
encontraron su lugar en el paraíso. Su visión propia.
Ahora, que suene Haydn y la Nederlands Blazers Ensemble.
* Como añadido a la temática de la creación hilvanamos a partir de Wolf Erlbruch el recuerdo de un álbum poético maravilloso con textos de Gioconda Belli: El taller de las mariposas. En el que el joven diseñador Odaer deberá alcanzar dentro de sus creaciones en el Taller de los insectos uno de sus sueños: combinar una criatura que mezclase las características de un pájaro y una flor. Un texto maravilloso y unas ilustraciones de la etapa previa de Erlbruch con sus collages.
Y, en la última puntada de la entrada, Gioconda Belli también participó en la colección poética de Libros de Cordel (Cortázar, Skármeta, Benedetti,...) en la editorial Libros del zorro rojo con Cuando floreció la risa (ilustrado por Alicia Baladan). En este caso, el jardín del Edén está en la selva del trópico donde Enea y Alia bajaron de la ceiba para comprobar que eran el primer hombre y la primera mujer. Y, en aquella selva, también floreció la risa.
No abandonamos el entorno marítimo y seguimos con la temática
con la que se cerraron las reseñas de la semana pasada a partir de un
maravilloso álbum de Chris Van Allsburg, uno de los grandes autores de la LIJ.
Estos viajes nos dejarán aún cierto aire veraniego en el remanso de la nueva
estación otoñal y, como es habitual en el autor, nos conducirán a situaciones
repletas de extrañeza y fantasía ensoñadora. Las maravillosas ilustraciones al
pastel sirven de marco perfecto para una historia que comienza con el asombro
en un pequeño pueblo de pescadores de los restos de una embarcación. Es la situación
inicial que nos da contexto y desde la voz del narrador, en primera persona,
cuenta su encuentro con un hombre mayor que le explica que su aparición se debe
a un temporal. Esa sería una explicación posible, pero el ambiente de suspense
se genera a partir de la ruptura de la lógica en palabras del señor mayor que
fuma en pipa ante la incredulidad del suceso por parte del narrador: “Bueno,
hay otra historia”. Y, de la misma manera que el narrador, nosotros también
nos sentamos para escuchar la historia de ese misterio que nos narrará en las páginas siguientes y deliciosamente ilustradas.
Lohfink (2012) utilizaba como ejemplo para promocionar en el
aula para el cuestionamiento personal a través de álbumes y sus
interpretaciones del significado de las ilustraciones con referencia al texto.
En definitiva, en el espacio creado entre el poder narrativo de la imagen para
que complete la información textual el receptor (en el que además implicará
otros conocimientos literarios, enciclopédicos o culturales). Stanton (1996)
analizaba la naturaleza ensoñadora en la obra de Chris Van Allsburg y cómo este
álbum fue la primera incursión en el uso del color por parte del autor después
de la publicación de El jardín de Abdul Gasazi (1979), el ganador de la
medalla Caldecott Jumanji (1981) y el viaje dentro de un sueño por monumentos
escultóricos de Ben’s Dream (1982). También se convirtió en un libro que
hacía aún más evidente esa conexión entre el surrealismo literario y el artístico
con la conexión a René Magritte (entre otros artistas que se señala en el artículo).
En otro artículo, curiosamente ubicado en una sección especial dedicada a la
alfabetización visual (“visual literacy”) Neumeyer (1990) habla de la capacidad
para generar el ambiente de misterio y de perplejidad ante la circunstancia de
encontrarnos dos narradores en el álbum (el narrador inicial y el señor mayor
con la pipa) y el espacio para que el lector interprete quién es el protagonista
de esa enigmática historia.
Es la historia de un joven navegante que pretende ser el
mejor del mundo (en este punto me trae recuerdo a muchos personajes de las películas
de Miyazaki en Studio Ghibli) y que se empeña en navegar pese a la gran
tormenta que se avecina en el puerto (olvidando las advertencias en el puerto
de un pescador). En este punto, no hemos observado ninguna de las caras de los
personajes y las ilustraciones enmarcadas ensalzan el sentido pictórico de la
narración. El oleaje con el mar verde, las grandes nubes en el fondo ante la
deriva del protagonista en el barco hasta una playa irreconocible (vemos en el
fondo las nubes y, además de Magritte pensamos en otros autores con la conexión
con el mismo pintor como Quint Buchholz o Anthony Browne) en el que comienzan
las cosas extraordinarias: dos veleros que flotaban en el aire remolcan al Zéfiro
hasta el pueblo. Un pueblo en el que aprenderá cómo navegar de tal manera (de
nuevo, un enigmático marinero es el que se propone en esta tarea).
El segundo dato relevante es que aquel pueblo está apartado
del resto por el peligroso arrecife que hay a su alrededor: en definitiva, ha
llegado al otro lado. El desenlace bajo la luna llena, el viento soplando y la
vuelta a casa en el horizonte nos muestran la resolución desde ilustraciones
que parecen un retorno del País de nunca jamás (la luna reflejada en el agua,
surcar el cielo y la vista del campanario en una secuencia hipnótica y que
también nos lleva hasta David Wiesner). Una vez que conocemos la historia de un
velero que apareció misteriosamente en la costa, conocemos los datos del primer
narrador sobre la manera de caminar de aquel viejo que fumaba en pipa y que
conocía una historia más allá de la realidad. Otra realidad en la que
maravillarnos gracias a Chris Van Allsburg.
Para finalizar, en otro de los artículos que encontré que
empleaban la lectura del álbum de Van Allsburg, una práctica habitual en el
verano escolar: la lectura vacacional y aquellos cuadernillos de actividades para
no perder el hábito de “la letra con sangre entra”. En este caso, El
naufragio del Zéfiro fue parte de una experiencia didáctica de lectura
voluntaria durante el verano descrita por White y Kim (2008) en el que también
implicaron a las familias en el desarrollo de la tarea.
Lohfink, G. (2012). Promoting self-questioning through
picture book illustrations. Reading Teacher, 66(4), 295–299. https://doi.org/10.1002/TRTR.01124
Neumeyer, P. F. (1990). How Picture Books Mean: The Case of
Chris Van Allsburg. Children’s Literature Association Quarterly, 15(1),
2–8. https://doi.org/10.1353/chq.0.0727
Stanton, J. (1996). The Dreaming Picture Books of Chris Van
Allsburg. Children’s Literature, 24(1), 161–179. https://doi.org/10.1353/chl.0.0435
White, T. G., & Kim, J. S. (2008). Teacher and Parent
Scaffolding of Voluntary Summer Reading. The Reading Teacher, 62(2),
116–125. https://doi.org/10.1598/rt.62.2.3
Encuadernación
y formato:
24,5 x 26,8 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano
Reseña:
El autor austriaco Heinz Janisch (1960 y candidato por su
país para los Premios Andersen en 2022) y cuenta con una larga publicación de
títulos en la editorial Lóguez, del que reseñamos recientemente La
batalla de Karlavach y cuenta con títulos clásicos como ¡Zas!¡Pum!
ilustrado por Helga Bansch, el divertidísimo El rey y el mar junto a
Wolf Erlbruch o la parodia de La gran carrera junto a Gerhard Harderer.
Un sentido del humor con tintes surrealistas también impregna a sus relatos y,
otra joya como Sencillamente tú fue ilustrado por Jutta Bauer, de quien es
imposible no citar un título como El
ángel del abueloen esta ocasión y cuyo título reseñó Sandra
Martínez este verano en el blog.
Con Aljoscha Blau cuenta con más títulos publicados (como el
divertido y disparatado El pañuelo de mi abuela con un juego propio de
la tradición oral en el que se encadenan elementos sorprendentes en el pañuelo
de la abuela) y con Mejillas rojas ganaron el Premio de la Feria de
Bolonia en 2006. Ambos álbumes con el ilustrador Aljoscha Blau en el que el
surrealismo impregna la narración y que, de alguna manera, alcanza conexiones
como el realismo mágico en el cine y me recuerda a una película como The
taste of tea (2004) de Katsuhito Ishii, una comedia absurda y con elementos
fantásticos para amantes del cine oriental (aunque por género y reflejo de la memoria
también la archiconocida Olvídate de mí de Michel Gondry nos serviría).
El libro nos remite a la voz del niño recordando todas
aquellas peripecias que le contaba su abuelo: “De pequeño mi abuelo tuvo una
vida muy agitada. Por lo menos, él así lo cuenta”. A medida que crecemos
tenemos una relación diferente con nuestros mayores. En la infancia, absorbidos
por todas esas historias de vida y narraciones de cuentos. En la pubertad y
adolescencia, intentamos diferenciarnos de todo lo que tenga que ver con nuestras
familias y establecer nuestros grupos de amistades y pertenencia generacional.
Esto, parece un recordatorio de las etapas y estadios archiconocidos de Piaget,
pero tan solo un recordatorio sobre cómo (des)conectamos con la memoria de las
anteriores generaciones. En esa etapa de pubertad y adolescencia, las anécdotas
de nuestros mayores siempre acaban en el cajón de las “batallitas”.
En Mejillas rojas, cada anécdota representada supone
una sorpresa para el lector, jugando con el extrañamiento, la ironía y el
absurdo consigue el reflejo de un lugar poético y simbólico. Una cualidad de
este autor que, como mencionamos anteriormente, nos regaló la joya El rey y
el mar. El lugar donde almacenaba el agua, la persecución hasta el último
rincón de una abeja, el funcionamiento del ombligo o las consecuencias de golpear
una nube con un balón. Momentos en el que el nieto (voz del relato) también
cuestiona la veracidad de estas, pero que si lo dice su abuelo será verdad. Es
decir, el nieto no rompe el pacto de la fantasía que nosotros tampoco haremos
con la lectura. Cada anécdota bien vale pensar en ella como una verdad. También
le cuenta cosas sobre la escuela, la guerra y sus aventuras. Como lectores, podríamos
anticipar que el tono surrealista pasará al realismo crítico con estos
aspectos. Por suerte, nos quedamos en el simbolismo literario.
Una de las anécdotas, la reflejada en la ilustración de la cubierta,
me parece deliciosa: encontrarse unas alas para dar una vuelta y, dejarlas en
su sitio. ¿Cuántas veces hemos pensado de pequeños en cómo sería tener alas?
Siempre, sus mejillas rojas se reflejan (aquello que nos decían de pequeños:
cuando mientes, te pones rojo) y observamos cómo avanza en el tiempo y el niño,
se convierte progresivamente en adulto (divertidísima la anécdota sobre la
guerra y el lugar sobre el que cayó con su paracaídas, con un simbolismo muy
Magritte, como en la vuelta al mundo). Los textos y las ilustraciones conectan
en un reflejo divertido e íntimo de la narración, un disfrute en el que
detenerse en los detalles y dejar volar nuestra imaginación. Finalmente, la
edad hará que cada vez se haga más transparente, pero al igual que al
protagonista, encontraremos un final abierto en el que quizás también se nos
pongan las mejillas rojas. En la dedicatoria final de Aljoscha Blau leemos: Para
todos los que participan en la resistencia contra la “realidad”. Fantástico
consejo para todas aquellas personas que disfrutamos de la LIJ. Una delicia.
Y, como diría Tom Waits: Te contaré todos mis secretos, pero te mentiré sobre mi pasado. (en Tango till they're sore del gran Rain dogs)
Después del pequeño recordatorio a un autor esencial como
Tomi Ungerer, turno para otro autor con una trayectoria consolidada en el
ámbito de la LIJ como es Davide Cali y, recientemente, también firma como parte
del colectivo Cornelius con el último título para Océano Travesía, el álbum El
día de las ballenas (2020). En este caso, acompañado por Serge Bloch con el
que repetiría con acierto con El enemigo (2007) y, con este El hilo
de la vida(que
también contiene una referencia al conflicto bélico) nos adentramos de nuevo en las cuestiones existenciales y la
finitud cíclica. Los elementos que emplean ambas obras son similares, trazos
sencillos sobre el blanco del álbum dominando el formato, la imagen de recortes
y el empleo del rojo en contraste.
En este álbum, aún más minimalista que en El
enemigo. Con una disposición en horizontal y con el formato desde la
portada simulando un sobre, representa perfectamente una misiva sobre anhelos
de su protagonista que nos narra en primera persona (el libro empieza con “Espero
hacerme mayor…”). De la misma manera que en Noche de tormenta mencionábamos
a Shel Silverstein y La parte que falta, en este caso podemos repetir la
mención al estadounidense con su El árbol generoso y la secuencia de la
infancia, juventud, madurez y vejez. En este caso el hilo conductor no parte de
un elemento natural, sino de un hilo rojo posible alusión a la leyenda oriental
que también tuvo por aquella época una traslación cinematográfica con la
película Dolls (2002) de Takeshi Kitano o musical con el disco de la
banda escocesa Arab Strap titulado The Red Thread (2001).
Portada reedición 2017
Esta leyenda nos
explica que estamos predestinados por la unión de un hilo imperceptible e
inquebrantable a nuestras personas queridas (desde la descendencia hasta nuestra
pareja). En el libro-álbum no es exactamente una adaptación de esta leyenda, aunque
vemos imágenes como el matrimonio entre el protagonista y su esposa representados
con este simbolismo del hilo rojo (o cuando con ese hilo rojo se adentra en el
bosque deseando encontrar el amor y, ya que estamos, nombrar In the mood for
love). Podríamos escoger la mitología griega, pero el hilo en el
diccionario cuenta con una riqueza de acepciones y locuciones que nos pueden guiar
por el tránsito del protagonista.
Estirando el hilo para crecer, el lazo de su
madre, el hilo rojo del jersey, el cordón de terciopelo en la cola de un cine,
las guirnaldas decorativas de Navidad y, con mucho más impacto visual: la vía
sanguínea y el cordón umbilical. El retrato de una vida de anhelos, alegrías y
tristezas, desavenencias y reconciliaciones, soledad y espera, reencuentros y
un ciclo en el que la vida y la muerte se superpone. En definitiva, el anhelo
de una vida plena. Y, en esa aceptación, el brillo de la esperanza de un libro
sensible y con el sentido de humor necesario para no adentrarse en las arenas
pantanosas de la sensiblería impostada. Curiosamente, este álbum al igual que Noche
de tormenta fue trasladado a un formato de cortometraje animado dirigido por Claire
Sichez para Les films d’ici 2 en 2013.