El nombre de Kitty Crowther nos ha acompañado en diferentes
entradas durante el curso pasado. Hoy, volvemos con uno de sus primeros
trabajos que se publicó originalmente en 1995. La característica destacable es
que se trata de un álbum sin palabras (a excepción del título, la dedicatoria y
algún titular de periódico que se cuela en la última viñeta) y su narrativa
visual recae en la secuencialidad y fragmentación de la página en pequeñas
viñetas (dos por página). Aunque esta apreciación proviene más del mundo
académico del cómic, la sorpresa no recae tanto en el paso de página sino en el
paso entre viñetas. Es un álbum en el que las guardas nos revelarán mucha
información de ese viaje y nos puede conectar con las de Travesía de
Peter van den Ende o Ben’s Dream de Chris Van Allsburg, entre otros
viajes (los más embemáticos, los de Mitsumasa Anno).
El esquema narrativo y la dedicatoria nos llevan a otro
lugar conocido como el clásico de Maurice Sendak Donde viven los monstruos.
¿Por qué? Se preguntarán ustedes. La dedicatoria es para ti: que un día
maldijo la tierra porque no era como querías. Y, efectivamente, se refleja
una riña a las 18:30 de la tarde entre la madre y el pequeño. Lo sabemos por su
expresión enfadada, el gesto indicándole una salida… Esa misma viñeta alcanzará
otra significación final en dirección hacia un lugar donde algo “aún estaba
caliente”. Ya me entienden.
Así, la narrativa visual comienza sin una situación inicial
que explique o de un preámbulo (aunque sea visual). No, directamente al conflicto (recuerden también Madrechillona) El pequeño enfurruñado sale
de casa (al contrario que Max), pero sigue en su ensimismamiento realizando un
paseo que recorrerá el tiempo, diferentes etapas históricas y eventos, latitudes
y medios, ropajes de época. Esto me recuerda a un clásico del cine europeo como
Sanatorium pod Klepsydra de 1973 dirigida por el gran Wojciech Has).
Eventos fantásticos incapaces de ser descubiertos por nuestro caminante
enfurruñado (ahí se establece la relación irónica intraicónicamente) y que nos
conducen con interés por cada salto que le rodea en este viaje fascinante para
el lector. Su reto: descubrir todos los detalles y establecer una relación de empatía por un personaje que
no ceja en su enfado por tierra, mar o aire.
El lector descubrirá tesoros y cabezas cortadas, molinos y
semblanzas con pingüinos y el afinado sentido del humor de Kitty Crowther y las
diferentes decisiones en el número de viñetas para estructura la secuencia. A veces para crear un gag en cuatro viñetas con su inicio, nudo y desenlace -la
de Egipto mi favorita-; otras para marcar espacios entre latitudes y culturas.
Obviamente, el lector necesitará un bagaje para comprender la referencia histórica,
cultural o alusiones intertextuales (o icónicas) y que se active el componente
irónico. Como en el microrrelato de Monterroso: la referencialidad estaba ahí.
En la última viñeta el titular del periódico aporta un pequeño chiste y sirve
para conectar este álbum estilísticamente con la tira cómica. Un mapa de
fantasía y diversión tremendamente recomendable y que, pese a no traducirse en
el ámbito estatal, no resulta necesario al recaer todo el peso narrativo en la
imagen. Que no es un reto menor, ya saben.
Con este título aprovecho para recomendarles que paseen durante
los días festivos y despejen su mente. A más de uno/a le hace falta.
Y,... Sí. Me refiero a ti (al igual que en la dedicatoria).
Días de tormenta. Estruendo y petricor. Llevaba tiempo con
ganas de reseñar este libro de la artista belga Anne Brouillard que ya tuvo una
entrada en el blog con el magnífico Trois
chats. En aquella reseña ya se citaban algunos trabajos teóricos que
señalaban la grandeza de un álbum como L’orage. Desde la comparación de
Van der Linden (2015, pp. 72-73) de las cualidades cinematográficas con las que
se articulan, especialmente, los álbumes sin palabras. En este tipo de álbumes
se requiere de un lector activo, pero en el caso de L’orage la
complejidad de la composición del espacio y de la secuenciación temporal es
todo un desafío. Beckett (2018) también citaba a esta narrativa sin palabras
como un perfecto ejemplo de álbumes que desafían fronteras artísticas bajo el
término “crossover picturebooks”.
“Wordless crossover
picturebooks are multilayered texts that present a complex and enigmatic form
of narration with an endless possibility of meanings. Each reader brings his or
her own personal knowledge and experience to the interpretation of the visual
images and the construction of the narrative.” (p. 213)
Este desafío tridimensional queda perfectamente analizado
por Nières-Chevrel (2010) con un capítulo entero en el que desmenuzar cada
acontecimiento que nos asalta en la doble página. La organización de la
secuencia tomada con libertad y empleando para cada punto narrativo una
diferente estrategia de ordenación interna desde la doble página, página
sencilla, múltiples viñetas relacionadas en diferentes direcciones de lectura,
con páginas previas o con diferentes ampliaciones focales. Inclusive, Meunier
(2019) le dedica en un artículo dedicado a la autora un estudio de los movimientos
del gato negro durante la narrativa.
Donde todos estos trabajos coinciden es en la ruptura de las
dos dimensiones para movernos como observadores entre puertas, habitaciones y
espacios. Del mismo modo, el título del álbum nos indica que estamos ante una
tormenta (observamos los nubarrones entre la belleza de una tarde en un entorno
rural). Cubierta y contracubierta en continuidad dibujan un precioso lienzo que
nos remite a un tiempo futuro en la narración. La belleza pictórica de este álbum
es otro de los reclamos para una narrativa espectacular como la calificaba Nières-Chevrel
(2010, p.130). Ante un acontecimiento que nos resulta familiar, el anuncio de
una tormenta, somos capaces de recordar percepciones y memorias de esos
acontecimientos. Una tormenta no te puede pillar desprevenido y cuando te
sobreviene sin prepararte la confusión e improvisación se adueña de ti.
Improvisación suena a música jazz: a Ornette Coleman o Albert Ayler. Una
tormenta bien podría ser tan impredecible como el free jazz. Sin duda, L’orage
no es una narrativa visual sencilla.
En Trois chats el aura cinematográfica se
construía entre el enfoque y el plano con el suspense al cruzarse las miradas
de los peces y los gatos. En Le sourire du loup (1992), con el que
obtuvo una mención honorífica en la Feria de Bolonia en 1993, el juego se
basaba en el zoom. De un plano panorámico que se amplía hasta llegar a la sonrisa
del lobo y hacer una especie de metalepsis visual que nos remite al inicio de
la panorámica. Adicionalmente, en el contenido simbólico del lobo como depredador con el
color rojo.
L'orage es un álbum inteligente que fragmenta con su
mirada el tiempo y el espacio, la secuencialidad y la capacidad de inferir lo
que ha pasado en las páginas anteriores en relación con las imágenes presentes.
Un álbum de enorme belleza que nos permite sentir la confusión de la tormenta,
del sentimiento tanto en el exterior en búsqueda de cobijo, como en el espacio
interior del hogar en el que el sobresalto del viento irrumpe entrando por las
ventanas. El ensombrecimiento en el que aparece el rayo dividiendo la penumbra
del brillo en los cristales. La cualidad tridimensional de la mirada de
Brouillard para el espectador funciona para cuestionarle sobre la ubicación espacial en la que se encuentra inmerso. ¿Qué parte está
viendo en las panorámicas para ubicar la casa de referencia en la que están los
gatos (el negro entrando para esconderse y el anaranjado sorprendiéndose ante
el aviso mientras dormía en la banqueta del piano)?. Un juego que se inicia
desde el espejo con el que vemos el exterior de la casa y con el que
comenzaremos nuestro viaje por los ángulos de su mirada (parece que estemos reconstruyendo la escena como en Blow up de Antonioni). Estos nos revelan los espacios en los que transitan de
los felinos, la pareja de jóvenes que se ven sorprendidos en medio del campo o
las vacas.
Cada acontecimiento de la tormenta es palpable en sus luces,
en la dinámica que anuncia su llegada, el viento, el ensombrecimiento, el rayo,
el sonido de las gotas repicando en las ventanas, el goteo incesante en los charcos,
ondas expansivas en el cubo, el reflejo del cielo en los grandes charcos en la
tierra. Juegos de espejos en un tiempo que fluye hasta unificarse en las
últimas páginas y en el que buscar la dirección en el que las dobles páginas
nos están revelando nuestra posición como observadores en el espacio. Ese
movimiento queda perfectamente descrito por Nières-Chevrel (2010, p.131)
“Anne
Brouillard combines this fundamental power of pictures—that is, to tell present
time eternally—with the invention of a camera eye. She pictures our presence in
the book in the disguise of a camera moving around in a three-dimensional
space. The viewer enters a house through a half-open door and goes out of it
through the window; he/she circulates at his/her free will.”
Esta reseña también surge como un ejemplo de la complejidad
que implica la lectura de un álbum y sobre su análisis exhaustivo siempre se
puede acudir a la tesis de Bosch (2015) entre otros trabajos académicos. El curso
pasado me interesé por revisar los artículos publicados en lengua inglesa en
las bases de datos Scopus y Web of Science y que acabó
comprendiendo mi búsqueda al periodo 1975-2020. Esta revisión de artículos (Martínez-Carratalá,
2022) ha sido publicada en el último número de Ocnos. Revista de estudios
sobre lectura por si os resulta de interés.
En conclusión, una narrativa visual como L’orage sirve
como perfecto ejemplo del nivel de complejidad que implica la alfabetización
visual, la comprensión multimodal de las estrategias de la gramática visual
desplegadas para compartir un momento reconocible, la tormenta como un crescendo
o una partitura. Desde acordes lánguidos y espaciados hasta la tensión narrativa
que se desvanece ante una nueva calma en la que acabamos transformados. La
lectura precisamente tiene ese poder y en las narrativas visuales no precisa de
palabras para crear una obra tan sugerente y expansiva como esta.
Una grandísima joya de Anne Brouillard y que me acompañaba
una tarde de tormenta en el campo mientras escuchaba con nostalgia de domingo
un disco de Hope Sandoval junto a Colm Ó Cíosóig (piezas de Mazzy Star y My Bloody
Valentine unidas) en Bavarian Fruit Bread (2001). Un disco con dos
décadas cumplidas y con un sonido fuera del tiempo. Hay otras canciones con las
que me gustaría cerrar esta entrada, pero creo que si hablamos de
alfabetización visual esta sirve de perfecto colofón:
Referencias
Beckett, S. L. (2018). Crossover picturebooks. En B. Kümmerling-Meibauer (Ed.), The Routledge companion to picturebooks (pp. 209-219). Routledge.
Martínez-Carratalá,
F. A. (2022). Álbumes sin palabras: revisión teórica de los artículos
publicados entre 1975-2020. Ocnos. Revista De Estudios Sobre Lectura, 21(1).
https://doi.org/10.18239/ocnos_2022.21.1.2746
Meunier, C. (2019). Anne Brouillard et le génie des
lieux. Textyles. Revue des lettres belges de langue française,
(57), 27-42. https://doi.org/10.4000/textyles.3715
Nières-Chevrel,
I. (2010). The Narrative Power of Pictures: L’Orage (The Thunderstorm) by
Anne Brouillard. En T. Colomer, B. Kümmerling-Meibauer, y C. Silva-Díaz (Eds), New Directions in Picturebook Research, (pp. 129-138). Routledge.
Encuadernación
y formato:
19,5 x 25,5 cm. Tapa dura.
Idioma: álbum sin palabras
Reseña:
Recientemente recuperamos un álbum de la editorial Nieves
books con Knigi
et le libre fantôme de Benjamin Sommerhalder y, en esta ocasión,
retornamos a su catálogo para este fabuloso Nepomuk (de 1964 que editó
Diogenes Verlag y en 1966 en la clásica Harpers & Row). Su autor, el suizo Peter
Wezel, comentaba en su web el proceso de creación de este libro o cómo
acercarse a la idea de literatura infantil (enlace) en aquella
época, cómo fue un proyecto que pasó a un cajón al dedicarse profesionalmente
al diseño gráfico y, finalmente, retomado a partir de un pequeño script para
nuestro deleite visual con la sencillez de sus dibujos con pasteles de cera. Un
libro que nos conecta con títulos como Trois
chats de Anne Brouillard, por el uso narrativo de la secuencia visual
para un divertido fragmento envuelto de cotidianidad y simbolismo.
Un álbum sin palabras en el que nos reconciliamos después de
unas entradas centradas en aspectos más subversivos y también centrándonos en
el placer de la lectura, en este caso visual. La libertad de ese pajarillo rosa
en el bosque frente a la del pez naranja en la pecera de la casa. La mirada y
el interés, la felicidad de volar libre frente a la tristeza de estar atrapado.
Conceptos muy claros y contrapuestos. La infelicidad del pececillo será el
inicio del conflicto que se solucionará con la gentileza del pajarillo rosa que,
aunque vive en libertad, también necesita a otro. Amistad y compañía, compartir
buenos momentos. La paz y la tranquilidad, miradas que demandan nuestra
atención. Una narrativa transparente, lúcida y cálida. Resulta interesante el
uso del pliegue para diferenciar esos dos mundos y la ruptura para mostrar un
final en el que el sol irradia. Cándido, sencillo y perfecto. Un libro que
conecta con el lector infantil y una belleza de la esencia como máxima
expresión. Un regalo.
Sin palabras, hablan las miradas y la música suena. Así, Nepomuk
me lleva inevitablemente a una de mis canciones favoritas: This must be the
place (Naive Melody) de Talking Heads. Dejaré algunos fragmentos:
Encuadernación
y formato:
25 x 32,5 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano. Álbum sin palabras
Reseña:
Jörg Müller pasó por el blog con la recuperación de la
maravilla metaficcional El
libro en el libro en el libro y, una de sus obras más célebres, es su recreación
del texto de Hans Christian Andersen de El soldadito de plomo. En el
manual clásico de Teresa Colomer, Introducción a la Literatura Infantil y
Juvenil (en su segunda edición de 2010) señalaba dentro de las tendencias de
la LIJ en el cambio de la década pasada “el reflejo de las sociedades
posindustriales” (pp. 151-159) con los cambios en los modelos de familia, la
multiculturalidad, la memoria histórica y, en el caso de este álbum, la crítica
social. La modernización del contexto de la historia nos lleva a un viaje
alrededor del ciclo económico y las diferencias culturales entre las sociedades
del primer mundo con las que se encuentran en vías de desarrollo. Un viaje que
nos muestra las caras del bien y del mal, típicas de los cuentos representados
por las sombras del modelo capitalista de consumo frente a otras realidades.
El
suizo Jörg Müller, muestra en esta obra sin texto su habitual crítica en la
evolución de las sociedades de consumo como ya hiciera en otras obras que no
fueron editadas en castellano, pero que representan iconos culturales como las
colecciones de láminas en los años 70 que por comodidad y brevedad del título
pondré en inglés: The changing countryside (1973) y The changing city
(1976). En castellano, además de la recuperación de El gran gris (junto
a Jorg Steiner, publicado también en Lóguez y que sería habitual el trabajo
conjunto como The rebellion of the animals o The New Town Musicians),
su edición ha sido mínima y teniendo en cuenta que ha sido un autor que también
posee el Premio Andersen de ilustración en 1994, compartiendo un realismo y un detallismo
cinematográfico por la variedad de planos que emplea en sus libros que también
nos conecta con otro autor cuya obra ha sido más conocida en castellano como
Roberto Innocenti.
De alguna manera, el sentido crítico y subversivo de sus
obras muestra aquello que apuntábamos a partir de la importancia del
posicionamiento del autor con la obra y la necesidad de conocer las
características que le definen como un autor que busca la tensión visual con la
idea de mundo o sociedad avanzada a costa del desarrollo soterrado de otras.
Con El soldadito de plomo leemos la opresión sin necesidad de texto, algo
que también nos conecta con un autor como Armin Greder (esquivo en la edición
en este país y que también cuenta con su primer libro publicado en 2003 por
Lóguez y el inconfundible La isla). En este sentido, la ausencia de
texto es una herramienta clave para la apertura en la construcción de
significados por parte del lector y la inferencia de estos, como una propuesta
de Müller a interpretar su visión y cuestionarse aquello que el autor quiere
señalar en cada plano, cada detalle y objeto.
También, una lectura cultural a
partir de una narración clásica de Andersen y que sirve de escenario para un
viaje por la sociedad de consumo que comienza con la soledad del soldadito soterrado
al lado de una rata que aparece con una cría muerta en su boca. De entrada, no
es una mala representación icónica. La luz aparece al levantar las tablas del
suelo en el que el soldadito es rescatado en un contexto que nos ofrece una
nueva información: la remodelación de una casa y una tirita en el dedo que
seguramente será fruto de alguna astilla durante la tarea. A partir de ese momento,
nos movemos en el tiempo y fruto de ese cambio merece la referencia del autor a
su propia obra en una habitación en la que vemos, además del cambio en el
crecimiento del bebé y sus juguetes, las láminas a modo de póster de The
changing countryside y la aparición de la portada de El gran gris
(un libro que me recuerda a la adaptación de John Hurt de la novela de Richard
Adams Watership down).El mundo
del bebé que tan solo necesita un cerdito rosa de peluche, la infancia llena de
más juguetes y bloques de construcción (y la aparición de la Barbie como la bailarina
e icono de la cultura consumista popular). Sobre la Barbie y otros ejemplos
contraculturales me gustaría rescatar una iniciativa que siempre me pareció de
lo más hilarante como el Barbie Liberation Organization y la crítica a la cultura
mediática de los años 90 que consistió en el cambio de las grabaciones que incorporaban
los muñecos de acción GI JOE con los de mensajes de la Barbie, en una denuncia
de los estereotipos y prejuicios de género que se asociaban a los diferentes
juguetes. Aquí tenéis el
vídeo que, por suerte, aún se conserva en YouTube.
Páginas que marcan el
paso del tiempo y abandonanla doble
página para dinamizar la lectura visual en la que podemos recrearnos en la
montaña de juguetes y, de nuevo, referencias a la obra de Müller mientras se da
la espalda a los juguetes y comienza la era de los videojuegos (referencia a Toy
Story y el título con Steiner, The rebellion of the animals). Ahora,
los juguetes forman parte de la basura que dejar atrás en la mudanza, donde la
Barbie y el soldadito se encuentran. Siempre desde un plano contrapicado que
nos coloca como lectores en un punto similar al de un juguete en la inmensidad
de un mundo ante el que también nos sobrepasa a nosotros. Un viaje en la que se
encontrarán con diferentes miradas que les conducirán hacia espacios que
conectan con el texto de Andersen como una versión posmoderna y que nos
encamina hacia el viaje alrededor del mundo, desde el viaje por la alcantarilla
en el barquito de papel (como si de un efecto mariposa se tratase) guiados por
el azar y unidos.
De la majestuosidad de la ciudad y la narración que en
nuestra imaginación se llena de sonidos reconocibles y con la sorpresa de cada
etapa del viaje: el mar, la pesca, el mercado y, siempre, los desechos de los
modelos de economías lineales, tan solo sujetas a la ética del coste y el
valor. La obsolescencia como modo de crecimiento perpetuo por las sociedades
globalizadas y como migajas para las economías del tercer mundo. Los detalles
siempre nos conducen y revelan pistas del nuevo paso narrativo (como el niño
que recibe con alegría esos desechos y el avión que aterrizará con una
tripulación que posteriormente se relacionará con él). La idea de turismo
cultural, el poder del dinero se mezclará con la imaginación y los afectos,
para encadenarnos a un final que nos devuelve a un final feliz para los objetos
protagonistas. Un espacio en el que permanecerán juntos, pero en el que han
comprobado las cenizas de la sociedad consumistas. Una obra maestra, realista e
incómoda, pero que sigue vigente y que plantea reflexiones sin edad. Como
contrapunto, e ironía del destino, la obra de Jörg Müller también se ha
convertido en un objeto de coleccionismo y de precios prohibitivos para algunas
de sus referencias.
Esta semana volvemos a meternos en jardines y profundizando
en espacios pictóricos como ayer con Javier Sáez Castán y, hoy, con Lorenzo
Mattotti (Brescia, 1954). De su obra en álbum tan solo tenía referencia a su
interpretación de Hansel & Gretel de los Grimm con ese imponente y
expresivo uso del blanco y negro. Su obra está más centrada en la exploración del
color y el formato cómic (premio Eisner por su reinterpretación de Dr. Jekyll
y Mr. Hyde), pero es un artista con un historial imponente en el ámbito de
la ilustración. En el ámbito infantil, otra adaptación de un clásico como Pinocho
(que tuvo edición en castellano en 2007) y el álbum Eugenio (Grand Prix
de Bratislava en 1993, sin edición en castellano). Trabajos para moda, portadas
para diferentes medios como The New York Times y un currículum artístico de un
autor polifacético que también ha explorado el mundo cinematográfico,
especialmente con su reciente largometraje La fameuse invasion des ours en
Sicile (2019) a partir de la novela de Dino Buzzatti (también participó en Peur(s)
du noir (2007) un filme que se componía por diferentes episodios de autores
de cómic tan relevantes como Richard McGuire o Charles Burns.
Con Blind participa en una colección de la editorial
italiana Logos en la que exploran artísticamente libros que reflejan la
discapacidad visual y colaboran con la organización humanitaria CBM dedicada al apoyo a la infancia con diversidad funcional en los países más pobres. En este
álbum sin palabras (tan solo el epílogo con la información de la labor de la
organización) retomamos la idea de jardín, luz y color que dejamos tras La
merienda del señor Verde. El libro se inicia con un intrigante protagonista,
una especie de cuervo humanizado ataviado en un frac (o son unas alas…) que se
adentra en un paraje oscuro que nos devuelve a su Hansel y Gretel (editado
en España por Libros del zorro rojo en 2010).
El negro envolvente de sombras y
árboles que se enredan y enzarzan como una expresión violenta y misteriosa mientras
el personaje avanza, lo observamos entre la maleza y desaparece hasta llevarnos
súbitamente a la oscuridad absoluta. Así, en una doble página completamente
negra se representa ese tránsito que posteriormente nos llevará hacia la
aparición del color: unas machas, texturas entremezclándose y la paulatina
definición en formas, cielos y bosques de otra dimensión. El contraste de los
colores, las formas geométricas, la perspectiva y el volumen nos rodea y nos da
la bienvenida: juegos, vida y celebración del color en la que finalmente conocemos
al oscuro personaje del inicio del libro en su majestuosidad y color. La
alegoría de un libro por albergar esperanza. En las imágenes y en una entrevista
realizada en las fechas de edición del libro hablaba de su inspiración
musical cuando pinta: Thelonious Monk y John Coltrane (así entendemos el piano
y el clarinete en esos dibujos). Un álbum artístico y poético.
Con What Animal is Hidden? Su propuesta también está
centrada en el poder del cambio de página como elemento transformador. De
nuevo, el color es un elemento que se integra en el libro y que explora de
nuevo el límite del pliegue de la página en un juego que posibilita la
inferencia del lector de qué animal está escondido. Primero, vemos su parte
trasera y, con el cambio de página, descubrimos de quién se trataba. Diez
animales ordenados por tamaño y que posibilitan un juego de interacción en el
diálogo con los pequeños lectores que infieren y anticipan las respuestas. Un juego
que también precisa el paso de página para encontrar su correspondencia y que
divierte en el aula con un formato apropiado para sus manos y un material acartonado
que es apropiado para los prelectores.
Un libro sin texto abierto a todo tipo de interacciones y
posibilidades tanto para el diálogo como para optar por otras estrategias
narrativas. En la primera sesión en la que presenté el libro en el aula a mi
alumnado (tienen 2-3 años), tenía claro que el juego era jugar con sus
inferencias y que adivinasen qué pasaría en el cambio de página, así como qué
ruido haría cada animal. Una vez finalizada la narración con sus intervenciones,
otro aspecto que les da seguridad es la evocación del recuerdo y que son
capaces de recordar esa secuencia de animales. Al finalizar el libro con un
elefante, decidimos recordar en sentido inverso los animales que aparecían con
la melodía de “Un elefante se balanceaba”.
Esto, tan solo es un ejemplo de una de las posibilidades y
que simplemente opta por canalizar un libro que conecta con sus intereses (el
mundo de los animales) envueltos de color y con el contraste en la selección cromática
que envuelve al trazo negro (marrón/rosa; amarillo/verde; rojo/azul;
azul/amarillo; verde/rojo;…) y de nuevo, otra variación en los elementos que
Antonio Ladrillo explora en sus libros que resultan un ejemplo perfecto de álbumes
perfectos para prelectores y para una biblioteca de aula infantil. Y, vuelvo al
inicio de las entradas, estos álbumes podrán dar para entradas en los que hago
uso de referencias y aproximaciones de investigaciones alrededor del álbum para
explorar un aspecto más sesudo.
Puedo deciros (como si fuese una alerta por
desvelar el final de una película o serie recién estrenada) que sus álbumes son
una propuesta en la que prima la diversión y es disfrutada en el aula. Les
encantan sus libros y, por este motivo, me interesaba más profundizar en su
obra y planteamientos. Títulos más que recomendados y que espero que a las
personas que lean este espacio disfruten tanto como yo lo hago.
Dentro de la tipología de los álbumes sin palabras, Anne
Brouillard (1967) es una de las autoras e ilustradoras con mayor trayectoria en
la publicación de este tipo. Beckett (2012), señalaba la singularidad de su
obra y el desconocimiento en países anglosajones de su obra respecto a otros
laureados autores como David Wiesner. Por otra parte, también resaltaba un
hecho esencial en este tipo de libros como su publicación en otros países en la
que este tipo de álbumes tan solo precisa la traducción del paratexto del
título y la información editorial, siendo un tipo de libros que tienen una
audiencia potencialmente transcultural debido a que su soporte narrativo es la
secuencia conformada por sus imágenes y el texto subyacente que se puede crear
mediante el diálogo e interacción entre el lector y el adulto que acompañe su
lectura (o el lector individualmente).
Su trayectoria está consolidada y reconocida por premios
durante su carrera como autora y, después de este álbum (su ópera prima),
destacan los reconocimientos por Le sourire au loup en 1993 con el Premio
Graphico en la Feria de Bolonia y la Golden Apple en la Bienal de
Bratislava. Su obra L’orage (1998) fue un de las destacadas por Van der
Linden (2015) como ejemplo de secuenciación visual y el empleo de recursos
cinematográficos para elaborar una obra que sigue con la belleza pictórica de
sus libros, poder de las imágenes en una obra también analizada New
directions in picturebooks research (2010, pp.129-138) por Isabelle
Nières-Chevrel , una auténtica delicia de esta autora e ilustradora belga y
definido por Nières-Cheverl:
“Pictures enable
Anne Brouillard to represent the successive components of a thunderstorm and
her artistic choices give the pictures a mimetic status. Pictures have a
“make-believe” power over the reader/viewer; they create an illusion of reality
that revives memories of thunderstorms.” (p. 137)
Anne Brouillard ha explorado también el formato del
libro-objeto con secuencia desplegable en el formato acordeón en Voyage d’Hiver.
Libros que en el mercado español no han sido editados (se ha traducido Los
aventureros de la tarde (2019) un álbum de la autora con texto por la
editorial Laberinto) y cuya adquisición de muchas obras que no se han reeditado
se hace especialmente tortuosa.
Volviendo a Trois chats, es un libro-álbum que juega
con el extrañamiento y el surrealismo en un formato que podría representarse
perfectamente como un pequeño sketch para la realización de un breve
cortometraje. Visualmente impecable y atractivo por la belleza pictórica, el
uso del color en esos tres gatos blancos y negros (con diferencias en los
colores de sus ojos) que plácidamente desde su rama nos guían con su mirada en
el paso de página como lectores. Tres gatos que, una vez ampliado el foco observamos
qué miraban con tanto interés, ven cómo tres pescados rojos saltan en el agua.
Con dos secuencias a doble página nos muestra la situación inicial y el inicio
del conflicto narrativo. El encuadre se acerca y observamos el cuerpo de uno de
los gatos arquearse hacia el agua mientras los peces saltan y, finalmente el
salto (del gato, de los peces). Y el remojón.
Ese punto central de la narración con el pequeño suspense
cuando el gato desaparece en el agua y en la siguiente página queremos
descubrir, al igual que los otros dos gatos qué ha sucedido con él. Su salto
para buscarle y un nuevo remojón que acaba con los tres gatos en el agua. Y,
con ellos sumergidos, el conflicto se resuelve con la extrañeza del salto de
los peces rojos hacia la rama en la que estaban los gatos, que miran desde el
agua a los nuevos inquilinos de la rama del árbol. ¿A salvo por mucho tiempo
allí?
En definitiva, un álbum atemporal y una obra de una autora
que esperamos que cuente con una reedición de algunos de sus títulos maravillosos,
cuya temática surrealista y belleza pictórica ejercen una extraña atracción.
Oscuros objetos de deseo, aprovechando la temática para citar a Buñuel, en el
universo artístico de la LIJ y en el que algunos álbumes sin palabras
sobrepasan las fronteras narrativas de la cultura.
Beckett, S.L. Wordless picturebooks. En S. L. Beckett, Crossover
picturebooks: a genre for all ages (pp. 81-146). Routledge.
Nières-Chevrel, I. (2010). The Narrative Power of Pictures. L’Orage
(The Thunderstorm) by Anne Brouillard. En T. Colomer, B.
Kümmerling-Meibauer, & C., Silva-Díaz (Coords.), New Directions in Picturebook
Research (pp. 129 - 138). Routledge
Christian Robinson, en pocos años, ha consolidado una
trayectoria como ilustrador que le ha reportado halagos de medios tan notorios
como el New York Times o conseguir un superventas con Matt de la Peña como Última
parada de la calle market (Corimbo, 2016), además de un buen puñado de
referencias en los que ha trasladado su propuesta estética sobre temáticas que han
reflejado el aspecto multicultural y diverso en libros como el texto de Justin
Roberts La niña más pequeña de toda
la escuela (Alba, 2019) o en su último libro publicado en castellano por
Libros del zorro rojo titulado Tú importas. Además de títulos de Mac
Barnett como Leo: A ghost story (2015) y acompañar el texto (escrito en
1938) de otra autora clásica de la LIJ como Margaret Wise Brown en el precioso El
pájaro muerto (editado por Corimbo). Sus ilustraciones coloristas optan por
el uso geométrico y el aspecto naíf de sus personajes en un cruce entre la
sencillez de Paul Rand, Ezra Jack Keats, la estética pop y Eric Carle.
Another es su primer título como autor e ilustrador.
En este caso, el texto subyacente es una narración visual dado que estamos ante
un álbum sin palabras. Así, la ausencia de texto se traslada a la claridad con
la que se emplean los recursos de la ilustración y, en este libro-álbum mantiene
la unidad de la doble página para secuenciar la historia. Este tipo de libros
será otra constante en las entradas del blog de este año, por el papel en el
que coloca al lector para activar ese texto e interpretación y la esencia
cinematográfica que trasladan este tipo de narraciones que también se
relacionan con la alfabetización visual.
Otra temática recurrente en los últimos años ha sido el
interés en la ficción por la física cuántica (desde el multiverso de Márvel
como excusa para vender una y otra vez lo mismo, pasando por clásicos oscuros
como Primer de Shane Carruth en 2004 y la irreverencia de la serie Rick
& Morty o la alemana Dark) y en este álbum encontramos una noche
en la que la protagonista se encuentra en un apacible sueño con su gato (con el
colgante rojo) y un portal se abre hacia otra dimensión paralela donde se
encuentran con sus alter ego (doppleganger, que eso casi me lleva
a universos de Twin Peaks) que se diferencian por el motivo rojo o azul en su
camiseta o collar (además de los ratones que cazan).
Portada y contraportada tras la chaqueta blanca del libro
Una vez se adentran en esos portales (además de proponernos
el autor en diferentes páginas que giremos el libro para jugar con la
secuencia) la protagonista que va tras su gato (volvemos a Schrödinger) en una
persecución de este a su doble que se ha llevado un ratón de una dimensión que
no le correspondía. En esa carrera, la protagonista encontrará un espacio
multicultural y diverso en el que disfrutan de juegos que emplearán dos
secuencias para completar el sentido del juego y la conexión entre portales con
sus dobles. Finalmente, el conflicto se resuelve empleando el pliegue central
como división de los dos universos paralelos e invertidos y el cara a cara con
sus dobles. Ingenioso, divertido y colorista.
Referencia: Gottuso, P. (2020). Desde 1880. Kalandraka.
Este verano mi compañera Sandra Martínez se hacía eco en esta
entrada del blog del ganador del XIII Premio Internacional Compostela. El
prestigioso galardón fue a manos de Pietro Gottuso y, a partir de ese momento, crecía
la expectación por su lectura. En ese periodo también llegaron algunas reseñas
en el que establecían comparaciones en la propuesta con La casa (2010) de
Lewis e Innocenti. Las razones para dicha conexión, una vez que se ha
disfrutado este Desde 1880, resultan evidentes desde la propuesta
estática de marcar un punto fijo en la ilustración y dejar que el tiempo pase.
Por otra parte, ese punto en común deja lugar a una
propuesta diferente por muchas razones, como la determinación del paso del
tiempo. En el libro de Lewis & Innocenti, se marcaban los años dentro de
este siglo que buscaban el relato histórico. A propósito del relato, otra
diferencia evidente es la ausencia de texto por una narración puramente visual.
Y, el mecanismo por el que nos movemos en el tiempo está conectado a un recurso
metaficcional que el lector descubre a medida que progresa a cada página en el
tiempo. Un encuadre fijo y, no por ello, estático en su cromatismo (luces,
sombras, contrastes) y personajes en los que nos detenemos para observar en
primer plano a una familia alrededor de una librería, su traspaso entre
generaciones y, el entorno cultural que le rodea. Con este, observamos el paso
del tiempo como espectadores de memorias que nos conducirán hasta el presente.
Descubriremos cambios en las apariencias, sus vestimentas, los medios de
transporte o el desarrollo tecnológico. E incluso, mascarillas, en referencia a
la pandemia de la gripe española hace un siglo.
Estos aspectos estéticos que observamos con la presencia de
la fachada de librería que encierra la historia de la cultura de nuestras
sociedades modernas. Esta crítica se concentra en dos momentos clave que no
desvelaré, nos adentra en una consideración esencial sobre el patrimonio
cultural. Para ejemplificarlo, mi memoria de escolar me lleva al Primer
principio de conservación de la materia (1785) de Lavoisier: “la materia
no se crea ni se destruye: solo se transforma”. Esta sería la superficie
que nos muestra el primer plano de la narración de Gottuso (y la cara que sirve de adorno del pórtico contiguo a la librería).
En segundo plano,
queda la consideración inmaterial (y literaria). El patrimonio cultural es
inmaterial y, por este motivo, difícil de calcular (ahora mi memoria me lleva a
mis pretéritos estudios de economía). ¿Qué pasa cuándo se destruye ese
patrimonio? Pues, evidentemente, tiene un impacto inmediato en las personas que
lo promueven. Pero ¿cómo destruimos lo inmaterial? Pues con ideologías. Una ideología puede crear y destruir cultura, no solo transformarla.
Marcapáginas incluido en Desde 1880
Curiosamente,
el marcapáginas que incluye Desde 1880 también ofrece soluciones para revertir
esa situación y, a partir del sector librero, también encuentra conexiones en los
nuevos modos de consumo de nuestra sociedad. Del deslumbrante optimismo antropológico
en la tecnología a la desconfianza por la concentración de nuevos monopolios
tecnológicos que, en perspectiva, operan como agujeros negros (o, como aquel
descontrolado demonio en los baños de la película de Miyazaki, El viaje de
Chihiro).
En definitiva, un álbum lúcido y mordaz sin necesidad de
artificios. Con una narración silente que prestigia la inteligencia del lector
al acercarse a una pequeña panorámica que no busca la melancolía, sino que permite
cuestionarnos cuál es nuestro papel en este circuito literario. Siempre habrá
buena literatura y grandes obras, grandes escritores y escritoras. Pero, ¿dónde
estarán los espacios de libertad?