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martes, 12 de abril de 2022

Entradas en azul. Kitty Crowther. Va faire un tour. L'école des loisirs

 


Título: Va faire un tour

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Año: 1995. Reimpresión: 2010

Editorial: L’école des loisirs

Tamaño: 16 x 20 cm. Tapa dura.

Extensión: 57 páginas.

Idioma: francés (álbum sin palabras)

 

Reseña

El nombre de Kitty Crowther nos ha acompañado en diferentes entradas durante el curso pasado. Hoy, volvemos con uno de sus primeros trabajos que se publicó originalmente en 1995. La característica destacable es que se trata de un álbum sin palabras (a excepción del título, la dedicatoria y algún titular de periódico que se cuela en la última viñeta) y su narrativa visual recae en la secuencialidad y fragmentación de la página en pequeñas viñetas (dos por página). Aunque esta apreciación proviene más del mundo académico del cómic, la sorpresa no recae tanto en el paso de página sino en el paso entre viñetas. Es un álbum en el que las guardas nos revelarán mucha información de ese viaje y nos puede conectar con las de Travesía de Peter van den Ende o Ben’s Dream de Chris Van Allsburg, entre otros viajes (los más embemáticos, los de Mitsumasa Anno).

El esquema narrativo y la dedicatoria nos llevan a otro lugar conocido como el clásico de Maurice Sendak Donde viven los monstruos. ¿Por qué? Se preguntarán ustedes. La dedicatoria es para ti: que un día maldijo la tierra porque no era como querías. Y, efectivamente, se refleja una riña a las 18:30 de la tarde entre la madre y el pequeño. Lo sabemos por su expresión enfadada, el gesto indicándole una salida… Esa misma viñeta alcanzará otra significación final en dirección hacia un lugar donde algo “aún estaba caliente”. Ya me entienden.


Así, la narrativa visual comienza sin una situación inicial que explique o de un preámbulo (aunque sea visual).  No, directamente al conflicto (recuerden también Madrechillona) El pequeño enfurruñado sale de casa (al contrario que Max), pero sigue en su ensimismamiento realizando un paseo que recorrerá el tiempo, diferentes etapas históricas y eventos, latitudes y medios, ropajes de época. Esto me recuerda a un clásico del cine europeo como Sanatorium pod Klepsydra de 1973 dirigida por el gran Wojciech Has). Eventos fantásticos incapaces de ser descubiertos por nuestro caminante enfurruñado (ahí se establece la relación irónica intraicónicamente) y que nos conducen con interés por cada salto que le rodea en este viaje fascinante para el lector. Su reto: descubrir todos los detalles y establecer una relación de empatía por un personaje que no ceja en su enfado por tierra, mar o aire.

El lector descubrirá tesoros y cabezas cortadas, molinos y semblanzas con pingüinos y el afinado sentido del humor de Kitty Crowther y las diferentes decisiones en el número de viñetas para estructura la secuencia. A veces para crear un gag en cuatro viñetas con su inicio, nudo y desenlace -la de Egipto mi favorita-; otras para marcar espacios entre latitudes y culturas. Obviamente, el lector necesitará un bagaje para comprender la referencia histórica, cultural o alusiones intertextuales (o icónicas) y que se active el componente irónico. Como en el microrrelato de Monterroso: la referencialidad estaba ahí. En la última viñeta el titular del periódico aporta un pequeño chiste y sirve para conectar este álbum estilísticamente con la tira cómica. Un mapa de fantasía y diversión tremendamente recomendable y que, pese a no traducirse en el ámbito estatal, no resulta necesario al recaer todo el peso narrativo en la imagen. Que no es un reto menor, ya saben.



Con este título aprovecho para recomendarles que paseen durante los días festivos y despejen su mente. A más de uno/a le hace falta. 

Y,... Sí. Me refiero a ti (al igual que en la dedicatoria).

Fran Martínez

[redes sociales]

 


 



jueves, 11 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. Yo quiero un perro. ¡El que sea, me da igual!. Fulgencio Pimentel e hijos

 

Título: Yo quiero un perro. ¡El que sea, me da igual!

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: Joana Carro y César Sánchez

Editorial: Fulgencio Pimentel e hijos

Año: 2021

Páginas: 54

Encuadernación y formato: 26 x 21 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Una de las artistas que más reseñas ha tenido este año ha sido Kitty Crowther y hoy tiene entrada por partida doble. Nos apartamos de la creación y la divinidad para reseñar su última publicación. En este título, al menos en la edición francesa, se emplea de nuevo la coloración fluorescente (al menos en la edición de L’ecole des loisirs) como Theo y Dios o Cuentos de mamá osa (comparten la protagonista de este álbum la misma falda). Si seguimos por la cubierta y contracubierta observamos un conjunto de perros alrededor de la protagonista y, si siguen a la autora en Instagram, conocerán su última exposición de retratos: facewall.


PORTRAIT • Kitty Crowther from NIGHTHAWKS on Vimeo.

La editorial Fulgencio Pimentel se ha encargado de la edición de este nuevo título (y, próximamente, de otras reediciones, aunque desconozco los títulos intuyo que estarán conectados con los que nombran en la entrada de este álbum en su web) y títulos anteriores han pasado, principalmente, por Corimbo o Los Cuatro Azules (la entrañable serie Poka y Mina) y, puntualmente, por Libros del zorro rojo y Ekaré. Es una gran noticia que una editorial se encargue del rescate y nuevas entregas de una autora que prima la inteligencia del lector y, en definitiva, nos maravilla abordando cualquier temática desde un punto de vista singular: desde el texto y la ilustración. Esta es la historia de Millie (los peluches de su habitación o sus zapatillas de andar por casa nos hablan de sus intereses caninos) que somnolienta (nos habla un narrador omnisciente) que detesta dos cosas: madrugar e ir a la escuela (que también nos precisan que es una selecta escuela privada). Hora del desayuno con su madre y, todos los días, la misma cantinela (en mi cabeza suenan los Four Tops con It’s the same old song): ¿Puedo tener un perro? La elección del encuadre también refleja esa dualidad entre la madre y la hija (además de ofrecernos una vista al exterior para presenciar la arboleda): la primera, mirando el periódico, y la segunda con cara de hastío ante el conocimiento de la respuesta de la madre. Dos posiciones sobre el mismo asunto.

(nunca veremos los ojos tapados por ese flequillo)

A través de los deseos y preferencias de Millie conocemos otros aspectos de su vida: quiere un perro grande y fuerte como su padre Albert o uno peludo de larga melena como su madre (al que llamará Dior). Y, como no, un tono humorístico que se representa en los aspectos de cada uno de los perros (casualmente el de aspecto bizarro es el menos extraño de todos para nosotros) y, también una alusión al juego de las próximas ilustraciones: el perro también comparte semejanza con sus dueñas: Lucette y Georgette. Sea como sea, la insistencia de Millie por convencer a su madre y salirse con la suya. En el polo opuesto, la madre que no accede (pero sus negativas continúan mostrando el sentido del humor: “Tú eres mi pequeño perro”, le dice cuando la lleva de la mano a la escuela). Para Millie tener un perro significa formar parte del grupo de compañeras que se pasan todo el día hablando de sus perros y, para colmo, formando un club selecto (ahora, entenderán el por qué odia la escuela). La obstinación al final tiene recompensa, pero en este punto se incluirá un aspecto menos abordado en la literatura infantil: el abandono de las mascotas en la protectora (de nuevo, como en el final de Farwest, el aspecto bizarro de los personajes y las referencias escondidas).

Comúnmente es la mascota la que suele ser compañera de aventuras y juegos.  También es el contrapunto a un aspecto esencial en el cuidado de mascotas: no es un juguete y requiere su cuidado una responsabilidad. Finalmente, tenemos un nuevo compañero para Millie: ¡Prince! (sí, el del Sign of Times). Todo ese tránsito cuidadoso y humorístico sirve para enfrentarnos a la segunda parte del álbum: ¿ahora podrá ser parte del club selecto? ¿Será solo un capricho temporal? También tendremos una escena en la que conoceremos más peculiaridades de Prince al final, como un epílogo mágico y una celebración de lo peculiar, de lo que rompe con cánones normativos, y una sorpresa final que nos devuelve al mundo mágico de los personajes de Crowther. Un álbum divertido y una historia con final feliz (de nuevo el bosque y un bello atardecer).

Web de la editorial

https://www.fulgenciopimentel.com/libros/yo-quiero-un-perro

Instragram de Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/

Entradas en azul. Kitty Crowther. Theo y Dios. Corimbo

 

Título: Theo y Dios

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: Raquel Solà

Editorial: Corimbo

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 18 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En esta temática divina en la Literatura Infantil no podía faltar este fabuloso Theo y Dios de Kitty Crowther. Es inevitable establecer cierto paralelismo entre La creación y este título (por la premisa de un humano encontrándose frente a una deidad bonachona) o la admiración de Crowther por Erlbruch, pero hasta aquí terminan las comparaciones. Con una mayor economía en el texto respecto al de Moeyaert (que en el formato álbum, obviamente, no es un desmerecimiento), tenemos una representación más amorfa de esa deida que Theo encontró una mañana mientras paseaba por el bosque. De nuevo, el escenario del bosque como espacio mágico en el que Crowther emplea colores fluorescentes para abrir una segunda lectura con luz fluorescente en la oscuridad (un efecto que comentaremos en la segunda entrada del día en Yo quiero un perro y también presente en Cuentos de Mamá Osa). El bosque con sus personajes desconocidos y mágicos, la contemplación de la belleza del entorno, el ritmo pausado y la capacidad de sorpresa en los pequeños momentos que nos definen. Ante el encuentro fortuito de Theo con Dios (que le tranquiliza ante su sorpresa), una pregunta de Theo zanja una cuestión incómoda: “- ¿Y sois muchos? - Hay tantos dioses como estrellas en el cielo, e incluso tal vez más”.

El dios que retrata Crowther es sereno y, en comparación, mucho más dialogante: “Y tú, ¿cómo imaginabas a Dios? La descripción de un señor con barba blanca, viejo y túnica blanca es una de las típicas de las sociedades occidentales y, seguramente, si cerrasen los ojos tendría una similar a esa representación. Un Dios al que le encanta bromear con Theo y mostrar su capacidad para transformarse en otras cosas (más que un Dios o esa idea, estamos ante un personaje que tiene el carácter de un espíritu burlón): un ciervo, un vaquero o un indio, por ejemplo. Así, la imagen de un Dios todopoderoso y gruñón pasa simplemente a la de un observador de la humanidad. Comparte con Theo su afición (transformarse) y, Theo, le muestra aquello que a él le gusta disfrutar: una tortilla, un baño en el estanque. 

Le petit homme et Dieu

Esas ilustraciones (el paso de puntillas por el lago y su posterior zambullida) muestran el placer de las pequeñas cosas que se le pueden escapar a un Dios. Finalmente, la intimidad ante el atardecer y, una despedida. Hay días que nos cambian para siempre (y el halo anaranjado fluorescente, ahora, rodea la silueta de Theo), nos sorprenden o encontramos pequeños momentos de paz, pero también las personas que deciden mostrar lo mejor de sí mismo al otro. Y, pequeñas revelaciones al final del libro (a la señora Dios, ojo con el detalle sutil), que muestran la importancia de la bondad en el trato a los demás. Curiosamente, en otras narraciones con una dinámica similar podemos encontrar al adulto en el papel de Dios y al personaje infantil estrechando esos dos mundos y, en este caso, Theo es un personaje adulto. Sería un bonito recordatorio de la autora hacia nosotros.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

 http://www.corimbo.es/book/236/

Instragram de Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/


Si iniciamos el viaje nombrando a Andrea Antinori y La entrada de Cristo en Bruselas, cerramos con ella y L'arrivo di Santa Lucia (esta vez ilustrado por la muy recomendable Noemi Vola).

 


jueves, 7 de octubre de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. Moi et rien

 


Título: Moi et rien

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Editorial: L’école des loisirs.

Colección: Pastel

Año: 2000

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 24 x 17 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Otro de los nombres que ha aparecido habitualmente, en este periodo en el que me encargo de las entradas del blog, es Kitty Crowther. Dentro de las diferentes reseñas, una estaba dedicada a La visite de Petite Mort y su manera con la que enfrentar la temática del duelo en la literatura infantil, mostrando el punto de vista de la pequeña muerte que se enfrentaba cotidianamente a ese momento trágico de conducir a alguien hacia el otro lado. En Annie du lac también está presente desde el momento en que la protagonista decide poner fin a su vida (y posteriormente pasarán acontecimientos que dejaremos para una entrada específica, dada la calidad de los libros de la autora) y, en Moi et rien (yo y la nada) tenemos el punto de vista del duelo de los que se quedan. La ternura y el humor podrían señalarse como herramientas para afrontar esta temática, pero tampoco harían justicia a la manera tan precisa de construir un discurso que aborda las cuestiones desde una naturalidad que combina con el plano surrealista y onírico.

A partir de una narración en primera persona, descubrimos la voz de Lila presentándonos a ella y a la “nada”. Sí, la nada es su compañía y su amigo imaginario: nunca dice nada malo, aunque a los demás niños le parece algo bizarra la situación. “Nada importa si nada está conmigo”. A partir de ese momento, se retratan las situaciones peculiares que vive Lila con su amigo imaginario tan particular (al que le “pone nada” en el plato en la cena). Un padre que debe ausentarse diariamente para atender a otras preocupaciones (como jardinero de una mansión) y un jardín que ha quedado desatendido en el que no hay nada que hacer, aparentemente. “Piénsalo bien, desde la nada, se puede hacer de todo”.

En este punto de la narración, conocemos las flores favoritas que cultivaba su madre (que ya no está): las amapolas del Himalaya. Ante la incomunicación con su padre en el proceso de duelo y el jardín se articulan las conversaciones con nada (con un aspecto peculiar, como un hombrecillo de mimbre amorfo, con una nariz anaranjada) que desaparece súbitamente. La manera con la que Lila se sobrepone es cultivando las flores preferidas de su madre, cuidándolas del frío del invierno, de las babosas,… hasta que en primavera florecen. El jardín desatendido en la casa del jardinero, la niña incapaz de comunicarse con su padre (también viviendo el duelo de la pérdida) y los mecanismos de superación que se unen al final de la historia con la recuperación de Lila de un jardín repleto de las flores favoritas de su madre. Y, finalmente, el reencuentro con su padre y la entrega de una caja con un objeto misterioso que su madre dejó antes de marcharse.

Una historia que explora el diálogo interno del proceso de duelo en la infancia, en las peculiaridades del pensamiento en estas edades, son el reflejo de la infantilización del proceso del duelo por parte de los adultos. El silencio, la ausencia de comunicación o la falsa premisa de protegerles alejándoles de las emociones dolorosas son elementos que subyacen en una narración en el que el ciclo de la naturaleza articula ese discurso sostenido en una historia que emplea los detalles precisos para abandonar un tema complejo (y tan abstracto en el pensamiento infantil) desde una mirada imaginativa y enternecedora: la materialización de la ausencia y el acercamiento a la muerte desde una experiencia personal en el que los recuerdos son parte de la aceptación final.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.ecoledesloisirs.fr/livre/moi-rien

Instagram de Kitty Crowther

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jueves, 24 de junio de 2021

Entradas en azul. Peter Elliott & Kitty Crowther. FARWEST. L'ecole des loisirs

 

Título: Farwest

Autor: Peter Elliott

Ilustradora: Kitty Crowther

Editorial: L’ecole des loisirs

Colección: Pastel

Año: 2018

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 20,6 x 26,7 cm. Tapa dura.

Idioma: francés


Reseña:

Siguiendo con reseñas centradas en Kitty Crowther en esta ocasión nos detenemos en su faceta de ilustradora a un título del belga Peter Elliott (su nombre es Laurent Lienard, 1970) cuya trayectoria se inicia en 1994 con Sacha perd tout y cuya trayectoria en la LIJ se ha desarrollado principalmente en la editorial L’Ecole des Loisirs, unido a su faceta de ilustrador y músico (con la banda Busty Duck). En su entrevista en el blog Picturebookmakers podemos adentrarnos en el proceso seguido por ambos en la creación del álbum, así como el encuentro de ambos en la escuela de arte Saint Luc, colaboraciones en el diseño de las portadas de su banda (para su último disco Zoomorphic) y cómo se inició con el envío de unos bocetos con la historia de Farwest que Kitty pidió ilustrarle. En la entrevista Kitty hace un repaso a las decisiones artísticas y las interpretaciones al texto de Peter Elliott para añadirle su inconfundible toque artístico o cómo decidieron que no aparecerían pistolas en esta historia (tenemos arcos).

Lejos de una historia del oeste, la expresión que da origen a este libro parte de lo que en castellano sería “el que fue a Sevilla, perdió su silla”. Y, a partir de ahí, se pueden establecer más paralelismos con historias sobre nuevos llegados e incluso la migración como apuntan los autores. Personalmente, es una historia de aceptación al otro y la necesidad de cambiar la manera en la que pensamos que algo nos pertenece simplemente por la costumbre, la dificultad de encajar en un grupo por primera vez o adaptarnos a un cambio desde la posibilidad y no del rechazo. Con una gran dosis de humor, desde esa elección colorista del lejano oeste hasta lo que sería la sobriedad del paisaje con las guardas en carboncillo y con la portadilla reflejando a otro de los personajes del libro: un nativo americano. El libro nos da pistas con la cita que emplea en su apertura del Jefe Seattle un líder nativo de las tribus suquamish y duwamish: “the earth does not belong to man, man belongs to the earth” (la tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra).


La mañana que nuestro protagonista se fue a cazar y abandonó la casa donde vivía con Jeff y Jim (todos con sus peculiares narices redondeadas y el nativo americano vestido con traje) relata sus peripecias en el intento de caza de un bisonte. El duelo entre el imponente animal y el pequeño protagonista tiene una gran comicidad y su resolución aún más: mejor cenamos sopa de conejo. Además de su caballo, siempre acompañado por su perro que sirve como segundo narrador visual de la situación: en la vuelta a la casa su sitio está ocupado por un curioso personaje con cabeza de emoji y con expresiones corporales que Kitty Crowther afirmaba en la entrevista que le inspiró un corto de Max Fleischer de Betty Boop con Blancanieves como sátira. Su indefinición de raza, sexo y procedencia también fue un acierto para la representación de la temática del libro. 

La presencia de Koko acarreará al inicio cierta confusión al protagonista, incomodidades al compartir el espacio de la casa y los miedos a arrebatarle todo aquello que quiere (tremendamente divertida la llamada telefónica a su novia Nina). Desesperación que se desmonta paulatinamente en apreciar todo aquello que aporta en su vida y la sensacional imagen alrededor de la hoguera con armónica, banjo y lo que podría ser una guitarra (o un dobro). Finalmente, la celebración de su cumpleaños y el momento para que también pruebe sus habilidades con la caza (peculiar su botín). Y, de nuevo, el que fue a Sevilla, perdió su silla (en este caso, por una representación de Rosa Parks).


La resolución no es menos sorprendente por el despliegue de la página en la que vemos que este ciclo se extiende en el tiempo y todos los personajes que al final habitan ese lugar, inicialmente, solitario. Entre esos colonos Kitty Crowther reafirma el carácter del libro con la inclusión del personaje de Django de la película de Tarantino (inspirado en Bass Reeves), Marthin Luther King o Patti Smith entre otros que citó en su entrevista. Un álbum divertido, con una premisa repleta de ironía. En la entrevista Peter Elliott pensaba en la respuesta a la expresión popular:

I simply asked myself what would happen for real if somebody leaves their place and another one takes it…I thought it would be nice to welcome the guy back anyway, like:
“Hey dude, take a seat; you’re welcome!” (Peter Elliott, blog.Picturebookmakers)

Bonita manera de expresarlo que, además, en el libro incluye la composición que Peter Elliott realizó para acompañar al álbum Farwest y el corto animado de Kitty Crowther:

Y como estas estampas siempre me traen recuerdos a John Fahey (impresionantes sus recopilaciones en su sello Revenant de este tipo de grabaciones arcaicas), Robbie Basho, Sandy Bull y todos aquello recuperadores del primitivismo folk americano donde Jack Rose fue uno de los maestros en ese revival (y que se marchó demasiado pronto) y os dejo con este Luck in the valley.




Fran Martínez

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Web de la editorial

https://www.ecoledesloisirs.fr/livre/farwest

Web Peter Elliott

https://www.peterelliott.be/

Instagram Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/

Entrevista Picturebookmakers

https://blog.picturebookmakers.com/post/174624862276/peter-elliott-kitty-crowther

lunes, 17 de mayo de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. La Visite de Petite Mort

 

Título: La visite de petite mort

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Editorial: L’ecole des loisirs

Colección: Pastel

Año: 2004

Páginas: 24

Encuadernación y formato: 17,5 x 25,7 cm. Tapa dura.

Idioma: francés

Reseña:

Como secuencia lógica a la última reseña, la semana empieza con un álbum espléndido de Kitty Crowther que continúa con las entradas dedicadas a otros títulos suyos igualmente maravillosos como Madre Medusa (Ekaré) y El Niño Raíz (Lóguez). La obra de Kitty Crowther siempre aborda con naturalidad temas complejos y, la muerte, ha sido uno de ellos que aparece en diferentes títulos como Moi et rien (2000) o en Annie du Lac (2009) con un tratamiento poco convencional y, curiosamente, no exento de encanto y ternura. Incluso, un paseo con una deidad en Theo y Dios (2011). Ese tratamiento de temas complejos y que han supuesto tabús en el universo infantil desde concepciones que minusvaloran las capacidades de la infancia para construir el sentido del mundo que les rodea, tienen ejemplos en formato álbum que proponen herramientas ficcionales diferentes. 

Esta era una de las características en la inclusión de temáticas complejas en el nuevo milenio que señalaba Kümmerling-Meibauer (2015, p.250) o la exploración de temas intergeneracionales como titularía Beckett (2012) el capítulo de su libro en el que señala este título como un ejemplo peculiar en el tratamiento ficcional de la muerte. En alguna entrada anterior, también recomendaba a nivel didáctico las aportaciones de Mar Cortina (descargable aquí) para el REICO de la GVA que hablan de esta necesidad de acompañar a la infancia con una mirada comprensiva y actitud sincera y dialogante ante consideraciones paternalistas y “magufas”. Así es la vida, como titularía Tomi Ungerer.


En esta exploración de la muerte en la LIJ hay muchos ejemplos y temáticas abiertas (desde el duelo de un ser querido al duelo de la mascota) y, menos usual, la muerte del protagonista o el personaje infantil. También hemos señalado la admiración de Kitty Crowther al trabajo de Wolf Erlbruch, supongo por la manera de enfocar con desde la desdramatización de las convenciones culturales con un tono que incomode al adulto. Una incomodidad que se entendería en darles la posibilidad de cuestionarse y realizar nuevas preguntas, algunas sin respuesta, hecho que incomodará al adulto que quiere mostrarse como fuente de conocimiento de todas las respuestas. 

En La visite de petite mort, previo al icónico de Erlbruch, la narración de Kitty Crowther nos refleja el día a día de la muerte (también entrañable e incomprendida) y en esa primera parte de la narración vemos su manera de proceder cuando tiene que llevarse a la gente que va a morir. La reacción del primer personaje es la que cualquier tendría ante esa situación ficcional: desesperación, llantos y pánico ante el trayecto que emprenden (de la cama, pasando por el parque, el lago (y vemos cisnes negros…) y la chimenea (donde introduce una divertida ironía con el fuego y donde se observa en la decoración de la pared diferentes caretas que sirven como representaciones alternativas de la parca). Esta primera parte es la situación inicial narrativa que se aprovecha para construir brevemente al personaje de la muerte. En ese punto, la narración es omnisciente y enmarca en una atmósfera silenciosa en el que tan solo la pequeña muerte se dice durante el trayecto: “siempre es así”.


Hasta el día que deja de ser así y conoce a Elsewise. Ese nuevo inicio narrativo repite los escenarios y cambia la relación entre la muerte y su acompañante. La vida de la pequeña muerte cambiará para siempre a partir de conocerla. Hasta aquí puedo contar, pero es sencillamente maravilloso. El personaje de Elsewise sirve para señalar diferentes cuestiones: los sentimientos de la pequeña muerte, la idea de felicidad como un constructo inter e intrapersonal y, en un nivel elemental el derecho por una muerte digna (y, al mismo tiempo, una vida digna). Ojalá todos los títulos que intentan abordar la muerte lo hicieran con esta calidad literaria y candidez emocional. Una maravilla más de Kitty Crowther, entre tantas que seguiremos recuperando.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.ecoledesloisirs.fr/livre/visite-petite-mort

Instagram Kitty Crowther

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Referencias

Beckett, S. L. (2012). Picturebooks with cross-generational themes. En S. L. Beckett, Crossover Picturebooks: a genre for all-ages (pp. 209-272). Routledge

Kümmerling-Meibauer, B. (2015). From baby books to picturebooks for adults: European picturebooks in the new millennium. Word & Image, 31(3), 249–264. doi:10.1080/02666286.2015.1032519 

miércoles, 21 de abril de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. El niño raíz. Lóguez

 

Título: El niño raíz

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: Ester Sebastián López

Editorial: Lóguez

Año: 2015. Ed. Original: 2003

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 20,5 x 26,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos a la belga Kitty Crowther (1970) después de la reseña de la publicación de su último título en castellano, Madre medusa. Muchas de las claves de su obra se pueden disfrutar en la lectura del artículo de Tabernero-Sala (2016) en el que repasa las características de su obra destacando el aspecto intimista de sus narraciones, así como referentes que conectaban con su obra como Tomi Ungerer, Arnold Lobel, Beatrix Potter, Astrid Lindgren o Wolf Erlbruch. En El niño raíz hay una invitación a esa exploración desde el universo de la tradición oral y la vuelta al bosque, una protagonista femenina (Leslie) y unas guardas en el que un pequeño duendecillo alado nos abre el telón (aquello de la teatralidad que citaba Van der Linden) de una divertida historia de fantasía hacia lo desconocido y misterioso del bosque. Un lugar, desconocido, con el que en una entrevista de 2017 Kitty Crowther señalaba como su destino en el proceso creativo aprovechando para citar a uno de sus artistas favoritos: David Bowie.

Creation is a very interesting process, I figure out that I love to go into the unknown (citando a David Bowie)

El inicio narrativo nos presenta un lugar desconocido, propio de la tradición oral, fuera del tiempo y sin concreción: un inmenso y profundo bosque que no figura en ningún mapa y en el que el mito que le rodea es que el fin del mundo está al final de dicho lugar. En ese punto, nos presentan a Leslie que tiene un problema con un zorro zampa gallinas y, en ese punto, nos avisa en la narración de que lo que pasará a continuación le cambiará la vida por completo. Ese inicio de texto, desgrana con cuidado todos los detalles para engancharnos y querer descubrir qué está pasando en ese bosque, si tendrá que ver con el zorro, si será el fin del mundo. De una manera precisa y clara, abre la puerta de un misterio que activa la necesidad del lector para ayudar a Leslie a seguir las pistas de las pisadas del zorro. 


La ilustración inicial del bosque está repleta de luz en su naturaleza, su hierba y sus flores, pero para que ese ambiente de misterio sea aún más evidente el paso de página nos revela un bosque que oscurece y con la tensión por desconocer la cara de Leslie tapada por la solapa de su chaqueta y el gorro que lleva encasquetado. Misterios, más misterios, las pisadas y… un ruido, un túnel lleno de zarzas en el que se pierden las pisadas. En tres páginas y tres ilustraciones nos acerca cuidadosamente a un mundo fantástico que desconocemos (tanto Leslie como nosotros) en el que se nos desvelan nuevos detalles desde la voz omnisciente (en este caso, nos anticipan una información que la protagonista desconoce y nos invita el texto a ubicarnos en otra posición: la tensión por qué le pasará a Leslie). Atravesando el túnel, nos deja más elementos para que elaboremos pesquisas e inferencias al paso de página creando un clímax entre texto e imagen que nos conduce hasta el descubrimiento del niño raíz y, en ese momento, se acerca cantándole una canción (dulzura que también se expresará introduciendo el color de las plantas a su alrededor).


A partir de este encuentro, el haz de luz fijando la narración en un ambiente íntimo que nos recuerda a las historias al calor de la lumbre reconocemos el rostro de Leslie y al ser que ha encontrado triste y sollozando. En este punto, comienza una segunda parte de la narración que es la que se crea junto al niño raíz que se encuentra perdido y Leslie acogerá.  Comienza una narración y se concluye la anterior conociendo al zorro que perseguía y la finalidad de sus acciones. 

Esta segunda parte en la interacción de Leslie y el niño raíz es tremendamente humorística, pero abraza aspectos de la cotidianeidad y otro aspecto que señalaba Tabernero-Sala (2016) es la incomunicación. Silencios y el reconocimiento de sus pensamientos internos descritos por el narrador y que nos invitan a un final tierno y simbólico en el que se plantea el pequeño recordatorio de nunca deshacerse de la exploración de lo desconocido frente a la realidad y las rutinas. Adoramos lo desconocido y a Kitty Crowther, sin duda.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=286

Instagram de Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/

Referencia

Tabernero Sala, R. (2016). Lecturas adultas y lecturas infantiles. El universo de Kitty Crowther en la formación del mediador como lector literario. Revista de estudios socioeducativos: RESED, (4), 52-65.



viernes, 2 de abril de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. Madre Medusa. Ekaré

 

Título: Madre Medusa

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: María Carolina Concha

Editorial: Ekaré

Año: 2020

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 21 x 25 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Para finalizar la semana, rebajamos la intensidad de ArminGreder con una mirada sobre la figura de la madre sobreprotectora con Madre Medusa (publicado originalmente en 2014) y con una colección de títulos que son una delicia: desde la colección para primeros lectores con los títulos de la serie Poka y Mina, los deliciosos cuentos para ir a dormir con el tierno ¡Scric scrac bibib blub!, Cuentos de mamá osa, la teatralidad surrealista de ¿Entonces?, y la visión sobre temas más complejos como el reconocimiento del diferente en Mi amigo Juan. Otro de los lugares comunes en su obra es el bosque como espacio donde explorar la fantasía y el encuentro con seres de otro mundo como en el precioso cuento de hadas con El niño raíz (y el acogimiento de ese personaje por la por Leslie) o el divertido encuentro gozoso entre Theo y Dios. Títulos que aparecerán por este espacio y que conectan la magia del bosque con lo cotidiano, con la mitología y con un sentido del humor que desmonta lo pasteloso, como los tres divertidos cuentos de su excelente, Cuentos de Madre Osa. Con Madre Medusa, el mundo fantástico del bosque también conecta con el marítimo y nos recuerda a Annie du Lac (conexión con el medio, aunque la temática es más compleja como también lo haría en  La Visite de petite mort) o con la imagen de los cabellos de la guardiana de la noche al final de Cuentos de mamá osa. En definitiva, una colección de libros sensacionales que en 2010 le hizo merecedora del prestigioso Premio Astrid Lindgren Memorial Award y una autora de referencia para muchos otros autores e ilustradores.

El uso del color y el empleo de los lápices de colores como característica en su obra, con el que ya nos deleitamos en las guardas del libro repleto de medusas del color de los cabellos de la madre protagonista de esta historia y una cita de Tove Jansson: “Una medusa es un cuerpo transparente con corazón de flor”. En esta entrevista para fundación Lafuente desgranaba algunas de las inspiraciones en este título y es muy recomendable su lectura en el que habla de su interés por la construcción de personajes femeninos fuertes. Y, en este caso, Madre Medusa lo es.

Una narración que nos transporta a un lugar que parece fuera del tiempo en el que vemos dos mujeres que se encargarán de asistir en el parto a la Madre Medusa (y conecto con un personaje de la cinta de Tomm Moore, Song of the sea). Un inicio cómico en el que las comadronas se las ven contra el pelo de Madre Medusa dando a luz (una imagen que tampoco es habitual en los libros infantiles). Y así, llega a este mundo Anacaranda, la pequeña hija de Madre Medusa.

A medida que avanzamos en la narración, conocemos el tiempo en el que está centrado la narración que, inicialmente, parece anclado a otra época en la que se asistían los partos en los domicilios y encontramos su pelo envolviendo a la pequeña entre rocas y el detallismo de la flora que crece alrededor de las rocas y pequeños personajes que parecen deudores de otros títulos suyos. Posteriormente, conocemos la ciudad y la sobreprotección de Madre Medusa para que nadie se acerque a ella. Así, su larga cabellera son los tentáculos de la medusa que amenazante los dejaría “de piedra” si se acercan demasiado. 

En esa tensión, Medusa decide criarla sin la mirada de los demás, tan solo ofreciéndole su protección y cuidados. Aquí, volvemos a la conexión con los cuidados de la madre en La ciudad de Armin Greder y la forma de secuenciar en cuatro acciones su crecimiento: alimentación, sueño, juegos y los primeros pasos en agua salada. Y, de nuevo, a medida que la vemos crecer siempre al abrigo de la cabellera de Madre Medusa vemos su mirada hacia los demás niños que aparecen jugando en las rocas y la mirada penetrante y furiosa de la madre.

En este caso, la madre suple otro de los pilares que en el título de Greder no aparecen: la educación. Anacaranda tampoco puede ir a la escuela y, Medusa, con gran cariño también le enseña y aquí introduce una pregunta clave: “¿Es así como aprenden los otros niños?” Obviamente la respuesta es afirmativa por parte de la madre y, en esa mentira protectora, comienza la última parte del libro en el que observamos el amor de la madre e hija, pero el anhelo de Anacaranda por aquel mundo inaccesible por imposición de su madre. Al final, el amor de la madre también moverá montañas y es un final perfecto a un libro que propone un final positivo y nos conecta con el tiempo actual: la escuela, la ropa, el resto de las familias. Un bello final que además cuenta con una coda final a modo de epílogo que nos devuelve a otra época repleta de leyendas y magia. Una autora de referencia indiscutible.

 

Fran Martínez

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Más tarde, entrada dedicada al 2 de abril: Día Internacional del Libro infantil (la música de las palabras)