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jueves, 11 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. Theo y Dios. Corimbo

 

Título: Theo y Dios

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: Raquel Solà

Editorial: Corimbo

Año: 2011

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 18 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

En esta temática divina en la Literatura Infantil no podía faltar este fabuloso Theo y Dios de Kitty Crowther. Es inevitable establecer cierto paralelismo entre La creación y este título (por la premisa de un humano encontrándose frente a una deidad bonachona) o la admiración de Crowther por Erlbruch, pero hasta aquí terminan las comparaciones. Con una mayor economía en el texto respecto al de Moeyaert (que en el formato álbum, obviamente, no es un desmerecimiento), tenemos una representación más amorfa de esa deida que Theo encontró una mañana mientras paseaba por el bosque. De nuevo, el escenario del bosque como espacio mágico en el que Crowther emplea colores fluorescentes para abrir una segunda lectura con luz fluorescente en la oscuridad (un efecto que comentaremos en la segunda entrada del día en Yo quiero un perro y también presente en Cuentos de Mamá Osa). El bosque con sus personajes desconocidos y mágicos, la contemplación de la belleza del entorno, el ritmo pausado y la capacidad de sorpresa en los pequeños momentos que nos definen. Ante el encuentro fortuito de Theo con Dios (que le tranquiliza ante su sorpresa), una pregunta de Theo zanja una cuestión incómoda: “- ¿Y sois muchos? - Hay tantos dioses como estrellas en el cielo, e incluso tal vez más”.

El dios que retrata Crowther es sereno y, en comparación, mucho más dialogante: “Y tú, ¿cómo imaginabas a Dios? La descripción de un señor con barba blanca, viejo y túnica blanca es una de las típicas de las sociedades occidentales y, seguramente, si cerrasen los ojos tendría una similar a esa representación. Un Dios al que le encanta bromear con Theo y mostrar su capacidad para transformarse en otras cosas (más que un Dios o esa idea, estamos ante un personaje que tiene el carácter de un espíritu burlón): un ciervo, un vaquero o un indio, por ejemplo. Así, la imagen de un Dios todopoderoso y gruñón pasa simplemente a la de un observador de la humanidad. Comparte con Theo su afición (transformarse) y, Theo, le muestra aquello que a él le gusta disfrutar: una tortilla, un baño en el estanque. 

Le petit homme et Dieu

Esas ilustraciones (el paso de puntillas por el lago y su posterior zambullida) muestran el placer de las pequeñas cosas que se le pueden escapar a un Dios. Finalmente, la intimidad ante el atardecer y, una despedida. Hay días que nos cambian para siempre (y el halo anaranjado fluorescente, ahora, rodea la silueta de Theo), nos sorprenden o encontramos pequeños momentos de paz, pero también las personas que deciden mostrar lo mejor de sí mismo al otro. Y, pequeñas revelaciones al final del libro (a la señora Dios, ojo con el detalle sutil), que muestran la importancia de la bondad en el trato a los demás. Curiosamente, en otras narraciones con una dinámica similar podemos encontrar al adulto en el papel de Dios y al personaje infantil estrechando esos dos mundos y, en este caso, Theo es un personaje adulto. Sería un bonito recordatorio de la autora hacia nosotros.

 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

 http://www.corimbo.es/book/236/

Instragram de Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/


Si iniciamos el viaje nombrando a Andrea Antinori y La entrada de Cristo en Bruselas, cerramos con ella y L'arrivo di Santa Lucia (esta vez ilustrado por la muy recomendable Noemi Vola).

 


miércoles, 27 de octubre de 2021

Entradas en azul. Margaret Wise Brown y Clement Hurd. Buenas noches, luna. Corimbo

 

Título: Buenas noches, luna

Autora: Margaret Wise Brown

Ilustrador: Clement Hurd

Traducción: Ana Galán

Editorial: Corimbo

Año: 2003. Original: 1947

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Esta es la tercera entrada dedicada a la neoyorquina Margaret Wise Brown (1910-1952) después de la nueva ilustración de El pájaro muerto y The Little island (firmando como Golden MacDonald) y se trata de uno de los títulos más conocidos de la Literatura Infantil (y vendidos) con este Buenas noches, luna pese a que el éxito fue posterior en el mercado norteamericano. Un libro ideado para el momento en el que calmar al lector infantil para acostarse y generar un pequeño mantra con el que despedirse de todos los elementos de la habitación (inclusive la nada) y conciliar el sueño en una noche estrellada. El protagonista de esta historia es un pequeño conejo que se encuentra en su cama (en la habitación verde y tranquila) en el que el texto enumera diferentes objetos: un teléfono (que es el punto donde mira el conejo, no sabemos si esperando una llamada de una persona querida o, por fantasear, que Gianni Rodari le cuente un cuento), un globo rojo (ese que Iela Mari posteriormente transformaría en arte) y un cuadro de…

En la imagen vemos claramente dos cuadros (relacionados con la tradición oral: los tres ositos y la nursery rhyme Hey diddle diddle y el célebre verso sinsentido “The cow jump over the moon”). En ese paso de página, se enumeran ambos y se observan los detalles enmarcados en la visión que tendría el pequeño protagonista (que es, ahora, el lector que es invitado al sueño) en blanco y negro, cambiando el registro de un color chillón con la predominancia de la intensidad del verde y rojo. Esta combinación es la que irá creando un trance y abriendo la puerta de sueño (y observamos de manera emborronada que, posiblemente, los tres ositos también tienen el mismo cuadro de la vaca saltando la luna en su habitación). El foco en el que se enmarcan las descripciones del texto, con sus rimas para inducir a la musicalidad de la nana, sigue alterándose a cada paso de página. Reconocemos la habitación (mientras el tiempo también pasa en las manetas del reloj (de las 19:00 a las 19:10 h. en la siguiente ilustración a color).

Ese juego con el foco y las anticipaciones con los elementos que seguirán en el juego se alteran como una pequeña sinfonía al presentarse dos elementos nuevos: el peine, el cepillo y el cuenco de cereales que se veía en la primera ilustración a color, pero no en la anterior, y una viejecita tejiendo que aún no ha sido presentada y no veremos en color hasta pasar la página. Ese baile de detalles, esa precisión en la información, finalmente se desvela en una doble página en la que observamos la panorámica completa y la luna se hace más evidente en la ventana (son las 19:20 h.). El álbum seguirá con esta mecánica del paso del tiempo de diez minutos en cada intervalo de página hasta el sueño a las 20:10 horas.

Comienza el ritual del sueño: Buenas noches, habitación tranquila. Y, momento para que el juego de descubrimiento sea un ritual de despedida del mundo tangible hacia el del sueño. Buenas noches, luna. Buenas noches, vaca que salta sobre la luna fina. Estas pequeñas rimas y la condición de clásico, también ha provocado que su uso en la investigación sea habitual en diferentes épocas (en Google Scholar citado 291 veces) y encontramos investigaciones sobre el aprendizaje en lengua inglesa de aspectos fonéticos o para el estudio del lenguaje materno, por ejemplo.


Una de las investigaciones que me resultan más interesantes, en esa combinación de semántica y semiótica del análisis multimodal, es la que realizan Painter et al. (2013). En el análisis de la composición visual del espacio se refieren a esa combinación de visión panorámica (de la habitación a color) hacia el blanco y negro extrayendo elementos concretos en los siguientes términos: “Each picture has an ornate picture frame to emphasise that it is at one remove from the world of baby’s bedroom and also that it has an iconic status as a valued aspecto of childhood” (p. 108).

Otra suposición era que el cambio de colores empleado por Clement Hurd (1908-1988) estuviera relacionado con las características de la visión de los conejos (campo de visión de casi 360º) y hubiera sido curioso que su visión fuera en blanco y negro (para tener un significado adicional ese cambio de color), pero ojeando por diferentes espacios parece que son capaces de identificar pocos colores (especialmente el verde y el azul). En ese ámbito investigador, volvemos a la charla de Sophie van der Linden que acompañaba la reseña de Lune de Junko Nakamura (enlace de YouTube, a partir del minuto 6) en el que analiza el ritmo de Buenas noches, luna, el valor de las repeticiones, la materialización de los objetos seleccionados en esos marcos en blanco y negro (de nuevo, inclusive la “nada”).

Me encanta cómo analiza esos elementos cotidianos y señala la pareja de elementos en blanco y negro formados por la “nada” y la papilla. Una abstracta e infinita, otra cálida y el sustento alimenticio. Por cierto, un cambio de colores que también recordamos del clásico de Remy Charlip con Afortunadamente (el mismo artista que ilustró inicialmente El pájaro muerto de Margaret Wise Brown). Sophie van der Linden también comentaba la importancia de todos los elementos que componen el álbum y que siguen reforzando como atemporal la definición de Barbara Bader en 1976: A picturebook is text, illustrations, total design; an item of manufacture and a comercial product; a social, cultural, historical document; and foremost an experience for a child” (p.1).

En una semana dedicada a la luna era una obligación pararse en uno de los clásicos de la Literatura Infantil. Un álbum tierno y, como han podido apreciar, un ejemplo de la profundidad que esconden (algunos) de estos libros. Un placer estético-literario que se puede llevar más allá con la narrativa paralela de la ratoncita inquieta que se pasea por la habitación y aparece en cada una de las ilustraciones a color, cómo es advertido en un momento por el gato blanco que jugaba con un ovillo, pero que finalmente no será atrapada y se despedirá mirando la luna. Y, como no, esa despedida a la luna en una de las escenas más tiernas de la serie The Wire con Kima pasando la noche con el hijo de su ex-pareja y despidiéndose de los elementos cotidianos de las calles de Baltimore (luna, estrellas, policías, chulos, estafadores,... a todo el mundo): 

Goodnight moon

Goodnight stars

Goodnight po-pos

Goodnight fiends

Goodnight hoppers

Goodnight hustlers

Goodnight scammers

Goodnight to everybody

Goodnight to one and all.



 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

 http://www.corimbo.es/book/33/

Referencias

Bader, B. (1976). American picturebooks from Noah’s Ark to The Beast Within. Macmillan Publishing Company.

Painter, C., Martin, J., y Unsworth, L. (2013). Reading visual narratives: image analysis of children’s picuture books. Equinox.

Van der Linden, S. (2020). El álbum ilustrado como herramienta de educación visual y estética | Sophie Van der Linden | CILELIJ. https://www.youtube.com/watch?v=Sp8xDufEw6I

 

martes, 23 de marzo de 2021

Entradas en azul. Yukiko Kato y Komako Sakai. En el prado

 

Título: En el prado

Autora: Yukiko Kato

Ilustradora: Komako Sakai

Traducción: Fina Marfá

Editorial: Corimbo

Año: 2013

Páginas: 32

Encuadernación y formato: 22,5 x 20,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Siguiendo con parajes naturales, la belleza de las ilustraciones de Komako Sakai en este sensacional álbum para la primera infancia que junto a Cuando deje de nevar (Corimbo, 2006) completan un binomio perfecto en el que retratar el mundo interior infantil: sus pensamientos y emociones narradas en primera persona. Dada la estación, se recupera En el prado (seleccionada entre las 100 obras destacadas por el Grupo GRETEL en 2016 y como recomendación en su portal), pero destacar que Cuando deje de nevar es otra de las 100 joyas ilustradas que escogió Salisbury (2015). Perfectos altavoces para fijar el interés en estas preciosas obras.

Con un álbum como En el prado tengo la sensación de estar también conectado con Vamos a cazar un oso de Rosen y Oxenbury por el empleo de onomatopeyas para describir el sonido en el tránsito por la naturaleza. Desde la narración en primera persona de la visita al río de la pequeña protagonista con su familia y la interacción con los elementos que encuentra en el prado: la mariposa, su persecución entre la hierba, su observación de sus formas, sonidos de los elementos, el viento convirtiendo el prado como las olas del mar, su inmersión, la contemplación de la espesura y altura que la envuelve, … y, la sensación de pérdida en medio de ese océano de naturaleza. Para mostrar ese cambio emocional en su protagonista, cambia las tonalidades del cielo y la espesura de la hierba por el gris desconcertante de sus emociones. El sentimiento de pérdida que tendrá una resolución ágil y la recuperación del color.

Un texto claro y ágil en su ritmo para una historia breve hermosa. Una vuelta al río y el descubrimiento del mundo interior de una protagonista que nos invita a cogerla de la mano y contar una y otra vez este hermoso En el prado.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

http://www.corimbo.es/book/36/