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jueves, 18 de marzo de 2021

Entradas en azul. Jacques Prévert y André François. Carta de las Islas Baladar. Faktoría K de Libros

 

Título: Carta de las Islas Baladar

Autor: Jacques Prévert

Ilustrador: André François

Traducción: Pedro A. Almeida

Editorial: Faktoría K de Libros

Año: 2014. Original: 1952

Páginas: 56

Encuadernación y formato: 25,5 x 17,5 cm. Tapa dura

Idioma: castellano

Reseña:

Jacques Prévert (1900-1977) dejó en su obra narraciones para el público infantil que se mantienen como una lectura deliciosa, en la que paladear en sus palabras el sentido del humor irreverente y surrealista de sus textos. Textos que en la última década se reeditaron como los Cuentos para niños no tan buenos (2011) en Libros del zorro rojo y, el mismo año, con la joya ilustrada por Mordicai Gerstein en Para hacer el retrato de un pájaro publicado por Faktoría K de Libros. En ese proceso de rescate, este divertidísimo libro ilustrado por André François que ya pasó por este espacio de reseñas con el rescate de Roland por Niño Editor.

Unión entre dos grandes nombres que desde la editorial se propusieron rescatar el formato original de 1952 en esta nueva edición. Cuando observas la cubierta con ese formato de carta postal rápidamente piensas en el formato del libro de François de 1961, Lágrimas de cocodrilo. El texto de Prévert es un cuento que refleja con gran sentido del humor diferentes aspectos históricos y socioculturales en el que se parodia al poder, los colonizadores, el ritmo de vida de las sociedades consumistas, el trabajo, la codicia en contraposición a la alegría de vivir sin aferrarse a la materialidad, a la importancia de la comunidad y un canto a la despreocupación que, curiosamente, es imposible vivir en las ataduras de nuestra realidad.

Este lugar en el que las preocupaciones se dejan de lado se encuentra en la pequeña Isla de Baladar, cercana a la costa, y despreciada por los navegantes. Otro aspecto es el inicio que remite a las leyendas marinas sobre islas encantadas que aparecen y desaparecen sin que nadie sea capaz de encontrarlas ni cartografiarlas en un mapa. Me trae recuerdos a la leyenda de la Isla de San Borondón (una isla errante que aparece y desaparece) y en el que guiados por su barrendero (un mono azul) conocemos las desternillantes costumbres acerca de la pesca, caza y flora de un entorno paradisiaco y virgen, en paz. Como no podía ser de otra manera, alguien descubre que en las islas Baladar se esconde una gran fortuna que los habitantes, que ya lo tienen todo, no reparan: oro.

A partir de ese momento, comenzará una historia de irrupción de codiciosos mandamases que querrán colonizar y explotar todos esos recursos vírgenes, engañar a su población para su extracción y lucrarse en el Gran Continente. Así, nuestro personaje principal Cuatromanos Alaobra se enfrenta a un dilema frente a la gente de la población de Mata-Mata-Pavo-Pavo, una gente en la que reconoceremos el espíritu de las sociedades capitalistas, cuando le nombran como representante y alto cargo en la intermediación con los nativos de las islas. Males de la colonización a lo largo de la historia que Prévert con la ironía de su texto emplea para caricaturizar la codicia del poder y la opresión como moneda de cambio. La resolución no puede ser menos divertida y rocambolesca. Y, precisamente por ese último adjetivo, la más lógica decisión que se debería tomar.


Un texto plagado de musicalidad, pequeñas canciones que se cuelan como música y perfume rítmico de una vida sin problemas, apacible y básicamente, respetuosa con su entorno. Seguramente nos costará regresar a las islas Baladar dado el nivel con el que sube el agua cada año y, de paso, nos sirve como metáfora para recordarnos la manera en la que vivimos. Prévert y François nos llevan a la tierra prometida en la literatura infantil, aquella que desmonta ficcionalmente la moral económica y consumista de nuestro tiempo.

 

Fran Martínez

Twitter

 

Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/pub/media/productattach/Carta-de-las-islas-Baladar-C.pdf

Jacques Prevert (Kalandraka)

https://www.kalandraka.com/autores/prevert-jacques

Reseña de Teresa Colomer

https://www.gretel.cat/recomendaciones-lij/carta-de-las-islas-baladar/?lang=es

 

 

martes, 23 de febrero de 2021

Entradas en azul. Nelly Stéphane y André François (il.). Roland. Niño Editor

 

Título: Roland

Autora: Nelly Stéphane

Ilustrador: André François

Traducción: Mariana Saúl

Editorial: Niño Editor

Año: 2018

Fecha de publicación original:1958

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 21 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Es de agradecer la labor de recuperación de títulos de grandes autores de la literatura infantil y juvenil (como los de Bruno Munari) y su traducción en lengua castellana. Dentro de los títulos ilustrados por André François en la editorial he escogido el icónico Roland (también publicado por la editorial El pequeño Brown de Isobel Harris). Su particular sentido del humor y la ironía con la que desmonta la idea de una infancia que necesita el aleccionamiento adulto. Entre sus trabajos ilustrados se mezcla el surrealismo como vehículo humorístico y la expresión artística como motor para el desarrollo de la curiosidad y la imaginación.

Libros sensacionales que podrían ser reeditados como el juego del formato de Lágrimas de cocodrilo (siguiendo con el sobre, las ilustraciones para el título de Jacques Prévert Carta de las Islas Baladar reeditado por Kalandraka y su división Faktoría K de Libros), su bestiario surrealista o un álbum que sería perfecto para esta época pandémica como El resfriado (en inglés Never catch a cold). Una obra la de André Farkas (1915-2005) que también cuenta con ese camino desde Europa hasta la época dorada de la comunicación visual de Estados Unidos ilustrando portadas para The New Yorker. Conexiones que ya se han citado en otras ocasiones con figuras como Tomi Ungerer y, en este caso, por las obras que hay en el Museo Ungerer en Estrasburgo de artistas como André François o Saul Steinberg (nombre al que se asocia como influencia en el trabajo de François).

En el retrato de un niño como Roland, el divergente frente al adocenamiento del resto y con las trastadas que imagina e ironiza con las imposiciones (desde la escuela al abrigo de visón de Isabelle). Armado con un lápiz para materializar sus pensamientos (aunque no se emplea de esta forma en este libro, es recurrente el lápiz como recurso metaficcional en otros títulos clásicos de la literatura infantil como los de Crockett Johnson, Ivar da Coll, Monique Félix, Anthony Browne o Chris Van Allsburg por citar algunos ejemplos a los que tal vez se le dedique una entrada especial) Roland se adentra en un día de aventuras en los que sus dibujos cobran vida a la orden de ¡CRAC!. Una cebra, un bosque en el patio del colegio en la nevada (donde el resto de los compañeros disfruta de sus creaciones. Es curioso como después de gastarle una broma a su amiga Isabelle, acaba detenido y encerrado en la cárcel (una imagen que dentro del imaginario de la literatura infantil es poco usual o se ha convertido en un tabú temático).

Así, vemos sus travesuras imaginadas también tienen consecuencias y castigos, pero también buenas acciones como ayudar a una niña que no tiene juguetes. También vemos como las secuencias se alternan con ese juego de consecuencias de las acciones y el alivio de que nuestro protagonista se encuentra a salvo (un ejemplo claro es Afortunadamente de Remy Charlip) y así se mantiene la tensión narrativa en su lectura. Finalmente, todos los elementos convergen con su vuelta a casa y la reparación de acciones, pese a que no tiene un sentido moralizante la resolución del conflicto. Roland es un libro de una gran belleza en sus ilustraciones en las que se emplea una gama cromática limitada en los oscuros tonos de azul y dorado (unido al blanco y negro), con un trazo primitivista y nos conecta con una infancia capaz de sentir, errar y de imaginar. En definitiva, con voz propia.


Al final de la entrada tenéis un documental grabado por Sarah Moon (que ya pasó por aquí con su interpretación en fotografías de Caperucita roja) sobre sus pinturas que se guardaban en su taller y cuyo incendio en 2002 devastó casi por completo. Algunas de esas pinturas se pueden encontrar en la Biblioteca Jean Moulin de Margny-lès-Compiègne, un centro regional dedicado al álbum.

¡CRAC!


 

Fran Martínez

Twitter

 

Web de la editorial:

https://www.ninioeditor.com/product-page/roland

Web de Janine Kotwica

https://janinekotwica.com/conferences/andre-francois-geant-des-arts/

 



(Y aunque parezca que esta semana nos centramos en la aparición de caballos, en este álbum aparecen otros equinos: cebras y burros)