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miércoles, 28 de abril de 2021

Entradas en azul. Antonio Ladrillo. Mi Colección de Caras. Pastel de Luna


 Título: Mi colección de caras

Autor e ilustrador: Antonio Ladrillo

Editorial: Pastel de Luna

Colección: Cosecha propia

Año: 2018

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 21 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Saltamos en el tiempo y nos ubicamos en un álbum ideal para las primeras edades como Mi colección de caras, un título en línea con otros clásicos como ¡Puedo rugir! De Frank Asch (1985) o Si yo fuera un león de Isabel Pin. En este caso, el libro no se dispone de un espacio en el que colocar la cara del niño/a para que complete la narración desde el formato, sino desde su formato circular a modo de caretas en las que se despliega la página dominada por un color en el que ubicar el texto relativo a la expresión facial de una emoción y, en la parte derecha, la cara representada. 

Grandes expresiones, dominadas por la amplitud de los ojos y el gesto de la boca para su representación de su estado de ánimo. También el empleo de la doble página para mostrar como se sienten sus amigos y, en la información de la editorial, también proponen el juego del bookface (que me recuerda a la práctica en redes previa con el uso de portadas de discos en vinilo, sleeveface).

Este tipo de álbumes en un aula de Educación Infantil son de los favoritos del alumnado, hablando desde la experiencia en el aula, y está relacionado según la edad con el desarrollo del pensamiento simbólico, conectado además con los postulados de la Teoría de la mente, en la que distinguir la diferencia entre la representación y el objeto. Estimular el juego desde la empatía.


De la misma manera que en el anterior, la tentación es olvidar el componente lúdico de esta lectura por el discurso más utilitarista de la educación emocional. Desde ese punto de vista, el libro propone una experiencia sensorial y, por buscar una justificación, podemos darles vueltas a las etapas cognitivas en el desarrollo de las emociones propuesto por Bisquerra et al. (2015) como un elemento útil para la identificación emocional. Desde la perspectiva visual, también se aprecia la intención de Antonio Ladrillo para jugar con las variaciones en el color con la representación de los personajes: boca y ojos como elemento fijo; color del pelo, nariz y de la página izquierda como variaciones cromáticas.

El juego propone preguntas y juegos en los que tener como elemento de conversación los estados de ánimos, el juego de expresiones y el puro placer de experimentar sensorialmente con un libro-objeto atractivo desde sus ilustraciones que conecta con los intereses de la primera infancia y su desarrollo psicoevolutivo. Un álbum ideal también para interactuar con los más pequeños con el juego de cu-cú y volviendo a la entrada de ayer con el inicio de su pensamiento simbólico. Un libro que en el aula es continuamente solicitado para llevárselo a casa para jugar con sus familias.

Web de la editorial

https://www.pasteldeluna.com/product-page/mi-colecci%C3%B3n-de-caras



Referencias

Bisquerra Alzina, R., Pérez González, J., & García Navarro, E. (2015). Inteligencia emocional en educación. Síntesis.


jueves, 22 de abril de 2021

Entradas en azul. Kazue Takahashi. El osito Kuma Kuma. Pastel de Luna

 

Título: El osito Kuma Kuma

Autora e ilustradora: Kazue Takahashi

Traducción: Eduardo Frías López

Editorial: Pastel de Luna

Colección: Lejano oriente

Año: 2016. Ed. Original: 2001

Páginas: 64

Encuadernación y formato: 16,5 x 12,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Momento para una entrada deliciosa a partir de la divertida ternura del primer álbum publicado de Kazue Takahashi (Kanagawa, 1971) y que gracias a Pastel de Luna podemos disfrutar en castellano, además del otro título publicado en nuestro país en 2013 con El teléfono de las ardillas. Además, próximamente reseñaremos otro libro favorito de la editorial Pastel de luna dentro de esta colección como la versión china de Caperucita roja de Ed Young (otra variación en el índice ATU) con la joya de Lon Po Po (un catálogo que cuenta con álbumes maravillosos de autores como Antonio Ladrillo y su Colección de caras, el divertido Shinsuke Yoshitake o la preciosa narración silente de Jae Soo Liu con El paraguas).

Volviendo al osito Kuma Kuma (KumaKuma-chan) de Takahashi, recuperamos un espacio de una lectura amable, tierna y que en su pequeño formato con un texto breve acompañando a cada ilustración que parte de la mancha como recurso expresivo y pequeños detalles adicionales para acompañarle en cada una de las acciones que describe el texto. Por su extensión, 64 páginas, nos recuerda a las historias de Marianne Dubuc en el que el inicio narrativo deja paso a una colección de ilustraciones que nos muestra una colección de situaciones del osito Kuma Kuma hasta el desenlace. El narrador es el amigo del osito Kuma Kuma (al cual desconocemos) y que nos narra la dificultad para encontrarse con él, motivo por el cual imagina y nos narra cómo será su día a día. En este punto, el narrador nos introduce en su imaginación y el tiempo se expande progresivamente en un trayecto que parece relatar en orden todo el tipo de acciones que realizará durante un día cualquiera, pero que se altera al incluir el ciclo de las estaciones (indicándonos otro tiempo que difiere de lo que pasa en un día) hasta que llega el anochecer.

En esa recopilación de acciones, la brevedad del texto y la expresividad del minimalismo de elementos en la ilustración tiene momentos divertidos como verlo en el tejado disfrutando de la vista de las nubes que pueblan el cielo y, posteriormente, tumbado (solo vemos sus brazos desde la ventana sin cambiar la perspectiva que tenemos como lectores) escuchando cómo las gotas caen sobre su tejado. Le vemos en una rutina en la que el osito Kuma Kuma es imaginado viviendo de manera plácida, feliz y divertida (bailando canciones que escucha en la radio) entre sus quehaceres hasta la hora de dormir. En el desenlace, cotidiano, se introduce la escritura de una carta a un amigo. No sabemos a quién, pero nos gustaría pensar que es a nosotros contándonos exactamente que sus días son así: sencillos y felices.


El anhelo y los deseos de un personaje imaginado que representa la nostalgia de quien no está ahí y al que no podemos ver por determinados motivos. Podemos interpretar que el osito Kuma Kuma es aquello que ya no permanece entre nosotros y que despedimos y recordamos con melancolía y con felicidad. En primer plano, lo evidente es pensar en la amistad y, en estos tiempos tan peculiares, la lejanía y la soledad es un rasgo distintivo en nuestra sociedad. En otro plano, una carta de amor a quienes nos han acompañado y ahora no están a nuestro lado. La sencillez de un relato abierto a la interpretación del lector: reconfortante, imaginativo y adorable. Rasgos de la filosofía de una cultura oriental que nos balancea en su regazo de manera inteligente y delicada. Una maravilla que narrada en el aula divierte por ese mundo tan reconocible para el niño y, como adultos que mediamos, nos reconforta en ese poso existencialista en el que somos conscientes de todo aquello que el tiempo y la nostalgia nos devuelve inesperadamente. Una preciosidad.



Fran Martínez

Twitter

 

Web de la editorial:

https://www.pasteldeluna.com/el-osito-kuma-kuma