Este año las vacaciones estivales han estado limitadas en la
elección de destinos turísticos y se ha vuelto durante estos meses al destino
rural o interior como una opción para salir durante el periodo estival.
Volvemos con uno de los grandes nombres de la LIJ, el inglés John Burningham
(1936-2019) del que había muchas ganas de dedicarle una entrada en el blog.
Motivos y títulos emblemáticos de sobra hay para dedicarle en los próximos
meses más entradas y, especialmente, con un álbum que es uno de mis preferidos
como el descatalogado en Kókinos con Las estaciones (1997[1969]) y que
contó dentro de la misma editorial con ediciones de títulos ideales para una
idea de la infancia alejada de lo políticamente correcta como los
divertidísimos ¿Qué prefieres…? o La cama mágica, entre otros
títulos en diferentes editoriales como el fantástico Harquin: el zorro que
bajó del valle (Miñón, 1975) o Eduardo: el niño más terrible del mundo
(Faktoría K de libros, 2006), además de un buen número de libros para
prelectores en la editorial Altea. También una reedición por Juventud de Esperamos
un bebé con las ilustraciones de Helen Oxenbury (que fue su pareja) y, en
esta ocasión, tenemos la oportunidad de conocer las aventuras del señor Gumpy
que fue uno de los personajes a los que le dedicó diferentes títulos que no se
tradujeron al castellano, como tampoco el icónico Granpa (1984) que es uno de
los libros más reseñados por investigadores LIJ como Maria Nikolajeva, Len
Unsworth o Arsenio Jesús Moya Guijarro.
Con La excursión del señor Gumpy tenemos algunos de
los aspectos que señalaban estos autores en el uso del color y el blanco y
negro en Granpa (1984) como es el uso del blanco y negro para describir
el reflejo de un tiempo pasado, frente al colorido presente. Desde la primera
página con la presentación del señor Gumpy, encontramos ese juego con el código
del color para representar diferentes aspectos de la narrativa (también podemos
recordar en Helen Oxenbury ese juego en Vamos a cazar un oso de Michael
Rosen). En esta ocasión el color tiene un aspecto que sirve para ensalzar a los
personajes que el señor Gumpy encontrará en su excursión o, como sucede en la
presentación de su casa a la orilla del río, para iluminar aquellos ambientes
que el narrador omnisciente nos señala en cada fragmento. Este sería, en el
esquema quinario el dibujo de la situación inicial: tres ilustraciones que nos
muestran la calma del entorno en el que vive el señor Gumpy, con el verde
predominando.
El inicio del conflicto se traza a través de algo que pasó
“un día que el señor Gumpy salió con la barca” que se dibuja en blanco y negro,
para que en la página derecha aparezca el color de quienes establecen el
diálogo dentro de ese recuerdo: los niños, luego el conejo, el gato, el perro,
el cerdo, la oveja, los pollos, el ternero, la cabra… Ante cada nuevo compañero
en la embarcación hay una advertencia para que no den una coz, batan las alas o
pateen (cada animal con su característica) y no acaben tambaleándose. Cosa que
sucederá acumulando en el texto todas estas situaciones y empleando un
mecanismo tradicional en las narraciones infantiles como la recuperación y
enumeración de esa acumulación de personajes que tanto gusta en los prelectores
para recordar y anticipar sobre la narrativa. Otros viajes en barca que nos
recuerda al clásico a partir del clásico acertijo para pasar el río del zorro,
el conejo y la col que transformó Sotolareff en El ogro, el lobo, la niña y
el pastel cuando el señor Gumpy da algunas advertencias hasta la
acumulación delirante encadenada de ¡Yo no he sido! de Voltz.
Finalmente, el conflicto se resuelve de manera humorística y con un cierre
tierno con la despedida de los personajes. En suma, La excursión del señor
Gumpy contiene todos los elementos esenciales en esas primeras lecturas y
que en el aula tanto gustan. Un libro rescatado y que, como el autor, es
atemporal y con el que ganó el premio Kate Greenaway en 1970.
Encuadernación
y formato:
21,5 x 28 cm. Tapa dura.
Idioma: castellano.
Reseña:
Siempre es problemático el análisis de los clásicos de la
literatura infantil, como en este caso la figura de Maurice Sendak. ¿Qué
aportar a estas alturas sobre uno de sus títulos? Probablemente, solo respeto y
admiración por sus libros. En este caso, inicia una serie de entradas estas
semanas que no se alejan de la temática escogida en este inicio de año en el
blog, como es la musicalidad, la tradición oral y el ritmo en la literatura
infantil. Maurice Sendak no está alejado de este universo, pese a que su figura
ha suscitado análisis desde diferentes perspectivas dentro de la multimodalidad
en el análisis del libro ilustrado y la unión entre ilustración, texto y
formato.
En esa línea, Nodelman (2013) se detenía en esta trilogía (junto
a Donde viven los monstruos yAl otro lado) señalando su figura
como un “músico visual”. Y no me extraña esta consideración observando algunas
de las entrevistas que se pueden rescatar por la red, como en esta al recibir
la medalla Caldecott (que también recibiría por este In the night kitchen),
donde siempre vemos un tocadiscos:
Así, en diferentes entrevistas también entendemos su manera
de aproximarse al arte desde el sentido de la composición y de la variación de
elementos como en una obra clásica (o también una estrategia de las vanguardias
como Terry Riley o Steve Reich). Reconocemos a su personaje principal, su
estilo y la capacidad para manipular el arte secuencial con diferentes
recursos. En La cocina de noche, encontramos recursos del cómic (e
incluso en el portal Absysnet de la red de lectura valenciana se puede
encontrar categorizado este álbum como “cómic americano”) por el uso de viñetas
o bocadillos.
En sus libros hay baile, jolgorio y felicidad (desde la subversión
del ideal adulto de la infancia), además de elementos que han centrado el
análisis de muchos investigadores incluso por los símbolos a partir de la
desnudez de su personaje y la incursión en la gigante botella de leche para
realizar el pastel (junto a esos entrañables homenajes a Laurel & Hardy)
como señala Beckett (2013) en el que incluso se señala como alegoría a la
masturbación y los problemas de la desnudez en los libros infantiles o la
sexualidad, aspecto que también explora Vaughan (2017). Algo que no está muy alejado de la política en redes sociales y la moral proteccionista con el tipo de imágenes que se publican (recuerdo que mi primer blog me lo cerraron en 2008 por emplear la portada del disco de Lambchop, OH, que era una ilustración).
De hecho, esto provocó que su libro fuera censurado en los Estados
Unidos o se suprimiera la desnudez de su personaje. Algo que sigue presente en Al
otro lado y que también fue calificado como perturbador y que Salisbury
(2015) recupera que se inspiró en el rapto del bebé del aviador Charles
Lindbergh en 1932. Si nos ponemos a especular, sin fundamento alguno (ya
puestos), los ruidos en la pared que le despiertan podrían ser por pillar a sus
padres con “las manos en la masa”. En definitiva, elementos que en la
obra de Sendak siempre nos activa la imaginación como lectores.
Hasta ahora, tenemos aspectos del análisis sobre el
contenido simbólico que tampoco se ha quedado exento de su aproximación desde
el psicoanálisis al introducirse la narrativa dentro del sueño (Adams &
Rabkin, 2006) o temas sociales sobre el abuso con los que también encuentran
relación con En el vertedero con Juan y Pedro (Sipe, 1996; McDaniel,
2001), reeditado por Kalandraka y originalmente publicado en 1993. En la
entrevista también señala su amor por Goya y Gotlieb (2008) señala partes de
los bocetos iniciales y la conexión de ser devorado cuando Miguel cae en el
pastel con la pintura de Caravaggio con El sacrificio de Isaac y, en
otras ocasiones, el bigote de los cocineros se señala como referencias al
Holocausto o la estrella de David en el bote de sal (con su contorno amarillo).
Como observaréis, es muy difícil aproximarse a una figura
tan estudiada como la de Maurice Sendak de una manera superficial. El propósito
era centrarme más en los aspectos sonoros y rítmicos de sus textos rimados y
que, por suerte, Kalandraka ha reeditado con Chancho-Pancho y los
preciosos pequeños libros de Sopa de pollo con arroz (libro de los
meses), Lluvia de cocodrilos (un alfabeto), El uno era Juan (libro
de los números) y Miguel, un cuento muy moral en cinco capítulos y un
prólogo que le conectan con sus libros con Ruth Krauss (especialmente con Un
hoyo es para escarbar del que Mercer Mayer tomaría buena nota también en
sus libros). Para otra entrada dejaremos las menciones a otros libros que
ilustró como Moon Jumpers o El Sr. Conejo y el regalo perfecto. Al
final de la entrada seguiremos con algunos de estos títulos y el aspecto
musical de sus libros.
Lluvia de cocodrilos. Kalandraka
También, señalaba en diferentes entrevistas su interés por
el blues (otro género basado en la repetición y el mantra para señalar la
dureza de la rutina, algo que nos conecta también con las nanas) y las nursery
rhymes como pasa con En el vertedero con Juan y Pedro o Hector
protector y Cuando yo iba por el mar (sin reeditar desde que Alfaguara lo
publicase en 1987).
Así, el motivo por el que este título se rescata en esta
entrada es por su texto rimado y la gozosa lectura que promueve, repleta de
sentido del humor y surrealismo. Otro aspecto que es crucial en este álbum es
la tarea de un traductor para mantener ese sentido rítmico. Ahora solo falta el
ritmo que se pone mediante la repetición de los cocineros y Miguel cuando se
encuentran en La cocina de noche, con sus canciones mientras cocinan o cuando Miguel
trabaja la masa del pastel o sale de ella. Momentos en los que el ritmo se hace
evidente y la musicalidad es un gesto instintivo por su estructura (y evidente cuando se aclara en el texto: - "Y canta"- "¡Qué bonito flotar entre la leche blanca!/ ¡Viva la leche blanca, y viva yo también!"). Embudos como megáfono y cucharones convertidos en instrumentos de cuerda (yo pienso en un banjo) de los cocineros que recuerdan a las páginas sin texto de Donde viven los monstruos cuando están gritando a la luna en una suerte de danza tribal y en Al otro lado un instrumento de viento (un cuerno mágico).
Aderezados
con unas ilustraciones que muestran ese ambiente rocambolesco en la cuidada
recreación de una ciudad en la que los utensilios de cocina, ingredientes, envases
y su respectiva publicidad que nos envuelven en un mundo cinematográfico (como
decíamos, por la secuenciación de la acción con el recurso de las viñetas, dejando
la doble página para mostrarnos panorámicas con el alejamiento del foco en el
vuelo de Miguel hasta la boca de la botella de leche).
En La cocina de noche de Maurice Sendak es una
maravilla: por sus ilustraciones, su ritmo y la desbordante imaginación puesta
al servicio de la infancia que nunca nos deja indiferentes. Y, esas
características, son las que diferencian a los grandes libros del resto.
Para finalizar, como apunté previamente, el recuerdo al
Letrero secreto de Rosie y los diferentes pequeños libros de Sendak que fueron
interpretados en modo de musical por la voz de Carole King y animados (para
otra ocasión dejaremos lo de Spike Jonze). Disfrutad de Sendak.
Y otra debilidad, escuchar la voz de James Gandolfini (que
también puso voz a uno de los monstruos de la película de Spike Jonze),
narrando este clásico (y, como no, dándole ritmo a través de sus rimas en la
cocina):
Adams, R. V. L., & Rabkin, E. S. (2007). Psyche and
society in Sendak’s in the night kitchen. Children’s Literature in Education,
38(4), 233–241. https://doi.org/10.1007/s10583-006-9034-0
Beckett, S. L. (2013). Crossover picturebooks. A genre
for all ages. Routledge.
Gottlieb, R. M. (2008). Maurice sendak’s trilogy:
Disappointment, fury, and their transformation through art. Psychoanalytic
Study of the Child, 63(2008), 186–217.
https://doi.org/10.1080/00797308.2008.11800804
Lampert, J., & Walsh, K. (2010). “Keep telling until
someone listens”: Understanding prevention concepts in children’s picture books
dealing with child sexual abuse. Children’s Literature in Education, 41(2),
146–167. https://doi.org/10.1007/s10583-010-9104-1
Mcdaniel, C. (2001). Cynthia McDaniel Children ’ s
Literature as Prevention of Child Sexual Abuse. 32(3), 203–224.
Nodelman, P. (2013). ‘Clever Enough to Do Variations’:
Sendak as Visual Musician. International Research in Children's
Literature, 6(1), 1-14.
Salisbury, M. (2015). 100 joyas de la literatura infantil
ilustrada. Blume
Sipe, L. R. (1996). The private and public worlds of we are
all in the dumps with Jack and Guy. Children’s Literature in Education, 27(2),
87–108. https://doi.org/10.1007/BF02355691
Vaughan, S. C. (2017). In the Night Kitchen: What Are the
Ingredients of Infantile Sexuality? Psychoanalytic Dialogues, 27(3),
344–348. https://doi.org/10.1080/10481885.2017.1308213