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lunes, 15 de noviembre de 2021

Entradas en azul. Jeannie Baker. Reflejo. Intermón Oxfam

 

Título: Reflejo

Autora e ilustradora: Jeannie Baker

Traducción: Lara Meana

Editorial: Intermón Oxfam

Año: 2011

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 27,5 x 26 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

La artista Jeannie Baker (1950) es una autora con un recorrido en el que la composición del espacio visual y las decisiones en cómo delimitar el espacio y el tiempo ha sido un ejemplo claro en el estudio de la multimodalidad desde el plano semiótico. Diferentes investigaciones han utilizado sus álbumes como ejemplo de la libertad y creatividad en el álbum para transmitir una narrativa desde el plano visual y, en este caso, con la materialidad de su diseño para representar el significado de su obra que, en este caso, es el reconocimiento del otro y la ruptura de la visión etnocéntrica. Sobre sus técnicas de collage se clarifica al lector sobre cuáles son las fuentes de estas imágenes: “Los originales de este libro son compoisciones realizadas mediante la técnica del collage, que posteriormente se han reproducido a cuatricomía a partir de las fotografías en color de Jaime Plaza y David Blackwell”.


Un álbum con su formato con dos historias paralelas materializadas con una división central que se despliega hacia los dos lados, la parte izquierda para la historia occidental y, la derecha, para la historia marroquí. En el prólogo del libro nos indican el modo en que desplegar las páginas. Las guardas y sus paratextos (al igual que los títulos, en dos idiomas) son los que proponen la información para enmarcar la historia que, pese a no tener texto, la información previa ya aporta una suficiente carga textual y, siguiendo con la clasificación de la tesis de Emma Bosch en 2015, estaríamos ante un álbum casi sin palabras (comúnmente se considera un álbum sin palabras, pero en las imágenes también hay textos que nos ponen en el contexto de la narrativa). Sin embargo, el interés de este álbum en el ámbito académico se centra en el componente ideológico sobre el desarrollo de la competencia intercultural y la ruptura de la visión etnocéntrica en esas dos narrativas paralelas que reflejan (como el espejo al que hace título la edición original: Mirror). 


En ese paratexto tenemos el contexto de qué descubrir en el álbum: dos historias en espacios socioculturales diferentes (Australia y Marruecos) en los que recordar que no escogemos dónde nacemos y cómo la cultura nos ha modelado en nuestra visión del mundo, pero las cosas en común que compartimos como seres humanos. La interpretación de qué elementos compartimos pese al reflejo de las diferencias tecnológicas y de medios. Conocer otras realidades para identificar las nuestras. Igualmente, buscamos medios para desplazarnos, lugares en los que abastecernos, de obtener recursos, compartir rituales con nuestra familia independientemente de los aspectos materiales que nos diferencian. También como reflejo de nuestros prejuicios sobre otras culturas diferentes a la nuestra. 

Al final del álbum se incluye el motivo y la inspiración de la autora en la realización del álbum: un viaje en el que descubrir otra cultura diferente (el Valle de las Rosas al sur de Marruecos) y Sidney. En ese epílogo (también en dos idiomas) leemos: “Por dentro somos tan parecidos que podríamos estar viéndonos unos a otros cuando nos miramos en el espejo”. En resumen, un álbum que APARENTEMENTE emplea con sabiduría todos los recursos del diseño del álbum para una lectura que tiene una mirada serena.

El problema surge cuando nos preguntamos si no es desigual dicha representación entre dos culturas, si es justo mostrar un contexto rural en una cultura árabe frente al occidentalismo desarrollado. En cierta medida, la propia autora cae de manera ingenua en estereotipos culturales que pueden redundar en la construcción etnocéntrica, propiciar la aporofobia y reafirmar (o asentir) con aquellos valores que observan el mundo desde el exostismo más superficial. En este sentido, la obra tiene potencial para estudiar todos los estereotipos que tenemos sobre una cultura árabe, cuestionarnos qué pasaría si comparamos un entorno rural de Australia con un barrio lujoso de Casablanca. Tal vez el reflejo tenemos que recomponerlo para que realmente sea una ventana, Jeannie.



 

Fran Martínez

Twitter

 

 

Web de la editorial

 https://clientes.oxfamintermon.org/editorial-infantil/3018-reflejo.html

Referencias

Bosch-Andreu, E. (2015). Estudio del álbum sin palabras [Tesis de doctorado, Universitat de Barcelona]. http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/66127


jueves, 25 de marzo de 2021

Entradas en azul. Chris Van Allsburg. El jardín de Abdul Gasazi.

 

Título: El jardín de Abdul Gasazi

Autor e ilustrador: Chris van Allsburg

Traductor: Agustín Cadena

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Año: 2017. Original: 1979

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 25 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

El norteamericano Chris Van Allsburg (1949) es uno de los grandes autores e ilustradores de LIJ con una trayectoria llena de distinciones como las dos medallas Caldecott por El expreso polar (1985) y Jumanji (1981), clásicos en cualquier colección y biblioteca especializada desde su aparición, además de convertirse en libros que han inspirado adaptaciones cinematográficas, un ámbito en el que el autor amplía con Zathura: una aventura fuera de este mundo. Ese subtítulo (fuera de este mundo) nos revela la temática de sus libros con el extrañamiento entre realidad e imaginación que se impone en sus obras con los maravillosos El higo más dulce (1993), La escoba de la bruja (1992), El naufragio del Zefiro (2006), el sueño entre monumentos de Ben’s Dream (1982), la metaficcionalidad de Mal día en Río Seco (1995) y el sentido del humor surrealista de Los misterios del Señor Burdick (1984) que, en definitiva, enmarcan una obra en la que el lector se expone a un mundo que se altera y nos conduce al otro lado.

Sus ilustraciones detallistas, los enfoques y puntos de vista que propone al lector una mirada atenta a los detalles, sus perspectivas, sus personajes inmersos en la ruptura de lo convencional y, como en este título que fue su debut en 1979, le interpela desde historias repletas de misterio e incertidumbres. Un espacio en el que la fantasía e imaginación del lector decide cuál es el desenlace y cuya fascinación por la historia le invita a completar su sentido. Maravillas ilustradas que se iniciaron con este juego que nos invita a pensar en Carroll y Alicia en muchos detalles, especialmente cuando vemos fumando al misterioso Gasazi y humeando esos círculos, y la entrada al jardín con la perspectiva de entrada a un mundo fantástico desde la perspectiva que también nos recuerda a la entrada de los protagonistas de Anthony Browne en El túnel o el detallismo en los motivos que decoran los elementos del mobiliario y la información en el sueño de su protagonista Alan Mitz, con el cuadro señalándonos el puente por el que posteriormente a su siesta recorrerá paseando a Fritz, el perro de la señorita Hester que debe cuidar mientras se ausenta. Momento en el que: “Alan dejó que Fritz lo guiara para cruzar al otro lado”.

Ese lugar al que se encamina es el jardín del mago jubilado Abdul Gasazi, un lugar con sus reglas propias en el que los perros tienen absolutamente prohibida su entrada: advertencia que Fritz se salta para escaparse. En esa ilustración disfrutamos de la perspectiva de entrada a ese lugar único, con las esculturas señalando la entrada. Alan en su persecución de Fritz, pierde su rastro y se adentra en el laberinto que le conduce hasta la imponente mansión del mago Gasazi, El grande. La respuesta del mago sobre el paradero de Fritz es más desconcertante: a los perros que cruzan el jardín, los convierte en patos. Conjuro que solo el tiempo puede deshacer.

Con esta premisa, tal vez una broma de Gasazi o un verdadero conjuro, nos preguntamos qué pasará con Alan que ha perdido a Fritz y, además, deberá explicarle a la señora Hester toda esta aventura. Preocupaciones que se resuelven en la llegada a la casa y cuyo final propone al lector si todo lo que ha sucedido ha sido fruto de un encantamiento o si, tal vez, la magia es la que ha obrado en este conflicto. Casualidad o azar en un relato que se disfruta de principio a fin. La noche visita el porche y bajo ese cielo nos quedamos buscando respuestas.

Esta es la respuesta del autor en la entrevista transcita en Reading Rockets en 2004:

“It started with Gasazi, because I got letters from kids. Gasazi has an ambiguous ending, which was: Was the boy fooled by the magician, or had the boy witnessed real magic? And kids would write me letters. They'd want to know what happened. Did he really turn the dog into a duck?

I'd write them letters, and say, "Well, thanks for writing, but I can't tell you. What do you think?" I didn't expect them to write me another letter and tell me, but I didn't want to give them the impression that I knew something and I was withholding it. I wanted them to think that what existed on the page was a living thing, and that it just was; it is. And if it has a solution, it's for them to provide.”

Reading Rockets (enlace)

Podéis disfrutar de la entrevista entera en video:




Pero, más importante, disfrutad de los libros de Chris Van Allsburg.

 

 

Fran Martínez

Twitter

 

Web de la editorial:

https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19824

Web de Chris van Allsburg

https://www.hmhbooks.com/chrisvanallsburg/




miércoles, 10 de marzo de 2021

Entradas en azul. Javier Sáez Castán y Pablo Auladell (il.). Dorothy. Déjale entrar. A buen paso

 

Título: Dorothy. Déjale entrar

Autor: Javier Sáez Castán

Ilustrador: Pablo Auladell

Editorial: A buen paso

Año: 2017.

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21 x 29,7 cm. Tapa dura

Idioma: castellano

Reseña:

La fabulosa extrañeza de la obra del autor e ilustrador, residente en Alicante, Javier Sáez Castán (Huesca,1964) sorprende a cada obra que publica. No resulta sorprendente la recepción entre la crítica especializada y el reconocimiento con premios como el Premio Nacional de Ilustración en 2016 por una obra con tantas posibilidades desde el formato encuadernado del Animalario Universal del Profesor Reviollod. Este galardón conmemora la trayectoria de un autor esencial por obras tan magníficas en las que combina su papel de autor e ilustrador, como La merienda del señor verde (Ekaré, 2007), Libro caracol (FCE, 2007) o la extrañeza de Limoncito, un cuento de navidad (Editorial Océano,2010) y, como ilustrador, también cuenta con reinterpretaciones de cuentos tradicionales  como El valiente soldadito de plomo o La pequeña cerillera y otros cuentos (Anaya, 2004) o el trabajo junto a Manuel Marsol de su recientemente premiado, en la categoría cinematográfica, Mvsevm (Fulgencio Pimentel, 2019) en la prestigiosa Feria del Libro de Bolonia.

En este álbum, su relato está acompañado por las ilustraciones de Pablo Auladell (Alicante, 1972) que también, en 2016, fue galardonado con el Premio Nacional de Cómic por la reinterpretación del poema de John Milton en 1667, Paraíso perdido (Sexto Piso Ilustrado). Previamente, ambos coincidieron en las ilustraciones de cuentos de la editorial Anaya y, para esta nueva obra conjugan sus cualidades en un sensacional álbum que consigue el impacto de la fuerza desbocada que anuncia su portada. Desmesura que también fue premiada con el Premio Internacional Biblioteca Insular de Gran Canaria, en 2016, e incluida en los prestigiosos premios White Ravens, en 2017.

La fuerza de este álbum reside en la conjunción polifónica del formato con un diálogo entre la habitual extrañeza de los relatos de Sáez Castán y el trazo a carboncillo de Auladell, jugando con un lenguaje que dominan a la perfección. A partir de la cuidada edición, con el atractivo paratextual de su portada y la significación de sus guardas (con el degradado que nos comunica la turbulencia del fenómeno que presenciaremos), se combinan páginas donde la ilustración ocupa la doble página y otras donde solo hay texto, aunque predomina el diálogo de ambos elementos.

A partir del texto, se encuentra otra de las características recurrentes de Javier Sáez Castán como la puerta de entrada a una historia alejada de las habituales convenciones edulcoradas que se proyectan de la infancia desde otros ámbitos editoriales. De esta manera, el texto tiene un formato de relato que nos conduce hasta Kansas y una granja en las afueras, donde residen Jonah y Martha. Desde el título a la ubicación del relato, se encuentran las referencias intertextuales a la obra El maravilloso Mago de Oz (Lyman Frank Baum) con el huracán Dorothy.

Estas referencias nos empujan hacia un lugar sureño, aislado y con reminiscencias a los años 50 acompañadas por apagados colores en pastel y predominancia del carboncillo. De manera lejana, hay una conjunción de referencias literarias que nos conducen a la ironía implacable de Sam Shepard, como los sensacionales relatos de Cruzando el paraíso (1996), o la imagen de la América sureña de Hopper. La historia muestra la curiosa relación de pareja, que debe abandonar su cotidianeidad, al enfrentarse a la inesperada visita de Dorothy.

Desde el punto de vista del lector modelo, esta obra está destinada para un lector autónomo capaz de enfrentarse a un texto que no siempre tiene un respaldo secuencial con la ilustración, sirviendo estas como punto de fuga y puerta de entrada a la imaginación. En esa línea, el relato contiene los elementos universales para que sea disfrutada por cualquier lector adulto o la formación de un lector competente (y si ha leído anteriormente la obra de Baum, podrá adentrarse en la reconfiguración de sus elementos).

La narración se realiza en primera persona, desde la perspectiva atónita de los insólitos acontecimientos que vive Jonah, desbaratando por completo sus costumbres. En el diálogo con Martha, se acrecienta su incredulidad al acoger a ese pequeño huracán que irá creciendo junto a ellos, mostrando la admiración y amor incondicional de Jonah por su mujer. Las conversaciones con ella revelan la dualidad entre el sentido más primario masculino con decisiones que muestran una carga emocional más rudimentaria que, posteriormente, Martha desmontará desde su imaginación.

Esta interacción entre los personajes que asisten al crecimiento descontrolado de una fuerza de la naturaleza eleva en el lector la sensación de extrañeza y el tono paródico. Por otra parte, refleja una situación de acogimiento de Dorothy como si de un hijo/a se tratase, confiriéndole cualidades humanas. Aunque, su naturaleza no muestra clemencia ni se humaniza para contentar al lector que espere un texto más complaciente. Y, en ese sentido, es lo que agranda su belleza. Además, juega con referentes que aleja la narrativa en el texto de la estética de los años 50, como la referencia televisiva a Los vigilantes de la playa, envueltos en una constante alusión a otras obras tradicionales como Los tres cerditos o la presencia del capitán Morgan (pirata de La isla del tesoro de R. L. Stevenson) e incluso científicas con Darwin (Martha leyendo El origen de las especies) o el Laboratorio Nacional Fermi encargado del estudio y aceleración de partículas 

El texto prosigue regalando referentes a otra época como la camioneta Pontiac o el revolver Remington, pero el gran acierto del texto es narrarnos las desventuras y la manera por la que afronta el matrimonio todas las consecuencias del huracán. Sus decisiones se escapan de la lógica y abrazan el sentido más onírico para que el lector pueda adentrarse a través de todas estas vicisitudes en la fantasía.

De esta manera, la invitación al lector es soltar sus anclajes para penetrar en la imposibilidad. Es decir, la aceptación del hecho inusual y mágico del hecho literario. Esta sensación se respalda en el desenlace: una doble página donde tan solo aparece la prosa poética de Sáez Castán para eclosionar la crisálida del lector y, finalmente, Auladell nos regala la majestuosidad de los colores en una planicie desértica que insufla una bocanada de aire. El final de un viaje en el que, como en el drama y la comedia, deja al lector aplaudiendo entre sonrisas y lágrimas.

En conclusión, Dorothy se convierte en una fantástica alegoría para prestigiar el poder universal del lenguaje literario Por extensión, se ofrece al lector el placer de una visión única en la universalidad del relato alejada de encorsetamientos editoriales y presunciones sobre sus capacidades lectoras. La clave de este álbum se muestra con claridad en la portada: “déjale entrar”. ¿Qué abre esa puerta? La entrada al mundo de la imaginación, al igual que en La merienda del señor verde, en que nos remite a liberarnos de lo establecido e instalarnos en una nueva cotidianeidad: la de lo imposible.

En definitiva, las cuestiones que nos gustaría plantear sobre esta lectura abundan sobre la importancia de la selección de lecturas literarias que potencien y alimenten, como Frederick, la capacidad de enfrentarse a la vida desde una mirada divergente y que no esté anclada a los convencionalismos impuestos por nuestra sociedad.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.abuenpaso.com/libro/dorothy-dejale-entrar/ 

Web de Pablo Auladell

http://pabloauladell.com/