lunes, 18 de enero de 2021

Entradas en azul. Edward Gorey. Los pequeños macabros y otras debilidades

 

Título: Los pequeños macabros

Autor e ilustrador: Edward Gorey

Traductor: Marcial Souto

Editorial: Libros del zorro rojo

Año: 2010. Original: 1963

Páginas: 64

Encuadernación y formato: 15 x 13 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

 

Reseña:

En este caso, pese al encabezamiento, la entrada de hoy está dedicada a la figura de Edward St. John Gorey (1925-2000) con una serie de títulos que Libros del zorro rojo se encargó de reeditar para nuestro placer. En esta entrada repasaremos cinco de estos títulos y, seguramente, en futuras entradas retomaremos su figura gracias al libro publicado este año por la editorial Impedimenta cuyo título define perfectamente en los terrenos por los que nos adentraremos: ¡Qué absurdo!La curiosa vida de Edward Gorey. La traducción de “qué absurdo” se corresponde con la traducción de “nonsense” y, obviamente nos recuerda la obra de Edward Lear de 1846, aunque sus textos no estén relacionados tanto por la construcción poéticas de Limericks (que también aparecerán esta semana), pero sí que conectan con la temática de esta semana como es el uso de la rima y el verso.

El título escogido para esta entrada es Los pequeños macabros (1963) un libro de pequeño formato y cuyas ilustraciones se basan en el uso de la pluma con el dominio del blanco y negro que se disponen a la derecha en la doble página para que el texto se aloje en la parte izquierda y, principalmente, empleando dos versos rimados. Economía en el texto y recursos en la imagen para adentrarnos en un universo en el que el extrañamiento y surrealismo forman parte de su construcción humorística como subversión de los cuentos morales (cautionary tales) de la tradición oral, aquellos que Hoffmann también desmontaba con su Pedro melenas o la parodia de Roald Dahl en sus Cuentos en verso para niños perversos (Revolting rhymes) o Los cuentos para niños no tan buenos de Jacques Prevert (también editados por Libros del zorro rojo). 

En el título escogido tenemos un abecedario de desdichas de la A a la Z de nombres de niños y niñas que se encuentran en situaciones oscuras y que lleva ese sinsentido al humor más oscuro. Ese el juego que propone, porque en el fondo el ser humano no deja de soltar una pequeña carcajada cuando alguien se cae dado que, al fin y al cabo, la mejor forma de desmontar ficcionalmente una imagen aséptica de la infancia es recordar la nuestra.

En Los pequeños macabros tenemos los lectores tenemos una tarea que ejemplifica muy bien la complementariedad de imagen y texto, esa que nos recuerda que el lector debe completar lo que dice el texto con la imagen en muchas de ellas para completar la fatalidad que le sucederá al personaje que presenta el texto: sabemos lo que le pasará a Yorick, Quentin, Ernest, Olive, Titus o Víctor de los que tenemos la secuencia previa a la fatalidad. Otras, como la de Kate, directamente redundan en lo que ha pasado. Con la textura de la tinta recreando con precisión el entorno en el que discurre dicha fatalidad que cuenta con diferentes grados, pero que por la portada y contraportada nos aclara el destino de sus protagonistas. Otros títulos igualmente recomendables de la misma editorial son los de Nikolaus Heidelbach: ¿Qué hacen los niños? y ¿Qué hacen las niñas?

Petermann (2018) también relaciona este título con la obra de Hilaire Belloc Cautionary Tales for Children: Designed for the Admonition of Children between the ages of eight and fourteen years de 1907, que se puede consultar en el enlace como obra de dominio público y como historias tradicionales como el Pedro y el Lobo se transforman en Matilda la niña que mentía y acabó convertida en cenizas. Los personajes, principalmente inexpresivos, desmitifican el dramatismo y se convierten en un oscuro placer en su lectura.

Edward Gorey. El zoo absoluto. Libros del zorro rojo

Otro de sus títulos que toma el alfabeto (volvemos a la conexión con Lear) como referencia es El Zoo Absoluto (original de 1967 y reedición de 2011). En esta ocasión, para la construcción de personajes estrambóticos y sombríos con los que somos cómplices de la carcajada, ya sea por las características que describe el texto del personaje como por su nombre imposible y sinsentido (el Epitwee, el Fidknop, el Kwongdzu o el Quingawaga) que podrían ser muchos de los animales que se pueden construir en los Animalarios del Profesor Revillod de Javier Sáez Castán. En este caso, tenemos un variado conjunto de animales, cuyas cualidades y habilidades nos muestra desde divertidos bailarines, adictos a la tónica, frustrados por no viajar y propensos al descalabro. Un bestiario que parodia a los libros de conceptos relacionados con los animales y nos ofrece carcajadas cómplices por esos sarcásticos atributos, aunque en el caso del Zote no sabremos mucho más. Rimas hilarantes, al igual que sus personajes.

Edward Gorey. El jardín maléfico. Libros del zorro rojo

Con El jardín maléfico (original de 1965, reeditado en 2011) y el célebre El huésped dudoso (original de 1957, 2011) nos acercamos a otro objeto de parodia en la obra de Edward Gorey como es la ambientación de una Inglaterra, según Salisbury (2015), “seudovictoriana-seudoeduardiana” (p.115). A mí, también me recuerda a la parodia de Buñuel de las clases acomodadas y, aunque posterior a estos títulos, me parece adecuado emplear el título de una de sus películas emblemáticas: El discreto encanto de la burguesía.

Así El jardín maléfico, desde su apertura con el prólogo paródico sobre la traducción de la Sra. R.D., nos narra el paseo de una familia que se adentra en el jardín, feliz por no pagar entrada. Felizmente, este escenario se convierte en un paraíso de risas macabras para el lector, especialmente, cuando se observan las situaciones en las que se ven envueltos sus personajes (como al tío Franz). De nuevo, se aplica el desconcierto y el suspense en situaciones en las que se desconoce lo que ha sucedido (¿qué le habrá pasado a Isabelle?).

En la parte final del libro, nos deleitamos con dos ilustraciones que suponen el negativo ilustrado de la historia al volverse todo de color negro y dejando el blanco para aportarle el detallismo de la naturaleza en los trazos de la pluma. Los personajes, en la mayoría de las páginas no muestran sus expresiones faciales, suprimiendo la boca para potenciar el sentido del humor y que tan solo vemos con claridad en dos momentos: el inicio, con sonrisas y deleite, y el final. Sí, ese que seguramente ya imaginarás.

Edward Gorey. El huésped dudoso. Libros del zorro rojo

Con El huésped dudoso, recreamos ese espacio de la nobleza y con las maravillosas ilustraciones de Edward Gorey, que se liberan del recuadro de la viñeta, para narrarnos una historia hilarante de un huésped que aparece en la mansión de una familia en medio de una noche de invierno, ataviado con una bufanda y unas zapatillas deportivas. También cambiamos el formato del álbum (pasamos del 15 x 13 al 18 x 11 cm.) y la historia nos relata las disparatadas costumbres de ese huésped que es acogido sin mayor explicación y con divertidas escenas cotidianas de incomprensión y hieratismo ante las miradas atónitas de sus anfitriones. Exquisito, tierno y delirante con otro final que no pretende resolver más que el paso del tiempo.

Edward Gorey. El Wuggly Ump. Libros del zorro rojo

Finalmente, El Wuggly Ump nos conecta con la temática de las entradas posteriores con la musicalidad, el ritmo y el verso. Bien, a la manera de Gorey. En esta ocasión, introduce el color (amarillo, azul y gris) para narrarnos una, aparentemente, cantinela de juego en la que se describe un monstruo de aterradores atributos (“Tiroliro, tirolera, el Wuggly Ump vive fuera”), sus gustos e intenciones, como un monstruo típico del imaginario de las leyendas populares  y nos narran en sus versos el camino que sigue el Wuggly Ump (jugando libremente con la sonoridad de las interjecciones onomatopéyicas sinsentido: “caralimpia, carapuerca/ patapún, pataplimas,…”). En esta ocasión si hay un final para la historia de esos tres niños que, precisamente, no es abierto.

Para finalizar la entrada os dejo un vídeo sobre la exposición que se realizó en su casa, convertida en Museo de su figura, titulada Gorey’s World:



Fran Martínez

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Web Edward Gorey:

https://edwardgoreyhouse.org/

Web de la editorial:

Los pequeños macabros

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/los-pequenos-macabros/

El jardín maléfico

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/el-jardin-malefico/

El zoo absoluto

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/el-zoo-absoluto/

El huésped dudoso

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/el-huesped-dudoso/

Booktrailer de Los pequeños macabros. Libros del zorro rojo


Referencias

Petermann, E. (2019). The Child ’ s Death as Punishment or Nonsense ? Edward Gorey’ s “ The Gashlycrumb Tinies ” ( 1963 ) and the Cautionary Verse Tradition56(4), 22–30.

Salisbury, M. (2015). 100 joyas de la literatura infantil ilustrada. Blume

 



domingo, 17 de enero de 2021

Entradas en azul. Maurice Sendak. La cocina de noche. Kalandraka

 

Título: La cocina de noche

Autor e ilustrador: Maurice Sendak

Traductor: Miguel Azaola

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2014. Original: 1970

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 21,5 x 28 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

 

Reseña:

Siempre es problemático el análisis de los clásicos de la literatura infantil, como en este caso la figura de Maurice Sendak. ¿Qué aportar a estas alturas sobre uno de sus títulos? Probablemente, solo respeto y admiración por sus libros. En este caso, inicia una serie de entradas estas semanas que no se alejan de la temática escogida en este inicio de año en el blog, como es la musicalidad, la tradición oral y el ritmo en la literatura infantil. Maurice Sendak no está alejado de este universo, pese a que su figura ha suscitado análisis desde diferentes perspectivas dentro de la multimodalidad en el análisis del libro ilustrado y la unión entre ilustración, texto y formato.

En esa línea, Nodelman (2013) se detenía en esta trilogía (junto a Donde viven los monstruos y Al otro lado) señalando su figura como un “músico visual”. Y no me extraña esta consideración observando algunas de las entrevistas que se pueden rescatar por la red, como en esta al recibir la medalla Caldecott (que también recibiría por este In the night kitchen), donde siempre vemos un tocadiscos:


Así, en diferentes entrevistas también entendemos su manera de aproximarse al arte desde el sentido de la composición y de la variación de elementos como en una obra clásica (o también una estrategia de las vanguardias como Terry Riley o Steve Reich). Reconocemos a su personaje principal, su estilo y la capacidad para manipular el arte secuencial con diferentes recursos. En La cocina de noche, encontramos recursos del cómic (e incluso en el portal Absysnet de la red de lectura valenciana se puede encontrar categorizado este álbum como “cómic americano”) por el uso de viñetas o bocadillos. 

En sus libros hay baile, jolgorio y felicidad (desde la subversión del ideal adulto de la infancia), además de elementos que han centrado el análisis de muchos investigadores incluso por los símbolos a partir de la desnudez de su personaje y la incursión en la gigante botella de leche para realizar el pastel (junto a esos entrañables homenajes a Laurel & Hardy) como señala Beckett (2013) en el que incluso se señala como alegoría a la masturbación y los problemas de la desnudez en los libros infantiles o la sexualidad, aspecto que también explora Vaughan (2017). Algo que no está muy alejado de la política en redes sociales y la moral proteccionista con el tipo de imágenes que se publican (recuerdo que mi primer blog me lo cerraron en 2008 por emplear la portada del disco de Lambchop, OH, que era una ilustración).

De hecho, esto provocó que su libro fuera censurado en los Estados Unidos o se suprimiera la desnudez de su personaje. Algo que sigue presente en Al otro lado y que también fue calificado como perturbador y que Salisbury (2015) recupera que se inspiró en el rapto del bebé del aviador Charles Lindbergh en 1932. Si nos ponemos a especular, sin fundamento alguno (ya puestos), los ruidos en la pared que le despiertan podrían ser por pillar a sus padres con “las manos en la masa”. En definitiva, elementos que en la obra de Sendak siempre nos activa la imaginación como lectores.

Hasta ahora, tenemos aspectos del análisis sobre el contenido simbólico que tampoco se ha quedado exento de su aproximación desde el psicoanálisis al introducirse la narrativa dentro del sueño (Adams & Rabkin, 2006) o temas sociales sobre el abuso con los que también encuentran relación con En el vertedero con Juan y Pedro (Sipe, 1996; McDaniel, 2001), reeditado por Kalandraka y originalmente publicado en 1993. En la entrevista también señala su amor por Goya y Gotlieb (2008) señala partes de los bocetos iniciales y la conexión de ser devorado cuando Miguel cae en el pastel con la pintura de Caravaggio con El sacrificio de Isaac y, en otras ocasiones, el bigote de los cocineros se señala como referencias al Holocausto o la estrella de David en el bote de sal (con su contorno amarillo).

Como observaréis, es muy difícil aproximarse a una figura tan estudiada como la de Maurice Sendak de una manera superficial. El propósito era centrarme más en los aspectos sonoros y rítmicos de sus textos rimados y que, por suerte, Kalandraka ha reeditado con Chancho-Pancho y los preciosos pequeños libros de Sopa de pollo con arroz (libro de los meses), Lluvia de cocodrilos (un alfabeto), El uno era Juan (libro de los números) y Miguel, un cuento muy moral en cinco capítulos y un prólogo que le conectan con sus libros con Ruth Krauss (especialmente con Un hoyo es para escarbar del que Mercer Mayer tomaría buena nota también en sus libros). Para otra entrada dejaremos las menciones a otros libros que ilustró como Moon Jumpers o El Sr. Conejo y el regalo perfecto. Al final de la entrada seguiremos con algunos de estos títulos y el aspecto musical de sus libros.



Lluvia de cocodrilos. Kalandraka

También, señalaba en diferentes entrevistas su interés por el blues (otro género basado en la repetición y el mantra para señalar la dureza de la rutina, algo que nos conecta también con las nanas) y las nursery rhymes como pasa con En el vertedero con Juan y Pedro o Hector protector y Cuando yo iba por el mar (sin reeditar desde que Alfaguara lo publicase en 1987).

Así, el motivo por el que este título se rescata en esta entrada es por su texto rimado y la gozosa lectura que promueve, repleta de sentido del humor y surrealismo. Otro aspecto que es crucial en este álbum es la tarea de un traductor para mantener ese sentido rítmico. Ahora solo falta el ritmo que se pone mediante la repetición de los cocineros y Miguel cuando se encuentran en La cocina de noche, con sus canciones mientras cocinan o cuando Miguel trabaja la masa del pastel o sale de ella. Momentos en los que el ritmo se hace evidente y la musicalidad es un gesto instintivo por su estructura (y evidente cuando se aclara en el texto: - "Y canta"- "¡Qué bonito flotar entre la leche blanca!/ ¡Viva la leche blanca, y viva yo también!"). Embudos como megáfono y cucharones convertidos en instrumentos de cuerda (yo pienso en un banjo) de los cocineros que recuerdan a las páginas sin texto de Donde viven los monstruos cuando están gritando a la luna en una suerte de danza tribal y en Al otro lado un instrumento de viento (un cuerno mágico).

Aderezados con unas ilustraciones que muestran ese ambiente rocambolesco en la cuidada recreación de una ciudad en la que los utensilios de cocina, ingredientes, envases y su respectiva publicidad que nos envuelven en un mundo cinematográfico (como decíamos, por la secuenciación de la acción con el recurso de las viñetas, dejando la doble página para mostrarnos panorámicas con el alejamiento del foco en el vuelo de Miguel hasta la boca de la botella de leche).

En La cocina de noche de Maurice Sendak es una maravilla: por sus ilustraciones, su ritmo y la desbordante imaginación puesta al servicio de la infancia que nunca nos deja indiferentes. Y, esas características, son las que diferencian a los grandes libros del resto.

Para finalizar, como apunté previamente, el recuerdo al Letrero secreto de Rosie y los diferentes pequeños libros de Sendak que fueron interpretados en modo de musical por la voz de Carole King y animados (para otra ocasión dejaremos lo de Spike Jonze). Disfrutad de Sendak.


Y otra debilidad, escuchar la voz de James Gandolfini (que también puso voz a uno de los monstruos de la película de Spike Jonze), narrando este clásico (y, como no, dándole ritmo a través de sus rimas en la cocina):




Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/la_cocina_de_noche-978-84-8464-851-2-castellano-1749.html

Web Maurice Sendak:

https://www.sendakfoundation.org/

Referencias

Adams, R. V. L., & Rabkin, E. S. (2007). Psyche and society in Sendak’s in the night kitchen. Children’s Literature in Education, 38(4), 233–241. https://doi.org/10.1007/s10583-006-9034-0

Beckett, S. L. (2013). Crossover picturebooks. A genre for all ages. Routledge.

Gottlieb, R. M. (2008). Maurice sendak’s trilogy: Disappointment, fury, and their transformation through art. Psychoanalytic Study of the Child, 63(2008), 186–217. https://doi.org/10.1080/00797308.2008.11800804

Lampert, J., & Walsh, K. (2010). “Keep telling until someone listens”: Understanding prevention concepts in children’s picture books dealing with child sexual abuse. Children’s Literature in Education, 41(2), 146–167. https://doi.org/10.1007/s10583-010-9104-1

Mcdaniel, C. (2001). Cynthia McDaniel Children ’ s Literature as Prevention of Child Sexual Abuse. 32(3), 203–224.

Nodelman, P. (2013). ‘Clever Enough to Do Variations’: Sendak as Visual Musician. International Research in Children's Literature6(1), 1-14.

Salisbury, M. (2015). 100 joyas de la literatura infantil ilustrada. Blume

Sipe, L. R. (1996). The private and public worlds of we are all in the dumps with Jack and Guy. Children’s Literature in Education, 27(2), 87–108. https://doi.org/10.1007/BF02355691

Vaughan, S. C. (2017). In the Night Kitchen: What Are the Ingredients of Infantile Sexuality? Psychoanalytic Dialogues, 27(3), 344–348. https://doi.org/10.1080/10481885.2017.1308213

 

 


jueves, 14 de enero de 2021

Entradas en azul. Magdeleine Lerasle y Aurélia Fronti (il.). Cancionero infantil del papagayo. Kókinos

 

Título: Cancionero infantil del papagayo

Selección: Magdeleine Lerasle

Ilustradora: Aurélia Fronti

Traducción: Miguel Ángel Mendo Valente

Editorial: Kókinos

Año: 2005

Páginas: 60

Encuadernación y formato: 26,5 x 27 cm. Tapa dura.

Idioma: portugués y castellano

Reseña:

Para finalizar esta semana de entradas centradas en la tradición oral y poética es el momento de una mirada intercultural, no solo centrándonos en el aspecto del imaginario nacional. Desde la editorial Kókinos se realizó una importante labor al crear una colección de títulos que nos llevan a otras latitudes, imaginarios y ritmos. En este caso nos centramos en la recopilación de canciones de Magdeleine Lerasle (con el acompañamiento naíf de las ilustraciones de Aurélia Fronti que realza el conjunto) en este Cancionero infantil del papagayo que nos traslada a la musicalidad de Portugal y Brasil. Otro aspecto destacado de la edición es la prioridad de los textos en su lengua original, pese a que a continuación de cada verso tenemos la traducción en castellano. También, tenemos esa sonoridad en su lengua original en el acompañamiento musical.

En la información adicional que propone la autora, en su prólogo y en la parte final para cada composición, encontramos ese sentido de estrechamiento de lazos entre culturas y mostrar las singularidades de su imaginario en el que la cultura brasileña también se entremezcla con raíces indias y africanas. Composiciones con elementos similares a las que hemos analizado estos días: momentos cotidianos (A janelinha fecha para ir al baño), cariños (Minhoca minoca), romances, nanas (Boi, boi, boi o Dorme dorme meu minino), referencias a la naturaleza (la flora y la fauna), a los fenómenos atmosféricos, referencias religiosas, canciones para contar con los dedos (Un dois feijao com arroz, A galinha do vizinho o Dedo mindinho), canciones para juegos (O trem maluco o Escravos de Jo), mímica y corros (Pombinha branca o Ciranda cirandinha). Y escuchando Pico, pico maçarico está claro que se nos activa en castellano su texto: 

Referencias a una infancia que se envuelve de versos de arte menor, repeticiones, onomatopeyas y diferentes recursos para generar esa musicalidad en el lenguaje. Y, como no, ritmo y baile con la samba (Samba, Samba, Samba lé lé). Al igual que en nuestros cancioneros hay referencias a la abnegación y el trabajo (como también O vendedor de agua o A machadinha). Todas estas indicaciones son contextualizadas en la parte final del cancionero, siendo una muestra de la transculturalidad de esos juegos de infancia. Para completar esta labor, el acompañamiento musical en CD de las diferentes canciones. Actualmente este tipo de iniciativas se han beneficiado del uso de códigos QR (como en la colección La cereza de Combel) para darle un soporte más acorde con el contexto tecnológico.

Aquí una muestra de su acompañamiento:


Finalmente, este cancionero se integra dentro de una colección de títulos que recogen diferentes patrimonios culturales: A la sombra del olivo (El Magreb), Cancioncillas del jardín del Edén (comunidades judías y con las ilustraciones de Beatrice Alemagna), Canciones infantiles y nanas del Baobab (África occidental y central) y, posteriormente, nuevos títulos como Canciones y nanas de babushka (de culturas eslavas), Canciones infantiles de miel y pistacho (armenias, griegas, turcas y kurdas),  Canciones infantiles y nanas de los arrozales (de referentes asiáticos y orientales), Cancioncitas de rosas y azafrán (India, Pakistán y Sri Lanka) y también dentro de nuestro territorio Canciones infantiles y nanas vascas Lo hadi (en Euskera) o Canciones infantiles y nanas zíngaras.



Fran Martínez

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miércoles, 13 de enero de 2021

Entradas en azul. Ana María Pelegrín (selección). Poesía española para niños.

Título: Poesía española para niños

Selección de textos: Ana María Pelegrín

Ilustrador: Tino Gatagán

Editorial: Alfaguara

Año: 1997 (1ª ed. 1ª reimp.)

Páginas: 151

Encuadernación y formato: 12 x 20 cm.

Idioma: castellano.


Reseña:

En el trascurso del año hemos recorrido diferentes referencias dedicadas a la oralidad y el lirismo: nanas, poesía, canciones, fraseología o adivinanzas entre otras. Es un contenido que periódicamente se rescatará en este pequeño espacio dedicado a la literatura infantil. Quizás, por mi desempeño como maestro de primer ciclo de Educación Infantil, me siento fuertemente conectado con este tipo de contenidos a diario. En esta ocasión, la protagonista de la entrada es Ana María Pelegrín y, en este contexto, son palabras mayores. A su cargo está la selección de poemas de Alberti, Machado, Lorca, Gloria Fuertes, Goytisolo, Miguel Hernández, Concha Méndez o Juan Ramón Jiménez, entre otras selecciones de autoría anónima.

En su prólogo, Pelegrín nos devuelve a ese espacio donde la oralidad y el lirismo poético configuran un formato de interacción (la palabra formato se la tomo prestada a Bruner) y espacio compartido en el que: “el niño estará colgado de la voz, esperando apropiarse de los sonidos. Las palabras coloreadas por el sonido de la voz, vibrando; las palabras deslizándose en la entonación, brincando en el ritmo…” (p.7). En este prólogo se encierran muchos de los aspectos que se han repasado estos días en las diferentes entradas.

Esta selección publicada por Alfaguara (y que cuenta con muchas reediciones) servía como renovación a la edición de Taurus en 1964, en la colección Temas de España nº 82 (e ilustrado por Mario Lacoma) y se estructura por temáticas en las que darle un orden a esta recopilación que conecta con muchos contenidos de la realizada por Jaime García Padrino y Lucía Solana titulada Por caminos azules… Estas antologías son un recurso valiosísimo para complementar con otras propuestas actuales de álbumes con un contenido poético y lírico o colecciones como las del Premio Orihuela de la editorial Kalandraka o cuando empleaba la división Faktoría K de Libros, entre otras propuestas editoriales que dedican un espacio para la poesía o centrado en el ámbito autonómico, el ejemplo de Andana con la colección Vagó de Versos o el Micalet Galàctic de Bromera. 


La idea esencial siempre es construir antologías personales para acompañar la vida en el aula, rodearla de palabras y belleza para expandir su mundo. Ese en el que son debutantes, pero no por ello hay que menoscabar su capacidad comprensiva. Ni mucho menos transmitirla desde la ceremoniosidad: su belleza debe deambular siempre por el aula, como una mota de polvo que busca el haz de luz para ser percibida.

Estructurada en cinco apartados, comienza con una serie de poemas clasificados como Los niños en el que también encontramos referencias a la pérdida en Canción de José Moreno Villa y los divertidos versos de Francisco Vighi en Cuando se murió el canario: “Cuando se murió el canario, puse en la jaula un limón; ¡Soy un caso extraordinario / de imaginación!” (p.19). Como no, poesía relacionada con la naturaleza y las estaciones en el capítulo titulado como Canción de los días que también nos recuerda a las canciones de batida relacionadas con los trabajos en el campo (madrugar, segar y pastorear, por ejemplo) y las particularidades de cada mes: sus cielos, paisajes, fenómenos meteorológicos. Siguiendo con la naturaleza el tercer apartado: Flores, árboles y animalitos amigos. Muchos de esos amigos son mariposas, mariquitas, hormigas, escarabajos, grillo o caracol y como no recordar los Bichopoemas de Leire Bilbao o la hermosura de María José Ferrada en El baile diminuto.

En el cuarto apartado un espacio para Retahílas, adivinanzas y canciones en el que la palabra busca el juego y el ritmo y, siguiendo con las conexiones con literatura infantil actual, la conexión de Madre, Notable, Sipilitrabe que nos evoca directamente al premiado ¡Malacatú! De María Pascual de la Torre por la manera en la que construyen su lenguaje en el diálogo que mantienen madre e hijo. O la diversión encadenada en Ésta es la llave de roma como juego para disfrutar del sinsentido y el ejercicio de la memoria (7 llaves que tiene Roma, como las que Antonio Rubio dedicó al análisis en su 7 llaves de cuento).  Finalmente, Retablo de navidad es el espacio dedicado a otro elemento tradicional como es la festividad de Navidad en el que está presente el imaginario católico, pero hay espacio para sobrellevarlo con el Espiritual negro de Pablo García Baena que nos transporta al ritmo de Nicolás Guillén.

Algunas debilidades, también están relacionadas con una temática que próximamente aparecerá en el blog como es Caperucita roja que está presente en el poema de Francisco Villaespesa o en el de José Agustín Goytisolo, Lobito bueno:

Érase una vez

un lobito bueno

al que maltrataban

todos los corderos.

Y había, también,

un príncipe malo

una bruja hermosa

y un pirata honrado.

Todas estas cosas

había una vez.

cuando yo soñaba

un mundo al revés.” (p.32)

Un mundo o reino del revés como imaginó otra autora como Maria Elena Walsh (parece que este año hay proyectada la reedición de muchos de sus títulos emblemáticos por parte de la editorial Alfaguara). Otra referencia que merece la pena rescatarse de Ana María Pelegrín es Deditos y Cosquillitas (con ilustraciones de Shula Goldman) publicado en 1994 que contiene una colección de canciones para la interacción y el conteo a los que añade breves comentarios sobre cómo se realiza ese juego compartido, qué dedo es el que realiza la acción o cómo se genera el diálogo entre los personajes que se representarán con los dedos (el diálogo por ejemplo entre tres dedos como en Fray Andrés, Isidora y su ama). El pellizco afectivo está garantizado y, de nuevo, un material necesario para la creación de una colección personal de recursos poéticos, rítmicos y afectivos para trasladar a los más pequeños (ya sea como familiar o docente).

Imagen de Deditos y cosquillitas (1994)


Para finalizar, otro fragmento con el que cierra su hermoso prólogo:

Me guían las palabras vividas a viva voz, el secreto afán de compartir con los jóvenes lectores y los lectores sin edad, la cita prodigiosa, el deslumbramiento esencial de la poesía

Además, en el portal de la Biblioteca Cervantes Virtual encontramos un espacio para profundizar en su figura, un espacio creado con la colaboración del CEPLI de la Universidad de Castilla-La Mancha:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/ana_pelegrin/

Con la entrada de María Jesús Ruiz Fernández, Rimaspelegrinas (Ana Pelegrín y la tradición oral) 

O recuperar una entrevista en su sección de vídeo:



 

Fran Martínez

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martes, 12 de enero de 2021

Entradas en azul. José Moreno Villa. Lo que sabía mi loro. Una colección folklórica infantil


 Título: Lo que sabía mi loro. Una colección folkórica infantil

Autor e ilustrador: José Moreno Villa

Editorial: Visor libros

Año: 2011

Edición original: 1945

Páginas: 48

Encuadernación y formato: 31 x 24 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Además de la recuperación de poesía y lirismo de tradición oral con las nanas o el cancionero, esta vez nos detenemos en una colección del polifacético poeta de la Generación del 27, José Moreno Villa. Además de su obra propia diversa (poeta, pintor o ensayista) esta entrada se centra también en su labor como archivista y bibliotecario que le llevó a la recopilación de material de la tradición oral en esta colección, que también ilustra y que fue publicada originalmente en Ediciones Isla en 1945, durante su exilio en dichas tierras. Esta recopilación conecta con su propia obra, quizás con un trasfondo más cercano que de embellecimiento retórico como se puede disfrutar en su Antología poética: La música que llevaba.

Al igual que en otros manuales teníamos un índice clasificatorio de las temáticas, aquí encontramos una recopilación más libre y que sigue con el universo infantil con las canciones para recordar el conteo Una, dos ¿quién tiene tos? o Una hora duerme el gallo, el recordatorio del Abecedario y, recordando las Historias naturales de la palabra de Jesús Tusón, el lenguaje está ligado a su época con un imaginario que en estas nuevas sociedades ha cambiado o, en el ámbito escolar, se ha prescindido de determinados iconos, como ejemplo en estas cancioncillas las referencias a la tauromaquia o juegos (sobre la baraja, uno de los autores que mejor integra estos elementos referenciales en sus libros-álbum es Javier Sáez Castán). Otros elementos que se asociaban a la infancia como el circo (y por conectar con un compañero de generación y la temática circense se puede recordar el fabuloso libro-álbum Arlequín de Federico García Lorca editado en Barbara Fiore)

detalle de las ilustraciones de Abecedario

También hay espacio para cuentos de la tradición oral como El cuervo y el zorro (que también es una rondalla de animales clásica valenciana) o El borrico engañó al diablo cuando chico, cancioncillas cortas, canciones de juego, partituras para musicalizar Los reyes de la baraja o Los cuatro muleros recogidas por Federico García Lorca (reinterpretada por Estrella Morente entre otros), retahílas, refranes, adivinanzas, burlas, trabalenguas y diferentes fragmentos de fraseología recogida e ilustrada. Entre el aporte más curioso la de sintetizar a una narración breve la figura de Don Quijote y la inclusión de los aleluyas (en el ámbito catalán, les auques) que suponen esa conexión entre texto breve y rimado (en este caso pareados) con la ilustración de Vida del hombre flaco o Corrida de toros.

Vista de las guardas


Finalmente, Lo que sabía mi loro es otra recopilación fantástica de tradición oral y que no sigue con un formato pensado para la formación o clasificación temática, sino que tiene un aspecto más artístico y libre en un documento en el que se recogen fragmentos que reflejan la riqueza lírica, poética y narrativa de la tradición oral.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

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domingo, 10 de enero de 2021

Entradas en azul. Pedro César Cerrillo Torremocha y César Sánchez Ortiz. El cancionero popular infantil en educación

 

Título: El cancionero popular infantil en educación

Autores: Pedro César Cerrillo Torremocha y César Sánchez Ortiz

Año: 2017

Páginas: 184

Editorial: Ediciones Síntesis

Formato: Libro, encuadernación rústica

ISBN: 9788491710189

 


Una de las tareas el curso pasado en el Máster de Investigación Educativa en la asignatura de José Rovira, Investigación en Didáctica de la Lengua y la Literatura, era la realización de una reseña de un manual dentro de una lista de referencias que, de una manera u otra, han acabado pasando por mis manos. Para este espacio recuperaré, al hilo de la temática de las entradas de inicio de 2021, la reseña que realicé sobre un manual que es imprescindible para la formación docente, especialmente los que nos dedicamos a las primeras etapas educativas, y que nos traslada a otro tiempo en el que las palabras, el juego y la diversión se insertaban en el lenguaje para acoger a la infancia. Por otra parte, esta recuperación me lleva a plantearme la inclusión en este espacio de reseñas de otros manuales que, por algún motivo u otro, nos adentran en el maravilloso mundo de la LIJ.

Enfrentarse a la obra del catedrático Pedro Cerrillo, una de las figuras de referencia por su tarea investigadora y académica en el estudio de la literatura infantil y juvenil, es una tarea compleja por el componente de respeto hacia su obra en la que cuenta con precedentes tan destacados como Poesía infantil: teoría, crítica e investigación (1990), Literatura infantil de tradición popular (1993) o Adivinanzas populares españolas: estudio y antología (2009).

La autoría de esta obra está compartida con César Sánchez Ortiz, otra voz autorizada dentro del estudio de la literatura popular e integrante del Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI) creado por Pedro Cerrillo en 1999. Entre sus publicaciones, se encuentran otras que abundan en la temática de la obra reseñada como son La palabra y la memoria: estudios sobre literatura popular infantil (2008) y Poesía, infancia y educación: el cancionero popular infantil en la escuela 2.0 (2013). En definitiva, las trayectorias de los autores avalan un vasto conocimiento de la temática que aborda el tratamiento de las líricas populares infantiles, a través de sus diferentes formas dentro del imaginario colectivo y el aprovechamiento didáctico en el aula. Citando a sus autores en el prólogo, “poesía de siempre para lectores del siglo XXI” (p.10).

En primer lugar, la estructura en la que están divididos sus quince capítulos permite la diferenciación de las temáticas en tres bloques: el primero, compuesto por los tres primeros capítulos, analiza las características de la literatura oral y del cancionero infantil; en el segundo bloque (capítulos del 4 al 10), se realiza un repaso de los siete tipos diferentes de composición (desde nanas, trabalenguas o adivinanzas) y, los capítulos finales del libro que presentan aspectos sobre la pervivencia del cancionero infantil en diferentes espacios (como en la web 2.0), finalizando con un análisis didáctico y sociocultural. Como apéndice, un último capítulo que sirve de breve antología de los diferentes tipos de composición de los que se compone el cancionero popular infantil.

De esta manera, los capítulos introductorios del primer bloque nos presentan cómo la literatura popular se ha transmitido de generación en generación hasta convertirse en parte ineludible de nuestra tradición cultural y de la memoria colectiva. A su vez, es necesaria su preservación ante la omisión de este tipo de sabiduría por parte de las sociedades actuales. A partir de las diferentes tipologías, también se encuentra el análisis de las estructuras y características propias de las mismas: el tipo de personajes, métrica (con preferencia por el arte menor y los versos simples), pero siempre destacando la triangulación entre emisor, receptor y texto para el desarrollo emotivo y lúdico a través de sus contenidos.

Este análisis pormenorizado se ilustra con diferentes ejemplos que ayudan a dinamizar la lectura de la obra y permiten la transición hacia los aspectos didácticos del cancionero infantil mediante sus definiciones, formas y funciones. Mediante este reconocimiento, la parte final reflexiona sobre los espacios perdidos para este tipo de transmisión oral que presentan una estimulante relación a partir de su intertextualidad: “el cancionero popular ofrece una interesante muestra de motivos y personajes que, como hipotexto suelen aparecer en otras obras literarias y en manifestaciones culturales como el cine, el cómic o la publicidad” (p.126). Aspectos que analizan la presencia de este tipo de estructuras y composiciones en diferentes medios de comunicación y, como extensión, el análisis de sus diferentes formas en la web 2.0.

Finalmente, uno de los motivos que fundamentan su elección en el marco de la asignatura como son las finalidades didácticas para el desarrollo de las destrezas lingüísticas del alumnado, la recreación y reescritura de texto y su inclusión en el canon formativo literario. Especialmente interesante para el profesorado de la etapa de Educación Infantil, con un apéndice que sirve como repositorio de recursos para el aula con setenta ejemplos de las composiciones analizadas.

En conclusión, El cancionero popular infantil en educación es una obra que sirve como perfecta puerta de entrada para el profesorado interesado en el aspecto lúdico y emocional de diferentes tipos de composiciones que tienen, especialmente en la etapa de Educación Infantil, un destacado valor de regulación debido a la dificultad del alumnado de esa etapa para la construcción de esquemas temporales y, de esta manera, acompañarles con juegos acompañados de una lírica que posibilita la ampliación de su vocabulario y les adentra en un imaginario colectivo del que recogen la sabiduría de nuestros ancestros. Además, invitan a la socialización con los juegos compartidos, las canciones de corro, el ritmo y el juego con las palabras por placer. Envolverles de poesía y musicalidad de una manera consustancial al desarrollo de su vida. Percibir la belleza del lenguaje no como una tarea impuesta, sino para observar cómo son permeables a un vocabulario repleto de lirismo para la construcción de su mundo.

Fran Martínez

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Referencia de la obra

Cerrillo Torremocha, P.C., y Sánchez Ortiz, C. (2017). El cancionero popular infantil en educación.  Síntesis.

Referencias citadas

Cerrillo Torremocha, P.C. (2009). Adivinanzas populares españolas. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Cerrillo Torremocha, P.C., & García Padrino, J. (1990). Poesía infantil: teoría, crítica e investigación. Ciudad Real: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Cerrillo Torremocha, P.C., & Rodríguez Almodóvar, A. (1993). Literatura infantil de tradición popular. Cuenca: Editorial de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Sánchez Ortiz, C. (2013). Poesía, infancia y educación. Cuenca: Universidad de Castilla- La Mancha.

Sánchez Ortiz, C., & Cerrillo Torremocha, P. (2008). La palabra y la memoria. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha.

Web de la editorial:

https://www.sintesis.com/did%C3%A1cticas%2C%20recursos%20y%20aprendizaje-223/el%20cancionero%20popular%20infantil%20en%20educaci%C3%B3n-ebook-2399.html

Entradas en azul. Marta Vidal y Noemí Villamuza. Cancionero Infantil. La Galera

 

Título: Cancionero infantil

Selección: Marta Vidal

Ilustradora: Noemí Villamuza

Editorial: La Galera

Año: 2012

Páginas: 208

Encuadernación y formato: 16,8 x 23,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano.

Reseña:

Si la entrada de ayer dedicada a los aspectos más relacionados con la investigación literaria de Pedro Cerrillo y César Sánchez Ortiz sobre el Cancionero popular en educación, en este caso nos centramos en una recopilación de formato centrado en la recopilación de estas. Ambas referencias son complementarias dado el glosario del manual reseñado ayer y la propuesta en la selección de Marta Vidal en este Cancionero infantil, deliciosamente ilustrado por Noemí Villamuza que nos ha acompañado en estas primeras entradas del año con el Libro de nanas y ¡A la Luna, a las dos y a las tres!



En esta selección de textos encontramos una interesante clasificación temática que recorre los espacios habituales de la infancia. En primer lugar, el espacio se abre con las Nanas con una selección de canciones de cuna breves (Esta niña tiene sueño, A la nanita nana o Arrorró la nena) que nos llevan a la noche y la naturaleza envuelta de elementos cotidianos en los que destacaría la historia de Duerme, negrito en el que se introducen aquellos elementos que se repasaban en la entrada del Libro de nanas y la figura femenina en la crianza:

“Duerme, duerme, negrito,

que tu mamá está en el campo,

negrito.

Trabajando sí, trabajando duramente.

Trabajando sí, trabajando y va de luto.

Trabajando sí, trabajando y va tosiendo.

Trabajando sí, trabajando y no le pagan.

Trabajando sí, pal negrito chiquito.

Trabajando sí, va de luto sí.

No le pagan sí, va tosiendo sí.

Trabajando sí, duramente sí.” (pp.26-27)

Siguiendo con el formato afectivo una sección dedicada a Mimos y fórmulas breves como el Cura sana y las canciones de deditos (a las que dedicaremos una entrada dedicada a la figura de Ana María Pelegrín). Estos juegos también han creado una literatura en formato álbum y en cartoné para la primera infancia con ejemplos como los de Gustavo Roldán con Breve historia de un huevo, los Cinco lobitos de Estrella Ortiz y, como no, otra delicia ilustrada de Noemí Villamuza con el poema de Ignacio Sanz en El bosque animado (en esta ocasión es una composición con autoría). Muchos ejemplos en pequeño formato que recogen esa musicalidad que tan buenos resultados editoriales a dado para Margarita del Mazo, Mar Benegas y Antonio Rubio. El elemento fundamental, como no, es la afectividad de esos juegos en el que la palabra media.

Cada sección nos conduce desde esos juegos y musicalidad a lugares comunes como las canciones para jugar con la mímica en Gestos, las canciones dedicadas al conteo en la sección de Números que nos recuerda que el mundo de la primera infancia está repleta de estos elementos y la interdisciplinariedad del lenguaje (una manera de que establezcan la cadena numérica de manera ordenada y secuencial a través de símiles y juegos con los dedos). Obviamente, además de estos elementos que aparecen en el imaginario de la infancia hay espacio para Los animales y Las estaciones.

La parte final nos lleva al patio con los Juegos y los Bailes, para cerrar con la musicalidad propia del folclore cultural de la Navidad y los Villancicos. Este aspecto rítmico se completa con un CD que contiene 19 textos de la selección y que nos recuerda el ritmo de esas composiciones. Un aspecto que me resulta interesante de esta recopilación es el acompañamiento musical escogido por Mariona Sans y Enric Espinet: una opción que opta por la brevedad y el acompañamiento reducido a elementos muy primitivos y sonidos casi de juguete (que sin ser ornamentado igual, me recuerda a Pascal Comelade) y el empleo de coros infantiles en las canciones de juego. Otras colecciones optan por diferentes estrategias, pero interesantes en la recuperación de canciones populares (como también en la colección En clave de sol de la editorial Ekaré).

Este último apunte musical es porque el cancionero popular ha tenido diferentes momentos en los que han aparecido musicalizados con gran éxito como lo fueron en su día los Cantajuegos (o podemos buscar otros ejemplos en espacios dedicados a la infancia en televisión). El problema de esas colecciones era la artificialidad de los acompañamientos musicales y, pese a que conectó a una generación de familias a esas letras, las alejaron al ser un recurso afectivo que se sustentaba en la pantalla y no en el formato de interacción entre la persona adulta y el niño.

En conclusión, esta selección de textos de Marta Vidal acompañados de la sutileza en los trazos bocetados de Noemí Villamuza hacen de este Cancionero infantil una referencia necesaria en las estanterías de las bibliotecas personales de maestros y, como no, de las familias.

 

Fran Martínez

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Web de la editorial La Galera:

https://www.lagaleraeditorial.com/es/cancionero-infantil-978-84-246-4318-8#.X_rhW-hKjIU

Web de Noemí Villamuza

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