lunes, 26 de abril de 2021

Entradas en azul. Jon Klassen. The Rock From The Sky

 

Título: The rock from the sky

Autor e ilustrador: Jon Klassen

Editorial: Candlewick Press

Año: 2021

Páginas: 96

Encuadernación y formato: 20,65 x 26,82 cm. Tapa dura.

Idioma: inglés


Reseña:

En las primeras entradas que realicé en el blog repasé sus títulos publicados la pasada década junto a Marc Barnett (Trilogía de las formas: Círculo, Cuadrado y Triángulo, muy Munari todo y Hilo sin fin; Sam y Leo cavan un hoyo y El lobo, el pato y el ratón) y sus títulos como autor e ilustrador con la Trilogía del sombrero, galardonada y prestigiada desde diferentes flancos de crítica especializada y lectores. En aquellas entradas se repesaban muchas de las bondades que se encuentran en sus libros y con su nuevo título vuelven a nuestra mente conexiones con las obras previas y sus personajes: la tortuga, la serpiente (ahora, con boina) y el ¿___________? Klassen en la presentación del libro decide que lo llamará topo, pero en la indeterminación está su gracia.

Este “topo”, ya aparecía, como la tortuga y la serpiente, ya aparecían en Quiero mi sombrero en el camino del oso desmemoriado para recuperar su sombrero desaparecido. El segundo título de la trilogía con el que establece referencias es con Encontramos un sombrero. Además de la aparición de la tortuga, The rock from the sky repite la secuencia episódica y se amplía en extensión para alcanzar los cinco capítulos que sirven para enmarcar el paso del tiempo del amanecer al anochecer. Una narrativa con los mismos personajes e historias cortas que contienen el sentido del humor hierático característico del autor. Este término, hierático, se asocia continuamente en la información de sus libros “deadpan humor”. Parece un término peyorativo, pero es el aspecto clave de su obra: como a partir de variaciones sencillas se consiguen unos resultados narrativos brillantes.


Otro rasgo típico en sus libros es revelarle al lector una información que el protagonista desconoce. En este caso, vemos un meteorito (una roca) cayendo desde el cielo hasta los títulos iniciales. Desde que entramos al libro conocemos el desencadenante del conflicto, la duda es cuándo caerá y la tensión que generará en el lector saber dónde y con qué consecuencias. El quién lo conocemos en el primer episodio, The Rock, no sin antes temer por esa flor que acompaña al título. Aparece el primer personaje, una tortuga con un bombín (para completar las referencias a la trilogía), y de nuevo el texto esquemático y en primera persona nos presenta telegráficamente su lugar preferido. Y, casualmente, no quiere estar en ningún sitio diferente a ese. Y, volvemos a ver la gran roca caer. 


A esa situación, los personajes aparecen como variaciones dentro de una imagen estática, aparece el segundo personaje, “el supuesto topo o similar”, que tiene un mal presagio sobre su lugar preferido. Momento para ampliar el foco y regalarnos una perspectiva general del horizonte, no tanto de la posición de la roca que está a punto de caer. En esa conversación, el uso de las mayúsculas representa que hablan a voces entre ellos y comienza una discusión sobre cuál es el mejor sitio (pese a que no esgrimen ninguna razón clara de por qué un lugar es mejor que otro, solo que es su sitio favorito y de ahí no se moverá). La roca sigue su curso. Y, finalmente, conocemos dónde caerá la piedra.  Un sketch divertido. En el que, como en los libros de Arnold Lobel, tenemos dos personajes con características definidas y que se complementan como dúo cómico: el cabezota y el contemplativo.


Así, conocemos a sus personajes en el inicio del segundo episodio: La caída, en la que vemos a la tortuga arriba de la roca (en la entrevista Klassen dice que si se encontrase una roca enorme en su jardín, una vez pasado el susto, seguramente su siguiente acción sería escalarla). El diálogo entre la tortuga empeñada en no aceptar la ayuda que le ofrecen y el “topo sensato”, sigue conduciéndonos hacia finales que, simplemente, se encuadran en un horizonte sin profundidad en el que las texturas y colores transmiten la misma sensación que mirar un cuadro de Rothko (si eliminamos los personajes y la roca), aunque con más textura y degradación en el color.

Como en todo buen especial de humor, si pensamos en términos de stand-up comedy, con The Future en el tercer episodio conocemos la ensoñación (evocamos Encontramos un sombrero, pero más misterioso) de ambos personajes que imaginan un futuro mejor en ese lugar: dejará ese aspecto desértico por la aparición de un bosque frondoso en el que disfrutar de la vida contemplativa. Hasta que la ensoñación se vuelve peligrosa con la aparición de un ser de aspecto aterrador (una especie de alien extraño con una suerte de poderes psíquicos que me recuerdan al hipnosapo de Futurama y capaz de arrasar lo que no le guste). Y, en esta historia, la frase final es absolutamente lapidaria.


Con el resto de las historias, The Sunset y No More Room, observamos el cambio del horizonte (el atardecer y la noche estrellada) y para cerrar la historia, de nuevo los elementos reaparecen para el último acto y, esta vez, el final se trata de la creación de un clímax en el que se mezclan diferentes niveles de desconocimiento: la tortuga, que desconoce los peligros a los que se expone y, en último lugar, nosotros como lectores, que desconocemos el elemento sorpresa que pondrá final al conflicto. El conjunto de las historias juega con elementos que funcionan como un reloj, con precisión, divertidos y tiernos con el humor característico del autor: inteligente y engrasado para una lectura placentera y cándida.

En la entrevista, Jon Klassen decía que sus dibujos parecen aburridos, pero que intenta que sus historias sean excitantes. Ya sea por el rumor que despiertan esas ilustraciones, en las que parece que algo sucederá. En ese sentido, Jon Klassen es un autor e ilustrador con el que tenemos la certeza de que cada nuevo título suyo publicado será objeto de admiración y placer. Y, con The rock from the sky, de nuevo da en la diana. Bravo.




Fran Martínez

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viernes, 23 de abril de 2021

Entradas en azul. Leo Lionni. Frederick. Kalandraka

 

Título: Frederick

Autor e ilustrador: Leo Lionni

Traducción: Xosé M. González Barreiro

Editorial: Kalandraka

Colección: Libros para soñar

Año: 2005. Ed. Original: 1963

Páginas: 40

Encuadernación y formato: 22 x 30 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Fin de la semana de reseñas en la que se han repasado obras de autores clásicos y premiados con galardones internacionales como el Premio Andersen (Peter Sís o Kveta Pacovska) o Astrid Lindgren (Kitty Crowther). Ninguno de estos premios figura en la biografía de Leo Lionni (1910-1999) y, sin embargo, es uno de los autores imprescindibles y clásicos de la LIJ. Paradojas en un autor cuyo Pequeño azul y pequeño amarillo surge en un viaje en tren con sus nietos y nace una obra fabulosa. Un adjetivo para nada aleatorio en sus narraciones que, de la misma manera que Arnold Lobel, parten de ese imaginario tradicional para subvertir ese valor moral para introducir un sentido del humor tierno y, en su época, a contracorriente de los adoctrinamientos infantiles. De ese trayecto narrado por el autor, también tenemos un recordatorio de su nieta en 2017 sobre aquel momento:

"The traditional story of how Leo came to write his first book for children involves my brother, Pippo, and me in 1959. At the time, Leo was an art director at Time Life, and he took us on the commuter train out of Grand Central Station in New York to spend the weekend with him and our grandmother, Nora, in Greenwich, Conn. He entertained us by tearing colored paper from a magazine that he had in his briefcase to create the story of Little Blue and Little Yellow. The positive response we gave to his story was enough to inspire him to recreate it with some construction paper in his studio at home. His friend, Fabio Coen, who later became an editor at Pantheon Books, saw the mock-up over the weekend and they decided to publish Little Blue and Little Yellow." (enlace del artículo de Annie Lionni, 2017)

Escoger a Leo Lionni para realizar una reseña en 2021 tiene muchas implicaciones para quien escribe. En primer lugar, un tributo a un clásico en el Día del Libro. En segundo lugar, es una oportunidad para dejar por escrito la influencia de tus maestros y personas que han tenido un papel fundamental en mi formación literaria como los profesores de la Universidad de Alicante, Sara Fernández y Ramón Llorens (que creó este espacio hace diez años). Con Frederick vuelven recuerdos en mi formación que, además del título clásico que es, le otorgan un valor aún más especial del que ya tiene. 

Con Frederick tenemos el juego intertextual con una fábula de Esopo, La cigarra y la hormiga, una relación entre el reconocimiento de los textos que forman parte de la base de datos del lector y que  supone un reto en su formación literaria (Colomer et al., 2018). Pero, como no, en esta reseña haremos referencia a un artículo de Ramón Llorens en 2015 para la revista Tropelías:

“Ética y estética confluyen en Frederick, valores sociales y valores artístico-literarios, formación de los individuos y formación lectora. Despierta sentimientos y plantea interrogantes para diferentes edades. Frederick que permanece en las primeras ilustraciones al margen, acaba convirtiéndose en el protagonista, en el héroe, porque es reconocido por los demás” (p.70)


Frederick es un clásico porque su narración como fábula también trasciende al formato del álbum como una narración construida con un esquema narrativo quinario en el que la universalidad del referente conecta inmediatamente con el público de cualquier edad. Obviamente, será más placentero introducir esta lectura posteriormente al conocimiento de la fábula atribuida a Esopo para que comparen las versiones y la transvalorización del personaje holgazán y bohemio que representa Frederick. Aun así, su esquema narrativo es atractivo a cualquier lector y en cualquier etapa como puerta al diálogo sobre algo tan abstracto como el debate entre el consumismo y la bohemia, o sobre la insolidaridad de Frederick frente al resto de sus hermanos trabajadores. 

Las ilustraciones de Leo Lionni, en el que la forma predomina con el uso del collage y el colorido de sus manchas, sirven para sostener una narración que cambia la moraleja tradicional por la importancia del arte en nuestras vidas. Necesitamos pensadores y artistas, pese a que no sean siempre comprendidos. Y, aprovechando la procedencia holandesa del autor, recuerdo un clásico de la banda The Ex: Listen to the painters (curiosamente, mi primera reseña en un blog musical que tenía hace cerca de 15 años) y el mantra que G.W. Sok: necesitamos poetas, necesitamos pintores, necesitamos arte, necesitamos pinturas porque las mentes cerradas son armas de destrucción masiva. Los ratones de Leo Lionni aparecerán de nuevo con Álex y el ratón de cuerda (Kalandraka, 2017) con sueños artísticos de nuevo en El sueño de Matías (reeditado por Kalandraka desde 2013 y por su tercera edición en 2020), en ediciones en cartoné para pequeños lectores con Números o juegos como ¿Dónde?, ¿Cuándo? o Colores. Una obra en la que Frederick, junto a Nadarín y Pequeño azul y pequeño amarillo forman una trilogía clásica y que fueron animados para televisión. 



Así, las ilustraciones ligadas a una narrativa clásica nos conducen por los caminos de la tradición oral: con la regla del tres para crear una secuencia de interacciones previas a la problemática que se sucederá en la cueva (el conflicto real de la narrativa) y en la que la resolución de Frederick devolverá en tres interacciones la felicidad a los hermanos de Frederick: 4 nada más y nada menos, como las estaciones. Un final con sonrojo y reverencia, como la que se hace a los clásicos de la Literatura Infantil y Juvenil. Como la que se hace a los maestros que han dejado con sus palabras y narraciones una huella en quien escribe estas líneas. Y, seguramente, ya saben el agradecimiento que proceso a su formación estos años.

Como pasaba en el álbum anterior, El osito Kuma Kuma, la cubierta del libro y contracubierta nos muestran al personaje de frente y la visión de espaldas para despedir el libro. Una despedida que no es tal. Frederick es un álbum atemporal e imprescindible en el desarrollo de la competencia literaria: irresistible, tierno y bohemio. Frederick hace honor al nombre de la colección de la editorial Kalandraka: Libros para soñar. Y eso haremos en estos tiempos complejos. Necesitamos arte, necesitamos literatura, necesitamos a FrederickCon él imaginamos algo más grande en un mundo tan pequeño.

Una historia simple en apariencia, pero con muchos niveles de lectura. Un clásico, en definitiva, perfecto para celebrar el Día Internacional del Libro este 2021 en el que, seguramente, para sobreponernos a todo lo que nos ha sacudido también hemos puesto a prueba nuestra alacena mental. Un año en el que encerrados hemos tenido que encontrar rayos de sol, evocar colores y encontrar la poesía de las palabras para sobreponernos al contexto. Cerremos los ojos un poco más y soñemos en reunirnos cuando el temporal pase y, de nuevo, la vida florezca.



 

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.kalandraka.com/frederick-978-84-933759-1-1-castellano-792.html

Web Leo Lionni

https://www.leolionni.com/ 

Referencias

Colomer, T., Manresa, M., Ramada, L. & Reyes López, L. (2018). Narrativas literarias en educación infantil y primaria. Síntesis

Llorens García, R. F. (2015). Fábulas, educación literaria y didáctica de los valores: Leo Lionni. Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 23, 61-72.


jueves, 22 de abril de 2021

Entradas en azul. Kazue Takahashi. El osito Kuma Kuma. Pastel de Luna

 

Título: El osito Kuma Kuma

Autora e ilustradora: Kazue Takahashi

Traducción: Eduardo Frías López

Editorial: Pastel de Luna

Colección: Lejano oriente

Año: 2016. Ed. Original: 2001

Páginas: 64

Encuadernación y formato: 16,5 x 12,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Momento para una entrada deliciosa a partir de la divertida ternura del primer álbum publicado de Kazue Takahashi (Kanagawa, 1971) y que gracias a Pastel de Luna podemos disfrutar en castellano, además del otro título publicado en nuestro país en 2013 con El teléfono de las ardillas. Además, próximamente reseñaremos otro libro favorito de la editorial Pastel de luna dentro de esta colección como la versión china de Caperucita roja de Ed Young (otra variación en el índice ATU) con la joya de Lon Po Po (un catálogo que cuenta con álbumes maravillosos de autores como Antonio Ladrillo y su Colección de caras, el divertido Shinsuke Yoshitake o la preciosa narración silente de Jae Soo Liu con El paraguas).

Volviendo al osito Kuma Kuma (KumaKuma-chan) de Takahashi, recuperamos un espacio de una lectura amable, tierna y que en su pequeño formato con un texto breve acompañando a cada ilustración que parte de la mancha como recurso expresivo y pequeños detalles adicionales para acompañarle en cada una de las acciones que describe el texto. Por su extensión, 64 páginas, nos recuerda a las historias de Marianne Dubuc en el que el inicio narrativo deja paso a una colección de ilustraciones que nos muestra una colección de situaciones del osito Kuma Kuma hasta el desenlace. El narrador es el amigo del osito Kuma Kuma (al cual desconocemos) y que nos narra la dificultad para encontrarse con él, motivo por el cual imagina y nos narra cómo será su día a día. En este punto, el narrador nos introduce en su imaginación y el tiempo se expande progresivamente en un trayecto que parece relatar en orden todo el tipo de acciones que realizará durante un día cualquiera, pero que se altera al incluir el ciclo de las estaciones (indicándonos otro tiempo que difiere de lo que pasa en un día) hasta que llega el anochecer.

En esa recopilación de acciones, la brevedad del texto y la expresividad del minimalismo de elementos en la ilustración tiene momentos divertidos como verlo en el tejado disfrutando de la vista de las nubes que pueblan el cielo y, posteriormente, tumbado (solo vemos sus brazos desde la ventana sin cambiar la perspectiva que tenemos como lectores) escuchando cómo las gotas caen sobre su tejado. Le vemos en una rutina en la que el osito Kuma Kuma es imaginado viviendo de manera plácida, feliz y divertida (bailando canciones que escucha en la radio) entre sus quehaceres hasta la hora de dormir. En el desenlace, cotidiano, se introduce la escritura de una carta a un amigo. No sabemos a quién, pero nos gustaría pensar que es a nosotros contándonos exactamente que sus días son así: sencillos y felices.


El anhelo y los deseos de un personaje imaginado que representa la nostalgia de quien no está ahí y al que no podemos ver por determinados motivos. Podemos interpretar que el osito Kuma Kuma es aquello que ya no permanece entre nosotros y que despedimos y recordamos con melancolía y con felicidad. En primer plano, lo evidente es pensar en la amistad y, en estos tiempos tan peculiares, la lejanía y la soledad es un rasgo distintivo en nuestra sociedad. En otro plano, una carta de amor a quienes nos han acompañado y ahora no están a nuestro lado. La sencillez de un relato abierto a la interpretación del lector: reconfortante, imaginativo y adorable. Rasgos de la filosofía de una cultura oriental que nos balancea en su regazo de manera inteligente y delicada. Una maravilla que narrada en el aula divierte por ese mundo tan reconocible para el niño y, como adultos que mediamos, nos reconforta en ese poso existencialista en el que somos conscientes de todo aquello que el tiempo y la nostalgia nos devuelve inesperadamente. Una preciosidad.



Fran Martínez

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https://www.pasteldeluna.com/el-osito-kuma-kuma

 

miércoles, 21 de abril de 2021

Entradas en azul. Kitty Crowther. El niño raíz. Lóguez

 

Título: El niño raíz

Autora e ilustradora: Kitty Crowther

Traducción: Ester Sebastián López

Editorial: Lóguez

Año: 2015. Ed. Original: 2003

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 20,5 x 26,6 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Volvemos a la belga Kitty Crowther (1970) después de la reseña de la publicación de su último título en castellano, Madre medusa. Muchas de las claves de su obra se pueden disfrutar en la lectura del artículo de Tabernero-Sala (2016) en el que repasa las características de su obra destacando el aspecto intimista de sus narraciones, así como referentes que conectaban con su obra como Tomi Ungerer, Arnold Lobel, Beatrix Potter, Astrid Lindgren o Wolf Erlbruch. En El niño raíz hay una invitación a esa exploración desde el universo de la tradición oral y la vuelta al bosque, una protagonista femenina (Leslie) y unas guardas en el que un pequeño duendecillo alado nos abre el telón (aquello de la teatralidad que citaba Van der Linden) de una divertida historia de fantasía hacia lo desconocido y misterioso del bosque. Un lugar, desconocido, con el que en una entrevista de 2017 Kitty Crowther señalaba como su destino en el proceso creativo aprovechando para citar a uno de sus artistas favoritos: David Bowie.

Creation is a very interesting process, I figure out that I love to go into the unknown (citando a David Bowie)

El inicio narrativo nos presenta un lugar desconocido, propio de la tradición oral, fuera del tiempo y sin concreción: un inmenso y profundo bosque que no figura en ningún mapa y en el que el mito que le rodea es que el fin del mundo está al final de dicho lugar. En ese punto, nos presentan a Leslie que tiene un problema con un zorro zampa gallinas y, en ese punto, nos avisa en la narración de que lo que pasará a continuación le cambiará la vida por completo. Ese inicio de texto, desgrana con cuidado todos los detalles para engancharnos y querer descubrir qué está pasando en ese bosque, si tendrá que ver con el zorro, si será el fin del mundo. De una manera precisa y clara, abre la puerta de un misterio que activa la necesidad del lector para ayudar a Leslie a seguir las pistas de las pisadas del zorro. 


La ilustración inicial del bosque está repleta de luz en su naturaleza, su hierba y sus flores, pero para que ese ambiente de misterio sea aún más evidente el paso de página nos revela un bosque que oscurece y con la tensión por desconocer la cara de Leslie tapada por la solapa de su chaqueta y el gorro que lleva encasquetado. Misterios, más misterios, las pisadas y… un ruido, un túnel lleno de zarzas en el que se pierden las pisadas. En tres páginas y tres ilustraciones nos acerca cuidadosamente a un mundo fantástico que desconocemos (tanto Leslie como nosotros) en el que se nos desvelan nuevos detalles desde la voz omnisciente (en este caso, nos anticipan una información que la protagonista desconoce y nos invita el texto a ubicarnos en otra posición: la tensión por qué le pasará a Leslie). Atravesando el túnel, nos deja más elementos para que elaboremos pesquisas e inferencias al paso de página creando un clímax entre texto e imagen que nos conduce hasta el descubrimiento del niño raíz y, en ese momento, se acerca cantándole una canción (dulzura que también se expresará introduciendo el color de las plantas a su alrededor).


A partir de este encuentro, el haz de luz fijando la narración en un ambiente íntimo que nos recuerda a las historias al calor de la lumbre reconocemos el rostro de Leslie y al ser que ha encontrado triste y sollozando. En este punto, comienza una segunda parte de la narración que es la que se crea junto al niño raíz que se encuentra perdido y Leslie acogerá.  Comienza una narración y se concluye la anterior conociendo al zorro que perseguía y la finalidad de sus acciones. 

Esta segunda parte en la interacción de Leslie y el niño raíz es tremendamente humorística, pero abraza aspectos de la cotidianeidad y otro aspecto que señalaba Tabernero-Sala (2016) es la incomunicación. Silencios y el reconocimiento de sus pensamientos internos descritos por el narrador y que nos invitan a un final tierno y simbólico en el que se plantea el pequeño recordatorio de nunca deshacerse de la exploración de lo desconocido frente a la realidad y las rutinas. Adoramos lo desconocido y a Kitty Crowther, sin duda.

Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://www.loguezediciones.es/libro/ver_libro_coleccion?id=286

Instagram de Kitty Crowther

https://www.instagram.com/kittycrowther/

Referencia

Tabernero Sala, R. (2016). Lecturas adultas y lecturas infantiles. El universo de Kitty Crowther en la formación del mediador como lector literario. Revista de estudios socioeducativos: RESED, (4), 52-65.



martes, 20 de abril de 2021

Entradas en azul. Kveta Pacovska. La merienda. Kókinos

 

Título: La merienda

Autora e ilustradora: Kveta Pacovska

Traducción: Gabriela Keselman

Editorial: Kókinos

Año: 2012

Páginas: 36

Encuadernación y formato: 25 x 25 cm. Cartoné con desplegables.

Idioma: castellano

Reseña:

La aventura de los ojos y el contraste, de la explosión del color y el arte como reivindicación estética en el libro-álbum. Tantas emociones ante cada libro de Kveta Pacovska (1928) que será inevitable durante este periodo en el blog no dedicarle una serie de reseñas a sus obras. Van der Linden (2015, p.89) la ubicaba entre el álbum ilustrado y el álbum gráfico por su capacidad ara traspasar géneros desde la propuesta artística en la que predomina un aire psicodélico y colorista unido a la iconografía post-punk. Collage, materialidad que revela una nueva sorpresa en cada paso de página y un torbellino que mete a Klee y Mondrian entre el cubismo y el dadaísmo. Siempre he tenido la sensación de que en su obra hay una conexión imaginaria con el movimiento cinematográfico de la nueva ola checoslovaca, especialmente a partir de la película Las margaritas (Sedmikrásky, 1966) de Vera Chytilova (1929-2014).

"I believe that children recognize what I wanted to say and never ask why I do it"

Entre sus obras hay momentos en los que ha reinterpretado clásicos de la tradición oral, especialmente a partir de textos de los Grimm, como Caperucita roja, Cenicienta editados en España por Kókinos y, dos cuentos más que no han tenido edición como Pedro y el lobo y Hansel y Gretel. Con ese aire de la tradición oral surge uno de sus pequeños clásicos El pequeño rey de las flores y una colección que profundiza en libros para la primera infancia con una propuesta artística única desde que divisas sus portadas: las formas de sus personajes de perfil, sus ojos, el blanco-rojo-negro como espacio en el que los colores se expanden, sus láminas de espejo, los recortes,… Una artista única y que en 1992 recibió el Premio Andersen y cuya productividad nos ha regalado maravillas que conectan con los tipos de álbumes para la primera infancia como Colores, colores, Uno, cinco, muchos, Alphabet o Hasta el infinito. Un conjunto temático sobre los intereses de la primera infancia por el mundo de los números, las formas, los colores y las letras que en un aula de Educación Infantil permiten una propuesta artística y alfabetización visual que excede el componente del texto. Unido a una tercera vía de expresión como libros de artista propios con un favorito como Couleurs du jour en formato acordeón sin texto y en el que cada pliego del libro es una pequeña obra de Kveta Pacovska, como si fuera el currículum artístico con el que se presenta ante el pequeño lector en 168 ilustraciones.


Todas estas proezas y halagos nos conducen hasta La merienda, un álbum con una narrativa centrada en un pequeño desfile de personajes pintorescos que están invitados a una merienda. De texto breve y con cada doble página dedicada a la presentación (y contemplación) de estos personajes, en el que la traducción de Gabriela Keselman recoge la sonoridad de sus nombres y formando pequeños pareados en diferentes personajes. 



Un libro que opta por la diversión y la enumeración de personajes que nos revelan todas las características de su personal estilo gráfico que se despliega en su apertura y cierre en una continuidad narrativa por la que pasan el rinoceronte Bumer, la media luna Amarilla, los glotones círculos de colores, la marioneta Saltimbanqui, la enorme C mayúscula, el caracol Colorín, el pajarito Chiringuito, el gallo Kikirikí o el cerdito Jijirijí entre otros y, al final, con una sorpresa al desplegar la última página en el que se amplía a las tres dimensiones el formato cuadrado del álbum. 


Un álbum placentero, divertido y que me encanta narrar en el aula y observar sus expresiones con 2-3 años. Un festín el que propone La merienda: una pasarela artística en el itinerario lector. Buen provecho.

Ah, un deseo: que reediten El teatro de medianoche.



Fran Martínez

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Web de la editorial:

https://editorialkokinos.com/producto/la-merienda

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https://www.facebook.com/Kveta-Pacovska-31561666970/

Entrada muy recomendable de Lourdes Asencio en la web Proyectos Ilustrados

http://www.proyectosilustrados.es/el-pequeno-e-infinito-museo-de-kveta-pacovska-parte-ii/

 


            Catálogo de la exposición, 2007, Frankfurt am Main



lunes, 19 de abril de 2021

Entradas en azul. Peter Sís. Madlenka. Ekaré

 

Título: Madlenka

Autor e ilustrador: Peter Sís

Traducción: Carmen Diana Dearden

Editorial: Ekaré

Año: 2018. Ed. Original: 2000

Páginas: 44

Encuadernación y formato: 25,5 x 25,5 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Después de Mvsevm de Javier Sáez Castán y Manuel Marsol, quería conectar el formato cuadrado y significación metaficcional con el de Madlenka de Peter Sís (1949). Es un juego de conexiones que aportan una narrativa interna al blog, pero tampoco es necesaria. El objetivo siempre es destacar obras de calidad literaria ya sea por su texto, imagen y/o formato. Con Madlenka se aseguran los tres aspectos y ese ya es motivo suficiente para recomendar un álbum sensacional de principio a fin, desde la portada hasta su cierre. Ganador del Premio Andersen en 2012, Madlenka es un artefacto que busca la significación desde todos los niveles para narrar la historia cotidiana de una niña que descubre que se le mueve un diente. Desde la portada que emplea en el centro un espacio para que se vea a la protagonista encuadrada en el punto central desde el barrio en contrapicado. Un barrio cuadrado, la cara de Madlenka enfocada en un cuadro. No es por continuar con el juego de conexiones entre reseñas, pero Peter Sís también tiene una conexión con el mundo cinematográfico y con diferentes cortos animados a sus espaldas como este de sus inicios Hlavy (1979).


Esta conexión cinematográfica se debe al uso de la aproximación desde el espacio exterior del planeta Tierra que en cada secuencia se aproxima hasta un lugar concreto, Nueva York, el plano de la ciudad, los bloques de edificios, un barrio y una ventana: allí, conoceremos a Madlenka. Esa aproximación previa hasta el barrio y la protagonista, se hace desde una perspectiva omnisciente y típica de las fórmulas de inicio de los cuentos tradicionales, pese a que en este caso, el lugar no es un espacio indeterminado: es una localización concreta. Ese primer despliegue visual (como también lo repetirá en El muro para mostrar Praga) incita al lector a sumergirse en esa historia de una forma metafórica preciosa: la inmensidad del universo, el planeta visto como un punto diminuto que se expande a cada ampliación del foco y que en un recóndito barrio perdido en esa inmensidad se ubica una niña, con una pequeña historia cotidiana: ha descubierto que ha crecido, ya se le mueve un diente. Y, esa pequeña historia, se expandirá a través de sus ganas de compartirlo con todo su mundo: su barrio. En ese juego de punto de vista, se produce otro hermoso no menos significativo: el punto en el que nosotros percibimos esa entrada al mundo tiene un destino, su mirada que nos interpela, nos llama la atención y demanda que escuchemos esa historia. No solo su barrio, tú estás interpelado por su mirada a descubrir su mundo.


De la misma manera que el encuadre y la forma cuadrada busca significar el objeto literario, el texto se dispone rodeando esos encuadres ilustrados. Las perspectivas y los ángulos buscan el juego de la percepción de puntos de vista cenital y contrapicado en la manera en que se representan los edificios: un mosaico que envuelve y que, a partir de tonos ocres, los fondos de acuarela y el puntillismo comienzan su activación cuando ella les interpela a viva voz que tiene un diente suelto para, finalmente, envolverla. En ese recorrido, el color será el indicador de dónde se dirige Madlenka y, de esta manera, cobrará vida.




Con dos planos diferenciados para la narración en las ilustraciones de cinco interacciones (a la izquierda Madlenka, a la derecha la del vecino que está en su establecimiento) observamos a Madlenka en el centro de un plano de su barrio y un texto que la envuelve (se emplean las mayúsculas, recursos pictográficos para transfocalizar la narración al uso de la primera persona: su voz con un texto que se convierte en el que ella está acostumbrada a leer). Ese centro tiene importancia para el paso de página, en el que Madlenka aparecerá justo en el hueco que ese cuadrado deja en el establecimiento del señor Gaston, el señor Singh, Eduardo o su amiga Cleopatra. Cada persona que se encuentra en su aventura por el barrio de una procedencia diferente (en los establecimientos se encuentran detalles de su procedencia además del texto como los colores de la bandera de Francia, el mapa de Italia,…) que le da los buenos días en su idioma.


Ese centro que ocupa Madlenka se revelará en el paso de página como la ventana a la cultura de cada personaje de su barrio: Francia, India, Italia, Alemania, Egipto y América Latina. Sus elementos fantásticos procedentes de la tradición oral y sus iconos culturales en un juego intertextual con El gato con botas o El principito, el bosque de los Grimm o Pedro Melenas, monumentos arquitectónicos y tantos otros elementos que se suceden y que en el texto sus representaciones nos dan pista para jugar al busca y encuentra en esas ilustraciones a doble página. También, esto señala el carácter intercultural de la narración y tantos otros aspectos hacen que autores como Sipe & McGuire (2006), Zipes (2009), Quintero (2010) o Durán & Bosch (2011) se fijen en elementos dispares en sus publicaciones. Esta representación y viaje por lugares oníricos y distantes me recuerda a Ben’s Dream (1982) de Chris van Allsburg, esta vez con monumentos alrededor del mundo con un protagonista que soñará con la Estatua de la Libertad, el Big Ben, las Pirámides de Egipto, el Monte Rushmore o La Muralla China. En ambos, el mapa al final del álbum nos señalará estos destinos en los que la imaginación navega en relatos atemporales.


Un viaje por el tiempo y la historia en un espacio tan reducido como el del barrio. Una historia pequeña perdida en un mundo inmenso en el que nos desvanecemos de nuevo en su final. Madlenka ha crecido y nosotros, como lectores, tan solo estamos agradecidos a que ese foco haya llegado hasta su mirada con la misma que se despide de su feliz historia cotidiana no exenta de una pequeña tensión final también cotidiana (perder la noción del tiempo). Un álbum especial, como su autor y la imaginación en la infancia.

Fran Martínez

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Referencias

Duran, T., & Bosch, E. (2011). Before and After the Picturebook Frame: a typology of endpapers. New Review of Children's Literature and Librarianship17(2), 122-143.

Quintero, E. P. (2010). Something to say: Children learning through story. Early Education and Development21(3), 372-391.

Sipe, L. R., & McGuire, C. E. (2006). Picturebook endpapers: Resources for literary and aesthetic interpretation. Children's Literature in Education37(4), 291-304.

Zipes, J. (2009). Why fantasy matters too much. The Journal of Aesthetic Education43(2), 77-91.


viernes, 16 de abril de 2021

Entradas en azul. Javier Sáez Castán y Manuel Marsol. Museum. Fulgencio Pimentel

 

Título: Museum

Autor: Javier Sáez Castán

Ilustrador: Manuel Marsol

Editorial: Fulgencio Pimentel e hijos

Año: 2019

Páginas: 52

Encuadernación y formato: 20 x 20 cm. Tapa dura.

Idioma: castellano

Reseña:

Termina la semana y completamos este viaje artístico y metaficcional con un libro galardonado en 2020 en la Feria de Bolonia como mejor libro en la categoría cinematográfica (también recibió una mención el libro Cinematográfico de Ana Pez y Gema Sirvent editado por Libre Albedrío). A partir de la conversación que ofreció Manuel Marsol en la Lliberia Sendak, conocimos algunos de los detalles del proceso de creación con Javier Sáez Castán que llevaba con este proyecto desde hacía unos años y que le propuso a Manuel Marsol ilustrarlo para darle vida definitivamente. Una unión entre dos nombres que han aparecido en este blog en diferentes entradas en los que se recomendaron libros de Manuel Marsol y, como no, uno de nuestros autores con mayúsculas como Javier Sáez Castán. Quizás esta semana otra opción evidente era La merienda del señor verde por su conexión con René Magritte, pero recogiendo la última reseña de Müller este libro decantó la balanza.

En este Tweet de Manuel Marsol, descubrimos todos los referentes al cine que estaban escondidas en este álbum casi sin palabras en el que las imágenes y el formato nos introducen en un lugar misterioso, repleto de suspense y referencias pictóricas. De hecho, el propio libro tiene el formato de un cuadro y su contraportada refleja el reverso del marco.



 El foco de la imagen te interpela desde la portada, con la mirada fija desde el retrovisor en el que vemos los ojos azules del protagonista directamente hacia nosotros y nos hace partícipes desde el asiento trasero. Libro que nos interpela desde cada una de sus páginas y sus guardas ya son el foco narrativo con el que se abre el álbum. Vemos el cielo, el cielo sobre una carretera perdida en la que una camioneta roja se estropea y cuyo motor humea. 

Al igual que en Yokai, todo empieza con un evento imprevisto en el trayecto

Como espectadores, el foco se aproxima y se aleja para ubicarnos narrativamente en la historia, en la que al igual que Yokai, comienza con un coche averiado. Vemos la casa cúbica al fondo, que es donde se parará finalmente la camioneta. Una casa cúbica, un libro completamente cuadrado, el formato del cuadro y un camino que se intuye a través de la hierba en la que el caminante percibe por la ventana el interior con la foto de un cuadro de una mujer (Cathy) apoyada sobre la jaula de un loro. Bienvenidos a Mvsevm, es el momento de abrir la puerta en la que las mirillas y los adornos de la fachada son ojos que nos miran con atención, dos ilustraciones que nos ubican en primera persona ante el libro.

Aproximación del plano

El funcionamiento de ese espacio en el que tan solo habitan los cuadros tiene conexiones con un lugar que sufre variaciones con la interacción y las emociones del visitante (como la Pink room en Twin Peaks, como la caja azul de Mulholland Drive en el que nosotros somos la llave que altera la percepción de la realidad). Y, dado que estamos ante una forma cúbica, el libro y sus cuadros funcionan como las caras de un cubo de Rubik (y jugando con las palabras y lo cinematográfico: un cuadro de Kubrick). Aprovecho esta interpretación personal con un proyecto de uno de mis mejores amigos, Javier Lloret, en su estancia en la Universidad de Lintz con un proyecto premiado en el que transformaba la fachada del museo del Ars Electronica Center.


Percepción dentro del museo que se altera con la vista de una realidad reconocible para el visitante, cuadros cuyo pie es el texto que nos ofrece las pistas del papel de cada personaje (el tigre guardián y tal vez sería uno de los motivos para clasificarlo como álbum casi sin palabras). El museo comienza a cobrar vida, sus cuadros aumentan la tensión en el visitante y a nosotros como espectadores. La realidad altera también las leyendas de los cuadros y el uso de la mirada frontal hacia el lector nos interpela a conectar con el visitante, confuso y aturdido. Miradas que lo encajonan (los cuadros con grandes ojos con referencias a Magritte) y los nuestros han establecido el perímetro en el que está atrapado en el museo viviente: el juego metaficcional.


La traición de las imágenes: realidad externa e interna

Finalmente, hay una solución para resolver el puzle y comprender que la naturaleza del arte nace desde la interacción y comprensión de las obras del visitante. Y, de nuevo, el zoom nos ubica como espectadores de la resolución de una historia que funciona como un mecanismo perfectamente engrasado en todos los niveles de significación del álbum. Una auténtica joya surrealista. Así, cerramos la semana con un visitante que ha escapado de lo que Magritte tituló La traición de las imágenes.

Y como no, cerramos con la playlist de este sensacional álbum que se encuentra en la web de Manuel Marsol. Una debilidad personal, defecto de mi anterior andadura como crítico de música, en la que encontramos esa referencia al mundo Lynch y Twin Peaks con la canción dedicada a Audrey Horne de Angelo Badalamenti en “Audrey’s dance” y una de mis canciones de adolescencia de la banda de Chicago: Tortoise y “Glass musseum”. Mi recomendación, dado lo norteamericano del paisaje, Tom Waits y Picture in a frame. O el Rock del tigre

PLAYLIST


Fran Martínez

Twitter

 

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Web de la editorial:

https://www.fulgenciopimentel.com/libros/mvsevm

Web

https://www.manuelmarsol.com/MVSEVM-2019